Luego, tienen el capítulo 1: “Rock argentino”.
En el tintero me quedan:
Cap. 4: Jazz & Jazz-fusion.
CAP. 3 - Pop, rock & progresiva-parte 1
Asomaron en medio de la euforia beatlemaníaca que sacudía a jóvenes y adultos de todo el mundo y cuando, por si fuera poco, brotaba la semilla del hard-rock. Era casi justificable que en estos rincones sureños del tercer mundo los pendex consideráramos muy livianito el sonido de los californianos Beach Boys.
El grupo pop de los hermanos Brian, Dennis, Carl Wilson y su primo Mike Love, produjo melodías y armonías vocales extraordinarias que coqueteaban con el woo doop y el twist y que algunos llegaron a comparar con las de los Beatles. Fueron un producto californiano que empezó en 1961 muy identificado con la cultura playera del surf, los autos de moda y la joda previa al hippismo, la psicodelia y el recrudecimiento de la guerra de Vietnam.
Excluir a los Beach Boys de esta secuela discográfica sería ignorar un sonido que fue muy original. Para identificarlos de un plumazo escuchen primero los temas “Surfin’ USA”, “I get around”, “California girls”, “Barbara Ann” y “Kokomo”.
El LP “Pet sounds” (1966) fue su pico creativo y bastante rupturista con el estilo soft que había hecho popular al grupo. Se adjudica su autoría al líder del grupo, Brian Wilson, que se cortó solo con ideas que confesaba inspiradas en “Rubber soul” (1965) de The Beatles. Cómico, porque Paul McCartney dijo después que ‘Pet sounds’ es “el clásico del siglo” y que lo influenció en la grabación de “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Band” (1967).
No pude confirmar en los créditos del disco, pero dicen que para grabar “Pet sounds” anduvo en los estudios el famoso productor Phil Spector (Bronx-NYC-USA, 1939-2021), inventor de una técnica de grabación llamada “wall of sound”, rápicamente adoptada por Harrison, Lennon & McCartney y los grupos más exitosos del momento (*). Pet sounds fue considerado uno de los tres discos más influyentes de la música moderna casi por unanimidad en muchos medios especializados. Su perlita es el tema “God only knows”.
La carrera de los Beach Boys, con reemplazos y altibajos, continuó medianamente hasta 2012. Llegaron a ser la banda más exitosa de Estados Unidos, vendiendo en total más de cien millones de discos.
(*) Una vida de película, que puede repasarse en el film "Phil Spector” (2013), con Al Pacino y Helen Mirrer. En rigor, no esta centrado en las creaciones artísticas que lo hicieron un dios en el mundo de la música de los setenta, sino en los rincones morbosos de un asesinato que lo llevó a la cárcel.
El derrotero artístico y humano de los Wilson –en particular el de su líder Brian (California-USA, 1942), un músico perfeccionista/obsesivo, además de esquizofrénico y paranoico apremiado por un padre entrometido y tiránico, merece repasar una buena biografía. Por eso tan remanido de que el dinero y el éxito no hacen la felicidad. Una vía de fácil acceso es el film “Love & Mercy” (2015), con John Cusack.
Para un aprendizaje efectivo de lo que ocurría en esa época sobre el Pacífico norteamericano, les recomiendo ver con urgencia el documental “Echo in the Canyon” (2019). Jakob Dylan, el hijo de Robert Allen Zimmerman (más conocido como Bob Dylan) se propuso rescatar del olvido el nacimiento del folk rock o, en sentido más amplio, el “California sound”, mientras en Nueva York sobre el Atlántico su papá sembraba la versión propia. Jakob intenta ilustrar el ruido que hicieron grupos como The Byrds y Buffalo Springfield (los predecesores de Crosby, Stills, Nash & Young), The Mamas & The Papas y Brian Wilson y sus Beach Boys. Quizás por estar convaleciente, Joni Mitchell quedó afuera del revival. El título del film proviene del epicentro de la movida: Laurel Canyon, un valle serrano aledaño a la ciudad de Los Angeles, que entre los años 1965 y 1967 se puso de moda por su clima relajado y bohemio. Músicos y artistas con algo de éxito se compraban casas y compartían los dulces albores del hippismo, el sexo libre y los primeros humos. Era el ambiente optimista previo a la psicodelia, el club “de los 27 o de las J” (Jimi Hendrix, Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin) y la locura del clan Manson. Dylan Jr. entrevista a músicos norteamericanos que sobrevivieron y también a Eric Clapton, Ringo Starr y otros ingleses que llegaron a compartir la movida, reconociendo influencias mutuas. Con un combo conformado por gente de la Generación X (Beck, Regina Spektor, Fiona Apple, Cat Power, Norah Jones), Jakob rescata clásicos significativos de aquellos autores y les da nueva vida. Resulta un banda de sonido excelente que volveré a recomendar en el capítulo 5, dedicado a soundtracks.
*Burt Bacharach - “The Burt Bacharach collection-The look of love” (1970)
Burt Bacharach (Kansas City-USA, 1928-2023), super-exitoso a fines de los ´60 y tempranos ´70. Hacía música orquestal bonachona, agradable, de buena calidad, con incrustaciones de soul blanco. Créanme, sus creaciones pintaron una época: un montón de películas famosas como “Casino Royale” o “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, llevaban su impronta sonora. Si bien para nuestra generación rockera sonaba algo complaciente y su target era el público adulto, debemos reconocerle sus méritos musicales. Pasó la prueba del tiempo.
Descubrí esta vieja recopilación curioseando luego de deleitarme con el disco homenaje que hizo el gran Elvis Costello con Bacharach (“Painted from memory” , 1997), una gema que rescata su espíritu y comentaré más adelante. Los temas seleccionados en este disco, interpretados por los cantantes que los hicieron exitosos en su momento (Aretha Franklin con la imbatible “I say a little prayer”, Dionne Warwick en “Do you know the way to San Jose?” o “I´ll never fall in love again” por Sandie Shaw, Tom Jones o The Carpenters cantando “Close to you”, etc.) comunican el espíritu de la época, son casi una pintura de la música que se escuchaba, un poco más allá de lo corriente. Johnny Mattis, Barbara Streisand, hasta The Beatles y The Pretenders versionaron o cantaron temas de Bacharach, también. Algo sabía el tipo.
*CQC – “Lo mejor del soul clásico” (1997)
No me pregunten que tiene que ver una colección de música soul con “CQC” porque lo desconozco. Para quien ni escucho nombrarlo, ese fue un programa de la TV argentina llamado “Caiga quien caiga”, basado en la desfachatez de sus conductores, una competencia minuto a minuto entre inescrupulosos aggiornados para no ser batidos dialécticamente: “los reyes del bardeo gratuito”, dijo uno.
Warner Music Argentina hizo esta selección de viejos éxitos souleros rescatados del sello Atlantic y le puso esa etiqueta para que tenga gancho, debido a la popularidad del programa. Eso no quita que este producto no valga la pena: contiene hermosos temas de los tempranos ‘70s de intérpretes como “el rey del soul” Otis Redding y de “Lady soul” Aretha Franklin, Ray Charles, The Rascals, Wilson Pickett, Percy Sledge, etc. en un CD doble que, al principio, se vendía por separado. Estamos hablando de música negra norteamericana moderna. El “soul” (alma), una derivación del gospel y el rhythm & blues mezclado con el pop, más o menos contemporánea a la universalización del rock.
De Aretha Franklin (Memphis-USA, 1942-2018) aquí tienen “Baby I love you”, “Think”, “I say a little prayer”, “People get ready” y “Rock steady”, nada menos, pero no deberían perderse “Chains of fools”, “Son to a preacher man” y el “You make me feel like a natural woman” (el tema de Carole King-Gerry Goffin). Esta canción la cantó la Franklin en medio de una gigantesca ovación en el homenaje a su autora y a los Obama en el Kennedy Center en 2015, evento que puede hallarse habitualmente en Youtube. De Otis Redding (Georgia-USA, 1941-1967) está “Sittin´on the dock of the bay” y dos más. Estoy seguro que la mayoría de los temas de esta selección les van a sonar, independientemente de su edad, porque son clásicos que atravesaron las épocas.
Muy parecido al clima de estos discos pero contenido en uno solo, igualmente intenso y altamente recomendable es “The best of the Rosko Show” (1973), también de Atlantic Records. Fue un clásico que por esos años se gastaba en los boliches porteños y escuchaba en vinilo todo el mundo. También contiene a Otis Redding, Aretha Franklin, Wilson Pickett y Percy Sledge agregando a Dionne Warwick, Sam & Dave y otros. “Rosko” (Michael Pasternak, Los Angeles-USA, 1942) fue un locutor-DJ norteamericano blanco, hoy mayorcito, innovador en su forma de presentar y enganchar novedades musicales en programas de la radio pirata Caroline, que transmitía desde un barco frente a las costas británicas, sin pagar derechos ni respetando prohibiciones. Después estuvo años en la famosa Radio One inglesa. Era oído por millones, a fines de los comienzos de los setenta. Las aventuras de Rosko –autodenominado The Emperor- y sus amigos inspiraron la divertida comedia “The boat that rocked” (o “Radio Pirata”) de 2009 y su personaje lo hizo Philip Seymour Hoffman. Búsquenla! (más info en Cap. 5 – Bandas de sonido originales de películas-B.S.O.)
Quien se interese por el auténtico soul tiene que empezar por escuchar estos discos, después sumergirse en los sucesos de estos solistas y grupos y agregarle unos pocos más que quedaron afuera y son insoslayables: Marvin Gaye, Smokey Robinson, The Supremes con Diana Ross, The Marvelettes, The Four Tops, The Isley Brothers y The Temptations cuyos éxitos no entraron en estas preciosas selecciones supongo que por pertenecer a otra discográfica: la mítica Motown.
