sábado, 31 de mayo de 2014

Pompeya, barrio de Manzi y de Huracán




Clarín 18/10/10 Por Eduardo Parise. Si uno quiere encontrar datos para adentrarse en la vida cotidiana de la ciudad y su gente, la poesía del tango siempre es referencia ineludible. Y vale tanto para antes como para ahora. Por eso, si se trata de conocer cómo era el barrio de Nueva Pompeya y qué se mantiene aún en esa zona del sur porteño, hay que recurrir a la obra de Homero Manzi, un santiagueño nacido en Añatuya pero que supo reflejar y querer a Buenos Aires como pocos.

Manzi, poeta por sobre todo, dejó tres obras –luego convertidas en tangos memorables– en las que están las imágenes de lo que era ese territorio de frontera en el que convivían la ciudad y el "barro y pampa" con su "perfume de yuyos y de alfalfa". Esos poemas son 'Barrio de tango' (1942), 'Sur' (1948) y 'Manoblanca' (1941). A los dos primeros les puso música Aníbal Troilo; al otro, Antonio De Bassi.

En la historia de estos versos hay un dato clave. Entre 1921 y 1923, el poeta (entonces un adolescente) fue alumno pupilo en el Colegio Luppi, una institución que desde 1897 y hasta 1927 funcionó en la pequeña manzana triangular de las calles Tabaré, Esquiú y Lanza (hoy Homero Manzi). En el primer piso de ese edificio estaban las habitaciones que ocupaban los jóvenes. Y desde allí Manzi vio, en directo y sin interferencias, ese paisaje que volcó en sus obras. Claro, en ese tiempo no había Internet para navegar ni LCD para recibir imágenes y aquella ventana era su atalaya hacia el mundo que lo rodeaba. Hoy, sobre el bar El Buzón, queda parte de aquel colegio.

La "esquina del herrero" era la de Centenera casi Tabaré. Entonces no existía la actual cortada Colombo Leoni (apellido del histórico director del colegio Luppi) donde estaba el portón en el que se veía a "las chatas entrando al corralón". Cuentan que en ese taller del tropero Antonio Musladino trabajaban cuatro herreros: Manolo, Armando, Gumersindo y Norberto.

Justamente Oscar, uno de los hijos de Musladino, es el personaje que Manzi tomó para Manoblanca, el carrerito que apuraba a sus caballos para llegar hasta Centenera y Tabaré, el lugar donde "esta noche me esperan sus ojos" y actual sede del museo que lleva el nombre de ese tango. Manoblanca se llamaba uno de los ruanos que tiraban "la chata celeste con las dos iniciales pintadas a mano" (el otro era Porteñito), aunque otra leyenda dice que así apodaban a Oscar Musladino porque por su poca afición al trabajo tenía la mano blanca; es decir: sin callosidades. 

El "paredón" era el de la curtiembre que se mantiene sobre Centenera al 3300, aunque para otros es el que está en Esquiú al 1300. El "farol balanceando en la barrera" podía verse a metros de Centenera y la actual Perito Moreno, casi junto a los terraplenes del ferrocarril que paraban la inundación. Allí también quedaba impregnado en el aire "el misterio de adiós que siembra el tren".

Un poco más cerca del colegio, en Centenera y Corrales, estaba el almacén y despacho de bebidas La Laguna que, desde 1890, tenía la familia Serventi. Esa era "la luz de almacén" que el Manzi adolescente miraba desde su ventana. Enfrente, en la actualidad está el Centro de Gestión y Participación Comunal 4. 

Hoy Pompeya ya no tiene carros, farolitos a kerosén ni "sapos redoblando en la laguna", aunque conserva lugares de leyenda como el Barrio La Colonia. Pero esa es otra historia.



Esquina Manoblanca (Centenera y Tabaré, Pompeya, C.A.B.A.)


Tabaré y Esquiú, Pompeya, C.A.B.A.


"Pompeya es de Huracán" (Rubén Tzanoff, 'cuervo' de Villa Lugano, C.A.B.A.) 

“Sur”

Tango, 1948 - Música de Aníbal Troilo - Letra de Homero Manzi

San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur, paredón y después...
Sur, una luz de almacén...
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote.
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya...
Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé...

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.



"San Juan y Boedo, la esquina cuerva, es del quemero Manzi". Horanosaurus. 

Homenaje a Manzi a 100 años de su nacimiento 

Se presentará una revista que recorre la vida del que fue uno de los más grandes poetas del tango desde su Añatuya natal hasta su vinculación con Parque Patricios. La Academia Nacional del Tango recordará su paso por el cine. Perfil.com 01.11.07.

