miércoles, 20 de septiembre de 2017

Puertas, portones, ventanas, postigones & celosías XII



  









Puertas y ventanas de San Salvador de Bahia, Brasil. 2016. Si no encontrás variedad acá, dedicáte al transformismo. Horanosaurus.  

viernes, 25 de agosto de 2017

Perón, el mentiroso



Lo mencioné varias veces en este blog: fui casi un fanático peronista durante parte de mi juventud, subyugado por los principios del General Perón en el exilio, que prometía una revolución nacional en paz, hecha sin sangre y en democracia. El primer cortocircuito me lo produjo su secretario López Rega con la Triple A, aunque me costó unos años digerir la trágica información.

Después de la muerte de Perón, su herencia cobijó un ejército de políticos mediocres, acomodaticios y traidores a las 20 verdades justicialistas y al pueblo que dijeron defender. "Conducción política" era mi libro de cabecera y aún me parece revelador en muchos aspectos, claro que Perón mismo no usufructuó sus propios conceptos para asegurar con los mejores dirigentes el famoso "transvasamiento generacional": heredamos a un montón de brutos inescrupulosos que nos gobernaron durante 25 años desde la recuperación de la democracia, dejándonos este difícil país, con un tercio de pobres. No se todavía porque los argentinos tememos aún firmar la partida de defunción de este peronismo, pura cáscara.

Así como conservo y defiendo aún muchos valores peronistas por humanistas, también soy muy iconoclasta. Me encanta embarrar la cancha y Perón, tan contradictorio, ha dado mucha tela para cortar. He aquí una serie de artículos o ensayos que disparan munición gruesa contra el líder, entre ellos los de Héctor Gambini, un periodista de investigación de vasta trayectoria, un anti-peronista genético y conservador al que hay que recurrir para descular la historia. Agrego la reseña de dos libros que le pegan al conductor. Por último, abajo de todo, los link a otras entradas antiguas del blog con información interesante sobre el perfil del General, por ej. las experiencias de Pino Solanas, Alcira Argumedo, Tomás Eloy Martínez y Eugenio Rom al frecuentarlo, por si se las perdieron. Todo sirva para aumentar las contradicciones que alimentan el mito. Horanosaurus.


Historia | Mitos y verdades 



Afecto a los relatos que lo tenían como protagonista, el ex presidente argentino tejió, alrededor de distintos hechos históricos, versiones reñidas con la realidad. Del origen de su apellido al 17 de Octubre, esta nota recorre algunas de ellas. ADN LN Sábado 2 de agosto de 2008 | Publicado en edición impresa. Por Hugo Gambini Para LA NACION 

Escribir un libro sobre el peronismo me obligó a chequear bien cada dato. No se puede chapucear con hechos que fueron históricos pero que se siguen narrando como si se trataran de episodios anecdóticos. Uno de los más difundidos, por ejemplo, es el que dice que Perón echó a los montoneros de la plaza, cuando fue al revés: le dieron la espalda y se fueron solos, dejándola medio vacía. Pero hoy esto nadie lo cree, ni el periodismo, que se sigue equivocando. Por eso, me he tomado el trabajo de acopiar un buen archivo de hechos que nadie se animó hasta ahora a corregir. 

De esa forma publiqué mis dos tomos sobre la primera y la segunda presidencia de Perón, que acabo de completar con un tercero, La violencia, que abarca de 1956 a 1983. Todo lo que ocurre en ese período es muy triste, con listas de fusilados y muertos por los gobernantes, los guerrilleros, el escuadrón de la muerte y los militares. Su lectura explica lo inexplicable, pero aun así me fascinó ver cómo Perón daba vueltas las cosas y presentaba como un gran triunfo lo que había sido una estrepitosa derrota. 

Perón había dejado estampada una montaña de cuentos en un libro titulado Yo, Juan Domingo Perón. Relato autobiográfico (Sudamericana/Planeta, 1976), que los españoles Torcuato Luca de Tena y Luis Calvo prepararon con cintas magnetofónicas grabadas en los años de exilio. Son cuentos porque los contó, pero no son ciertos. Hay frases imperdibles, con las que cautivó a sus seguidores y que le sirvieron para manejar la política argentina durante treinta años. Pero también me sirvieron a mí para demostrar lo poco creíble que fue siempre el jefe de la supuesta "revolución peronista". 

En Madrid, Perón aseguraba que era descendiente de españoles: "El apellido Perón existe en España, en Italia y en Francia acaso porque Cerdeña, de donde procedía, estuvo ocupada a lo largo de la historia por estas tres potencias. Lo cierto es que si mi apellido fuera de origen italiano, nos llamaríamos Peroni. De modo que acaso soy descendiente de españoles afincados en Cerdeña desde la época en que España ocupaba la isla". Una década antes, Perón le había confesado al periodista italiano Ermanno Amicucci, de Il Giornale d Italia : "Mi apellido es italiano, me encontré en Italia varios Perón, sobre todo en el Piamonte, además de muchos Perrón y Peroni, que evidentemente tienen el mismo origen". Nadie se iba a sorprender de estas respuestas, pero convengamos que resultaba más simpático decirles a los españoles que su apelllido era de origen español y a los italianos, que era de ascendencia italiana. 

En 1939, lo mandaron a Europa a presenciar la guerra. Volvió eufórico: "En todo el tiempo que viví en Alemania tuve la sensación de una enorme maquinaria que funcionaba con maravillosa perfección. La organización era algo formidable". Hitler estaba triunfante, lo que le hizo pensar que Alemania ganaría la guerra. "Había surgido un fenómeno social inusitado y era el nacionalsocialismo, de la misma manera que en Italia triunfaba el fascismo." En 1942 asistió deslumbrado a la conferencia del general Carlos von der Becke, quien habló sobre la imposibilidad de un desembarco aliado en los países del Eje; veinte años después, les contó a los periodistas españoles que había entrado en París con las tropas victoriosas alemanas. Pero se olvidó de un pequeño detalle: a su biógrafo de cabecera, Enrique Pavón Pereyra, le había confesado que jamás se les permitió a los oficiales argentinos visitar los frentes de batalla europeos (Perón 1895-1942 , Espiño, 1952). Más curioso fue cuando apareció riéndose, en una fotografía del gabinete nacional el día que se le declaró la guerra al Eje. 

Perón tenía tal admiración por Mussolini que se atrevió a contar cómo lo había recibido: "Entré directamente a su despacho donde estaba él escribiendo; levantó la vista hacia mí con atención y vino a saludarme. [ ] Yo le dije que, conocedor de su gigantesca obra, no me hubiese ido contento a mi país sin haber estrechado su mano". Eso declaró años después, en Madrid. En cambio en Buenos Aires, al volver de Europa, le admitió a Pavón Pereyra que en realidad sólo había visto al duce desde lejos, el día que Italia entró en guerra: "Estaba confundido, como testigo mudo, entre aquella multitud clamorosa que victoreó al jefe del fascismo, señor Mussolini, cuando éste dispuso su histórica determinación desde los balcones de la Piazza Venezia". Fue la única vez que lo vio. 

A pesar de su amistad con los militares nacionalistas de la década de 1930, Perón no era un manifiesto antisemita. Sin embargo, les confió a los periodistas españoles que los judíos constituían un problema: "Si aquí viven los judíos -les dijo-, matarlos no podemos; expulsarlos, tampoco". Y agregó: "No queda otra solución que ponerlos a trabajar dentro de la comunidad, incorporándolos a la nacionalidad argentina, asimilándolos, impidiéndoles que formen organizaciones sionistas separadas". Es evidente que Perón, cuando dijo esto, no tenía en cuenta la cantidad de entidades judías que ya existían en la Argentina. Pero además, se jactaba cuando ponía como ejemplo a don Jaime Yankelevich. "Era un ruso judío -expresó- con el que Eva había trabajado en Radio Belgrano. Era un hombre inculto y ordinario, y además un sinvergüenza. A Evita le decía que le iba a pagar un sueldo de 500 pesos y a fin de mes le daba 480. ¡Le robaba!". Sin embargo, tuvo una relación que fue muy importante con este personaje, a quien le encargó el inicio de la televisión en el país, en 1951. El primer canal abrió su trasmisión con el acto del 17 de Octubre y la primera imagen fue, precisamente, la de Evita. Es decir que el "sinvergüenza" le había servido para hacer publicidad y buenos negocios, como la venta de televisores de la que se encargó Jorge Antonio. 

El golpe del 43 

Cuando Perón hablaba del golpe militar de 1943, su versión difería mucho de lo ocurrido. Como si él hubiera comandado la tropa, se ponía en primera fila frente a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA): "Desplazamos las baterías -expresó-, pusimos los lanzabombas y los conminamos. Les dijimos por última vez: ´¿Sí o no? ´¡No! , respondieron. Lanzamos contra ellos la artillería y los morteros. Pero sólo una primera andanada. Paramos enseguida. ´¿Sí o no? ´¡Sí! , dijeron. Fue muy sencillo. El presidente Castillo, al saberlo, se metió en un barquito de la Marina y se fue por el Río de la Plata. Cuando entramos en la Casa Rosada se fueron todos. ¡Facilísimo!" 