El sello Motown fue una compañía de Detroit-USA, primero conocida como Tamla, que agrupó a artistas negros de soul de primer nivel, cuando nadie los conocía. Puede interpretarse que su visionario dueño, Berry Gordy (Detroit-USA, 1929), adaptó las canciones de una nueva ola de la música de raza negra norteamericana al gusto blanco y masificó el fenómeno. La discográfica contaba con un equipo permanente de músicos de sesión especializados y de autores para apuntalar a las figuras con potencial que iban descubriendo. No en vano surgió el famoso latiguillo/etiqueta usado por tantos críticos musicales, llamando al combo “sonido Motown”. Reclutaron por ej. a genios precoces como Steve Wonder y The Jackson 5, con un tal Michael Jackson, o Marvin Gaye, que viene ahora. Más tarde apostaron al funk, con los grupos Parliament y Funkadelic.

Se trata de una caja de 3 CD recopilatorios
con imborrables temas de este dúo neoyorkino de folk-rock formado por Paul
Simon y Arthur Garfunkel, que funcionó más o menos hasta 1971. Lleva un título algo mentiroso: alude a una
canción propia pero, según las crónicas, estos dos hombrecillos con voces
armoniosas se llevaron históricamente mal entre sí y se pelearon y juntaron mil
veces.
Otra posibilidad para conocerlos sería escuchar el doble “Simon & Garfunkel collection” (1981). Contiene un muestrario de 17 tracks. “Greatest hits” (1972) es un solo CD y abarca menos aún.
S&G empezaron a tocar juntos en una escuela del barrio Forrest Hill (Queens-Nueva York-USA) en 1955. Intentaron mil ondas y cosas sin éxito (hasta llegaron a publicar un single bajo el nombre de "Tom & Jerry") y en una de sus reuniones se convirtieron en un típico dúo de guitarritas acústicas folkie haciendo temas intimistas de boliches nocturnos. Terminaron pegándola con el disco “Sound of silence” (1966) que incluía versiones algo más electrificadas de canciones ya publicadas, para tener más gancho. Luego llegaron más arriba aún con “Bridge over troubled water” (1970). Entre sus influencias mencionaban al grupo Everly Brothers y sus letras hablaban de alienación y soledad urbanas de fines de los sesenta, a tono con las películas “Cowboy de medianoche” (1969) y “El graduado” (1967), ambas protagonizadas por Dustin Hoffman, que incluyeron temas de Simon, el mentor de las canciones del dúo.
Sus temas irremediablemente necesarios son “The sound of silence”, “El cóndor pasa-If I could” (una adaptación del tema tradicional andino), “Mrs. Robinson”, “Homeward bound”, “Bridge over troubled water”, “Scarborough fair”, “For Emily”, “Feelin´groovy”, “America” y “A hearth in New York”, con los que vendieron millones. ¡Que melodías! Seguramente las conocen y merodean en algún rincón de su cabeza. Después de Simon & Garfunkel, Crosby, Stills, Nash & Young y Bob Dylan, el folk-rock no tiene más secretos.
En el Capítulo 2 “Folklore argentino, sudamericanos & world music” hice una reseña del excelente disco solista de Paul Simon “Graceland” (1986), inspirado en la música sudafricana. Ha sido un exponente importante de la música de fusión con ritmos étnicos. El inquieto Simon incursionó también en el gospel y la música del altiplano con el grupo Urubamba y el quenista Uña Ramos (juntos habían remozado/hurtado el tradicional “El cóndor pasa” y otros): escuchen el vivo “Live rhymin” (1974), que resume todo. En “The rhythm of the saints” (1990) agregó más temas de raíz sudafricana, percusión e influencias baianas, sumando a Milton Nascimento, entre otros. En “Song from the capeman” (1997) se juntó con Rubén Blades, abordó ritmos latinos y reflotó la música negra de los 50s. No siempre tocó las alturas exitosas de “Graceland”, claro. Produjo una interesante seguidilla pop con vuelos jazzeros en “Stills crazy after all this years” (1975), “Hearts and bones” (1983) y “You´re the one” (2000).
Art Garfunkel, por su parte, tuvo una vida
artística variada pero menos exitosa, con algunos discos en su haber, e
incursiones en el cine como actor.
Pasemos de un volantazo al blues. ¿Qué puede agregarse de este inmenso guitarrista al que muchos consideran uno de los mejores del mundo en su género? Es conocida la anécdota de su guitarra Gibson acústica que rescató de un incendio en un boliche de Arkansas, en 1949. La bautizó “Lucille” a los pocos días, inspirado en una mujer por la que peleaban dos parroquianos. Después, llamó de igual modo a todas sus Gibson eléctricas modelo ES-355.
El sonido que Riley Ben King (Mississippi-USA, 1925-2015) les arrancaba es tan característico y particular que lo podemos identificar hasta escuchándolo abajo del agua. Por si fuera poco, le agregaba su hermosa e imbatible voz negra y un feeling incomparable. El blues suena en su estado natural y definitivo, como el reggae desde las tripas de Bob Marley. Las bateas de disquerías, donde dice “BLUES” o “Rythm and blues”, deberían contener únicamente los discos de B.B. King y algunas cositas de Steve Ray Vaughan, Buddy Guy, The Fabulous Thunderbirds, Robert Cray y Eric Clapton, descendientes destacados, prescindiendo de cualquier otro relleno. Todos esos otros viejos bluseros estirando las cuerdas de sus guitarras lamentosas al estilo de Robert Johnson -el de la leyenda de su pacto con el diablo en los años treinta que inspirara los filmes "Crossroads" y “La encrucijada del diablo” de 1996 y 2019-, me aburren ceremoniosamente. Disculpen mi falta de respeto pero soy sincero.
Este recomendado box set de 4 CD permite escuchar a B. B. King por épocas: 1946-1966, 1966-69, 1969-75, 1976-91 y apreciarlo con distintas formaciones e intercalando versiones en vivo. Unica objeción: olvidaron agregar mi preferida “Stormy Monday”.
Un artículo antiguo del crítico Humphrey Inzillo me hizo recapacitar y, aunque no me atrapen demasiado las grabaciones en vivo de ningún artista, escuché su aclamado “Live at The Apollo” (1991). La verdad que suenan muy bien clásicos suyos como “The thrill is gone”, “Sweet sixteen” o “Paying the cost to be the boss”, respaldado por una big band. Abre con “When love comes to town”, una canción homenaje que el líder de U2, Bono, compuso para B.B.King y éste incorporó a su repertorio. El disco suena más épico si tenemos en cuenta que el Apollo Theater es un templo de la música negra norteamericana ubicada en el barrio de Harlem, en la ciudad de Nueva York. Por allí, a partir de 1934, pasaron y se consagraron Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Aretha Franklin, Steve Wonder y James Brown, entre otras muchas estrellas de raza negra.
A este maestro indiscutido del blues lo fui a ver al estadio Obras en abril de 1981. Vino con una formación llamada “B.B.King Orchestra”, con sección de bronces. Muy histriónico y efectivo. Pude conocer mucho después el Apollo Theater, pero solo para sacar fotos a su famosa marquesina y entrar hasta su shopping.
*Canned Heat – “Blues del futuro” (1970)Canned Heat fue un grupo de “country, blues and boogie-rock” de Los Angeles, California-USA. Aunque siguieron manteniendo la marca ya entrado el siglo XXI, su formación histórica tuvo corta vida creativa porque sus miembros originales murieron pronto, fieles al mandato no escrito de aquellas épocas hipponas: “vivir rápido, morir jóven”.
Estaban liderados por el guitarrista Alan Wilson (Masachusetts-USA, 1943-1970). Si sacan cuentas, fue otro miembro integrante del misterioso “club de los 27” cuyos socios principales fueron básicamente Brian Jones (The Rolling Stones), Jim Morrison (The Doors), Janis Joplin y Jimi Hendrix. Todos decesos trágicos-no naturales de artistas en ascenso justo al tener 27 años de edad. Todos esos casos se dieron básicamente muy juntitos alrededor del año 1970 pero a través del tiempo se fueron sumando al selecto grupo estrellas posteriores como Kurt Cobain y Amy Winehouse. Podría haber sido su fundador el citado blusero Robert Johnson, el del pacto con el diablo. Y desde estas pampas incluir después al bailantero cordobés Rodrigo Bueno.
El otro ícono de Canned Heat era Bob ‘the bear’ Hite (California-USA, 1943-1981) cantante de voz inigualable, que pedía permiso tímidamente y después te arrollaba. También tuvo una muerte trágica.
Fue un grupo blanco norteamericano pionero en aggiornar eléctricamente al blues con respeto a sus raíces. Muchos grupos yankis e ingleses hacían punta con ese yeite, desde otros ángulos. Los Canned Heat podrían suponerse parientes de los británicos John Mayall & The Bluesbreakers o Delaney & Bonnie (que albergó a Eric Clapton en algún momento) pero estaban más emparentados con Creedence Clearwater Revival y los posteriores The Fabulous Tunderbirds, por sus raíces sureñas y mayor apego al boogie. Quizás también Lynyrd Skynyrd.
Al sur de este hemisferio, los Canned Heat nunca tuvieron difusión. Los jóvenes de esa época apenas pudimos descubrirlos e indagar en ellos a partir del film “Woodstock” que registró las principales actuaciones de ese histórico festival neoyorkino de 1969. Ya lo detallaremos más adelante. Ahí quedó registrado y fue leitmotiv su tema “Going up the country”. Previamente habían participado también del Monterrey Pop Festival californiano (1967), aunque no recuerdo si están en la película homónima.
Su disco más vendido fue “Boogie with Canned Heat” (1969) con el éxito “On the road again”. No escuché la colección completa del grupo pero recomiendo fervientemente este “Blues del futuro” (1970), aún con Alan Wilson en la formación, el inolvidable cover de “Let’s work together” y la monumental “Skat”, con una poderosa sección de caños. Fue su segundo o tercer disco y se los nota sueltos y consolidados a la vez. Con “The Best of Canned Heat” (1972) puede conocérselos más.
