jueves, 21 de abril de 2011

Piazzolla, mi viejo y yo




Horacio Eleodoro Méndez, primer bandoneonista a la derecha. Orquesta y año desconocidos.

1. Bautismo tanguero (una pequeña anécdota)

Tengo una historia rara con el tango, algo larga de explicar. Es un pequeño juego de casualidades, una anécdota. Algunos conocidos míos lo saben, otros no. Mi padre Horacio Eleodoro fue -a la par de ser empleado administrativo público- bandoneonista de una orquesta “bastante conocida” alrededor de 1950 y gran fanático del tango siempre. Como era de hablar poco y muy reservado, difícil contara algo si no le preguntaban. Nunca contaba nada sobre sus idas y vueltas artísticas.

Tuvimos roces generacionales por la música: durante mi adolescencia descubrir el rock fue una gran pasión y al tango no lo soportaba mucho. Para los jóvenes era "cosa de viejos”, no nos representaba, no nos llegaba. Sus letras hablaban de un mundo que no habíamos vivido. También tuvimos discrepancias por otras cosas, por ejemplo entre mi peronismo acendrado propio de los 70 y su antiperonismo visceral. Pero ese fue otro tema.

Años después, cuando amplié percepciones y me abrí a bucear otras músicas, hubiera querido aprender bandoneón de las lecciones de mi propio papá. Pero no solo mi padre ya no tenía el “fuelle” (lo había vendido y se había retirado de la música a instancias de mi madre): directamente había fallecido. El viejo se murió de un tumor galopante en el esófago a sus 49 (a mis 18). En esas épocas, los Jockey Club no tenían el cartelito “fumar es perjudicial para la salud” y él aspiraba dos atados por día.

Hoy me gustan muchas cosas del tango (Carlos Gardel, Osvaldo Pugliese, Discépolo, temas sueltos) pero no al nivel de desempolvar los discos "de pasta" de 78 rpm que quedaron en la casa paterna, ni para revolver anaqueles en disquerías, costumbre que en cambio tuve durante décadas con el rock, el jazz, el folklore y hasta la música brasileña. Me doy cuenta que cuando más añoro el tango es cuando no lo tengo a mano: curiosamente, lo mismo que me pasa con la ciudad de Buenos Aires. Eso si: se llame como se llame su música, me apasiona Astor Piazzolla. Me hace vibrar el alma.

La anécdota del título es que mi segundo nombre de pila (me llamo Horacio Aníbal) fue un homenaje de mi papá a su admirado Aníbal Troilo, inmenso bandoneonista y autor calificadísimo del género. Pero eso fue producto de una prohibición: en realidad me quiso poner “Astor” (por Astor Piazzolla–su más admirado solista al principio) y no lo dejaron en el registro civil por no ser un nombre “habilitado” en las listas oficiales de aquel entonces (1955). No existían las libertades de hoy en día para bautizar humanos con cualquier sonido gutural o con el nombre exótico de un artista.

Todavía me resulta rara la ocurrencia de mi viejo de homenajear a alguien con el nombre de bautismo de su hijo. No coincide con la personalidad que le llegue a conocer. Evidentemente, la pasión por el tango -como la de Huracán- le corrían por dentro, porque era poco expresivo. En mi caso, el único ídolo que tuve fue Perón –por unas un par de décadas- y nunca se me hubiera ocurrido ponerle Juan Domingo a mi hijo. Me parece peor que un tatuaje, porque ni siquiera lo elige el chico.

Y así como debe haber miles de "Diego Armando" por ahí, la dedicatoria a Troilo tampoco fue una originalidad. Descubrí que un amigo, el veterinario Horacio Oyhenart (alias Turco), bautizó igual que mi viejo a un hijo suyo “Horacio Aníbal” repitiendo su nombre primero y agregando el segundo por ese mismo ídolo tanguero. El querido Turco es un reconocido hincha del “bicho de la Paternal” del que comentan que -como docente- amenaza reprobar alumnos que no demuestren simpatía con Argentinos Juniors.

Hay una vuelta de tuerca final para esta pequeña historia: la etapa creadora de Piazzolla que a mi me subyuga de tango no tradicional que le dió identidad y originalidad –de los sesenta en adelante- fue precisamente la que alejó a mi padre de su música, porque el no consideraba “tango” a esa búsqueda. Para quien no sabe del tema, A.P. fue considerado un “réprobo” por su lenguaje musical que partía inequívocamente del tango pero abrevaba en el jazz y la música clásica. Coleccionó críticas y enemigos por una cuestión de etiquetas, lenguas filosas y celos artísticos.

