jueves, 27 de diciembre de 2018

Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music


Para entrar en tema y evitar confusiones y eventuales reproches, sugiero vean antes de que se  trata  esta  "Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad)" - introducción. Allí encontrarán los motivos y  especulaciones que originan esta caprichosa selección musical.

Acá abajo se sigue con Cap. 3 - Pop, rock & progresiva-parte 2.
Y luego quedan:


Que los disfruten. Les dejo un beso en la reja.  Horanosaurus.

CAP. 3 - Pop, rock & progresiva-parte 2

**Yes – “Fragile” (1971)

Ahora nos metemos en otro mundo musical. ¿Cómo pudo generarse semejante cambio en la música moderna? Visto a la distancia suena increíble pero fue un género exitoso entre los jóvenes que querían algo más vanguardista que rockitos cuadrados y blues calcados con diferentes letras: nos referimos al llamado “rock sinfónico”, dominio casi exclusivo de los ingleses.

Era propenso a composiciones que superaban largamente la duración media de las canciones populares, tenían otro beat, usaban recursos de la música clásica y arreglos casi impensables para los tiempos que corren y corrían. Las bandas tenían una formación rockera clásica pero le daban predominancia a los teclados electrónicos que brindaban un sonido envolvente, postergando un poco a la guitarra eléctrica a un segundo plano. Claro que los creadores eran una camada joven de músicos que había pasado por escuelas de arte, con composición y solfeo aprobados. Se empeñaron en crear suites musicales basadas en leyendas e historias fantásticas a las que los británicos son tan afectos.

El reinado planetario del rock sinfónico fue entre 1971 y 1976, grosso modo. Le sobró inventiva pero cuando pasó de moda le llovieron críticas por pretencioso. Cuando sus bandas salían de gira, además de la parafernalia tecnológica de sus instrumentos, a veces cargaban verdaderas orquestas de apoyo: una movida monstruosa parecida al circo de la Fórmula 1 en estas épocas.

Al final solo pudieron zafar de la decadencia grupos como Genesis y Peter Gabriel, Pink Floyd y King Crimson. Apenas sobrevivieron Yes, Emerson, Lake & Palmer y Van der Graf Generator del pisoteo que les dieron los punkies y la new wave británicos. Ya llegaremos a eso. Nos interesa ahora su música más que las anécdotas puntuales. Tienen que escuchar a los principales grupos mentores de la movida sinfónica, abrir la mente, porque tienen para sorprender.

Yes fue un grupo insoslayable del rubro. Arrancaron en 1969 siendo teloneros de Cream: las modas eran otras pero ya en el primer disco, el homónimo de ese año, pintaban distintos del rock psicodélico reinante. Básicamente Yes se formaba con Jon Anderson como cantante, el bajista Chris Squire, Tony Kaye en teclados, Steve Howe en guitarra y el baterista Bill Bruford. En  el exitoso “Fragile”  (1971), el cuarto disco del grupo, ingresaría Rick Wakeman en los teclados en reemplazo de Tony Kaye. En todos sus años de existencia y actividad, salvo Anderson y Squire, los demás entraron y salieron alternativamente de la formación, no faltando nunca la guerra de veleidades y egos entre sus integrantes. La excelencia que alcanzaron como músicos solo puede describirse escuchándolos. En los medios especializados eran votados asiduamente como los instrumentistas más virtuosos. 

“Yes Album” (1971) está grabado con esa formación primigenia y contiene gemas como “I´ve seen all good people” y “Yours is no disgrace”. Bastante rockero pero ya con los prodigiosos arreglos musicales, y particularmente vocales, que ofrecía la banda al irrumpir. Presten atención a la originalidad del bajista Chris Squire (Kingsbury-Inglaterra, 1948-2015), gurú del bajo rock-progresivo según Geddy Lee (Rush). Reggaetoneros, cumbieros y raperos: vayan a estudiar! 

**Yes – “The Yes Album” (1973)

“Fragile” (1971) es un estandarte del género sinfónico y tiene motivos de sobra para serlo. Conmueve todavía su insuperable “Roundabout”, tema que como single conquistó Estados Unidos. Exquisitas “Long distance runaround” y “Mood for a day”. 

Para muchos entendidos la obra maestra de Yes es “Close to the edge” (1972), el quinto de su discografía. Con letras de Jon Anderson, el místico del grupo, está inspirado en el libro “Siddartha” de Herman Hesse, un clásico adoptado por la generación de los setenta. Aunque comprende solo tres temas larguísimos  (con fragmentos conectados a un leitmotiv principal) que lo hacían poco difundible en radios, fue un suceso de ventas en Estados Unidos y Gran Bretaña.

No menos cortos fueron los temas del doble “Tales from topographic oceans” (1973), su siguiente intento. Largos y todo tenían una mística que convencía a los rockeros de la época de saborear los vericuetos de esa música con atención, del mismo modo que hacen los fanas de la música clásica con un whisky solo que fumando con los amigos vagos en las trasnoches. Vendría luego "Relayer" (1974), que contiene la hermosa "Soon" pero que, pasado el tiempo, se me hace difícil escuchar completo.

Entre las carreras solistas de los integrantes del combo merecen destacarse tres. La de Richard ‘Rick’ Wakeman (Gran Londres-Inglaterra, 1949), que entró y salió de Yes, emprendió lo suyo basado en los teclados y preferencias folk británicas: vendió millones con sus LP “Las seis esposas de Enrique VIII” (1973) y “Viaje al centro de la tierra” (1974) e hizo bandas sonoras de films a paladas, como “Lisztomanía” (1975) de Ken Russell. Ah! No menos interesante es seguir los rastros del inigualable baterista Bill Bruford (Kent-Inglaterra, 1949), dueño de una técnica originalísima con los palillos. En 1972 se pasó a las filas de la banda King Crimson, con quienes grabaría unos diez discos. También tocó con los Genesis y con el grupo UK-United Kingdom, además de arremeter con los suyos propios explotando la veta del jazz rock. Otra rescatable es la de John ‘Jon’ Ray Anderson (Lancashire-Inglaterra, 1944), con su inigualable voz de contratenor, lanzando notas altas sin recurrir a falsetes. Más que sus discos estrictamente solistas, son recordados “Short stories” (1979) y “The friends of Mr. Cairo” (1981) en colaboración con el músico Vangelis Papathanassiou (Agria-Grecia, 1943-2022), que todavía se dejan escuchar bien. Con esta dupla la seguimos más abajo. 

Después de un paréntesis, los Yes volvieron aggiornados con “90125” (1983), con el recurso de moda de la batería electrónica, el australiano Trevor Rabin en guitarras por Steve Howe y con Tony Kaye, de vuelta, por Wakeman. Vale la pena detenerse y escucharlo. Fue quizás el disco más pop-rock de la banda y, en su momento, el que más ventas tuvo. Con el single “Owner of a lonely heart”,  que los puso de nuevo en las marquesinas.

Les recomiendo rastrear aparte el formidable arte del diseñador Roger Dean (Ashford-Inglaterra, 1944) que adoptó el grupo durante  algunos años para ilustrar algunas portadas de discos y giras. Sus motivos futuristas sirvieron de poster en muchos de nuestros departamentos de solteros.

Yes bajó por primera vez a Latinoamérica con la exitosa gira mundial de “90125”, que de algún modo resucitó a la banda. Participaron de la primera edición de Rock in Rio e hicieron una escala en Argentina. Los pude ver dos veces seguidas en la cancha de Vélez Sársfield, en febrero de 1985: el furor de la primera convocatoria porteña motivó una nueva fecha a la semana siguiente. Estuvieron avasallantes. 

**Genesis – “Selling England by the pound” (1973)

Este otro grupo inglés también hizo obras memorables en el género del rock sinfónico o rock progresivo. La diferencia entre esos dos conceptos  tiene límites difusos y la dejamos para el análisis de otros. Acá las usaremos casi como sinónimos. 

La primera etapa de Genesis (para los puristas, su pico artístico), fue entre 1968 y 1975, mientras duró el liderazgo de su cantante, Peter Gabriel (Chobham-Inglaterra, 1950). La formación clásica de ese período básicamente se completaba con Mike Rutherford y Stephen Hackett (bajo y guitarras), Tony Banks en teclados y Phil Collins en batería.  Abundancia de baladas inspiradas en el folk inglés no exentas de flautas dulces pero con escalas  rockeras, mellotrones y sintetizadores. Letras de gran lirismo, muchas veces basadas en cuentos mitológicos. Con Gabriel aportando un dominio escénico total y creando un ambiente teatral cambiando de disfraces varias veces en sus shows, lo que convertían las actuaciones en óperas modernas.

Genesis ya se había convertido en un grupo de culto en Alemania e Inglaterra pero este quinto LP “Vendiendo Inglaterra por una libra” (1973), extendió su fama por todos lados. El disco sigue sonando épico. A muchos nos motivó a revolver los discos anteriores de la banda que habíamos salteado. ¿Nos habíamos perdido algo igualmente valioso?

El tema más festejado del disco fue "I know what I like (in your wardrobe)", quizás el más pop. En “Firth of fitfh” se lucen los teclados de Tony Banks. Cierra con la marchosa “The battle of Epping Forest” inspirada en una gresca entre pandillas. 

**Genesis – “The lamb lies down on Broadway” (1974)

Después de semejante discazo, el grupo se empeñó en abordar un álbum  conceptual al estilo The Who con “Tommy”. Gabriel aportó la idea, una historia recontra surrealista, y el resto se encargó de la música, que mostró una clara evolución. Produjeron el disco doble “The lamb lies down on Broadway” (1974). Es una joyita de culto para cualquier fana de Genesis. Tiene muchos temas memorables como el homónimo, “Back in NYC”, “Hairless heart”, “Carpet crawlers” y unos cuantos más. Al toque, Peter Gabriel se abre para hacer su carrera solista.

*Genesis – “A trick of the tail” (1975)

La voz líder queda entonces para Phil Collins (Chiswick-Inglaterra, 1951), el baterista, que ya venía cantando algunos temas de la banda. No hubo grandes sobresaltos artísticos porque sus registros vocales eran similares a los de Gabriel y el resto de los integrantes (Hackett-Banks-Rutherford) se bancó perfectamente la parada cuando los daban por muertos, artísticamente hablando.

Este CD ya pertenece, entonces, a la segunda etapa de la banda pero conserva el espíritu épico y sinfónico de Genesis, renovando algunas facetas. Tiene una pátina más romanticona que el antecesor (temas “Entangled”, “Mad man moon”, “Ripples”) pero también arrebatos tecno (“Los endos”). Le siguió el LP “Wind and wuthering” (1977), que no se queda atrás. Las baladas cantadas por Collins ya se convierten en un clásico del grupo (“Your own special way”, “Afterglow”) pero los teclados de Banks son otra de sus cartas fuertes.

La música de Génesis se fue haciendo más pop, canciones más cortas, letras más simplonas, pero con su sello de origen. Se montaron en un éxito comercial increíble que persistió hasta principios de los noventa, compartiendo las marquesinas top con el Queen de Freddy Mercury & Cia. Sus giras internacionales fueron millonarias.

El siguiente disco fue “… and then were three” (1978), bautizado así justamente cuando se va Steve Hackett y solo quedaron Rutherford, Banks y Collins con la patente del grupo. La obra se cierra con el exitoso “Follow me, follow me”. También se deja escuchar bien “Duke” (1980), el décimo en la lista de la banda. Abre con “Behind the lines”, donde demuestran no haber archivado el rock progresivo. Los tipos se habían convertido en una máquina de hits y acá tienen el marchoso “Turn it on again”, que se escuchó en todos lados y quedó como marca registrada de la banda en esos años.

A partir de “Abacab” (1981),  su aggiornamiento incluye máquinas de ritmo. “Genesis” (1983), con su “Mama”, es un grandes éxitos en si mismo. En “Invisible touch” (1986) meten “Land of confusion”, “In too deep” y “Throwing it all away”. ¿Quién puede decir que es música de baja calidad? Solo que no era lo mismo y también parecía una lucha por mantenerse en el negocio. Una opinión puramente subjetiva.

En paralelo con su participación en Genesis, Phil Collins descollaría con una carrera solista exitosísima que duró bien arriba más de una década y cuya descripción excede este resumen por una simple cuestión de gustos. Collins logró superar los cien millones de discos vendidos, récord que solo consiguieron Paul McCartney y Michael Jackson. Sus hiperdifundidos hits (“In the air tonight”, “Against all odds”, “Easy lover”, “One more night”, “Sussudio”, “Another day in the paradise”, por nombrar solo algunos) siguen identificando la música popular de su época. No estaban nada mal. Saturaba su excesiva difusión.

Mike Rutherford, Steve Hackett y Tony Banks, también hicieron sus discos solistas. Estos dos últimos tuvieron sus tribus de fans. Todos dejaron algunas cosas interesantes. En particular, Michael John Cloete Crawford ‘Mike’ Rutherford (Guildford-Inglaterra, 1950) sacó como solista un aceptable “Smalcreep´s day” (1980) y el olvidable “Acting very strange” (1982), despegándose un poco del sonido Génesis, acompañado por los cercanos Anthony y Simon Phillips, Stewart Copeland (The Police), Daryl Stuermer y otros músicos conocidos en el ambiente londinense. Levantó la puntería armando Mike & The Mecanics, sumando a su equipo al gran vocalista Paul Carrack (Sheffield-Inglaterra, 1951) para grabar algunos temas pop inolvidables como “The living years”, “Silent running/Can you hear me?”, “Another cup of cofee” y mi recontra-preferida “Over my shoulder”. Si no recuerdan haberlos escuchado, vayan por ellos de algún modo. Están casi todos en el “The story so far-Greatest hits” (2006), un compilado de Carrack.

Carrack tuvo una carrera solista sin grandes repercusiones. Cantó el hermoso tema “Tempted” con el grupo Squeeze, un muy buen conjunto inglés de new wave que arrancó en 1974. La discografía de esta banda tiene altibajos pero se le pueden rescatar montones de genialidades. Uno de sus fundadores fue Jools Holland (Blackheath-Londres-Inglaterra, 1958), pianista y conductor del famoso programa de TV de la BBC “Later… with Jools Holland”, que llevaba músicos de primera línea a tocar en directo.  

*Peter Gabriel – “So” (1986)

Mítico fundador del grupo Genesis junto a unos compañeritos de colegio, este setentón  marcó un camino originalísimo como solista al abrirse de la banda. Eligió una onda distinta al sinfonismo, metió beat, ritmos africanos y eclecticismo. Además de poseer una voz inconfundible y seductora, siguió siendo un performer con gran despliegue escénico, innovador en vestuarios y puestas teatrales y llenando estadios.

Conviene sobremanera primero repasar sus cuatro discos solistas iniciales, que salieron entre 1977 y 1982. No tenían por título más que “Peter Gabriel” y en todas sus tapas salía su cara deformada con algún truco fotográfico. En posteriores re-ediciones y remasterizaciones de ese material, la discográfica los rebautizó como “Car” (1977), “Scracht” (1978), “Melt” (1980) y “Security” (1982) para diferenciarlos mejor. 

“Solsbury hill”, “Hundrum”, “I have a touch”, “San Jacinto”, “Kiss of life”, “Shock the monkey” y “Biko” son temas sobresalientes que encontramos en ellos. Pueden escuchar el vivo “Peter Gabriel plays live” (1983), que resume buena parte de esta etapa y, les aseguro, es más vibrante que aquellos discos de estudio.

Hasta ahí Gabriel era un artista de culto para oyentes muy curiosos. Hasta que sacó “So” (1986) –donde aumentó las dósis de beat, afro y electrónica- para saltar a la fama mundial. El LP fue su mayor éxito comercial, difundiéndose hasta el hartazgo “Sledgehammer”, “Big time”, “Don´t give up” con la cantante Kate Bush e “In your eyes” acompañado por el senegalés Youssou N’Dour.

Gabriel creó en el interín su propia discográfica, Real World Records, instalada en Box-Wiltshire-Inglaterra, con la cual promueve la difusión de montones de artistas de todos los continentes, básicamente de raíces localistas, del tipo world music. Esos estudios son una de las sedes de los festivales de música étnica WOMAD.

A Gabriel también le encargaron varias bandas de sonido para películas. Las más conocidas fueron “Birdy” (Alan Parker, 1985) y “Passion: the last temptation of Christ” (Martin Scorsese, 1989). Me referiré a eso en particular en el Cap. 5-Bandas de sonido originales. De todos modos, las recomendaría ahora si empiezan con la escucha de las obras del inglés, porque son parte de su mensaje musical. 

*Peter Gabriel – “Us” (1992)

Con este disco terminó de plasmar un estilo rockero a veces minimalista, intelectual y bailable a la vez. Sus temas “Kiss the frog”, “Steam” y “Digging in the dirt” movieron tabas en todo el mundo pero el tema más emblemático posiblemente sea “Secret world”. Sus músicos  base en esta etapa musical fueron el bajista/stickista Tony Levin (ver King Crimson) y el batero francés Manu Katché, sobre los que volveremos.

Merecen destacarse, aunque sea un detalle accesorio, los videos que acompañaron los lanzamientos de Peter Gabriel. Les imprimió su sello artístico, marcaron diferencias en su época y sorprendieron. 

* Camel – “Breathless” (1978)

Camel fue una banda de Surrey, en las afueras de Londres-Inglaterra, que empezó a dar vueltas a principios de los setenta. Hacían un rock progresivo con mucho moog, bastante amable, con buenas melodías y clichés del estilo, rotando en las voces a cualquiera de sus dos cantantes: Andrew Latimer (guitarra, flauta) o Peter Bardens (teclados). Más cercanos a lo de Supertramp que a los más jugados Emerson, Lake & Palmer o los holandeses Focus.  

Como buen grupo sinfónico británico no se privaron de hacer obras enteramente instrumentales, mejor si estaban basadas en libros sesudos o leyendas al uso inglés de la época y cumplieron con el consabido rito o recurso de tocar junto a la Sinfónica de Londres en el Royal Albert Hall para terminar de consagrarse.

Los críticos consideran que lo mejor que hizo Camel fue el LP “Mirage” (1974): según la revista Rolling Stone, está entre los mejores 25 discos de rock sinfónico de la historia. Como es de suponer, debajo del Nº 1 “The dark side of the moon” de Pink Floyd. Sus temas “Song within a song” y “Chord change” son muy representativas del sonido de la banda y están en su LP “Moonmadness” (1976).

Pero mi preferido es “Breathless” (1978) porque es un disco redondo por donde lo mires. Claro que es una producción con pocos esbozos de sinfonismo, llena de canciones, casi lindante con la new wave. Muy ganchero, difícil no lo encuentres atractivo. Es un buen punto de partida para empezar a bucearlos.

Ah! Podrán ver que el grupo adoptó la gráfica de los afamados cigarrillos norteamericanos Camel para ilustrar varias portadas de sus discos. Nunca supe si les produjo problemas legales o si pactaron su uso con la tabacalera.

**Emerson, Lake & Palmer – “Trilogy” (1972)

Otro grupo muy representativo de los sinfónicos pero con una instrumentación que rompía la tradición rockera de la guitarra eléctrica predominante. Integrado por Greg Lake (letras, voz y bajo), Carl Palmer (batería) y Keith Emerson (teclados), quien innovó con la incorporación del sintetizador moog y otras delicatessen electrónicas, intercambándolos con el piano clásico y su órgano Hammond. Todo eso, ahora al frente.

Gran parte de sus producciones eran composiciones propias pero se animaban a adaptar a su manera a autores clásicos modernos como Leos Janácek, Aaron Copland, Béla Bartók o Modest Mussorgsky, entre otros. Keith Emerson (Todmorden-Inglaterra, 1944-2016) llegó a entrevistar al maestro argentino Alberto Ginastera (Buenos Aires-Argentina, 1916-1983) en su residencia de Ginebra-Suiza, para que lo autorizara a reversionar cosas suyas. Y así lo hizo con “Toccata”, “Creole dance” y con “Malambo” de la suite Estancia, entre otras.

Los EL&P fueron punta de lanza de la moda del rock progresivo. Dejaron la puerta abierta y por ahí entraron los demás. Su propuesta fue más arriesgada por estar más alejada de los estereotipos del rock pero bastante grandilocuente para llamar la atención a los jóvenes. Entre los trucos en medio de su parafernalia de sonidos remachados con la poderosa batería de Palmer, cabía intercalar baladas ganadoras interpretadas por la prodigiosa voz de Lake, insertar escalas jazzeras y rockeras, meter una fuga a lo Bach o hacer sonar el Hammond como en una iglesia. Por eso fue increíble su popularidad: en su momento, solo los Rolling Stones y Led Zeppelin llevaban más gente que EL&P a sus recitales en estadios.

Sus shows empezaban con la voz de un locutor inglés de acento flemático, que anunciaba invariablemente “Ladys and gentlemen: Emerson, Lake & Palmer” para que ingresaran los integrantes y comenzaran con su versión de “Peter Gunn”, el clásico tema fílmico de Henry Mancini. En Japón, los EL&P fueron más famosos que los Beatles.

Emerson, Lake & Palmer empezó su carrera con el disco homónimo y el single “Luky man”, en 1970. Le siguieron “Tarkus” y “Pictures at an exhibition” (1971), un directo hecho básicamente sobre obras de Mussorgsky arregladas por Emerson. Los locos ya se habían animado a hacerlo sonar en medio del psicodélico festival de Isla de Wight de 1970, ya mencionado.

“Trilogy” (1972) es el más redondo y cabal muestrario de la estrategia de EL&P, con su imbatible balada “From the beginning”, con “Hoedown” una adaptación  rockera de la música de Copland y el “Abbadon’s bolero” inspirado en el de Ravel. Después vendrían “Brian salad surgery” (1973), que aunque me aburra obtuvo disco de platino, y algunas pocas producciones más.  

Un amigo me regaló una platea que le sobraba para verlos en el estadio Obras en su tardía visita a Buenos Aires, en abril de 1993. Otra gira revival de músicos ociosos que, extrañando épocas exitosas, se quedaban sin dinero (sentencia subjetiva, liviana y envidiosa de un “common man”). A pesar que en mi juventud “gasté” sus vinilos “Tarkus” y “Trilogy”, no era EL&P mi grupo de cabecera. No me defraudaron y pasé un momento bueno, obviando la anacrónica payasada de Keith Emerson pateando y volteando un piano vertical muletto al final del show. 

**Pink Floyd – “El lado oscuro de la luna” (1973)

Quizás Pink Floyd fue el que más elementos pop incorporó al colectivo del rock progresivo, enriqueciéndolo con baladas efectivas y atractivos coros femeninos. 

Roger Waters (bajo, guitarra y voz), Rick Wright (teclados) y Nick Manson (batería) ya venían tocando juntos en proyectos anteriores de principios de los sesenta. En 1964 se incorpora el cantante y guitarrista Syd Barrett, a quien se le atribuye el nombre del grupo en honor de sus bluseros favoritos: Pink Anderson y Floyd Council. Ese músico mitificado imprimió a la banda una onda experimental que chorreaba psicodelia, lo que puede escucharse en su festejado primer disco “The piper at the gate of dawn” (1967). Lo grabaron en los estudios Abbey Road de Londres al mismo tiempo que los Beatles pergeñaban ahí su “Sgt. Peeper’s”. Al poco tiempo Barrett (Cambridge-Inglaterra, 1946-2006) se recluyó por problemas mentales derivados de drogas y fue suplantado en 1968 por el guitarrista David Gilmour. Empezó con un sueldo semanal de 325 libras.

En su discografía continuaron con escarceos psicodélicos y algunas experimentaciones avant-gard. Quizás sea interesante que aborden al Pink Floyd de esa época viendo su actuación de octubre 1971 en el documental “Pink Floyd: live at Pompeii” (Adrian Maben, 1972), una perfomance sin público en el anfiteatro romano de las ruinas de Pompeya-Italia. Fue novedoso en su momento y les dio mucha difusión. Básicamente, contiene temas editados oportunamente en sus discos “A sauceful of secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971).

Hasta que llegaron estas dos obras que aquí siguen, cuya recomendación cae de maduro por unanimidad: vendieron millones y aún siguen siendo abordadas por las nuevas generaciones. Sirven para abrir el oído musical de cualquiera.

“The dark side of the moon” (1973) fue el octavo disco de Pink Floyd.  Grabado también en Abbey Road, su ingeniero de sonido fue Alan Parsons (Londres-Inglaterra, 1948), luego devenido músico con algún éxito. Waters pergeñó el mensaje existencialista de este álbum, inspirado en las frustraciones de la vida cotidiana de la gente en nuestra sociedad. Su música terminó de definir el sonido de la banda. Se iba a llamar “Eclipse”, como su último track. “Breathe (in the air)” y “Time”, suenan épicos. Inoxidable como las monedas, “Money”. Realmente original “The great gig in the sky”, con la excepcional voz invitada de Clare Torry, la corista que cobró solo 30 libras por su impresionante improvisación y años después le hizo un fenomenal juicio por derechos de autor al grupo. El arte y los artistas se suelen cotizar bien pero no todos son desprendidos, no todos tiran manteca al techo y otros olvidan lo que hicieron la noche anterior. 

*Pink Floyd – “The wall” (1979)

La siguieron con “Wish you were here” (1975), que contiene el exitoso track homónimo y varios hits más. Según se escribió por ahí, por aquel entonces Waters les dijo a sus compañeros que tenía dos obras conceptuales armadas y que eligieran la que les gustara más para que sea el onceavo disco de la banda: “The pros and cons of the hitch hiking” o “The wall”. Eligieron ésta y la otra terminó siendo el primero solista de Waters.

El mensaje de esta obra conceptual para la llamada generación “baby-boomer” centrada en la alienación de una estrella de rock, no me llegó nunca demasiado y me suena demagógica. Tiene elementos universales pero creo que cobra más significación para los británicos por basarse en sus costumbres e historia: Waters perdió a su padre en la 2da. Guerra, fueron ellos quienes soportaron bombardeos nazis durante ocho meses y ellos inventaron la educación despótica five tea o’clock incluído. Sin embargo, Pink Floyd vendió más de 50 millones de discos de esta ópera rock antibelicista y su mentor Roger Waters (Surrey-Inglaterra, 1943) sigue dando vueltas al mundo con puestas en escena megalómanas moviendo multitudes. Algo tiene. Puede verse la creativa película homónima de Alan Parker (1982), para recrear su idea.

Pero todo ese bagaje, cuya definición me llevó sin querer varios párrafos, nos distrae de la consideración de la música. Porque se supone que nos deleitan los sonidos que entran por nuestros oídos y que las imágenes, repercusiones y recuerdos inmanentes son solo accesorios. Cuando acciono una tecla o poso la púa para escuchar otra vez “The Wall” (1979) me detengo en los temas “In the flesh”, “Another brick in the wall”, “Confortably numb” y repito siempre mi super-preferida “Run like hell”, donde sobresalen las cualidades del excelente guitarrista David Gilmour (Cambridge-Inglaterra, 1946), de estilo lento y de pocas notas pero tan expresivo.

Ya con abrumador dominio de Waters en las producciones, me aburrió su siguiente LP “The final cut” (1983) y no profundicé los otros dos discos que sacaron hasta disolverse en los noventa. Tanta difusión de Pink Floyd terminó por alejarme de su música. Tarea reservada para los fanas revisarlos, igual que la producción solista de sus creativos Gilmour y Waters. 

**Focus – “The best of Focus: Hocus pocus” (2001)

Insoslayable y muy reconocido grupo sinfónico, quizás mi preferido dentro de ese universo. Liderado por Thijs van Leer (Amsterdam-Países Bajos, 1948) en flauta, teclados y voz y el virtuoso guitarrista Jan Akkerman (ídem, 1946). Eran los raros que venían de Holanda e incorporaban la flauta traversa en esa música de vanguardia, lo cual llevaba a algún desprevenido a compararlos con Jethro Tull, inicialmente.

Ellos empezaron sus carreras profesionales –como tantos otros artistas en el mundo- siendo músicos en la versión local de la obra beat “Hair” de Rado-Ragni-McDermot (*), que fue exportada a un montón de países. Pero los futuros Focus no eran del montón: tenían bagaje clásico, se notaba en sus composiciones y sus sutilezas los diferenciaron.

En la Argentina los trabajos de Focus no llegaron en forma cronológica ni contínua. Habían empezado grabando “In and out of Focus” (1970), donde sin romper con las convenciones de la época, ya exhiben dos buenas cartas de presentación: “The house of King” y el tema “Focus”. Pasan a ser cosa seria con “Focus II: Moving waves” (1971) básicamente por su clásico “Hocus pocus”, con un riff de bienvenida demoledor seguido del yodel o canto tirolés que los hizo famosos en todos lados. También tiene la sutileza de “Janis” y la suite “Eruption” ocupando todo el lado B del vinilo, con la perlita de “Tommy” incluída.

Vendrían luego “Focus III” (1972) con la épica “Sylvia” y el cuarto disco, “Hamburguer Concerto” (1974), altamente recomendable, con la delicada/extraordinaria “La cathedrale de Strasbourg” en un lado y otra suite, la homónima, ocupando todo el lado B. Esos discos grabados en estudio componen la etapa más encumbrada de la banda. Nada que envidiarles a los más exitosos Pink Floyd.