No se porque pero cuando los reescucho y me sorprende de nuevo su calidad, me cuesta entender el éxito de tantos grupejos que -en nombre de un pretendido rock (más domesticado que nunca), del rap o bodrios parecidos- triunfan acá o en el mundo sin que sus fans hayan siquiera escuchado algo parecido a Canned Heat. Puede ser por la tendencia de la juventud de todas las generaciones a buscar lo inmediato, lo que le ponen a mano, está de moda y suena “piola”. Inclusive cosas underground sin sustento que los hagan sentir parte de una tribu selecta. No calzan los clásicos, porque es trabajoso y no garpa buscar en las fuentes. Podrás ser castigado, expulsado de la manada, quedar “out”.
Para quienes no tienen idea de este dúo de los hermanos Karen y Richard Carpenter, de Los Angeles-USA, fue un grupo de enorme éxito comercial, completamente disonante en medio de la explosión del hard-rock a nivel mundial. Fueron descubiertos por el trompetista y ejecutivo del sello A&M Records, Herb Alpert. Fue un fenómeno y una onda parecidos al de Burt Bacharach: baladas de calidad para oyentes mucho más calmos y melosos que el explosivo público rockero. Emparentado con lo más suave de Los Beatles.
El fuerte de Carpenters era más la interpretación (identificada con la voz aterciopelada de Karen y coros muy producidos en estudio) que la composición. Abrevaban en múltiples autores: justamente su exitoso single “Close to you” (1970) es un tema de Bacharach e identificó su segundo disco, que los lanzó a la fama.
En este recomendado LP “Carpenters” (1971), el dúo arremete con un genial medley de varios de los éxitos de Bacharach y contiene “Rainy days and Mondays”, “For all we know”, “Superstar” de Leon Rusell y hasta un tema de Henry Mancini, “Sometimes”.
La popularidad que alcanzaron los Carpenters fue monstruosa -mayor que Simon & Garfunkel, por compararlos con otro dúo insigne- pero la historia terminó mal porque Karen falleció en 1983 a los 32 años, por anorexia nerviosa, y Richard (coros y teclados) se hizo adicto a algunos sedantes y patinó con eso muchos años.
Dos recomendaciones tangenciales. Por pura curiosidad escuchen aquel hit “Close to you” versionado en tiempo reggae por Dancing Mood con Mimi Maura hace unos años acá. Y recurran al comic “Los hermanos Busonatto” que hizo Peter Capusotto para la TV inspirado en los Carpenters, después de ver alguna actuación de los edulcorados originales en Youtube.
Tremendo cantautor norteamericano folkie de Boston (1948), el de la voz nasal cálida e inconfundible y temas memorables, sobreviviente de una juventud y épocas turbulentas. Pocos músicos internacionales han podido mantener su nivel de vigencia.
Este antológico LP, grabado para la discográfica Warner, fue reconocido en todo el mundo. Ya estaba acompañado por su amigo de chico Danny Kortchmar y sus compinches Russ Kunkel y Carole King, después reconocidos músicos de fuste. Contiene el tema homónimo y otros como “Fuego y lluvia”, “Country road” y una excelente versión de la tradicional “Oh, Susanna”. Es un disco con mucha guitarra slide, que resalta la veta folk, y muy fresco, con alegres rockitos y sección de vientos canchera: pasó orondo la prueba del paso del tiempo.
**James Taylor – “Mud Slide Slim & The Blue Horizon” (1971)Con la versión imbatible de “You’ve got a friend” de Carole King y otras canciones históricas: la conmovedora “You can close your eyes”, “Isn’t it nice to be home again” o“Long ago and far away”. A los colaboradores de primer LP se les agrega Joni Mitchell, en coros. A esta altura y ante el tremendo éxito, el bueno de James empezaba con las drogas duras y problemas neurológicos de internación. Pudo superar eso, sigue dando vueltas con menos pelo y terminó vendiendo más de cien millones de discos.
Acá va dejando un poco más la línea folk del comienzo e incorpora más ritmos latinos y pop (“One man parade”) para alcanzar un nuevo plafond pero siempre conservando sus toques intimistas y relajados. Participan Linda Ronstadt y Carly Simon en coros pero se destaca la impresionante intervención de John McLaughlin en “Someone”. Temas cortos e inigualables y aquel hit bolichero para enamorarse en los setenta “Don’t le me be lonely tonight” con la inestimable ayuda de Michael Brecker en saxo, en un solo histórico.
Con este ya les estoy recomendando los cuatro primeros trabajos de James Taylor. Porque son hermosos. No cuento su fracasado u “oculto” primer disco, grabado en los estudios Apple Records beatle, que contenía “Carolina in my mind”. No tuvo repercusión alguna y su contenido se fue incorporando después en otras producciones.
“Walking man” (1974) puede tener algún altibajo, es un disco todavía más pop que se paga solamente con la impresionante “Daddy´s baby” (una canción de cuna perfecta, escrita para su hija Sarah). Pero tiene más: en “Let it all fall down” (saludando la caída de Nixon) y “Rock and roll es music” (presten atención a los coros de Paul y Linda McCartney y Carly Simon). De yapa, Michael y Randy Brecker comandando una preciosa sección de vientos cuando hace falta (“Ain’t no song” y “The promise land”). Todos estos nombres propios los iremos desgranando en la medida de lo posible.
Los siguientes CD de James Taylor son todos agradables, con algunas pepitas de oro entre las arenas de un río transparente pero muchas cosas suenan parecido y sin efecto sorpresa. Le ha ocurrido hasta a los más grandes artistas y quizás la excepción a la regla hayan sido The Beatles, que mantuvieron el nivel cambiando y se separaron mal, pero a tiempo.
No importa: ¡la cuestión es disfrutar a JT! Vayan primero a “The best of James Taylor” (1993) para no perderse temazos como “Shower the people” o “México”. Que no se les escapen perlas como “Your smiling face”, “Don´t be sad cause your sun is down” (en coautoría y con la majestuosa armónica de Steve Wonder), “Chanson francaise”, “Company man” y “Rainy day man” (del LP “Flag” de 1979), “Never die young”, “Valentine´s day” y muchas otras.
**James Taylor – “That´s why I´m here” (1985)Pegamos un pequeño salto a 1985. Taylor afronta este disco con un seleccionado: Joni Mitchell, Graham Nash y Don Henley en coros, Airto Moreira en percusión, otra vez Randy y Michael Brecker reforzados –si era necesario- por David Sanborn, Tony Levin, etc. Encontrarán en este CD canciones que conmueven a las piedras: “Only a dream in Rio” con Milton Nascimento, el cover del clásico “My romance” de los capos Richard Rogers & Lorenz Hart (*) y “My only one” con la Mitchell.
A esta altura, James Taylor ya los tiene que haber atrapado. Sigan en la brecha: hay un montón de temas más interesantes que escucharle, como “Copperline”, “Frozen man” (bendecida públicamente por Bob Dylan) o “Line’em up”. Dentro de su buen CD “October road” (2002), la monumental “On the 4th of july” y la jazzy “Mean old man” (esta vez bendecida por Paul McCartney y mejor arreglo instrumental Grammy 2003). No escuché “Covers” (2008), en el que arremete canciones ajenas.
(*) memorable dúo de compositores norteamericanos de los años 30 y 40, fabricantes de canciones hoy clásicas que están en algún lugar de la memoria de varias generaciones, porque ilustraron obras de teatro de Broadway y películas muy difundidas en todo el mundo. Ellos hicieron “My funny Valentine”, “Blue moon” o “It never entered my mind”. Sus temas fueron interpretados por Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, entre cientos de cantantes. Compitieron artísticamente en su época nada menos que con George e Ira Gershwin y Cole Porter. Volvemos a ellos en la próxima sección de jazz.
James Taylor vino a Buenos Aires pero no pudo actuar. Tenía prevista una función en el Hipódromo de Palermo en abril de 2017 como telonero (?) de Elton John –ambos ya con setenta años a cuestas- pero esa noche se llovió todo y se suspendió. Sus compromisos apretados en otro país sudaca no le permitieron actuar. James Taylor dijo cierta vez –en medio de una rehabilitación por drogas- que actuar en el primer Rock in Rio-Brasil (12/01/85) le salvó la vida, por el calor que le brindaron trescientas mil personas que conocían y cantaban sus temas.
**Joni Mitchell – “Blue” (1971)Si existe la reencarnación, me toca y puedo elegir, quisiera caer jóven en los años 60 en San Francisco-USA, cruzarme con Joni Mitchell en una esquina y seguirla hasta que me acepte casamiento. Esta hermosa canadiense que hoy pasa los ochenta años es un libro viviente de la década hippie, podría contar todas las cosas de la movida contracultural que realmente interesan. Esa cuestión de estar en el lugar justo, en el momento justo. Como Mick Jagger, digamos. A eso me refiero. Ella estuvo ahí seguro y daría mis pocos ahorros por escucharla. No leí su autobiografía pero dicen que es medio autocomplaciente.
Una artista formidable a las alturas de Bob Dylan y Los Beatles. Su registro de voz y sus composiciones de melodías sinuosas la hacen una referencia ineludible de la música contemporánea. Como si fuera poco, también es festejada su versátil técnica de guitarra, que incluye más de cincuenta afinaciones.
En realidad se llama Roberta Joan Anderson (Fort Macleod-Canadá, 1943) y fue descubierta artísticamente en Nueva York por David Crosby, que empezó a producirla. Aunque la Mitchell se perdió el histórico festival de Woodstock de 1969 por tener que hacer una actuación menor ya agendada, compuso el tema homónimo en homenaje a la hola hippona que quedó como un himno generacional en las voces de Crosby, Still, Nash & Young (ya llegaremos a ellos). Pueden ver igual a la Mitchell en el viejo documental “Celebration at Big Sur” (1970), si lo consiguen por ahí: refleja bien el clima de época en un recital sobre las costas del Pacífico, junto a Joan Baez y CSN&Y. El original suyo del mencionado tema “Woodstock” está en el excelente LP “Ladies of the Canyon” (1970) que contiene también el primer gran primer éxito de la Mitchell, la alegre “Big yellow taxi”.