Lo lamentable -para Perón- es que él nunca estuvo allí. Su versión difiere de lo que dijo el coronel Juan N. Giordano, quien comandaba el escuadrón de Campo de Mayo: "El coronel Perón se había adelantado, ya había llegado a la Casa de Gobierno" (Perón, el hombre del destino, Abril, 1973). Tampoco encaja con lo que sostiene el general José Sosa Molina en la misma obra: "Vimos cómo entraba a la Escuela el comandante de la columna, que era Rawson; al rato empezó el tiroteo. Corrimos hacia la vereda de enfrente y nos subimos a los techos de las casas para ver lo que ocurría". Ni siquiera lo ayuda la versión del historiador militar Julio V. Orona: "Al desfilar las tropas por delante de las Escuela originóse un repentino tiroteo. Se dijo que la guardia del establecimiento abrió primero el fuego. Cayeron un jefe y varios soldados" (La logia militar que derrocó a Castillo, edición del autor, 1966). Como se advierte, la cosa allí no había sido tan fácil. 

Muy adicto a las anécdotas, el general acomodaba la historia para hacerla más divertida, aunque lo desmintieran los historiadores. Dijo en Madrid que cuando apareció el general Rawson, quien se autoproclamó presidente, los coroneles fueron a echarlo. Según él, le preguntaron: "Che, Perón ¿qué es lo que pasa? ¿Dónde estaba este loco? ¡Ah, esto no puede ser!". Y contó que entraron en el despacho y lo amenazaron: "¡Hemos venido a que renuncie y si se niega lo tiramos por la ventana! Renunció y se fue". Así de simple, según él. Pero no fue tan simple. Nadie amenazó a Rawson y menos con tirarlo por la ventana, porque no era "un colado", como lo definía Perón. Su incorporación al golpe de Estado la había conseguido el coronel Enrique P. González, del GOU [Grupo de Oficiales Unidos], y la disconformidad surgió por la elección de su gabinete. Rawson se negó a modificarlo y estuvieron dos días, el 5 y el 6 de junio, discutiendo con él, hasta que el general decidió renunciar sin que hubiera amenazas. Así lo explica el historiador Robert A. Potash (El ejército y la política argentina. 1928-1945, Sudamericana, 1971). 

Perón siempre negó su ambición por escalar posiciones: "Me han preguntado más de una vez por qué no nombramos presidente a alguno de los coroneles; por qué no me nombraron a mí, por ejemplo. ¡No, no! A mí no me convenía. Yo sabía que las revoluciones empiezan con esas cositas que se gastan, pavadas, cosas políticas En los primeros tiempos hay que estar lejos de la zona de fuego. [ ] Yo por entonces les dejé que empezaran a tropezar unos con otros y me quedé de jefe de Estado Mayor de la Primera División". La verdad es que nadie lo había propuesto para presidir el gobierno y si Perón no aceptaba el cargo de jefe de Estado Mayor, se quedaba afuera. Logró ascender cuando a su amigo, el general Farrell, lo designaron ministro de Guerra; éste lo puso como jefe de su secretaría y allí sí, se metió a organizar una huelga en los frigoríficos junto al coronel Domingo Mercante. Ambos tomaron su primer contacto con los obreros y empezaron su trabajo político. Sólo a fines de octubre de 1943, cinco meses después del estallido, Perón logró a través del GOU desplazar al coronel Carlos M. Gianni del Departamento Nacional del Trabajo, y lo convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión. Su picardía consistió en aprovechar las circunstancias y volverse el más hábil de los conjurados, y sin rechazar los cargos, saber explotarlos al máximo. 

Es muy graciosa la versión que se ha difundido sobre el 17 de Octubre. Los otros días escuché a un joven decir, en un programa de televisión, que Evita había irrumpido ese día al frente de los descamisados. Nadie lo desmintió, porque los periodistas que estaban allí tampoco sabían lo que había ocurrido. Ha sido poco difundido que Evita estaba en Junín, enviada por Perón a realizar un trámite judicial, y que cuando volvió fue a verlo al Hospital Militar. Pero no la dejaron entrar. Lo llamó por teléfono y el coronel le pidió que se fuera a su casa y no se moviera de allí, por lo que Evita no estuvo en Plaza de Mayo ni en los sindicatos ni movilizó a nadie. No tenía ninguna relación con los gremialistas porque, como decía Cipriano Reyes, "su presencia no era significativa para nosotros". Esa tarde su única participación fue pedirle a Juan Atilio Bramuglia que presentara un recurso de hábeas corpus, para sacarlo a Perón del país. Bramuglia se lo negó. El historiador Félix Luna publica una carta de Perón a Eva, desde Martín García, donde el coronel daba por concluida su vida política y le promete casamiento (El 45 , Sudamericana, 1975). En su exilio español Perón expresó: "Por las visitas que llegaban fui enterándome de que el 17 el pueblo había volcado tranvías, quemado automóviles y que la agitación crecía de hora en hora, pues seguía llegando gente de la provincia y de otras partes, amenazando quemar Buenos Aires". Pero tampoco era así, porque no había violencia. La policía, controlada por Filomeno Velasco, estaba junto a los obreros, como lo demostraría el historiador peronista Ángel Perelman ( Cómo hicimos el 17 de octubre , Coyoacán, 1961). La idea de una fuerza obrera incontrolable es una de las fantasías más conocidas del peronismo. 

Braden y Perón 

También contó Perón que apenas se conoció el escrutinio de 1946 había ido a verlo el embajador Spruille Braden, para preguntarle si consideraba "prudente" que permaneciese en Buenos Aires. Dice que le contestó: "Aléjese sin vacilar; en caso contrario, nos obligará a embarcarlo por la fuerza. Salió bufando, sin despedirse de mí y olvidando su sombrero y sus guantes. Sabía que yo era capaz de largarlo en un bote remando en el Río de la Plata " Pero esto tampoco sucedió, porque Braden hacía seis meses que no estaba en la Argentina. Había regresado a Washington el 23 de setiembre de 1945, para asumir la Secretaría de Asuntos Latinoamericanos, y la última vez que vio a Perón fue el 30 de junio de ese año, tres meses y medio antes del 17 de octubre. De modo que su respuesta fue todo un producto de la imaginación.

Es divertido lo que dijo Perón sobre su salida al Paraguay. Contó que él piloteaba el avión que lo había llevado y de pronto se le acercó Stroessner, en otro aparato, para guiarlo al aeropuerto. Pero se olvidó de aclarar que nunca fue aviador. Y que Stroessner envió a su piloto personal, Leo Nowack, a buscarlo en un hidroavión.

Existen infinidad de frases, cuentos y anécdotas sobre los episodios del general, pero los más graciosos son los que contó él mismo, porque su desapego a los hechos históricos, su escasa memoria y su afán por divertir a quienes lo entrevistaban lo hacían tropezar siempre con la verdad. Por más que Perón dijera, a quienes lo entrevistaron en España, que "para mentir hay que tener siempre un grado de inteligencia", él no podía con su esencia y daba rienda suelta a su impredecible imaginación.




Por Jorge Fernández Díaz. La Nación 09/07/17.

Contemplando desde la ventana el atardecer de Plaza de Mayo, Néstor soñó alguna vez con diseñar un programa desarrollista. Llegó incluso a encargárselo a su embajador en los Estados Unidos, pero ese deseo juicioso se fue disolviendo en el aire y su estrafalario populismo santacruceño terminó por imponerse y por desplazar definitivamente aquella idea. Que ahora dice abrazar, aunque no se sabe con cuánta convicción, Mauricio Macri. La referencia es necesaria para recordar que, como demuestra la cronología histórica de aquella breve y hoy resignificada experiencia trunca, una cosa fue Frigerio y otra muy distinta fue Alsogaray, impuesto por los militares. También para leer, bajo esa perspectiva de candente actualidad, ciertos documentos celosamente guardados en el Archivo de la Hoover Institution que acaban de ser exhumados por un grupo de especialistas. Se trata de la correspondencia desconocida de Juan Perón. "Nos enfrentamos al gobierno más impopular de toda la historia argentina, cuyas medidas parecen destinadas a aumentar nuestro prestigio en el pueblo", se enoja el General en una carta de 1959. Para entonces, ya el sinuoso romance con Frondizi estaba terminado, y no por su giro ortodoxo, sino porque el caudillo creía que esa administración poseía un plan económico, pero subestimaba la táctica política, y porque sus alfiles habían sido formados en el materialismo, en este caso marxista, algo que también preocupaba a las fuerzas armadas. Si algo prueban estos papeles es que, a pesar de las múltiples mutaciones, Perón fue siempre antiliberal, pero a la manera en que lo fue Mussolini: escribió allí que el Duce "era un hombre extraordinario. Lo conocí y sus valores humanos eran fuera de serie".