El popular poeta Homero Manzi será hoy homenajeado por partida doble, en el día en que hubiese cumplido cien años. Por un lado, a metros del que fuera su colegio, se presentará una revista temática que repasa su vida y se centra en su vinculación con el barrio de Parque de los Patricios y su adorado Huracán. En tanto, en la Academia Nacional del Tango realizará un Plenario Público sobre su paso por el cine. 

A las 19 en el Centro de Gestión y Participación 4, ubicado en Centenera 2906, se presentará la obra " Nostalgia de barrio y un Globo en el corazón ", realizada por Néstor Vicente. 

La revista, cuyos 5.000 ejemplares se distribuirán gratuitamente en la presentación y en el partido que Huracán jugará ante River Plate, recorre la vida de Manzi desde su Añatuya natal hasta su vinculación con Pompeya, Parque de los Patricios y su querido "Globito"

El lugar en el que se hará la presentación queda a pocos metros de donde se encontraba el Colegio Luppi, al que fueron la mayoría de los fundadores de Huracán y al que años después asistió Manzi. 

"En este merecido homenaje a Homero y además de recordar su vida y sus tangos inolvidables como Sur, Barrio de tango, Viejo ciego y tantos más, me pareció importante profundizar un tema poco transitado y difundir con orgullo el hecho de que llevara al Globo en su corazón", aseguró Vicente, ex presidente de Huracán. 

Manzi hizo historia no sólo como uno de los más reconocidos poetas del tango (Manoblanca, Malena y otros), sino también como un talentoso cineasta y un ferviente defensor de sus ideas políticas y morales, desde su simpatía con Hipólito Yrigoyen hasta la fundación de la mítica FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto con Arturo Jauretche y Scalabrini Ortiz. 

En la presentación de la obra, que cuenta con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, el autor estará acompañado por el hijo de Homero, Acho Manzi, y el actual presidente de Huracán, Carlos Babington. Antonio Pisano, ex bandoneón de Luis Cardei, le pondrá música al encuentro. 

En tanto, el ciclo " Homero Manzi en el cine " se realizará a partir de las 19.30 en el Salón de los Angelitos " Horacio Ferrer", del Museo Mundial del Tango con entrada gratuita. En la oportunidad el Académico Titular Pedro Ochoa disertará acerca del autor en el cine. Además, se proyectarán imágenes del maestro y el cortometraje Homero Manzi a Contraluz de Gustavo Provitina. Fuente: Télam.

Homero Manzi (1 de noviembre de 1907 - 25 de mayo de 1974)

Clarín 24/06/01 - Su nombre completo era Homero Nicolás Manzioni Prestera. Poeta y músico, había nacido en Añatuya, Santiago del Estero, pero murió en Buenos Aires, donde pasó la mayor parte de su vida. Hijo de la inmigración italiana, conoció las marcas típicas del pintoresquismo, del lunfardo y del realismo que, tras los años de la vanguardia, hizo de la vida cotidiana el motivo principal de un "estilo argentino". Fue periodista, profesor de literatura y, sobre todo, un letrista entusiasta, que tuvo, como pocos, la capacidad de trabajar en colaboración y practicó distintos ritmos: el tango, la milonga, el carnavalito, el vals, la ranchera, la marcha. Realizó en colaboración con Ulises Petit de Murat los libretos de filmes como "La guerra gaucha", "Su mejor alumno" y "El camino de las llamas". Participó en radiofonía y fue presidente de la Sociedad Argentina de autores y compositores (SADAIC). De sus años finales, cuando ya el dictamen rotundo del cáncer se había apoderado de su cuerpo, se desprenden algunos de los tangos más queridos del repertorio nacional: "Sur" (1948), "El último organito" (grabada por Edmundo Rivero en 1949) o "Che, bandoneón", que escribe internado en el Sanatorio Güemes, en 1950. Recibió el mejor epitafio que pudiera dedicársele: "A Homero", con palabras de Cátulo Castillo y compases de Aníbal Troilo, y otro tango, el "Responso" del mismo Pichuco que confiesa "se llevó la mitad de mi vida".


Manzi, a 100 años de su nacimiento. La Nación, Sección Espectáculos - Jueves 1 de Noviembre de 2007.

