martes, 19 de abril de 2016

Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music



Para entrar en tema y evitar confusiones y reproches, ver antes "Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad)--introducción". Allí encontrarán motivos y especulaciones que originan esta caprichosa selección musical. Un beso en la reja. Horanosaurus.

Capítulo 1 – Rock argentino

**Manal – “Manal” (1970)

  

Si estos muchachos hubieran nacido en Nueva York, el exótico Andy Warhol los hubiera llamado para tocar en The Factory o en el Village y los Velvet Underground hubieran sido sus teloneros. Pero eran de acá nomás y deambulaban por el porteño Instituto Di Tella, su lejana versión porteña con ‘happenings’ donde se reunían artistas disruptivos para la época. En Londres habrían opacado al famoso Cream de Eric Clapton. Dijo en un reportaje el inoxidable rockero local Pajarito Zaguri que le hicieron escuchar Manal a ese dios inglés de la guitarra cuando vino a Buenos Aires y se quedó con la boca abierta. ¿Será verdad? 

Esto no es un libro de historia de la música contemporánea ni nada parecido. Ya les conté mis intenciones. Pero, quien pertenezca a otra generación debería saber que la última revolución musical del siglo XX -cuyas repercusiones disfrutan a diario sin sospecharlo- tuvo tres grandes focos ígneos, genéricamente hablando: el Swinging London con los mods, la psicodelia, la explosión de la beatlemanía y los Rollings Stones y el nacimiento del hard rock. Del otro lado del charco, casi al mismo tiempo, en la costa este norteamericana, la movida pop-art de Andy Warhol, sus apadrinados los Velvet Underground y pegadita la contracultura folk-rock de Bob Dylan y otros secuaces. En la costa oeste recostada en el Pacífico y centrada en California y Los Angeles, la explosiva movida hippie -amén de difundirse por todo el planeta- también promovía cambios radicales en la música, insuflando al rock de influencias como el rhytm & blues y el soul. Desde The Beach Boys a Grateful Dead hasta llegar a las alturas de Joni Mitchell y los Stills, Nash & Young. Leer sobre esa época de extraordinarios cambios culturales es un buen consejo que estoy seguro puedo dar sin remordimientos. 

No es nacionalismo berreta pero acá en Buenos Aires se encendía otro foco interesante con el que dió en llamarse “rock nacional”, básicamente a partir de grupos como Los Gatos, Manal, Almendra, Vox Dei y Arco Iris. Si bien absorbía claramente las influencias de aquellos iconoclastas del hemisferio norte, permitía expresar en idioma castellano las urgencias de las nuevas generaciones jóvenes acá, en el culo del mundo. Con el tiempo, la movida porteña terminaría a la vez contagiando a las juventudes de los demás países sudamericanos.

Ubicados en tiempo y espacio, volvamos a Manal. Escuchen a este trío pionero del blues y el rock argentino. Pero no solo eso: avant-garde total en atmósfera existencialista. Descubran sus infiltraciones de bebop y cool-jazz. Formato canción, algo. Un vuelo extraordinario. No habrá jamás en el cono sur una voz blusera semejante a la de Javier Martínez, que además aportaba composiciones y poesía. Músico extraño que dando vueltas por Europa entró en el libro Guiness tocando su batería durante horas para batir un récord mundial. Las escalas jazzeras o la pared heavy las ponía Alejandro Medina al bajo y las sutilezas las agregaba el guitarrista Claudio Gabis.

Este fue el primer disco oficial de Manal, el de la tapa amarilla con las fotos de sus músicos integradas dentro de una bomba, editado por el sello Mandioca del visionario productor Jorge Alvarez. Contiene los impresionantes temas “Avellaneda blues” (¿un tango aggiornado?) e “Informe de un día”, con su poderoso intermezzo instrumental. Se suma el exitoso “Jugo de tomate”, que se impuso en la calle sobre los chiclosos temas de Palito Ortega y la llamada despectivamente “música comercial”, en una época que el naciente rock nacional –literalmente- apenas se escuchaba casi clandestinamente en las trasnoches radiales pero despertaba pasiones en toda una generación de jóvenes argentinos.

**Manal – “El león” (1971)

 
 

Es su segundo y último disco oficial.  El resto de las ediciones del grupo que salieron fueron rejuntes. Algunas fuentes lo consideran un recopilación posterior a la separación del grupo. Poco importa. Me juego a decir que no hay un blues en castellano más impresionante que “Blues de la amenaza nocturna”. El problema es que solo en la edición original de este disco en vinilo estuvo esa inmejorable versión eléctrica: cuando lo reeditaron en CD (no se porque maldita razón) lo reemplazaron por una versión acústica que es un bodrio insípido. Quizás puedan encontrarlo por ahí. Una posible solución es escucharlo en Spotify. Otro blues de órdago es “Si no hablo de mí” y son imperdibles los temazos “Paula”, “No hay tiempo de más” y “Mujer sin nombre”.

La tapa de colores claros que ilustra arriba es otra edición hecha por RCA una vez que abandonaron Mandioca, también después de la separación del trío, prácticamente un duplicado de “El león” más algún single agregado. Busquen y escuchen sus discos iniciales: fue el mejor grupo latinoamericano de blues y rock de todos los tiempos. Lamentablemente  los rejuntes del trío y sus últimas producciones fueron algo decepcionantes. Duraron poco por problemas de ego insolubles de sus integrantes. Quizás mejor así.

Vi a Manal por primera vez en el festival BARock I del ya inexistente velódromo municipal porteño en 1971. Me recuerda un viejo amigo que salí eufórico de la emoción. Años después también en su reunión del año 1980 en el estadio Obras Sanitarias: seguían sonando excelentes. Quizás puedan conseguir la grabación de estas presentaciones (“Manal en vivo en Obras”).

**Almendra – “Almendra” (1970)

Almendra, otro de los pioneros del rock en la Argentina, que deslumbraba de la mano del hipercreativo Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 1950-2012). Inútil reavivar discusiones por preferencias musicales.  Aunque no llevaba ese título oficialmente, para los jóvenes este disco era simplemente “el doble” o “Almendra 2” en contraposición al primero, el originalísimo y exitoso debut que contenía “Muchacha, ojos de papel” (¿la mejor canción del rock nacional de todos los tiempos? Un tango novedoso según la visión de Jorge Alvarez), “Ana no duerme”, “Fermín” y otros temas indelebles.

Aunque reconozca que el debut discográfico de Almendra rompió los moldes de la música moderna en el país, este doble tiene sutilezas y originalidades a granel (escuchen “Para ir” o “Leves instrucciones”) y es más intensamente rockero. Tiene más ‘mugre’. Contiene el inoxidable “Rutas argentinas”, “Parvas”, “El cometa azul” y gloriosas zapadas de época. Spinetta con su irreemplazable voz y su peculiar poesía, complementado por Rodolfo García, Emilio Del Guercio y Edelmiro Molinari, quien descollaba con un estilo particularísimo en primera guitarra que no volví a escuchar nunca más y el mismo músico más tarde abandonaría. Compañeros del colegio secundario San Román, en Belgrano-Buenos Aires.