Joni Mitchell cultivó un estilo folk pero despegado del viejo country o country-western o sonido Nashville, al modo Patsy Cline, Judy Collins o Dolly Parton, por mencionar algunas de sus figuras contemporáneas. Fue más libre, como un Bob Dylan femenino, más o menos acústica o electrificada, generalmente con climas intimistas.
Como si fuera poco, la Mitchell es también artista plástica y ha pergeñado muchas tapas e interiores de sus propios discos. Si van a su web oficial, pueden ver parte de sus pinturas. Joni Mitchell dejó a su hija en adopción de muy joven para poder seguir con su carrera y se reencontró con ella añares después.
Los primeros tres discos de JM son tan buenos como entrañables, casi a solas con su guitarra y a lo sumo algún piano y su propia voz sobregrabada. Se trata de “Song to a seagull” (1968), “Clouds” (1969) y “Ladies of the Canyon” (1970). No dejen escapar en particular la escucha de “The fiddle and the drum” a capella en “Clouds”, con semejante mensaje en medio de la guerra de Vietnam.
Por ser ellos tan buenos y parejos me cuesta recomendar uno en especial y con bronca y dudando me salto a este “Blue” (1971), el cuarto de su cosecha, que trae los temas “All I want”, “A cause of you”, “California” y “Carey”. Poco a poco el sonido Mitchell se va ampliando hacia el rock, el pop y el jazz: se va complejizando con más instrumentación, algún bajo eléctrico, algún teclado, alguna slide. Por eso también escuchen “For the roses” (1972), otra belleza aunque no trajera hits.
Un excelente disco en vivo que revive esa primera parte de su carrera es “Miles of aisles” (1974) con la banda de apoyo L.A. Express (Robben Ford en guitarra, John Guerin en batería, etc.), grabado en distintos recitales en la ciudad de Los Angeles.
**Joni Mitchell – “Hejira” (1976)“Hejira” es el más impresionante de los impresionantes discos de Joni Mitchell. Bajo una aparente monotonía de folk y blues surgen infinitas tonalidades y climas. Está Jaco Pastorius al bajo y se hace omnipresente. Larry Carlton en guitarra. “Hijra” en árabe significa viaje y absolutamente todos los comentaristas hablan de este disco como un trip, música para la ruta.
Entre todas las maravillas del disco están la homónima, “Amelia” y “Black crow”, temazo versionado después por Diana Krall y Cassandra Wilson (“soy como un cuervo negro volando en un cielo azul… buceando para recoger cada cosa brillante… en busca de amor y música…”)
Pastorius directamente copa los siguientes discos de Mitchell: el muy experimental-fusión “Don Juan´s reckless daughter” (1977) donde se suman otros Weather Report (Manolo Badrena, Don Alias, Wayne Shorter y Alex Acuña), Airto Moreira, Chaka Khan, Larry Carlton, etc. Mitchell decía que todo aquel que pasara por el estudio de grabación, ella lo ponía “a trabajar”.
También está Pastorius en el homenaje “Mingus” (1979), donde además de otros Weather Report se suman Herbie Hancock, Jan Hammer, John McLaughlin, el legendario Gerry Mulligan, Phil Woods, Eddie Gómez y Tony Williams: un elenco impagable hasta para Elon Musk. En el siguiente LP doble en vivo “Shadows & Light” (1980), tocan los jóvenes Pastorius, Pat Metheny y Lyle Mays más Don Alias y Michael Brecker: directamente, imperdible, mierda! Está grabado en el Santa Barbara Bowl de California.
Como aperitivo, sin que renuncien a seguir buceando toda la producción mitchelliana, recurran a “Hits” y “Misses”, dos excelentes recopilaciones de 1996. Canciones memorables que recorren cuatro décadas y lucen atemporales, como eterna es Joni Mitchell. Aunque no sea de mis preferidos, fue muy celebrado su “Both sides now” (2000), un disco orquestado con standards y algunas reversiones propias. Sumó muy pocas producciones en el actual siglo. En su carrera debe haber llegado a una veintena, en total.
Dato seguramente desactualizado: 4374 artistas le han versionado 169 canciones suyas. La Mitchell ha sido una artista con seguidores de culto de diversas edades y siempre muy reconocida por sus pares, pero fue muy homenajeada después de 2015 al recuperarse de un aneurisma que casi se la lleva del otro lado.
Dijo JM: “Debo escribir con mi propia sangre… lo más cercano que algo esté a mi experiencia directa lo voy a poder escribir en forma más picante o conmovedora. Si lo que cantás no significa nada para vos, no vas a conseguir nada mágico”.
Un conjunto de excelentes canciones sin estridencias de esta cantautora neoyorkina (en realidad llamada Carol Joan Klein, 1942), muchas de las cuales terminaron siendo himnos generacionales. Este fue su disco más exitoso, un clásico de los años 70: vendió millones, ganó Grammys y sus temas fueron versionados por los intérpretes más variados. El caso más emblemático, la ultrafamosa “You’ve got a friend” según James Taylor. Están “I feel the earth move” e “It´s to late”. Baladas, blues, soul y folk en dósis equilibradas. Participaron en el disco Joni Mitchell, Russ Kunkel, James Taylor y Danny Kootchmar, todos músicos parte de la misma movida musical.
La Carola editó más de veinte discos pero fundamentalmente fue una máquina de escribir éxitos musicales junto a su pareja Gerry Goffin, llevados a la fama por figuras como Roberta Flack, Celine Dion, Rita Coolidge, Billy Joel e incluso The Beatles.
**Creedence Clearwater Revival – “Cosmo’s factory” (1970)Para saber quienes hacían rock pesado en serio del lado noroccidental del charco en los 70s y podían competir seriamente con Zeppelin, The Who o Deep Purple y la ola inglesa de hard-rock, pueden escuchar a este power trío liderado por Mark Farner (voz y guitarra), con Don Brewer (batería) y Mel Schacher (bajo). Lo encuadro así porque el rock norteamericano, en general, raras veces fue sutil y más bien explotó aristas efectistas con baladas gancheras, movida que terminó alimentando el sonido “soft rock”, militado por grupos fashion como Poison, Twisted Sister, Foreigner y otros.
Los Grand Funk fueron recontra populares en USA, vendieron millones de discos y en alguna etapa los produjo Frank Zappa. Claro que no toda su producción mantuvo un gran nivel. Este LP en particular es una verdadera perlita en su discografía: los múltiples efectos no le ganan a las composiciones.
“E pluribus” es una expresión latina (“de muchos”) que se usa profusamente en monedas y billetes norteamericanos como lema. Aquí la adoptaron en broma con el término “funk”. Ilustró el disco de vinilo una moneda ad-hoc con el perfil de los integrantes del grupo. Para que se entienda, la tapa de cartulina en vez de ser cuadrada era redonda.
*Joe Cocker – “With a little help from my friends” (1969)Este inglés (Sheffield, 1944-2014) nacido como John Robert Cocker gastó escenarios varias décadas pero no se hizo famoso con la imbancable “You can leave your hat on” de la película “Nueve semanas y media”. Era un éxito desde mucho antes.
Apenas la pegó en su país en los sesenta con este disco debut bajo el brazo, cruzó el mar y participó del primer festival Woodstock, donde la descosió con la versión de aquel tema de los Beatles, cantada en el original bobamente por Ringo Starr. Dicen que Cocker sólo podía pegar el alarido famoso que decora su interpretación en los escenarios después de calentar su garganta con unos 19 temas previos.
El tío fue el inventor del ahora gastado arte del “air guitar”, eso de hacer que tocás una guitarra imaginaria cuando cantás. Y sus movimientos casi epilépticos arriba del escenario fueron su marca registrada. Véanlo en Youtube en esa histórica actuación de Woodstock ’69.
Después de ese suceso, la discográfica A&M le armó una gira por EE.UU. con la multitudinaria banda “Mad dogs and englishmen” liderada por el tecladista Leon Russell, que fue un éxito pero dejó a Cocker sin un dólar y a los tumbos debido al tema de sus adicciones (ver adelante).
Volviendo a “Whit a little help…” (1969), se deja escuchar con su voz intacta y un feeling insuperable para el blues y el soul. Haciendo lo que sabía bien: redimensionando temas de otros autores. Por ejemplo, “Feeling alright”, un éxito de Dave Mason de la banda Traffic o “Don’t let me be misunderstood” de la norteamericana Nina Simone. En la banda de apoyo del LP tocaron teclados Steve Winwood (Traffic) y Mathew Fisher (Procol Harum) y en guitarra nada menos que Jimmy Page cuando recién empezaba con Led Zeppelin y se ganaba el pan como músico de sesión.
Esta época de Joe Cocker fue inigualable, con sus blues demoledores, comparable al esplendor de su admirado Ray Charles o Janis Joplin. La discografía posterior de Cooker es bastante heterogénea: tuvo algunos éxitos para la industria del cine y abusó de baladitas insulsas. Volvemos al hecho: fue un excelente intérprete de clásicos. Hay que tomarse el trabajo de hallarle esas joyas en sus discos. Otro ejemplo para anotar es “You are so beatiful”, donde araña la nota final con el alma.
Joe Cocker es otro de los personajes-testigo del mundo del rock, cuya biografía pintaría toda una época de grandes cambios culturales en el ombligo del mundo. Cocker falleció en 2014 en su finca de Colorado-USA. Está bueno y emotivo el documental “Joe Cocker: mad dog with soul” (2017) para conocer su viaje.