Perón había comenzado su relación con Frigerio de manera muy comprensiva: "No podemos hacernos muchas ilusiones sobre el futuro inmediato, desde que a ustedes les tocará cargar con la más antipática tarea: restringir -le decía-. El desgaste está siempre en proporción directa de los sacrificios que se imponen". Pero con el correr de los meses, el acercamiento al frondizismo por parte de ciertos dirigentes sindicales y la aparición de partidos neoperonistas volvieron todo muy peligroso para su propia supervivencia; esa era, en el fondo, la peor de las traiciones. Más incluso que la cantada imposibilidad, por chantaje castrense, de cumplir la promesa más difícil: ir legalizando al peronismo.

Los papeles del Archivo Hoover fueron clasificados por ocho historiadores y publicados bajo el título “El exilio de Perón”. En este libro se describe la era desarrollista como un período de alta conflictividad: "El presidente parecía convencido de que la aplicación del Plan de Estabilización y Desarrollo solucionaría los problemas del país. Suponía que la maduración de las inversiones extranjeras -alentadas por el programa de ajuste- permitiría reanudar el crecimiento de la economía y, luego de un período de deterioro de las condiciones de vida populares, el aumento de la demanda de trabajo". El macrismo parece inspirado en esa misma hipótesis.

Aquel contexto, sin embargo, era diferente: Guerra Fría, cerco del poderoso partido militar, amanecer de la insurgencia guevarista y jaqueos a distancia de Perón, que estaba débil y proscripto, y dispuesto astutamente a celebrar pactos subrepticios y luego a llevar a cabo sabotajes para impedir cualquier triunfo político que no fuera el suyo. De un hombre desplazado por las armas y obligado al agrio destierro, tal vez no podía esperarse un ánimo más colaborador; lo grave es que esa metodología del boicot permanente fue copiada por el peronismo post mórtem y que éste suele aplicarla en plena democracia para bloquear gestiones ajenas.

El archivo Hoover contiene una nerviosa misiva que le envía Raúl Scalabrini Ortiz poco antes de morir. Los nacionalistas no habían celebrado el desarrollismo petrolero practicado a último momento por el propio Perón al firmar el famoso convenio de la California. El viudo de Evita llamaba "nacionalistas de opereta" a quienes no habían entendido la necesidad de la inversión extranjera: "YPF no tiene ni capacidad organizativa ni técnica ni financiera para un esfuerzo de esa naturaleza". Kirchner no pensaba muy distinto. Pero después Scalabrini, que se había entusiasmado con Frondizi, se escandalizó con su "nuevo rumbo"; el diagnóstico catastrofista del autor de “El hombre que está solo y espera” recuerda inevitablemente a las terribles admoniciones de Axel Kicillof: "El liberalismo comercial y financiero llevado hasta el extremo -le escribió a Perón-, terminará destruyendo la mayor parte de nuestra industria y traerá un séquito de desocupados, baja de salarios, quizá hambre y terminará desencadenando todo el proceso característico de las deflaciones".

Perón propicia el golpe contra Frondizi, conspira contra Illia, y les anuncia tempranamente a sus partidarios que la Revolución Argentina "ha expresado propósitos muy acordes con lo que nosotros venimos propugnando desde hace más de veinte años". Más tarde repudiará a Onganía. En el transcurso de todo ese período suceden, no obstante, algunos episodios muy reveladores: la izquierda nacional le acerca su ocurrencia jacobina y los revisionistas, sus trucos historiográficos, rasgos profusamente utilizados para la "guerra cultural" durante la "década ganada".

El tesoro testimonial que guarda la Hoover Institution incluye la prosa secreta de Rodolfo Puiggrós, impulsor de un peronismo revolucionario que arrasaría en las universidades. Puiggrós se toma del concepto "socialismo nacional" con que Perón describe su proyecto para bocetar lo que luego sería el hoy tan negado propósito setentista: "Conquistar el poder e implantar una dictadura popular". Perón los deja venir con picardía e irresponsabilidad, cosechando sus votos y apoyos, y usándolos para limar a sus antagonistas, mientras dialoga epistolarmente con fascistas de confianza como Osinde y Ottalagano: de regreso a la patria, el primero organizaría la emboscada de Ezeiza contra los acólitos de Puiggrós; el segundo reemplazaría a ese mismo ideólogo en la rectoría de la UBA, cuando lo echaron por ser un "infiltrado". Perón abominaba del concepto "dictadura popular" que antes había celebrado, y ya denunciaba a esa izquierda por pretender "la toma del poder para modificar el sistema democrático pluripartidista".

Finalmente, los papeles encontrados confirman que Perón no era revisionista. En su búsqueda de unanimidad, prefería que no hubiera fracturas y personalmente se sentía heredero de la cultura militarista; es por eso que al estatizar los ferrocarriles no les puso nombres de caudillos federales sino los de sus grandes ídolos: Mitre, Sarmiento, Roca y Urquiza. Sus enemigos son, por paradoja, quienes lo emparentan con Rosas ("la segunda tiranía"), y muy posteriormente, los neonacionalistas lo convencen de inscribirse en esa otra tradición, que hacía juego perfecto con el nuevo relato de época. El libro demuestra que Perón no utilizaba la palabra "gorila" como simple sinónimo de antiperonista: sólo abarcaba con ella a los violentos. Pero sobre todo nos devela que muchas estrategias de zorro y algunos camelos obvios que sólo buscaban el zigzag y el rédito coyuntural, fueron después tomados como catecismo y palabra santa por los herederos de Perón. Y lo peor: como sentido común por la sociedad argentina. Ese gran malentendido histórico seguramente habría hecho sonrojar al mismísimo patriarca de Puerta de Hierro.

“El exilio de Perón” 
José Carlos Chiaramonte. Editorial: Sudamericana-448 páginas. Junio 2017.

Solapa: José Carlos Chiaramonte historiador, profesor en Filosofía por la Universidad del Litoral, profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires e investigador emérito del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Actualmente es investigador del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani" (Universidad de Buenos Aires / CONICET), del cual fue director entre 1986 y 2013, y dirige la colección "Historia Argentina y Americana" de Editorial Sudamericana. Entre otros trabajos ha publicado: Nacionalismo y liberalismo económicos en la Argentina. 1860-1880 (1971), Formas de sociedad y economía en Hispanoamérica (1983), Mercaderes del Litoral (1991), Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la nación argentina (1997 y 2007), Nación y Estado en Iberoamérica. El lenguaje político en tiempos de las independencias (2004), Fundamentos intelectuales y políticos de las independencias. Notas para una nueva historia intelectual de Iberoamérica (2010), Usos políticos de la historia. Lenguaje de clases y revisionismo histórico (2013) y Raíces históricas del federalismo latinoamericano (2016). Se desempeñó como profesor en las universidades argentinas del Litoral, de Córdoba, del Sur y de Buenos Aires, y como investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, México.

Contratapa:

*¿Cuál fue la estrategia de Perón para alcanzar la presidencia de la nación por tercera vez tras casi veinte años de exilio? 
*¿Cómo analizaba, desde el exterior, los dilemas económicos y políticos que enfrentaba la Argentina en esos años? 
*¿Cómo fueron sus vínculos con los políticos y los sindicalistas que, en su ausencia, reivindicaban su nombre? 
*¿Cuál fue su actitud hacia la resistencia organizada por civiles militares peronistas entre 1955 y 1958? 
*¿Qué cambió durante el exilio en su relación con los intelectuales cuáles fueron las derivaciones de esos cambios en la "ideología" peronista? 
*¿Cómo influyó sobre sus ideas la transformación del mundo que tuvo lugar en esas dos décadas? 

Los seis estudios sobre el exilio de Perón (1955-1973) que se presentan aquí responden esos interrogantes. Basados en la documentación del Archivo de la Hoover Institution -el más completo sobre esa etapa, abierto en 2015-, iluminan de modo enteramente nuevo un período crucial de la historia argentina del siglo XX. A más de cuarenta años de la muerte del líder justicialista y mientras su movimiento sigue siendo protagonista destacado de la vida política nacional, estos trabajos ayudan a comprender cómo Perón desarrolló -a partir de su derrocamiento, y a lo largo de dieciocho años- estrategias que le permitieron recuperar su gravitación en la compleja e inestable dinámica política de la Argentina y, de regreso al país y hasta su fallecimiento, ocupar por tercera vez la presidencia de la república.

Sinopsis: Seis estudios historiográficos sobre el exilio de Juan Domingo Perón (1955 y 1973) basados en la documentación del archivo de la Hoover Institution sobre el período, que permiten comprender la gravitación del líder justicialista en la vida política nacional durante los dieciocho años que pasó fuera del país antes de su retorno y tercera presidencia.


Pésima conducción política y fracaso total del transvasamiento generacional y la revolución nacional: un peronismo para cada gusto y 30% de pobres en la Argentina luego de gobernar 25 años en democracia.

Crimenes y Mentiras
de Hugo Gambini | Ariel Kocik. Edit. Sudamericana. 256 pág. $ 349. Mayo 2017.

Solapa: Hugo Gambini ha ejercido el periodismo escrito, radial y televisivo. En medios gráficos, pasó por La Vanguardia, Panorama, Primera Plana y La Nación, entre otros. Publicó diversos libros, como El 17 de octubre de 1945, Historia del peronismo y biografías sobre el Che Guevara y Arturo Frondizi. Ha investigado el peronismo durante décadas y conoció a casi todos sus protagonistas de la etapa original y de las que siguieron. Su obra es de consulta obligada para muchos investigadores. Es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo. 

