**Spinetta Jade – “Madre en años luz” (1984)
Se suma por una larga temporada Juan Carlos ‘Mono’
Fontana a las huestes de Spinetta: un tecladista todoterreno miembro
fundador de la banda experimental Madre Atómica, por donde pasaran en distintos
momentos Pedro Aznar, Lito Epumer, César Franov-Guillermo Vadalá y Jota
Morelli. Luego integraría la banda solista Los Desconocidos de Siempre del exSui
Generis Nito Mestre, que sonaba muy bien (ver adelante). Justamente, también
ingresó en este disco de Jade al universo spinettiano Lito Epumer, sumándose a
César Franov, Osvaldo Fattoruso, Pomo y baterías programadas. Estos cambios
continuos de integrantes dentro de la misma banda y en sus sucesivos discos
suponen cambios de sonido que se advierten con facilidad al escucharlos. Entre
las composiciones de este LP se destaca “Ludmila”, que recuerda a la Mahavishnu
Orchestra y llega al espíritu sin pedir permiso: una canción de cuna que solo
Spinetta pudo hacer. “Mula alma”, neofolklore de órdago en las manos del genial
Fontana. “Entonces es como dar amor”, otra belleza.
*Spinetta – “Don Lucero” (1989)
Con Mono Fontana, Guillermo Arrom en primera
guitarra, Javier Malosetti en bajo, Jota Morelli en batería y otros: un
seleccionado. “La melodía es en tu alma”, “Un gran doblez”. Sigan disfrutando. “Oboi”,
“Wendolin”: dos temas preciosos donde recurre otra vez a sus acostumbrados
neologismos. Las letras de Spinetta, embadurnadas de surrealismo, inasibles
para la mayoría de los mortales, otra de sus indisimulables distinciones en el
rock nacional. Un tema para discusiones interminables.
*Spinetta & los socios del desierto (1997)
Esta formación de Spinetta en power trío con “los
socios del desierto” Marcelo Torres-bajo y Daniel Wirtz-batería, logra un
sonido crudo, despojado y directo, claramente diferente a sus antecesores. Mucho
rock, con melodías típicamente spinettianas, una vuelta de tuerca sobre Pescado
Rabioso. La guitarra de Spinetta cobra otro protagonismo: se obliga a tomar la posta, usando diferentes recursos.
Y este es su primer disco del combo, un doble, con ese rótulo a secas,
conteniendo “Mi sueño de hoy”, “Jardín de gente” y el extraordinario “Así nunca
encontrarás el mar”. La difusión fue con “Cheques”, un rock canchero para inundar
las radios aunque muchos tracks para engancharse. Paradójicamente, la obra
tardó mucho en salir al ruedo luego de grabarse porque fue rechazada por varias
discográficas al considerarla cara por ser disco doble y música no apta para el
gran público.
El intento posterior de Los Socios fue con “Los
ojos” (1999), disco de tapa blanca con títulos imitando relieves en sistema
Braile. Aquel mismo trío complementado por otro excelente seleccionado de
músicos: Javier Malosetti (bajo), Claudio Cardone, Mono Fontana, Tweety
González y Didi Gutman (Brazilian Girls) en teclados, Nico Cota (percusión) y
la estupenda Graciela Cosceri en coros. Conceptualmente distinto al primero,
con canciones finas y sensibles y llenas de climas. “No me alcanza”, “Ven
vení”, “Perdido en ti”. Impactante, aunque pueda sobrar algún tema.
Ah! Con Los Socios del Desierto, el Mono
Fontana y otros hicieron el unplugged “Estrelicia” (1997) en MTV de Miami-USA,
una especie de grandes éxitos en vivo con varias perlas originales para no
desperdiciar.
Y hablando
de otros discos spinetteanos en vivo, no dejen de escuchar primero “Exactas”
(1990), aunque más no sea para escuchar su versión eléctrica de “Amor de
primavera” de Tanguito y disfrutar de nuevo “El marcapiel”. Luego está “San
Cristóforo” (1998) con los impresionantes “Piluso y Coquito” y “Tu corazón por
mí”. Después “Argentina Sorgo Films presenta: Spinetta Obras” (2002) y, por
último, su despedida del público en el estadio de Vélez “Spinetta y las bandas
eternas” (2009), juntando a integrantes de las distintas formaciones musicales
que reclutó y con pasajes emocionantes.
**Luis Alberto Spinetta – “Silver sorgo” (2001)
El genio de Spinetta y el aporte de –prácticamente- el
mismo equipo que “Los ojos” pero ahora presentado como si fuera un disco solista.
Una continuidad placentera, muy intimista. Inigualables y delicadas todas las
participaciones de Graciela Cosceri, en segunda voz, un aporte poco reconocido.
“Ni hables”, “Adentro tuyo”, “Abrázame inocentemente” y “La verdad de las
grullas” son de una sutileza tremenda.
Desde 2001 en adelante se me hace muy
difícil elegir una entre las seis o siete producciones que editó Spinetta, por
su nivel compositivo homogéneo: podría elegirse “Para los árboles” (2003) con
la hermosa “Cisne”, el CD “Pan” (2006) con “Bolsodiós” y “Canción de noche” o
“Un mañana” (2008), el de las sobresalientes “Tu vuelo al fin” y “Preso
ventanilla”. La formación de las últimas obras de Spinetta, con Sergio
Verdinelli en batería, Nerina Nicotra en bajo y Claudio Cardone en teclados fue
una de las más afiatadas de su trayectoria.