En aquella colección de LP de 78 rpm de mi padre, por ende, no hay nada de sus quintetos, octeto o noneto, “Invierno porteño”, “Escualo”, “Libertango” ni “Fuga y misterio”. Es decir que con el paso de los años mi viejo debe haber respirado aliviado por aquella prohibición del registro civil de “Astor” para su hijo varón.

La pequeña anécdota termina acá (avisé que era pequeña). Pero ya que andamos con Piazzolla, aguántenme un cachito más.

2. Piazzolla: anécdotas de un vanguardista.

Quizás por contrapartida a no haber podido estudiar música y por curiosidad también, he sido siempre tenaz para buscar información sobre la discografía de los músicos que me interesaron a través del tiempo. Pero nunca fui muy consumidor de sus biografías porque a pesar de alguna frase rimbombante, o quizás más por sus recurrentes delirios de grandeza, nunca consideré que la música o los artistas pudieran cambiar el mundo. ¿Quién podría leer a Borges teniendo en cuenta sus opiniones políticas? ¿Quién le puede creer a Mick Jagger sus exaltaciones a la rebeldía? ¿Quién creyó que John Lennon fue un revolucionario?


Todo un símbolo: un tanguero en la tapa de la rockera Expreso Imaginario. 1977.

En el caso de Astor Pantaleón Piazzolla (Piscis-Mar del Plata, 11/03/1921-Buenos Aires, 04/07/1992) encontré una excepción aplastante a esa metodología: abandoné temprano la idea de investigar su obra porque descubrí que es una de las más complicadas de aprehender que hay, sin exageraciones. Es que grabó en varias discográficas (Columbia, RCA, luego Sony-BMG, pasando por Trova), abundando en litigios, y cada una editó a mansalva decenas de discos en vivo y recopilaciones con sus distintas formaciones (quintetos, sexteto, noneto, grupo de cuerdas), tal que en cada disco uno puede descubrir algún tema inédito escondido. Simplemente me dediqué a escucharlo al por mayor, asistemáticamente.

Y en cambio, confieso me resultó placentero leer sobre su enorme y rica vida artística porque A.P. resultó ser un tipo arriesgado, con miles de anécdotas derivadas de la lucha por imponer lo suyo. De partida nomás, no parece común que su familia marplatense se haya ido a intentar suerte en el Greenwich Village neoyorquino. Allí se instalaron entre sus cuatro y dieciséis años y ahí empezó a gustar del jazz y de Bach. Ahí también “camorreaba” a sus vecinitos, que lo llamaban “lefty” (zurdito) porque pegaba con la zurda, precisamente. Lo echaron de dos escuelas.

Su padre Vicente -típico papá exigente pero potenciador al que todos llamaban "Nonino" así como "Nonina" era su madre Asunta- lo mandó a aprender boxeo y también le regaló el primer bandoneón, que Astor al principio no quería usar porque rechazaba el tango que le producía nostalgias.

El nene conoció en Nueva York a Gardel cuando fue a filmar “El día que me quieras” porque “Nonino” le encargó que le llevara un regalo; como le cayó simpático el pibe de 14 años, Carlitos lo invitó a participar de extra en la película -haciendo de canillita- y en un asado Astor tocó su primer tango nada más y nada menos que junto a Gardel. También lo acompañó a hacer compras por la ciudad, haciéndole de traductor. Y aunque Gardel lo invitó a que los siguiera en la gira con Lepera y los suyos, los padres de Astor no lo dejaron. Si le hubieran dado permiso seguramente hubiera muerto en el famoso accidente de avión de 1935 en Medellín. El mismo dijo después: “¡Charlie, me salvé! En vez de estar tocando el bandoneón, ¡estaría tocando el arpa!”

En 1937, la familia Piazzolla vuelve a Mar del Plata y el joven Astor decide probar suerte en Buenos Aires. Pasado un tiempo, le consiguen una prueba y engancha en la orquesta de Troilo. No conozco tanto pero supongo que sería como jugar fútbol en la selección nacional junto a Maradona. Troilo lo tuvo entre 1950 y el 55 como bandoneonista y arreglador; después estuvo en la de Fiorentino. Y Pugliese, Rovira, Fresedo, Francini-Pontier y Basso tocaron en sus orquestas partituras de Piazzolla durante esos años. Es decir, un tipo requerido en el ambiente; que luego devendría en enfant-terrible. Sus arreglos influídos por el jazz no resultaban muy bailables y lo obligaron de a poco a ir abriéndose paso y hacer la suya, hasta largarse con su propio grupo en 1955 (Octeto Buenos Aires).