No recuerdo si vi a Almendra en el festival BARock I del demolido velódromo municipal porteño de 1971, porque me perdí una de sus tres jornadas, a las que íbamos después de salir de clases de la secundaria. Años después estuve en su reunión de diciembre de 1979 en el estadio Obras Sanitarias.

*Pappo´s Blues – “Pappo´s Blues Volumen 1” (1971)

  

Un “Pappo” (Norberto Aníbal Napolitano, La Paternal-Buenos Aires, 1950-2005) más fresco en su primer disco solista, a poco de largarse de Los Gatos, el legendario grupo rosarino de Litto Nebbia. Rock bien argento pero con reminiscencias  de Hendrix y piscas de psicodelia inglesa, sostenido por David Lebón y Black Amaya en formato "power trío" (*). La voz de Pappo suena menos desafinada que nunca y los temas lucen solos instrumentales y recursos muy imaginativos. Con el mismo rótulo, seguiría sacando varios “volúmenes”  durante años:  el último fue el Vol. 8, en 1995. Posiblemente el guitarrista más notorio en la génesis del rock nacional, alternó su pasión por el blues, el rhythm & blues y el heavy metal con el gruppo Riff.

(*) Lo sabe la mayoría pero aclaro: banda de tres integrantes al mando de batería, bajo y guitarra eléctricos, formación frecuente en grupos de rock a partir de los años sesenta. Condición sine qua non: que uno de ellos también ocupe el papel de vocalista y que suenen “fuerte”, claro. Agregados necesarios: no todos los power trio rockeros con que se tropezarán suenan igual ni tocan el mismo estilo de rock. Cream, Jimi Hendrix Experience, Rush, quizás Green Day o Nirvana después. Si desean mantener esa etiqueta con orgullo, mientras tratan de llegar al éxito comercial, evitarán  contra viento y marea recurrir al uso de teclados eléctricos que magnifiquen el sonido de la banda. 

En 1972 escuché esta misma formación de Pappo’s Blues -una de mis primeras aventuras con permiso y en solitario en medio de unas vacaciones familiares- en el teatro Roxy de Mar del Plata. Me sonaron gloriosos cuando escuchar rock o “progresiva” era toda una hazaña. Para esa misma época, al final de un recital en el teatro Atlantic de la capital porteña, después del famoso pero aburrido “Acusticazo”, subió al escenario Pappo con David Lebón y algún baterista que olvidé -en un fuera de programa casi inexplicable- y la rompió con una versión impresionante de “Todo el día me pregunto”, el blues de Manal. Seguramente vi a Pappo alguna vez más en uno de los BARock o algún “recital-chorizo” en estadio de fútbol, a la usanza política peronista de entonces, con múltiples bandas de rock, subiendo con La Pesada del Rock&Roll del legendario Billy Bond. Este cantante líder, entonces gordo, barbudo y con chaqueta militar, fue conocido como el ideólogo del “rompan todo” del Luna Park, de donde rajamos entre gases lacrimógenos y palos aquel 20/10/72. No pudimos escuchar a Aquelarre, Color Humano, Pescado Rabioso ni al propio grupo de Pappo, que venían después. Algún pasquín titulaba “Hordas de hippies arrasaron el Luna Park” pero solo se trataba de chicos bohemios de época con poca prensa en esos tiempos violentos de dictadura, que después vendrían todavía peores. Pero ese cantante tano, Giuliano Canterini (a) “el bondo”, un todoterreno que merodeó el mítico boliche La Cueva, hizo lo suyo como músico del rock nacional incipiente y, ya autoexiliado, demostraría ser un productor musical precursor en Sudamérica. 

*Pescado Rabioso - “Lo mejor de Pescado Rabioso” (1976)

Pescado Rabioso fue un cuarteto argentino de rock capitaneado por Spinetta que podría decirse sucesor de Almendra, insertado entre algunos trabajos solistas de este músico extraordinario. El grupo sacó tres discos aunque siempre rotando músicos (David Lebón, Carlos Cutaia, etc). La recopilación recomendada es una buena síntesis de esta etapa a la vez rockera y sinfónica de Spinetta y contiene bastantes temas del primero de la tríada, “Desatormentándonos” (1972). El arte de tapa es del genial artista Juan Gatti, ilustrador de las producciones del sello Mandioca que recomendado por Jorge Alvarez terminó triunfando en Europa siendo mano derecha de las campañas de difusión del cineasta Pedro Almodovar, entre otros logros.

El mismo Spinetta declaraba que con la nueva agrupación quiso terminar con la “ternura” de Almendra, sus melodías piazzollianas tiznadas de bossa nova, metiendo riff algo más violentos. Algo que venía trasuntando en Almendra II.

Para muchos la mejor obra de las tres mencionadas fue “Artaud”(1973), conocido por su original tapa verde de cartulina con formas irregulares -en vez de la cuadrada tradicional- que albergaba el vinilo: una incomodidad total en las bateas. Claro que también por sus temas “Todas las hojas son del viento” o “Cantata de puentes amarillos”. ¿Spinetta se adelantó unos años a la idolatría de Pati Smith por Artaud o se dejó seducir por la moda pop-art que venía del norte? Puede decirse que “Artaud” fue un disco solista de Spinetta bajo el rótulo ‘Pescado Rabioso’, porque contaba con un acompañamiento distinto: su hermano Gustavo en batería y los ex Almendra Rodolfo García y Emilio Del Guercio, en batería y bajo, respectivamente.

*Invisible - “Durazno sangrando” (1975)

 
 


Invisible fue la continuidad spinettiana en forma de trío clásico de rock de guitarra y bajo eléctricos más batería, el siguiente intento grupal después de Pescado Rabioso. Spinetta en guitarra, voz líder y composiciones, Héctor “Pomo”  Lorenzo en batería y Carlos “Machi” Rufino en bajo. Este disco contiene pocos temas, de recorrido largo y muy trabajados melódicamente. Está la hermosa e intimista canción homónima y sobresale “Dios de la adolescencia”. Invisible siguió (y terminó) con el LP “Jardín de los presentes” al año siguiente, que incluía el famoso tema “El anillo del capitán Beto”, un colectivero hincha de River Plate.

Spinetta la siguió con un intento solista (“A 18 minutos del sol”), básicamente de un jazz-rock de moda, que esconde la gema “Canción para los días de la vida"; después con la reunión puntual de Almendra para un disco nuevo en 1979 (“El valle interior”), la grabación en vivo de sus actuaciones en el estadio Obras Sanitarias (“Almendra en Obras”) y otro disco solista en inglés (“Only love can sustain”), grabado en los Estados Unidos, con el objeto de darse a conocer en el imperio.

Aclaración necesaria para lo que viene: si Luis Alberto Spinetta  llegó a tocar tu alma con alguno de sus sutiles recursos deberías profundizar toda su obra. Aunque haya tenido producciones prescindibles -como cualquier artista- cada uno de sus discos tiene al menos una gema y climas irrepetibles cuyo desconocimiento se torna imperdonable. Y diría empezar con lo más pulido de su producción: todo lo del siglo XXI. Solo es una anécdota de análisis subjetivo, pero el día nacional del músico en la Argentina se celebra los 23 de enero, en honor al natalicio de Spinetta.

