sábado, 26 de noviembre de 2011

Nuestros paisanos los indios II



Monumento a Julio Argentino Roca en el Centro Cívico, ciudad de Bariloche, Río Negro, Argentina. 2008.

Demás está decir que eso de "nuestros paisanos los indios" -título que utilizo para esta serie de comentarios y relaciones- es el giro que utilizó el general José de San Martín en su orden general del 18 de julio de 1819, demostrando no sufrir del racismo de sus enemigos políticos. Aunque ese modo de pensar no era exclusivo de los unitarios: estaba generalizado en la clase política. 


Sobre el tema del genocidio indígena en la Argentina, no podemos soslayar que se trató del choque de dos culturas, un conflicto similar al de toda América después de la conquista europea que la esquilmó para financiar la expansión del capitalismo. 


Para los blancos y criollos de las ciudades, descendientes de europeos, no solo lo que fuera indio era repugnante: también lo que fuera arrabal, chusma, gauchaje o, digamos, pueblo. No lo comprendían, le producían temor y lo rechazaban. Extirpar lo extraño era una forma de lograr que su civilización progresara. 
Quizás fuera una cuestión de mentalidad de la época a la que era difícil escapar. Por eso el darwinismo, el positivismo. 

Quizás, como dice en algún lado José Pablo Feinmann citando a Fanon, se trate de algo más atemporal: quien ejerce la violencia -para justificarse- debe demostrar que el colonizado no pertenece a la condición humana y lo ubica dentro de la esfera de la animalidad, para excluirlo del derecho a la ley y la justicia. Eso es lo que básicamente han hecho los victoriosos, si tratamos de intelectualizar el dolor de los ríos de sangre derramada. 

Poniéndose una camiseta


Después de leer de varias fuentes las desventuras de los indígenas de nuestro país a partir de la conquista de estas tierras por parte de los españoles primero y los criollos-cristianos después, me quiero obligar a sacar conclusiones. Y otra vez, o las cosas nunca fueron lineales o en blanco y negro o estoy hecho un adulto indeciso, un comunicador de indecisiones... pero con mente crítica y ganas de expresarse. 


Si hablo de bandos por los cuales tomar partido más de un siglo después, me obligo a definirlos: por un lado, los habitantes primeros, el rechazo a la política de despojo y exterminio que llevó a cabo el poder oligárquico en el siglo XIX; los reclamos reivindicatorios por los derrotados y el desenmascaramiento de los próceres de la historia oficial. Los investigadores más mediatizados de esta posición podrían ser Osvaldo Bayer y Felipe Pigna.

En la otra punta de este tema en boga, la postura de la historiografía oficial (Mitre, Romero, Félix Luna) defendiendo aquella conquista, continuada por los poderes tradicionales sucesores de los beneficiados económica y políticamente con ese triunfo, los que representaban la "civilización blanca" enfrentada a la "barbarie indígena".

Creo que cualquier persona imbuída de valores democráticos y humanistas modernos es proclive a tomar partido por los derrotados. Los Roca, Mitre y Sarmiento, fueron  firmes propulsores de nuestro desarrollo pero han cometido crímenes -como los terratenientes Martínez de Hoz y los Menéndez Behety- que los descalifican moral y éticamente y los hace poco defendibles. Resulta bastante sintetizadora la idea que la campaña al desierto fue una movida de los estancieros asociados a la clase política porteña y ejecutada por los militares, para consolidar el latifundio y el poderío económico de sectores de gran peso en la sociedad. Era el clamor de la época. Era el capitalismo que, como en todos los rincones del mundo, avanzaba por lo suyo. La Argentina no fue la excepción. 

Pero como en otros tramos de la historia, la vida política y hasta en el deporte, noto también que mucha gente repite slogans, favorables a uno u otro bando (*). Frases políticamente correctas que permiten hablar sin saber mucho. Perdónenme los jóvenes, pero ellos son más proclives a caer en ese defecto. Quizás por eso que tienen que todo debe ser rápido y concluyente y nada puede ser gris.

Puede perdonarse en la gente común como uno, en los curiosos y apasionados que por intentar seguir viviendo no pueden acceder a la información histórica necesaria para profundizar lo suficiente y debemos conformarnos con leer lo que otros concluyeron. Lo que no podemos permitirnos es prescindir de la cautela y de la humildad.

También puede comprenderse que pensadores de formación conservadora como Mariano Grondona, obvien aportar datos insoslayables a un análisis equilibrado para defender la iconografía oligárquica a la que, concientemente o no, representan en el modernismo. Me gusta menos aún cuando sospecho que investigadores humanistas o de izquierda -quizás por apasionamiento, quizás por ideologizar- caen en el mismo defecto, porque a ellos les exijo más.  