Entre los 40 y 50, Piazzolla había tomado clases con Alberto Ginastera y Nadia Boulanger, en Europa. Algunos dicen que no se trató en realidad de una búsqueda personal por adquirir nuevos conocimientos que mejoraran su composición sino, de algún modo, que le confirmaran desde “la academia” que la música popular de la cual partía era válida, tenía nivel. Es la profesora justamente quien lo alienta a profundizar la música de su pueblo, como lo hicieran Ravel, Bartok, Villa-Lobos o Manuel de Falla. Su propio amigo Horacio Ferrer dijo años después en una nota que “él tenía vergüenza del tango y lo que significaba” y que su aspiración era brindarle jerarquía. El viejo sentimiento de las clases media y alta argentinas, ¿no? La necesidad de ser aprobados por “los dueños de la cultura”, por Europa.

En 1958 A.P. decide viajar a Nueva York de nuevo, pero esta vez con su esposa Odette “Dedé” Wolf y sus dos hijos Diana y Daniel, para intentar suerte con su arte. Tiene un conjunto con intenciones de fusión tango-jazz pero solo consigue trabajo haciendo presentaciones con aditamentos gauchos e interpretando temas archiconocidos. Un bajón.

Estando allí compone en 1959 su creación más famosa, “Adiós Nonino”: para el propio Astor el mejor tango que compuso, el que nunca pudo superar a pesar de proponérselo. Estaba dedicado a su padre y lo hizo a los pocos días que le comunicaran a la distancia su fallecimiento. El suceso decanta su retorno a la Argentina.

El octeto propio que mencioné más arriba dicen estuvo inspirado en el grupo del saxofonista de cool jazz Gerry Mulligan, que le había volado la cabeza. Incorpora en el conjunto dos violines, dos bandoneones (Leopoldo Federico y él), un violoncello, un contrabajo, un piano (Atilio Stampone) y una guitarra eléctrica (Horacio Malvicino). ¡Si eso no era provocar! Años más tarde A.P. grabaría con Mulligan y también con el argentino Lalo Schiffrin, consagrado en Estados Unidos.

En plenos años 60 hasta la manera de empilchar suya y la de los integrantes del grupo parecía más de conjuntos pop que tangueros: nada de fijador de pelo, saco ni corbata ni lo que pudimos conocer en el almidonado programa de TV “Grandes valores del tango”; ¡tocaban tango con camisas floreadas! Por si fuera poco, Piazzolla no se callaba y respondía las críticas de periodistas y de músicos consagrados: un iconoclasta total.

"Si los recalcitrantes tangueros quieren criticarme —respondía— que lo hagan, a mí no me van a destruir. Yo no tengo nada que ver con el tango (...) ellos siguen creyendo en el compadrito y en el farolito, yo no. Yo hago música del Buenos Aires de hoy. Aquí no hay gauchos en la calle, ni avestruces, ni cuchilleros en la esquina. Somos una mezcla de franceses, italianos, alemanes, qué se yo".

Los únicos tangueros por quienes demostró respeto fueron Vardaro, Pugliese, Gobbi, Decaro y Salgán. También Troilo, en cuyo homenaje después compuso “Suite Troileana”. A los demás algún palo le tiró, por ejemplo acusándolos de ser aburridos “como viejitas tejiendo”, monótonos o conservadores.

Al tiempo, los tacheros cuando reconocían a Piazzolla no querían llevarlo porque “destruía” el tango. Y sus conciertos solían terminar a las trompadas ante las provocaciones de algunos oyentes indignados. "Parecíamos salidos del ERP ¡ocho guerrilleros subidos al escenario!”, dijo después. Siendo chico yo mismo –sin vivir en un medio tanguero- escuché más de una discusión con la famosa frase “¡eso no es tango!”, referida a la música de A.P.

Me ocurre con Piazzolla lo que a otros con el tango en general: me remite al alma porteña. ¿Y què corno es el alma porteña? Que se yo, cultura como usos y costumbres, modismos, una serie de sensaciones, un ambiente, un clima. Quizás es tonto pero escucho a Piazzolla y se que es Buenos Aires por la piel, por ese suspenso que producen sus compases y sutilezas, por los silencios y las tensiones de su genial música. Aunque de a ratos uno advierte en ella reminiscencias de los años 60, me da la impresión que en el siglo XXII, aunque en vez de taxis amarillos y negros se usen traspoladores de átomos, Piazzolla seguirá significando lo mismo para quienes lo descubran. “Adiós Nonino”… cada vez que escucho ese tema, puntualmente, se me pone “la piel de gallina” y moqueo, disimuladamente.