¿Cuantas
veces vi a Spinetta? Uh! Con Almendra ya conté. Pescado Rabioso e Invisible, no
recuerdo donde ni cuando me los crucé (no se rían de mi). En solitario tocando cosas de “Kamikaze” como
telonero del Jan Hammer Group en el estadio Obras Sanitarias (octubre/79) y
cerrando juntos el show. En la segunda fecha del Buenos Aires Jazz Festival
(agosto/80), como uno de los teloneros de George Duke & Stanley Clarke, en
modo solista también. Agosto/81, en estadio Obras, entre los artistas del
Encuentro Música Popular Argentina. Con
una de las mejores formaciones de Jade, en Barrancas de Belgrano, en enero/85
ante 20000 personas. Y en 2007 en los bosques de Palermo, Buenos Aires siempre,
con Cardone, Nicotra y Verdinelli: emocionantes.
*Arco Iris – “Sudamérica (o el regreso a la aurora)” (1972)
El ahora muy reconocido Gustavo Santaolalla no nació
siendo un productor discográfico internacionalmente exitoso ni brotó de la nada
en Hollywood ganando Oscars por dos
bandas de sonido de películas: en los años setenta vivía en comunidad hipona en
Palomar y Boulogne, Gran Buenos Aires, peleándola con un grupo de amigos que
intentaba fusionar rock, blues y jazz con folklore sudamericano, bastante en
boga en aquellos años. Más o menos lo mismo que hicieron “Los Jaivas” en Chile
con gran repercusión internacional. No se cual de los dos grupos lo inventó
primero, pero el Arco Iris de Santaolalla fue más refinado musicalmente.
Muchos rockeros argentinos de la época
subestimaban a Arco Iris por no ser “heavys” ni curtir hierba como ellos y
porque como hippies disciplinados tenían pretensiones espirituales e
instrumentalmente eran bastante buenos.
Entre todas las producciones de Arco Iris
encontrarán cosas que sobrevivieron dignamente el paso del tiempo y otras que
quedaron viejas. Si nunca escucharon este tipo de fusión, seguramente no los
dejará indiferentes. Ellos ya venían con el suceso del simple “Mañana
campestre” (1971), que perdura como uno de los mejores temas que dio el rock
nacional, y habían editado dos LP. El tercero, “Sudamérica (o el regreso a la
aurora)” es una especie de ópera que gira alrededor de una historia mística. Se
destacan las canciones “Gira” y “Los campesinos y el viajero”. “Las colinas y
el maestro” y “Hombre” son temas muy elaborados, con jazz, rock, blues e influencias
nativas como carnavalitos y malambos.
*Arco Iris – “Inti Raymi” (1973)
Arco Iris eran Gustavo Santaolalla en guitarra y voz,
Ara Tokatlian en saxo, flauta y teclados, Guillermo Bordarampé en bajo, Horacio
Gianello en percusión y una mujer, Dana, en voz, coros y ‘guía espiritual’ (así
aparecía en los títulos). La formación original funcionó entre 1970 y 1977,
cuando se separaron y algunos siguieron a Tokatlian con el intento musical y
comunitario en Los Angeles, USA. Santaolalla también enfiló para esa ciudad
pero para arrancar su carrera solista, se embarcará en el ambicioso proyecto de
León Gieco “De Ushuaia a La Quiaca” (1985), convirtiéndose después en el más
exitoso productor musical de artistas latinos desde el hemisferio norte.
En Inti Raymi (1973) ensayan neofolklore en
“Adonde irás, camalotal”, vidalean en “Solo como el cardón” y rockean en “En
nuestra frente”. Son mis temas preferidos.
Estuve al menos en tres recitales de Arco
Iris: escuchando “Sudamérica” en el teatro Opera; cuando presentaron “Agitor
Lucens V” en la Ciudad Universitaria de Buenos Aires (1974) y en el pequeño
teatro “Del Carmen” tocando “Los elementales”, ya sin Gustavo Santaolalla en la
agrupación (1977).
**Roque Narvaja – “Octubre, mes de cambios” (1972)
Este dignísimo cantante cordobés surgió desde Buenos
Aires con La Jóven Guardia, aquel grupo de principios de los 70 conocido principalmente
por el tema “El extraño del pelo largo”. Un estilo a medio camino entre el beat,
el pop y lo que en aquel entonces llamábamos despectivamente “música comercial”
o bailable. Una división que ahora suena un poco ridícula, existiendo como
existen diez veces más berretadas que antes.
Abandonó esa banda y la popularidad que lo
había llevado hasta a incursionar en el cine y hace un click. Narvaja empezó
una carrera solista por un camino diferente: a modo de trovador moderno, casi
de protesta, con letras comprometidas y fusionando folklore sudamericano y
rock. “Octubre, mes de cambios” (1972), “Primavera para un valle de lágrimas”
(1973) y “Chimango” (1974) son tres discos memorables que pintan
espectacularmente una época y un estado de conciencia generacional.