Si en la música contemporánea en estos lares existe algo que pueda llamarse “profundidad”, la encontrarán en la creaciones de Luis Alberto Spinetta. No intuyo competidores que se acerquen artísticamente a este criollo. Muchos lo consideran difícil, es verdad. Pero confíen en mi palabra e insistan. Afuera, solo creo que llegó a esos extremos el guitarrista norteamericano Pat Metheny con su música instrumental.

**Spinetta Jade – “Los niños que escriben en el cielo” (1981)

  

Continuación cronológica de Invisible, esta formación liderada por Spinetta sacó cuatro discos, también alternando en años intermedios con producciones solistas grabadas con otros músicos y conceptos musicales diferenciados. Jade  empezó por “Alma de diamante” (1980) con Diego Rapoport y Juan del Barrio en teclados, Beto Satragni en bajo y el hit de difusión homónimo, además de “Amenábar”, “Digital ayatollah” y buenas dósis de jazz rock.  En este disco recomendado de 1981, Leo Sujatovich complementó a Rapoport en teclados. Temas: “La herida de París”, “Sexo”, “Contra todos los males de este mundo (el antídoto)”, etc.  Un disco memorable en la carrera de Spinetta. 

**Spinetta Jade “Bajo Belgrano” (1983)

Como mencionaba antes, en medio de sus proyectos Spinetta se mandaba con alguna aventura solista. Vale mencionar “Kamikaze” (1982), imprescindible escala en su discografía para mucha gente. El título celebraba a quienes se sacrifican defendiendo sus ideas a ultranza. Una obra centrada en su guitarra acústica apoyada en los teclados de Diego Rapoport y algún otro adorno eléctrico. Contiene “Quedándote o yéndote” y la inoxidable “Barro tal vez”, reversionada luego por la genial Mercedes Sosa. 

Volviendo a Jade, esta vez con Leo Sujatovich, Pomo y César Franov, entre otros, se mandan este “Bajo Belgrano”. Ofrecen el inmenso himno “Maribel se durmió”, “Canción de Bajo Belgrano”, “Mapa de tu amor” y “Resumen porteño”. Otro regalo musical de Spinetta, a la vez homenaje a su querido barrio, con la estupenda ilustración de tapa que lo describe por si sola.  

**Spinetta Jade – “Madre en años luz” (1984)

Se suma por una larga temporada Juan Carlos ‘Mono’ Fontana a las huestes de Spinetta: un tecladista todoterreno miembro fundador de la banda experimental Madre Atómica, por donde pasaran en distintos momentos Pedro Aznar, Lito Epumer, César Franov-Guillermo Vadalá y Jota Morelli. Luego integraría la banda solista Los Desconocidos de Siempre del exSui Generis Nito Mestre, que sonaba muy bien (ver adelante). Justamente, también ingresó en este disco de Jade al universo spinettiano Lito Epumer, sumándose a César Franov, Osvaldo Fattoruso, Pomo y baterías programadas. Estos cambios continuos de integrantes dentro de la misma banda y en sus sucesivos discos suponen cambios de sonido que se advierten con facilidad al escucharlos. Entre las composiciones de este LP se destaca “Ludmila”, que recuerda a la Mahavishnu Orchestra y llega al espíritu sin pedir permiso: una canción de cuna que solo Spinetta pudo hacer. “Mula alma”, neofolklore de órdago en las manos del genial Fontana. “Entonces es como dar amor”, otra belleza. 

*Spinetta – “Don Lucero” (1989)

Con Mono Fontana, Guillermo Arrom en primera guitarra, Javier Malosetti en bajo, Jota Morelli en batería y otros: un seleccionado. “La melodía es en tu alma”, “Un gran doblez”. Sigan disfrutando. “Oboi”, “Wendolin”: dos temas preciosos donde recurre otra vez a sus acostumbrados neologismos. Las letras de Spinetta, embadurnadas de surrealismo, inasibles para la mayoría de los mortales, otra de sus indisimulables distinciones en el rock nacional. Un tema para discusiones interminables. 

*Spinetta & los socios del desierto (1997)

Esta formación de Spinetta en power trío con “los socios del desierto” Marcelo Torres-bajo y Daniel Wirtz-batería, logra un sonido crudo, despojado y directo, claramente diferente a sus antecesores. Mucho rock, con melodías típicamente spinettianas, una vuelta de tuerca sobre Pescado Rabioso. La guitarra de Spinetta cobra otro protagonismo: se  obliga a tomar la posta, usando diferentes recursos. Y este es su primer disco del combo, un doble, con ese rótulo a secas, conteniendo “Mi sueño de hoy”, “Jardín de gente” y el extraordinario “Así nunca encontrarás el mar”. La difusión fue con “Cheques”, un rock canchero para inundar las radios aunque muchos tracks para engancharse. Paradójicamente, la obra tardó mucho en salir al ruedo luego de grabarse porque fue rechazada por varias discográficas al considerarla cara por ser disco doble y música no apta para el gran público.

El intento posterior de Los Socios fue con “Los ojos” (1999), disco de tapa blanca con títulos imitando relieves en sistema Braile. Aquel mismo trío complementado por otro excelente seleccionado de músicos: Javier Malosetti (bajo), Claudio Cardone, Mono Fontana, Tweety González y Didi Gutman (Brazilian Girls) en teclados, Nico Cota (percusión) y la estupenda Graciela Cosceri en coros. Conceptualmente distinto al primero, con canciones finas y sensibles y llenas de climas. “No me alcanza”, “Ven vení”, “Perdido en ti”. Impactante, aunque pueda sobrar algún tema.

Ah! Con Los Socios del Desierto, el Mono Fontana y otros hicieron el unplugged “Estrelicia” (1997) en MTV de Miami-USA, una especie de grandes éxitos en vivo con varias perlas originales para no desperdiciar.

Y hablando de otros discos spinetteanos en vivo, no dejen de escuchar primero “Exactas” (1990), aunque más no sea para escuchar su versión eléctrica de “Amor de primavera” de Tanguito y disfrutar de nuevo “El marcapiel”. Luego está “San Cristóforo” (1998) con los impresionantes “Piluso y Coquito” y “Tu corazón por mí”. Después “Argentina Sorgo Films presenta: Spinetta Obras” (2002) y, por último, su despedida del público en el estadio de Vélez “Spinetta y las bandas eternas” (2009), juntando a integrantes de las distintas formaciones musicales que reclutó y con pasajes emocionantes.

 **Luis Alberto Spinetta – “Silver sorgo” (2001)

El genio de Spinetta y el aporte de –prácticamente- el mismo equipo que “Los ojos” pero ahora presentado como si fuera un disco solista. Una continuidad placentera, muy intimista. Inigualables y delicadas todas las participaciones de Graciela Cosceri, en segunda voz, un aporte poco reconocido. “Ni hables”, “Adentro tuyo”, “Abrázame inocentemente” y “La verdad de las grullas” son de una sutileza tremenda.