Hay una recopilación posible de origen británico sello Polydor de la serie The Greatest Rock Sensation "Focus" (1975), con casi todas esas sutilezas, seguramente difícil de hallar. Otra puede ser “The best of Focus: Hocus pocus” (2001), de contenido muy parecido.

(*) ¿Uds. sabían que en la versión teatral argentina de “Hair” estaban Valeria Lynch, Rubén Rada, el negro Fontova y que Carlos Cutaia-ex Pescado Rabioso era el director musical? Yo era un pibe cuando la vi durante un veraneo familiar en Mar del Plata en el año 1970 o 1971, entre medio de una de nuestras comunes dictaduras militares (claro está, no contenía desnudos permitidos debido a la censura). Ninguno de esos músicos era conocido masivamente y estaban haciendo sus primeros rebusques. Acá en el sur apenas sabíamos de la movida hippie norteamericana. Estábamos entretenidos con el retorno de Perón. 

*UK – “Danger money” (1979)

UK o United Kingdom, grupo inglés de rock sinfónico formado por Bill Bruford (ex Yes y King Crimson) en batería y John Wetton (ex Family, King Crimson, Roxy Music, después ASIA) en bajo y voz, quienes reclutaron a Eddie Jobson (ex Curved Air, Zappa, Roxy Music) en violín y teclados y Allan Holdsworth (Soft Machine y Gong) en guitarra. Tuvieron una vida artística corta (1977-1979), reemplazaron integrantes y solo dejaron dos discos de estudio y dos directos. UK fueron básicamente composiciones formato canción duras y melódicas pero no tan extensas, que abrevaban un poquito en clichés de Emerson, Lake & Palmer, King Crimson y otros progresivos.

Con esa formación inicial sacaron el homónimo “UK” (1976), con sus hits “In the dead of the night” y “Time to kill”. “Danger money” (1979) lo hicieron luego de la partida de Holdsworth y  Bruford, que fue reemplazado por Terry Bozzio (baterista pirotécnico norteamericano, antiguo músico de Frank Zappa), simplemente como trío, con Jobson+Wetton aumentando su presencia. Los tracks “Rendezvous 6:02”, “Caesar’s Palace Blues” y “Nothing to lose” se llevan todos los premios.

A propósito, les recomiendo fervientemente que busquen cosas de Allan Holdsworth (Bradford-Inglaterra, 1946-2017) en su etapa solista: jazz rock o fusión. Además de Soft Machine y Gong tocó con el baterista Tony Williams en su grupo Lifetime y con Jean Luc Ponty, entre otros. El sonido de su guitarra sintetizada era  extraño pero cautivante e inimitable: usaba la tecnología Synthaxe, que no permitía rasguear del modo clásico y resultaba inútil para el pop y el funk. Los discos de Holdsworth más famosos fueron “Metal fatigue” (1985) y “Avatachron” (1986). Era lo que se dice un músico de culto y aunque sus composiciones no eran extraordinarias creaba grandes climas con su instrumento sonando único. Otra sugerencia puede ser que vayan por el CD o DVD “Allan Holdsworth Trio Live Jarasum Jazz 2014” donde lo acompañan Gary Husband (Level 42, NDR Big Band, 4th Dimension de McLaughlin, etc.) en batería y el extraordinario Jimmy Haslip (ex Yellowjackets y otro larguísimimo etcétera) en bajo fretless: hacen temas históricos del guitarrista modo aplanadora. 

**King Crimson – “Radical action to unseat the hold of monkey mind” (2016)

Pioneros del rock progresivo, empezaron allá por 1968 en Londres. Le pusieron ese nombre (“rey carmesí”) aludiendo a belcebú, el demonio. Uno de sus primeros pasos fue ser teloneros de los Rolling Stones en el famoso concierto en el Hyde Park londinense ante 500 mil personas, cuando rindieron homenaje al recién fallecido Brian Jones. Ese recital en el que Jagger sale en las fotos vestido todo de blanco (se puede ver en Youtube).

El líder de la banda, el guitarrista Robert Fripp (Wimborne Minster-Inglaterra, 1946), es hoy un señor formal que carga ochenta pirulos y maneja celosamente el marketing y el catálogo de la marca que construyó, bajo su sello Discipline Global Mobile. Artísticamente siempre fue arriesgado, en experimentación constante, escapando para adelante sin importarle el público cautivo.

La música de King Crimson tuvo muchas facetas cambiantes con el paso del tiempo pero ha sido poco comercial y a veces suena dura y sombría. Es como el agua caliente: metan la pata en ella con precaución, de a poquito, o les quemará y los abandonarán perdiéndose el goce.

No fui fan de Crimson desde el principio ni compré sus discos a montones. Sus primeras obras se me pasaron de largo. Pero ya en los ochenta cuando una caía en mis parlantes, me movía la estantería. Finalmente, terminé escuchando todo su repertorio en mp3 y comprobé que siempre fueron cosa seria, comparable en dimensiones a Pink Floyd.

Muchos consideran el álbum debut “In the court of the Crimson King” (1969) como la gema de la banda y no puede negarse que ahí edificaron sus cimientos. Fue además la piedra angular del rock progresivo o sinfónico. Histórico porque despertó la avidez por esa nueva onda que incorporaba elementos jazzeros y polifónicos con el uso del novedoso mellotron (*) al rock y blues eléctricos de la psicodelia reinante: todo eso les permitió entrar en el showbusiness a grupos del nuevo estilo, como Yes y Génesis, cuando los Beatles todavía copaban la escena.

Este disco tiene experimentación pero contiene varias baladas con influencias del folk inglés: ojo al piojo que los sinfónicos no masticaban vidrio y también buscaban la canción ganchera que les diera difusión y éxito comercial (como Pink Floyd). En ese álbum se destacan la canción homónima, “21st Century Schizoid man”, “Epitaph” y “Moonchild”. En la tapa del vinilo, el dibujo de la cara del hombre esquizoide, y en la interna el del mismísimo rey carmesí, que parece amigable.

Excepto Fripp, los integrantes del grupo fueron de alta rotación pero como vocalistas  se asientan medianamente al principio Greg Lake (futuro Emerson, Lake & Palmer) y John Wetton (UK).

Una dificultad para elegir lo mejor entre los trece discos de estudio de King Crimson (grabados entre 1969 y 2003) son –como hice referencia- sus estilos cambiantes. Fripp salta de uno a otro sin repetirlos mucho: de progresivos a heavy metaleros, metiendo algún toque clásico moderno y con distintas formaciones (cuartetos, sextetos y septetos o dobles tríos), a veces metiendo saxo y flauta, a veces erradicándolos. Todo muy poco propicio para efectuar comparaciones. El hilo conductor, claro, es el genio de Robert Fripp con su guitarra eléctrica y original técnica de texturas, bautizada “frippertronics”: un truco de su invención sobre las cuerdas en base a loops que aportan un clima ambient. Paren sus orejas para distinguir eso. Fue un líder sumergido en el anonimato del grupo en beneficio de la música. Cero exhibicionismo.

Para salvar ese inconveniente y poder resumir mayormente la primera parte de la trayectoria de esta banda vanguardista, la que llega a1974,  recurran a esta caja “Radical action to unseat the hold of monkey mind” (2016), que trae tres CD grabados en vivo en distintos escenarios de una gira internacional más dos DVD y un Blu-ray de un concierto en Japón. En ese entonces, Fripp pergeñó un septeto para la gira “Celebration 50 years” que recorrería tres continentes celebrando cinco décadas -justamente- de la salida de “In the courth of the Crimson King”. Llevó al buen cantante y guitarrista Jakko Jakszyk e incluyó a Anthony Frederick ‘Tony’ Levin (Boston-USA, 1946), emérito de la banda que entrara a King Crimson en 1981 (ex John Lennon Band, Peter Gabriel, David Bowie, etc.) en bajo eléctrico y especialista en “stick”: un raro instrumento de diez cuerdas, mezcla  de bajo y guitarra eléctrica. Hagan el esfuerzo de escuchar la sutileza de su sonido particular. También integró la gira Mel Collins (ex Camel y miembro casi original de KC) en saxos y flauta. Y metió literalmente tres bateristas al frente de la formación: Pat Mastelotto, Bill Rieflin y Gavin Harrison. Meter tres baterías en un grupo de rock puede pensarse como una apuesta escenográfica vendehumo/circense, es cierto, pero escucharlos actuar en vivo disipaba toda especulación malpensada. No solo en las composiciones exclusivas para percusión “Devil dogs of Tessellation Row” y “The hell hounds of Krim” que incluyeron demuestran para que estuvieron: también aportan timbres interesantísimos hasta en las baladas más tranquilas del recital. A estos temas y a los citados de “In the court…”, convenientemente aggiornados, se  agregan al repertorio el himno “Starless”, “Easy money”, “Larks´ Tongues in Aspic part I-II” y “Red”.

(*) el mellotron es un teclado eléctrico-mecánico inglés popularizado a mediados de los sesenta. Básicamente, al oprimir sus teclas se activan cintas magnetofónicas pregrabadas que contienen diferentes sonidos, como cuerdas, coros, flautas, etc. Un antecesor del sampler. Se dice que los primeros en usarlo y dejar constancia fueron los Beatles en el tema “Strawberry fields”, luego los Rolling Stones en “2000 light years from home” o Zeppelin en “Kashmir”. Todos los grupos sinfónicos tenían y usaban mellotrones a destajo. En King Crimson, escuchen su sonido en los temas “Epitaphe” o “In the court of Crimson King”.

**King Crimson – “B’BOOM - Official bootleg Live in Argentina” (1995)

Si les gustó la propuesta y desean seguir escarbando esta música sin tomarse el trabajo de repasar la discografía completa de Fripp y su troup, les indico otro atajo. Consíganse este “B´BOOM” (1995) para conocer de un pantallazo que cosas intentaron desde los ochenta para adelante: la elección de los temas está bárbara y su universo suena perfecto. Es realmente un “grandes éxitos” de lo más fuerte y heavy del extenso repertorio crimsoniano. Fue grabado en vivo en sus funciones en el teatro Broadway de nuestra avenida Corrientes porteña, en octubre de 1994, una elección que enorgulleció a sus fanas locales.

Este CD doble en vivo lo descubrí un tiempo después del recital gracias al programa radial de culto “El Intruso”, de Marcelo Morales, que lo repetía maravillado una y otra vez, contagiándonos. Me zambullí en una disquería especializada del centro porteño (curiosamente llamada “Crimson King”) y sin preguntar el precio lo compré. El show se alimenta mayoritariamente de creaciones de los muy buenos discos de estudio “Discipline” (1981), “Vrooom” (EP de 1994) y “Thrak” (1995). Rescatan joyas como “Elephant talk”, “Frame by frame”, “Sleepless”, “Discipline”, “Indiscipline”, “Matte Kudasai”. Una maravilla.  

Las interpretan seis instrumentistas de altísimo nivel en una increíble formación de doble trío (dos baterías y dos bases más dos guitarras): otra locura de Fripp. Esa vez con Adrian Belew (Kentucky-USA, 1949), otro emérito KC, tan versátil con su guitarra como con su voz; el ya citado Bill Bruford, uno de los mejores bateristas modernos del mundo, de originalísimo groove, más el mencionado Tony Levin en stick o bajo. Para el gusto de muchos fans del grupo, fue la formación más importante que tuvo la banda: participan de buena parte de la discografía de estudio y en vivo de Crimson. Particularmente, su debut heavy en la banda fue el disco “Discipline” (1981), una avalancha digna de escuchar. Para el directo “B’BOOM - Official bootleg Live in Argentina” (1995) a esos cuatro se les agregaron en la gira Trey Gunn (stick, bajo y Warr-guitarr) y Pat Mastelotto (batería), conformando el doble trío.

A pesar que, en general, las grabaciones en directo no son mis preferidas comparadas con las de estudio, me veo recomendándoles fervientemente estos dos discos en vivo como lo más entrañable y representativo de la banda. Es que estos ingleses han sido músicos de excelencia y perfeccionistas del sonido. 

La última reverberación del sonido King Crimson es la formación Beat, que en 2025 hace una gira mundial. Es un supergrupo que pilotean Adrian Belew y Tony Levin, sumando al baterista Danny Carei y nada menos que al violero Steve Vai (Carle Place-NY-USA, 1960), de vasta trayectoria solista en el metal-rock. Con la venia de Fripp, versionan básicamente temas de King Crimson provenientes de la brillante trilogía grabada durante los años ochenta con la formación Fripp-Bruford-Levin-Belew: los discos “Discipline” (1981), “Beat” (1982) y “Three of the perfect pair” (1984). Las violas eléctricas de los viejitos Belew y Vai al frente de Beat son el imperio de la distorsión bien entendida.

A pesar de haberme comprado “B´Boom” (1995) y pasarlo hasta el hartazgo en casa, perderme ese recital histórico de octubre 1994 en el teatro Broadway por algún raro motivo, me pesó bastante: fue un repertorio bárbaro ejecutado con una de las mejores formaciones de King Crimson. ¿Quiénes habrán sido los privilegiados testigos porteños en los ensayos del boliche Prix D’Ami de Belgrano? Tuve revancha cuando 24 años después los Crimson pasaron de vuelta por Buenos Aires, ahora en el Luna Park (08/10/19). No quise escuchar “Radical action to unseat the hold of monkey mind”, para no ir con prejuicios. Vinieron con la misma formación septeto de este disco. Calculen la edad de sus músicos al momento de los hechos. Estos viejitos resultaron ser una aplanadora de música seria. Los tres terribles baterías cumplieron realmente un papel estelar (vino Jeremy Stacey en vez de Rieflin más  Pat Mastelotto y Gavin Harrison, quien sacó varios cuerpos de ventaja a sus amigos), con una sincronización endemoniada que oscilaba entre la complementación exquisita y el terremoto sonoro. Definitivamente, no trajeron sus parches y platillos para fabricar humo. Como dijo un cronista, King Crimson nos pasó por arriba a los espectadores extasiados, que apenas tuvimos la oportunidad de explotar y agradecer las tres horas del show que recorrió distintas etapas de la trayectoria de rey carmesí. Profesionalismo para la emoción.

**Mahavishnu Orchestra – “Apocalypse” (1974)

Este grupo, siempre liderado por el hoy longevo guitarrista inglés John McLaughlin (Doncaster-Inglaterra, 1942), era una versátil e inclasificable máquina musical que gustaba de tomar riesgos. Como King Crimson pero en otra dirección, música instrumental sin cantantes al frente ni baladas gancheras calmando las aguas. Rock  progresivo o jazz rock, música de fusión.  Impensable escuchar este sonido en un Lollapalooza de estos días: centenares de pibes caerían desmayados por la sorpresa o la repulsión.

Un McLaughlin jovencito venía de haber tocado nada menos que en la banda revolucionaria del trompetista Miles Davis en sus disruptivos discos “In a silent way” (1969) y “Bitches brew” (1970). Colaboró con el innovador Tony Williams Lifetime y otros famosos del mundo del jazz rock como Larry Coryell y hasta había coqueteado con el free-jazz. Armó luego la Mahavishnu con el tecladista checo Jan Hammer innovando con el teclado moog y los primeros sintetizadores, el panameño Billy Cobham en batería, Jerry Goodman en violín y Rick Laird en bajo.

No podía ser menos osado el arranque de la banda con “Inner mountain flame” (1971): las típicas escalas progresivas marca registrada de un McLaughlin desatado y la improvisación de sus músicos cuando para ese entonces sonaba en las radios el “Brown sugar” de los Rolling Stones. Un crítico definió este disco como la mejor grabación de jazz fusion de la historia, el primero que supo capturar la fuerza del hard rock y la improvisación espontánea del jazz.  

El debut de la Mahavishnu nos dejaría el groove de “You know, you know”, un clásico de McLaughlin, que siguió tocando en todos sus conciertos. Con la misma formación, en el siguiente LP “Birds of fire” (1973) muestran más los dientes. Unas campanadas marcan el demoledor comienzo del disco, que no da respiro. Más adelante “One word” es botón de muestra de esa avalancha musical donde Billy Cobham muestra sus credenciales a la posteridad. Solo algún remanso en la introducción de “Open country joy”.

“Apocalypse” (1974) es una especie de obra conceptual, tercer disco de estudio de la Mahavishnu de McLaughlin. Había reemplazado a la formación original, con la que había girado y sorprendido a medio mundo. Ahora reclutaba al violinista Jean Luc Ponty, Gayle Moran en voz y teclados, Michael Walden en batería, Ralphe Armstrong en bajo (hablaremos luego más sobre ellos). Con producción del afamado George Martin, sumó un pequeño grupo de cuerdas y la orquesta sinfónica de Londres dirigida por Michael Tilson Thomas. No figuraron de adorno: dejan en el disco pasajes memorables. Al tema “Vision of the beyond” le objetaron la estructura pero la voz de Gayle  Moran suena como quisiera me recibiera un ángel en el cielo. Los contrapuntos instrumentales en “Hymn to him”, donde brilla como nunca Ponty, alcanza esas alturas. Pongan este disco y déjense atrapar.   

**Mahavishnu Orchestra – “Visions of the emerald beyond” (1975)

Con la misma base grupal de “Apocalypse” pero ampliada y grabado en los estudios Electric Ladyland de Nueva York, este disco suena increíble, a nada parecido en su época. McLaughlin pega un giro, agregando una buena dósis de funk e hindostaní a la fusión. Hay que tener la cabeza muy abierta para crear esto. En “Lila’s dance”, el arranque melódico con el violín espectral de Jean Luc Ponty explota en un R&B terrible y la guitarra del maestro McLaughlin te arranca del asiento. Que puede agregarse en “Can´t stand your funk” y “Cosmic Strut”, tema de Walden, cuya batería logra la difícil tarea de hacernos olvidar a Cobham en todo el disco. 

McLaughlin mantuvo viva a la Mahavishnu hasta mediados de los ochenta, editando nueve discos en total bajo esa etiqueta, los últimos en franco declive. Pero entre medio de ellos sacó varios solistas realmente valiosos, enrolados en el jazz-rock o directamente jazzeros. También se asoció en un trío acústico célebre con los guitarristas Paco De Lucía y Al Di Meola (ver Cap. 2), para girar y grabar. Como si fuera poco su aporte, fusionó con conocimiento y respeto música occidental con hindú: con el ya mencionado grupo Shakti (ver Cap. 2) pergeñando tres discos, entre 1976 y 1977. McLaughlin siempre tuvo debilidad por los percusionistas hindúes y los continúa incorporando en sus agrupaciones, por ejemplo en su actual The 4th Dimension. Seguiremos comentando el resto de la carrera del monstruo de las escalas Juancito McLaughlin en el Capítulo 4-Jazz & Jazz Rock. 

*Jan Hammer – “First seven days” (1975)

Este tecladista checoslovaco (Praga-República Checa, 1948), empezó haciendo jazz en su tierra, cruzó el charco, estudió en el Berklee College of Music y se nacionalizó norteamericano. Seguramente será recordado por la mayoría como autor de los archipopulares temas de la serie de acción de TV “Miami Vice” (1984) y sus episodios, a puro teclado eléctrico efectista.

Pero eso vino después de su paso por la Mahavishnu Orchestra y de colaborar con muchos músicos del jazz rock (John Abercrombie, Al Di Meola, Elvin Jones, etc.).  Y también después de este disco solista instrumental iniciático que podría llevar la etiqueta de ambient o rock sinfónico.

“First seven days” (1975) es original por siete hermosas composiciones –que dicen estar inspiradas en el Génesis- con muchos pasajes intimistas.  Su instrumentación consiste en diversos teclados (mellotron, moog, sintetizadores), secuenciadores y sobregrabación de pistas, pero excluye guitarras y bajos. David Earle Johnson ayudó en percusión y Steven Kindler (el que estuvo en la  Mahavishnu) en violín. Siguen sonando interesantísimas “Darkness”, “Fourth day-Plants and trees” y “Seventh day”.

Después de este primer intento solista, el checo formó Jan Hammer Group, reclutando a Tony Smith, Fernando Sounders y  Steven Kindler. Fue interesante el disco “Oh, yeah?” (1976) donde replica el sonido Mahavishnu pero abriéndolo a más influencias con distinta suerte: vayan por el por curiosidad. Mencionamos antes la gira del grupo que sumó a Jeff Beck registrando el recomendado “Jeff Beck with The Jan Hammer Group Live” (1977). Pero con el siguiente invento, una banda llamada directamente “Hammer” (1978) renunció a toda evolución artística, apostando sin disimular a un pop-rock insulso. Jan Hammer siguió con muchos discos más de música para series de TV y películas. Como se me acabó mi fe, no los seguí en su totalidad y eso me impide opinar malévolamente.

Con este grupo Hammer estuvo en Buenos Aires en el estadio Obras Sanitarias en octubre/79 teniendo de telonero a Luis Alberto Spinetta, en la época de su intimista disco solista “Kamikaze”. En los bises de Hammer invitó a Spinetta al escenario y juntos hicieron el potente “Blue wind”, si mal no recuerdo. Hammer volvió al mismo estadio en junio/80 pero con el norteamericano Ritchie Havens de telonero. La banda sonaba bien pero su música no sorprendía. 

Para quienes gusten de la música new age o ambient, merece una escucha “Campanas tubulares” (1973) de Mike Oldfield (Reading-Inglaterra, 1953), un disco precursor que ahora suena un poco enmohecido. Instrumental, con mucha sobregrabación, pinceladas de folk británico y brisas rockeras propias de la época. En su momento fue un éxito novedoso cuando la moda eran las obras conceptuales al estilo de “Tommy” (1969) de The Who o su contemporánea “The lamb lies down on Broadway” de Genesis, pero la de Oldfield era menos ganchera por carecer de argumentos líricos para el impacto multimedia que tuvieron otras. ¿Cómo explicar entonces el impacto que tuvo sobre toda una generación ese vinilo pionero de Virgin Records? No tenía tracks ni letra, solo sus dos lados instrumentales enteritos sin cortes, pero vendió millones y ocupó el número uno en los charts rockeros de la época. Uno de los motivos fue la difusión indirecta que le dio el director de cine William Friedkin al insertar extractos de “Tubular bells” en su exitosa película “El exorcista” (1973): con ello, su música entró al mercado norteamericano.

*Jon Anderson & Vangelis – “Short stories” (1979)

Mencioné a Jon Anderson como el cantante insignia del grupo progresivo Yes, que recorrimos antes. Explotando su registro tenor y cálida voz tuvo una carrera solista que plasmó en una decena de discos pero durante una década hizo una dupla exitosa con el músico griego Vangelis Papathanassiu (Agria-Grecia, 1943-2022), editando cuatro LP. Conviene probar con el primero “Short stories” (1979), para saber si te gusta el estilo. Fue un exitazo radial la marchosa “I hear you now” y las intimistas “Love is” y “One more time” conmueven todavía.

También tuvo suceso comercial el siguiente “The friends of Mr. Cairo” (1981). No dejan pasar una joyita rescatable del tercer tema de la dupla “Private Collection” (1983) que sirve para identificarlos: es el tema “She is sailing”. 

Lo de Vangelis como solista merece un párrafo aparte. Fue uno de los precursores de la música electrónica y la llamada “new-age” o “ambient”. Fue tan “space-music” y popular que unos científicos, al descubrir un asteroide, lo bautizaron con su nombre. Vangelis fue un  niño mimado muy cotizado del mundo artístico durante años, autor de bandas sonoras  para cine, TV, teatro y ballet que quedaron en la historia. A modo de ejemplos, “L´Apocalypse des animauxs” (1973),  “Opera Sauvage” (1979), la serie “Cosmos” de Carl Sagan (1979)“Carrozas de fuego” (1981) y el legendario film Blade Runner” (1982). Trabajó con músicos de distintos estilos, como las cantantes líricas Irene Papas, Monserrat Caballé y Melina Mercouri. Imposible resumir su producción discográfica y su carrera aquí.

Montados en esta onda electrónica mencionemos grupos y solistas relacionados que se acercan al pop y coquetean o se sumergen en la música bolichera, alejándose del rock progresivo, la fusión y la experimentación.

Un solista explotando una onda new-age intimista fue el nipón Kitaró (Toyohashi-Japón, 1953), un oriental algo soporífero para escuchar con sahumerios. Mucho más agil, cercano a la new age y el ambient está el francés Jean Michel Jarre (Lyon-Francia, 1948), un caso curioso. Hijo del multipremiado compositor de bandas sonoras Maurice Jarre, Jean Michel se consagró con sus LP “Oxígeno” (1976) y “Equinoxe” (1978). Montó millonarias giras internacionales alrededor de su música, con perfomances plagadas de efectos tecnológicos espectaculares que acaso la minimizaron pero lo llevaron a la cima. Jarre fue precursor del video-mapping y de los teclados-láser, entre otros chiches.  Prolífico, multifacético y efectista. La levantó con pala.

Precursores de la música hecha con teclados y computadoras en onda ambient o space music pero todavía con algún toque experimental, fueron los alemanes Tangerine Dream, que surgieron en 1970 y siguen dando vueltas. Estos berlineses editaron discos al por mayor y fueron artistas de culto.

Cuando rastreamos vertientes electrónicas más ligadas a lo bailable, otra vez encontramos alemanes. Otra variante que nos va adentrando de a poquito en una época posterior al sinfonismo. Ahora se trata de sonidos hipnóticos, machacantes y repetitivos con melodías mínimas. Es insoslayable nombrar la denominada “música industrial germana”, que se adueñó del género electrónico y se superpuso a la movida new wave europea con su bagaje de baterías programadas, secuenciadores, teclados al por mayor. El número uno fue sin duda Kraftwerk, unos locos que empezaron en Dusseldorf, también por 1970, y sacaron una docena de discos hasta que bajaron la cortina en 2005. De ellos tenés que escuchar sus inoxidables éxitos “Das modell”, “Neonlicht”, “Der telefon-anruf”, “Trans-Europa Express 91” y “Expo 2000”. Todo esto se encuentra en “A singles collection 1974-2004”.

También hay que recordar a Propaganda, otros surgidos de Dusseldorf pero en los ochenta, navegando decididamente entre la new wave. Un cuarteto con voces femeninas al frente (Claudia Bruken y Suzzane Freitag) y más dósis de baladas pop que los Kraftwerk, haciéndolos menos duros. Etiquetados como synth pop, tecnopop y eurodance. Prendieron mucho en la Argentina. Su LP debut “Dream within a dream” (1982) tiene sustancia. Escuchen ahí la homónima, “Murder of  love”, “Duel”, “p:Machinery”, “Jewel”, “Sorry for laughing” y “The chase.  Busquen luego por ahí las melosas “Wound in my heart” o “Only word”, que en estas pampas fueron un exitazo, ya recostadas en una onda Roxette/ABBA.

El tercero en discordia es un grupo inglés, Art of Noise, más o menos contemporáneo de los otros, gente avant-garde de estudios de grabación (por ej. el cotizado productor Trevor Horn), muy gustosa de experimentar con cajas de ritmo, groove machacantes y sampleo. Lo que más se les conoce fue su famosa su versión de “Kiss”, el tema de Prince, cantado por el inmortal Tom Jones. Paradójico, porque no es lo más representativo de ellos.

*David Bowie – “The singles collection” (1993)

Bowie fue un artista multifacético reconocido internacionalmente que se mantuvo en la cima durante décadas. Hizo arte con su música, con su imagen y perfomances, con su producción discográfica, sus videos y puestas en escena.

La consigna de David Robert Jones (Londres-Inglaterra, 1947-2016), tal su verdadero nombre,  fue arriesgar y no repetirse, lo que explica esa vigencia. Desde la psicodelia, el pop y el rock se animó a saltar a la música de boliches y coqueteó con la tecno y el dark. En vez de repetir fórmulas, pasó muchas pruebas  con éxito. No por nada ligó uno de sus seudónimos artísticos: “el camaleón”.

Bowie tenía un bagaje cultural importante. Estudió diseño gráfico, mimo y arte dramático. Fue un auténtico performer, que amalgamaba lo estético y teatral con lo musical, sin poder evitar que a veces el circo rozara el patetismo.

Su disco iniciático homónimo de 1967 pasó de largo pero sonaba a psicodelia y Swinging London con arreglos de fliscornios y violines. Quizás escuchar los primeros discos de Bowie fuera de contexto minimice un poco lo jugado de su música. Así como en toda discografía hay siempre cosas que sobran. En su país lo  descubrieron con “Space oddity” (1969) que salió unos días antes que el hombre pisara la luna. Pero se convirtió en artista de culto cuando apareció de gira por Gran Bretaña con el primero de sus personajes o alter egos imaginarios estrafalarios: el Ziggy Stardust de la mano del disco “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars” (1972). Después iría agregando otros como Aladdine Sane o el duque blanco: alrededor de ellos giraban parte de sus canciones.