Contratapa: En el triunfo y en la derrota, rebelde y contestatario o liberal y represor, el peronismo viene marcando el pulso político nacional desde su surgimiento, hace siete décadas. Vencido luego de catorce años en el poder, tiene una nueva oportunidad para revisar sus errores y encauzar su "relato" por encima del movimiento y en beneficio del país. Un buen paso en ese sentido sería empezar a asumir la verdad de su propia historia. Crímenes y mentiras sintetiza el resultado de una extensa y pormenorizada investigación que se inicia con el surgimiento del peronismo en la década de 1940 y abarca toda la trayectoria política del líder justicialista, poniendo el foco en sus primeras presidencias. Hugo Gambini y Ariel Kocik revelan falsedades estadísticas y discursivas, proscripción de partidos políticos, represión al movimiento obrero y a la lucha estudiantil, aplicación de la ley de residencia contra extranjeros, abusos en las cárceles, secuestros y torturas, uso político de los recursos públicos y corrupción desmedida, entre otras tantas prácticas. También rescatan la memoria de los hombres y las mujeres que enfrentaron esas injusticias y defendieron sus ideales a costa de extraordinarios sacrificios, y dan a conocer por primera vez una lista de las víctimas fatales producidas durante la primera y la segunda presidencias de Perón.

Sinopsis: Rigurosa investigación sobre las mentiras, los engaños, las muertes y las torturas ocurridas durante los mandatos de Perón, y una desmitificación de la frase que sostiene que en la Argentina "somos todos peronistas".

La nacionalización de los ferrocarriles... fragmento de "La década sakeada" de Fernando Iglesias. Editorial Margen izquierdo (2016).

“La festejada nacionalización de los ferrocarriles por Perón anticipó lo que en años recientes harían los Kirchner con Repsol-YPF y Aerolíneas Argentinas (…) Como consta en las Memorias de 1940 del Banco Central, a esas alturas los ingleses querían sacarse de encima los ferrocarriles. “El gobierno británico ha expresado el deseo de que se considere un plan general de adquisición de los ferrocarriles ingleses por parte de la Argentina” (en Milcíades Peña, “Masas, caudillos y elites”). Las razones son fáciles de suponer: Inglaterra era una potencia declinante y estaba en guerra, necesitaba recursos, no tenía posibilidades ni interés en invertir en remotas líneas ferroviarias del Cono Sur y trataba, en cambio, de monetizar las que poseía. Siete años más tarde, signados por la desinversión y el deterioro de los trenes, el deseo del gobierno inglés sería cumplido por el gobierno del general Perón, que compró a precios exorbitantes material desactualizado y en mal estado, compuesto en gran parte por vagones con asientos de madera y locomotoras a vapor. Lo hizo en el peor momento, cuando el artículo 8 de la famosa Ley Mitre de 1907, acababa de caducar y los concesionarios ingleses debían comenzar a pagar los impuestos de los que habían estado exentos hasta entonces (Ley 5.315-franquicia que vencía el 01 de enero de 1947). Argentina pagó, además, todos los gastos de escrituras, auditorías contables, juicios pendientes de la empresa, condonó los  aportes jubilatorios no efectuados y hasta abonó algunos retroactivos y aguinaldos atrasados. La causa, esgrimida por Scalabrini Ortiz en su célebre “Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino. Oportunidad de la nacionalización ferroviaria”, era exquisitamente kirchnerista: las tarifas. Su argumento era que, dado que junto con el artículo 8 de la ley Mitre caducaba el 9, que otorgaba capacidad de negociar las tarifas al Estado Nacional, el país debía desembolsar una fortuna para evitar que los concesionarios fijaran los precios de los pasajes. De tan lejos vienen las tarifas cercanas a cero y la compra de material obsoleto a precio caro, como se ve. Perón lo hizo. En el peor momento y a dos veces y media la valuación establecida por el propio gobierno peronista que había declarado, por boca del General, que no estaba dispuesto a comprar “fierros viejos”. Al final del acuerdo, firmado con pompa en la Casa Rosada, quedaron como balance de lo sucedido la expresión del ministro de Economía del primer peronismo, Miranda: “son nuestros ”, y  el cable que el jefe de la misión británica, Mr. Eady, envió a Londres: “We got it” (lo tenemos). Ese día, las acciones de todas las compañías ferroviarias inglesas subieron en la Bolsa de Londres. Pero el gobierno peronista también obtendría lo que le interesaba, y las paredes del país fueron tapizadas con el afiche de un gaucho que sostenía una locomotora en los brazos y la leyenda: “Perón cumple, ya son argentinos”

Cuatro años después de la nacionalización ferroviaria que debía abrir definitivamente el camino a la industrialización argentina, estalló la enorme huelga de 1951. Justificando la baja de salarios y condiciones de trabajo, Perón tuvo que admitir que los ferrocarriles perdían cada año más de la mitad del precio que había pagado por ellos. A partir de allí, el abismo. La Segunda Oligarquía, industrialista, nacida del proyecto peronista, no logró siquiera sostener la red creada por la Argentina agroexportadora y el récord de 1952 (43968 kilómetros de vías férreas en la décima red en extensión del planeta) quedó como un laurel destinado a amarillear en los libros. El ferrocarril argentino se desmoronó. De los 469 kilómetros anuales de crecimiento de la red en mano de los ingleses, entre 1856 y 1947, año de la nacionalización, pasó a perder 299 kilómetros promedio por año, para terminar teniendo hoy aproximadamente la misma extensión que en 1910 y transportar el mismo tonelaje de carga que en 1904.

Tres situaciones emblemáticas acomunan el destino de los ferrocarriles argentinos al peronismo, que se había apropiado de ellos al grito de “Perón cumple”. Cada una de ellas está relacionada con cada uno de los tres grandes períodos en los que tres grandes líderes peronistas gobernaron el país. El primero, la mencionada huelga ferroviaria de 1951, cuando Evita recorrió las estaciones amenazando a los dirigentes y exigiendo que la huelga se levantara por gratitud a Perón. La CGT cumplió su deber peronista denunciando a los huelguistas como agitadores políticos e interviniéndoles el sindicato. Por su parte, Perón identificó al “comunismo internacional” como responsable de la huelga. “Bandas de radicales, comunistas y socialistas andan por todas partes castigando a las mujeres y los niños de los ferroviarios que quieren trabajar!” declaró y advirtió: “Los tenemos fichados a todos”. De allí pasó directamente a la militarización del gremio y amanezar a los que continuaran la huelga con la aplicación del Código de Justicia  Militar. El paro se levantó en tres días, pero para el Primer Trabajador no fue suficiente. Más de trescientos ferroviarios fueron encarcelados y más de 2000 perdieron su trabajo. No se había visto nada igual en nueve décadasde dominio de la patronal inglesa, de cuyos abusos quedan hoy como testimonio miles de casitas ferroviarias que pueblan la Argentina.

El segundo episodio del trágico romance peronismo-ferrocarriles ocurrió durante la segunda década peronista, la de Menem. Corría 1989 y el mismo partido que en 1947 había estatizado preparaba ahora la privatización. Los gremios se opusieron y el presidente Menem proclamó su inmortal chantaje: “Ramal que para, ramal que cierra”, menos violento que la militarización de la huelga efectuada por Perón, aunque también escasamente en línea con la defensa de los derechos del trabajador. Finalmente, los Kirchner.

El relato kirchnerista no es más que el último capítulo de la leyenda peronista. Analizaremos esta afirmación más adelante, pero es oportuno observarla aquí desde la perspectiva de los trenes, en los cuales el kirchnerismo completó la obra destructiva de Perón y de Menem (…) Así se produjo el último acto de la relación del peronismo con los trenes: la masacre de Once, asesinato a mansalva de 52 seres humanos y demostración acabada de la decadencia de la Argentina conducida por la Segunda Oligarquía y la Tercera, surgida de su seno (…)

Ilustraciones de arriba: la caricatura de Perón fue publicada en el diario La Nación (desconozco el autor). La foto en blanco y negro pertenece a la película de Leonardo Favio "Sinfonía de un sentimiento".

BONUS TRACK: sobre otras equivocaciones...



"Khadafy superstar": cuando era jóven pensaba que Muamar Khadafy era un revolucionario libertario del tercer mundo. Cuando el otrora teniente golpista formó una dinastía propia -con hijos que hoy podrían compararse aquí a Máximo y Florencia Kirchner- empecé a sospechar de mi equivocación ideológica. Hace unos años, masacrar a su propio pueblo para mantenerse en el poder. Igual que Al-Asad en Siria y tantos otros en el Medio Oriente o tantos feudos provinciales argentinos. Cucarachas humanas que se creen más de lo que son y solo producen impunidad y dolor. "Cult of personality". Reniego de mis espantosas intuiciones juveniles y no tengo empacho en aceptar mi estupidez (señal que he crecido). Tantas víctimas... tanto horror que causan estos "iluminados". Horanosaurus. 

martes, 15 de agosto de 2017

Fotos: rincones y fachadas IV

















De arriba hacia abajo:

1 y 2. Mansión Gargantini en Maipú, provincia de Mendoza, R.A.
3 y 4. Mansión Giol en Maipú, provincia de Mendoza, R.A.
5 y 6. Olavarría, provincia de Buenos Aires, R.A.
7. Junín, provincia de Buenos Aires, R.A.
8. Isla del Cerrito (ex leprosario), provincia de Chaco, R.A.
9. Palacio de la Moneda, Santiago de Chile.
10. Quinta Vergara, Viña del Mar, Chile.
11 y 12. Esquinas de Puerto Montt, Chile.
13. Valdivia, Chile.
14. Osorno, Chile.
15. Cachao, isla de Chiloé, Chile.