Alguna vez contó su amor imposible era Greta Garbo y quiso la suerte que en 1977 Piazzolla se la cruzara. Viajaba en avión de París a Nueva York invitado a tocar temas propios junto a la Filarmónica en el Madison Square Garden y le tocó sentarse al lado de su idolatrada G.G., que estaba medio de incógnito detrás de una capelina. A pesar de ser descarado para tantas cosas, no se animó a dirigirle la palabra en todo el trayecto. En un palabra, pudo pasar una noche junto a su gran amor pero su gran amor ni se enteró.

Las siguientes parejas de Piazzolla fueron la cantante Amelita Baltar y, después, la actriz Laura Escalada. Parece que, a la muerte de Astor, esta última patentó todo lo relacionado con el músico y nada puede llevar su nombre sin pagar derechos. Y dicen que por eso en Mar del Plata no han podido ponerle aún su nombre de homenaje a una calle. Volviendo a sus hijos: Diana escribió hace unos años la biografía de su padre (“Astor”) y Daniel, músico también. El nieto (Daniel “Pipi”) es un baterista de jazz muy reconocido en el circuito musical porteño.


3. Finestra aperta.

La movida interior que me produce Piazzolla no me ocurre, como dije, con cualquier cosa del tango y noto -me causa mucha curiosidad- que me toca resortes internos parecidos a los de algunas composiciones jazzeras de Pat Metheny, aunque no tengan ni el más remoto parentesco. Supongo que a un amante de la música clásica eso podría estar ocurriéndole indistintamente con Beethoven, Mozart o Erik Satie, por inventar casos.

Me parece que Piazzolla no ha sido un músico muy popular y si ello fue así es porque acceder a lo suyo no debe ser tan fácil. La opuesta idea al porqué la cumbia villera o el reggaeton pueden ser masivos. También a pura intuición creo que su música –por elaborada y apasionada- entra por el intelecto pero termina abrazando el corazón.

Curiosa transformación del tango tradicional, le extirpó el baile y, en cierta media, el canto. El tango de Piazzolla no se puede bailar y solo algunas baladas son cantadas. Un análisis que deben haber hecho mejor los críticos tangòfilos, pero debe haber contribuído sin duda a la falta de masividad de la música de A.P.

Ahora bien, algo muy original debe haber creado para que músicos increíbles de todos los géneros –del rock al jazz pasando por la clásica- se hayan acercado al mundo Piazzolla para abrevarlo (Gerry Mulligan, Gary Burton, Rastropovich, Daniel Barenboim, Egberto Gismonti, Jacques Morelenbaum, el violoncelista Yo-Yo-Ma, Kronos Quartet, Gidon Kremer). Son todos capos en lo que hacen y sintieron la necesidad de interpretarlo, aunque con distintos resultados.

Gary Burton, por ejemplo, quizás el mejor vibrafonista del mundo, hizo una gira con Piazzolla y su grupo y grabó en vivo “The new tango” en 1987 en el Festival de Jazz de Montreaux. Una década después grabó el disco “Reunion”, con ex músicos piazzollianos. Visitó Buenos Aires muchas veces, dió varios conciertos. No se que cosas más importantes tuve que hacer para habérmelo perdido (incluso estuvo en forma gratuita en la Biblioteca Nacional)... me confieso un pelotudo importante.

Tampoco tuve suerte cuando en diciembre de 1979 fui al estadio Obras a ver un concierto impresionante que incluía a Dizzy Gillespie, Hermeto Pascoal y Astor Piazzolla (ver foto abajo). Como suele ocurrir en Buenos Aires, el empresario aprovechó la bolada de un show que hicieron en el festival de jazz de San Pablo-Brasil y los contrató acá. Pero sin mayores explicaciones Piazzolla y su quinteto no estuvieron esa noche. Con semejantes nenes y por ser las entradas accesibles, no hubieron mayores protestas de la gente. Me encanta Hermeto pero esa noche fue un delirio de ruidos guturales y poca música. El que salvó las papas fue el enorme Dizzy Gillespie.


Dicen los que saben (sus antiguos partenaires Pablo Ziegler, Fernando Suárez Paz, Horacio Malvicino, etc.) que no es fácil tocar la música de A.P. porque el candidato tiene que recorrer un camino largo: primero, aprender a tocar tango, y luego, no caer en la trampa de ejecutar fielmente las partituras de Piazzolla sino intentar interpretar el “espíritu” de sus creaciones. Y eso no está escrito justamente en el papel, donde Astor volcaba solo lo primordial. Muchos de ellos son todavía contratados desde muchos lugares del mundo para realizar clínicas para músicos clásicos que quieren abordar Piazzolla o el tango. Los exPiazzolla son terribles músicos, con trayectorias de órdago -y yo no soy nadie- pero no puedo resistir la tentación de llamarlos “las viudas de Astor”. 