Durante su primera y exitosa etapa emparentada con el “glam-rock”, Bowie se fue tornando cada vez más freak, con gran producción en maquillajes y vestuarios de diseño con lentejuelas y tacones. Impuso modas. Se subió al mundo del jet set y las drogas. Primero se declaró gay pero apenas casado y con un pibe a cuestas se asumió  bisexual y se enroscó en juegos andróginos. Lo que se dice un auténtico reventado. El tema irresuelto de siempre: ¿se debe separar una obra magnífica de su autor morboso? (*)

Su música recién pudo entrar al mercado norteamericano con el tema “Fame”, que compuso con John Lennon para el disco “Young americans” (1975). Ganar popularidad ahí le requirió afincarse en Los Angeles-USA entre 1974 y 1977, vivencia que lo arrastró a una decadencia personal de perfil fascistoide y mesiánico: los efluvios de la cocaína y el ocultismo lo llevaron a autopercibirse como un nuevo Hitler alla “Pink”, el personaje de The Wall que hizo Bob Geldof. Ahí aplica su personaje del duque blanco. Tan deteriorado estaba Bowie en esa época que declaró no recordar haber grabado el LP “Station to station” (1976).

Con el fin de desintoxicarse y atraído por el sonido industrial/electrónico que explotaban grupos teutones como Kraftwerk, Tangerine Dream, Can o NEU! se instaló unos años en Berlin Oeste. Pero ahí estaría Iggy Pop: otro reventado! De la mano del productor Brian Eno, Bowie pega un volantazo rockero y pergeña lo que se conoce justamente como la “trilogía berlinesa”: los discos “Low” (1977), “Heroes” (1977) y “Lodger” (1979). Recluta a Carlos Alomar, Robert Fripp y Adrian Belew, sucesivamente. Miles de sus fans los consideraron el pico máximo de su carrera. 

“The singles collection” (1983) de EMI-Rykodisc es un CD doble recomendado con 37 tracks que abarca éxitos como “Space oddity”, “Ziggy Stardust”, “Changes”, “Rebel rebel”, “Fame”, “Ashes to ashes”, “Under pressure” junto a Queen, etc. Comprende 17 de los 25 discos que editara entre los años 1969 y 1993. Ah! También está “Heroes”, la canción sobre dos amantes anónimos que se besaban cerca del muro de Berlin, que primero pasó totalmente desapercibida pero se convirtió con tiempo en un himno generacional. Acá en el sur, conocida particularmente a partir de la versión en castellano de Fricción, el grupo argentino de Richard Coleman y Gustavo Cerati. La recopilación en cuestión incluye un poquito de “Bailemos” (1983) y de “Tonight” (1984), que siguen ahora. 

**David Bowie – “Bailemos” (1983)

Este fue el disco comercialmente más exitoso de Bowie. Haciéndole honor al nombre del disco, contiene temas que hacen mover las piedras: “Modern love”, “China girl”, “Let’s dance” y “Shake it”, que podrán sonar ochentosos pero tienen un swing inigualable. Steve Ray Vaughan en guitarras (nunca lo hubiera apostado) y Omar Hakim en batería fueron parte del staff. Se asociaría en la producción Nile Rodgers, ex guitarrista del grupo funk Chic de los 70, el del tema “Good times” . 



**David Bowie – “Tonight” (1984)

Otra gemita de Bowie. Lleno de sutilezas. Con la base de Carlos Alomar (guitarra), Carmine Rojas (bajo) y Omar Hakim (batería). Quirúrgicamente una sección de caños y cuerdas y contiene temas muy originales como “Loving the alien” y “Tumble and twirl”.

“Don´t look down” es uno de los mejores reggae ‘blancos’ que escuché en mi vida: pura elegancia. Para no quedarse corto mete otro reggae, el que da título al disco, cantado junto a  la gran Tina Turner y se le anima al cover de “God only know”, el clásico de los Beach Boys.

David Bowie se apartaba, eventualmente, de su modo freak y se volcaba a la actuación en serio. Salió triunfante en sus papeles protagónicos de “Furyo/Merry Christmas Mr. Laurence” (1983) de Nagisa Oshima, “El ansia” (1983) de Tony Scott y “Laberinto” (1986) de Jim Henson, el padre de los Muppets. También trabajó con los directores Martin Scorsese y David Lynch y actuó en teatros de Broadway, NYC.

*David Bowie – “Black tie, white noise”(1993)

Bowie saca el nada desdeñable “Never let me down” (1984), con los hits “Day-in, day-out”, “Time will crawl” y el del título, manteniendo la popularidad aunque no tanto las ventas. Luego, además de protagonizarla, edita junto a Trevor Jones la muy buena banda de sonido de la mencionada película “Laberinto” (1986), que merecerá un párrafo aparte en el Capítulo V de esta reseña.

Meterá otro volantazo, intentando durante varios años una aventura hard-rock con la loca banda paralela Tin Machine (1987-1992), sostenida con del guitarrista Reeves Gabrels. No movieron demasiado el amperímetro, aunque algunos los ameritan como precursores del grunge.

Bowie se arriesgará con un nuevo cambio de rumbo, un nuevo renacimiento, esta vez hacia senderos más sutiles con toques de house y acid jazz en el CD “Black tie, white noise” (1993), nuevamente producido por Nile Rodgers y con Mick Ronson en guitarra, quien fuera parte de su equipo durante años. Tiene un groove distinto a otros discos de Bowie, una energía diferente. Aporta un muy buen cover de “I feel free” de Cream, la hermosa “Don’t let me down & down”, la sugerente homónima  y la movediza “Jump, they say”, dedicada a su hermanastro esquizofrénico.

Pero esa onda también duró poco. ¿No les digo que cambiaba siempre?  Con “1. Outside” (1995) y nueva producción de Brian Eno, empieza otra mutación de Bowie, que se va poniendo otra vez tecno, pero muy denso y oscuro. Salvan las papas del disco “No control” y “Strangers when we meet”. En “Earthling” (1997) el lanzamiento del disco se apoyó con unos dramáticos videos. Mucho sampler y batería programada, drum & bass. Para hacer este disco muy jugado, decadente pero cuasi bolichero, Bowie reclutó otra vez a Reeves Gabrels para meter distorsión a lo loco.

De ahí en más, Bowie sacó cinco o seis CD más. Casi siempre con la base de Gaile Ann Dorsey (bajo), Tony Visconti (guitarra, teclados y producción), Sterling Campbell (batería) y algunos otros. Permiten rescatar gemas imperdibles. Resultan más clásicos, un poco más reconocibles de su tradición pero sin privarse nunca de rockear. “Hours…” (1999) tiene muchas baladas, matándonos al comenzar con el himno romántico “Thursday’s child” y rematándonos al final con “Dreamers”.

En 2000 armó el hermoso “Toy” rescatando/reciclando viejos temas sesentosos archivados pero EMI, de la discográfica de Virgin Records, nunca se lo editó por complicaciones financieras: recién lo haría la Warner en 2022 como “Toy:Box”. Algunos tracks del proyecto fueron incluídos  en el CD “Heathen” (2002), donde la cosa suena algo insípida hasta que irrumpen “I would be your slave” y “5:15 The angels have gone”. Lo continúa sin pena ni gloria el CD “Reality” (2003) pero levanta la puntería en “The next day” (2013) con “Where are you now?” y “I’d rather be high”.

Como seguro sabrán, Bowie falleció en Nueva York -ciudad que había adoptado  dos décadas atrás- en enero de 2016. Los años lo habían convertido en un gentleman coleccionista de arte y bon-vivant del Soho que educaba con esmero a su hija menor. Ocultó durante meses a los medios la dura enfermedad que lo estaba abatiendo. Su trabajo póstumo fue “Blackstar” (2016), una obra algo sombría que parece acorde al eclipse de su vida. En el disco nos deja su voz inolvidable y, a pesar de su título, entrega todo en su canción final “I can´t give everything away”.

Puede ser que, como dijo alguno, Bowie haya sido el artista del mundo musical al que mejor le calce la comparación maradoniana: “barrilete cósmico”.

 

Ya que abordamos a este baluarte solista del rock contemporáneo, hagamos lugar para mencionar a tres cantantes más. No figuran en mi seleccionado mayor pero merecen pegarles una escuchada porque en verdad fueron exitosos y bastante innovadores en su época.

Empecemos por Reginald Kenneth Dwight (a) Elton John (Middlesex-Inglaterra, 1947), el primer rockero inglés en  salir del placard, el frontman del peluquín perfecto y los anteojos extravagantes. Niño prodigio y empedernido del piano, empezó bárbaro en los años setenta con “Your song”, “Crocodile rock”, “Goodbye yellow brick road”, “Sorry seems to be the hardest word”, “Dont´t let the sun go down on me”, etc. apoyado en su partenaire artístico, el letrista Bernie Taupin.

Creador de baladas y rockitos inolvidables y cuasi inventor del estilo glam, con más de 30 discos editados, que vendieron unos 300 millones de copias. No me convenció para comprarle una pero me tapó la boca nuevamente con las hermosas “I guess that´s why they call it the blues” y “A word in spanish”.

El film biográfico “Rocketman” (2019) ilustra sobre la vida de Elton John arriba y detrás de los escenarios. Con un idioma cinematográfico parecido al de la película “The Wall” y gran despliegue de recursos, relata libremente la carrera de Reginald: la vida tortuosa de un famoso que a los tumbos supera sus infiernos pero tiene final feliz. Por si fuera poco, con el tema “(I’m gonna) love mi again” que insertó Elton John en ese film, ganaría un Oscar. Moraleja: tengas diez pesos o tengas millones, todos nos sentimos solos y pasamos por el inodoro.  Zafó por un pelito de integrar el “club de los 27” pero ahora es casi parte de la familia real.

La onda del neoyorquino William Martin “Billy” Joel (Bronx-NYC-USA, 1949) se apoya sobre todo en las baladas épicas, también enfatizadas en el piano, y matiza sus discos con rockitos machacantes aptos para el gran público.  Entre las primeras pueden mencionarse “Piano man” y “Honesty” . Por los segundos, “Movin out”, “Say goodby to Hollywood”, “My life”, “Allentown” y “Uptown girl”. Billy ya está grande pero con eso le bastó para ser uno de los cantantes más populares de las últimas décadas en Estados Unidos.

Tampoco he sido fan de Robert Palmer (Batley-Inglaterra, 1947-2003), un blondo inglés que hizo su carrera artística con una pata en Europa y otra en Norteamérica. Independientemente de su look marketinero de trajes finos y corbata -contrastante con los rockeros de su época- sus famosos videos con coreografías y modelos despampanantes, Palmer se dedicaba al pop y al soul blanco con fuertes toques tecno. Se codeó con los Duran-Duran, UB40 y otros new wave e hizo bailar a su generación. En “The very best” (1995) encontrarán las archiconocidas “Addicted to love”, “I didn´t mean to turn you on”,  “Simply irresistible”, “I´ll be your baby tonight” y su excelente versión de “Mercy, mercy me” de Marvin Gaye.

(*) La discusión es vieja. “¿Es legítimo proyectar sobre una obra los comportamientos censurables o las aberraciones ideológicas de un creador?” A través de los años hubo decenas de controversias, denuncias y excusas alrededor de artistas y creativos acusados de pederastas, pornógrafos, nazis, violadores o abusadores y drogones. En la memoria popular quedaron como casos testigo los del filósofo Martin Heidegger, los cineastas Roman Polanski y Woody Allen, más acá Michael Jackson o el escritor Peter Handkle. Sobre aquella discusión indaga la socióloga francesa Giséle Sapiro en su ensayo “¿Se puede separar la obra del autor? Censura, cancelación y derecho al error”. Capital Intelectual, 2022. Quizás no haga falta profundizar tanto y todo se reduzca a una cuestión de piel y moral de cada uno. No me importa sonar conservador ni demodeé: ¿pretenderías esas suertes para un hijo tuyo? 

*The Skatalites – “Guns of Navarone-The best of Skatalites” (2001)

Nos vamos a introducir en un mundo musical totalmente diferente: el de la new wave británica y todas sus conexiones. Olviden todo lo anterior.

Empecemos por el ska, ya verán luego su injerencia en el tema. El ska es la música y baile popular nacional jamaiquinos, originados unos años antes de su independencia de la esclavizadora Gran Bretaña, en 1962. Rastrear sus orígenes lleva a dedicar varias horas de lectura revisando diversas fuentes. Según los cronistas, el ska viene a ser una síntesis de influencias: del rhythm & blues, el boogie, el sonido de las grandes orquestas norteamericanas de jazz de la época y particularmente el sonido de New Orleans, el calipso de Trinidad y Tobago y vertientes de la música afro-cubana.

En los años cincuenta en Kingston, capital de Jamaica, había camionetas cargadas con equipos de sonido (sound-systems) que circulaban con vagos propalando vinilos para bailar, en busca de propinas. Discotecas móviles. Primero ‘pinchaban’ música norteamericana porque no tenían cosas propias, hasta que músicos nativos (Prince Buster, Sir Coxsone Dodd, Arthur ‘Duke’ Reid) pudieron grabar las primeras canciones sincréticas. En los arrabales como Trenchtown, los chicos más pesados, los punteros barriales o “rude boys”, manejaban el creativo negocio. Arriba de las furgonetas llevaban un “toaster”, especie de maestro de ceremonias que anticipaba de modo de rústico a los futuros raperos yankis, rimando frases sobre cosas de actualidad.

Si se detienen en aquellas influencias del ska, puede deducirse que las bandas asociadas al naciente género autóctono se conformaron con la base típica de batería-bajo-guitarra, al que se sumaban un piano e instrumentos de viento, primero que todo el trombón, luego saxo y trompeta. Al principio fueron  mayoritariamente instrumentales, sin vocalista.

El nombre cortito del género proviene de “ska-boom-ska-boom”, onomatopeya del sonido que reproducían esos sound-system. Aunque hay otras versiones del origen de la palabra “ska”, todas se relacionan con el beat o el sincopado de la guitarra (“chuking”), usuales en el estilo. Al baile relacionado lo llamaron “skank”.

Con los años, los DJ “toaster” grabarían sus ocurrencias anticipando al rap y el ska daría origen o evolucionaría al rock-steady (con un tempo más lento) y el dub (manipulación de pistas y adición de efectos electrónicos). Serían los predecesores del reggae que nació en 1968 con el single “Do the reggay” de la banda The Maytals, el último y quizás más pulcro eslabón de la cadena con el que colonizarían musicalmente el mundo varios años. Una proeza tercermundista digna de resaltar.

The Skatalites llegó a ser el grupo más destacado del género que nos ocupa. Estaba formado por músicos que se la rebuscaban en el circuito hotelero y en los primeros estudios de grabación. Fueron unos de los padres fundadores del ska. El título de este recopilatorio “Guns of Navarone-The best of Skatalites” (2001) viene asociado al tema clásico y homónimo que les pertenece, que se usó como soundtrack –con otro ritmo y gran orquestación- para una superproducción cinematográfica de la época -justamente llamada “Guns of Navarone”- protagonizada por las superestrellas Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn.

Los Skatalites duraron poco y ya se habían disuelto en 1965 pero cuando les llegó el reconocimiento internacional se rejuntaron en 1983 con una formación modificada para aprovechar la bolada. Continúan dando vueltas hasta hoy, habiendo incorporado el rocksteady y el reggae.

Don Drummond (Kingston-Jamaica, 1932-1969), su trombonista fundador y compositor principal, no llegó a viejo: se volvió loco y falleció en la cárcel para pasar a integrar el famoso Club de los 27. En distintos momentos, los Skatalites tuvieron  como vocalistas colaboradores a Desmond Dekker, Prince Buster, Jimmy Cliff, Bob Marley y Doreen Shaffer, entre otros. 

Cuando pasaron por Argentina, dejaron grabado su vivo “The Skatalites In Orbit en vivo en Buenos Aires vol. 1 y 2” (2005), en el Teatro Armenio del barrio de Palermo. La excelente banda argentina Dancing Mood capitaneada por el bohemio Hugo Lobo -que ya resaltamos en el Cap. I-Rock argentino-, reversionó con muy buen gusto los principales temas de Skatalites.

El conocido “My boy, Lollipop” que aquí en el sur versionaran añares después Viudas e Hijas de R&R, fue el primer ska -fácil y ganchero- que triunfó en USA en 1963. El productor musical Chris Blackwell (Westminter-Inglaterra, 1937), criado en tierras jamaiquinas y luego fundador de la famosa discográfica Island Records, tuvo en los años sesenta gran ingerencia en la exportación de la música de la isla caribeña a Inglaterra. Aquí había una gran colonia de inmigrantes antillanos (muchos rude boys mezclados entre los ya citados mods londinenses fanas de The Who y The Kinks) y eso facilitó la aceptación de músicos jamaiquinos que cruzaron el charco. El cantante Desmond Dekker (Kingston-Jamaica, 1941-2006) fue una de las cabezas de playa artísticas del ska entre los flemáticos con su hit “Israelites”. Hizo lo suyo también Lee ‘Scracht’ Perry (Kendal-Jamaica, 1936-2021), hábil productor de los Wailers.

A fines de los setenta, el sello discográfico inglés “2-Tone” difundió y puso más de moda el ska entre blancos e inmigrantes. Su nombre no solo aludía a los dos tonos de la música; también se relacionaba a la estética con el blanco y negro a cuadritos que identificaba a la tribu en zapatos, ropa y apliques, una vuelta de tuerca mod. Fueron baluartes de esa onda los grupos The Specials, Madness y The Selecter, sobre los que volveremos. En Argentina, y luego en Sudamérica, los Fabulosos Cadillacs también fueron exitosos alumnos -más bien copiones- del género ska y esas bandas. Claro que varios escalones debajo de los geniales Dancing Mood. 

**Bob Marley – “Legend. The best of Bob Marley & The Wailers” (1984)

Insuperable maestro del reggae fue el mulato Robert Nesta Marley Booker (Nine Mille-Jamaica, 1945-1981), hijo de una mujer negra y un capitán inglés tránsfuga. Un cronista sintetizó su derrotero como “la primera estrella global surgida de un ghetto poscolonial” (A.k.a. tercer mundo). Slogan intrincado pero verídico. Cae perfecto decir que es el Gardel del reggae porque, realmente, cada día canta mejor y nunca fue superado en lo suyo.

Es interesante chusmear la biografía aventurera de Marley. Su vida privada no fue moderada, estuvo salpicada de altibajos sentimentales y algunos abusos pero también de solidaridad. Usó su popularidad para coquetear con la política en su país y si bien buscó la conciliación, le costó varios atentados y sustos. Sus grabaciones fueron  objeto de tironeos comerciales entre productores. Tuvo que crear su propio sello, Tuff Gong, para protegerlas. Y las disputas por la herencia de Marley fueron otra historia en si misma: tuvo 10 hijos reconocidos y 2 adoptados. Una manera de abordar a Bob Marley es recurrir al libro “Tanto que contar: historia oral de Bob Marley” (2019) de Roger Steffens, que entrevistó en su momento a 74 colaboradores, músicos y allegados al cantante. Otra es la biografía escrita por su esposa cubana Alpharita Constantia Anderson ‘Rita’ Marley (“No woman, no cry” de 2004), que trata bastante descarnadamente a su ex.

En lo estrictamente musical, al escuchar sucesivamente los discos de Marley se percibe una cierta inmadurez en los primeros y un claro afianzamiento de su sonido a medida que pasan los años. Los más puristas prefieren aquella etapa “vernácula” o más clásica por su autenticidad, grabada con medios rudimentarios locales. Otros, en cambio, las obras que le siguieron apoyando su globalización, dentro de la movida rock inglesa.  

Pero, ¿de dónde salió el reggae? El crítico Alan Di Perna ilustra bien al respecto. Los jóvenes jamaquinos se copaban en los tempranos sesenta con el rythm & blues de New Orleans y Miami (Fats Domino, Huey Smith, Professor Longhair) y el sonido Motown (Drifters, Plateros, Miracles y Temptations) escuchando emisiones norteamericanas con sus radios portátiles a pila. Le agregaron su bagaje mestizo-creole y surgió el ska: acordes “up-beats” sobre líneas de “walking bass” (googleen, señores). Bob Marley mismo grabó su primer single solista en 1963 con el ska “Judge not” y fue otro ska lo primero que hizo con The Wailers: “Simmer down”.

Se venía produciendo en Jamaica la comentada movida musical  de los “sound system” con el “toasting” (hablar payando/improvisando con un micrófono sobre una pista grabada, claro antecesor del rapeo norteamericano de los setenta). De a poco el género adquirió ritmos más lentos y mutó al llamado “rock-steady”, más apto para bailar que el ska. Surgió también el “dub”: reversionar un single desde las consolas con sus bases instrumentales pero sin incluir las voces.

Una ralentada más con ritmo hipnótico y apareció el reggae, en ritmo de 4x4. Guitarras “muted” (sonido apagado, asordinado con la palma de la mano), con “one drop” (espacio en el primer pulso de cada compás que produce ese suspenso atrapante y gozoso tan difícil de explicar del reggae) y el bajo -como figura principal pero sin hacer solos- que repite dos compases entre silencios para mantenernos en trance.

Luego, a esta música se le sumó una oleada mística derivada de las creencias del rastafarismo: una religión o filosofía difundida desde los años 30 por el controvertido ideólogo, predicador y empresario jamaiquino-británico Marcus Garvey (Saint Ann’s Bay-Jamaica, 1887-1940), promotor del panafricanismo y la negritud, un ñato con facetas racistas y fascistas. Como prometía la llegada de un mesías negro, sus seguidores terminaron curiosamente adorando al dictador de Etiopía Haile Selassie I como un nuevo Cristo.  Su nombre real era Ta Fari Makonnen, el “ras” o jefe: de ahí “rastafari”. Sus seguidores repudiaban a “Babylon”, la sociedad moderna occidental, corrupta y tecnológica. Vegetarianismo, ganja=cannabis sativa pero no cocaína ni alcohol. Detalles externos de sus adeptos, sus dread-locks y gorras tams para cubrirlos esos rizos, austeridad. A todo esto Selassie, que no entendía nada, un día se decidió, cruzó el charco y visitó Jamaica en 1966: lo recibieron con honores unas 100 mil personas. Marley abrazó esas creencias y las difundió junto a su música pero pragmáticamente, sin descuidar su carrera artística.

Esta maravilla de compilación “Legend” (1984) de Island Records es un solo LP de 14 tracks sin desperdicios. No en vano ha sido el disco de reggae más vendido de la historia: más de 30 millones de copias. Aunque solo cubre piezas de Marley globalizadas entre 1973 y 1981,  almacena clásicos reggae como “Is this love”, “Could you be loved?”, “One love”, “I shot the sheriff” y las enormes “Redention song” y “No woman no cry”. Ediciones más modernas lo convirtieron en un disco doble que incluye 29 temas.

Existe otra recopilación muy difundida de Islands Records y Bob Marley Fundation, que consta de 4 CD, llamada “Songs of Freedom. From Judge not to Redemption Song” (1992), atractiva y equilibrada por lo abarcativa. Permite acompañar la evolución de Marley desde aquel iniciático ska -esa etapa jamaiquina que valoran los puristas- hasta su caprichoso final.


*Bob Marley & The Wailers  – “Survival” (1979)

El reggae ya había entrado a Estados Unidos de la mano de Desmond Dekker y de James Chambers (a) Jimmy Cliff (Saint James-Jamaica, 1944). La banda The Wailers, integrada básicamente con Peter “Tosh” McIntosh, Neville Livingston (a) Bunny Wailer y Bob Marley, tuvo su primer éxito internacional en el imperio con el quinto disco editado-el primero con Island Records, “Catch a fire” (1973), donde sobresale el tema “Stir it up”. Marley aparecía en la tapa del disco fumando un porro gigantesco pero todavía el disco era de The Wailers: cuando su figura como líder vocalista creció el disco fue reeditado como “Bob Marley & The Wailers”. Al poco tiempo Tosh y Wailer se abrieron de la banda para seguir como solistas. Para las armonías vocales contaban con las I-Threes: Rita Marley, Judy Mowatt y Marcia Griffiths.

La globalización del reggae vino de la mano de Eric Clapton cuando se difundió su cover de “I shot the sheriff” en 1974 y con el ascenso del black power en el mundo. De ahí en adelante, el género sería abordado desde los punk The Clash a los new wave Elvis Costello, Joe Jackson, Pretenders, The Police y miles de artistas más.

Rescato este LP “Survival” (1979) porque me parece homogéneo y contiene “Some much trouble in the world” y “Zimbabwe”, que es uno de mis dos reggaes de cabecera. 

*Bob Marley & The Wailers  – “Uprising” (1980)

Aquí también hay temas infalibles como “Coming in from the cold”, “Zion train”, “Forever loving Jah” y mi otro reggae infaltable, “Piper’s paradise”.

Bob Marley falleció a sus 36 años. Jugando al fútbol, una de sus debilidades, se lastimó el dedo de un pie y eso derivó en un melanoma que lo terminó derribando al tiempo. Lo enterraron en su barrio natal con unos brotes de cannabis, su vieja guitarra Gibson, una biblia rasta y una pelota.

*Ziggy Marley – “The best of Ziggy Marley & The Melody Makers 1988-1993” (1983)

La herencia del reggae continuó durante los años ochenta en Gran Bretaña muy bien representada por la banda blanca inglesa UB40 (ver adelante) y Steel Pulse y en su tierra de origen con Black Uhuru, Third World y múltiples solistas como Bunny Wailer o Burning Spear. Otro fue Ziggy, el hijo mayor de Bob y Rita, nacido el 17 de octubre de 1968.

Más allá de cargar con el peso de ser el vástago del mayor exponente internacional de la música reggae, este ya no tan chico se la bancó con dignidad.  El marketing le permitió tocar sin mucho trámite con famosos como Sting, Keith Richards, Tina Weimouth de Talking Heads, Lauryn Hill, etc. Son atractivos su voz y los coros femeninos que utiliza, que remiten a papá Bob y a las famosas I Three, y un cierto aggiornamiento del género, que lo respeta sin maltratarlo.

Su disco más famoso fue “Conscious party” (1988) con los éxitos “Tomorrow people”, “Tumblin’ down” y “New love”, que están también en la compilación de arriba, sumando también los buenos tracks “Brothers & sisters” y “Look whos’s dancing”.

**The Specials – “Specials”  (1979)

Después del imperio del hard rock y el rock sinfónico durante más de diez años, irrumpiría el punk “pateando calefones” (lo abordaremos ahora no más con los Sex Pistols) pero su dominio se apagaría rápidamente. Transversalmente, los inmigrantes antillanos en Brixton y otros suburbios de Londres se mezclaban con las tribus mods mirando de reojo a punks y skinheads. Musicalmente resultaría el mejunje denominado “new wave”: la evolución del punk suavizándolo con pop, ska y reggae. Una etapa deliciosa de la música inglesa que no pueden dejar pasar. Visitaremos a muchos representantes de esa ola.

The Specials fueron los grandes  difusores del ska en Europa. Eran de Coventry-Inglaterra y empezaron llamándose AKA Special. Versionaron y reflotaron el género jamaiquino con una base de bajo y batería, guitarra eléctrica estilo “upstroke”, piano de salón, órgano Hammond y una sección de vientos sobria pero sólida. Su estilo se terminaría difundiendo por todo el mundo, sino pregunten acá en el sur a Vicentico y Los Fabulosos Cadillacs, Pericos, etc. etc. Nunca fue muy popular en EE.UU., como si el gran público no lo hubiera entendido.

Los símbolos externos particulares de la movida ska en Inglaterra eran los sombreritos “pork pie hat”, anteojos de sol negros, tiras o apliques “a cuadritos” blancos y negros,  pantalones tipo chupín al tobillo, ropa barata, calcetines blancos y zapatos “creepers”. Como ven, todo B&N.

Este recomendado disco debut de The Specials fue producido por el gran Declan Patrick MacManus (a) Elvis Costello, al que abordaremos más adelante.  Incluye su primer éxito “Gangsters”, “A message to you Rudy”, “Monkey man” (de Toots & The Maytals) y “You´re wondering now”. Para mi gusto, les faltará “Rat race”, “Free Nelson Mandela” y “Ghost town” (un himno que refería al desempleo y los estragos económicos de la dama de hierro Margaret Tatcher) y su buena versión de la antes mencionada “Guns of Navarone”.  Pueden recurrir a “The best of The Specials” (2008) para un panorama más amplio.

Fueron los mismos Specials que en 1979 crean el sello independiente 2-Tone (“dos tonos” o también “segunda ola”) con el apoyo de Chrysalis Records. Ese sello y su denominación le dio identidad a la movida -ideológicamente antirracista y libertaria en oposición a los skinheads-  que albergó a grupos icónicos como The Beat (o English Beat), Madness y The Selecter, entre otros, generalmente bandas mixtas de locales blancos con algunos integrantes inmigrantes o hijos de inmigrantes, morenos. The Specials como 2-Tone duraron pocos años, pero artísticamente dejaron huellas.