Embarrando la cancha


Ya hablé de mis eternas dudas, de mi búsqueda de equilibrio para no hablar pavadas ni repetir cosas.  Quiero ahora tirar unas cuantas cuestiones puntuales que uno y otro bando soslayan utilizar alternativamente.


* Muchos llaman "araucanos" a inciertos indios que existían al sur de Buenos Aires. "Araucano" proviene de Arauco, región chilena. Pues bien, muchos autores coinciden en que las poblaciones indígenas habitantes originales de nuestras pampas fueron "araucanizadas", esto es, copadas bélica o culturalmente por tribus chilenas. Si hubo una suplantación, pone en el tapete la ligera utilización del término "pueblos originarios". Calfucurá, nacido en Lloma, araucania chilena, fue el último gran cacique general de nuestras pampas, organizador de la gran confederación de las Salinas Grandes.

* Me produce urticaria pronunciar el hoy tan "progresista" término "pueblos originarios", sin  negar que encierre un concepto. Ahora, me entero por un artículo de Rolando Hanglin que "mapuche" fue un vocablo inexistente hasta 1850, cuando fue inventado por el etnólogo norteamericano Edmond Smith, y luego difundido. Aunque tenga 'goyete' (mapu=tierra, che=gente), no era corriente en aquel entonces, pero se usó en el siglo XX alegremente para definir a una tribu cuyos descendientes reclaman tierras en el XXI.

* En las invasiones inglesas hubo caciques pampas que se ofrecieron al gobierno de Buenos Aires para combatir a "los colorados" ingleses durante sus invasiones. La ayuda fue agradecida por las autoridades españolas pero finalmente desestimada. Entre las tribus trasandinas las había pro o antirrealistas: los vorogas eran pro-españoles pero la tribu llamaiche ayudó a San Martín a cruzar los Andes. Calfucurá mismo tomó partido en la guerra civil entre unitarios y federales.

* El peligro real que significaron las pretenciones chilenas sobre nuestro territorio mientras aquí sobrevenían años de guerras internas, cuando los unitarios estaban más preocupados en su tarea de disciplinar a los díscolos del interior a sangre y fuego, renegaban de la extensión que tenía el país en gestación y hasta 'independizaban' provincias para que no jodieran a su proyecto monopolizador. Como se sabe y quedó registrado, Sarmiento -despechado con gobiernos federales- alentó a los chilenos en ese objetivo. Muchos dicen que el presidente Roca, tan oligarca como el sanjuanino, constituyó un freno político y  militar definitivo a esa cuestión y que si no fuera por el....

* La planificada y fastuosa campaña al desierto encabezada por Julio Argentino Roca habría sido una puesta en escena para su encumbramiento político, estando los indígenas derrotados de antemano. Diríamos hoy, que "para la foto". Pero no puede obviarse que fue producto de una ley votada por todas las fuerzas políticas vigentes en aquel momento. Osvaldo Bayer sostiene que la campaña fue la que mayor cantidad de bajas produjo en los indígenas y otros autores lo niegan. El exterminio ocurrió luego de varias décadas de enfrentamientos intermitentes entre fuerzas disímiles, luego de muchas treguas incumplidas, deslealtades y barbaridades cometidas por ambos bandos. 

* El destierro de miles de indios luego de la victoria de Roca fue propio de una portada de diario sensacionalista de época, lo cual no esconde su crueldad.  Correspondiendo a su concepción del mundo y seguramente suponiendo que hacían beneficencia, los ganadores repartieron entre las familias patricias  porteñas 'ejemplares indígenas' para trabajar como servidumbre en sus casas.

* No me simpatiza cuando desde el bando "progre" se denosta sin contemplaciones al Perito Moreno, quizás por no tener la visión independiente que exigimos contemporáneamente a los científicos. Es apasionante leer la cantidad de investigaciones y hechos políticos que protagonizó ese antropólogo e investigador devenido exitoso diplomático a la fuerza. No se puede dudar de su patriotismo por haber sido contemporáneo de una monolítica concepción oligárquica y positivista de la civilización y por haber tenido acceso directo al poder. Carlos Marx -en ese mismo contexto- era  un consumado promotor del colonialismo y muchos lo ignoran, o lo saben y lo ocultan.  Osvaldo Bayer fundamenta para oponerse a Moreno que los conceptos de nación surgieron hace solo 200 años. Con ese mismo criterio, tampoco nos deberíamos oponer al imperialismo, que venía de antes todavía. Parece no valorar el enorme mérito del Perito para  que la Patagonia sea hoy argentina y oculta también sus contundentes acciones filantrópicas y la gratitud que tuvo con sus antiguos anfitriones indígenas. Quizás Bayer es muy internacionalista en sus conceptos y no le interesa el color de la bandera que flamee en el sur. Con toda humildad, creo que es un error si piensa así. Quizás sea una mente evolucionada pero yo no puedo prescindir del sentimiento nacional en las circunstancias que me tocan vivir.