**Joe Cocker – “Mad dogs & englishmen” (1970)![]() |
Disco doble en vivo que registra varios conciertos de su gira por Norteamérica después del éxito en Woodstock, en la época dorada de Cocker. Lo bancaba una numerosa banda liderada por Leon Russell (teclados) y Chris Stainton (teclados y bajo) más una buenísima sección de bronces que incluía a Bobby Keys (ver adelante Stones) y siempre bien sostenido por espléndidos coros femeninos: sobresalía Rita Coolidge, luego famosa solista, que se despacha con “Superstar”, tema de Russell muy conocido por la versión Carpenters. Aparece el tema “The letter” y covers de Ottis Redding (“I’ve been loving you too long”), Bob Dylan (“Girl from the north country”), The Band (“The weight”), Leonard Cohen (“Bird on the wire”), “Honky Tonk woman” de los Rolling y “She came in through the bathroom window” de los Beatles. Por si fuera poco, “Delta lady” y “Cry me a river”.
En una de esas consiguen ver la película del mismo título en algún rincón de la web: es el gran show del concierto en el histórico y ya inexistente Fillmore East de Nueva York (un teatro propiedad del promotor Bill Graham, por el que pasaron absolutamente todas las figuras del rock entre 1968 y 1971, incluídos The Doors y Hendrix-ver detalle adelante en Santana). Así podrán revivir la poco flemática visita inglesa al imperio en épocas del gran jolgorio psicodélico.
¿Qué cosa original puede comentarse sobre The Beatles? No se demasiado de los vericuetos de su carrera ni es el caso rememorar amores y desamores de la dupla Lennon & McCartney. ¿La banda rockera/pop más exitosa y aclamada de todos los tiempos? Significaron una ruptura musical ineludible en todo el mundo: solo cuatro tipos flequilludos cantando melodías y armonías insuperables, con coros perfectos. Fueron un crack cultural en los años 60, la década más revolucionaria del siglo XX. Empezaron apoyándose en el rockabilly e inspirándose en Elvis Presley. Con toques latinos naive en muchas de sus primeras baladas, evolucionaron usando vertientes del rock y el pop salpimentado con recursos del voudeville y el music-hall. El sonido que lograron terminó siendo punto de referencia para todo lo que siguió. En el camino, le pasaron el trapo a grandes competidores.
Los discos de los Beatles fueron parte de mi adolescencia pero en principio no me fanatizaron. Claro que formaron parte mi crecimiento y los conozco de memoria. Me resistí inicialmente a las evidencias por rebeldía a la difusión masiva, que en un momento fue explosiva. Acá en el cono sur fueron de los primeros grupos ‘permitidos’ por la ‘cultura oficial’ a los medios. El rock nacional naciente y el rock psicodélico y el hard rock sajones eran under. Se podía filtrar música soul, Tom Jones o Bacharach e incluso un “Purple haze” de Hendrix en algún programa nocturno como “Modart en la noche”. Los discos de estudio de Jimi Hendrix Experience nunca entraron a tiempo en la Argentina.
Es cierto, ya estaba instalado acá el twist y cosas como Elvis Presley, pero los Beatles significaban una especie de permiso no escrito para que los jóvenes escucharan el mainstream de afuera y compitiera con el folklore, el tango y la música comercial nativa, como llamábamos a la música beat pegadiza de Palito Ortega y los integrantes del Club del Clan, un programa de TV en B&N famoso, con chicos buenos y complacientes. De su mano también pudieron entrar The Shakers de los hermanos Fattoruso, uruguayos beatlescos que cantaban en inglés.
Para abreviar empiecen con “Beatles for sale” (1964) y “Help” (1965), donde ya superan la adolescencia y están maduritos. Observen de que años estamos hablando, comparen con lo que hacían los vecinos del barrio. Luego, “Rubber soul” (1965) hasta llegar a “Revolver” (1966), su disco más jugado: reminiscencias bachianas y primeros derrames de la psicodelia reinante, algo de cuerdas y a veces bronces o instrumentación hindú, guitarras grabadas y pasadas al revés. Cada vez más recursos para componer y arreglar. La perla del LP es la revolucionaria “Tomorrow never knows” y el único error estratégico fue dejar fuera del disco “Within you, without you”, que luego metieron en “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” (1967). ¿George Harrison siembra allí la semilla de la world music? Quizás saturados de su enorme popularidad, para esta época ellos deciden bajarse de los escenarios y ser un grupo estrictamente de estudios de grabación.
Cuántas cosas estuvieron de más después de The Beatles! Décadas después los sucesores ingleses del brit-pop Oasis, Blur, Coldplay y tantos otros, en honor a sus “padres musicales” deberían retirar sus discos de las bateas. Solo The Police en los ochenta, le hizo un poco de sombra. ¿Queen también? Todos jugaban con desventaja. Todo había sido inventado.
**The Beatles – “The Beatles” (1968)El llamado “álbum blanco” de The Beatles por su tapa sin aditamentos, un disco doble con 30 temas, el primero para el sello propio Apple Records. Tiene las mejores baladas de todos los tiempos: “Blackbird”, “Julia”, “While my guitar gently weeps” y “Cry baby cry”, una canción de cuna memorable “Good night” aunque la cantara Ringo Starr, “Dear prudence” y un par de rocks imbatibles (“Revolution 1” y “Birthday”) o el implacable “Yer blues”. Las creaciones de John Lennon y de Paul McCartney empezaban a correr por separado: empezaba a resquebrajarse la amistad y la composición en dúo, y eso se nota artísticamente en el disco, sin menoscabarlo para nada. Afirmaba el crítico Claudio Kleiman, que fue el disco menos pop y más rockero de los álbumes de los Beatles y que exponía los caminos a seguir por la música moderna en las décadas siguientes sonando unplugged, heavy, hard, noise, experimental, alternativo, rock'n'roll, blues, music-hall, lounge, pop. Todo en sus 4 caras de vinilo.
Quedó en el medio de mis recomendados el famoso “Sgt. Pepper’s Lonely Club Band” (1967). Le llovieron halagos y homenajes en el mundo cuando cumplió sus 50 años, que ya se pasaron de largo. Muchos la consideran la cumbre beatle, quizás por la cantidad de innovaciones que presentó: variedad de teclados, arreglos orquestales, uso de samplers y sobregrabaciones. Quizás la excusa técnica de esa decisión de abandonar los escenarios. La última actuación beatle en vivo fue el 26/08/66 en San Francisco. Como si fuera poco, el arte de tapa revolucionario del disco -made in Peter Blake- simulando el velorio de la mismísima banda con inclusión de caras famosas (tema de mil discusiones) y por primera vez, las letras de las canciones. Por las implicancias estéticas de ese entonces, época de la paz y el amor hippie, para muchos fue el manifiesto musical de los años sesenta. Pilar del llamado “rock psicodélico”: experimentación sonora, poética ligada a imágenes de infancia y realidades paralelas y estados de conciencia amplificada por el ácido lisérgico. Para ser más gráficos, guitarras distorsionadas, bajos eléctricos que sonaban como un chicle estirado, viejos órganos eléctricos y las infaltables panderetas. Algunos atribuyen la invención del estilo al “Are you experienced?” (1967) de Jimi Hendrix Experience. Todo es relativo, vaya a saber uno quien fue primero. El disco termina con “A day in the life”, dos canciones sin terminar en una: la primera parte de Lennon y la segunda de McCartney, los cuatro de Liverpool terminan tocando a ocho manos el piano del maestro Daniel Barenboim en los estudios Abbey Road, en medio de un crescendo orquestal que marcaba el fin de la inocencia (Pedro Aznar dixit). Que por incluir la frase “I’d love to turn you on (me gustaría iniciarte)” en su letra, la BBC prohibió su difusión. Ese mismo año sacan “Magical mystery tour”, que parece una prolongación musical del anterior, si no me equivoco, banda sonora de una película fallida.
Indagar la data de la carrera del grupo y las bios de los integrantes de los Beatles alcanzaría para leer largo y tendido. Otra tarea para curiosos es extender la búsqueda sobre quienes han sido bautizados como “quinto beatle”. Uno de ellos fue George Martin (Londres-Inglaterra, 1926-2016) quien desde 1962 colaboró como productor musical, arreglador e ingeniero de sonido. El otro fue Brian Epstein (Liverpool-Inglaterra, 1934-1967), primer representante de la banda (el siguiente fue Allen Klein). Y otro productor musical que dejó huellas en los Beatles fue el ya mencionado Phil Spector (Bronx-NYC-USA, 1939-2021).
*The Beatles – “Abbey Road” (1969)
Seguramente Pedro Gullo afirmaría que cualquier melómano curioso debería bucear en forma sistémica “Abbey road” (1969) y “Let it be” (1970) para recapacitar, tomar conciencia y abandonar definitivamente el rap, la cumbia villera o el reggaeton. Discos plagados de temas históricos. Estos músicos fabulosos en el punto óptimo de maduración.
“Abbey Road” (1969) fue el último disco cronológicamente grabado por los Beatles pero fue lanzado como tal antes que las cintas que conformaron “Let it be” (1970). Los integrantes de la banda empezaban a estar más separados que juntos, dicen que normalmente sin ganas de cruzarse con los demás. Eran prácticamente músicos de sesión inamistosos que disimulaban sacando buenos resultados. Estaban tan locos con el LSD y sus egos inflados, que cuando renunció Harrison, John Lennon propuso reemplazarlo por Eric Clapton o Jimi Hendrix.
Los temas baluarte de “Abbey road” (1970) creo que son “Come togheter”, “Oh, darling” y “Something”, por nombrar tres. Si seguimos hablando de inventos en la industria de la música, también se dice que en el lado B del disco, de la mano de George Martin, más o menos a partir de “You never give me your money” introducen el ‘medley’: sucesión de temas cortitos y distintos en una misma banda. Quizás sea cierto para grabaciones discográficas, pero no estoy seguro que hayan anticipado al más tradicional popurrí que usaron los latinos en estudios o escenarios desde tiempos inmemoriales. Otro supuesto invento: al final del último tema “The end” metieron un “hidden track”, un tema oculto sin nombre que después llamaron “Her majestic”. Dura 23 segundos. Todas anécdotas sin mucha importancia artística.