Sobre los Madness, otro grupo interesante de ska inglés de la misma casa, hizo una variante autodenominada “nutty sound”, una mixtura distinta. Empezaron en 1979 con el single “Prince”, un homenaje al músico jamaiquino Prince Buster y su primer disco fue “One step beyond” (1979), un título de ese mismo autor. Fueron muy populares en Gran Bretaña pero en América del Norte. Dejaron gratificantes composiciones: “Our house”, “It must be love” y “Yesterday’s men”. Vayan por ellos en “Our house-Best of Madness” (2002) o “Full house-The very best of Madness” (2017).

Hay más habitantes del universo 2-Tone de visita obligatoria. Primero el grupo The Beat, creado por  los ingleses Ranking Roger y Dave Wakeling en  Birmingham para hacer música muy de la época antiTatcher-new wave, mezclando reggae, ska, dub y pop. En USA los vendieron como “The English Beat” para evitar confusiones. Sacaron tres discos muy parejos: “I just can´t stop it” (1980), “Wha’ppen” (1981) y “Special Beat service” (1982). “What is beat?” (1983) es una recopilación que mantiene su espíritu y junta sus éxitos más difundidos: “I confess”, “I can’t get used to losing you”, “Tears of a clown” (un cover del soulero negro Smokey Robinson) y “Mirror in the bathroom”. Para mi gusto, le falta un temazo: “End of the party”, del tercer CD. Tarea para el hogar: buscarlo.

Al disolverse The Beat, los mismos Roger y Wakeling formaron la banda General Public, casi una continuidad, la misma sonoridad, las mismas interesantes voces y yeites, quizás más dósis de pop. Convocaron inicialmente a Mick Jones, ex The Clash, y también duraron tres discos. Otra vez recomiendo una recopilación de 1984  (“General Public-Classic master”) porque ninguno de ellos se destaca sobre  de los otros. Contiene “I’ll take you there”, “Tenderness” y “Never you done that”. Como nunca nada ni nadie es perfecto, dejaron afuera “Cosmic song-Dishwasher” y “As a matter of fact”. Otros dos ex integrantes de The Beat, Andy Cox y David Steele, formarían el grupo Fine Young Cannibals, que tuvieron el hit “You drive my crazy”, de 1989. 

*UB 40 – “Labour of love” (1983)

Este combo multirracial de amigotes de barrio fueron la frutilla del postre de la new wave made in Gran Bretaña. Palabras mayores. Se juntaron en 1978 e hicieron blanco al reggae, le metieron dub y pop, lo envolvieron con una estupenda sección de bronces y lo largaron al mundo. Los líderes del grupo fueron el rubio Alistair ‘Ali’ Campbell (1959),  la cálida voz que identificó (casi) siempre a la banda, su hermano Robin (1954) y el morocho Terence Oswald ‘Astro’  Williams (1957-2021), que se destacaba como “toaster”. Todos de Birmingham, Inglaterra.

El nombre del grupo lo sacaron del formulario que tenían que llenar para cobrar un subsidio por desempleo (“Unemployment Benefit attendance Form. 40”). Una reproducción del formulario ilustró la tapa de su primer disco, “Signing off” (1980).

“Labour of love” (1983) fue el tercero de la banda, el que los catapultó a la fama mundial. Recurrieron al viejo truco de hacer covers de clásicos que habían musicalizado su propia la infancia. Lo vendieron por millones con su tema de difusión, el “Red red wine” de Neil Diamond y “Keep on mooving” de Curtis Mayfield. ¿Quién no los bailó o tarareó en su momento?  Persistieron fuerte en la veta llegando a sacar  “Labour of love” II, III y IV usando el mismo método. Todo ganancia.  

**UB 40 – “UB40” (1988)

No tengo una certeza absoluta pero podría afirmar que los UB40 han sido el grupo de reggae más popular del mundo. Tienen un montón de discos interesantes para seguir disfrutándolos. Por ejemplo,  “Present arms” (1981) y su remixado “Present arms in Dub” (1981), un genial muestrario de este estilo específico. Están también “Geffery Morgan” (1984) y “Rat in the kitchen” (1986) con el himno “Sing our own song”. Pero cuando repaso el octavo de su extensa discografía “UB 40” (1988) me parece mejor todavía, track por track. Un poco después, sacan el nada desdeñable “Promises and lies” (1993).

En “The best of UB40 volumen 1 y 2”(2005) encontrarán sus éxitos de un saque, incluídos los cover de “I got you babe” (1985) y “Breakfast in bed” (1988) con la voz de Chrissie Hynde de The Pretenders, que fue la gran promotora del grupo en sus comienzos y se asoció con ellos en estos recontra-conocidos singles.

También es muy agradable su proyecto “UB40 present the Father of reggae” (2002) donde, a modo de homenaje a sus héroes musicales, la banda grabó una especie de grandes éxitos suyos con leyendas del reggae mundial, como  Gregory Isaacs, Toots Hibbert y Freddie McGregor, relegando Ali Campbell el micrófono.

Escucho a los UB40 y no puedo abandonarlos. Nada falta, nada sobra: bases perfectas, bronces con arreglos sobrios y delicados, algún efecto dub para decorar con elegancia y la suave voz de Ali Campbell. Son adictivos!

Una nota curiosa es que, habiendo vendido más de 70 millones de discos, hace unos años quebraron la discográfica propia que habían creado. ¿Habrán pedido de nuevo el subsidio? Los UB40 siguieron dando vuelta -con idas y venidas, deserciones, peleas e impugnaciones legales de integrantes originales incluyendo entre los hermanos Robin y Ali- habiendo pasado varias veces por Buenos Aires. 

**Sex Pistols – “Never mind the bollocks here’s the Sex Pistols” (1977)

Ahora si, nos metemos con el punk. Es importante que se ubiquen temporalmente entre los años 1975 a 1980 para insertar el fenómeno contracultural del punk inglés entre las otras expresiones musicales que vinimos repasando, con algunas de las cuales convivió. 

Deben visualizar que, en solo diez años, la música moderna sajona se paseó por el rock psicodélico, el hard rock y el rock sinfónico y progresivo y empezaba a absorber las influencias de la música jamaiquina de los inmigrantes suburbanos. El punk en Londres irrumpiría dislocando todo pero reinaría por pocos años porque, como pregonaba su slogan “no future”, no tenía destino ni filosófico ni artístico. 

Musicalmente consistía en temas rockeros cortitos de pocas notas y riffs poderosos tocados a mil por hora por artistas-casi lumpen de formación dudosa, cantados desprolijamente con letras y actitud lo más provocadoras posible. En términos de evolución en la música popular, un retroceso.

Sex Pistols  fue el grupo más importante de la historia del punk. Sus integrantes apenas llegaron a estar juntos tres años. John Joseph Lydon (Londres-Inglaterra, 1956) era un pibe de Finsbury Park que acostumbraba escupir a los que lo molestaban en la calle. Cuando lo corrían se refugiaba en la boutique Let-it-rock de la King's Road (luego rebautizada Sex), manejada por Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, pioneros en vender ropa hipercasual-trash, que adoptaría inmediatamente la tribu. Lydon tenía un grupo llamado The Swankers (los masturbadores) junto a Paul Cook, Glen Matlock, Steve Jones y un tal Wally, algunos pungas en la vida real. Lydon andaba con remeras de promoción de bandas sinfónicas, quemaba los ojos de Roger Waters con un cigarrillo y pintaba “I hate” (yo odio) sobre el logo de Pink Floyd. Una declaración de principios: los punkies solo bancaban a The Who, Small Faces, Bowie y poco más. En la tienda empezaron a vender remeras agujereadas por ocho libras.      

Malcolm McLaren (*) agarra al grupo como manager, le cambia el nombre por Sex Pistols y les compra instrumentos. Lo pone a cantar a Lydon porque advierte que odiaba lo que cantaba y así le salía original y le sugiere el apodo "Johnny Rotten", inspirado en sus dientes descuidados. Les inventa una impronta de chicos malos con un marketing alrededor de sus  presentaciones obscenas y violentas en los boliches en los que actúan. Imagínense a Lydon vociferando al micrófono: “Soy el anticristo, soy un anarquista, no se lo que quiero pero se como conseguirlo. Quiero destruirlo todo! Es todo una mierda” y proclamando el “no future”. Rebeldía mucho más  acorde a la oscura época del gobierno de la dama de hierro Margaret Tatcher, que las letras sobre caballeros medievales de los grupos sinfónicos, para una juventud inglesa que no le interesaba al sistema.

Era tal el quilombo que armó la movida de la banda que las autoridades prohibieron actuar y difundir por radio y TV a los Sex Pistols y cuando intentaron tocar en el lanchón Queen Elizabeth sobre el Támesis (porque eso no era ‘suelo’ inglés) les pegaron para que tengan: todos a la sombra. Venían con McLaren de publicar el single “God save the Queen” y de vender miles de remeras con la imagen de la reina Isabel y su sonrisa atravesada por un alfiler de gancho. Fueron repudiados por el establishment y gran parte de la opinión pública horrorizada. "Dios salve a la reina, ella no es humana/el régimen fascista los hará idiotas, potenciales bombas H".

El título de “Never mind the bollocks, here’s the Sex Pistols” de 1977 podría traducirse como “A pesar de los boludos aquí están los Sex Pistols”. De hecho, fue el único LP que llegó a grabar la banda como tal en su corta vida artística. Es un disco emblema del punk y muchos lo consideran uno de los mejores de la historia. Realmente sigue sonando muy bien para quien tenga en sus venas algo de R&R. Contiene los éxitos “God save the Queen” y “Anarchy in the U.K.” (**).  Primero el sello EMI y luego A&M Records rompieron sus contratos con los Pistols, negándose a editarles el disco dada su mala prensa. Por eso debieron pagarle al grupo miles de libras esterlinas de indemnización. Pasado un tiempo, el sello Virgin se animó finalmente  a distribuirlo y la pegó vendiendo millones de copias. 

Los Sex Pistols y los punk tuvieron que bancarse una verdadera persecución cultural y legal en Inglaterra, que no entendía semejante movida iconoclasta surgida de jóvenes desocupados. La prensa los condenaba y la policía les daba palos por la cabeza. Eran los chicos con crestas pelíferas de colores, desaliño total, ropa rotosa y borceguíes.

Para retratar la época es recomendable el relato de nuestro periodista Juan Carlos Kreimer  en “Punk, la muerte joven” (Distal, 1993), que estuvo en el lugar justo y el momento justo de la movida punk. Esta palabrita puede traducirse como una especie de insulto por ‘verde’, inútil o tonto pero también puede usarse de modo cariñoso, como cuando nosotros decimos “boludo”.

Había muchas bandas del palo dando vueltas, como The Damnned, The Buzzcocks o Sham 69, las principales. Pero el punk como género musical era muy limitado y demasiado duro para el gusto medio. Resultó una ruta cortita y sin salida y el tiempo fue su mayor antídoto. La cosa fue deglutida rápidamente por la “new wave”, una colectora del pop-rock nada odiosa y mucho más agradable, que heredó sin esforzarse la corona del punk manoteada al rock progresivo. Nada menos que con The Police a la vanguardia y todos los demás atrás.

(*) ese personaje, que merece un film biográfico como Dios manda, se llamaba Malcolm Robert Andrew McLaren (Stoke Newington-Londres-Inglaterra, 1946-2010). Fue etiquetado como “padrino del punk” pero nunca fue punk. En realidad fue un empresario multifacético, representante de bandas, situacionista, curador y buscavidas. Un agitador cultural a lo Andy Warhol pero flemático. Sabía mucho de arte y lo del local de modas fue su primer expresión artística diseñando ropa: vistió a la generación punk y, de paso, fue el ideólogo de los Pistols, con quienes terminaría peleado mal. Ni lerdo ni perezoso craneó el falso documental “The great rock&roll swindle” (Julien Temple, 1980) para contar su versión de la historia que estaba escribiendo en esa época. El tipo decía: “La idea visual de la música es tan importante como el sonido mismo. Con los Sex Pistols vendimos la imagen, la idea visual de esa música”. McLaren quiso ser intendente de Londres para cambiarlo todo, pero no pudo. No se privó antes de editar varios discos propios, experimentando con música de ópera, electrónica, el scratching y el hip hop y pirateando ritmos de la world music. ¿Un mercachifle? Se considera que con su disco “Paris” (1994), grabado con la voz de las actrices Catherine Deneuve y Francoise Hardy e inspirado en la música del moderno Eric Satie, inventó el género lounge. Algunas cosas le salieron extraordinarias y fueron sutiles inspiraciones para varias modas posteriores. Busquen y escuchen su incomparable “Lauretta (o mio bambino caro)”, escuchen “Legba”, escuchen “Buffalo Girls”.

(**) Apenas participó del LP quien fuera el último bajista de la banda, el renombrado “Sid Vicious”, un alias que significa ‘cruel’ y no ‘vicioso’, como muchos creíamos. Se ocuparon del bajo en los distintos tracks Glen Matlock o el guitarrista Steve Jones. El que cargaba aquel nombre artístico se llamaba en realidad Simon John Ritchie (Lewishman, Londres-Inglaterra, 1957-1979): un chico manipulable que prácticamente no sabía tocar instrumentos, más conocido por sus desmanes, al que alguno reconoció como inventor del pogo (incomprobable). Una discográfica quiso incluso relanzarlo como solista y fue un fracaso total. “Nancy (Spungen) está muerta. ¿Me puedo quedar la habitación?” le dijo al conserje del Chelsea Hotel con su novia aún tirada en el piso, antes que llamaran a la policía. Solo unas semanas después, Sid tuvo su propio final con una sobredósis a los 21 años. Habiendo pasado el tiempo, al fin y al cabo y comparando actitudes, ¿no fue el más punk de todos los punks y el menos hipócrita? Vean si es posible la película "Sid & Nancy" (Alen Cox, 1986), con Gary Oldman y Chloe Webb, y disfruten de paso de la excelente banda de sonido punk curada por Joe Strummer (The Clash). 

*Public Image Limited/PIL – “Album” (1986)

Hay que detenerse y prestar especial atención a la continuidad artística de Rotten/Lydon después de pegar el portazo y sepultar a los Pistols. Se puso al frente del grupo Public Image Limited (PIL). Continuó con un sonido minimalista y visceral (desde las tripas), conservando la urgencia y la bronca del punk pero con más recursos, buenas estructuras y riffs. Y la voz de Lydon: te guste mas o te guste menos, nadie cantó R&R como Lydon. Los primeros discos de PIL son experimentales, casi de garage, con aciertos y también superficialidades. Muchos  destacan su quinto LP “Album” (1986), decididamente volcado al hard-rock, como el mejor de todos. Si te llevabas el vinilo decía “Album” en la tapa, pero según el formato que compraras se titulaba “Cassette” o “Compact Disc”. Grabado en los estudios Electric Ladyland y Power Station de Nueva York -en pleno cambio de integrantes en la banda-, pasaron por ahí para ayudar al freak Lydon un seleccionado ecléctico de artistas: Ginger Baker, Steve Vai, Tony Williams, Ryuichi Sakamoto, Bernard Fowler (músico de los Stones) y hasta Miles Davis, gente que mencionamos o mencionaremos en otros rincones de esta Guía. 

Dentro de la discografía de PIL, otros prefieren al siguiente: “Happy?” (1987). Los PIL tienen también la recopilación temprana “The greatest hits, so far” (1990), que cubre más o menos la mitad de sus producciones. Suenan ahí  sus temas “Rise”, “Home” y “Seattle”. Sirve para saber como suenan pero quedan afuera  “F.F.F.” “Happy”, “Fishing” y otras muchas joyitas de la banda.

Está dando vueltas el documental  “The Public Image is Rotten” (Tabbert Fiiller, 2017), sobre las andanzas de este grupo que ya cumplió 40 años. No pude leerlas pero deben estar interesantes también las memorias del ya sesentón John Lydon: “La ira es energía” (Edit. Malpaso-2016). De grande, el tipo conserva atisbos de rebeldía. Así como le pareció gentil recaudar unas libras para su manutención con un spot publicitario de manteca, se negó rotundamente a lucrar con un revival de Sex Pistols.  

*The Clash – “London calling” (1979)

Otra vertiente punk inglesa famosa fue el grupo The Clash: más melodiosos y versátiles que los Pistols, dejaron éxitos como “London calling”, “Magnificent seven”, “Should I Stay or Should I go” y “Rock the Casbah”.

El líder fue Joe Strummer (Ankara-Turquía, 1952-2002). Traían letras más politizadas que alzaban la cabeza sobre el nihilismo de la época y convocaban a una rebelión más drástica con posturas antimonárquicas y antiimperialistas, atrayendo más a estudiantes que a chicos punk-promedio. Musicalmente agregaron grandes cucharadas de power-pop, rockabilly, reggae, ska y dub al monocorde estilo punk.

La Rolling Stone americana consideró a  este LP doble “London calling” (1979) el disco de la década. Subjetivo, claro. Fue el tercero de los seis que grabaron en su corta carrera entre 1976 y 1985. Es una pila de canciones poco pretenciosas, casi de garage también, nada épico a lo beatle. En el disco asoman sobre el resto el track homónimo, “Revolution rock” y “Train in vain”. Para una visión más abarcadora de la banda que incluya el resto de los hits que les indicara antes, el recopilatorio doble “The essential Clash” (2003): tiene 40 tracks.

Una extensión que aggiornó el espíritu de The Clash con un poco de efectos tecno, fue el grupo BAD (Big Audio Dynamite) que formó en los ochenta su ex guitarrista Mick Jones (Wandworsth, Londres-Inglaterra, 1955). Escuchar “Planet BAD Greatest hits” (1995) para conocer cual era su sonido.

Pero, attenti al ladri! ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Quién inventó el punk? ¿Puede discutirse el epicentro geográfico del punk? Hay quienes dicen que no nació en Londres, sino al otro lado del charco. ¿New York? ¿O Detroit?

*Iggy Pop – “Brick by brick” (1990)  

Merecen una orden al mérito del reinado punk dos bandas norteamericanas originadas en Detroit-Michigan-USA. El grupo MC5 ya estaba dando vueltas desde 1965 y The Stooges editó su primer disco en 1969. Eran rock de garage y salvaje en medio del paz y amor hipón de Woodstock. Pocos repararon en sus producciones y las discográficas les rescindían contratos. Después serían reconocidos como bandas de culto por algunas tribus. Los Ramones y New York Dolls -que tuvieron mucho que ver en la siguiente horneada- los sindicaron como influencias fundamentales del punk.

El estrafalario James Newell Osterberg Jr. (a) la iguana o Iggy Pop (Michigan-USA, 1947) lideraba The Stooges. El grupo pudo abrirse camino y llegó a la escena de Chicago, pero no mucho más.  Primero sacaron “The Stooges” (1969) con el himno punk “I wanna be your dog” y, poco después, “Fun house” (1970).

Iggy Pop confesó alguna vez que se ideó un personaje sexy y violento para llamar la atención cuando fue a los boliches y descubrió que la gente deliraba por los imbéciles. Se convirtió en un frontman que incluía automutilaciones y vómitos sobre el escenario y pogos y peleas en vivo y en directo con el público. “Se lo que ven en mi: la sangre, los gritos, la suciedad… yo no soy Rod Stewart, no canto tan bien”. Como diciendo ‘algo tenía que hacer’. Mierda, que retorcido Iggy!

Igual que hizo con Lou Reed (Velvet Underground) en su estancia setentosa en Berlin-Alemania, David Bowie le produjo a Iggy Pop sus primeros discos solistas, ampliando y domesticando su sonido con  dósis de pop y tecno de su propia cantera. Así salieron los LP “The idiot” (1977) y “Lust for life” (1977).

Entre la posterior y abundante discografía de Iggy Pop lo más exitoso comercialmente han sido “Blah, blah, blah” (1986) también producido e influenciado por Bowie y “Brick by brick” (1990) de la mano del cotizado Don Was. El primero con los tracks “Real wild child”, “Shades y “Cry for love”. El otro aportó “Home” y el hitazo “Candy” a dúo con Kate Pierson, la cantante pelirroja de The B’52s.

Ya de grande “la iguana” cambió su hábitat de NYC por Miami para abandonar las drogas duras y ganar en salud y con gym y anabólicos pasó de esmirriado a mostrar  músculos, modificando el personaje . Así pudo seguir rockeando en forma creíble hasta sus setenta y pico. Sin escrúpulos, lució perfumes de Paco Rabane junto a Debby Harry-Blondie, otra sobreviviente punkie. Quedémonos con sus aportes musicales, que creo le permiten asomar la cabeza superando a muchos solistas soft del rubro.

Retomando el tema de los orígenes del punk, si revisamos cronológicamente la cosa, la escena de Londres pudo ser posterior a la música de esas bandas de garage de Detroit-Chicago e incluso de la movida neoyorkina de alrededor de 1974 (Ramones o New York Dolls). Pero fue tan original lo de los ingleses, agregando un aura diferencial con sus particulares atuendos, actitudes y posturas de vida, que superó la tendencia musical específica del subgénero y la transformó en un movimiento explosivo. Aunque moda para algunos cabezahuecas, fue una expresión cultural genuina: tan nihilista como   vilipendiada. Finalmente, efímera y deglutida.

Volvamos a Nueva York circa 1974 con las tribus y grupos amateur que pasaban por el mítico antro CBGB en el 315 de la Bowery Street. Ramones, Television de Tom Verlaine y Richard Hell & The Voidoids, influenciados de antes por los New York Dolls. Fueron los primigenios habitantes de ese boliche junto a otras otras expresiones punkies/new wave como Patti Smith, Blondie de Debbie Harry o Talking Heads. 

Ramones fueron unos punkies más melodiosos en formato canción de breve duración, rockitos con incrustaciones de rockabilly e incluso de surf rock. El nombre de la banda lo tomaron del pseudónimo artístico-juvenil que usaba el beatle Paul McCartney y lo adoptarían como apellido todos los integrantes del grupo: así fueron inicialmente Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy Ramone. Arrancaron en 1974 actuando una vez por semana en el CBGB y en abril de 1976 sacaron su homónimo e histórico primer LP, que consta de 14 canciones en solo 29 minutos, el que abre con su representativo “Blitzkrieg pop”. Un productor los llevó a Londres con gran suceso en el mismo momento que The Clash teloneaban a Sex Pistols. Todo muy simbiótico. Musicalmente Ramones han sido más redondos que los primos punk ingleses más duros, a veces también cerca de la monotonía. Agreguen al de arriba “She´s a sensation”, “Pet sematary”, “Needles and pins” entre los temas suyos que prefiero. Una recopilación generosa es “Ramones mania” (1988) pero hay otras para revisar. Terminaron siendo un grupo de culto en muchos países del mundo, incluído el nuestro. Al escucharlos podrán identificar fácilmente a la gran cantidad de bandas que han influído y que los han copiado con mayor o menor decencia.   

Relacionada musicalmente al punk clásico en esa movida musical de la Gran Manzana de fines de los sesenta y principios de los setenta, que incluía tangencialmente las primeras incursiones de Bob Dylan y Leonard Cohen y los Velvet Underground, está Patricia Lee ‘Patti’ Smith (Chicago-USA, 1946). Muchos la veneran por fusionar por primera vez poesía con R&R eléctrico. Una performer adoradora de Arthur Rimbaud y del escritor beat William Burroughs. Pero, ya les dije, personalmente soy vago para traducir letras del inglés y encima no me atrapa la poesía. Para colmo, la música y la voz de la Smith no sobresalen mucho de lo ordinario. Intenten Uds. con su debut “Horses” (1975), un disco señalado como histórico por decenas de especialistas. Debe reconocerse que pocos como ella personifican mejor eso de “estar en el momento correcto, en el lugar correcto”. Sus búsquedas y dramas de esos años alrededor del legendario Chelsea Hotel del Village neoyorkino, las escribió a modo de biografía en “Eramos unos niños” (2010). Por sus páginas circulan el fotógrafo iconoclasta Robert Mapplethorpe, Andy Warhol, el poeta Allen Ginsberg, Janis Joplin, Sam Shepard, Cohen y hasta Salvador Dalí. 

Otro artista de culto para muchísima gente que me desencanta por igual es Lewis Alan ‘Lou’ Reed (Nueva York-USA, 1942-2013), la cara más visible de los Velvet Underground junto a John Cale (Carmarthenshire-Gales, 1942), grupo mimado por el artista pop Andy Warhol cuando Nueva York era culturalmente el ombligo del mundo y el tipo digitaba todo con su arte y sus mecenazgos. Insisto con mi idea inicial: si nuestro Manal hubiera surgido en NYC cantando en inglés otra hubiera sido la historia. De la discografía de aquella banda, la crítica rescata casi unánimanente “The Velvet Underground & Nico” (1967) como un mojón novedoso, ese que en la tapa del vinilo tenía la foto intervenida de una banana. A mi, nunca me conmovió.

**XTC – “Nonsuch” (1992)

Nos vamos adentrando en el mundo de la new wave inglesa, el pop-rock & ska del deslinde de los años 70 con los 80. Esta banda era originaria de Swindon, suburbios de Londres, y sus referencias musicales eran The Stooges y New York Dolls. Su nombre  parecía referirse a la expresión “éxtasis” pero el bautizo fue antes que esa clase de falopa se conociera y fuera moneda corriente.

Después de Madness y The Specials los XTC fueron otra de las influencias de nuestros Cadillacs y Decadentes vernáculos. Al principio sonaron lindantes con el pogo festivo como esas bandas de adolescentes que quieren llamar la atención a toda costa, pero se fueron puliendo de a poco.

Para los porteños muchos de sus temas remiten irremediablemente al inigualable programa radial “El tren fantasma” de las AM y FM Rivadavia de aquellos años. Vaya un recuerdo grato para su conductor Omar Cerasuolo (Río Segundo-Córdoba, 1945-2016) y el productor Daniel Morano por su música y aportes frescos en tiempos difíciles en la Argentina. XTC eran uno de sus caballitos de batalla preferidos, junto a los que vienen en seguida.

Para el oído medio, la voz disonante del líder Andy Partridge (Mtarfa-Malta, 1953) puede sonar extraña pero su particular modo identificó a la música del grupo. La cara visible de la banda sufrió ataques de pánico desde joven, lo cual impidió al grupo actuar en público y hacer giras.

Los XTC sacaron una docena de discos hasta fines de los noventa. Pueden detenerse en el tercero, "Drums & Wires" (1979), que es bastante representativo de la primera época. Otro podría ser “Black sea” (1980).  No me parece una selección impecable pero está el recopilatorio álbum doble “Fossil fuel. The singles 1977-1992” (1996) para un repaso rápido. En 2018 salió un documental llamado “XTC: this is pop”, que cuenta la historia de esta banda bastante ninguneada internacionalmente. 

“Nonsuch” (1992) son los XTC más maduros. Contiene temas muy buenos, como los muy difundidos “King for a day”, “The disappointed” o “The ballad of Peter Pumpkinhead”, éxito muy versionado.

Ah! El iconoclasta Andy Partridge y algunos miembros de XTC crearon un grupo alternativo The Dukes of Stratosphear, con el que hicieron en los ochenta dos loquísimos discos ultra-psicodélicos, dignos de escuchar: “25 O’Clock” (1985) y “Psonic Psunspot” (1987). Los códigos de la música psicodélica son mucho más sutiles que los de otros subgéneros como pueden ser el rockabilly o el grunge pero Partridge supo como homenajearla bien, incluyendo resonancias beatlescas. 

*Squeeze – “Play” (1991) 

Buena oportunidad para recordar de nuevo a otra banda new wave londinense contemporánea, interesante para escarbar: Squeeze. Con una evolución muy parecida pero algo más redondos que XTC, grabaron entre 1974 y fines de los noventa una decena de discos. Es otro de los casos donde conviene revisarlos hasta encontrarles unas cuantas perlas beatlescas entre la hojarasca.

Como mencionara antes, uno de sus fundadores fue Jools Holland (Blackheath-Londres-Inglaterra, 1958), pianista y conductor del famoso programa de TV de la BBC de Londres “Later… with Jools Holland”, que llevaba músicos de primera línea a tocar en directo. Los otros fueron Glen Tilbrook, voz líder (Woolwich-Londres-Inglaterra, 1957), y Chris Difford (Greenwich-Londres-Inglaterra, 1954), que se reparten las composiciones.

Como en muchas otras bandas primigenias de la new wave británica, sus discos iniciales parecen travesuras adolescentes, a veces olvidables. En Squeeze, algunos fueron incluso producidos por Elvis Costello y John Cale y vendieron bien. Pero a medida que se fueron afiatando y madurando, se les rescatan canciones con melodías y arreglos interesantes.

No  es tan bueno su cuarto disco “East side story” (1981), donde invitaron al solista Paul Carrack (Sheffield-Inglaterra, 1951), ese que cantara con los Mick & The Mecanics. Contiene la inoxidable y hermosa “Tempted” y la country “Labelled with love”. Les recomiendo buscar en los LP “Cosi fan tutti frutti” (1985), “Babylon and on” (1987) y en “Play” (1991) aquellas perlitas que le añoro a la banda. Otro recurso puede ser acercarse al recopilatorio “The Squeeze story” (2006), aunque no es el que yo hubiera curado.