* Cuando se olvida el vandalismo de los malones, hayan sido causa o efecto de la represión de la política racista blanca, que no solo les contagió enfermedades sino también los defectos de su civilización. No escuché a ningún autor negar la existencia del robo y desvío de ganado de los blancos a Chile, que constituyó todo un negocio durante añares. Los indios también asesinaron, robaron, saquearon, humillaron y raptaron a militares y a civiles indefensos. Así como había tolderías poco belicosas, como las de Ramón 'el platero',  un cacique o capitanejo ranquel de gran fortuna que intercambiaba sus productos por ganado y labraba tierras, pero también tenía cristianos cautivos.

* Aunque fuera consecuencia de la presión política de los blancos-cristianos, los indios aceptaron la dependencia clientelística de subsidios, tan parecida al accionar extorsivo de los piqueteros contemporáneos. Parecía decirse "No 'maloqueo' si me das cosas"... "si no me das algo, me pongo violento y complico tu civilizada vida". A los pocos meses los políticos dejaban de cumplir con lo prometido por problemas presupuestarios, igualito que ahora, y volvían los indios a maloquear. Para sumar similitudes, hubo en aquel entonces también una cadena corrupta de los "civilizados" que -como en la guerra de Malvinas de la dictadura- lucraba con los envíos oficiales. Como siempre, para muchos argentinos, la corrupción no parece cosa importante. Así estamos.

A la final... 


En la entrada "Nuestros paisanos los indios I" les ofrecía básicamente una de las posiciones, sintetizada en el pensamiento de Osvaldo Bayer. Su película "Auca Liwen" (rebelde amanecer), confronta los dos históricos modelos de país en pugna y los llega a enlazar -desde una óptica muy particular- con el conflicto con el sector ruralista que vivimos en 2008: las retenciones y la resolución 125. 


El proceso coronado con la llamada "conquista del desierto" fue un plan ejecutado por el poder blanco (criollos cristianos) para defender y expander sus intereses y conquistar tierras para la poderosa burguesía local aliada a la clase política porteña y  a la militar. Un objetivo más propio de los unitarios que de los federales, aunque esa afirmación también tiene sus bemoles y vericuetos: no se crean que los caudillos federales comulgaban con los indios. Ese plan tuvo sus idas y vueltas a través de las épocas porque los 'civilizados' tenían distintas políticas para enfrentar el problema, en medio de las guerras civiles. 

-aunque sea tarde para lágrimas- se debe continuar buscando la verdad, desenmascarando a quienes cometieron crímenes y bajarlos del pedestal donde el poder los colocó en pago por los servicios prestados. El capitalismo encontró el quitamanchas perfecto para limpiar la sangre de sus saqueos con eso de "la historia la escriben los que ganan". Con inteligencia, sin inventar una "historia progresista", ad-hoc, adolescente,  tan en boga en estos años, que también nos miente. 

Parece que un proceso de culpa nos inclinara a intentar compensar las atrocidades de nuestros antepasados 'civilizados' con acciones benefactoras hacia los derrotados, mientras aggiornados descendientes de los despojados se montan en una "industria de la manga" apoyados por  muchos libertarios neo-folklóricos reacios a la lectura, que tanto abundan en nuestros pagos (**). 


Para ser más justo -aunque no cambie la esencia de las cosas- me faltaría saber si hubo un solo proceso histórico de conquista capitalista en occidente que haya permitido la fusión armónica de la cultura preexistente con la invasora o que no haya utilizado la violencia como medio de conquista de una expresión sobre la otra.  Horanosaurus.

(*) todavía no pude discernir si repetir 'slogans' es un deporte nacional argentino o un virus diseminado en la población del planeta entre finales del XX y principios del siglo XXI.
(**) juro que me viene a la cabeza -por piedad llamémosle una asociación libre- el personaje de Peter Capusotto "American Psychobolche".

Más info relacionada al tema en este blog:

Nuestros paisanos los indios I
Nuestros paisanos los indios II

No hay comentarios:

Publicar un comentario