Homero Manzi, de quien se recuerda hoy el centenario de su nacimiento, es uno de los autores fundamentales e ineludibles de la historia del tango. Pero su corta vida -murió a los 43 años, el 3 de mayo de 1951, víctima de cáncer- tuvo muchas aristas que van más allá del personaje porteñísimo que había nacido en Añatuya, Santiago del Estero, en 1907. 

Homero Nicolás Manzione se dedicó a la política y al periodismo, escribió para cine y para teatro y presidió Sadaic, la sociedad argentina que representa a autores y compositores, entre otras actividades que a veces quedaron opacadas por su talento para volcar sentimientos en el tango, para reflejar la nostalgia tanguera y la pintura barrial como pocos lo han hecho. 

"Y nos queda la duda de cuánto más hubiera podido hacer este hombre interesado en lo político y comprometido con su tiempo y con los aspectos del país, que supo ver la poesía en los lugares más comunes y mortales", dice, consultado por LA NACION, Luis Brandoni, que además de actor es tanguero y radical (como lo fue Manzi). Aunque con los años tomó un poco de distancia del centro del radicalismo, Homero había simpatizado especialmente con el yrigoyenismo. Integró grupos de resistencia desde el espacio de militancia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y por ese motivo se convirtió en preso político. Años más tarde, fue uno de los que acompañaron las ideas de Arturo Jauretche (y manifestó las propias) en esa fractura que dio origen a la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA). 

Pero la cosa no terminó ahí. En esa corta vida de casi 44 años se dedicó al periodismo y pasó por el cine como director y guionista (escribió junto a Ulyses Petit de Murat los guiones y adaptaciones de Su mejor alumno, Pampa bárbara y La guerra gaucha) y fue autor de dos piezas teatrales. 

Claro que, cuando se menciona a Homero Manzi, enseguida se piensa en "Sur","Malena" (obra que es un mito en sí mismo y que muchos creen que fue dedicada a la cantante Nelly Omar), "Fuimos", "Fruta amarga", "Milonga triste", "Milonga del 900" y "Milonga sentimental", "Después", "El último organito", "Ninguna" y "Che, bandoneón", entre otros más. Algunos de estos títulos fueron escritos con Sebastián Piana (con quien revitalizó la milonga) y con Aníbal Troilo (seguramente, no es casual que una de las más bellas piezas del bandoneonista sea "Responso", escrita tras la muerte de Homero). 

¿Manzi fue un letrista del tango o un poeta que escribió a través del tango? "Manzi nació poeta. Fue poeta, y de los buenos, desde la infancia; mucho antes de que García Lorca fuera conocido, el mismo género de lirismo y la misma calidad campeaba en los versos de aquel muchacho de barrio. Estaba en la conscripción Manzi, cuando dijo un día: «Tengo por delante dos caminos: hacerme hombre de letras o hacer letras para los hombres».Y así fue como sacrificó la gloria, para dar su talento a una labor humilde, convertido en letrista de canciones. Cumplió esa tarea, lo mismo que Discépolo, asumiendo el deber de jerarquizar el arte de su pueblo. Y esto lo hizo conscientemente, sacrificadamente, arrojando por la ventana la gloria que deslumbra a los que buscan la consagración literaria". Estas palabras son de Jauretche (tal es su particular versión de los poetas y los letristas) y se las puede encontrar en el libro Homero Manzi y su tiempo, del escritor e historiador Horacio Salas, publicado en 2001 y reeditado recientemente. Se trata de una nueva edición a la que, por ser un trabajo detallado, con mucha información y de excelente factura, debe recurrir cualquiera que desee sumergirse en el mundo de Manzi. También otro material de consulta fundamental es el trabajo realizado por el escritor Aníbal Ford en el libro Homero Manzi, que desmenuza con precisión y originalidad su trabajo como poeta. Y como se trata del centenario del nacimiento del autor, la Secretaría de Cultura de la Nación decidió que éste fuera el año Manzi. Se realizaron varias actividades en torno a su figura a lo largo del año y también se lanzó un programa de subsidios para premiar los proyectos que rescataran la figura del poeta santiagueño. También hoy se realizará el lanzamiento oficial de un sello postal con la ilustración de Hermenegildo Sábat. 

Música y poesía 

Semejante aniversario impulsó a varios artistas a grabar discos dedicados a la obra y figura de Homero Manzi. El pionero fue el Tata Cedrón, que, siempre adelantado a su tiempo, grabó hace dos años Frisón, frisón, un disco indispensable para el tango, en el que musicalizó poemas inéditos de Manzi. Otros proyectos en danza son el de Laura Albarracín y los discos de Lidia Borda, Manzi, caminos de barro y pampa, y Ariel Ardit, Manzi, lado B, que se editarán el año próximo.