**Elvis Costello – “The very best of Elvis Costello and The Attractions 1977-86” (1995)

Elvis Costello (en realidad, Declan Patrick McManus, Paddington-Londres, 1954) surgió con la new wave londinense a mediados de los ’70 haciendo un pop rock fresco con una buena dósis de rockabilly, matizada con baladas melodramáticas y alguna grageas de reggae. Un crítico lo definió como “un poeta con corazón punk que escribe novelas en tres minutos”. Sus letras lucían irónicas y “violentamente eruditas”.

Para su estética adoptó un look anticuado a lo Buddy Holly, un cantante norteamericano pionero del R&R de los años cincuenta: saquito con corbata, piernas patizambas sobre el escenario, jopo y caripela escondida detrás de unos enormes anteojos.  Su particular timbre de voz se sumó a la originalidad de melodías y arreglos. Era un producto diferente. The Attractions fue la clásica banda de rock que acompañó a Costello varios años. Batería-bajo-guitarra más un piano o un órgano eléctrico, a cargo de Steve Nieve (Londres-Inglaterra, 1958) compinche artístico de Mc Manus durante añares.

Esta recopilación de 1995 del sello Rykodisc resume bastante bien la primera parte de la prolífica obra de Costello, que básicamente exploró el andarivel definido antes pero como veremos tuvo ramificaciones propias de un músico mucho más completo que sus contemporáneos. Y en esta, no me equivoco. El compilado es un disfrute total editado por Main Records-Rykodisc que contiene 22 bandas y cubre sus primeras once producciones, desde su estupendo album debut “My aim is true” (1975) hasta el disco “Blood and chocolate” (1986). Rescata temas memorables como “Alison” y “Watching the detectives” más otras gemas como “Accidents will happened”,  “Everiday I write the  book”. Pero la verdad, aunque sea extraordinario no puede superar el deleite de escuchar durante varios días disco por disco, dada la variedad de melodías, ritmos y matices que nos ofrecen Costello and company en esta etapa.

Attenti! “The very best of Elvis Costello” (1999) es otra recopilación -esta vez de 2 CD- pero de la Universal Music con 21+21 temas. Copia casi calcado el CD del compilado de 1994 de Rykodisc pero la otra unidad contiene la famosa versión de Costello haciendo “She” (el tema de Charles Aznavour) con la que lloraron tantas mujeres en la película “Notting hill” (1999), la romanticona con Julia Roberts y Hugh Grant. También trae “Shipbuilding”,  un sentido tema inspirado en las víctimas sajonas de Malvinas. 

Igualito, igualito que el inmenso Joe Jackson -ya que sus orígenes, carreras e intereses han sido muy parecidos- Costello no ha sido un rockero ocasional que la pegó con buenos singles y se quedó en el molde repitiendo fórmulas para vivir en zona de confort. Los dos recostaron su carrera en Estados Unidos, se abrieron y maduraron musicalmente. A modo de ejemplo, en 1993 Costello sacó un disco innovador (“The Juliet Letters”) con el solo acompañamiento acústico de las cuerdas del grupo británico Bronsky Quartet, que tiene momentos sublimes y me tientan a recomendarles uno más. También sacó “Il sogno” (2004), obra para ballet grabada con la Orquesta Sinfónica de Londres con Michael Tilson Thomas e hizo la versión orquestal de sus temas en “My flame burns blue” (2004). Justamente, Joe Jackson tiene en su haber  “Heaven and hell” (1997), una búsqueda en la dirección de la música clásica, impensada para músicos comunardos del pop o el rock. Tipos inquietos que también han hecho música para series de TV o películas.

En su búsqueda, como admirador del folk y el country norteamericano que había absorbido en su casa paterna, Costello tiene varios CD que se apoyan fuertemente en ese género, llenos de guitarras slide y covers, como “Almost blue” (1981), “King of America” (1986) y “Secret, profane & sugarcane” (2009), los últimos con la producción del músico norteamericano Joseph Henry ‘T-Bone’ Burnett (San Luis-Misuri-USA, 1948).

Claro que McManus no inventó también el viejo recurso de hacer covers de su música preferida para llenar discos. Pero en “Kojak variety. Rhythm & Blues. Popular balads” (1995) desfilan Screamin’Jay Hawkins, Willie Dixon, Little Richard, Bob Dylan, The Supremes, Aretha Franklin, Burt Bacharach, Randy Newman y The Kinks.

Otra jugada fuerte suya fue el “Deep dead blue” (1995) grabado en vivo con el imprescindible guitarrista jazzero Bill Frisell. O aquel disco con su mujer, la pianista y cantante canadiense Diana Krall (“The girl in the other room” de 2004), que merecerá varios párrafos en el Cap. 4: Jazz & Jazz Rock porque es una belleza. Pero el que más me gusta de su carrera es “Painted from memory” (1998) con el rescatado Burt Bacharach, que comentaré adelante. 

*Elvis Costello – “Brutal youth” (1994)

Este es uno entre los numerosos discos comprendidos en el sonido rockabilly-pop rock característico de Costello pero conviene detenernos en él y disfrutarlo. El CD tiene el temazo “Sulky girl”, que representa al músico excelentemente, seguido de “20% amnesia”, “London´brilliant parade”, “My science fiction twin” y la delicada “Favourite hour”.

Dentro de esa línea clásica en Costello sacó en la última década trabajos con grupos de apoyo propios bautizados The Imposters y The Sugarcanes, en los que va alternando músicos: “Momofuku” (2008), “Secret, profane and sugarcane” (2009) y “National Ramson” (2013). En “Wise up ghost and other songs”  (2013), trabaja con la banda de hip-hop The Roots. O sea que el tipo va mechando estilos constantemente. Casi siempre encontraremos involucrado en el medio a su colaborador Steve Nieve.

**Elvis Costello - “Extreme honey.  The very best of the Warner Bros.  years" (1998)

Merodeando Spotify descubrí otra recopilación recontra interesante, que no pueden soslayar. Es un solo CD con 18 tracks grabados bajo esa discográfica entre 1989 y 1997, o sea una cobertura posterior al compilado de 1994 de Rykodisc. Abarca los discos “Spike” (1989), “Mighty like a rose” (1991), “The Juliet letters” (1993), “Brutal youth” (1994), “All this useless beauty” (1996) y algún track colado. John Lennon queda hecho un poroto al lado de “Poor factured Atlas” y de “The birds will still be singing”, el momento introspectivo del compilado. 

**Elvis Costello & Burt Bacharach - “Painted from memory" (1998)

Es muy posible que si no conocían a McManus-Costello, menos aún supieran de Burt Bacharach (Kansas-USA, 1928-2023), aunque ya les recomendé al principio de este capítulo una colección suya. Fue un norteamericano super-exitoso en los tempranos ’70 que hacía música orquestal  bonachona-chic de gran nivel, con gran swing y calidad, emparentada a The Carpenters, que le cantaron varios temas suyos, justamente.

Costello lo admiraba mucho y se le ocurrió convocarlo para trabajar juntos, cuando el tipo había pasado de moda. Hicieron esta obra con canciones y baladas originales de melodías impresionantes. No tiene desperdicio. Escuchen la memorable “Such unlikelly lovers” porque sintetiza el espíritu del disco,  la homónima “Painted from memory” o “The long division”. Belleza pura! Uno de los 10 que me llevaría a la isla desierta de la que todos suelen hablar.

Hay otro CD que le dio una vuelta de tuerca jazzera al concepto de esta reunión Costello-Bacharach y es “The sweetest punch-the new songs of Elvis Costello and Burt Bacharach arranged by Bill Frisell” (1999). Del mencionado Mr. Frisell, guitarrista de excepción, nos ocuparemos en la sección que viene. Este CD tiene prácticamente los mismos temas que mi recomendado de 1998, pero abordados de modo bastante diferente. Participa obligadamente el mismísimo Elvis Costello en algunas bandas y grandes músicos del rubro jazzero (Cassandra Wilson, Don Byron, Brian Blade, etc.)

**Joe Jackson – “Body and soul” (1984)

David Ian “Joe” Jackson (Burton upon Trent-Inglaterra, 1954). es un músico también surgido con la new-wave londinense de los setenta, que empezó moviéndose suelto de cuerpo con un pop-rock-rockabilly muy refrescante. Se había criado en Portsmouth hasta que decidió largarse a estudiar en la Royal Academic of Music de Londres.  

De su primer etapa son sus LP “Look sharp!” (1979), “I´m the man” (1979) y “Beat crazy” (1980), sencillamente sorprendentes. Si en el mundo del arte reinara la justicia, este Jackson hubiera podido ser verdaderamente “el rey del pop” y no aquel producto medio pelo desteñido que nos impusieron desde el imperio, con nombre de pila Michael e igual apellido.

Para situarse temporalmente, Joe Jackson junto a Costello (Declan McManus)  irrumpieron en Inglaterra con su power pop rompiendo la breve hegemonía del punk al mismo tiempo que The Police y UB40. Sus discos innovadores salieron entremezclados con meses de diferencia. Una revolución musical de verdad que que coincidió con el éxito comercial de la movida.     

Como era demasiado músico, sensible y perfeccionista, Jackson fue para adelante avanzando casilleros y rompiendo moldes. Por eso su cuarto disco fue "Jumpin´jive" (1981), un compendio homenaje al swing o jazz estándar y las big bands norteamericanas de los años cuarenta que el tipo escuchaba en su casa paterna. No solo no tenía nada que ver con lo anterior: fue una jugada artística inaudita, muy bien hecha por un inglés irreverente.

Coincidiendo con su mudanza a Nueva York, regresó evolucionado con el excelente “Night and day” (1982) donde se escuchan composiciones de gran profundidad, algunas con impronta latina. El tipo es un declarado admirador de la música latina y la incorpora en su obra de modo natural y elegante.  Muchos sajones sensibles terminan abrevando en la latinidad, como buscan en España el sol que no tienen en su casa. La mayoría suelen abordarla de modo estereotipado pero no es el caso de Jackson.

Para algunos críticos “Night and day” (1982) es la obra maestra de Jackson. La tapa del LP, donde aparece su caricatura en un piano y el fondo de la gran manzana, ya anunciaba cambios. Inaugura una seguidilla de discos que exhiben lo mejor del británico en toda su carrera. Acá se destacan “Another world”, “Breaking us in two”, “Slow song”. Participa la genial percusionista Sue Hadjopoulos (Flushing-NYC-USA, 1953).

Para escuchar a Joe Jackson y su banda en vivo en un momento inmejorable y haciendo la música de esos primeros discos suyos, pueden recurrir a “At the BBC” (2009). Allí la Spectrum Music-Universal recopiló en un álbum doble cosas de sus cuatro audiciones de los años ochenta realizadas en esa radio oficial inglesa.

Pero este séptimo disco “Body and soul” (1984) merece particular atención. Es una obra con tono introspectivo pero monumental, casi operística. Hay algo de rock, referencias latinas (boleros, el cha-cha-cha-loco) y vuelos jazzeros (bebop). El tema “Heart of ice” y su crescendo es la belleza misma hecha música. Inolvidables  “The veredict”, “You can´t get what you want” y “Be my number two”.

**Joe Jackson – “Big world” (1986)

Esta obra salió en vinilo-LP cuando no existían los CD. Venían dos discos y la particularidad que un lado de los 4 no tenía grabación, no tenía nada, era silencio con ruido a púa.  Otra curiosidad es que fue grabado en vivo en un teatro en solo dos pistas y  en una sola toma, sin remezclar ni retocar nada y pidiéndole al público presente que no hiciera ruido ni aplaudiera. El tipo quiso grabar a su banda tocando en vivo sin artilugios técnicos. Qué emocionante (y reprimido) debe haber sido presenciarlo en el Rondabout de NYC. Como sugiere el título del disco, musicalmente es un paseo musical por el mundo, con una ecléctica selección de estilos: soul, hard-rock, funk, folk. Uno de los mejores discos modernos que he escuchado.

Temas buenos a montones: “(It´s A) Big world”, “Precious time” y “Tonight and forever”, “Soul kiss” y "Home town”. La anécdota para nosotros quizás sea el tango alla europea inspirado en la guerra de Malvinas (“Tango atlántico”), donde -esta vez- no pudo evitar hacer el ridículo tratando de adaptar un ritmo ajeno a su idiosincracia.

Continuidades del excelente “Big world” (1986) son los LP “Blaze of glory” (1989) y “Laughter and lust” (1991). El primero, con las impresionantes y delicadas “Sentimental thing” y “The best I can do”. El otro, con menos sorpresas, trae “Obvious song” y “Stranger than fiction”.

Entremedio, Jackson se entretiene con otra de sus obsesiones: la música clásica. Tiene varias producciones melodramáticas y poco comerciales donde mezcla oberturas, fugas y sopranos con dósis variables de modernidad y sampling. Ciertos pasajes los asimilan a música para películas. Así editará “Will power” (1987), “Night music” (1994),  “Heaven and hell” (1997)  y “Simphony Nº 1” (1999), éste más bien un instrumental pop. 

Después de unos cuarenta años le volvieron las ganas de homenajear al jazz clásico  con “The Duke” (2012) donde versiona temas de Duke Ellington con arreglos insolentes y radicalmente diferentes a los originales. Una opción es escucharlo como sonaba en la emocionante gira contemporánea que hizo con una big band en el Count Basie Theatre Red Bank de Nueva Jersey-USA en setiembre/2012, que se consigue como DVD. La actuación en noviembre/12 en el Olimpia de Paris es parecida pero con un quinteto y está en Youtube. Las dos funcionan también como una recopilación de grandes éxitos con excelente marco y, si no recuerdo mal en ambos con la increíble Sue Hadjopoulos robándose la escena.   

Espasmódicamente, también J.J. vuelve a las fuentes estilísticas que lo hicieron popular.  Sacó “Number 4” (2003) aludiendo a una secuela de sus primeros tres discos. Editó el más cercano “Rain” (2008), donde tienen que escuchar “Invisible man”, una hermosa síntesis de su música. Y en 2019 produce “Fool” y cuando escuchás “Friend better”, “32 kisses” y “Alchemy”, amás de nuevo a este inglés.

Como todos ha tenido sus patinazos artísticos pero Jackson ha sido un verdadero fenómeno soslayado por la industria de la música y el público masivo.

Que yo sepa, Joe Jackson nunca pisó un escenario en la Argentina, vaya a saber porque motivo. Lo cómico es que una vez lo vi en persona sentado en un banco junto a un acompañante oriental mucho más jóven, tomando fresco en un rincón apacible del Central Park de Nueva York, la primera vez de las dos que pise la capital del imperio, allá por octubre de 2016. Estaba todo vestido de negro incluídos su gorra tipo béisbol y anteojos de sol, lo que contrastaba con su piel blanca como un papel. Dada mi admiración por su obra artística, me quedé helado observándolo  mientras me sostenía la mirada y no fui capaz de saludarlo, reprimiéndome simplemente para no pecar de cholulo. Ni siquiera me animé a un comentario pelotudo de fan que calzara, del tipo “oh, ambos cumplimos años el 11 de agosto y los astros nos proyectan las mismas aspectaciones”. Aunque fuera en mi inglés titubeante, ameritaba agradecerle la felicidad de tantos ratos que me brindaron sus discos. Jackson es uno de los músicos que más me ha conmovido. Lo mismo me pasó -con distintos resultados- con los escritores Eduardo Galeano en Montevideo y Rogelio García Lupo en BAires. En algún rincón de este blog tengo reflejadas estas peripecias menores. 

*Pretenders – “Learning to crawl” (1984)

La norteamericana Christine ‘Chrissie’ Hynde (1945) se fue de Akron-Ohio-USA a Londres en busca de suerte en medio de la explosión punk de los 70, rebuscándosela para sobrevivir en la tienda de Malcolm McLaren y como groupie. En 1980 pudo lograr su sueño de formar una banda y editar su primer disco, producidos por  Ray Davies (The Kinks), quien sería también su primer esposo. Pretenders explotaron un sonido rockero punkie, sin teclados, notoriamente “new wave” pero con acordes potentes. Todo sostenido por la expresiva y sensual voz de la Hynde, que además llamaba la atención como líder femenina carismática al frente de una banda fuerte. Encajaron muy bien.

Al poco tiempo ella fue la única que quedó del grupo original. Varios integrantes murieron por drogas o en accidentes, como el singular violero James Honeyman-Scott y el bajista Pete Farndon. Pasaron también por la agrupación los guitarristas Robbie McIntosh (luego Paul McCartney band) y Johnny Marr (The Smiths), repitiendo el sonido patentado por la banda. De todos modos, Hynde siempre fue la mandona y compositora principal de Pretenders.

Deberían comenzar escuchándolos  en su iniciático “Pretenders” (1980) que incluía “Stop your sobbing”, “Brass in the pocket” y “Kid”  o “Pretenders II” (1981) con “Message of love” y “Talk of the town”. Este recomendado “Learning to crawl” (1984) es el tercero de los 14 de su carrera. Tiene los temazos “Middle of the road”, “Back to the chain gang”, “Time to avenger” y “Show me” y “Thin line between love and hate”, que lo pagan solos.

Han grabado montones de temas imperdibles más como “My baby”, “Don’t get me wrong” y tienen buenas dósis de baladas pegadizas como “Hymn to her” o “I´ll stand by you”, sin olvidar la dupla  de la Hynde con UB40 en el exitoso cover “I got you babe”. Todo eso más o menos se puede escuchar en “The singles” (1986) o en “Greatest hits” (2000)

*The Police – “Regatta de blanc” (1979)

Fenómeno extraordinario el de The Police: evolución inteligente del punk en rock & pop british salpimentado con reggae blanco. Realmente un grupo de vanguardia que fue suceso masivo mundial con el correr de sus discos, marcando a fuego los años 80. 

Este trío de blondos liderados por ‘Sting’ (Gordon Matthew Thomas Sumner, Wallsend-Inglaterra, 1951) reinaron en la  época de la new wave y revolucionaron la música con su sonido singular. Cuanta musicalidad con solo tres instrumentos! Un power trio muy diferente al habitual. Para mi, aquí están los sucesores de The Beatles. 

Poner sus cinco discos oficiales entre mis seleccionados haría mi listado interminable y me reprimo. Empiezan con “Outlandos d´amour” (1978), innovando con “So lonely”, “Roxanne”, “Can’t stand losing you” y “Born in the 50’s”. 

Después este “Regatta de blanc” (1979) cuyo título es una derivación traducida como ‘reggae de blancos’. Tiene “Walking on the moon”, “Messagge in a bottle”, “Bring on the night” y otros. Para muchos fans e incluso para ellos mismos, el mejor álbum de estudio de The Police. 

**The Police - “Zenyatta mondatta” (1980)

Terminan de darle una patada en el culo al punk insuflando más pop. Con las superlativas “Driven to tears” y “When the world is running down, you make the best of what´s still around”, un tema que vale libra por libra la longitud de su título. Toda la versatilidad en la guitarra de Andrew ‘Andy’ Summers (Lancashire-Inglaterra, 1942), el músico más experimentado de los tres.

La batería al mando de Stewart Copeland (Virginia-USA, 1952), ex miembro de la banda Curved Air, tampoco fue superflua: su revolucionario estilo estampó su impronta en la música de The Police. A él se le debe el nombre del trío, inspirado en su padre, que trabajaba en el exterior para la CIA. Copeland hizo música para varias películas y su última invención es la Police Deranged for Orchestra. 

Paseen también por “Ghost in the machine” (1981), donde ya se nota la ayudita de teclados y sobregrabaciones de estudio. Un álbum conceptual, con una línea lírica basada en un libro de psicología de ese momento, como para avisar que los tipos eran leídos. Tiene “Spirits in the material world”, “Every little thing she does is magic”, entre otras. Ningún disco de The Police defrauda.   

**The Police – “Synchronicity” (1983)

Un disco histórico solo comparable al “Abbey Road” beatle. Además de composiciones memorables, cuidada producción musical, lírica profunda y un arte de tapa bellísimo. Con “Every breath you take”, “Tea in the Sahara” y varias otras inoxidables. No dejen pasar el bonus track “Murder by numbers”.

Si escuchan en orden la discografía Police, creo que  coincidirán: cada disco superó compositivamente al anterior. No en vano todo el mundo considera a  “Synchronicity” (1983) el pináculo de la carrera de la banda.

Los tipos dieron su último concierto fue en Melbourne-Australia, en marzo de 1984, cuando ya no se aguantaban más entre ellos, drogas mediante. Pasados unos años hicieron varios revivals.

Cuando vinieron a Buenos Aires en medio de la dictadura militar a The Police los conocían solo los chicos de algunas tribus urbanas con acceso a sus discos importados.  No se editaban aquí a tiempo y apenas se escuchaba su música en algunos programas radiales underground, como el mítico “El Tren Fantasma”. Tocaron en  el estadio Obras Sanitarias. Las malas lenguas dicen que no lo llenaron. También lo hicieron en el más exclusivo New York City, boliche del momento, que todo porteño melómano dice haber presenciado. Eso fue durante diciembre de 1980. Volvieron aquí al reunirse por primera vez en su gira de 1998. Y una década después grabaron en el estadio River Plate el vivo “Certifiable: live in Buenos Aires” (2008). Está colgado en Youtube. Muy bueno para un revival hogareño, aunque Sting se empeña en deformar todas las estrofas.  

*Sting – “Ten summoner's tales” (1985)

Sting tomó el riesgo artístico de matar la gallina de los huevos de oro de The Police. Su primer disco solista “The dream of the blue turtles” (1985) funcionó como partida de defunción del trío pero copó la parada musical de la época, con un estilo más jugado artísticamente. Una onda jazzy-pop notoriamente más intelectual. 

Ese disco salió bajo una gran expectativa y causó verdadera sensación. Tiene varios hits como “If you love somebody set them free”, “Be still my beating heart” y “Fortress around your the heart”. Para que Sting lograra su sonido propio, se acompañó de una banda impecable: el aporte fundamental de Branford Marsalis  en saxos, más Kenny Kirkland en teclados, Omar Hakim en batería y Darryl Jones en bajo. Con el agregado de las cotizadas coristas de sesión negras Dolette McDonald y Janice Pendarvis, antiguas acompañantes de Talking Head, Steely Dan, Laurie Anderson y los Rolling Stones. 

Sting siguió aportando muy buenas composiciones de estilo elegante, intimistas o bailables según la ocasión, con su característica voz desgastada. Su segundo CD “Nothing like the sun” (1987) fue una especie de superproducción. A aquella formidable banda se sumaron como gancho músicos con galardones reconocidos como nuestros mencionados (o por mencionar) Eric Clapton, Annie Lennox, Rubén Blades, Mark Knopfler, Manu Katché, Minu Cinelu y el arreglador y director Gil Evans, entre otros. De aquí salieron temas que pegaron como “Fragile”, “We´ll be together”, ““Englishman in New York”, “They dance alone” dedicado a las Madres de Plaza de Mayo y el cover de “Little wing”, de Jimi Hendrix. Pero para mi la joya es “The Lazarus heart”. Para aprovechar la bolada exitosa, sacó el EP “Nada como el sol” (1988), con cinco de sus temas cantados en castellano y portugués. 

El recorrido siguió con “The soul cages” (1991) pero llegamos a “Ten summoners´s tales” (1993) plagado de hits como “If I ever lose my faith in you”,  “Fields of gold”, “Seven days”, “It´s probably me”, “Shape of my heart”. Si debo elegir, supera en mis preferencias al sueño de las tortugas azules.

Después, “Mercury falling” (1996) y “Brand new day” (1999), acompañado de su fiel guitarrista Dominic Miller (Hurlingham-Argentina, 1960). Sting recurre intermitentemente a la música clásica y a la étnica inglesa para darle toques sutiles a sus creaciones.

Les aseguro que con estas producciones Sting copó las radios FM de la época varios años, al punto de saturar. Un fenómeno parecido al que produjo Phil Collins al bajarse del exitoso Genesis, unos años antes. Mientras se hacía millonario Gordon Mathew emprolijó su vida, adhirió a causas nobles, recomendó el sexo tántrico y dejó fuera de la herencia a sus hijos porque prefiere que se ganen lo suyo (yo creo que algo les va a tirar). 

Sting es un músico insoslayable. No dejen escapar joyitas como “All this time”, la hermosísima “I was brought to my senses” y “Brand new day”, imbatible de solo escuchar la suprema armónica de Steve Wonder. Una parte de esas gemas la encontrarán en la recopilación “Fields of gold” (1994) y casi todas en el doble  “The best of 25 years” (2011). Como suele ocurrir con los grandes artistas, los últimos discos de Sting parecen perderse en el barullo general.

 **The Cure – “The head on the door” (1986)

Su primer disco “Three imaginary boys”(1979) y los siguientes me suenan monótomos, hoy. Pero la banda despertó la curiosidad de la gente con singles como “Killing an arab”,  “Boys don’t cry” y “A forest”.  

Robert James Smith (Blackpool-Inglaterra, 1959), con su inigualable modo impostado de cantar y su estética cercana al Guasón de Batman, es el líder de este sobreviviente cuarteto inglés post-punk formado en 1973 con el nombre de The Obelisk, que fue cambiando de integrantes a medida que pulía un estilo propio. La banda adoptó al final su nombre definitivo a partir del título del tema “Easy cure” de Lol Tolhurst, antiguo baterista del grupo.

Terminaron adoptando una onda originalísima, inquietante y muy jugada que etiquetaron “dark” o gótica. La presencia de máquinas de ritmo subyacen bajo las melodías y cuando aprietan el acelerador y quieren, meten hard rock del bueno. Parecido no es igual pero han sido parientes de Siouxie Sioux & The Banshees, New Order, Depeche Mode, Dead can dance, Bauhaus y Cocteau Twins. Letras oscuras, existencialistas e introspectivas aunque también dedicadas al amor, con un marco musical de rock poco festivo, normalmente. Suenan a súplicas cantadas por Smith, que orillando los 70 mantiene la pelambre pero insiste en pintarse los labios para subirse a los escenarios. 

“The head on the door” (1986) fue su 6to. disco y el primero editado en la Argentina, coincidiendo con su  popularidad mundial en ascenso. No pareció una casualidad porque en este punto afinaron su sonido e insuflaron oportunamente aires pop-rock en sus composiciones, acercándolas a la moda new wave. Temas de difusión fueron “In between days”  y “Close to me”. Suenan muy bien hoy, a pesar de los años transcurridos.

The Cure tiene una frondosa discografía que les permitió vender millones y mantenerse durante décadas en el candelero aunque sin meter tantos éxitos como en los ochenta. No la escuché en su totalidad, lo que me priva de opinar sobre su evolución. Lo que puedo intuir es que mantienen su esencia, lo cual no es poco. Pueden, nuevamente, cortar camino con su “Greatest hits” (2001) para conocerlos, si es que no los tenían.

Los vi en el estadio Ferro Carril Oeste en 1988, pleno auge mundial del grupo, con mi amigo Fixie. Esos días aparecieron de abajo de las baldosas porteñas tribus dark que no sabíamos que existían en la ciudad, pálidos, con los pelos parados y de borcegos, escupiendo al escenario cuando esa moda estúpida ya había sido archivada por sus inventores ingleses. Más que los dos recitales allí se recuerdan los desmanes que se produjeron dentro y fuera de la cancha. Nunca se entendió de donde salió tanta violencia de golpe. Los músicos actuaron pero huyeron despavoridos y juraron no volver más la Argentina. Robert Smith rompió la promesa y volvieron en 2013 y 2023.

*The Smiths – “The Queen is dead” (1986)

Oriundos de Manchester -hoy sesentones- The Smiths (“los herreros”) fueron una de las bandas inglesas más originales del brit-pop de los ochenta. Uno de los puntales del grupo fue Johnny Marr, guitarrista famoso por el rasgueo característico (“muro de sonido”) que identificó su música, sin necesidad de los solos a los que nos acostumbró absolutamente todo el rock desde los sesenta en adelante: una ruptura interesante. Pariente artístico lejano de “The Edge” de U2 (ver adelante), más interesados en lograr texturas melodiosas que en descollar con los punteos.

Aunque The Smiths se disolvió a los cinco años con sus integrantes peleados por dinero y otras yerbas, sus fans siguen la senda del cantante Morrisey, el otro sello inconfundible del sonido y el mensaje rebelde de la banda, emparentado en parte con el vegetarianismo y la comunidad LGBT. Morrisey editó hasta hoy 13 discos solistas y mantiene una carrera controversial -en lo ideológico- pero artísticamente muy digna. Empezó con “Viva hate” (1988) y sus inolvidables “Suedehead” y “Everyday is like Sunday”. Su  última producción es “I’m not a dog on a chain” (2020) y muchos la consideran su mejor disco.

Volviendo a The Smiths, aunque merece una escucha el segundo LP “Meat is murder” (1985), el tercero “The Queen is dead” es considerado por muchos medios entre los diez mejores discos de la música moderna inglesa. Sus recordados éxitos fueron “The boy with the thorn in his side”, “Bigmouth stikes again”, “Some girls are bigger than others”, “There is a light that never goes out” y la homónima del título. 