*The Beatles – “Let it be” (1970)
El LP entero se paga con el himno homónimo, la gran genialidad de Paul McCartney, y encima suma su “The long and winding way”, con arreglos de Spector que su propio autor odió.
**Paul McCartney – idem (1970)
Con los Beatles dando sus últimas vueltas pero haciendo la suya cada uno por su lado y abrumado por cuestiones contractuales, Paul McCartney agarró sus bártulos y con su antigua mujer Linda Eastman, se recluyó en su granja de High Park, Kyntire-Escocia. Produce éste su primer disco solista, ejecutado enteramente por el bajista sobregrabando todos los instrumentos necesarios en un equipo de 4 pistas. Lo que hoy llamaríamos una producción “indie”: siendo su propio productor musical e ingeniero de sonido, con la tecnología básica y sin condicionamientos externos (en lo artístico).
Para mi, uno de los picos de su creatividad, por arriba de los sucesivos intentos bajo su etiqueta personal o con su grupo Wings. Además de la voz inigualable del beatle, este disco de 1970 ofrece melodías sensibles. Todos temas nuevos, excepto “Junk” y “Teddy boy”, rezagos suyos no incluídos en discos de los Beatles. Oh, la maravilla de “Maybe I’m amazed” (*). Interesante comparar “Oo you” y su versión instrumental “Don’t cry baby-out-take”. Linda Eastman le hizo todo el arte de tapa. Toda la producción fue en medio de conflictos contractuales y compitiendo con el lanzamiento de “Let it be” (1970) para Apple. Tal es así que el solista de McCartney salió en Europa para Apple y en Estados Unidos para Capitol Records. Haciendo comparaciones odiosas, dicen las crónicas que tuvieron más éxito los solistas contemporáneos de George Harrison y de John Lennon: “All things must pass” (1970) y “John Lennon/Plastic Ono Band” (1970). Curiosamente también producidos por Phil Spector.
Me compré después algún vinilo de moda de McCartney solo o con Wings, como en su momento fue “Band of the run” (1973), pero no movieron mi amperímetro personal. No quiere decir que no vendió millones.
Al revés que a la mayoría, no me simpatiza Charly García (no creo que le preocupe mucho!). Solo transcribo lo que dijo en un reportaje en junio/07: “Cuesta reconocer que Paul es un genio. Odio cuando hablan de Lennon y no se dan cuenta de lo genio que es McCartney; es que uno siempre idolatra al rebelde. Quizás no es tan inteligente pero Paul es mucho más músico que John (…)”.
(*) Después de escuchar la “Maybe I´m amazed” de McCartney, no dejen de buscar y disfrutar la versión rockera que grabó -ya en este siglo- la americana Carleen Anderson, tan conmovedora como la original.
*John Lennon – “Legend. The very best of...” (1997)Y para los adoradores de John Winston Lennon (Liverpool-Inglaterra, 1940-1980) y su cancionero por momentos más rockero, acudan a esta recopilación para acortar camino. Contiene 20 tracks representativos de su carrera solista: “Imagine”, “Mind games”, “Stand by me” y “Woman”. Si tienen tiempo y dinero, “John Lennon Signature Box” (2010) reúne el total de los once álbumes con su firma, remasterizados: no todos son de estudio de grabación, algunos son experimentales y otros en vivo. Otra alternativa para acercarse a su sonido es el CD “Imagine: John Lennon” (1998), el soundtrack del documental sobre su vida, que incluye una selección de sus creaciones incorporadas en la discografía beatle.
Una reflexión que humildemente recomiendo para cualquier artista, en este caso sobre John Lennon: quédense solo con su música, no con el relato inofensivo que le armaron para crearle una imagen épica y romántica. Un genio creativo pero de carne y hueso, cambiante y contradictorio como todo humano. Infórmense. “¿No era un millonario el que nos había hecho imaginar un mundo sin posesiones?” Firmado: Elvis Costello.
* John Mayall - “John Mayall & The
Bluesbreakers with Eric Clapton” (1966)
John Mayall (Macclesfield-Manchester-Inglaterra, 1933-2024), un guitarrista pueblerino a la conquista de Londres, edita este su primer disco al frente del grupo Bluesbreakers, en 1966. Integrante de una movida blusera con otros compinches noveles como Alexis Korner, Peter Green, Mick Taylor y Eric Clapton.
Los jóvenes ingleses devoraban la música que les llegaba de Estados Unidos. El folk y el blues tradicionales, los primeros escarceos del rock de la mano de Elvis Presley y Chuck Berry y la avalancha del soul del sello Motown. Cuando escucharon como los músicos negros de Chicago (Muddy Waters, Howlin Woolf, Albert Collins) metieron la guitarra eléctrica en el blues, quedaron deslumbrados.
Nació la movida blusera inglesa de la mano de aquellos muchachos, le dieron una pátina inconfundible que -a mi gusto- superó al modelo original y terminaría siendo el germen del hard rock de las islas, donde abrevaron Jeff Beck, Rolling Stones y Led Zeppelin. Al principio pudo ser empate, pero con lo que vino después -a ambos lados del océano- superaron a los maestros. Como comparar el fast food con la comida que te hacía tu vieja.
Esa movida blusera inglesa entra a la costa oeste de Estados Unidos principalmente y -con unas pinceladas de psicodelia hippie- revolucionó a toda una generación a ambos lados del mapa. Incluso por estas pampas también. Los músicos del rock nacional naciente escuchaban atentamente ese sonido londinense. Se advierten sus reminiscencias en Los Gatos, en los primeros escarceos del joven Norberto Napolitano con su “Pappo’s Blues” (1971) o en La Pesada del Rock & Roll, para nombrar algunos.
Este es el primer disco de Mayall con la formación Bluesbreakers, donde se destacaban John McVie en el bajo (luego Fletwood Mac) y Clapton que venía de los reconocidos The Yardbirds. Clapton muy poquito después abandonará a Mayall para formar al deslumbrante trío Cream con Jack Bruce, que por un rato también formó parte de los Bluesbreakers. Evidentemente, se llevaron a Cream parte del bagaje, como podrán apreciar.
De esos tiempos quedó la conocida anécdota del grafiti pintado en la pared de un subte londinense: “Clapton is god”. Este disco en particular fue recomendado a los guitarristas aficionados por David Gilmour (Pink Floyd) para entrenarse con los riffs de Clapton. No para igualarlos, claro.
Mayall seguirá luego buceando en el blues, abandonará ese estilo eléctrico y volverá a búsquedas algo más acústicas. Como mencionaba más arriba, se relacionó con los Canned Heat. Tarea de investigación en esas discografías, si les parece seductor.
Igualito que el caso del guitarrista norteamericano Jimi Hendrix -que ya se viene en este racconto- si acuden a las grabaciones oficiales de estudio de este legendario power trío inglés, no escucharán el mismo sonido, la misma polenta, que en sus actuaciones en vivo. En los discos de estudio de Cream está toda la impresionante psicodelia de los años sesenta, distorsionada como Dios mandaba, con alguna sobregrabación de instrumentos y arreglos de moda en la época (acoples, cintas pasadas al revés), en formato de canción corta. Esta banda duró relativamente poco, unos dos años, hasta que los egos de sus integrantes chocaron y dieron por terminada la aventura.
Pero vayamos por partes, dijo Jack. Cream nació en Londres en 1966 y para quien no sabe mucho de ellos eran nada menos que Eric Patrick Clapton (el dios pagano de la guitarra del blues & rock en pleno ascenso, Ripley-Inglaterra, 1945), Jack Bruce (bajo y voz líder) y Ginger Baker, con su particular y recargado sonido de batería. Fue uno de los primeros “supergrupos” (*) del escenario del rock internacional. En las encuestas de los medios musicales de la época ellos ganaban de punta a punta como los mejores instrumentistas modernos en el mundo sajón. En esos años peleaban por la punta compitiendo con Beatles, Hendrix, Rolling Stones, Led Zeppelin o Pink Floyd: eso resalta más la originalidad de la propuesta de Cream.
Les dije que hacían rock psicodélico, subgénero difícil de explicar tantas décadas después. Burdamente definido, los efectos del uso del ácido lisérgico-LSD en la creatividad de los músicos. Para que descifres el enigma, es lo que se escuchaba en Pink Floyd con su “The piper at the gates of dawn” (1967), en el debut discográfico de Jimi Hendrix Experience o con The Doors al otro lado del charco. Vale la pena rescatar primero temas inolvidables de sus LP “Fresh Cream” (1966), “Disraeli gears” (1967) y “Wheels of fire” (1968). Para mi gusto y como ejemplo, “Strange brew”, “I feel free”, “Sunshine of your love”, “White room” o “Badge”. Pero a Cream los encontrarán con facilidad también reversionando blues tradicionales (“Rollin’ and tumbling”, “Spoonful”, “Cat´s squirrel”, “Born under a bad sign”, “Sitting on top of the world”). A pesar de no ser su mejor producción, su último disco “Goodbye” (1969) fue primero en ventas en EE.UU. e Inglaterra a la vez.
Volviendo a la afirmación inicial, en el escenario eran tres músicos avasallantes. Comparen el sonido de los temas grabados en estudio con los mismos tocados en vivo, alargados con una impronta jazzera de improvisación, y notarán la diferencia. Auténticas zapadas de estos monstruos, al mejor estilo de aquellos años rockeros. Dejaban sus huellas acá en el sur en la trayectoria de grupos como Pappo´s Blues o La Pesada del Rock & Roll.