Al recomendar el primero recomiendo directamente
los tres. Imposible destacar uno porque son una continuidad. En ese despegue, lo
ayudaron Lito Nebbia, el quenista Uña
Ramos, Miguel Cantilo y otros. Tan jugadas fueron sus letras que con la Triple
A pisando y la dictadura militar merodeando debió exiliarse en España. Imagínense:
están “Balada para Luis” dedicada a Luis Pujals, uno de los primeros combatientes
abatidos del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y “Camilo y Ernesto” por
Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, por ejemplo. Tras un cambio rotundo de
estilo, fue muy exitoso en su nuevo destino, con producciones también altamente
recomendables (sigue abajo).
*Roque Narvaja – “Al natural” (1985)
Esta extraña edición de la disquera Mercury posee 19 temas resumiendo en un CD dos discos originales de la etapa más exitosa de Roque Narvaja en España: “Amante de cartón” (1980) y “Balance provisional” (1981). En el tema “Menta y limón” toca Jan Akkerman y los arreglos son de Thijs Van Leer, los dos genios ex Focus. Una colección de baladas y letras indelebles: “Santa Lucía”, “Yo quería ser mayor”, “A pesar”, “Ni una palabra”. Excelente.
A Roque Narvaja lo escuché en setiembre de 1975 en un desaparecido bolichito llamado Alvear Music Hall, calle Marcelo T. de Alvear, Buenos Aires, cuando presentaba “Chimango”. Con Pocho Lapouble en batería, Gustavo Beitelman en piano y Emilio Valle en piano.
*Pedro y Pablo – “Conesa” (1972)
Un dúo argentino formado por Miguel Cantilo y Jorge
Durietz que adaptó el mensaje hippie al cono sur (con mayor precisión
geográfica, Belgrano, Villa Gesell y El Bolsón, fueron sus refugios). Salieron
a la luz con el simple “Marcha de la bronca” incorporado luego al primer LP que
sacan “Yo vivo en esta ciudad” (1971), donde agregaban “Donde va la gente cuando llueve”, “Asociación
modelos argentinas” y “Perros homicidas”. “Conesa” alude a la calle del barrio
porteño de Belgrano donde vivían o tocaban y crearon este disco, que contiene
la premonitoria “Padre Francisco” y la hermosa “Catalina Bahía”. Las canciones
intimistas cantadas por Durietz (“Instrucciones” y “El alba del estío”)
recuerdan mucho a composiciones del uruguayo Eduardo Mateo (ver abajo). Temas
de folk-rock y rock con letras virulentas, en este LP con la ayuda de Pappo
Napolitano, Roque Narvaja, el guitarrista Kubero Díaz y gente del grupo La
Cofradía de la Flor Solar.
*Pedro y Pablo – “Contracrisis” (1982)

Este disco lo hicieron Cantilo y Durietz al
reunirse unos años después, casi al terminar la dictadura militar más
sangrienta de la historia argentina y alrededores. Entre otros colaboraron el
gran aerofonista Jorge Cumbo y Alejandro Lerner, un músico que empezó como revelación en teclados siendo sostén de muchos
grupos argentinos, después se convirtió en un compositor de calidad y pudo
sostener una carrera más que decente. Este LP tiene canciones con un cuidado
contenido poético y buenos arreglos vocales e instrumentación, conjunción rara
en el rock nacional. Por el color latino que tiene, se notan reminiscencias al
sonido de Stephen Stills (de los Crosby, Stills, Nash & Young). Reintentan
con la “canción-marcha” en “La legión interior”. “Señora violencia” está
dedicada a Margaret Tatcher. Los puntales de la obra son “Mi fantasma y yo”, “Loco
carnaval del estar bien”, “Energía y materia” y “Ganas, amor y tiempo”. La voz
de Miguel Cantilo siempre fue una belleza que distinguió al grupo. Les
encomiendo buscar “La gente del futuro”, un rock con una letra cáustica, una
canción de los ochenta de Miguel Cantilo con su grupo español Punch.
*Sui Generis – “Vida” (1972)

Este dúo argentino (Carlos Alberto “Nito” Mestre y
Carlos Alberto “Charly” García Moreno) se convirtió en suceso cuando los grupos
Almendra, Manal ni Los Gatos se habían separado. Por la longitud de onda de sus
temas iniciales, conquistaron un buen contingente de público adolescente y
estudiantil. Otras referencias contemporáneas pueden ser el final de Los
Beatles, la oleada hippie en U.S.A. y Joan Manuel Serrat con “Mediterráneo” en
castellano. Sui Generis siempre amalgamó un ala folk, más enarbolada por Nito, con
un vuelo rockero, impulsado por Charly. La chance para este debut discográfico fue
en Talent, sucesora de Mandioca, y capitaneada por Jorge Alvarez con Billy Bond, el productor musical.
Marcó una época, fue precursor de la segunda oleada del rock nacional, un boom
que compramos todos, con temas que se cantaban en cualquier fogón juvenil que
se jactara de tal, desplazando definitivamente al folklore usual de las generaciones anteriores. ¿Quién no escuchó “Canción para mi muerte” alguna vez? Suenan bien aún “Quizás
porqué” y “Dime quien me lo robó”.