*Simply Red – “Picture book” (1985)

Pioneros de un estilo muy particular, que algunos llaman “jazzy”: una mezcla de soul, jazz, pop y funk. Esta banda fue una máquina de hacer éxitos que nacían sonando como clásicos. No se si los primeros en esta onda fueron Style Council, Sade o ellos y si Jamiroquai que vino después agregando disco encaja o no en ella. No importa.

La música de Simply Red mantiene su vigencia después de treinta y pico de años: abrevó en las raíces del soul tipo Motown, el aludido sello norteamericano de música negra, pero aggiornó todo con sobriedad inglesa, está muy bien hecha, con infinidad de recursos. ¡Hasta sus contados reggaes suenan elegantes!

El líder y único sobreviviente  del grupo es Mick Hucknall, el petiso “colorado” que identifica al grupo con su excelente voz. Estuvo tan de moda en su época que todo el mundillo snob del rock sajón quería salir en las fotos con él. Hucknall venía del grupo The Frantic Elevators y los otros miembros de Durutti Column, grupos under que hicieron cosas interesantes.

Tarea imposible elegir un solo disco de Simply Red con ecuanimidad. “Picture book” fue como una bomba; irrumpió maravillando a todos los que tuvieran orejas abiertas. Es un grandes éxitos en si mismo. Solo para elegir un recontra-clásico: “Holding back the years”. 

Hay que escucharse los cinco primeros discos de Simply Red y dejarse embriagar sin resistirse. “Men and women” (1987), “A new flame” (1989), “Stars” (1991), “Life” (1995) y “Blue” (1998), todos excelentes. El remanido recurso del recopilatorio también sirve: se llama “It’s only love” (2000), tiene 19 temas y se queda corto.

*Simply Red – “Men and women” (1987)

Un poco más fuerte que el primer disco, con temas cuyas letras casi en forma obvia por su título, giran en torno a relaciones amorosas. Con “The right thing”, “Infidelity”, “Every time we say goodbye” (excelente cover de Cole Porter) y “I won’t feel bad”.

**Simply Red – “A new flame” (1988)

Tiene el tema que más me gusta de ellos (“Turn it up”) y, además “If you don’t know me by now”, “It´s only love” y “Enough”.

**Simply Red – “It’s only love” (2000)

Si no quieren continuar con “Stars” (1991) y van a perderse de escuchar “Something got me started”, “Life” (1995) con sus “You make believe”,  “Remembering the first time” y “Fairground” y el “Mellow my mind” de “Blue” (1998) porque se les acaban las pilas, vayan a este recopilatorio que, como dije, tiene insuficientes 19 éxitos.

Escuché a Simply Red en Obras Sanitarias en enero/93, con solo algún integrante original y la rareza de un batero japonés, Gota Yashiki. Me impresionó también verlos después en el video de Viña del Mar 2009 dando un gran concierto, Hucknall y cuatro más, claro está. La verdad es que el hombrecillo pelirrojo protegió muy bien su voz y dieron un show de alto vuelo para el conchetaje chileno y  Piero, invitado en primera fila.

**Level 42 – “Running in the family” (1987)

Insoslayable grupo inglés de pop, funk blanco y piscas de jazz que alcanzó la cima en los ochenta, manejado por Mark King: uno de los bajistas más particulares de la música contemporánea por su técnica, varias veces considerado el mejor del mundo en ese instrumento. Tanto que su empresa discográfica salió corriendo a asegurarle las manos por un millón de libras. También es voz  líder que identifica a la banda y principal compositor. El segundo en discordia es Mike Lindup, ex mozo de bar, de extraordinaria voz en falsete y tecladista. Level 42 es una invitación a mover el culo con música de buen gusto, que algunos bautizaron como la versión blanca de Earth, Wind & Fire. Claro, con teclados en vez de su famosísima sección de caños.

Uno de los mejores discos de Level 42 fue el cuarto de la banda, “Standing in the light” (1983), con el tema homónimo, “Living it up”, “A Pharaoh´s dream” y “I want eyes”. Con “World Machine” (1985) y sus éxitos “Something about you” y “Leaving me now”, vendieron todavía más. Pero el séptimo “Running…” me convence más porque se escuchan más maduros. Fue el que por fin les permitió conquistar al mercado norteamericano, que no los entendía y no sabía donde encasillar su música. Los más difundidos del disco fueron el tema homónimo, “Lessons in love” y luego “It´s over” pero mi preferido es el hermoso “Children say”. Advertencia: el disco no es perfecto, le sobran las tres últimas canciones.

**Prefab Sprout – “Two wheels good” (1985)

Prefab Sprout fue un sofisticado grupo pop inglés de Newcastle (ciudad minera cuna de Eric Burdon, Bryan Ferry y Sting) especializado en composiciones sensibles pero ignorado por buena parte de la humanidad, entretenida con Michael Jackson, Madonna y otras boludeces importantes. Formado por los hermanos Paddy y Martin McAloon, con los impagables coros de Wendy Smith y producidos varias veces por el genio de Thomas Dolby, hicieron una música más bien introspectiva, llena de sutilezas. Prefab Sprout estuvo muy por encima de sus primos new wave ingleses y solo es comparable al nivel de Simply Red. Los más modernos Oasis o Coldplay suplicarían tener las composiciones de Paddy McAloon.

En Inglaterra el LP en cuestión se llamó “Steve McQueen” pero en USA de este otro modo, por motivos legales. Es un disco hermoso y romántico. En el inolvidable programa “El tren fantasma” de los ‘80s (Omar Cerazuolo-Marcelo Morano), el tema más difundido del disco eran la deliciosa “Appetite” y “When love breaks down”. Busquen ustedes en “From Langley Park to Memphis” (1988) y “Protest songs” (1989) los exitosos “El rey del rock’n roll” y “Autos y mujeres” y “Life of surprises” más la delicada “Dublin”. A medida que fueron sacando nuevos discos, la calidad fue mermando, como suele pasar.


*China Crisis – “The best songs” (2002)

No esperes de este ochentoso grupo inglés de new wave o “synth-pop” (tecno-pop) nada más  –ni nada menos- que melodías agradables y bien arregladas. Son de la época del “british pop”, de conjuntos como Spandau Ballet, Style Council, Everything But The Girl, Aztec Camera y Orchestral Manoeuvres in the Dark, que merecen que las investigues. No escuché la discografía entera de China Crisis pero en su momento compré y  me gustó mucho “What price paradise” (1986). Algunas de sus obras fueron producidas artísticamente por Walter Becker, el de Steely Dan.


*Ryuichi Sakamoto – “Neo Geo” (1987)

Es el mejor músico moderno que parió Japón (Tokyo, 1952-2023).  Un creador extraordinario que empezó haciendo tecno pop en los años 80 con un grupo que se llamaba Yellow Magic Orchestra, música que hoy suena medio naif. Pero este hombre tenía mucho más para dar: hizo pop con reminiscencias  japonesas deliciosamente hibridadas e imaginó bandas de sonido memorables para películas (en otro capítulo recomiendo su CD “Cinemage” de 1999, con los temas principales de sus premiadísimas BSO “Merry Christmas Mr. Lawrence”, “El último emperador”, “Little Buddah”, “Tacones lejanos”, etc). Hicieron lo mismo en "Music for film" (2016) agregando temas BSO más recientes. Se complementan entre si. Los críticos dicen que Sakamoto tiene influencias de Debussy, Stavinsky  y  Eric Satie. En sus últimos años estuvo haciendo  música minimalista, con piano sólo y computadoras y también bandas para videojuegos. Ya mencioné en el ítem “World music” que se juntó con Jacques Morelenbaum para hacer dos discos con música de Antonio Carlos Jobim. En este hermoso CD "Neo Geo", mayormente instrumental, colaboraron Sly Dunbar, Tony Williams e Iggy Pop, que canta en “Risky”. Sobresalen “Before long”, “Free trading”  y “Okinawa song”. Lo grabó en los estudios Power Station de Nueva York.



**Ryuichi Sakamoto – “Beauty” (1989)

Aquí Youssou N’Dour canta en “Diabaram”, el tema de difusión. Participan también Nana Vasconcelos, Brian Wilson de los Beach Boys, Robbie Robertson, Sly Dunbar, Arto Lindsay con las letras, etc. Inmensos los temas  “Romance”, “Amore” y “Chingasu no Hana” (un tradicional japonés).

*Ryuichi Sakamoto – “Heartbeat” (1991)

Gran nivel. Participan DJ Towa Towa, Marco Prince & FFF, David Sylvian, Bill Frisell, y otra vez Arto Lindsay y Youssou N’Dour, entre otros. Hace un pop que suena más internacional y aggiornado. Altamente recomendables “Triste”, “Lulu” y “Borom gal”. Hace “Rap the world” con “Third stone from the sun” de Hendrix.

*Ryuichi Sakamoto – “Smoochy” (1995)

Su “Sweet revenge” de 1994 es muy agradable, soul, funky y acid-jazz y cosa seria a la vez.  En “Smoochy”  Sakamoto está acompañado en algunos temas por los brasileños Jacques y Paula Morelenbaum, Vinicius Cantuaria y Arto Lindsay. Se notan sus aportes bossa nova hasta en “Tango” cantada por Sakamoto en japonés y luego por Soraya en la versión en castellano con letra de nuestro Raúl Carnota. “Biba no aozora” (¿un pseudo trip-hop?), “Aoneko no torso” y “Poesía”, otras perlitas. Alta calidad.

**Ryuichi Sakamoto – “1996” (1996)

Uno de los picos más altos de Sakamoto. Un álbum extraordinariamente bello aunque algo triste por el tono que le dan los únicos instrumentos que se usan aquí: piano, cello y violín.  En vez de un “grandes éxitos”  común y silvestre (que también los tiene), rehace temas de su música de películas (ver adelante “The last emperor” y “Cinemage”) y de otros discos rejerarquizándolos en sociedad con el cello de Jacques Morelenbaum, agregándose en algunos temas Everten Nelson o David Nadien en violín. 

Si, si, es cierto: pueden encontrarse con muchos discos del japonés donde dan ganas de matarlo. Su etapa juvenil en Yellow Magic Orchestra le dió fama pero es olvidable (salvo aquellos inoxidables temas "Perspective" y "Limbo") y hay montones de discos suyos que desorientan. 

Durante el XXI Sakamoto siguió produciendo a paladas para nuevos filmes y experimentando de lo lindo. Sin garantía de exhaustividad y solo para mi gusto, una escala interesante fue “Chasm” (2004), donde sintetiza viejas búsquedas -con David Sylvian en un tema de difusión “World citizen”- y deja entrever sus nuevos aires minimalistas. Se juntó un tiempo con el alemán Alva Noto y las computadoras, para algunos discos que a mi me aburren. Como esos músicos que están de vuelta, se puso en experimentador loco de sonidos como tirar agua en una palangana para ver como suena y distorsionarlo con máquinas. Sakamoto es un bocho inquieto pero gran productor de belleza al que, con paciencia, hay que buscarle la vuelta para quedarse con la recompensa.

Tenía que ir a verlo por si a Ryuichi no se le ocurría venir más al sur, cosa que efectivamente pasó, aunque sabía de antemano que aterrizaba con una onda muy experimental, no a hacer un compendio gratificante de grandes éxitos. Fue en el Gran Rex en  mayo de 2012. El sesentón Sakamoto y su piano acústico mixturado con  improvisaciones electrónicas y visuales de Alva Noto (el alemán Carsten Nicolai), presentando su producción conjunta “Summvs”. Gran nivel, pero minimalismo frío y pocas melodías. Nadie es perfecto.

*Scritti Politti – “Cupid & Psique” (1985)

Máximos expositores del techno o synth-pop inglés de los ochenta. Clima festivo, teclados abundantes, secuenciadores y percusión electrónica. Oriundos de la ciudad de Leeds, siguen dando vueltas pero sin casi ningún integrante original salvo Green Gartside, su ideólogo y cantante, ya viejito. Este fue su disco más vendido y sus éxitos fue “Perfect way”, “The world girl” y “Wood beeze”. 


*Scritti Politti – “Provision” (1988)

Tan bueno como el anterior. Dicen por ahí que sus  letras eran “sesudas”, lo cual no calzaría con el entorno de esta música, pero todo puede ser. Por estas grabaciones pasaron Steve Ferrone (batería), Marcus Miller (bajo) y nada menos que Miles Davis. Acá en el sur se difundieron mucho “Bam salute” y “Oh Patti”.




**Thomas Dolby – “Aliens ate my Buick” (1988)

Este tipo es un inglés cuyo nombre verdadero es Thomas  Morgan Robertson, eterno amante de la tecnología y un fenómeno haciendo música. Synthpop, claro. Combinó tecno y funk con baladas pop pero ha hecho cosas para videos y bandas sonoras de películas para gente como George Lucas o Ken Russell. Además, tocó con monstruitos como Peter Gabriel, Riuychi Sakamoto, David Bowie, Malcolm McLaren, Lene Lovich, Roger Waters y hasta Serrat, entre otros. También produjo a Prefab Sprout y algún disco de Joni Mitchell, con quien no congenió. Se hizo famoso por el festivo “She blinded me with the science” de su álbum debut “The golden age of wireless” de 1983, aunque es más hermosa y sutil su “Airwaves”.

El hombrecillo blondo -hoy pelado- sacó después “The flat earth” (1984), retrocediendo algunos casilleros en calidad, pero pega un salto mortal e inventa la postmodernidad musical con este “Aliens ate my Buick”: hace aquí una increíble selección de pop, rock, salsa, reggae, jazz , funk y lo que se te ocurra. Juega con el kitsch en la espantosa gráfica de tapa, pero no importa: es un terrible discazo que no tiene desperdicio.

Con una onda más pop y menos ecléctica le seguirá “Astronauts & heretics” (1992), con los sobresalientes “Cruel”, “Silk pijamas”, “Beauty of a dream” con Jerry García y Bob Weir (The Grateful Dead) y “Eastern bloc”, con guitarra de Eddie Van Halen. Años después Dolby discontinuó su carrera musical y se dedicó a una empresa de servicios de computación y telefonía celular. Se fue a vivir a Los Angeles, porque “hay gente mucho más copada que los ingleses, que no se adaptaron al hecho de haber perdido su imperio”. Un genio.

**Tears for Fears – “The seed of love” (1989)


Estos ingleses de Bath deberían ser considerados entre los herederos de los Beatles. El dúo de Curtis Smith y Roland Orzabal nació en la época de la new wave. Empezaron con “The hurting” (1983), un disco ilustrativo de ese género, a pura batería electrónica y sintetizadores, con buenas melodías y los clichés del momento. Vendieron un montón de discos, aunque su leit-motiv intelectualoide era la infancia traumática (teoría de Arthur Janov sobre el grito primal). Su música la copió aquí Soda Stéreo –con una dósis mayor de azúcar- pocos años después en el excelente “Nada personal” (1985).

El boom de Tears for Fears lo produjo su segundo CD, “Song from the  big chair” (1985), que contiene los inoxidables éxitos “Everybody wants to rule the world” y “Shout”. Un salto de calidad… y de ventas (más de 10 millones de unidades). Pero “The seed of love” marca la cumbre creativa de su carrera, es el trabajo más maduro y grandioso que hicieron, captando la onda psicodélica de los Beatles. Tanto que muchos le hallan similitudes a “Sg. Pepper..”

Por si fuera poco musicalmente, la invitada norteamericana  Oleta Adams –con su delicada voz negra y su piano en tres temas: “Woman in chains”, el más celebrado. Fue un tremendo hallazgo, la perla del disco: en una gira previa, Orzabal & Smith la descubrieron en el show que la mujer daba en un hotel de Kansas-USA.  Ella pudo haber sido la Aretha Franklin de su generación explotando la veta gospel y soulera que derrocha en cada nota que canta pero su carrera artística se diluyó entre tantas buenas voces negras. Está bueno recordar sus pocos pero delicados éxitos, como “Cirle of one” o el cover “Get here”.

*Tears for Fears – “Elemental” (1993)

Sin llegar a las enormes alturas del anterior, posee temas imperdibles como “Goodnight song”, “Cold”, “Break it down again” y “Brian Wilson said”. A decir verdad, hay tracks que sobran. Dicen que en este disco Smith casi ni participó y es enteramente de Orzabal.

*Queen – “A night at the Opera” (1975)

Esta banda tan inglesa como recontraconocida básicamente funcionó desde 1970 hasta la muerte de su líder y cantante Freddie Mercury en 1991. Digamos que ocupó la vacante de los Beatles por más de una década, con verdadero impacto mundial. Con la particular voz y despliegue escénico de Mercury, el impresionante sonido de la guitarra de Brian May y armonías vocales perfectas (con pequeña grande ayuda de subterfugios tecnológicos detrás del telón), desarrollaron un estilo musical camaleónico y poco clasificable. Si escuchan el single “Somebody to love”, lo comprenderán de un saque.

Empezaron como grupo de glam-rock acorde a la época a la usanza de Bowie, Gary Glitter & Cia. Fueron banda progresiva y de hard-rock también pero le agregaron pop, vaudeville, clásica, rockabilly y hasta música disco, según las circunstancias. Con las baladas gancheras características al piano de Mercury, una música muchas veces sobrecargada de arreglos y efectos con intenciones épicas.

Su primer disco no llama mucho la atención pero con “Queen II” (1974) empiezan a forjar su personalidad. “A night at the Opera” (1975) es el cuarto disco de estudio del grupo. Según la crítica, entre los mejores de la historia del rock. Con recursos eclécticos y algunos toques barrocos  alusivos, el grupo impuso su personalidad definitivamente. Aparece bien maduro y conquista el mundo con su tremendo éxito “Bohemian Rhapsody” y otros temas impresionantes como la emocionante “Love of my life”, tan simple como eterna. También “You´re my best friend”, “39”, “Sweet Lady” y el progresivo “The Prophet´s song”.

Recorriendo toda su discografía, creo que Queen llega la cima creativa en “Jazz” (1978), el séptimo LP, ese que empieza con el loquísimo “Mustapha” y  sigue con gran muestrario de estilos pero nivel homogéneo. Mi preferencia no se corresponde justamente con la de las críticas de la época. Será el último trabajo del grupo sin usar sintetizadores, a los que ellos habían preferido ignorar hasta entonces. Brillantes intervenciones de Brian May, el gran subestimado... hasta que una encuesta de 2020 de la revista inglesa Total Guitar lo calificó como el mejor guitarrista de la historia del rock haciendo un poco de justicia en estas cosas tan subjetivas. May, artista bien ubicado si los hay, dijo que no se lo creía pero que al menos tenía la enorme satisfacción de haber llegado al corazón de la gente. Para la de 2011 de la Rolling Stone, primero fue Jimi Hendrix, seguido de Eric Clapton y Jimmy Page y May ocupó el 26º puesto.

Durante los ochenta Queen editó unos seis discos más, plagados de singles rotundos que coparon las radios. Pero los últimos fueron algo redundantes, de relleno, algo grandilocuentes. 

En el medio vendría la planificada e histórica participación en el Live Aid 85 de Wembley, para muchos los veinte minutos que cambiaron el rock en vivo. “Toda banda debería estudiar Queen en Live Aid” dijo cierta vez David Grohl de Foo Fighters. Es que los Queen fueron considerados maestros del llamado “rock de estadios”, grandes conciertos multitudinarios, como U2. Contaban con el aporte invalorable de Freddie Mercury, un frontman rockero atrapante solo comparable a Mick Jagger. Volverían un año después al mismo lugar para dos actuaciones memorables durante su última gira, editadas como “Live at Wembley Stadium” (1992). Escucharlos es una buena manera de recorrer su trayectoria. No perderse temas inolvidables como “We are the champions”, “One vision” o “Save me” (otra obra maestra) y la citada “Somebody to love”. 

*Dire Straits – “On the night” (1993)

Capitaneados por el escocés Mark Knopfler (Glasgow, 1949), un guitarrista de sonido inmediatamente reconocible, Dire Straits fue un grupo que tuvo su “cuarto de hora” entre 1977 y 1995. Hacían un rock que –aunque de origen británico- tenía una impronta country-western, quizás por la guitarra slide y la voz dylanesca de Knopfler. En el homónimo primer disco que sacaron estaba el imbatible “Sultanes del ritmo”, con el que los conocieron en todo el mundo. Pero su mayor suceso de crítica y popularidad fue “Brothers in arms” (1985), el de “Money for nothing”. 

Este “On the night” es una especie de grandes éxitos grabados en vivo durante conciertos hechos en Nimes-Francia y Rotterdam-Holanda. Contiene los éxitos de aquel CD y “Calling Elvis”, “On every street” y “Your latest trick”.   

*U2 – “The saint are coming-Greatest hits” (2017)

¿Qué digo y recomiendo de los U2 si nunca me entusiasmaron mucho? Movieron multitudes durante varias décadas a partir de los ochenta. Cuarteto post-punk de rock y pop irlandés de Dublin caracterizado por la voz al frente de Bono, la guitarra casi funk de Dave “The Edge” Evans, característica por sus finos rasgueos y ecos, más ciertas letras y actitudes rebeldonas para la tribuna. Algun crítico los clasificó como “rock de estadios”, justamente. Sorprendieron con su primer disco “Boy” (1980).

Esta recopilación de 2 CD es de Island Records y tiene todos los éxitos esperados. Mis temas preferidos son “Beatiful day” y “Hold me, thrill me, kiss me, kill me” de la banda de sonido del film "Batman forever".

**Seal – “Seal I” (1991)

Cantante negro de ascendencia nigeriana, londinense y arquitecto, cuyo verdadero nombre es Seal Henry Olusegun Olumide Adeola Samuel. Con cuidadoso marketing hace un soul modernizado, con grageas tecno y pop. Este disco tiene un sonido ambient, es muy parejo y resiste estoicamente el paso de los años. Aunque sus temas más populares fueron  “Crazy” y “Killer” tiene sus puntos más altos en “Wild” y “Violet”. La popularidad de Seal explotó al participar del homenaje a Freddy Mercury en 1992 en el estadio Wembley, y con “Kiss from a rose”, tema del film “Batman forever”, contenido en “Seal II” (1994). Bien vale escuchar con paciencia la continuidad de su discografía: aunque a veces se copia a si mismo, a veces alcanza las alturas de David Bowie.

*Buddy Guy – “Buddy’s baddest. The best of Buddy Guy” (1999)

Otro “guitar hero” blusero contemporáneo que no se puede soslayar. Oriundo de Luisiana-USA, desarrolló su carrera en Chicago. Ya anda por los 82 años. Impacta su estilo de estirar las cuerdas, más agresivo que Clapton o King. Lo mismo pasa con su voz más potente y menos condescendiente que la de otros competidores del género. Esta recopilación contiene la muy buena versión de “Mustang Sally”, el tema de Wilson Pickett.   


**Robert Cray – “Strong persuader” (1986)

Cuando surgió Cray allá por los ochenta lo llamaban “el nuevo B.B.King”: un notable guitarrista sin excesos, recontra-elegante y con una excelente voz negra. Se hablaba del “renacimiento del blues” por el éxito de Cray, de Steve Ray Vaughan y el apogeo solista de Eric Clapton.

Bien escuchado este músico de color oriundo de Georgia-USA y nacido en 1953, no es un purista del blues: mete dósis de R&B y “southern soul” de Memphis a la manera de Otis Redding, Sam Cooke y Wilson Pickett, que son sus ídolos. En el particular sonido de Robert Cray, el uso de caños es un ingrediente fundamental. Justamente su sección de bronces se llama “Memphis horns”.

Este disco es especial porque lanzó a Cray a la fama y porque contiene verdaderos temazos.  Este es el 4to. disco de su carrera entre una veintena y su difusión fue (en estos suburbios, al menos) con “I wonder” y “Right next door (because of me)”. Todo suena perfecto y con buen gusto. También pueden hurgar en su exitoso e interesante CD “Don´t be afraid of the dark” (1988) y la recopilación “The definitive collection” (2007).

**Steve Ray Vaughan & Double Trouble – “In step” (1989)

No pueden dejar de conocer a este guitarrista tejano de los ochenta que la rompía con el rhytm&blues y el shuffle y se mató en un accidente de helicóptero en 1990, siendo ya una superestrella. No era un guitarrista más: realmente fue uno de los mejores y más representativos del blues sureño contemporáneo. Dentro de un género que siempre se destacó más por la expresividad de sus guitarristas que por su técnica, SRV le metió técnica, elegancia y gracia, causando la admiración de sus competidores. Sus influencias eran Albert King y Jimi Hendrix. 

Double Trouble fue su banda más estable. El temazo del disco es “Riviera paradise”. Además de tocar la Fender Stratocaster como los dioses, cantaba y componía muy bien. Algún crítico considera mejor a su álbum debut “Texas flood” (1983), con versiones de Howlin´ Wolf y de Buddy Guy. Después vinieron, “Couldn´t  stand the weather” (1984) y “Step by step” (1985).

**Steve Ray Vaughan & Double Trouble – “The sky is crying” (1991)

Resumiendo, digamos que SRV revitalizó un género que no albergaba grandes expectativas metiendo muy buenos covers y composiciones propias impregnados de un sonido propio aggiornado e inconfundible. No es poco. Este es su muy recomendable disco póstumo. Tiene una versión formidable de “Little wing” de Jimi Hendrix, un slow  blues perfecto “May I have a talk with you” de Howlin’ Wolf, un tema de Kenny Burrell (“Chitlins con carne”) y un nivel muy alto.

Como siempre queda algo afuera, busquen el imbatible “Couldn’t stand the weather” en el CD homónimo y el pegadizo “Hard to be” del disco “Family style” de Vaughan Brothers, con su hermano, el también muy buen guitarrista Jimmy (de The Fabulous Thunderbirds, entre otros).

**Robben Ford & The Blue Line – “Waiting for a miracle” (1993)

Este es un guitarrista blanco californiano que ya pasó los 60, fundó The Yellowjackets, tocó con Miles Davis, Joni Mitchell, Bob Dylan, George Harrison, etc. y luego se largó a su carrera solista, con distintas formaciones.

Aquí en un power trío blusero, haciendo gala de su gran uso de la pedalera, con Roscoe Beck en bajo (¿reencarnación de Jack Bruce?) y Tom Bretchlein en batería. Un disco en vivo (creo que un bootleg, grabado en San Francisco-EEUU, no oficial), inconseguible en el hemisferio sur, que resume los temas de una época bárbara de este músico. Una avalancha de blues pesado. 

Escuché a este trío en el Teatro Opera de la avenida Corrientes en 1992. Sus teloneros fueron, nada más y nada menos, que el trío acústico de Lyle Mays y un impresionista Mono Fontana como solista con sus máquinas. Un lujo oriental. Inolvidable.

**Scott Henderson – “Tore down house” (1996)

Scott Henderson (Palm Beach-Florida-USA, 1954) es un guitarrista eléctrico originalísimo. El mismo dijo que su técnica la obtuvo después de gastar discos de Albert King, Jimi Hendrix y Jeff Beck y transcribiendo a su instrumento partituras para saxo de Cannonball Adderley, Joe Henderson y Wayne Shorter. Colaboró durante su carrera con grandes nenes: estuvo en la Chick Corea Elektric Band y grabó con Jean Luc Ponty, Tom Coster y The Zawinul Syndicate, abanderados del jazz fusion. A mediados de los ochenta se juntó con el virtuoso bajista Gary Willis y dieron origen a la aplanadora del rubro llamada Tribal Tech, cuyo último disco apareció en 2012: como esa es una historia aparte, le dedicaremos varios párrafos en el capítulo que viene.

Entre medio de ese trayecto, Henderson produjo discos solistas emparentados con el hard blues, más distorsionado y deforme que Steve Ray Vaughan y Robben Ford & The Blue Line. Poca ortodoxia. Básicamente lo hizo en power trio pero -según el disco- metiendo voces, teclados y eventualmente caños.

La primera producción blusera de Henderson fue “Dog party” (1994), donde recluta a dos compañeros de Tribal Tech: Scott Kinsey con alguna intervención en teclados y Kirk Covington, que mete su potente batería y le resuelve la voz principal con autoridad. Otro baluarte es Pat O’Brien, en armónica:  escuchen por ej.  el track “Milk bone”.

Este “Tore down house” es el segundo CD de Henderson en onda blusera. Sigue el tándem Kinsey-Covington-O’Brien más la prodigiosa voz de Masta Edwards en algunos tracks. Como Henderson no puede disimular su amor por Weather Report y Pastorius, mete el cover de “Continuum”, con guitarra slide y arreglos country. En “Hate you” recuerda a Frank Zappa. “Mocha” es un excepcional blues lento hendrixiano y “Harpoon” es una aplanadora para despedirse o poner el disco de nuevo.

Después viene  “Well to the bone” (2002) con Kinsey-Covington, un nuevo bajista y la excelente voz invitada de Thelma Houston. Y los dos discos que faltan son power trio puro: “Vibe station” (2015) y “People mover” (2019). Con ellos Henderson va atenuando las sorpresas y bajando la cuota de blues paulatinamente, recurriendo a la fusión de nuevo pero sin alcanzar nunca las alturas de Tribal Tech. Igual es un guitarrista prodigioso y pueden perdonárseles algunos resbalones discográficos porque su inventiva siempre se disfruta.