Desde 2001 en adelante se me hace muy difícil elegir una entre las seis o siete producciones que editó Spinetta, por su nivel compositivo homogéneo: podría elegirse “Para los árboles” (2003) con la hermosa “Cisne”, el CD “Pan” (2006) con “Bolsodiós” y “Canción de noche” o “Un mañana” (2008), el de las sobresalientes “Tu vuelo al fin” y “Preso ventanilla”. La formación de las últimas obras de Spinetta, con Sergio Verdinelli en batería, Nerina Nicotra en bajo y Claudio Cardone en teclados fue una de las más afiatadas de su trayectoria.

¿Cuantas veces vi a Spinetta? Uh! Con Almendra ya conté. Pescado Rabioso e Invisible, no recuerdo donde ni cuando me los crucé (no se rían de mi).  En solitario tocando cosas de “Kamikaze” como telonero del Jan Hammer Group en el estadio Obras Sanitarias (octubre/79) y cerrando juntos el show. En la segunda fecha del Buenos Aires Jazz Festival (agosto/80), como uno de los teloneros de George Duke & Stanley Clarke, en modo solista también. Agosto/81, en estadio Obras, entre los artistas del Encuentro  Música Popular Argentina. Con una de las mejores formaciones de Jade, en Barrancas de Belgrano, en enero/85 ante 20000 personas. Y en 2007 en los bosques de Palermo, Buenos Aires siempre, con Cardone, Nicotra y Verdinelli: emocionantes.

*Arco Iris – “Sudamérica (o el regreso a la aurora)” (1972)

El ahora muy reconocido Gustavo Santaolalla no nació siendo un productor discográfico internacionalmente exitoso ni brotó de la nada en Hollywood ganando Oscars por dos bandas de sonido de películas: en los años setenta vivía en comunidad hipona en Palomar y Boulogne, Gran Buenos Aires, peleándola con un grupo de amigos que intentaba fusionar rock, blues y jazz con folklore sudamericano, bastante en boga en aquellos años. Más o menos lo mismo que hicieron “Los Jaivas” en Chile con gran repercusión internacional. No se cual de los dos grupos lo inventó primero, pero el Arco Iris de Santaolalla fue más refinado musicalmente.

Muchos rockeros argentinos de la época subestimaban a Arco Iris por no ser “heavys” ni curtir hierba como ellos y porque como hippies disciplinados tenían pretensiones espirituales e instrumentalmente eran bastante buenos.

Entre todas las producciones de Arco Iris encontrarán cosas que sobrevivieron dignamente el paso del tiempo y otras que quedaron viejas. Si nunca escucharon este tipo de fusión, seguramente no los dejará indiferentes. Ellos ya venían con el suceso del simple “Mañana campestre” (1971), que perdura como uno de los mejores temas que dio el rock nacional, y habían editado dos LP. El tercero, “Sudamérica (o el regreso a la aurora)” es una especie de ópera que gira alrededor de una historia mística. Se destacan las canciones “Gira” y “Los campesinos y el viajero”. “Las colinas y el maestro” y “Hombre” son temas muy elaborados, con jazz, rock, blues e influencias nativas como carnavalitos y malambos.

*Arco Iris – “Inti Raymi” (1973)

  



Arco Iris eran Gustavo Santaolalla en guitarra y voz, Ara Tokatlian en saxo, flauta y teclados, Guillermo Bordarampé en bajo, Horacio Gianello en percusión y una mujer, Dana, en voz, coros y ‘guía espiritual’ (así aparecía en los títulos). La formación original funcionó entre 1970 y 1977, cuando se separaron y algunos siguieron a Tokatlian con el intento musical y comunitario en Los Angeles, USA. Santaolalla también enfiló para esa ciudad pero para arrancar su carrera solista, se embarcará en el ambicioso proyecto de León Gieco “De Ushuaia a La Quiaca” (1985), convirtiéndose después en el más exitoso productor musical de artistas latinos desde el hemisferio norte.

En Inti Raymi (1973) ensayan neofolklore en “Adonde irás, camalotal”, vidalean en “Solo como el cardón” y rockean en “En nuestra frente”. Son mis temas preferidos.

Estuve al menos en tres recitales de Arco Iris: escuchando “Sudamérica” en el teatro Opera; cuando presentaron “Agitor Lucens V” en la Ciudad Universitaria de Buenos Aires (1974) y en el pequeño teatro “Del Carmen” tocando “Los elementales”, ya sin Gustavo Santaolalla en la agrupación (1977).

**Roque Narvaja – “Octubre, mes de cambios” (1972)

  
       

Este dignísimo cantante cordobés surgió desde Buenos Aires con La Jóven Guardia, aquel grupo de principios de los 70 conocido principalmente por el tema “El extraño del pelo largo”. Un estilo a medio camino entre el beat, el pop y lo que en aquel entonces llamábamos despectivamente “música comercial” o bailable. Una división que ahora suena un poco ridícula, existiendo como existen diez veces más berretadas que antes.

Abandonó esa banda y la popularidad que lo había llevado hasta a incursionar en el cine y hace un click. Narvaja empezó una carrera solista por un camino diferente: a modo de trovador moderno, casi de protesta, con letras comprometidas y fusionando folklore sudamericano y rock. “Octubre, mes de cambios” (1972), “Primavera para un valle de lágrimas” (1973) y “Chimango” (1974) son tres discos memorables que pintan espectacularmente una época y un estado de conciencia generacional.

Al recomendar el primero recomiendo directamente los tres. Imposible destacar uno porque son una continuidad. En ese despegue, lo ayudaron Lito Nebbia, el quenista  Uña Ramos, Miguel Cantilo y otros. Tan jugadas fueron sus letras que con la Triple A pisando y la dictadura militar merodeando debió exiliarse en España. Imagínense: están “Balada para Luis” dedicada a Luis Pujals, uno de los primeros combatientes abatidos del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y “Camilo y Ernesto” por Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, por ejemplo. Tras un cambio rotundo de estilo, fue muy exitoso en su nuevo destino, con producciones también altamente recomendables (sigue abajo).

*Roque Narvaja – “Al natural” (1985)

Esta extraña edición de la disquera Mercury posee 19 temas resumiendo en un CD dos discos originales de la etapa más exitosa de Roque Narvaja en España: “Amante de cartón” (1980) y “Balance provisional” (1981). En el tema “Menta y limón” toca Jan Akkerman y los arreglos son de Thijs Van Leer, los dos genios ex Focus. Una colección de baladas y letras indelebles: “Santa Lucía”, “Yo quería ser mayor”, “A pesar”, “Ni una palabra”. Excelente. 

A Roque Narvaja lo escuché en setiembre de 1975 en un desaparecido bolichito llamado Alvear Music Hall, calle Marcelo T. de Alvear, Buenos Aires, cuando presentaba “Chimango”. Con Pocho Lapouble en batería, Gustavo Beitelman en piano y Emilio Valle en piano.