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martes, 18 de abril de 2017

Larga vida a Chick Corea!



Supongo que todos saben que Chick Corea no es una marca de dentífrico y que es un músico norteamericano de jazz. No escuché su discografía completa, creo que es imposible por su prolificidad, la cantidad de formaciones grupales que usó y sus intervenciones en obras de otros músicos. Pero entre los LP y los CD que le compré y los mp3 voladores que ausculté, ese pequeño hombre empapeló musicalmente mis décadas, junto a otros que siempre vuelven triunfantes a mis parlantes (1).

Gracias al cielo, pude escuchar a Chick Corea en vivo en dos de las oportunidades en las cuales visitó Buenos Aires.  La primera en setiembre de 1980, con mi amigo Fixi en el Luna Park, básicamente haciendo el estupendo LP "Friends" con cosas de "Tap step"en un muy buen show. Lo acompañaban Steve Kujala, Bunny Brunel, Tom Brechtlein, Gayle Moran y Al Vizzutti. En el mismo estadio pero en 2002, en el gratuito festival Massalin, en un trío acústico excelente con John Patitucci y Jeff Ballard, en una jornada inolvidable en la que también actuaron Roberta Flack y una selección de trompetistas ("Trumpet Summit Band") con Jon Faddis, Randy Brecker y Lew Soloff (ex Blood Sweat & Tears). Supongo que "para despedirme" de Chick Corea (2), en octubre pasado con mis amigos del alma -festejando en Nueva York nuestros sesentas con un viaje al centro del imperio- vimos a su Elektric Band original en el mítico boliche Blue Note. Quedé sobreexitado, con "Got a match" repiqueteando en mi cabeza varios días.

Justamente de eso quería hablarles, ampliando la información para algún fan local de su música que se tropiece con esta página. Corea sigue vivito y coleando y cumplió 75 activos años, con una vitalidad que envidio. Y para celebrarlo hizo una serie de recitales en ocho semanas, desde el 19 de octubre al 11 de diciembre de 2016 en ese club de jazz, quizás el más emblemático del mundo (había hecho lo mismo ahí cuando cumplió 60 y a los 70). Durante esos días el tipo ocupó noche a noche el escenario con distintas formaciones: algunas de ellas originales de sus discos, otras ad hoc para celebrar parte de su repertorio (3). Acá abajo cuelgo primero el link a un artículo del New York Times sobre el evento y luego a cortos de las distintas presentaciones (creo que son oficiales) y grabaciones caseras que se exhiben en Youtube. 

Justo ahora están por editar una caja con tres CD con una selección de actuaciones similares, entre ellas las de Blue Note NYC de 2011, que incluye el documental "The musician". ¡Larga vida a Chick! Horanosaurus.

(1) esos que reaparecen cada tanto y te vuelven a emocionar como al principio. ¿Tengo que nombrar una docena? A mano alzada y/o sin repetir y sin soplar y/o sin pensarlo mucho: Chick Corea, James Taylor, CSN&Y, Steely Dan, Bowie, Joe Jackson, Ryuichi Sakamoto, Living Colour, Pat Metheny, John Scofield, Caetano Veloso, Spinetta. Mis 150 discos imprescindibles están colgados a su derecha, abajo.

(2) me parece que tendré otra oportunidad en casa: el 24 de octubre venidero Chick Corea se presenta en el teatro Gran Rex con Steve Gadd.

(3) The Elektric Band (Corea, John Patitucci,  Frank Gambale, Erick Marienthal, Dave Weckl)
For Miles (Corea, Steve Gadd, Wallace Roney, Mike Stern, Marcus Miller, Kenny Garrett, Brian Blade)
Three Quartets Band (Corea, Steve Gadd, Eddie Gomez, Ben Solomon)
The Leprechaun Band (Corea, Steve Gadd, Gayle Moran, Steve Wilson, Michel Rodriguez, Eddie Gomez)
Experiments in Electronica (Corea, Marcus Gilmore) 
Chick Corea Flamenco Heart (Corea, Jorge Pardo, Niño Josele, Carles Benavent, Tom Bretchlein, Nino de los Reyes)
Chick Corea Big Band (Corea, Erlend Skomsvoll & The Trondheim Jazz Orchestra)
The Piano duets (Corea, Brad Mehldau, Herbie Hancock, Gonzalo Rubalcaba)
Chick Corea & Gary Burton  
Origin III (Corea, Ravi Coltrane, Steve Wilson, Carlitos Del Puerto, Steve Davis, Marcus Gilmore)
Return to Forever acoustic (Corea, Ravi Coltrane, Hubert Laws, Avishai Cohen, Lenny White)
Chick Corea & John McLaughlin
Return to Forever electric (Corea, John McLaughlin, Victor Wooten, Lenny White)

  
Chick Corea’s 75th Birthday Celebration Will Make Music for Months
By Nate Chinen. New York Times. 05/06/16.


Semana 1 

Semana 2

Semana 3 

Semana 4

Semana 5

Semana 6

Semana 7

Semana 8
"The musician" trailer



   

 


video

Domingo 23/10/16

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domingo, 16 de abril de 2017

Nanni Moretti, mi tano favorito


 

¿Qué título más original y exacto puedo hallar si pienso en ese capo que no sea "Nanni Moretti, nuestro tano favorito"? Bajo una vez más mi copete. Me siento de nuevo humillado. No se para que cantidad de gente este hombre llegará a ser un ídolo pero me siento muy identificado con la idea. ¿Hay otro mejor? Sólo me queda plagiar al autor de la nota y cambiar la primera persona plural por la singular (si mal no recuerdo así me enseñó la Sra. Camelli). La sensibilidad, el equilibrio y la hilaridad con la que este genio del cine italiano nos revela la realidad de su país y del mundo que vivimos, solo podría fabricarse con pedacitos de los británicos Ken Loach y Mike Leigh, con pinceladas de Woody Allen o toques de Salvatores y Cantet. Moretti es un tipo de izquierda bien plantada pero tan iconoclasta que le pega a la iglesia y a la vetusta clase política italiana reservando unos buenos misiles a la mismísima izquierda, que sigue buscando su destino. Acá abajo, el artículo de Roger Koza que me hizo acordar de Moretti, uno de los pocos ídolos que me quedan. Viene de invitado a la Argentina. También otros links con algún reportaje archivado y críticas de sus películas, que recomiendo fervientemente a mis amigos cuando me dan algo de bola. Horanosaurus.

PD: espero ansioso encontrar la opinión de Moretti sobre el papa Francisco.  

Retrospectiva.

Se verá toda la obra del director de “La habitación del hijo”, “Caro diario” y “Mia madre”. Es el invitado de honor del festival este año. Revista Ñ 14/04/17. Por Roger Koza.

El cine italiano es grandioso. Pasolini, Fellini, Rossellini, Ferreri, Antonioni, Visconti. Nombres no faltan. Mejor dicho, para no faltar a la verdad, el cine italiano fue grandioso, o al menos su grandeza fue mancillada por un clima cultural que duró demasiado y tuvo sus consecuencias. Una forma de cultura apoyada en el mero pragmatismo económico y la frivolidad nunca debe subestimarse. Desde que Il Cavaliere Berlusconi reinó en la tierra de Dante el cine italiano descendió a los infiernos.

Hubo dos cineastas excepcionales que marcaron una diferencia; ambos de izquierda e iconoclastas, aunque los filmes de Marco Bellocchio y Nanni Moretti poco tienen en común: la sofisticación formal del primero y el poder onírico de su poética difieren de la retórica humorística de Nanni Moretti, que también suele prodigar en sus películas escenas que detentan un dominio manifiesto del lenguaje cinematográfico. Quien recuerde la primera y la última secuencia de Mia madre tendrá de inmediato una inobjetable evidencia de la capacidad de Moretti como cineasta, más allá de la fuerza cómica de sus parlamentos, que suelen seducir de inmediato.

Este cinéfilo confeso estará en el Bafici y será el gran invitado de honor. La retrospectiva es casi completa, y será suficiente para apreciar la obra de Moretti y divisar la evolución de su poética y el desarrollo de sus temáticas, que a lo largo del tiempo no cambiaron en demasía, pero sí fueron encontrando variaciones. No es lo mismo La misa ha terminado que Habemus Papam. El psicoanalista del Papa, comedia misteriosamente profética en la que el Santo Padre se cansaba de interpretar ese papel para los fieles del Altísimo y prefería volver al teatro donde los hombres representan sus dramas. Lógicamente, la dimisión de Benedicto XVI poco tuvo que ver con la añoranza de las bambalinas, pero un poco antes Moretti presintió que el designio divino podía ser contradicho.