*Charly García – “Yendo de la cama al living” (1982)
Charly García nunca me pareció un gran héroe
musical, más allá de muchas creaciones destacables. Claro que la enorme mayoría
de músicos y especialistas opinan distinto. Este es su primer disco solista
donde, estimulado por Pedro Aznar, abandona el rock progresivo algo barroco de
su antiguo grupo Serú Girán, se moderniza y da un giro compositivo hacia el pop-rock.
Temas: “No bombardeen Buenos Aires” (el gran tema de un burgués borrón sobre la
guerra de Malvinas), “Canción de 2x3”, “Inconciente colectivo”. Con el
estupendo sonido base del grupo GIT (Guyot, Willy Iturry y Alfredo Toth) detrás
y la participación de Aznar, Spinetta y otros y composiciones
de buen nivel. Pueden seguir buceándolo en “Clics modernos” (1983), una vuelta
de tuerca a su aggiormaniento. Fue grabado en los famosos estudios neoyorkinos
Electric Ladyland con músicos de sesión (por ej. Larry Carlton). ¿Temas? “Los
dinosaurios”, “Nos siguen pegando abajo”, “Ojos de videotape”.
Tengo dos LP de Sui Generis (“Vida” e “Instituciones”)
y dos o tres de Charly García y Nito Mestre como solistas pero nunca fui fana
de ellos. Reconozco que me producía
rechazo la autoestima tan alta de Charly García. Nunca entendí como su público
le perdonó tantos desplantes/estafas sobre el escenario. Escuché a Sui Generis con
mis amigos de secundaria cuando casi recién empezaban, en el BArock III de
1972, campo Las Malvinas de Argentinos Juniors, barrio La Paternal: la misma
actuación que luego pudo verse en la película “Rock hasta que se ponga el sol”
de Aníbal Uset. Quizás también en algún otro recital multi-grupos en estadios. No
fui, pero recuerdo la euforia de mis amigos al salir de uno de sus recitales de
despedida en el Luna Park, que después se editaran como disco doble “Adiós, Sui
Generis” (1975).
*Nito Mestre – “En vivo” (1982)
Amables composiciones del ex Sui Generis Nito Mestre, grabadas
en vivo en Uruguay. Distendidas y con un buen grupo soporte (se destaca el Mono
Fontana en teclados), trabajo que en su momento pasó desapercibido. “Tema de
cenicienta”, “Enero va”, “Algo me aleja, algo me acerca”. Muy agradable y
musical.
* Fito Páez – “Giros" (1985)
Para mi, el disco más redondo de este rosarino
de personalidad rebuscada, heredero de la llamada “trova rosarina” de los años
80. Como suele pasar repetidamente en el mundo de los artistas, con
contradicciones entre aspectos grotescos en sus vidas personales y su obra. Me
produce antipatía sus definiciones políticas pretendidamente “progres” pero
decididamente fascistas y sus alardes egocéntricos polvorientos. Charly García,
otro entalcado, mientras exhibía decadencias al menos no adoctrinaba a nadie. Presentada
mi queja, los discos iniciales de Páez entregan composiciones geniales, que superan
la desventaja de su voz chillona y disonante.
El
primero suyo fue “Del 63” (1984), donde
ofrece “Tres agujas”, “Rumba del piano” y “Sable chino”. “Giros” es el segundo y
abre con el tema homónimo, un neo-tango de órdago. Agrega las sentidas “Yo
vengo a ofrecer mi corazón”, “11 y 6”, “Cable a tierra” y “Alguna vez voy a ser
libre”. Golpes al plexo solar. Despejando maleza a los saltos, me detengo en
“Tercer mundo” (1990). Sigan Uds. si los enganchó.
* Vox Dei – “14 grandes éxitos” (1992)
Grupo rockero de estirpe barrial (quilmeños) que empezó
allá por 1967, integrado básicamente por Willy Quiroga-bajo, Ricardo
Soulé-guitarra y voz y Rubén Basoalto-batería. “Caliente” (1970) fue la primera
producción importante, conteniendo la inoxidable “El momento en que estás (presente)”.
Creo que su famosa ópera-rock “La Biblia” (1971), no resistió el paso del
tiempo, pero dejó temas memorables como “Génesis” y “Libros sapienciales” que
no pueden soslayarse porque ya son históricos del rock nacional. Les aseguro
que, en su momento, la obra fue un éxito que dió que hablar, se escuchó hasta
el hartazgo y le dió una larga vida y muchos dividendos al grupo.
Una buena recopilación no podría obviar su primigenio
single “Azúcar amargo” y “El momento en que estás (presente)”. Este grandes éxitos no es una selección super-equilibrada:
su mayor pecado es obviar mi preferida “Es una nube no hay duda”. Pero sirve de
pantallazo para desasnarse y luego, en todo caso, profundizar en la discografía
del grupo.
Fui varias veces a ver a Vox Dei. La
primera en la Federación Argentina de Box, barrio de Once, 1971 supongo. Y
cuando estuvieron en el BARock III, en La Paternal, 1972. Siempre su caballito
de batalla eran los temas de “La biblia”.