*Pedro y Pablo – “Conesa” (1972)

Un dúo argentino formado por Miguel Cantilo y Jorge Durietz que adaptó el mensaje hippie al cono sur (con mayor precisión geográfica, Belgrano, Villa Gesell y El Bolsón, fueron sus refugios). Salieron a la luz con el simple “Marcha de la bronca” incorporado luego al primer LP que sacan “Yo vivo en esta ciudad” (1971), donde agregaban  “Donde va la gente cuando llueve”, “Asociación modelos argentinas” y “Perros homicidas”. “Conesa” alude a la calle del barrio porteño de Belgrano donde vivían o tocaban y crearon este disco, que contiene la premonitoria “Padre Francisco” y la hermosa “Catalina Bahía”. Las canciones intimistas cantadas por Durietz (“Instrucciones” y “El alba del estío”) recuerdan mucho a composiciones del uruguayo Eduardo Mateo (ver abajo). Temas de folk-rock y rock con letras virulentas, en este LP con la ayuda de Pappo Napolitano, Roque Narvaja, el guitarrista Kubero Díaz y gente del grupo La Cofradía de la Flor Solar.

*Pedro y Pablo – “Contracrisis” (1982)

Este disco lo hicieron Cantilo y Durietz al reunirse unos años después, casi al terminar la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina y alrededores. Entre otros colaboraron el gran aerofonista Jorge Cumbo y Alejandro Lerner, un músico que empezó como revelación en teclados siendo sostén de muchos grupos argentinos, después se convirtió en un compositor de calidad y pudo sostener una carrera más que decente. Este LP tiene canciones con un cuidado contenido poético y buenos arreglos vocales e instrumentación, conjunción rara en el rock nacional. Por el color latino que tiene, se notan reminiscencias al sonido de Stephen Stills (de los Crosby, Stills, Nash & Young). Reintentan con la “canción-marcha” en “La legión interior”. “Señora violencia” está dedicada a Margaret Tatcher. Los puntales de la obra son “Mi fantasma y yo”, “Loco carnaval del estar bien”, “Energía y materia” y “Ganas, amor y tiempo”. La voz de Miguel Cantilo siempre fue una belleza que distinguió al grupo. Les encomiendo buscar “La gente del futuro”, un rock con una letra cáustica, una canción de los ochenta de Miguel Cantilo con su grupo español Punch.

*Sui Generis – “Vida” (1972)

Este dúo argentino (Carlos Alberto “Nito” Mestre y Carlos Alberto “Charly” García Moreno) se convirtió en suceso cuando los grupos Almendra, Manal ni Los Gatos se habían separado. Por la longitud de onda de sus temas iniciales, conquistaron un buen contingente de público adolescente y estudiantil. Otras referencias contemporáneas pueden ser el final de Los Beatles, la oleada hippie en U.S.A. y Joan Manuel Serrat con “Mediterráneo” en castellano. Sui Generis siempre amalgamó un ala folk, más enarbolada por Nito, con un vuelo rockero, impulsado por Charly. La chance para este debut discográfico fue en Talent, sucesora de Mandioca, y capitaneada por Jorge Alvarez con Billy Bond, el productor musical. Marcó una época, fue precursor de la segunda oleada del rock nacional, un boom que compramos todos, con temas que se cantaban en cualquier fogón juvenil que se jactara de tal, desplazando definitivamente al folklore usual de las generaciones anteriores.  ¿Quién no escuchó “Canción para mi muerte” alguna vez? Suenan bien aún “Quizás porqué” y “Dime quien me lo robó”.

*Charly García – “Yendo de la cama al living” (1982)

Charly García nunca me pareció un gran héroe musical, más allá de muchas creaciones destacables. Claro que la enorme mayoría de músicos y especialistas opinan distinto. Este es su primer disco solista donde, estimulado por Pedro Aznar, abandona el rock progresivo algo barroco de su antiguo grupo Serú Girán, se moderniza y da un giro compositivo hacia el pop-rock. Temas: “No bombardeen Buenos Aires” (el gran tema de un burgués borrón sobre la guerra de Malvinas), “Canción de 2x3”, “Inconciente colectivo”. Con el estupendo sonido base del grupo GIT (Guyot, Willy Iturry y Alfredo Toth) detrás y la participación de Aznar, Spinetta y otros y composiciones de buen nivel. Pueden seguir buceándolo en “Clics modernos” (1983), una vuelta de tuerca a su aggiormaniento. Fue grabado en los famosos estudios neoyorkinos Electric Ladyland con músicos de sesión (por ej. Larry Carlton). ¿Temas? “Los dinosaurios”, “Nos siguen pegando abajo”, “Ojos de videotape”.

Tengo dos LP de Sui Generis (“Vida” e “Instituciones”) y dos o tres de Charly García y Nito Mestre como solistas pero nunca fui fana de ellos.  Reconozco que me producía rechazo la autoestima tan alta de Charly García. Nunca entendí como su público le perdonó tantos desplantes/estafas sobre el escenario. Escuché a Sui Generis con mis amigos de secundaria cuando casi recién empezaban, en el BArock III de 1972, campo Las Malvinas de Argentinos Juniors, barrio La Paternal: la misma actuación que luego pudo verse en la película “Rock hasta que se ponga el sol” de Aníbal Uset. Quizás también en algún otro recital multi-grupos en estadios. No fui, pero recuerdo la euforia de mis amigos al salir de uno de sus recitales de despedida en el Luna Park, que después se editaran como disco doble “Adiós, Sui Generis” (1975).

*Nito Mestre – “En vivo” (1982)

Amables composiciones del ex Sui Generis Nito Mestre, grabadas en vivo en Uruguay. Distendidas y con un buen grupo soporte (se destaca el Mono Fontana en teclados), trabajo que en su momento pasó desapercibido. “Tema de cenicienta”, “Enero va”, “Algo me aleja, algo me acerca”. Muy agradable y musical. 

* Fito Páez – “Giros" (1985)

Para mi, el disco más redondo de este rosarino de personalidad rebuscada, heredero de la llamada “trova rosarina” de los años 80. Como suele pasar repetidamente en el mundo de los artistas, con contradicciones entre aspectos grotescos en sus vidas personales y su obra. Me produce antipatía sus definiciones políticas pretendidamente “progres” pero decididamente fascistas y sus alardes egocéntricos polvorientos. Charly García, otro entalcado, mientras exhibía decadencias al menos no adoctrinaba a nadie. Presentada mi queja, los discos iniciales de Páez entregan composiciones geniales, que superan la desventaja de su voz chillona y disonante.

El primero suyo fue  “Del 63” (1984), donde ofrece “Tres agujas”, “Rumba del piano” y “Sable chino”. “Giros” es el segundo y abre con el tema homónimo, un neo-tango de órdago. Agrega las sentidas “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “11 y 6”, “Cable a tierra” y “Alguna vez voy a ser libre”. Golpes al plexo solar. Despejando maleza a los saltos, me detengo en “Tercer mundo” (1990). Sigan Uds. si los enganchó.