En este “Live Cream” (1970) encontrarán el mejor y más emocionante solo de guitarra eléctrica de Clapton de todos los tiempos. Se darán cuenta porqué lo llamaban también “slow hand (mano lenta)” y porque no hace falta tocar a mil por hora para demostrar calidad y sentimiento. Está en “Sleepy time time (tiempo somnoliento)”. Por si fuera poco, haciendo un contrapunto memorable con el bajo de Jack Bruce (Bishopbriggs-Escocia, 1943-2014). El disco está grabado con actuaciones hechas en el Winterland Ballroom y el Fillmore West de San Francisco-California-USA en marzo de 1968. Lo completaron con “Lawdy mama” de estudio como último track. Salió como vinilo en la Argentina y, como solía pasar en muchas ediciones locales, con horrible presentación y escasa información. Hace relativamente poco me enteré que habían sido editados “Live Cream II” (1972) y “Live Cream III” (2008) con más tracks de San Francisco y de Oakland-USA de octubre/68. El III fue compendiado con más cosas de Oakland. Creo que nunca fueron editados en nuestro país.
Hay otros discos en vivo para rastrearles. Tienen “BBC Sessions” (2003), abundante material de sesiones que grabaron en esos estudios antes de separarse. En 2005 se juntaron para un revival y sacaron “Royal Albert Hall London May 2-3-5-6, 2005” en ese tradicional escenario inglés. Puede decirse que sonaron todavía más sabios que en su juventud.
Mientras se disolvía Cream, en 1968, estaba engendrándose otro supergrupo. Fue todavía más efímero y se llamó Blind Faith. El ya consagrado tecladista Steve Winwood (busquen sus antiguas bandas Spencer Davis Group y Traffic) se terminó juntando con Clapton y Ginger Baker (Londres-Inglaterra, 1939-2019) más el bajista Ric Grech. Dejaron por todo legado su “Blind faith” (1969). Para completar el cuadro de época que podría enmarcarse dentro de la movida cultural llamada “Swinging London” (**), agreguen a la bolsa de esos grupos -sin hacer muchas distinciones estilísticas ni formales- a los grupos The Kinks, Procol Harum, los Fleetwood Mac iniciales, Eric Burdon & The Animals, Small Faces y The Faces (donde militaron Ron Wood, Rod Stewart y Mick Hucknall). Faltan The Yardbirds y The Who.
(*) el término “supergrupo” (que no figura en el diccionario de la Real Academia Española) se usó por primera vez en términos musicales en 1968 cuando se grabó el disco “Super Session”, donde participaron Al Kooper, Mike Bloomfield y Stephen Stills. Describe a bandas nuevas formadas por músicos ya consagrados a nivel individual o en formaciones anteriores. Un ejemplo un poquito más próximo serían The Travelling Wilburys, que formaron brevemente Bob Dylan, George Harrison, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne (Electric Light Orchestra).
(**) Como decía, una movida cultural juvenil centrada en Londres, más o menos entre 1964 y 1970, una pequeña gran revolución en la moda y demás artes que contrastó fuertemente con las tradicionales costumbres de los flemáticos ingleses, que miraban horrorizados. No solo la música de los Rolling Stones y los Beatles le dieron marco sonoro a esa época. Pero, aunque ahora parezca pueril, los flequillos que pusieron de moda los cuatro de Liverpool fueron una pequeña contribución que copiaron las juventudes de todos los rincones del mundo, como también lo fueron las minifaldas del Swinging. Londres era el ombligo del mundo y la cosa pasaba por su barrio Soho y la estratégica plaza seca Piccadilly Circus, con menos verde que Diagonal Norte, pero con mucho hedonismo y desenfado. No sería la última vez que por ahí se llamaría la atención. Imposible explicar el alma de esta movida o resumir en tres párrafos sus manifestaciones en todos los ámbitos donde repercutió. En la TV y el cine, la serie en B&N “Los vengadores”, las películas “Blow up” de Michelangelo Antonioni y las iconoclastas “If” de Lindsay Anderson o “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick. La cultura mod venía de antes. Hoy la llamaríamos tribu pero era numerosa. Fue atropellada por la movida. La psicodelia llegaría en medio del Swinging, difuminando sus límites y convocando adeptos en el boliche U.F.O. Club. No muy lejos de Piccadilly ni de la tienda que montaría Malcolm McLaren, donde se comprarían souvenires alocados para pertenecer a una nueva tribu. Todo cerquita.
*Eric Clapton – “24 nights” (1991)
Lo citamos con Cream. “Clapton es dios” había pintado alguien en los tardíos ‘60s. ¿El mejor guitarrista de blues y rock contemporáneos? Al menos el más popular del mundo y miembro importante de su historia en las últimas seis décadas, a la par de Beatles y Rolling Stones, sus amigotes. Imposible no coincidir con su muy buen gusto en las cuerdas o no rescatar su voz exquisita y equilibrada. Tiene decenas de discos editados en su carrera solista, incluyendo bandas de sonido de películas.Escuché mucho de eso, me encanta, pero el objeto musical de Clapton me termina resultando repetitivo. Para sintetizarlo bien y al máximo nivel recomiendo este doble grabado en vivo durante las 24 presentaciones consecutivas que hizo en el citado Royal Albert Hall de Londres en 1990. Cada lado de este CD doble tiene una formación distinta: uno con la “4 Piece Band” de Steve Ferrone, Greg Phillinganes, Nathan East y Ray Cooper. El siguiente es netamente blusero -justamente con su “Blues Band”- donde se le suman invitados nada menos que los violeros Buddy Guy, Robert Cray y Jimmie Vaughan. Otro lado comprende a la “9 Piece Band”, reeditando éxitos solistas de Clapton y, en el último, arremete acompañado por la National Philarmonic Orchestra. La guitarra Fender negra de Clapton suena bien siempre y la selección de temas es excelente: “Bad love”, “Journeyman”, “Old love” “Wonderful tonight”, “Pretending” y alguno de Cream, más standards bluseros. Lo único feo es la espantosa gráfica del CD.
Para no perderse tanto de Clapton, conviene escuchar la colección “Crossroads” (1989) aunque sea viejita. No importa. Consta de seis LP que, en su momento, fueron lanzados de a uno. Recorren cronológicamente todas las etapas del guitarrista, incluyendo algo de su paso por The Yardbirds, Cream y Blind Faith, Delaney & Bonnie, John Mayall´s Bluesbreakers, Derek and The Dominos y bastante de su carrera solista. Esta antología después salió como un box set de CD. Hay un “Eric Clapton forever man” (2015), otra recopilación pero más actualizada de 3 CD, que también está buena. No pueden quedar afuera sus escuchas los primordiales temas “My father´s eyes”, “Broken hearted”, “Change the world” y otras gemas.
*Eric Clapton – “Unplugged” (1992)
Para muchos cronistas llegó a ser el mejor CD acústico o “desenchufado” de todos. Grabado para la emisora musical MTV en Inglaterra, tiene catorce temas representativos -propios o no- de Eric “slowhand” Clapton. Presentaba la novedad de “My father´s eyes” en una versión primitiva, reiterando viejos éxitos como “Layla”, “Tears in heaven”, “Old love” o “Running on faith” en clave intimista, como corresponde a este tipo de producciones.
¿Clapton el mejor bluesman blanco de la historia? En este “Unplugged” (1992) hay una pila de blues tradicionales como “Before you accuse me”, “Walkin´ blues”, “Malted milk”, “Rollin´ and tumblin”, “Alberta” y “Worred life blues” hechos con muy buen gusto. Con los años se editaron versiones más extensas de este disco acústico, que terminó vendiendo más de 20 millones de copias y ganó seis premios Grammys.
Si desean circunscribirse a Clapton haciendo blues, los discos recomendables serían “From the cradle” (1994), con standards del género, y “Me and Mr. Johnson” (2004), con temas del mítico blusero Robert Johnson.
Eric Clapton ha craneado bandas sonoras completas para films, aportó incidentales inéditos o bien, en un montón de casos, vendió temas ya consagrados de su discografía para insertar en películas varias. Ejemplos de lo primero fueron “The hit-La venganza” (1984) o “Rush”(1991). Ejemplo de lo segundo es la saga de las “Letal weapon-arma mortal” (1987 a 1998) protagonizadas por Mel Gibson y Danny Glover. Allí metió su versión de “Knockin’ on heaven’s door” o el éxito “Pilgrim”. “Cocaine” fue usada en varias películas olvidadas. Ironía tonta: también es muy usada por la farándula decadente, progresista o conservadora por igual, no por la mucho más digna clase trabajadora.
**The Who – “Who’s next” (1971)Hard rock y baladas de Dennis Blandford ‘Pete’ Townsend (Londres-Inglaterra, 1945) y Roger Daltrey (Londres-Inglaterra,1944), líderes de este grupo ícono/abanderado de la ya prehistórica movida mod londinense (‘mod’ por modernos). Una cultura de chicos ingleses de clase media objeto de investigaciones antropológicas e interesantísima para quienes no se enteraron: montaban en motos scooters, vestían remeras Fred Perry y pantalones chupines y calzaban zapatos de bowling o botitas Clarks. La otra tribu era la de los rockers, obviamente con camperas de cuero negro. Tienen que buscar y ver la película “Quadrophenia” (Dir. Franc Roddam, 1979) para darse una idea de que fue esa movida generacional británica. Sin subestimar al lector, las imágenes ayudarán mucho.
The Who sacaron su primer disco “My generation” (1965) con el tema homónimo que se convirtiría en un verdadero himno para los jóvenes. No les faltó imaginación tampoco a sus siguientes LP “Quick one” (1965) y “The Who Sell out” (1966) para competir con las producciones contemporáneas de Beatles, Rolling Stones y Kinks. En comparación era un rock algo más duro, pero no desestimaba baladas ni coros vocales bien ensamblados, falsetes incluídos. Ese último disco fue muy novedoso: incluyó el single “I can see for miles” que preanunciaba “Tommy” y ensamblaba tracks como si fuera una transmisión de radio pirata de la época, con jingles y locuciones entre las canciones.
Sus actuaciones enérgicas, una serie de simples intermedios, las radios under y el acercamiento de los mods, fueron sumando popularidad a la banda poco a poco. Hasta que llegó su disco “Tommy” (1969), la que dicen fue la primera de todas las óperas de rock.