Además de su faceta solista blusera, su devenir en Tribal Tech y sus diversas colaboraciones en discos de gente consagrada, Scott Henderson se embarcó -a fines de los noventa- junto a Steve Smith (Vital Information-batería) y Victor Wooten (Bela Fleck & The Fleckstones-bajo) en el proyecto Vital Tech Tones: una onda progresiva que derrocha virtuosismo pero no pasará a la historia. Mención aparte para su última agrupación HBC, otro power trio pero directamente de jazz fusion, con los consagrados Jeff Berlin en el bajo y Dennis Chambers a la batería: otra vez con gran influencia y gratitud a Weather Report. Los veremos en el Cap. 4: Jazz & Jazz Rock.

Henderson anduvo varias veces por Buenos Aires, donde tiene un público seguidor. Lo vi dos veces en facetas distintas: en el Auditorio Bauen en 1999 cuando presentó “Thick” con el Tribal Tech completado por Willis-Kinsey-Covington, uno de los recitales que más me impactaron en la vida. En agosto/14 saqué entradas para verlo en el trio HBC en el teatro ND Ateneo, en la gira de presentación su poderoso disco homónimo. Unos días antes avisaron públicamente que no venía Dennis Chambers por problemas de salud y que lo reemplazaría Billy Cobham: a falta de un genio de la batería vi a otro, en gran estado y presencia pese a sus 71 años. 

*The Fabulous Thunderbirds – “Tuff enuff” (1986)

Este grupo de Austin, Texas, EEUU, es cultor del rhythm & blues mezclado con rockabilly, tex-mex y zideco. Bien sureños. Digamos que los “T-Birds” están emparentados con los Creedence de los hermanos Fogerty y con Los Lobos. Durante muchos años este conjunto estuvo integrado por el hermano mayor de Steve Ray Vaughan (Jimmie), también excelente guitarrista, y tuvo diversos vocalistas en sus formaciones. El mejor y más original fue Kim Wilson (además eximio armonicista): cuando no estuvo al frente el grupo respetó el estilo pero tuvo menos pimienta.

No busquen más: el tema “Look at that, look at that” es lo máximo, si no los convence vayan a otra cosa. Si los atrapa, escuchen “I’m a good man”, “Give me all your lovin” y “Wait on time” y sigan disfrutando. Para eso van a tener que recurrir, por ejemplo, a “The Fabulous Thunderbirds Collection” (2004), que contiene 26 temas. Ya grandotes, siguen girando con Kim Wilson como único miembro original.

* ACDC – “Live at River Plate” (2012)

Claro está, sabía de ellos, pero debo confesar que AC/DC entró a mi lista de preferidos no hace demasiado tiempo.   Me deslumbraron cuando vi en DVD muchos años después esta actuación en el estadio River Plate (diciembre de 2009), parte de su “Black Ice World Tour”. Estoy lejos de haber aprehendido la discografía de este grupo de Sidney-Australia, pero este vivo es avasallante, puro corazón. Parece que algo de esto ha contagiado a mucha gente, por el éxito del disco y porque la actuación y la respuesta fervorosa del público argentino llegó a ser considerada por varios críticos como su película de conciertos de rock favorita de todos los tiempos.

El nervio de la banda han sido los hermanos Young, Angus y Malcolm, en guitarra líder y rítmica, respectivamente: dos máquinas de rockear. AC/DC es una avalancha de hard rock y un sonido deslumbrante, aunque no exhiba grandes preciosismos.  Empezó en 1973 y todavía no se detuvo, a pesar de varios cambios de integrantes a través de estas cuatro décadas y pico. Sus cantantes emblemáticos fueron Bon Scott (1974-1980) y Brian Johnson (1980-2016). Cuando éste no pudo seguir por problemas auditivos (fue techista y mecánico, le encantan los fierros de carrera), convocaron un tiempo a Axl Rose (Gun´s Roses). Johnson pudo recuperarse de su afección y volvió al grupo con “Power Up” en 2020.

El ícono del grupo es Angus Young, ese guitarrista que aún grandecito se viste de colegial inglés multiplicando riffs demoledores con su Gibson SG, sin grandes alardes ni exhibicionismos. “Alguna gente gusta de las rubias, otra de las morochas: mi SG es una pelirroja”. Temazos: “Highway to hell”, “You shook me all night long”,  “Back in black”, “Hells bells”, “Thunderstruck”. AC/DC: nacidos para ser clásicos.

**Crowded House – “The very best of… recurring dreams” (1996)

Aprovechando que estamos en Oceanía, vayamos a Crowded House, una banda de soft-rock mixta neocelandesa/australiana. Autora de baladas beatlescas romanticonas, tan cálidas como redondas. Ellas están muy bien representadas en este disco sugerido, que es un grandes éxitos recopilado en un solo CD de 19 temas que no tiene desperdicios. Singles reconocibles son “Weather with you”, “Better be home soon”,  “Fall at your feet” y “Don´t dream it´s over”.

La mitad inicial de Crowded House (Neil Finn y Paul Hester) fueron dos viejos integrantes del primer grupo neocelandés que tuvo repercusión internacional, el new wave Split Enz (el del éxito ochentoso “I got you”), claro que CH fue mucho más popular. Su plataforma de lanzamiento fue Los Angeles-USA, para Capitol Records. En muchas producciones colaboró muchas veces el pianista de Supertramp, Mark Hart.

Siguiendo por ese continente, mencionemos otros  grupos australianos de los años ochenta y noventa que asomaron sus cabezas al mercado internacional de la música contemporánea con una cantidad de éxitos que movieron las estanterías. Todo es cuestión de gustos: a mi no me convencen del todo y por eso no recomiendo un disco de cada uno en particular, lo que no significa que sus historias no requieran una escudriñada de Uds.

Men at Work, empezaron en Melbourne en 1980 y gozaron más o menos una década de fama.  Encabezaron ránkings en EE.UU. y en Europa. Liderados por el cantante escocés Colin Hay, ofrecieron un pop-rock refrescante y pegadizo pero bien hecho.  Singles destacables: “Down under”,  “Who can it be now?” y “It´s a mistake”.

Luego los INXS, fueron en su momento los australianos más exitosos del mundo, sin duda. Su difusión copaba todos los medios, radios y MTV. Banda formada en Sidney-vía Perth-Australia a partir de tres hermanos Farriss pero liderada por el carismático Michael Hutchence. Empezaron como un grupo new wave-pop, le fueron agregando dósis de rock, soul blanco y piscas de dance: una especie de U2 pero más festivos. Con el quinto LP “Listen like thieves” (1985) dieron el batacazo. Sacaron en total unos diez discos oficiales –varios producidos por el cotizado Nile Rodgers- entre 1980 y 1997, año que murió Hutchence, lo cual prácticamente acabó con la trayectoria del grupo. “Need you tonight”, “Devil inside”, “New sensation”, “Suicide blonde” fueron algunos de sus temas icónicos.

Por último, Flash & The Pan, otro grupo de Sidney, conocido antes que nada por su tema “Walking in the rain”, escuchado hasta en los más recónditos lugares del planeta, desde su edición en 1979. Catalogado como new wave –como todo lo que sonaba pop en el ámbito británico después del estallido punk- o también como synthpop, sobresalía la voz nasal sincopada de Harry Vanda, más recitada que cantada y el clima de thriller de muchas de sus canciones. Otro integrante era George Young, hermano de los AC/DC.

*Talking Heads – “Speaking in tongues” (1983)

Grupo neoyorkino de música pop que se hizo famoso en el club CBGB como telonero de los Ramones, aunque claramente con una onda diferente: la new wave post-punk del lado americano. Catapultó a su alma mater,el escocés David Byrne, que después seguiría con éxito su carrera solista. Por si no lo conocen, un músico freak muy original –ahora ya maduro- que no canta normalmente pero atrapa.

Talking Heads es pop y funk con beats de reminiscencias africanas, envuelto en una pátina naive. Este es el sexto disco de la trayectoria del grupo, donde se destacan los temas “Burning down the house”, “Boygirl is better” y mi preferida “Making flippy-floppy”. En coros, están las impresionantes voces negras de Dolette McDonald y Nona Hendryx, que cantaron con The Police en alguna gira. Los TH tuvieron en gran parte de su discografía como productor al músico Brian Eno (ex Roxy Music, Robert Fripp y David Bowie).

**Talking Heads – “Stop making sense” (1984)

Es un excelente álbum en vivo de la gira que presentó básicamente “Speaking in tongues” (1983), rellenada con “grandes  éxitos” anteriores. A la vez es una película de sus presentaciones en The Pantages Theatre de Hollywood. El entonces poco conocido director Jonathan Demme hizo un film de los recitales, muy premiado y exitoso. Asegúrense la edición larga del disco, con 16 temas, entre ellos la inconmensurable versión de “Making flippy-floppy” y una de “Heaven”, mucho más sanguíneas que las originales. Por lo tanto, cómprense la película en DVD, directamente, y disfruten todo junto, imágenes y música. 

*Talking Heads – “Little creatures” (1985)

Otro disco recomendable de estas “cabezas parlantes”. Los temas más conocidos son “And she was”, “Perfect world” y “Television man”. Una última recomendación sobre los Talking Head  es “Stop making sense” (1984), una actuación en vivo filmada por Jonathan Demme, cuyas referencias deben buscarlas en el capítulo sobre bandas de sonido de películas.
Dije que Byrne es muy especial, un tipo que acumula TOCs y, además, es curioso e inquieto: recorrió el mundo buceando en músicas étnicas y promovió a muchos artistas locales mediante su discográfica Luaka Bop. En 1989 hizo un disco con temática latinoamericana “Rei Momo”, donde se mandó con salsas, sambas, charangas y mambos. Un ecléctico como Joe Jackson, pero en otra dirección. Su debilidad es juntar músicos de gran nivel para grabar y, siempre, la onda latina para darle color a sus temas pop.  De su carrera solista y múltiples CD, está bueno “Feelings” (1997) que tiene hasta intervenciones de cuerdas, pero me gusta un poco más “David Enryb”.

*David Byrne – “David Enryb” (1994)

De alguna manera es una continuación de la música Talking Heads. El creativo Byrne, se quedó en la práctica con las patentes virtuales del exitoso grupo. Ya sin la base habitual de Tina Weymouth (bajo) y Chris Frantz (batería) se acompañó de otros que se las traían. En guitarra y producción, en este disco está Arto Lindsay, el impresionante bajo de Paul Socolow, Bebel Gilberto, Dollette McDonald en coros y hasta John Medeski en teclados. El tema principal fue “Angels” y luego “Back in the box”, pero también se destaca la sutileza de “My love is you”. Me atrapa también “Lillies of the valley”.

En los últimos años, Byrne escribió libros de divulgación musicales, con impresiones de viajes y sobre su hobby de bicicletear por todas las ciudades que recorre. Su último CD es "American Utopia" (2018), después de 18 años de no grabar uno solista: no me sedujo para nada.

*The B´52s – “Brotando de los satélites” (1986)

Este aparatoso grupo de Athens-Georgia-USA producto de la new wave norteamericana  revivió looks de los 60, una onda que hoy llamaríamos vintage.  A una música pop juvenil retro, efectiva y festiva, le pusieron coros estridentes. No podés dejar de escucharlos para pintar el panorama de la música de esos años. ¿Nuestros Miranda! se habrán inspirado en ellos?

Las mujeres al frente eran Kate Pierson y Cindy Wilson, con esos raros peinados viejos de tipo “bombee”. El de la cara de loco y voz de locutor estrambótico era Fred Schneider. Sobre el escenario eran teatrales. Los singles de difusión de este vinilo fueron “Verano del amor”  y “Chica de Ipanema va a Greenland”. También fue muy celebrado su disco debut “The B´52s” (1979).

*Lenny Kravitz – “Are you gonna go my way?” (1993)


Kravitz es un genio aggiornando a Zeppelin, Hendrix y Sly & The Family Stone (rock, blues, baladas) con numerosos recursos musicales, muy buen gusto y una voz bárbara. Un verdadero posmoderno que refrita hard rock, blues, funk y soul. Suficiente para sobresalir en estas últimas décadas artísticamente poco originales.

Es neoyorkino, negro y fachero y una máquina de hacer hits. Siempre en pose de “reventado piola” copiando todo modismo rockero a mano, en los videoclips o sobre el escenario, su faceta pelotuda y obviable.

Pero concentrémonos en lo importante: su música. El álbum debut de Kravitz  fue el bueno “Let love rule” (1989), donde grabó casi todos los instrumentos. Le siguió “Mamma said” (1991), con similar nivel y cargado de éxitos. Este  recomendado es el tercero, que tiene cuatro o cinco temas memorables, como el del título, aunque después de un arranque demoledor decae un poquito al final.

No se ofenda nadie, pero -si prescinden de prejuicios- los discos de Kravitz son más interesantes que los solistas de John Lennon. Todos están para una escuchada atenta. O empiecen con “Greatest hits” (2008), donde encontrarán además los éxitos “Rock & roll is dead”, “Fly away”, “Again”, “California” y hasta su floja versión del viejo tema “American woman” del grupo canadiense The Guess Who. Es un CD doble y vale su precio.

*Spin Doctors – “Pocket full of kryptonite” (1992)

Grupo neoyorquino de los 90s, cultores de un rock alternativo y funkiento. Mucho más rockeros y divertidos  que la corriente “depre” de Nirvana, claro. Supongo que deben haber pasado por sus oídos –aunque sea sin permiso- los éxitos “Two princes”, “What time is it?” y “Jimmy Olsen’s Blues”. El disco entero está plagado de canciones con gancho, llenos de riffs, con la distintiva voz líder de Chris Barron al frente y el gran trabajo del bajista Mark White.

De esa misma época inicial de la banda, está bueno el vivo “Homebelly groove live” (1992). Después sacaron el éxito “El gato de Cleopatra” (del CD “Turn it upside down” de 1994) pero no llegaron tan alto.

*Black Crowes – “The southern harmony and musical companion” (1992)

Grupo de Atlanta, Georgia-USA, ya separado, que hacía un hard rock sureño con dósis de rhythm & blues más piscas stoneanas, psicodélicas y funkientas (que complicado… puff!). Liderados por los hermanos Rich y Chris Robinson (cantante y frontman cancherito). “Hard to handle” y “Remedy”, fueron sus éxitos más escuchados. No escuché toda su discografía: me quedé en este, su segundo y agradable disco, que fue muy exitoso.



*Green Day – “Dookie” (1994)
Trío norteamericano de punk-rock y pop de principios de los 90, oriundo de California. Un sonido fuerte pero mucho más redondo, entrador y prolijo que el punk de los 70. El nombre de la banda dicen que proviene del pasatiempo favorito del cantante Billie Joe Armstrong y sus compañeros Mike Dirnt y Tre Cool: fumar marihuana. Este CD fue su primer gran éxito y les dió fama mundial.  “Basket case”, “Longview”, luego “When I come around” y “She” fueron los temas de difusión empedernida. Como suele pasar, con los años y los discos, se pusieron algo repetitivos, buscando el nuevo hit que los sostenga y tratando sin éxito de no parecer muy burgueses para mantener las apariencias.

*Foo Fighters – “There is nothing left to lose” (1999)


FF es un grupo de Seattle-U.S.A. que comenzó en los noventa y continúa siendo desde ahí lo más fresco del rock norteamericano en lo que va del siglo. Es liderado por el cantante Dave Grohl, que ya era famoso desde antes porque fue el baterista del suceso generacional que fue Nirvana, el grupo “grunge” de Kurt Cobain.

Grohl, que de chico fue vendedor de Tower Records porque -según dice- eran los únicos que aceptaban empleados con peinados raros, es uno de los pocos rockeros de quienes resulta interesante leer un reportaje. Hace años mencionaba:  “Cuando estás arriba de un escenario ante 80.000 personas que levantan sus brazos y cantan la canción que escribiste, puede transformarse en algo peligroso si lo tomás muy en serio. Podés empezar a sentirte como un fucking Dios o algo así. Es muy loco. Si le ponés algo de sentido del humor a las cosas, es mucho más fácil y simple. En Foo Fighters seguimos teniendo la misma idea que cuando empezamos: componemos canciones, las practicamos y las tocamos en vivo. Y tenemos una vida muy simple también: llevamos a los chicos a la escuela y hacemos la comida a la noche. A veces cuando veo a músicos tomarse demasiado en serio, su música deja de gustarme tanto. Amo cuando las bandas tienen un fuerte sentido del humor. ¡Los Queens of the Stone Age son divertidísimos! Incluso Pink Floyd tiene un raro y oscuro sentido del humor que amo. Las bandas que se toman demasiado en serio a veces terminan creyéndose héroes. Pero la gente que realmente considero héroe son los malditos doctores, los maestros de escuela, los bomberos o tipos así. No creo que sean los músicos de rock. De hecho, la mayoría de los rockeros son unos idiotas”. Un iconoclasta, un Capusotto auténtico.

FF suenan monolíticos y encendidos con sus buenos riffs apoyados en tres guitarras con reminiscencias indies tipo Offspring y resonancias zeppelinianas. Sus puntos débiles son Grohl cuando abusa de los gritos (es mejor cantando normalmente: escuchenlo en el CD2 del doble acústico “In your honor” o en baladas), y que tienen muchas composiciones superfluas que parecen relleno.

Algunos críticos recomiendan sus dos primeros discos: “Foo Fighters” (1995) y “The colour and the shape” (1997). Voto por “There is nothing…” porque es una fuente de hits, como “Learn to fly”, “Gimme stitches”, “Stacked actors” y “M.I.A.” 

FF tiene como cualquier grupo un grandes éxitos de 2009 pero no está  “Rope”, el mejor tema de su carrera: un pecado grave. Recomiendo fervientemente oirlos en DVD en las deslumbrantes actuaciones del Lollapalooza de Rio de Janeiro o en el Quilmes Rock de Buenos Aires, ambas de 2012. 

Nota: no me gusta mucho el rock denominado “grunge” pero –si lo desconocen- deberían hacer la prueba de investigarlo. No es casualidad que sea la onda que guió los gustos de millones de chicos rockeros en todo el mundo en las dos últimas décadas. También llamado “sonido de Seattle”, el grunge es un hard-rock alternativo de sonido “sucio”, en general medio “depre”, hecho por bandas del estado de Washington que grabaron en una discográfica llamada Sub Pop (“furiosas guitarras adolescentes de la generación X al frente”). En la lista “grungefila” están los mencionados Nirvana, Soundgarden, Alice in chains, Stone Temple Pilots, los neo-punk Mudhoney y Pearl Jam, grupo del cantante Eddie Vedder. Entre los discos más representativos están el aclamado “Nevermind” de Nirvana y “Ten” de Pearl Jam, ambos de 1991.

Eso si, al movimiento grunge deberían premiarlo por haber sepultado para siempre al pretencioso heavy metal norteamericano de los ochenta, pura producción, el de Poison, Journey, Europe, Twisted Sister y cosas aún peores, incluyendo también a Bon Jovi, Van Halen y Aerosmith. No dejen de ver “This is Spinal Tap” (1984) de Rob Reiner, un film muy gracioso que parodia ese rock bobo con melenas enruladas,  brillos, botas con tacones y poses ridículas. 

NdeH: bueno, confieso haber prestado atención al sonido y la técnica de guitarra de Eddie Van Halen y de Nuno Bettencourt en Extreme (aquel de “More than words” “Hole hearted” y “Get the funk out”). Pero juro que no pasé de esos pecadillos!
*Morphine – “Cure for pain” (1993)

Fue un extraño trío de solamente bajo, batería y saxo oriundo de Boston-U.S.A., liderado por el bajista Mark Sandman más Bill Conway y Dana Colley. Como la singular formación sugiere, suenan muy extraños para la música contemporánea: rock alternativo con reminiscencias jazzeras. Alguno le puso “low rock” (rock grave). Un grupo de culto con reminiscencias beatnik (Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Cía.) y de realismo sucio en letras y posturas.

Muy experimentales, podían meter voz con megáfono y agregar esporádicamente percusión, órgano, alguna guitarra o bronces. Además Sandman usaba dos instrumentos de su invención que ejecutaba con slide: un bajo con micrófonos Fender de solo dos cuerdas con una afinación especial, y el tritar, un cuerpo de guitarra con dos cuerdas de guitarra y uno de bajo.

El tema suyo que más sonó en el mundo fue “Honey white”, de su álbum “Yes” (1995). Una compilación interesante fue “B-sides and otherwise” (1997), colección de singles, lados B y tomas raras en vivo por fuera de sus discos oficiales. Sandman falleció del cuore en un escenario de Italia en 1999 y la banda se disolvió.

*Beck – “Odelay” (1996)

Nacido en 1970 en Los Angeles-USA, nieto de baby-boomers del Village, hijo de padres separados, representante de la Generación X, estudiante inconcluso, mozo de bar, semipordiosero, músico callejero en varias ciudades, adherente a la cienciología y estrella internacional de rock. Beck se convirtió casi naturalmente en el prototipo de músico posmoderno amante de las mezclas y el revival: a una base fuertemente folk le suma pop, hip-hop, country blues, soul, rock, etc. Para completar ese loco pastel agridulce, Beck se convirtió en rey del sampler (para el neófito, instrumento electrónico que reproduce y/o modifica porciones de sonidos ya grabados, usándolos para “decorar” obras nuevas).
Este blondo no tiene más éxito y difusión mundial porque de tanto experimentar y cambiar no adquiere un estilo musical definido fácilmente identificable por los oyentes. Con su voz, tan interesante como versátil, pasa lo mismo. Las antípodas de un Lenny Kravitz, digamos.

De tanto experimentar y cambiar, a Beck le salen discos impresionantes y otros soporíferos. Con el primero “Golden feelings” (1993), supongo quiso llamar la atención de algún crítico que buscaba nerds musicales para la categoría “indies” (indepedientes, under) o una revelación post-grunge. El tercero, “Mellow gold” (1994) contiene su exitoso single “Loser” pero también otras joyitas. “One foot in the grave” (1994) es una biblia moderna del folk norteamericano y muestra las raíces musicales de Beck, que no se de donde salieron porque el ñato es fusión de megalópolis y supongo que cero campestre. Buee, como nuestro Alfredo Abalos, que desde San Fernando se convirtió en el rey de la chacarera santiagueña.

Pero llega “Odelay”, el quinto disco de Beck. Acá gobierna el sampler, la psicodelia y la posmodernidad. Su single de difusión fue “Where it´s at”. Nuevo volantazo:  pasen por el tranquilo “Mutations” (1998), sexto disco, con algunas melodías beatlescas imperdibles.


*Beck – “Midnite vultures” (1999)
Este disco fue menos exitoso que "Odelay” pero es mucho más creativo, caliente y funky. Si Beck copia aquí a puro falsete a Sly & The Family Stone y a Prince con buen gusto musical, entonces los chicos argentos de Illya Kuryaki & The Valderramas se copiaron de Beck. Me gustan “Mixed bizness”, “Hollywood freaks” y “Debra”.
A veces parece un poco fría e indiferente la música de Beck pero son tantos los recursos de su paleta musical que, si tenés un poco de curiosidad melómana, no lo abandonás fácilmente. No se rían: se me viene a la cabeza la imagen de un misil errado que pasa cerca de su objetivo pero la estela te deja con los ojos abiertos.
Sorprende a cada rato. Por eso en “Sea change” (2002) se tranquiliza y convierte en cancionista/baladista normal, con climas introspectivos parecidos a los de Nirvana. Pero se despierta sobresaltado y agarra las máquinas de vuelta, le mete latino y te sacude en “Güero” (2005). Que te pasa Beck? Estás crazy? Sigan Uds. con Beck.

*Tracy Chapman – “Tracy Chapman” (1988)

Aquí en el Cono Sur esta cantante negra de pop-folk norteamericana apareció de golpe en las radios con este su primer disco y con ese éxito se subió a la gira de Amnistía Internacional que pasó por estas pampas, estadio River Plate (con Peter Gabriel, Sting, Bruce Springsteen y otros). El disco está bárbaro, con su voz melancólica redondeando hermosas canciones folk-rock (como “Auto veloz” y “Hablando sobre la revolución”). Ya en su segundo disco no pudo mantener el interés de la gente.




*Sade – “The ultimate collection” (2011)

Abramos un subcapítulo virtual para hablar de cantantes pop-rock de origen europeo de los últimos treinta años  que creo movieron el amperímetro. Empecemos por esta elegante mestiza que nació en Nigeria en 1959, se llama realmente Helen Folasade Adu y realizó su carrera artística en Londres, primero desfilando como modelo. Luego, a partir de su voz cálida y sugerente pero limitada para alcanzar graves o agudos extremos, creó  un estilo intimista y sin estridencias que  recibió muchas calificaciones: jazz-pop, soft, soul, etc. No muy innovador pero económico y muy bien arreglado, tan necesario como exitoso para el público. Terminó adueñándose del rótulo “jazzy”  liderando las bateas de grupos  y solistas que usaron esa onda (Erykah Badu, Simply Red, Sting, etc).

Sus dos primeros discos fueron los más aclamados: “Diamond life” (1984) y “Promise” (1985). Sus éxitos “Your love is king”, “Smooth operator”, “Hang on to your love”, “The sweetest taboo”, “Paradise”, “Love is stronger than pride”, “No ordinary love”: si no los escuchaste alguna vez en una radio, es que nunca la enchufaste, no le compraste pilas ni cargaste sus baterías. La recopilación recomendada permite un buen repaso de la cantante por tratarse de dos CD, aunque en el segundo la selección es media soporífera.

Por sus hermosas voces, antes que por la fineza de sus obras globales, merecerían su atención dos cantantes sesentonas de soul blanco -con aristas dance- que quizás te puedan movilizar. La primera, Annie Lennox, la escocesa de extraña belleza que formó parte de Eurythmics, junto a Dave Stewart. Esta agrupación, una máquina de fabricar éxitos, tenía una veta más bailable y tecno, con la fórmula de meter un lento-melanco cada tres temas. Los mejores, “Revival”, “Sweet dreams”, “Don´t ask me why”, “Angel” y “There must be an angel”. La voz de Lennox es brillante y afinada pero la mayor parte de su música está abarrotada de teclados simil orquesta medio grasientos, sin llegar a buen puerto siempre. Depende del gusto del consumidor. Como solista se destacaron “No more I love you”, “Why” y “Walking on broken glass”, que están en “The Annie Lennox Collection” (2009). Cuando se mete con clásicos como “Many rivers to cross”, “A wither shade of pale” o “Every time we said goodbye”, me conmueve menos aún. 

Otra británica, Lisa Stansfield, la que triunfó con su disco “Affection” (1989) y sumó su inolvidable participación con George Michael cantando “These are the days of our life” en la multitudinaria despedida de 1992 a Freddy Mercury de Queen en Wembley (visto en 75 países a la vez por TV por 500 millones de personas). Sus temas más descollantes fueron “Change”, “All around the world”, “This it he right time” y está bueno su cover de “Never, never gonna give you up” de Barry White. Es más cálida que la Lennox y al menos me hace mover las patitas.

Si, si, no me olvido. Solo a título ilustrativo, porque en su momento fue original y llamó por un tiempo la atención. Hoy quizás resulte bastante bizarro el sonido de la alemana oriental Nina Hagen, que metió cuatro o cinco éxitos en los ochenta haciéndose la excéntrica y la desenfadada.  “La bruja de Berlin” o “la reina del punk”, mezclaba recursos operísticos con vetas rockeras y así le salieron los hits “New York, New York”, “African reggae” y “Universal Radio”. Vendió millones pero fue olvidada.

*Joss Stone – “The soul sessions” (2003)

Muy interesante cantante inglesa de soul, blues y rhytm & blues, nacida en 1987 como Joscelyn Eve Stoker. Especie de niña prodigio del tipo concurso-reality de cantantes en TV. Afecta un tanto su hermosa voz con algunos modismos medio barrocos en boga en los principios del XXI que, aunque hacen a su personalidad, a veces cansan. Metió muchas desafinaciones en sus primeros discos, que fue corrigiendo.


Este CD fue el primero de la Stone e increíblemente lo grabó a sus dulce dieciséis. Sus éxitos fueron “Super Duper love” y “Fell in love with a boy”. La mayoría de los temas los hicieron conocidos antes otros intérpretes, entre ellos su heroína Aretha Franklin. Después la metió con “Right to be wrong”. Tiene unos 5 o 6 discos más editados. No los escuché todos (está “The best… 2003-2009”, si se desea tener un panorama más amplio). Escuchen por favor “Bruised but not broken”: es realmente un tema con lo que hay que tener, uno de esos con los que Joe Cocker o Elton John nos partían la cabeza. Si se perdió en el medio de la nada de la difusión mediática es porque a la gente le salieron hongos en los oídos de tanto escuchar mierda sin protestar.  

Esta chica tiene gran feeling y una voz prodigiosa (una de las mejores de esta época): la cuestión es que no grabe cualquier cosa por grabar, para que ese estilo tan marcado no termine cansando. 