* Vox Dei – “14 grandes éxitos” (1992)

Grupo rockero de estirpe barrial (quilmeños) que empezó allá por 1967, integrado básicamente por Willy Quiroga-bajo, Ricardo Soulé-guitarra y voz y Rubén Basoalto-batería. “Caliente” (1970) fue la primera producción importante, conteniendo la inoxidable “El momento en que estás (presente)”. Creo que su famosa ópera-rock “La Biblia” (1971), no resistió el paso del tiempo, pero dejó temas memorables como “Génesis” y “Libros sapienciales” que no pueden soslayarse porque ya son históricos del rock nacional. Les aseguro que, en su momento, la obra fue un éxito que dió que hablar, se escuchó hasta el hartazgo y le dió una larga vida y muchos dividendos al grupo.

Una buena recopilación no podría obviar su primigenio single “Azúcar amargo” y “El momento en que estás (presente)”.  Este grandes éxitos no es una selección super-equilibrada: su mayor pecado es obviar mi preferida “Es una nube no hay duda”. Pero sirve de pantallazo para desasnarse y luego, en todo caso, profundizar en la discografía del grupo.

Fui varias veces a ver a Vox Dei. La primera en la Federación Argentina de Box, barrio de Once, 1971 supongo. Y cuando estuvieron en el BARock III, en La Paternal, 1972. Siempre su caballito de batalla eran los temas de “La biblia”.

*Pedro Aznar – “Fotos de Tokyo” (1986)

Pedro Aznar (Buenos Aires, 1959) es uno de los mejores músicos contemporáneos argentinos, tan ecléctico como de enorme gusto y dueño una voz tenor tan versátil como hermosa (solo no apta para el tango). Con su variado repertorio –lleno de covers a los que no teme y se mete en el bolsillo con soltura- una discográfica podría producirle cinco o seis “lo mejor de…”. Primero formó parte de los grupos experimentales Madre Atómica y Alas,  después fue convocado para Serú Girán (el combo de rock progresivo exitoso de Charly García, con quien también haría dos discos a dúo bajo el nombre de “Tango”) e integraría luego al Pat Metheny Group-PMG, guitarrista top norteamericano de jazz fusion.

En diez años, Aznar pasó de deambular en el ascenso  a jugar ‘al lado de Maradona’. Fundamentalmente advirtieron sus virtudes como bajista fretlees y vocalista, pero también como ejecutante estudioso de guitarra, ukelele y charango, teclados varios, saxofón, quena, erque, melódica y hasta de percusión. Casi una década después, más o menos en 1992, se bajó de la cima del Everest por decisión propia, arriesgó y apostó a una carrera solista tan sensata como poco conservadora abrevando en varios géneros.

Fue con el demo de su primer disco solista (1982), que Aznar entregó a su admirado Pat Metheny en un festival con Serú Girán en Rio de Janeiro, que subyugó al guitarrista norteamericano. Unos meses después lo convocó para sumar a su Group su voz prodigiosa, el sello de distinción del PMG en sus años dorados, los de las mixturas con ritmos latinos. Tienen que escucharlo: no cantaba con letras en inglés, se trataba de un tarareo vocal moderno, incorporado al grupo inicialmente por Nana Vasconcellos, recurso que algunos atribuyen a otro brasileño, Milton Nascimento (incomprobable).

Los discos y giras en los que participó Aznar en el PMG fueron los de más alto vuelo de ese grupo de jazz moderno. Nos ocuparemos largo y tendido del tema en el Cap. 4-Jazz & Jazz-rock. Pero mientras tanto vayan escuchando “First circle” (1984), “Letter from home” (1989) y el vivo “The road to you” (1993). Pueden verlo al joven Aznar protagonista total, canturreando en el hermoso DVD “More travels” (1992) del Pat Metheny Group.

En aquel primer solista incluía la inigualable versión de “Setiembre” del brasileño Ivan Lins, con su memorable solo de bajo fretlees en el medio. Fue toda una revelación sonora: la metieron hasta en telenovelas. Como si fuera poco, se atrevía con “Nefertiti” de Miles Davis, con “Because” de Lennon-McCartney y con Maurice Ravel en “Pavana para una infanta difunta”. Por todo acompañamiento, Juan Carlos ‘Mono’ Fontana en teclados y Héctor ‘Pomo’ Lorenzo en batería, en algunos pocos tracks.  En “Contemplación” (1992), el segundo disco solista de Pedro Aznar, lo ayudaron sus amigos norteamericanos Pat Metheny, Lyle Mays y Danny Gottlieb en los temas “Verano en Nueva Inglaterra” y “23”. Vigentes la neochacarera “El dolor de mi gente” y “Candombegle”, acá con el percusionista Osvaldo Fattoruso. 

Pero me atrapa “Fotos de Tokyo” (1986), su tercer disco, perteneciente a una lejana época electrónica, con mucha máquina, energía y tres o cuatro temas memorables, grabado después de una primera etapa en el PMG. Luego se refugiaría en un pop beatlesco y la fusión folklórica que lo encumbraron con discos más populares como “David y Goliath” (1995),“Cuerpo y alma” (1998) o “Parte de volar” (2002). Apostaría que la mayoría de los fans de Aznar elegirían estas producciones.

*Pedro Aznar – “Caja de música” (2000)


 

La hilación de los temas de esta obra ambiciosa son letras inspiradas en Jorge Luis Borges musicalizadas por Aznar usando distintos géneros musicales. Hay que habituarse porque convierte al disco en un subibaja. Para ello llama a colaborar a artistas nacionales tan disímiles como Víctor Heredia, la banda heavy metal A.N.I.M.A.L. de Andrés Giménez, el vocalista/bandoneonista Rubén Juárez, Jairo, Lito Vitale y Mercedes Sosa. Fue grabado en vivo en el teatro Colón de Buenos Aires en agosto de 1999. Me encanta “A un gato”, luego el tanguero “Buenos Aires” que termina repitiendo la célebre “no nos une el amor sino el espanto” a ritmo de candombe. Conmueve, como conmueve la negra Sosa en el track “Caja de música”, que da nombre al disco.

*Pedro Aznar – “Mil noches y un instante” (2013)

Grabado en vivo en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, Aznar actúa solo ejecutando diversos instrumentos y ayudado por algunas máquinas. Innovando otra vez, no solo incorpora algún éxito anterior en el repertorio sino que en distintos trechos homenajea a Spinetta y a Gustavo Ceratti haciendo covers. Otra sección fuerte del recital está dedicada a Los Beatles. Agrega la suprema “Blackbird” pero es impactante y emocionante escuchar la superposición sucesiva de las tres tomas en vivo de teclados, bajo y guitarra más voz para darle forma a “Because”, el tema de John Lennon. Aznar confesaba no haberla podido hacer nunca en vivo a pesar que ese cover fue parte de su primer disco solista (1982). Lo consiguió en sus presentaciones al procurarse un tecno-aparatito grabador que permite superponer pistas arriba de un escenario, en directo. Y conmueve, se los aseguro, suplantando las voces de los tres Beatles, uno tras otro. Altamente recomendable buscar si está la proeza en Youtube y disfrutarla. Es muy posible que esa maravilla se detecte en la versión filmada en DVD y no se distinga con solo la escucha del CD, porque aquí solo creo escuchar la parte final ya sobregrabada: no por nada lo vitorea la gente al final. Toda la ductilidad artística de Pedro Aznar echada al asador.