La neurosis, el narcisismo, la política, la omnipresencia del discurso religioso, la historia de Italia siempre aparecen de una u otra forma en el cine de Moretti, en que el humor suele ser un organizador simbólico de todo lo que sucede en escena. ¿A quién se le puede ocurrir hacer un musical con un pastelero trotskista? ¿Quién puede concebir algo semejante al segundo capítulo de Caro diario, en el que un hombre que ha dejado de ver televisión y vive lejos de todo en una isla puede ser seducido por una pantalla en un viaje en ferry y perder paulatinamente la razón? El absurdo como método para resaltar las exageradas creencias que asfixian la cintura ideológica es también una especialidad del cineasta. Moretti se ríe de todo, y casi siempre el absurdo es el estímulo que le permite desarmar certezas y dogmas.

El jueves 20, a las 19.45 hs, Moretti dialogará primero con Javier Porta Fouz (director del Bafici) y un poco después con el público, que seguramente colmará la sala 7 del Village Recoleta. Para ese momento, ya se habrán podido ver y revisar viejos títulos del director, incluidos algunos que nunca se han estrenado en el país. A su vez, si bien los últimos filmes de Moretti se han estrenado todos, nunca estará de más volver sobre algunos y en especial sobre su obra maestra indiscutible: Caro diario, una de las piezas más simples y originales del director, en el que su presencia en escena es insustituible.

Es en Caro diario donde Moretti brilla como nunca. En ese filme lúdico y lúcido el cineasta debe haber hecho el mejor homenaje que un director le haya dedicado a un colega: el breve fragmento destinado al gran Pier Paolo Pasolini es de una profunda congoja, pues su ausencia constituye uno de los vacíos irreparables del cine moderno. Moretti enseña allí a leer la historia de un país en la arquitectura de una ciudad e invita a respetar la cultura pop. La inesperada aparición de la bellísima actriz Jennifer Beals, estrella de Flashdance, es más que una ocurrencia.

De toda la filmografía de Moretti es posible seleccionar momentos para incorporar en la propia memoria, no como un evento vivido, pero sí como una representación sentida que acompaña y se filtra en el recuerdo personal. Su homenaje a Kiarostami en Il giorno della prima di Close Up es otro recuerdo de los que, en la vida de un cinéfilo, ya no se llega a distinguir su procedencia. Sólo los grandes cineastas consiguen que una película se confunda con la vida del espectador. Las imágenes vistas pueden devenir fragmentos del yo.



Moretti Básico. Socialista comprometido, Nanni Moretti tiene (63) años y es, además de director, productor, escritor, actor y propietario de salas de cine. Alguna vez se lo llamó "el Woody Allen italiano" por su capacidad para actuar, dirigir y escribir con un toque cómico y una tendencia a la autobiografía narcisista. Dirigió 17 películas, entre ellas Caro Diario y Aprile. El caimán estuvo nominada a la Palma de Oro en Cannes.



Lejos de la corrección política, el director, actor y guionista italiano habla de todo sin temerle al qué dirán. Explica por qué su país "es incomprensible" y se refiere a la polémica suscitada con la Iglesia por su nuevo filme. Por Begoña Donat (para La Vanguardia y Clarín) Revista Ñ – Junio 2008.

Desde que comenzó su papado, en abril de 2005, Joseph Ratzinger se mostró partidario de hacer cambios polémicos en la Iglesia Católica. La mayoría de ellos implicaron una vuelta a valores conservadores dejados de lado en la década del 60 y despertaron críticas. Así Benedicto XVI dio misa de espaldas a los fieles por primera vez desde que el Concilio Vaticano II (1962-1965) reformara esa costumbre. El Papa también defendió la vuelta de la misa en latín. Pocos días después debió suspender una visita a la Universidad de Sapienza, en Roma, por las protestas en su contra por haber defendido el juicio que la Inquisición le hizo a Galileo. Al mes, en febrero de 2008 y mientras el Vaticano anunciaba que estaba estudiando abandonar la costumbre de que los curas entreguen la hostia en la mano como se hace desde hace cuatro décadas, en una polémica plegaria, Benedicto XVI pidió que los judíos se conviertan al catolicismo.

El icono intelectual de la izquierda italiana ha escrito y protagonizado, la película basada en el homónimo Caos calmo de Sandro Veronesi. Antonello Grimaldi dirige a Nanni Moretti en un drama que ahonda en el giro introspectivo de un ejecutivo de televisión tras la muerte de su esposa y que contiene una escena de sexo de cuatro minutos que ha creado polémica en Italia. El responsable para la juventud de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), Nicolo Anselmo, condenó el filme y pidió a los actores que hicieran uso de la objeción de conciencia en "escenas eróticas vulgares y destructivas". 

Desde 1995, cuando rodó 'La seconda volta', de Mimmo Calopestri, no se ponía a las órdenes de otra persona... Ser sólo actor es para mí una suerte de vacaciones, porque así me puedo concentrar en mi trabajo interpretativo. Cuando me responsabilizo de dirigir, producir y protagonizar mis películas, afronto periodos agotadores y angustiosos. 

La novela ganó el más alto reconocimiento literario italiano, el premio Strega, el 2006. ¿Fue eso lo que le impulsó a escribir y protagonizar su adaptación? El éxito del libro responde a su calidad literaria, pero también a su reflejo de una realidad emocional que se corresponde con la sociedad occidental contemporánea. El deseo de tomarse una pausa, de parar el tiempo, es común entre muchísimas personas. Lo que me animó a ofrecerme como protagonista al productor fue que el personaje me resultaba muy próximo y al mismo tiempo muy distante, y esta circunstancia despertaba mi curiosidad. 

En su filme "La habitación del hijo" abordó la muerte de un vástago y en "Caos calmo", la de la esposa. ¿Le interesa explorar sus propios temores? Hay algo de cierto en esta conclusión, ya que uno puede ser autobiográfico aunque no hable de aquello que le ha pasado, sino de una situación que teme que le suceda. Pero si quiere que le diga por qué he filmado varias películas en torno a la pérdida, la verdad es que no sabría responder. 

Otro paralelismo entre los personajes de ambas películas es que no son capaces de elaborar el luto. ¿Por qué regresa a este conflicto? Asumir la muerte de un ser querido no es lo más fácil del mundo. Sobre todo para dos personajes de los que intuimos que sólo creen en esta vida. Como persona me siento más cercano a la reacción del padre en La habitación del hijo. La pareja padre-hija de Caos calmo parece no sufrir, pero probablemente lo que sucede es que no lo exteriorizan. En La habitación del hijo era una familia que se desintegraba, en la que cada miembro, se aislaba en su propio dolor. Aquí, en cambio, se cimenta la unión entre padre e hija. Cuando decidí participar en este filme no temí las comparaciones, porque el tono es muy diferente. 

Su cine siempre resulta muy personal. ¿Es defensor a ultranza del cine de autor? Me gusta ir al cine y ver películas bien hechas en el sentido clásico, aunque no sean revolucionarias, lo que me desagrada son las películas que toman el camino del medio y se erigen como espectaculares confesiones personales. Como espectador, y en tanto que director, me interesa el cine de autor de los años sesenta: la nouvelle vague en Francia, el free cinema en Inglaterra, los primeros trabajos de Taviani, Bertolucci, Bellochio y Pasolini, el cinema nôvo brasileño, el realizado en los países del Este... Todos ellos reflejan su disconformidad con la sociedad en la que viven y con la herencia cinematográfica que han recibido. El resultado son películas de estilos muy diferentes, de corte grotesco, realista, poético..., pero con la coincidencia de querer romper con una sociedad y un cine del pasado. 

Suele situarse como centro de muchas de sus películas y el público responde bien a sus tics y a sus obsesiones. ¿Alguna vez se pregunta por qué le gusta a la gente? No lo sé. Es algo que resulta gratificante, pero no lo pienso cuando escribo. Quizá porque no sólo dirijo mi ironía hacia los demás, sino que también soy muy severo conmigo mismo. 

Polémica con la Iglesia 

¿No considera que el escándalo con la Iglesia en torno a la escena de sexo se debe a que la protagoniza usted? Sí, pero ha sido la forma de comunicar al público italiano que no soy una entidad abstracta. La histeria no está justificada, porque el filme se basa en un best seller y los periodistas sabían de la relevancia y la brevedad de esta escena en la trama. 

¿Piensa que para los italianos verlo a usted practicando sexo ha sido como pensar en los padres de uno haciéndolo? Quizá soy una figura paterna, pero si tengo un hijo será porque he hecho algo para concebirlo. 

La prensa italiana siempre ha mantenido una relación pasional con usted. Si se refiere a que es una relación de amor-odio, el amor no aparece por ningún lado. Es cierto que ocupo gran espacio en sus mentes, pero qué culpa tengo yo. 