*Pedro Aznar – “Fotos de Tokyo” (1986)
Pedro Aznar (Buenos Aires, 1959) es uno de los mejores músicos
contemporáneos argentinos, tan ecléctico como de enorme gusto y dueño una voz
tenor tan versátil como hermosa (solo no apta para el tango). Con su variado
repertorio –lleno de covers a los que no teme y se mete en el bolsillo con
soltura- una discográfica podría producirle cinco o seis “lo mejor de…”. Primero
formó parte de los grupos experimentales Madre Atómica y Alas, después fue convocado para Serú Girán (el
combo de rock progresivo exitoso de Charly García, con quien también haría dos
discos a dúo bajo el nombre de “Tango”) e integraría luego al Pat Metheny Group-PMG,
guitarrista top norteamericano de jazz fusion.
En diez años, Aznar pasó de deambular en el
ascenso a jugar ‘al lado de Maradona’. Fundamentalmente
advirtieron sus virtudes como bajista fretlees y vocalista, pero también como
ejecutante estudioso de guitarra, ukelele y charango, teclados varios, saxofón,
quena, erque, melódica y hasta de percusión. Casi una década después, más o
menos en 1992, se bajó de la cima del Everest por decisión propia, arriesgó y apostó
a una carrera solista tan sensata como poco conservadora abrevando en varios
géneros.
Fue con el demo de su primer disco solista
(1982), que Aznar entregó a su admirado Pat Metheny en un festival con Serú Girán
en Rio de Janeiro, que subyugó al guitarrista norteamericano. Unos meses
después lo convocó para sumar a su Group su voz prodigiosa, el sello de
distinción del PMG en sus años dorados, los de las mixturas con ritmos latinos.
Tienen que escucharlo: no cantaba con letras en inglés, se trataba de un
tarareo vocal moderno, incorporado al grupo inicialmente por Nana Vasconcellos,
recurso que algunos atribuyen a otro brasileño, Milton Nascimento
(incomprobable).
Los discos y giras en los que participó
Aznar en el PMG fueron los de más alto vuelo de ese grupo de jazz moderno. Nos
ocuparemos largo y tendido del tema en el Cap. 4-Jazz & Jazz-rock. Pero
mientras tanto vayan escuchando “First circle” (1984), “Letter from home”
(1989) y el vivo “The road to you” (1993). Pueden verlo al joven Aznar
protagonista total, canturreando en el hermoso DVD “More travels” (1992) del
Pat Metheny Group.
En aquel primer solista incluía la
inigualable versión de “Setiembre” del brasileño Ivan Lins, con su memorable
solo de bajo fretlees en el medio. Fue toda una revelación sonora: la metieron
hasta en telenovelas. Como si fuera poco, se atrevía con “Nefertiti” de Miles
Davis, con “Because” de Lennon-McCartney y con Maurice Ravel en “Pavana para
una infanta difunta”. Por todo acompañamiento, Juan Carlos ‘Mono’ Fontana en
teclados y Héctor ‘Pomo’ Lorenzo en batería, en algunos pocos tracks. En “Contemplación” (1992), el segundo disco
solista de Pedro Aznar, lo ayudaron sus amigos norteamericanos Pat Metheny, Lyle
Mays y Danny Gottlieb en los temas “Verano en Nueva Inglaterra” y “23”.
Vigentes la neochacarera “El dolor de mi gente” y “Candombegle”, acá con el
percusionista Osvaldo Fattoruso.
Pero me atrapa “Fotos de Tokyo” (1986), su
tercer disco, perteneciente a una lejana época electrónica, con mucha máquina,
energía y tres o cuatro temas memorables, grabado después de una primera etapa
en el PMG. Luego se refugiaría en un pop beatlesco y la fusión folklórica que
lo encumbraron con discos más populares como “David y Goliath” (1995),“Cuerpo y
alma” (1998) o “Parte de volar” (2002). Apostaría que la mayoría de los fans de
Aznar elegirían estas producciones.
*Pedro Aznar – “Caja de música” (2000)

La hilación de los temas de esta obra ambiciosa son letras
inspiradas en Jorge Luis Borges musicalizadas por Aznar usando distintos
géneros musicales. Hay que habituarse porque convierte al disco en un subibaja.
Para ello llama a colaborar a artistas nacionales tan disímiles como Víctor
Heredia, la banda heavy metal A.N.I.M.A.L. de Andrés Giménez, el
vocalista/bandoneonista Rubén Juárez, Jairo, Lito Vitale y Mercedes Sosa. Fue
grabado en vivo en el teatro Colón de Buenos Aires en agosto de 1999. Me encanta
“A un gato”, luego el tanguero “Buenos Aires” que termina repitiendo la célebre
“no nos une el amor sino el espanto” a ritmo de candombe. Conmueve, como
conmueve la negra Sosa en el track “Caja de música”, que da nombre al disco.