También en vano fueron muchos los intentos por hacer evolucionar la música de Piazzolla; es como si no pudieran darle una vuelta más de rosca. Cualquier cosa que quiera ponerse en su camino suena a copia mala y quien toca tango “a lo Piazzolla”, es reconocido ipso-facto. Pareciera que nadie puede arreglar su música. Quizás todavía se puede hacer sin tanto riesgo un tango novedoso pero no se puede reinventar el nuevo género que patentó Don Astor.

Verdad objetiva, Piazzolla es el compositor argentino más difundido y célebre en el mundo. Y tanto él como sus músicos tuvieron siempre más convocatoria en el exterior que en la Argentina misma. Podemos concluir que la oposición que tuvo su búsqueda vanguardista en nuestro país fue más por su osadía de retar a duelo al mundo del tango tradicional -una lucha estéril por las etiquetas- que por el juicio a la calidad intrínseca de su música. Bueno, también por una cuestión de conservadurismo de nuestros tangueros clásicos.

Piazzolla es una marca porteña contemporánea, nuestro Gershwin, nuestro Tom Jobim. ¿Quien lo pone en duda al final? Piazzolla es música de Buenos Aires. De la mejor. Horanosaurus.

                                   Homenaje a Piazzolla en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires.


Por Juan Bedoian. Clarín 06/03/16. El 4 de julio de 1992, en una placita de Montreal, palpité todo el fervor y el cariño de la memoria patria. Estaba sentado en un banco y miraba cómo el prado verde, las flores y el luminoso cielo condensaban todas las alegrías del verano canadiense. Hasta ahí era un simple desconocido entre gente desconocida: o sea, nadie. Era un mundo precioso, pero distante y ajeno que en ese momento celebraba el Festival de Jazz de Montreal, en el que todos los años desfilan miles de artistas del mundo. De pronto, desde la vereda de un bar, surgió una melodía conocida, familiar: un saxofonista comenzó a tocar “Adiós Nonino”, la canción emblemática de Astor Piazzolla. Segundos después, a pocos metros, un clarinetista viejo y desgarbado promovió su propia versión del tema con una intensidad que te calaba los huesos; casi inmediatamente, en la esquina, se sumó un trío que interpretaba la misma canción. Comencé a caminar y, de todos lados, emergían, diáfanas, las cadencias de “Adiós Nonino” interpretadas por decenas de artistas invitados al festival. Asombrado, tuve la extraña sensación de ser un fantasma que caminaba entre los vivos hasta que uno de los músicos me dijo: “Acaba de morir Piazzolla en Buenos Aires y este es nuestro homenaje”. En ese instante, en ese momento justo, sentí que esa melodía de un compatriota genial me transformaba en alguien, exaltaba mi origen y dibujaba mi destino. Lejos de un nacionalismo que muchas veces es agresivo y perverso, aprendí que el universo es nuestra casa y que, simultáneamente, nuestra querida casa es el mundo entero.

5 comentarios:

  1. Tambien me hiciste emocionar. No sabía la historia de "Anibal". Me gustó mucho como escribiste esta entrada, bien llevada y sobre todo bien cerca de los sentimientos de tu vida. Tu viejo, Peron y Astor.
    Vos decis que Piazzolla te entró por el intelecto y te abrazó el corazón....creo que igual que Peron.
    No hay otra música con la que identifique bs as que la de Piazzolla.
    Un beso.

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  2. Gracias por los halagos (¿viste que tengo corazon?) pero lo decis porque sos amigo. Si, igual que Peron... Horacio de Virrey del Pino.

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  3. La foto familiar. Increible ver a tu viejo rodeado de todos sus hijos. Hermosa.

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  4. hola que apellido era tu viejo.... que lastima que lo defrudo piazolla pero es entendible, un abrazo

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    1. Una defraudacion artistica, simplemente. Por lo que lei, Piazzolla era parte integrante del ambiente tanguero de su epoca y luego se sale con semejante innovacion. No creo que mi padre haya conocido en persona a su viejo idolo.. todavia debo averiguar en que orquesta tocaba durante sus años mozos y obtener info.. el apellido es Mendez. Te mando un abrazo!

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