¿A qué responde esa continua intromisión de la Iglesia católica en la vida italiana? Italia es un país incomprensible. Lo que me sorprende no son las declaraciones de los religiosos, siempre hay curas diciendo que no hagas esto o aquello. El problema es que en los últimos años el periodismo italiano se ha vuelto loco. Mientras tanto, en Italia, el escándalo iba haciéndose mayor, así que han ido a tocarle los cojones a mi madre. ¡Mi madre ha entrado en un debate político-cultural en Italia! 

¿Cree que la Iglesia católica está manteniendo sobre la clase política en Europa la misma influencia que en EE. UU. sobre los neoconservadores? No es que Wojtyla fuera un progresista ni mucho menos, pero Ratzinger ha ido más allá, es un fanático. No obstante, no es la Iglesia la que ha cambiado, sino los políticos, que se dejan condicionar por sus declaraciones. No me cabe en la cabeza la dependencia de todos los grupos políticos respecto del Vaticano. ¡Se ponen nerviosos frente a las opiniones de un Estado extranjero!



Entrevista. El director de “Habemus Papam” Dice que no quiso reflejar ni la fe ni a la Iglesia en su filme sobre un cardenal que, al ser electo Papa, sufre una crisis, no quiere asumir y se fuga del Vaticano. Las críticas. Clarín Espectáculos 02.09.11. Por Pablo O. Scholz.

La expectativa por Habemus Papam -que en la Argentina se estrenará el jueves próximo sin la m final, y con el subtítulo de El psicoanalista del Papa - se acrecentaba en el Festival de Cannes, en mayo, luego de su controvertido estreno en Italia, cuando los grupos católicos más conservadores criticaron la nueva película de Nanni Moretti.

Como siempre, convenía ver el filme antes de cargar las tintas sobre lo que no se sabe. Y el largometraje cuenta la historia de un cardenal, de nombre Melville (Michel Piccoli), que en el Cónclave cardenalicio resulta electo como Sumo Pontífice. Y no sólo no lo puede creer, sino que no lo quiere creer. Sufre una crisis y no se siente capacitado para asumir como Papa. Pero ya ha sido elegido y, mientras el pueblo espera, ansioso, su salida al balcón en la Plaza San Pedro, él no quiere saber nada. Para tratar de curarlo, en el Vaticano recurren, con desesperación al mejor psicoanalista (el propio Nanni Moretti), a quien “encierran” en el Vaticano. Pero el Papa se fuga a Roma, para encontrarse a sí mismo...

“Quería mezclar mundos distintos, que por lo general ni siquiera se tocan -dice el realizador de Caro diario -. No es habitual que un Papa se cruce con gente en una cafetería, combinar el universo de los curas y hasta La gaviota, de Chejov. Es que creo que hay algo en común entre el teatro y el Vaticano.” Amable, pero firme, poco bromista pero buen anfitrión, Moretti (hoy, 58 años), como su psicoanalista, tiene respuesta para todo.

¿Solicitaste algún tipo de ayuda al Vaticano para el rodaje? El Vaticano no obstaculizó ni apoyó Habemus Papam. Nosotros recreamos los escenarios en un estudio. Yo no soy católico. Mi película no ataca a los creyentes porque me siento como Buñuel, que decía ‘Soy ateo, gracias a Dios’. Antes de filmar volví a ver El discreto encanto de la burguesía, y hasta La vía Láctea, pero mis ironías, en todo caso, no tienen que ver con las de Buñuel.

¿Te sentís cercano al psicoanálisis? Me siento cercano a los psicoanalistas en el mero placer de hacer jugar a los otros, en organizar el juego. Pero nada más.

Lo que sorprendió en Cannes en su exhibición a la prensa fue el tono elegido por Moretti, el de una comedia amable que no cuestiona al clero si no que deja ver a sus integrantes como son. Que muestra a los cardenales como niños rezando por no ser elegidos Papa, cuando luego quieren aprovechar la discusiones sobre Melville para irse a recorrer Roma, o participar en un torneo de voley. “Me gusta sorprender -dice el realizador de La habitación del hijo , que se llevó la Palma de Oro en Cannes hace diez años-. Esperaban que atacara el Vaticano, que hablara de los escándalos financieros y hasta de los pedófilos. Claro que me informé sobre eso, y siento que la Iglesia perdió autoridad y credibilidad. Pero es mi guión, mi película, y son mis cardenales y mi Vaticano.

¿Sos un hombre de fe? En Habemus Papam no quise reflejar la fe, por que es obvio que los cardenales la tienen y el Papa también. Tampoco mi idea era reflejar la Iglesia tal cual es. Hice un buen servicio a la Iglesia al no enseñar la Iglesia real.

¿Pero sos creyente? No, tuve una educación moderadamente católica, sin exageraciones, y desde hace unos cuarenta años que no lo soy.

Nunca se sabe por qué eligen a Melville, no se ve la intriga detrás de la elección. Es que me cansa ver tantas películas sobre esos asuntos. No quería explicar por qué escogen a ese pobre cardenal, que ni siquiera es favorito, porque eso hubiera empequeñecido a la película. Preferí jugar con ese aspecto humano.

Para los cardinales, ¿elegiste a todos actores profesionales, o te guiaste fuiste más por el phisique du rol? Hay varios actores no profesionales. Es que en el rodaje me iba dando cuenta de cómo ir potenciando algunos personajes, a partir de lo que me brindaban con sus actuaciones. El cardenal chileno, que juega a las cartas, era un extra, por ejemplo. El trabaja de otra cosa. Mi intención era humanizar ese mundo, al Vaticano.

La película comienza con imágenes documentales del entierro de Juan Pablo II, ¿te basaste en su muerte y su sucesión? Es cierto, pero no tiene nada que ver con ningún Papa, ni con el anterior, aunque Juan Pablo II había hecho también teatro, como mi Papa. Hay un par de referencias a Juan Pablo II, porque el portavoz y un cardenal comentan que el anterior fue un Papa querido, que estuvo mucho tiempo. Esa podría ser una referencia, pero eso es todo.

La idea de un hombre que se volverá poderoso, pero que se deprime antes de asumir su responsabilidad, ¿qué sentimiento te generó? La huida del Papa no es un acto de cobardía, sino todo lo contrario, es un acto de fortaleza que sólo puede tener quien es capaz de reconocer las propias debilidades. Si en vez de un Papa hubiera sido un político o un gran empresario, el mensaje hubiera sido otro, no tan universal.

Los periodistas italianos ven una simbiología ante la huida papal con el vacío político que impera en la patria del cineasta, siendo él, un hombre de izquierda. Pero Moretti no lo ve así.
“No quise compararlo con el desastre político en Italia -dice-. Pero ese balcón vacío con las cortinas que se mueven, y el hueco negro al que vuelve el Papa puede también referirse a otros mundos que no sean el católico y el del Vaticano...”.

Pero hubo reacciones ante el estreno en Italia.  Hubo reacciones diversas en los ambientes vaticanos, y un periodista escribió una carta en una publicación católica en la que invitaba a boicotear el filme, pero nada más. Son episodios aislados. No creo que sea representativo, porque el resto ha sido muy positivo.


En el film Habemus Papam había imaginado la renuncia de un papa. La Nación 12/02/13.

ROMA (ANSA).- El anuncio de Benedicto XVI de renunciar a su ministerio sorprendió ayer al mundo, y muchos italianos no tardaron en asociar la noticia con el film Habemus Papam, de Nanni Moretti, en el que un pontífice deja su cargo de manera insólita. El caso planteado en el film es muy diferente del de Benedicto XVI, pero la extrañeza generada acerca hasta cierto punto ambas situaciones.

En Habemus Papam, el recién elegido pontífice (interpretado por el actor francés Michel Piccoli) sufre un ataque de pánico precisamente cuando debe presentarse en el balcón de San Pedro, en el Vaticano, para saludar por primera vez a los fieles que esperaban el cónclave. En la ficción, el cardenal Melville había aceptado ser parte de la elección del nuevo pontífice, pero no esperaba ser elegido. A pesar de reiterados intentos, sus consejeros no logran convencerlo de que es la persona adecuada para ejercer el pontificado. Así que recurren a un reconocido -y ateo- psicoanalista, interpretado por Moretti, para que lo ayude a superar el pánico.

Los diálogos del psicoanalista con el cardenal Melville presentan un papa como un hombre sorprendido por el peso de una responsabilidad que cree no poder asumir, con dudas sobre su misión y también sobre la fe.

El director de Caro diario parece haber anticipado la renuncia papal con su película, estrenada en 2011 tras haber sido presentada en el Festival de Cannes. Cuando se estrenó en Italia, Habemus Papam no fue bien recibida en todos los ámbitos, aunque la Conferencia Episcopal Italiana subrayó "la mirada de comprensión amplia y generosa" sobre el personaje del papa.

Por Marcelo Stiletano. La Nación Espectáculos Domingo 04/09/11.

"Pablo VI era un intelectual atormentado. Juan XXIII, un parróco de pueblo. Wojtyla, un deportista polaco... Y estoy seguro que a todos les entró un tembleque cuando los eligieron". Un retrato casi completo de Nanni Moretti (el observador comprometido, el que desmenuza la realidad a pura ironía, el escéptico sutil, el sagaz cuestionador) aparece en esta frase, que podría funcionar sin problemas a modo de prólogo de lo que aparece como la obra más ambiciosa de sus 35 años como cineasta.