Lidia Borda está interesada en la figura de Manzi desde sus tiempos de estudiante de teatro. Sumergida en su estética, la cantante cuenta sobre su proyecto: "Es un disco en el que quiero mostrar esa parte de su obra en la que aparece ese límite impreciso entre el campo y la ciudad. Son canciones de estilos camperos, algunas que no fueron grabadas nunca o con pocas versiones, en que todo el tiempo hay un diálogo entre esos dos espacios. El logra reflejar ese aporte mutuo, estético y cultural, de nuestra identidad. En Manzi siempre aparece esa memoria de una época perdida que nos trae su voz poética". 

El joven cantante Ariel Ardit se metió de lleno en el repertorio de Manzi, acudiendo a coleccionistas o la mano amiga de Acho Manzi, y se dio cuenta de un detalle significativo: "Mucha gente del tango compraba los discos por un solo tema y por ahí nunca escuchaba el lado B. De ahí surgió la idea de buscar los temas olvidados de Manzi que no han sido popularizados, como «Ramallón», que tiene una sola versión de Nelly Omar, o «Sosteniendo recuerdos», su último tango, dedicado al gaucho Barraza, que le cuidaba su casa en Añatuya. El tema es como un presagio de su enfermedad: «Sólo quedan tus huesos sosteniendo recuerdos». Para mí es maravilloso traer a la memoria esos temas de Manzi que nadie pide porque no se conocen. Pero quedarse sólo con el poeta del tango es perdérserlo en toda su dimensión". 

El poeta Acho Manzi, hijo de Homero, es la salvaguardia de toda su obra; el hombre al que todos consultan cuando quieren conocer en profundidad al maestro. Poeta singular y con voz propia, define como nadie a su padre. "A medida que pasa el tiempo, su figura se agranda. Antes se hablaba de los tangos, y ahora, de las películas, las obras de teatro y su mirada política. El sólo quería representar en el arte la personalidad del pueblo, que tenía cien facetas porque había muchas nacionalidades, profesiones y culturas, pero todas compartían este lugar común llamado la Argentina. El apareció en una época en que nacían los medios de comunicación y él se subió a esa industria para, desde esa montura, hacer todo lo que conocemos, seguir dándole clases al pueblo, enseñándonos cosas que no se van a borrar nunca". Mauro Apicella/Gabriel Plaza.

No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar
Agenda de Reflexión Nro. 22 - Viernes 1º de noviembre de 2002

El día de todos los Santos cumple años Homero Manzi (el mismo día que cumple años Huracán)

Homero Manzi: poeta (1º de noviembre de 1907 - 3 de mayo de 1951)
Nombre completo: Homero Nicolás Manzione
Apodo: “Barbeta”

Manzi encarna como nadie la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta sublime que no publicó nunca un libro de poesías. El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música ciudadana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta.

Apeló a la metáfora, incluso surrealista, pero no avanzó demasiado por ese camino, que quizás hubiera dificultado la comprensión de su mensaje por el hombre común. No utilizó el lunfardo para expresarse, pese al compromiso popular de su obra literaria. A diferencia de otros grandes autores, sus letras no ofrecen crónicas de la realidad social ni imparten consignas morales. Son poesía pura. Sus versos suelen estar llenos de nostalgia, como el tango mismo. A través de ellos, Manzi arroja una mirada plena de ternura y compasión hacia los seres y las cosas. El barrio pobre del suburbio es su gran escenario.

El tango Sur, de 1948, con música del gran Aníbal Troilo –el bandoneón mayor de Buenos Aires, con quien conformaría uno de los más lúcidos binomios autorales-, probablemente la obra suprema del género en aquella esplendorosa década, resume el sentido más profundo de su obra.

Homero Nicolás Manzione nació de madre uruguaya y padre argentino (como el propio tango) en Añatuya, un empalme ferroviario de Santiago del Estero. A los siete años Homero ya estaba radicado en Buenos Aires para comenzar su educación en el colegio Luppi, del humilde y alejado barrio de Pompeya. Cada elemento de aquel paisaje -desde el largo paredón que recorría camino a la escuela hasta el terraplén del ferrocarril, en una mágica reunión de ciudad y pampa- quedará capturado en algunas de sus letras posteriores, como la de Barrio de tango (1942) y la del propio Sur.