El arte de Pedro Aznar, no los va a defraudar. No abandonen sus producciones así no más: siempre tendrán gratas recompensas. En 2005, se animó a “Aznar canta Brasil” reversionando a sus autores favoritos de ahí. Y en 2012 la prueba de fuego exitosa de “Puentes amarillos: celebra la música de Spinetta” grabado en vivo en el homenaje que le hizo en Plaza Italia ante 50 mil personas. Por ahí tiene también algunas bandas de sonido originales para películas, como aquella “Hombre mirando al sudeste” (1987). Si no tienen paciencia, vayan a su compilado “Esenciales” (2017), una caja de 3 CD con 36 tracks, que rescata aquella exitosa y superadora versión de “Setiembre” de Ivan Lins o esa otra de “A primera vista”, la belleza de “Soledad, Jujuy 1941” y “Muñequitos de papel”.

Aznar es un todoterreno que aprendió coplas con la musicóloga  Leda Valladares, cantó mil veces sin desentonar en el Festival de Cosquín (el folklórico más antiguo de la Argentina), estuvo en lo más alto del jazz ganando Grammys y es capaz de hacer versiones superadoras de artistas internacionales. Tiene club de fans hasta en Japón y siempre cultivó el antidivismo, sin vender su intimidad.

La primera vez que vi a Pedro Aznar fue con el grupo Seleste de David Lebón, Pomo, Rinaldo Rafanelli y Diego Rapoport en la  primer fecha del Buenos Aires Jazz Festival en el Luna Park, invierno de 1980, como teloneros de John McLaughlin. El festival también presentó a Weather Report, George Duke, Stanley Clarke y Chick Corea, entre otros. En enero de 1985, Aznar como invitado de un gran Spinetta Jade en Barrancas del Belgrano ante 20000 almas. Después, como voz principal del Pat Metheny Group en el estadio Obras en octubre/1985: en ese momento, el grupo de jazz moderno más exitoso del mundo. Como invitado de su amigo Lyle Mays cuando se presentó en trio en el Teatro Opera, setiembre/1992, para cantar el tema “Siena”. Teloneaban a Robert Ford Trio. A Aznar con grupos propios lo vi dos veces: en enero/2000 en la Quinta Trabucco de Vicente López y en febrero/2004 en la calle de las Casuarinas, la avenida principal de la Facultad de Agronomía (mi segundo hogar). En solitario en el teatro Gran Rex en junio/2013 haciendo justamente “Mil noches y un instante”, oportunidad en la que grabaron el DVD homónimo, filmando a Aznar permanentemente con cámaras automatizadas -sin operadores- que se desplazaban sobre rieles dispuestos en el escenario. Y por último, sumándose un rato al trío Lito Epumer-Machi-Judurcha, en el auditorio de La Usina del Arte porteña, en agosto/19. 

*Divididos – “Acariciando lo áspero” (1991)



     

Excelente power trío argentino de hard rock -de esos con todo lo que hay que tener- que junta pinceladas de funk, blues, reggae y alguna otra de folklore. Igual que Manal, nacer en el patio trasero del imperio no suele ser artísticamente lo más beneficioso para triunfar internacionalmente. No se si los sajones tienen grupos tan originales como éste. Vienen desde 1988. Dos son integrantes remanentes del grupo Sumo (ver adelante), del que se les detectan algunas reminiscencias: Ricardo Mollo en guitarra y voz y Diego Arnedo en bajo, con bateristas que van y vienen. Mis temas preferidos aquí son: “El 38”, “Sábado”, “Qué tal”, “Ala delta” y el excelente cover de Hendrix, “Voodoo child”. 

*Pablo, el enterrador – “2” (2015) 

Escuché los dignos discos de Los Gatos en los comienzos del rock nacional y presté atención y seguí con dedicación los primeros pasos solistas de Litto Nebbia como solista (su producción tan particular debe ser la más prolífica). En cambio, nunca me sentí muy atraído por la llamada trova rosarina, esa generación de músicos (ya no tan modernos) surgidos de ciudad santafesina de Rosario: Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Rubén Goldín, los más acústicos Jorge Fandermole y Adrián Abonizio. No me atrapó el mensaje ni el rumbo musical de ninguno. Me detuve unos párrafos antes en Fito Páez, cuya originalidad creo que es ineludible. Escuché cosas interesantes de Gonzalo Aloras, pareciendo aggiornar el sonido Spinetta con funk. Nunca pude entender como tuvo tanta aceptación y difusión un grupo local tan rústico como Vilma Palma e Vampiros.

Hace poco un amigo me recordó a una banda rosarina de vieja data de la que solo recordaba el nombre. Y al escuchar sus tres producciones quedé sorprendido.  Venían de los setenta pero “Pablo, el enterrador” grabaron el disco homónimo en 1981, refugiándose en el sonido del viejo Génesis y Marillion. Siempre con su sonido sinfónico siguieron con este “2” (2013) y por último su “Threephonic” (2016).

Básicamente los grabaron con dos en teclados (Jorge Antún y Omar López), José María Blanc en bajo, guitarra y voz y Marcelo Salí en batería, aunque últimamente cambiaron la formación. Se puede escuchar en ellos una evolución. Otras reminiscencias suyas me llevaron a Pedro Aznar y algunos ecos beat uruguayos de Fattoruso/Rada (pero sin candombe).

No puedo salir de mi asombro que Pablo el Enterrador haya sido ignorado por la vidriera musical de Buenos Aires. He leído que últimamente han sido objeto de reivindicaciones.

Y ya que hablamos de reivindicaciones: Crucis. ¿Porque no recordar este otro grupo sinfónico injustamente olvidado? Solo grabaron “Crucis” (1974) y “Los delirios del mariscal” (1977) y se separaron. Eran Gustavo Montesano, Pino Marrone, Aníbal Kerpel y Gonzalo Farrugia (casi todos siguieron sus vidas en Estados Unidos). Llamaron mucho la atención rockera del momento, básicamente subidos a la onda musical progresiva del momento (Yes, Deep Purple, etc.) con gran eficiencia instrumentística. Los produjo Charly García y llenaron un Luna Park en enero/77. Peguenlés una escuchada.     


**Divididos – “La era de la boludez” (1993)

No en vano tienen el mote de “la aplanadora del rock”, que bien les queda. Eximios instrumentistas. Hasta ahora resistieron la generalizada tentación de los power tríos de incorporar teclados para agregar matices a través de los años. Eso refuerza su personalidad pero obliga a buscar otros recursos para no perder vigencia. Críticas: a veces suenan repetitivas las parodias al género folklórico y los interludios tropicales. Parecen autoguiños para el ghetto. Sus letras -ibídem- me parecen anacrónicamente crípticas. Ultima: ya debe ser tarde para encontrarle variantes a la buena pero histérica voz de Mollo.

De este disco se destacan “Salir a asustar”, “Salir a comprar” y una excelente versión de “El arriero” de Atahualpa Yupanqui convertida en blues. Otro que elegiría para continuar buceando Divididos -entre la decena que grabaron- es “Narigón del siglo”(2000).