Lo que defendía el celebrado realizador de Aprile y Caro diario en su charla con el diario español El País, en pleno Festival de Cannes, en mayo último, era su voluntad de interrogarse ya no por la situación de Italia en tiempos berlusconianos -de la que surgieron una película, El caimán, y varios dolores de cabeza-, sino por cuestiones más delicadas y trascendentes: las que involucran al Vaticano y a sus máximas autoridades en el delicado trance de una sucesión.

En Habemus papa. El psicoanalista del papa -cuyo estreno anuncia Alfa para el próximo jueves-, Moretti se propone recrear desde su tamiz de cineasta lo que ocurre cuando muere el Sumo Pontífice, los cardenales de todo el mundo son convocados en Roma para elegir a su heredero y cuando uno de ellos resulta ungido, de inmediato da un paso atrás. A punto de saludar por primera vez a los fieles desde el balcón del Vaticano como máxima autoridad de la Iglesia Católica sufre lo más parecido a un ataque de pánico y rechaza el compromiso. Siente que está muy lejos de poder asumir tamaña responsabilidad.

"¡No hago películas para contar lo que pasa en Italia! Y mucho menos trato de dejarme llevar por los escándalos que debe afrontar la Iglesia en los últimos tiempos. A lo mejor algunos esperaban que hablara de cuestiones financieras o de curas pedófilos. No me interesaba. Ni siquiera quería buscar explicaciones acerca lo que le pasa a ese pobre cardenal. Todo eso hubiese empequeñecido la película", reaccionó Moretti con sus conocidas pocas pulgas ante la prensa, también en Cannes, frente a todos los que querían saber si su nueva película se acerca más al militante de izquierda que al artista en su mirada sobre el poder que emana de la Santa Sede y suele ponerse en juego durante esas decisivas transiciones.

Lo que le interesaba, según confesó luego de la exhibición en competencia oficial de Habemus papa (el título original, que sigue estrictamente la frase en latín pronunciada después de cada fumata blanca, una vez que un nuevo papa resulta elegido) es acercarse a ese "personaje tan frágil que se siente completamente inadecuado frente a tanto y tanto poder". Un papa abrumado y perplejo (encarnado a sus 85 años por el gran Michel Piccoli) que trata de encontrar alguna respuesta a sus interrogantes existenciales mediante un recurso casi desesperado al que recurren los cardenales y el ubicuo vocero y secretario de prensa de la Santa Sede (Jerzy Stuhr): convocar de urgencia al más famoso y capacitado psicoanalista de toda Italia, papel que se reserva el propio Moretti.

Debates en puerta. Desde allí, los acontecimientos se precipitan. El pontífice que no quiere serlo toma literalmente distancia de todo lo que sucede en el Vaticano. Allí se queda el psicoanalista, que trata de pasar el tiempo estimulando el espíritu lúdico de los purpurados. "Lo que quise desde un comienzo -explicó el director y actor en Cannes a la prensa internacional para justificar sus opciones- fue contar todos estos hechos en clave de comedia. Tengo el derecho a construir en una película mi propio Vaticano. Además, cada vez que un director habla de su propia película no hace más que despertar confusiones. Mi opinión es clara: las películas deben hablar por sí mismas."

Con 58 años apenas cumplidos (nació en Bolzano el 19 de agosto de 1953), Moretti debió enfrentar, casi inevitablemente, una ola de controversias y debates en su propia tierra. Al fin y al cabo, estamos ante el cineasta actual más identificado con Roma, la capital en cuyo territorio se asienta la ciudad del Vaticano.

Para dejar aún más en claro el perfil de su elección, Moretti decidió ambientar íntegramente el interior de los ámbitos pontificios en los estudios Cinecittá. "Nadie en el Vaticano se pronunció sobre mi película mientras la hacía. No recibí apoyos, pero tampoco cuestionamientos. Yo no soy católico, pero recibí educación católica", precisó ante El País, recordando además que hace algo más de dos décadas personificó a un sacerdote en Basta de sermones (La messa é finita), una de las películas que mejor definen su estilo.

Pese a todas las prevenciones, el debate no pudo evitarse. El conocido vaticanista Salvatore Izzo llamó en abril al público a boicotear el estreno del film, sin demasiada suerte. "Lo mío es una opinión personal, pero creo que representar al papa en una farsa me parece algo muy feo. Es el Vicario de Cristo y no debe ser tocado", justificó Izzo en una carta publicada por L'Avvenire, el diario católico que expresa la opinión oficial del Episcopado italiano.

De todas maneras, la responsable de crítica cinematográfica de ese medio, Marina Corradi, dijo que Habemus papa era una película bien hecha, aunque carente de fe. "Los cardenales son retratados con simpatía y afecto", agregó. Otro vaticanista prestigioso y de enorme influencia, Vittorio Messori, calificó a la película de "agnóstica, pero de ninguna manera anticlerical".

Con todo, relata el Corriere della Sera que muy cerca de Nápoles, en Salerno, el obispo de Vallo della Lucania, Giuseppe Rocco Favale, que además maneja allí un cine -bautizado La Providencia- respaldó a Moretti al proyectar allí la película. Y el propio diario invitó al obispo auxiliar emérito Ernesto Vecchi a ver la película. "Es una película agradable y humana, pero quien tenga un mínimo de fe no se reconocerá, porque allí falta toda la dimensión trascendente del misterio de la fe. Si los católicos quieren verla, háganlo. Pero vayan preparados", señaló.

Ya lejos de esas controversias, Moretti parece resuelto a ingresar en una nueva etapa de su carrera. "Entre mis compromisos políticos, la dirección del Festival de Cine de Turín y el trabajo de actor, me siento francamente disperso. Me parece que de aquí en más seré un poquito más egoísta", confesó hace pocos días, algo enigmático.

Mientras tanto, despunta el vicio con una gira, primero por Italia y ahora por Francia, con un espectáculo que incluye lecturas de textos de sus películas, proyecciones y música en vivo ejecutada por sus compositores predilectos, Franco Piersanti y Nicola Piovani. Un nuevo viaje seguramente presidido por esa frase que Moretti entregó en Palomita roja, hace ya más de dos décadas, y que lo retrata casi por completo: "Las palabras son importantes".


Ante el estreno de Sangre de mi sangre, de Marco Bellocchio. Por Javier Porta Fouz. Rolling Stone. Domingo 31 de julio de 2016.

Una de los más logradas películas de Marco Bellocchio, es decir una de las grandes películas italianas de este siglo, es decir uno de los mejores estrenos del año. Eso es Sangre de mi sangre, imperdible lanzamiento del jueves pasado, una película de vampiros contada en dos tiempos: durante la Inquisición, una joven es juzgada por un supuesto pacto con el diablo; en el presente, un viejo vampiro que vive en aristocrático aislamiento es invadido por la vulgaridad del mundo exterior. Bellocchio (I pugni in tasca, Buongiorno, notte, Il regista di matrimoni y otras películas imprescindibles) hace un cine en ebullición, misterioso y libre. Y filma una mujer desnuda con una pasión que es difícil de encontrar en otros cineastas, y se anima a musicalizar con "Nothing Else Matters" de Metallica en versión a capella.



Solamente con Bellocchio podríamos completar un top five del cine italiano del siglo XXI, pero hay otros grandes directores, incluso imprescindibles como Nanni Moretti, que en estos años ha hecho pocas películas. Siempre fue un director poco prolífico, pero en todo lo que va del siglo XXI filmó solamente cuatro largometrajes: La habitación del hijo, El caimán, Habemus Papa y Mia madre. Hay bastante consenso en que Mia madre es la mejor del siglo XXI del señor Moretti.



Bellocchio y Moretti comenzaron sus carreras en el siglo XX, en las décadas del sesenta y setenta respectivamente. Pero un director italiano totalmente del siglo XXI, que hizo su primer largometraje en el año 2001 y estuvo en el Bafici, se ha convertido en uno de los nombres más famosos del cine mundial, con Oscar a mejor película extranjera y hasta dedicatorias a Maradona. Es Paolo Sorrentino, y si bien hizo otras películas tan buenas como La grande bellezza, esta quizás define con mayor claridad su estilo y su voracidad italiana.

Antes de la serie y obviamente después del libro que motivó que su autor -Roberto Saviano- tuviera que vivir escondido, Gomorra fue una película de Matteo Garrone, en la que actuaba Toni Servillo, protagonista de La grande bellezza. Una película cruda, directa -tal vez la más directa de su director- sobre abismos sociales y políticos de Italia: una película-mazazo.

A fines del siglo pasado y principios de este, Gabriele Muccino parecía destinado a tener una obra de especial intensidad y velocidad, un cine de forma adolescente para contar historias de amores en llamas. Pero no, después se fue a hacer cine blandengue en inglés como Siete almas, Jugando por amor y En busca de la felicidad. Pero fue notable con sus primeras tres películas: Ecco fatto, Ahora o nunca y El último beso. El último beso fue un éxito en Argentina, en una época en la que se veía un cine más diverso en las salas más concurridas.