*Pedro Aznar – “Mil noches y un instante” (2013)
Grabado en vivo en el teatro Gran Rex de Buenos Aires,
Aznar actúa solo ejecutando diversos instrumentos y ayudado por algunas
máquinas. Innovando otra vez, no solo incorpora algún éxito anterior en el
repertorio sino que en distintos trechos homenajea a Spinetta y a Gustavo
Ceratti haciendo covers. Otra sección fuerte del recital está dedicada a Los
Beatles. Agrega la suprema “Blackbird” pero es impactante y emocionante
escuchar la superposición sucesiva de las tres tomas en vivo de teclados, bajo
y guitarra más voz para darle forma a “Because”, el tema de John Lennon. Aznar confesaba
no haberla podido hacer nunca en vivo a pesar que ese cover fue parte de su
primer disco solista (1982). Lo consiguió en sus presentaciones al procurarse
un tecno-aparatito grabador que permite superponer pistas arriba de un
escenario, en directo. Y conmueve, se los aseguro, suplantando las voces de los
tres Beatles, uno tras otro. Altamente recomendable buscar si está la proeza en
Youtube y disfrutarla. Es muy posible que esa maravilla se detecte en la
versión filmada en DVD y no se distinga con solo la escucha del CD, porque aquí
solo creo escuchar la parte final ya sobregrabada: no por nada lo vitorea la
gente al final. Toda la ductilidad artística de Pedro Aznar echada al asador.
El arte de Pedro Aznar, no los va a
defraudar. No abandonen sus producciones así no más: siempre tendrán gratas
recompensas. En 2005, se animó a “Aznar canta Brasil” reversionando a sus
autores favoritos de ahí. Y en 2012 la prueba de fuego exitosa de “Puentes
amarillos: celebra la música de Spinetta” grabado en vivo en el homenaje que le
hizo en Plaza Italia ante 50 mil personas. Por ahí tiene también algunas bandas
de sonido originales para películas, como aquella “Hombre mirando al sudeste”
(1987). Si no tienen paciencia, vayan a su compilado “Esenciales” (2017), una
caja de 3 CD con 36 tracks, que rescata aquella exitosa y superadora versión de
“Setiembre” de Ivan Lins o esa otra de “A primera vista”, la belleza de
“Soledad, Jujuy 1941” y “Muñequitos de papel”.
Aznar es un todoterreno que aprendió coplas
con la musicóloga Leda Valladares, cantó
mil veces sin desentonar en el Festival de Cosquín (el folklórico más antiguo
de la Argentina), estuvo en lo más alto del jazz ganando Grammys y es capaz de
hacer versiones superadoras de artistas internacionales. Tiene club de fans hasta
en Japón y siempre cultivó el antidivismo, sin vender su intimidad.
La primera vez que vi a Pedro Aznar fue con
el grupo Seleste de David Lebón, Pomo, Rinaldo Rafanelli y Diego Rapoport en la
primer fecha del Buenos Aires Jazz
Festival en el Luna Park, invierno de 1980, como teloneros de John McLaughlin. El
festival también presentó a Weather Report, George Duke, Stanley Clarke y Chick
Corea, entre otros. En enero de 1985, Aznar como invitado de un gran Spinetta
Jade en Barrancas del Belgrano ante 20000 almas. Después, como voz principal del
Pat Metheny Group en el estadio Obras en octubre/1985: en ese momento, el grupo
de jazz moderno más exitoso del mundo. Como invitado de su amigo Lyle Mays cuando
se presentó en trio en el Teatro Opera, setiembre/1992, para cantar el tema “Siena”.
Teloneaban a Robert Ford Trio. A Aznar con grupos propios lo vi dos veces: en
enero/2000 en la Quinta Trabucco de Vicente López y en febrero/2004 en la calle
de las Casuarinas, la avenida principal de la Facultad de Agronomía (mi segundo
hogar). En solitario en el teatro Gran Rex en junio/2013 haciendo justamente
“Mil noches y un instante”, oportunidad en la que grabaron el DVD homónimo,
filmando a Aznar permanentemente con cámaras automatizadas -sin operadores- que
se desplazaban sobre rieles dispuestos en el escenario. Y por último, sumándose
un rato al trío Lito Epumer-Machi-Judurcha, en el auditorio de La Usina del
Arte porteña, en agosto/19.
*Divididos – “Acariciando lo áspero” (1991)

Excelente power trío argentino de hard rock
-de esos con todo lo que hay que tener- que junta pinceladas de funk, blues,
reggae y alguna otra de folklore. Igual que Manal, nacer en el patio trasero
del imperio no suele ser artísticamente lo más beneficioso para triunfar
internacionalmente. No se si los sajones tienen grupos tan originales como éste.
Vienen desde 1988. Dos son integrantes remanentes del grupo Sumo (ver adelante),
del que se les detectan algunas reminiscencias: Ricardo Mollo en guitarra y voz
y Diego Arnedo en bajo, con bateristas que van y vienen. Mis temas preferidos
aquí son: “El 38”, “Sábado”, “Qué tal”, “Ala delta” y el excelente cover de
Hendrix, “Voodoo child”.