Los vi en octubre de 1994 en el club Independencia de la ciudad de Neuquén, durante un viaje de trabajo, una noche que terminó mal, con la cana tirando gases lacrimógenos para reprimir a los que querían ingresar sin entradas. Divididos pudo tocar tres canciones que espantosamente y fuimos desalojados, todos tosiendo. A Mollo y Arnedo no pareció importarles mucho porque dijeron solo unas incongruencias (¿vegetarianas?) antes de retirarse. Después me puse muy viejo para seguirle el tren a un grupo heavy tan amigo del pogo. Ellos saltan, quieran o no, para mantener su trabajo (como Mick Jagger a los 81 años). Yo tengo menos y no soy creativo, pero ya no lo hago por amor al arte, jaja. 

**Dancing Mood – “20 minutos” (2000)


  

Este grupo argentino liderado por Hugo Lobo con supremacía de bronces y compuesto por casi una decena de integrantes cambiantes que pertenecen a otros grupos o son sesionistas, sin ser la perfección es excepcional. Porque te permite abrirte a una enciclopedia de ska y reggae que abreva en Skatalites o Toots & The Maytals y Don Drummond, temas souleros o de Burt Bacharach, Carpenters -e incluso standards de jazz- en covers con pátina jamaiquina, que en muchos casos suenan mejor que los originales. No te los pierdas. Algo así como lo que hicieron los UB 40 en sus “Labour of love”. Todos esos referentes serán abordados en capítulos venideros.

El objetivo confeso del alma mater y conductor del grupo, el trompetista Hugo Lobo, es rescatar y difundir música que mamó durante su aprendizaje musical, que la gente de las nuevas generaciones ignora casi por completo. Un iconoclasta que, entre otros proyectos, dirige escuelas musicales para chicos de bajos recursos.

Toman los temas originales y les dan ese tratamiento, desarrollando en el medio solos instrumentales. Es cierto que se hubieran podido superar ciertos rendimientos individuales, pero el clima que logran puede más. Es fundamental para ello el toque discreto y elegante de la armónica incorporada a estos ritmos de reggae. Tienen invitados para algunos temas, como Midnerely Acevedo (alias Mimí Maura) y Fidel Nadal. Son muy buenos los temas “Mood indigo”, “Twenty minutes to go” y “You’re so delightfull”.

Si ya eres un adulto y eras fan de “El tren fantasma” (programa radial de culto en los ochenta y noventa en AM y FM porteñas), algunos covers te remitirán ahí.

**Dancing Mood – “Vol. 2” (2002)

Para continuar el deleite y relajarse escuchando su música, que incluso puede servir de fondo para gozar haciendo otras cosas en la casa, de agradable que es. Si no tenés ganas de pasarle un trapo a los muebles ni lavar los platos oyéndolos, prepará un whisky y disfrutá también del arte visual de cualquier producción de los Dancing Mood, tan original como excelente. Como si fuera poco, en este disco usan el efecto de rellenar entre bandas con compases atenuados de ballenatos, cumbias y otros ritmos tropicales, que no se quien inventó primero pero me encanta. Mis temas preferidos son “Perdido”, “Tears up”, “Take a ‘A’ train” y “In a mellow tone” de Duke Ellington.

**Dancing Mood – “Dancing groove” (2004)

Reconocible progreso en los arreglos y eficiencia en este tercer disco del grupo, hasta con el agregado de cuerdas. Pero el placer de escucharlos es el mismo. Encontramos “Night in Tunusia” (sic) de Dizzy Gillespie, “Scrapple from the apple” de Charlie Parker, “The look of love” (Burt Bacharach) y la reconocida y cinematográfica “Guns of Navarone”. Más adelante hasta se animarán al “Take five” de Dave Brubeck. Andan por los 25 años de trayectoria y suman varias producciones más.

*La Groovísima – “La Groovísima” (1997)

Otro grupo argentino de covers que solo produjo dos discos. Este y “Plan perfecto” (1998), básicamente con versiones de standards y éxitos del funk y soul norteamericano, cantados en inglés. A la usanza de esos combos que animan en vivo programas de trasnoche alegres a la fuerza -tipo Tinelli “pum-para-arriba”- en canales tipo ESPN y Fox. Esos cuyos escarceos se escuchan solo cuatro segundos antes de ser interrumpidos abruptamente por el alarido bobo del conductor desorbitado o por un corte comercial. De hecho, la Groovísima participó de uno de ellos. El tema es que suenan estupendamente.

Claro que sus posibilidades de éxito comercial eran inversamente proporcionales a su calidad y buen gusto: ¿qué sub-tribu cultural porteña podía seguirlos? Y en el imperio del norte ya tenían al mismísimo James Brown a mano, para que buscar copias.

La Groovísima se reúne de vez en cuando, con Daniel Colombres en batería y Gabriel Lazzarino en bajo, como miembros base. La voz en sus grabaciones fue de Damián Oliver y tuvieron otros cantantes. En este disco, la cantidad de buenos covers es interminable. Desde “Midnight hour”, “Sing a single song” a “Guitar man”. Tambié se juegan con “I got you (I feel good)” y salen airosos. 

* Sumo – “Obras cumbres” (2000)



Grupo argento de los tardíos ochenta, original fusión de rock, funk, hardcore, ska y reggae, con el italiano Luca Prodan (Roma-Italia, 1953-1987) al frente cantando en varios idiomas, la base de Mollo y Arnedo (luego en Divididos), Alberto Troglio en batería, Germán Daffunchio (el de Las Pelotas) y el devenido mediático Petinatto, en saxo. Revolucionarios en una época de destape político, sacaron cinco CD entre 1983 y 1989. Quizás Sumo pueda decirse una extensión sudaca de The English Beat o General Public, poco conocidos en estas costas a nivel masivo. Este compilado en disco doble de Sony Music creo que representa lo más difundido de Sumo.

NOTA FINAL DEL CAPITULO ROCK NACIONAL: seguramente algún lector esté castigando a este humilde proto-escritor con algún epíteto poco ortodoxo al no encontrar en este primer listado ninguna obra de los pioneros Litto Nebbia y Moris, Patricio Rey & sus Redonditos de Ricota, Gustavo Cerati y su exitoso "Canción animal" de Soda Stéreo, Alejandro Lerner (¿porqué no compararlo con Elton John?) y tantos otros. Quizás también pueden reprocharme exageraciones spinettianas. Ya les había hecho al principio advertencias sobre la subjetividad lógica de esta tarea de recomendar. Tampoco es que dejé de escuchar figuras que fueron saliendo hasta hoy (claro que mi experiencia me hace ahorrar tiempo). Pasa que entiendo que no hay nada novedoso en el ambiente musical argentino que convenza por su originalidad. Si igual los decepciono, vayan a los 100 mejores discos de rock nacional según la edición local de la revista Rolling Stone, que también se va a la banquina eligiendo algunos bodrios de factura adolescente. Este ejercicio no termina acá: faltan 4 capítulos con más novedades e info. La seguimos.



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