Los cuarenta y cuatro años que vivió Manzi le alcanzaron también para ejercer el periodismo y la cátedra, para incursionar profusa e decisivamente en el cine y para una intensa y azarosa militancia gremial y política, que concluyó con su adhesión al peronismo. La letra de tango fue, sin embargo, su verdadero elemento, y es hoy la que lo mantiene vivo.


No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar

Agenda de Reflexión N° 397

Hace justo un siglo, el 1º de noviembre de 1907, un porteño descendiente directo de tanos y su esposa uruguaya (todo como el tango), pero radicados desde hacía unos años como discretísimos hacendados rurales en el pequeño pueblo santiagueño de Añatuya, a mil kilómetros de Buenos Aires, en un desértico empalme de las vías del Ferrocarril Belgrano que llegan a Tucumán, tuvieron el sexto de sus ocho hijos y se les ocurrió bautizarlo con el nombre de Homero. Desde entonces, el destino de Homero Nicolás Manzioni Prestera, más tarde Homero Manzi, estuvo signado por su nombre, homónimo del milenario padre de la poesía.

A los siete años Homero ya vivía en Buenos Aires en la casa familiar de Garay 3251 en San Cristóbal Sur, como se conocía entonces a Boedo (luego, ya casado con Casilda Iñíguez, se mudará a Tarija 3421, a dos cuadras de ahí), lindante al mundo de Vasena de la “semana trágica”. Hizo el secundario pupilo en el colegio Luppi del barrio de Pompeya, completando el ciclo de los dos grandes escenarios orilleros suburbanos que él habría de pintar como nadie.

Desde joven asumió un profundo compromiso político, destacándose como un notable orador, primero siguiendo al Peludo don Hipólito Yrigoyen (el golpe del 30 lo expulsa de la Facultad de Derecho, lo encarcela y lo exonera como profesor de Castellano y Literatura de los colegios nacionales  Moreno y Sarmiento), luego como legendario fundador de FORJA (la de las cuatro “P” de pan, patria y poder al pueblo)  junto a Jauretche, Del Mazo, Fleitas y Dellepiane y finalmente abrazando con lealtad y decidido fervor al peronismo.

Como periodista trabajó en El Sol, Crítica, Micrófono, el Noticiero Panamericano, Tribuna Libre y Radiolandia, que también dirigió. Redactó los libros cinematográficos de más de veinte películas, algunas en dupla autoral con su amigo Ulises Petit de Murat, muchas de ellas entre las más exitosas de la historia, como La guerra gaucha y Pampa bárbara. Fundó la empresa Artistas Argentinos Asociados, y como sindicalista ejerció hasta su muerte la presidencia de SADAIC.

Formó una estrecha hermandad literaria con los hermanos González Tuñón, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari y el que fuera un poco padre de esa cofradía, José González Castillo, el padre de su entrañable amigo Cátulo (al que también lo unía la premonición fantástica de su bautismo). Y otra junto a este último y a Enrique Santos Discépolo, fenomenal, única, inextinguible, de poetas sublimes que nunca publicaron un libro de poesías, pero que el pueblo consagró definitivamente como los suyos (la mayor consagración a la que un poeta puede aspirar), la voz más genuina que envuelve nuestros afanes en la descripción y sublimación estética del espíritu de la ciudad y de nuestros espacios cotidianos. Acompañados por músicos prodigiosos de la talla insuperable de Sebastián Piana o de Aníbal Troilo, quien un día diría: “cuando se murió Manzi se llevó la mitad de la vida”.

Manzi registró un par de centenares de letras como “Viejo ciego”, “Milonga sentimental”, “Milonga del 900”, “El pescante”, “Milonga triste”, “Bettinoti”, “Mañana zarpa un barco”, “Negra María”, “Después”, “Monte criollo”, “Abandono”, “Malena”, “Una lágrima tuya”, “Ninguna”, “Barrio de tango”, “Sur”, “Che, bandoneón” y “El último organito”.

Su peronismo le valió el encono de ciertos círculos culturales gorilas. Tal vez por eso, en su lecho de muerte del instituto Costa Boero donde le había conseguido una cama el ministro Ramón Carillo, abatido a los 43 años por un cáncer implacable como para culminar la epopeya de aquella predestinación de su nombre en la tragedia de la muerte joven, le dictó telefónicamente a Pichuco para que le pusiera música los maravillosos versos de “Discepolín”. Homero partió el 3 de mayo de 1951.  Discepolín, como para no dejar sólo al amigo y compañero, se fue ese mismo año, el 21 de diciembre, completando el sentido de la doble elegía de la despedida conjunta.


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