*Pablo, el enterrador – “2” (2015)
Escuché los dignos discos de Los Gatos en
los comienzos del rock nacional y presté atención y seguí con dedicación los
primeros pasos solistas de Litto Nebbia como solista (su producción tan
particular debe ser la más prolífica). En cambio, nunca me sentí muy atraído por
la llamada trova rosarina, esa generación de músicos (ya no tan modernos)
surgidos de ciudad santafesina de Rosario: Juan Carlos Baglietto, Silvina
Garré, Rubén Goldín, los más acústicos Jorge Fandermole y Adrián Abonizio. No
me atrapó el mensaje ni el rumbo musical de ninguno. Me detuve unos párrafos
antes en Fito Páez, cuya originalidad creo que es ineludible. Escuché cosas
interesantes de Gonzalo Aloras, pareciendo aggiornar el sonido Spinetta con
funk. Nunca pude entender como tuvo
tanta aceptación y difusión un grupo local tan rústico como Vilma Palma e Vampiros.
Hace poco un amigo me recordó a una banda
rosarina de vieja data de la que solo recordaba el nombre. Y al escuchar sus
tres producciones quedé sorprendido. Venían
de los setenta pero “Pablo, el enterrador” grabaron el disco homónimo en 1981, refugiándose en el sonido del viejo Génesis y Marillion. Siempre
con su sonido sinfónico siguieron con este “2” (2013) y por último su
“Threephonic” (2016).
Básicamente los grabaron con dos en
teclados (Jorge Antún y Omar López), José María Blanc en bajo, guitarra y voz y
Marcelo Salí en batería, aunque últimamente cambiaron la formación. Se puede
escuchar en ellos una evolución. Otras reminiscencias suyas me llevaron a Pedro
Aznar y algunos ecos beat uruguayos de Fattoruso/Rada (pero sin candombe).
No puedo salir de mi asombro que Pablo el
Enterrador haya sido ignorado por la vidriera musical de Buenos Aires. He leído
que últimamente han sido objeto de reivindicaciones.
Y ya que hablamos de reivindicaciones:
Crucis. ¿Porque no recordar este otro grupo sinfónico injustamente olvidado? Solo
grabaron “Crucis” (1974) y “Los delirios del mariscal” (1977) y se separaron.
Eran Gustavo Montesano, Pino Marrone, Aníbal Kerpel y Gonzalo Farrugia (casi todos siguieron sus vidas en Estados Unidos). Llamaron mucho la atención rockera del momento, básicamente subidos a la onda
musical progresiva del momento (Yes, Deep Purple, etc.) con gran eficiencia
instrumentística. Los produjo Charly García y llenaron un Luna Park en enero/77. Peguenlés
una escuchada.
**Divididos – “La era de la boludez” (1993)
No en vano tienen el mote de “la aplanadora
del rock”, que bien les queda. Eximios instrumentistas. Hasta ahora resistieron
la generalizada tentación de los power tríos de incorporar teclados para
agregar matices a través de los años. Eso refuerza su personalidad pero obliga
a buscar otros recursos para no perder vigencia. Críticas: a
veces suenan repetitivas las parodias al género
folklórico y los interludios tropicales. Parecen autoguiños para el ghetto. Sus
letras -ibídem- me parecen anacrónicamente crípticas. Ultima: ya debe ser tarde
para encontrarle variantes a la buena pero histérica voz de Mollo.
De este disco se destacan “Salir a
asustar”, “Salir a comprar” y una excelente versión de “El arriero” de
Atahualpa Yupanqui convertida en blues. Otro que elegiría para continuar buceando
Divididos -entre la decena que grabaron- es “Narigón del siglo”(2000).
Los vi en octubre de 1994 en el club
Independencia de la ciudad de Neuquén, durante un viaje de trabajo, una noche
que terminó mal, con la cana tirando gases lacrimógenos para reprimir a los que
querían ingresar sin entradas. Divididos pudo tocar tres canciones que espantosamente
y fuimos desalojados, todos tosiendo. A Mollo y Arnedo no pareció importarles
mucho porque dijeron solo unas incongruencias (¿vegetarianas?) antes de
retirarse. Después me puse muy viejo para seguirle el tren a un grupo heavy tan
amigo del pogo. Ellos saltan, quieran o no, para mantener su trabajo (como Mick
Jagger a los 81 años). Yo tengo menos y no soy creativo, pero ya no lo hago por
amor al arte, jaja.
**Dancing Mood – “20 minutos” (2000)
Este grupo argentino liderado por Hugo Lobo
con supremacía de bronces y compuesto por casi una decena de integrantes
cambiantes que pertenecen a otros grupos o son sesionistas, sin ser la
perfección es excepcional. Porque te permite abrirte a una enciclopedia de ska
y reggae que abreva en Skatalites o Toots & The Maytals y Don Drummond, temas
souleros o de Burt Bacharach, Carpenters -e incluso standards de jazz- en
covers con pátina jamaiquina, que en muchos casos suenan mejor que los
originales. No te los pierdas. Algo así como lo que hicieron los UB 40 en sus
“Labour of love”. Todos esos referentes serán abordados en capítulos venideros.
El objetivo confeso del alma mater y
conductor del grupo, el trompetista Hugo Lobo, es rescatar y difundir música
que mamó durante su aprendizaje musical, que la gente de las nuevas
generaciones ignora casi por completo. Un iconoclasta que, entre otros
proyectos, dirige escuelas musicales para chicos de bajos recursos.