**Amy Winehouse – “Back to black” (2006)

Como todos seguramente sabrán, esta londinense nacida en 1983 murió trágicamente a sus 27 años, en maldita coincidencia con otras archiconocidas estrellas del rock (Jimi Hendrix, Janis Joplin, etc.) A la prensa le resultaba cool transmitirla falopeada como si fuera un hamster de laboratorio. Cayó presa de la banalidad. No se quiso o pudo rebelar.

Dramas aparte, dejó sus discos, de enorme calidad artística: como cantante y compositora, uno no puede más que rendirse ante las evidencias. Su música era un viaje a los souleros años sesenta en onda jazz-pop. Junto a Joss Stone, estaban para compitir generacionalmente con la gran Janis Joplin o con Aretha Franklin.

“Back to black” fue su CD más premiado y exitoso (el que más se vendió en el siglo XXI en el Reino Unido hasta ese momento). Sus temas más notorios y difundidos son “Rehab” y “You know I´m no good”. No es fácil exprimirlo en la primera audición. Da la sensación que cada vez que lo escuchamos, disfrutamos más cosas.

**Me´Shell Ndegeocello – “Plantation Lullabies” (1993)

Palabras mayores: lo más original  que he escuchado en las últimas décadas fueron los primeros discos de esta bajista, cantante, compositora, atea-islamista y activista queer-lesbiana que nació como Michelle Lynn Johnson en una base militar norteamericana en Berlin, en 1968. Su nombre artístico lo sacó del idioma bantú porque es muy adepta a las cosas originarias de Africa. Ha sido música de sesión y de giras de una larga lista de otras figuras: Madonna, Alanis Morrisette, Rolling Stones, John Mellencamp, etc. En la Argentina fue “descubierta” por el irreemplazable programa radial “El tren fantasma” de la FM Rock & Pop, una excelencia producida por Daniel Morano.

A fines del siglo XX cuando la modorra auditiva reinaba y todo sonaba igual,  apareció Living Colour por un lado y ella por otro para despertarme. Me´Shell hace una música diferente y renovada sobre el fin del siglo XX aunque sea difícil definir su estilo: algún crítico le puso “neo-soul” pero tiene cosas funk, jazzeras y de hip-hop (para envidia de Illia Kuryaki & The Valderramas!). Escuchen su groove y como suena su bajo en “Step into the projects” y “Call me” en este disco superlativo.

**Me´Shell Ndegeocello – “Peace beyond passion” (1994)

La verdad, en estos discos sobresalientes poco importa la data. Simplemente hay que sumergirse en este sonido y disfrutarlo. Disparatado y cosa seria a la vez. Por ejemplo la ultramoderna “Deuteronomy-niggerman” y sus arreglos, el tema de la década, “The way” o “Bittersweet”. Mueven las piedras.

Después viene su CD “Bitter” (1999), donde da un giro fuerte: muy soulero pero super intimista, llega a su climax en el hermoso último track, “Grace”. Luego, viene el tobogán que sufren todos: una seguidilla de discos muy experimentales, que renuncian un poco a las melodía y pierden “feeling”. Está “Cookie: the anthropological mixtyape” (2002), con cucharadas de hip-hop y funk sampleados (rescato “Earth”), donde pierde demasiados surcos paveando. Después viene “Comfort woman” (2003), raro e inasible.

Era para apostar unos boletos a “The Spirit Music Jamia – Dance of the infidel” (2004), porque como a la tipa le sobra paño y toca de todo, se le ocurrió producir este disco de jazz convocando a monstruos de la música como su amiga Cassandra Wilson, Lalah Hathaway y Sabina Sciubba (Brazilian girls) para que canten y Jack Dejohnette, Kenny Garret, Didi Gutman (Brazilian girls), Mino Cinelu, Don Byron, Wallace Roney y otros. Lo mejor es “The chosen”, cantado por la Wilson. Qué clima!


Cuando hizo “Pour une ame souveraine (a dedication to Nina Simone)” (2012) abordó temas de esa emblemática cantante negra norteamericana, otra vez en onda intimista, folk y algo monocorde, por momentos sonando a Tracy Chapman o Norah Jones y en otros a Sade Adu.

Vuelve con los años un poco al soul en “Comet, come to me” (2014) levantando mucho la puntería pero con la alegría contenida, quizás por la adultez. En “Ventriloquism” (2018) hace una docena de covers de temas ochentosos y complace casi sin deslumbrar, otra vez con algunos acercamientos folk y jazzy, pero nos despierta con interesantísimas bases rítmicas en “I wonder If I take you home” y “Smooth operator”. 

Como todo músico que se precie de exitoso, Meshell también tiene un “Best of”: se llama “In transit” (2010). La originalidad de Meshell me entusiasmó tanto al principio que sus trabajos siguientes me parecieron menores. Ella intenta cosas diferentes para no estancarse, pero no alcanza las alturas del principio.

Me´Shell estuvo en BAires en abril de 2016 en el teatro Coliseo. Era en medio de semana, tenía viaje de trabajo y me la perdí. Interpretó básicamente canciones del algo lúgubre álbum dedicado a Nina Simone (“Pour une ame souveraine” de 2012), que no es de mis favoritos.

*Red hot chilli peppers – “Blood, sugar, sex, magik” (1991)


Es el quinto disco de este zafado grupo de Los Angeles que empezó en 1983, liderado por Anthony Kiedis y “Flea”, cantante y bajista, respectivamente. Hacen un refrito fenomenal de funk con punk y rap-metal. No son de mis predilectos pero son insoslayables para las últimas generaciones. De lo que escuché de ellos, éste es el más redondo (fue el primero en editarse en nuestro país) y contiene diecisiete temas, con “Under the bridge” y “Breaking the girl”, que son unas baladas emblemáticas, pero “Suck my kiss” y “Give it away” representan mejor su sonido.

**Living Colour – “Vivid” (1988)

Después de Led Zeppelin, el mejor grupo de rock del mundo y lejos el mejor en actividad. La particularidad es que estos herederos son norteamericanos negros y, aunque su raza descolló en numerosos géneros musicales, no es habitual que lo haga en el rock propiamente dicho o el hard rock.

Fenomenales, lo aggiornaron desde los años 90, sin recibir el reconocimiento que merecen. Siguen girando en gran forma, a pesar que están grandecitos: Corey Glover canta cada día mejor, Doug Wimbish una pared en el bajo, William Calhoun sólido en batería y Vernon Reid, el mejor guitarrista de rock contemporáneo (como Messi, no hay otro mejor que Reid en lo suyo).

Elijo este disco para empezar con ellos porque es un clásico imbatible, con su credencial, el himno “Cult of personality” y los solos velociraptor de Reid. Para más cartas de presentación en sociedad contiene “Middle man”, “Desperate people” y el cover mortífero de “Memories can´t wait” de Talking Heads.

**Living Colour – “Time´s up” (1990)



Me gustan todos los discos de Living Colour. Sigo con el segundo, “Time’s up” (1990), que trae las tremenda “Elvis is dead” con la participación histórica de James Brown y Maceo Parker (ex Parliament-Funkadelic, Prince, etc.) al saxo para reafirmar sus fuentes funky. “Pride” , “Type” y “Fight the fight” son avasallantes, trompadas en el hígado. Por si fuera poco, la ganchera “Love rears its ugly head”.




**Living Colour – “Stain” (1993)

Siempre vuelvo a ellos porque son mi grupo de cabecera, a pesar que el rock pesado no ocupe tantos casilleros de mi cartelera musical, como cuando era joven. Dijo uno: “demasiado heavys para ser solo rockeros… bastante funk para ser un grupo de metal y con dinámica de improvisación jazzera que excede los parámetros del rock promedio”. Atrás vienen los demás.


Para no recomendar absolutamente toda su producción, salteo CD “Collideoscope” (2003) y me quedo con la energía de “Stain” por la gran diversidad de géneros de rock que ofrecen sus tracks, sin que ningún hit que opaque al conjunto.

Después le siguieron “The chair in the doorway”  (2009) y “Shade” (2017). Me rompe la cabezota escuchar las grandiosas “Bless those” y “Program” con sus incomparables intermezzos de guitarra y rapero, respectivamente.  Hay varias recopilaciones, EP y discos en vivo de sobra del grupo, pero es tarea para el hogar, no los abrumo más. Yo, si algún día me quedo sordo, quiero quedarme sordo con Living Colour.

Para uno de los mejores críticos de jazz y rock de la Argentina, Marcelo Morales, el recital de Living Colour de 1993 en el estadio Obras fue el mejor que presenció en su vida. Ya era la tercer visita del grupo a Buenos Aires. Esa vez “hicieron tres” Obras, repletos. No puedo comprobar aquella afirmación porque no estuve. Y me cuesta darle la razón después de haber visto y escuchado en Youtube su actuación en el Pepsi Music 2009 –club Ciudad de Buenos Aires-, que es deslumbrante. Pude escuchar a Living Colour por fin orillando mis sesenta en el Gran Rex en setiembre 2013, en su gira-festejo por los 25 años de “Vivid”. Lo llevé a mi hijo casi de prepo. ¿Qué puedo agregar? ¡Solo putearme por no haber ido a verlos antes! Constaté que todo lo que toca Reid no es un truco, que Wimbish copa el escenario con buen gusto y carisma respaldando al resto y que Corey Glover canta increíblemente a los cincuenta y pico (mucho más de lo que yo pensaba). A mi hijo le gustó la actuación de Calhoun. Por favor y por su propio bien, recurran a ellos.

**Vernon Reid – “Mistaken identity” (1996)

Ya califiqué a este muchacho recién, con Living Colour: un guitarrista realmente jugado, originalísimo y con muchos recursos, entre ellos la velocidad. El mejor del mundo del rock y adyacencias, aprovechando que Carlos Santana está tan edulcorado y Jeff Beck y McLaughlin más calmos. ¿Por que no? Vernon Reid, el sucesor de Hendrix.

Reid nació en Londres pero se mudó a Brooklyn-Nueva York-USA de chico. En paralelo a Living Colour ha hecho sociedades artísticas con otro ecléctico, el superlativo guitarrista jazzero Bill Frisell, con David Torn y Elliott Sharp y también con Jack Bruce y John Medeski en el proyecto “Spectrum road” (2012). Y colaboró en decenas de discos de otros artistas como invitado (desde Ramones, Mick Jagger y Santana a Salif Keita y Mariah Carey).

Además, Reid tiene un grupo alternativo que saca a relucir de vez en cuando llamado Yohimbre Brothers, en yunta con DJ Logic (Jason Kliber), con el cual experimentan fusionando rock con hip-hop. Piletazos de los cuales pueden extraerse perlas si uno tiene paciencia. Tiene otra formación llamada “Masque” sobre la que volveremos para recomendar algo.

Esta maravilla de disco (“Mistaken identity”) sería el primero plenamente solista pues lo firma solo Reid, pero están los músicos que lo acompañan en esos otros intentos. Tal es así que unos dicen que es el primer disco con Masque. Está compuesto de temas realmente frescos y novedosos, con influencias de hip-hop y toques orientales y klezmer también,  Don Byron (clarinete) mediante. Sobresalen los tracks “Lightin”, “Uptown drifter”, “Saint Cobain” e “Mysterius power”.

*Vernon Reid & Masque– “This little room” (2000)

Dije que Masque era una formación alternativa de Vernon Reid para algunas aventuras musicales. Reid definió a Masque como un espacio donde el jazz, el rock, el hip hop y la tecnología pueden encontrarse. Participan normalmente en la formación el citado clarinetista  Don Byron, el tal DJ Logic y otros. No se si éste es el primer o segundo disco con Masque o si es el segundo solista de Reid y no importa. No hay mayor  información de este disco en la web. Aparentemente no llegó a publicarse nunca oficialmente y su difusión fue por medio de las redes: o sea es es lo que se llama un “bootleg”. Creo que es otro imperdible de la faceta solista de Reid, más rockero, terrenal y menos experimental que “Mistaken identity” y no todo meramente instrumental como la mayoría de este guitarrista.

*Vernon Reid & Masque – “Known unknown” (2004)

Primera o segunda producción con Masque según las fuentes. Tiene varias gemas como la versión de “Brilliant corner” (de Thelonius Monk), “Strange blessing” y “Outskirts”. Pero no pueden perderse por nada del mundo oir el cover del divertido standard jazzero “Sidewinder” (original del trompetista Lee Morgan), con Reid haciéndolo de funk y metal a velocidades supersónicas.

Masque después sacó “Other true self” (2005), en la misma onda, destacándose “G”, el rock progresivo “Afrerika” y el cover de “Enjoy the silence”, de Depeche Mode. “Queda claro que Vernon Reid no es Eric Clapton… es mucho mejor”  Fdo.: Marcelo Morales-El Intruso.

Aunque aún tengo ganas de oir en vivo nuevamente a Living Colour (en algún lugar donde no haya pogo obligatorio), cumplí con ver otra vez a Vernon Reid en plan solista en el Teatro ND Ateneo. Fue en mayo/15, acompañado por Steve Jenkins en bajo y Dana Hawkins en batería. No fue el summum que esperaría de Living Colour pero Reid escogió un buen puñado de canciones propias y del repertorio Masque y les agregó covers de Hendrix (“Are you experienced?”), de Cream (“Politician”) y Depeche Mode (“Enjoy the silence”) para salir más que airoso y lograr que todos salgamos contentos. 

**Screaming Headless Torsos – “Screaming Headless Torsos” (1995)


Es muy difícil catalogar por su estilo a este grupo neoyorkino formado en 1989, porque están algo locos y deforman hasta los covers: gritan, vociferan, distorsionan, exasperan un poquito pero son originales y saben con sus instrumentos. No es exactamente jazz ni rock pero los ejercen y le meten punk, hip-hop y mucho, mucho funk. Un funk experimental. O modernoso.

Es la bandera iconoclasta de Frank Zappa aggiornada por el alma mater de la banda SHT, el guitarrista David “Fuze” Fiuczynski, licenciado en música, profesor del Berklee College of Music de Boston y músico de sesión cotizadísimo, con su Ibanez fretless doble mástil. La formación original se fue modificando con el correr de los años pero este disco lo hizo junto a Jojo Mayer (batería), Daniel Sadownick (percusión), Fima Ephron (bajo) y Dean Bowman (voz). Mis temas preferidos son “Smile in a wave” y “Hope”. ¡Ojo que son fuertes! Sino me creen, escuchen su versión de “Blue in green” de Miles Davis.

Escuchen también “Live!!” (2000) y comprobarán que en vivo son todavía más zafados. Sino está “Live!! in New York & Paris” (2005), un DVD doble que junta dos actuaciones: una en el Knitting Factory de NYC-1996 y otra en el New Morning de Paris- 2004, una en cada disco. Sin disminuir sus delirios musicales, Fiuczynski juntó a Sadownick, Ephron y Gene Lake -pero sin vocalista- para grabar el disco “Amandala” (2001), como Fiuczynski´s Headless Torsos: está pasable.

Los SHT se juntan, graban y giran de vez en cuando. Sacaron “2005” (2005) donde Freedom Bremner suplanta a Bowman cantando en tres temas (me quedo diez veces con Bowman). La Fuzemore Records-FUMO editó el recopilatorio “Choice cuts of Screaming Headless Torsos” (2005), que está muy bueno. Lo último es “Code red” (2014) con Fiuczynski, Bremner y Sadownick. No son discos indispensables pero permiten seguir disfrutando de la banda. Los SHT estuvieron al menos tres veces en Buenos Aires: 2001, 2010 y 2013, en La Trastienda y en el Vorterix de Colegiales.

Yendo a otros trabajos recordables de Fiuczynski, el muy celebrado por la crítica “Lunar crush” (1994), grabado y firmado junto a John Medeski, el renombrado tecladista de jazz moderno al cual volveremos a citar en el capítulo siguiente. Otro es el interesantísimo “Jazzpunk ” (2000), una aplanadora hendrixiana, un disco solista con covers desaforados. 

Por su cercanía estilística, aprovecho para mencionarles a la Federación Francesa de Funk (F.F.F.) un conjunto de locos parecidos a SHT que bregaron con la misma onda durante añares desde el país galo. Merecen una escucha.

*Rage against the machine – “The battle of Los Angeles”(1999)

Grupo norteamericano de rap-metal, también oriundo de Los Angeles, liderado por el cantante Zack de la Rocha y el muy buen guitarrista Tom Morello. Un rock enérgico devenido del hardcore y fusionado con el rap y el hip-hop. Con algunos puntos de contacto con los más populares Red Hot Chilli Peppers  aunque menos versátiles. Con intervenciones super-politizadas y letras radicalizadas antisistema, como lo delata desde el mismísimo nombre la banda. Pirotecnia extra musical innecesaria, sobreactuada y contradictoria.

Este disco fue el tercero y el pico de popularidad de la banda y sus temas de difusión fueron “Testify” y “Sleep now in the fire”. Algunos rescatan su álbum debut “Rage against the machine” (1992), donde se destacan los temas “Killing in the name” y “Bullet in the head”.

Para quienes gusten del duro estilo de RATM, seguramente encontrarán su versión más potente en los muchos discos en directo que se editaron del grupo, oficiales o piratas. Se disolvieron en 2001 y tres integrantes formaron Audioslave con el finado Chris Cornell, de Soundgarden. Después se volvieron a juntar en algunas ocasiones: en una de ellas tocaron en el Pepsi Music 2010 en Buenos Aires. 

*Soul Coughing – “Ruby Vroom” (1994)

Un grupo neoyorquino que rompió un poco la monotonía musical de fines del XX pero solo grabó tres discos en estudio. Alguno bautizó su estilo como “rock alternativo”, etiqueta de alcances amorfos. Con una base de batería y bajo que recuerdan mucho a Morphine, más elegantes y estratégicos toques de sampler. El consabido disco recopilatorio es “Lust in phaze” (2002).

*G. Love & Special Sauce – “Philadelphonic” (1999)
Otro grupo de los noventa que rompió algo el molde pero desde Filadelpia-USA. Hacen una mezcla de rythm & blues y folk con barniz y cante hip-hop. De nuevo se destaca la base de batería y bajo (esta vez acústico), muy original. “G. Love” es el seudónimo del cantante Garrett Dutton, que a veces saca trabajos en tren solista. Para mi gusto éste -el cuarto con el grupo- es el más redondo y representativo.  Me encantan los temas “No turning back”, “Rodeo clowns”, “Do it for free”, “Honor and harmony” y “Friday night”. También suenan frescos en el debut “G. Love & Special Sauce” (1994) con “Baby´s got a sauce”, “Rhyme for the summertime” y “This ain´t living”.

*Brazilian Girls – “Brazilian girls” (2005)

Un extraño combo formado por un argentino (Didi Gutman) que trabajó con Bebel Gilberto y Bajofondo Tango Club, más dos norteamericanos y una italiana (Sabina Sciubba) que canta excelentemente en castellano, francés, italiano, inglés y alemán. Es una mescolanza muy creativa de ritmos e influencias (pop, electrónica, un poquito de reggae y bossa, lounge, trip hop), con uso moderado de samplers y resultados innovadores en medio de otra década en la que no pasó nada demasiado interesante musicalmente hablando, a mi humilde entender.    

Brazilian Girls sería un producto de la globalización. Unos verdaderos posmodernos de estilo indescifrable. Este disco debut, tiene un clima sugerente difícil de encasillar. Los tracks que más me gustan son “Homme”, “Dance till the morning sun” y “Me gusta cuando callas”. Pero no terminan de plasmar una personalidad en su segundo trabajo (“Talk to la bomb” de 2006), aunque usen más recursos que en el primero.

Después hicieron “New York City” (2008) y “Let’s make love” (2018). No se. Permítanme dudar. Salí medio aturdido. Es que en el medio descubrí a Caribou de Dan Smith y su pop electrónico ambient que -sin abrumarme- me pareció menos neurótico. Por otro lado, ante la decadencia de Me ‘Shell Ndegeocello, moderno por moderno,  adopté a Robert Glasper con su pianito.

**Black Country Communion – “Live over Europe” (2011)

Si existen bandas llamadas “supergrupo”, ésta es una de ellas. No la conocía y me la recomendó hace poco un amigo del alma, que me dice “… toca un ex Deep Purple”. Empiezo a rastrear y era el inglés Glenn Hughes, bajista y cantante que estuvo en tres de sus discos. También tocó con los guitarristas Tony Iommi (ex Black Sabath), Gary Moore y Tommy Bolin, con Geoff Downes (Yes-ASIA) y hasta colaboró una vez con los argentos de Rata Blanca. La otra estrella es el baterista Jason Bonham, hijo del finado también ex batero de Led Zeppelin; cuando chico llegó a tocar en algún show revival/homenaje de este legendario grupo inglés. La guitarra –y algunas voces- están a cargo del capo y versátil neoyorkino Joe Bonamassa, con Derek Sherinian en teclados.

Señores, esta música es una resurrección de Purple y Zeppelin con toques de Whitesnake y tiene todos sus yeites y riffs pero igual suenan frescos y potentes. Hughes canta tan bien como siempre pese a su edad y Bonham es una máquina efectiva. Escuché el último de sus tres CD “Afterglow” (2012) y está buenísimo, pero me inclino por este DVD en vivo porque compendia los dos primeros y es excelente. ¡Gracias Chelito por la recomendación!    

** Arto Lindsay - "Encyclopedia of Arto" (2014)


A este artista casi “under” que producía o colaboraba en discos de Riuychi Sakamoto, David Byrne, Brian Eno, Laurie Anderson y otros, según me enteraba en los viejos sobres de cartón de sus LP, lo descubrí mucho después con esta recopilación 1996/2004. Arthur Morgan Lindsay es norteamericano de Richmond-Virginia,pero fue criado en Recife-Brasil, donde lo llevó su padre misionero. Es compositor, arreglador y cantante y es hoy un sesentón largo. 
 
Tuvo grupos propios (Ambitious Lovers, DNA, The Lounge Lizards, The Golden Palominos) y participó de la movida artística del East Village neoyorkino de los noventa. Después, se abocó a su carrera solista. De esa coctelera cultural salió su música tan intelectual como indescifrable: navega entre el tropicalismo de Veloso-Gil-Gal Costa y el minimalismo, es anti-pop, tiene influencias de bossa nova e insinuaciones de hip-hop y electrónica. ¿Art-rock?

Pero son demasiadas etiquetas y es mejor escucharlo, entrar en su longitud de onda y dejarse atrapar por su voz susurrada. Alguien dijo que parece un científico loco al que le colgaron por equivocación una guitarra en el cuello y que si fuera pintor sería otro Jackson Pollock. Sus solos de guitarra (es autodidacta) son una fábrica de ruidos chirriantes que no les puedo explicar en palabras: pero ni ellos son capaces de estropear su delicada música.

Sus discos solistas principales son  “Mundo civilizado” y  “O corpo sutil” (1996)“Prize” (1999), “Invoke” (2002), “Salt” (2004). Empiecen por el último, “Cuidado madame” (2014).

*Al Jarreau – “Jarreau” (1983)
Al Jarreau - Jarreau (1983, Target CD, CD) | Discogs

Alwin Lopez “Al” Jarreau fue un cantante nacido en Milwaukee-USA (1940-2017) de padres adventistas. Explotó al principio la canción jazzera  y la fue insuflando paulatinamente con soul y rhythm and blues. De tan versátil, obtuvo en distintos momentos de su carrera varios premios Grammy pero en categorías diferentes: pop, jazz y R&B. Hasta ahora fue el único artista que tuvo un logro de ese tipo.

Recibido de psicólogo, con un máster y trabajando en instituciones de beneficencia, solo se dedicaba a la música como hobby. Cantaba en algunos clubes nocturnos acompañado por su amigo de toda la vida, el tecladista George Duke y grabó algún disco que pasó desapercibido. A los 28 años firmó para la grabadora la Warner y al principio tuvo mejor aceptación en Europa. Fue más conocido en su país recién con  y su pico de popularidad le llegó con el cover del tema “Moonlightning” para la serie de TV norteamericana Luz de luna (con Cybill Shepherd y Bruce Willis), unos años después.“Breakin’ away” (1981)

Si desean escucharlo en su faceta suya menos difundida, la de la canción melódica jazzera y soulera, empiecen con , donde recopilan temas como “My favorite things”, “Sophisticated lady” o “The masquerade is over”.“25 greatest hits” (2018)

Este otro CD, de 1983, tiene varios éxitos que lo hicieron popular, como “Trouble in paradise”, “Mornin”, “Save me” y “Boogie down”. En muchos pasajes de su música, Al Jarreau sonaba como un Luis Miguel pop (en otro idioma), lo cual no lo desmerece en absoluto.  Escuchen “Love is waiting” o “Closer your love” para comprobarlo. 

La ductilidad de la voz de Jarreau y su gran habilidad para el scat -fue fuente inspiradora para Bobby McFerrin- le permitieron cruzar fronteras musicales y con el tiempo se volvió inclasificable para las “bateas” discográficas, viejo nombre con que clasificamos las categorías musicales. ¿Dónde archivamos los discos de Al Jarreau? Los puristas del jazz le dieron con un caño cuando se puso muy romanticón. Para nosotros, lo interesante es disfrutar de la sensibiidad de este tipo -que aparentemente fue una humilde y excelente persona- eligiendo lo que nos interese de su amplia producción. 

*José James – “No beginning, no end” (2013)

Es un cantante norteamericano de Minneapolis (1978). Empezó haciendo un jazz modernoso y -de modo similar a Jarreau- con los sucesivos discos le fue agregando  soul, R&B y también algo de funk. Según las dósis de cada género que utiliza recuerda a distintos músicos: cuando hace scat a Al Jarreau, a veces a Sly & The Family  Stone al soulear o a nuestro Willy Crook al funkear y a Lenny Kravitz cuando rockea más de lo debido.

En los primeros discos -mucho más jazzeros- suena tan sofisticado que aburre (rebuscado al estilo de Kurt Elling). Pero cambia de discográfica, firma con Blue Note y -paradójicamente- reduce el jazz, empieza a soltarse y suena más pop. Este fue el primero trabajo para Blue Note y el New York Times lo elogió diciendo que James “suena como el resultado continuo del pop-negro, jazz, soul, hip hop y R&B, cocinado lentamente por más de 50 años”. Qué tul?

James estuvo en el ND Ateneo de Buenos Aires en octubre de 2015. Dicen que el show fue excelente. Hay algún video en Youtube. Se vino con Nate Smith y el rosarino Leo Genovese en teclados (sobre ellos volveremos).

*José James – “Lean on me” (2018)

 y Jason Moran, Takuya Kuroda, Lalah Hathaway y el baterista Nate Smith.Bueno, acá Josesito se manda un disco mucho más comercial -por lo ganchero- pero sin resignar calidad y mete éxitos como para mandar de regalo. Por ej. "Just the two of us" o el cover del viejo tema de Bill Whiters "Ain't no sunshine". En los distintos discos, James reclutó o fue producido por Don Was, Pino Palladino, los pianistas Robert Glasper

* Beatchild & The Slakadeliqs – “Heavy rockin’ Steady” (2018)

Me llamaron la atención los intentos de este chico productor discográfico de Toronto-Canadá llamado Byram Joseph. A la usanza de otros profesionales del rubro -como Pharrell Williams, tan de moda en esta época para la industria- aprovechó su creatividad para mandarse media docena de discos que navegan entre el soul, el hip-hop y el R&B. En los setentosos años del rock progresivo y sinfónico, con mucha menos tecnología que hoy, la figura análoga fue Alan Parson, un ingeniero de sonido exitoso (“Abbey Road”, “The dark side of the moon”, etc.) que se animó a componer melodías y subirlas a los escenarios. Pero era una rareza total lo que ahora resulta normal. Entre los discos de Byram, más conocido como Slakah, destaco este por su logrado sonido soul y R&B retro, con melodías que por momentos aluden a Beach Boys y Beatles (uno rememoró Electric Light Orchestra!) o a Jamiroquai o los revivals iniciales de Lenny Kravitz. Creo que el track de difusión fue “The only difference”. En sus producciones tiene voces líderes invitadas (ignotas para mi) como Drake, Tona, Divine Brown, Maya Chilton, Shad, Melanie Durrant, Ray Robinson y Ebrahim. Otro CD muy bueno es el más techno hip-hop "Soul Movement Vol. 2" (2014), donde recurre más a ganchos de ese tipo. Me voló la cabeza escuchar “Byram’s Groove (cut a rug)” por primera vez y su video es una brillante declaración de principios (bizarra).

* Brotherly - "Analects" (2020) 

Brotherly es un dúo británico conformado por la estupenda cantante Anna Stubbs y el multiinstrumentista y programador Robin Mullarkey. Sacaron solo dos discos: “One sweet life” (2007) y “Find first light” (2010). Difícilmente clasificables, hacen ritmos bailables con toques jazzeros y son parte de una movida avant-gard inglesa llamada ‘broken beats’. Este “Analects” (2020) es una recopilación pulida y remasterizada de esos discos, a la que le agregaron invitados para ponerle firuletes. Por fin algo novedoso en esta odiosa época de pandemia chinesca!

Los otros capítulos de esta saga publicados:

11/08/16 - Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad). Cap. 2. Folklore argentino, sudamericanos & world music.

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