Toman los temas originales y les dan ese
tratamiento, desarrollando en el medio solos instrumentales. Es cierto que se
hubieran podido superar ciertos rendimientos individuales, pero el clima que
logran puede más. Es fundamental para ello el toque discreto y elegante de la
armónica incorporada a estos ritmos de reggae. Tienen invitados para algunos
temas, como Midnerely Acevedo (alias Mimí Maura) y Fidel Nadal. Son muy buenos
los temas “Mood indigo”, “Twenty minutes to go” y “You’re so delightfull”.
Si ya eres un adulto y eras fan de “El tren
fantasma” (programa radial de culto en los ochenta y noventa en AM y FM porteñas),
algunos covers te remitirán ahí.
**Dancing Mood – “Vol. 2” (2002)
Para continuar el deleite y relajarse
escuchando su música, que incluso puede servir de fondo para gozar haciendo
otras cosas en la casa, de agradable que es. Si no tenés ganas de pasarle un
trapo a los muebles ni lavar los platos oyéndolos, prepará un whisky y disfrutá
también del arte visual de cualquier producción de los Dancing Mood, tan
original como excelente. Como si fuera poco, en este disco usan el efecto de
rellenar entre bandas con compases atenuados de ballenatos, cumbias y otros ritmos
tropicales, que no se quien inventó primero pero me encanta. Mis temas
preferidos son “Perdido”, “Tears up”, “Take a ‘A’ train” y “In a mellow tone” de
Duke Ellington.
**Dancing Mood
– “Dancing groove” (2004)
Reconocible progreso en los arreglos y eficiencia en este
tercer disco del grupo, hasta con el agregado de cuerdas. Pero el placer de
escucharlos es el mismo. Encontramos “Night in Tunusia” (sic) de Dizzy
Gillespie, “Scrapple from the apple” de Charlie Parker, “The look of love”
(Burt Bacharach) y la reconocida y cinematográfica “Guns of Navarone”. Más
adelante hasta se animarán al “Take five” de Dave Brubeck. Andan por los 25
años de trayectoria y suman varias producciones más.
*La Groovísima – “La Groovísima” (1997)
Otro grupo argentino de covers que solo produjo dos
discos. Este y “Plan perfecto” (1998), básicamente con versiones de standards y
éxitos del funk y soul norteamericano, cantados en inglés. A la usanza de esos
combos que animan en vivo programas de trasnoche alegres a la fuerza -tipo
Tinelli “pum-para-arriba”- en canales tipo ESPN y Fox. Esos cuyos escarceos se
escuchan solo cuatro segundos antes de ser interrumpidos abruptamente por el
alarido bobo del conductor desorbitado o por un corte comercial. De hecho, la
Groovísima participó de uno de ellos. El tema es que suenan estupendamente.
Claro que sus posibilidades de éxito
comercial eran inversamente proporcionales a su calidad y buen gusto: ¿qué
sub-tribu cultural porteña podía seguirlos? Y en el imperio del norte ya tenían
al mismísimo James Brown a mano, para que buscar copias.
La Groovísima se reúne de vez en cuando,
con Daniel Colombres en batería y Gabriel Lazzarino en bajo, como miembros
base. La voz en sus grabaciones fue de Damián Oliver y tuvieron otros cantantes.
En este disco, la cantidad de buenos covers es interminable. Desde “Midnight
hour”, “Sing a single song” a “Guitar man”. Tambié se juegan con “I got you (I
feel good)” y salen airosos.
* Sumo – “Obras cumbres” (2000)

Grupo argento de los tardíos ochenta, original
fusión de rock, funk, hardcore, ska y reggae, con el italiano Luca Prodan
(Roma-Italia, 1953-1987) al frente cantando en varios idiomas, la base de Mollo
y Arnedo (luego en Divididos), Alberto Troglio en batería, Germán Daffunchio (el
de Las Pelotas) y el devenido mediático Petinatto, en saxo. Revolucionarios en una
época de destape político, sacaron cinco CD entre 1983 y 1989. Quizás Sumo pueda decirse una
extensión sudaca de The English Beat o General Public, poco conocidos en estas costas a nivel masivo. Este compilado en disco
doble de Sony Music creo que representa lo más difundido de Sumo.
NOTA FINAL DEL CAPITULO ROCK NACIONAL: seguramente algún lector esté
castigando a este humilde proto-escritor con algún epíteto poco ortodoxo al no
encontrar en este primer listado ninguna obra de los pioneros Litto Nebbia y Moris,
Patricio Rey & sus Redonditos de Ricota, Gustavo Cerati y su exitoso "Canción
animal" de Soda Stéreo, Alejandro Lerner (¿porqué no compararlo con Elton
John?) y tantos otros. Quizás también pueden reprocharme exageraciones
spinettianas. Ya les había hecho al principio advertencias sobre la
subjetividad lógica de esta tarea de recomendar. Tampoco es que dejé de
escuchar figuras que fueron saliendo hasta hoy (claro que mi experiencia me
hace ahorrar tiempo). Pasa que entiendo que no hay nada novedoso en el ambiente
musical argentino que convenza por su originalidad. Si igual los decepciono,
vayan a los 100 mejores discos de rock nacional según la edición local de la
revista Rolling Stone, que también se va a la banquina eligiendo algunos
bodrios de factura adolescente. Este ejercicio no termina acá: faltan 4
capítulos con más novedades e info. La seguimos.
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