Esos singles fueron muy exitosos a ambos lados del charco. Hoy suenan algo anticuados. Los compendiaron en “Meaty, Beaty, Big and Bouncy” (1971). Permite escuchar “I can’t explain”, “Subtitute”, “I’m a boy”, “Happy Jack” y la refrescante “Pictures of Lily”. En 1967 ya habían girado por Estados Unidos, actuado en el explosivo Festival Monterey Pop del oeste norteamericano (pidieron salir como teloneros de Jimi Hendrix y no después-ver Cap. 5-B.S.O.) y después estuvieron en el Central Park neoyorkino.
El cantante Eddie Vedder (Pearl Jam), admirador de siempre de The Who, cree que ellos hicieron el mejor show en vivo de la historia del rock. No aclaró si se basaba en el plano estrictamente musical y/o en los arrebatos de Townsend rompiendo una y otra vez su Les Paul en el piso (la primera vez fue puramente accidental), a Daltrey revoleando el micrófono como si fuera un balero de piola larga o a Keith Moon metiendo petardos dentro de la batería o pateando sus redoblantes, bombos y platillos a la mierda al final de cada actuación. La actuación de agosto de 1969 en el festival de Woodstock puede verse acotada en Youtube. El primer LP en directo “Live at Leeds” (1970) con su repertorio iniciático, es mencionado por muchos como el mejor disco de rock en vivo de la historia. ¿Escucharon eso? Sigue sonando muy bien, les digo. Afirmación subjetiva al máximo. Muchos dicen lo fue Iron Maiden con el “Live after death” (1985) que nunca escucharé. Estaría bueno conseguir el DVD “Amazing Journey: The Story of The Who” (2008), documental oficial -pero dicen riguroso- dirigido por Paul Crowder y Murray Lerner.

Potente cantante blanca de blues, folk y soul norteamericano (Port Arthur,Texas-USA, 1943-1970) digna de rescatar del olvido. Estrella femenina sin competencia reinando en el ambiente rockero de la época, tuvo una vida agitada. Desde jovencita fue una chica incomprendida e insatisfecha, dicen las crónicas. Pero también supo ser irreverente. Abandonó a su familia y partió a San Francisco-USA en pleno auge hippie y de la psicodelia, mucho menos asfixiante que su provincia. Libertad, drogas y hasta un casamiento fortuito en el camino. Se largó a cantar blues y anexos con la banda Big Brother and The Holding Company, compartiendo ruta con Jefferson Airplane y Grateful Dead, pura contracultura juvenil.
Con ese grupo arrasó en el legendario Festival de Monterey Pop de 1967. Los contrató el productor de Bob Dylan y pudieron grabar en CBS el LP homónimo de la banda. Grabaron el segundo, “Cheap trills” (1968), con los hits “Piece of heart”, “Summertime” y la conmovedora versión del blues “Ball and chain”, de Big Mama Thorntorn. Le doraron la píldora a Janis, abandonó The Holding Company y sacó un disco con otra formación, la Kozmic Blues Band, llamado “I got dem ol´Kozmic blues again mama! (1969)”, de sonido aggiornado, mucho más soulero. Todos fueron rápidamente discos de oro.
Entre medio, Joplin descolló en el histórico festival de Woodstock: el disco “Woodstock Sunday August 17, 1969” (2019) registra su actuación. Ese mismo año hizo dos Madison Square Garden neoyorkino. Aumentaba su fama. En el Chelsea Hotel de NYC hizo migas con Jimi Hendrix, con Patti Smith, Salvador Dalí, Bob Dylan y Kris Kristofferson. Justamente Leonard Cohen le dedicaría a la Joplin “Chelsea Hotel #2” luego de un encuentro cercano. A Jim Morrison, en cambio, le partió una botella de whisky en la cabeza cuando el cantante se le tiró como borracho desagradable en una fiesta.
La Joplin nunca la pegó con el amor y nunca pudo librarse del alcohol y la heroína. La encontraron tendida con sobredósis en el Landmark Motor Hotel de Hollywood-Los Angeles, donde vivía, el 04 de octubre de 1970. Tenía un testamento que especificaba donar U$S 2500 para que le hicieran una festichola en su honor: además de bebidas gratis hubo brownies con hachís.
Aunque es un guión que aprovecha solo tangencialmente la verdad histórica, una de las primeras evocaciones a Janis Joplin fue el film “La rosa” (1979), dirigida por Mark Rydell y protagonizada por Bette Midler, Alan Bates y Harry Dean Stanton. Hay varios documentales sobre ella, dando vueltas.
Al morir jóven la Joplin pasó a integrar con algunos de ellos el mítico “club de los 27”, del que ya hablamos. "Pearl” (1971) fue su cuarto LP, que salió mes y medio después de su muerte. El título hace alusión al apodo que le habían puesto. Estuvo primero en los charts. El acompañamiento musical del disco estuvo a cargo de la banda Full Tilt Boogie. Contiene la última canción que grabó, la hermosa “Mercedes Benz”, cantada a capella, “Move over” y la mítica “Cry baby”. Fue reeditado en 1999, remasterizado y con un contenido ampliado, incluyendo algunos tracks grabados en vivo.
Grupo inglés de blues y hard rock con dos
violas al frente, reminiscencias stone y riffs. Casualmente o no, fueron
manejados al principio por el ex manager de los Rolling, Andrew Loog Oldham.
Algunos los clasificaron como pioneros del heavy metal allá por 1970. Comandados
por Steve Marriot (Londres-Inglaterra, 1947-1991), en guitarra y voz líder,
también tuvo en sus filas al luego rockstar Peter Frampton en los primeros
discos. Que no está justamente en este recomendado sexto LP pero figuran como
invitados los conocidos Alexis Korner y Stephen Stills. Contiene temas repletos
de riffs pegadizos (like Pappo!), buenos coros y estratégicas intervenciones de
teclados acústicos o eléctricos. Sobresalen “The fixer”, “C’mon everybody” y
“30 days in the hole”. Se separaron en 1975 y se reagruparon en los 80s, sin
alcanzar la repercusión de antes. Marriot era muy reconocido en el ambiente
rockero británico y se lanzó como solista. Murió en 1991, en un accidente.

¿El mejor violero de rock de todos los tiempos? La mayoría de sus competidores estuvo de acuerdo. Poquísimos entendidos disienten con la idea. Lo sigue siendo para las revistas Rolling Stone y Time. Jimi Hendrix, el moreno zurdo y autodidacta de la Fender Stratocaster, nacido como James Marshall Hendrix en Seattle-USA (1942), admirador de Robert Johnson y B.B.King, empezó como sesionista de otros grupos. En Nueva York, ganó uno de esos concursos para novatos en el Apollo del Harlem (que todavía se realizan los días jueves). Eso le valió una oferta para girar con los Isley Brothers. Después se alistó en la banda de Little Richard hasta que discutieron por diferencias salariales. Todavía un desconocido. Idas y vueltas. Consigue trabajo en la banda de Curtis Knight. Se muda a NYC y empieza a tocar cosas propias en el Café Wha? del Greenwich Village, con el nombre de Jimmy James and The Blue Flames. En 1966, repara en Hendrix el bajista/manager inglés Chas Chandler (The Animals). Para terminar de convencerse de la oferta, Jimi le pregunta: "Conocés allá a Eric Clapton?". Chandler le armó la banda soporte Experience, los empilchó de época y le abrió camino en Inglaterra.
En Londres, lo que abrió Hendrix fue la cabeza de todos con “Hey Joe” (un cover-su primer single) y los temas “Purple haze” y “The winds cries Mary”. El desenfado de su zurda en la guitarra, el uso del wah-wah, el feedback y la distorsión, eran originalísimos. A los boliches londinenses lo iban a ver los Beatles, los Rolling, los Who, Clapton, Jeff Beck y la creme musical inglesa, provocando admiración en la mayoría y críticas maliciosas en algunos pocos envidiosos. Por si fuera poco, el recurso de puntear las cuerdas con los dientes o tocar la guitarra de espaldas resultaba casi un espectáculo circense para ellos. Cuando se le agotó el truco y para competir con su admirador Pete Townsend, inventó con Chandler eso de quemar la Fender en el escenario al cerrar los shows con el tema “Fire”, chorrito de bencina mediante.
El voluminoso material que podemos escuchar de la carrera solista de Hendrix lo produjo en solo cuatro años, aunque en ese corto lapso le hayan editado solo tres discos oficiales grabados en estudio y uno en vivo. Llegaban al Tercer Mundo en cuenta gotas, algunos meses e incluso años después de lanzados en el hemisferio norte. Los editados con posterioridad a la muerte temprana de Hendrix (el 18/09/70 en Londres, a sus 27 años) fueron armados con grabaciones que las discográficas habían descartado inicialmente, con ensayos de entrecasa rescatados de baúles o resucitando viejas actuaciones en vivo.
¿Cómo ser selectivo y recomendar pocos discos de Hendrix si sigue siendo mi ídolo musical desde chico? Los tres LP en estudio oficiales que se editaron antes del fallecimiento de Hendrix salieron como “The Jimi Hendrix Experience” en formación de trío con los ingleses Mitch Michell en batería y Noel Redding en bajo. Fueron “Are you experienced?” (1967), “Axis: bold as love” (1967) y “Electric Ladyland” (1968). Me parecen imprescindibles porque funcionan como catapultas: podría ponerles dos estrellas y sumarlos a los recomendados pero no quiero abrumar. Con ellos asombraba Hendrix en el rock: desfachatado, distorsionado, psicodélicamente avasallante.
“Are you experienced?” (1967) salió a la calle en Gran Bretaña casi en simultáneo con el “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Band” (1967) beatle. Quizás por eso ocupó solo el segundo lugar en ventas. Provocador desde el título inicial (“¿tienes experiencia?”) traía “Manic depresion”, “Foxey lady” y el rotundo blues “Red house”. Para muchos el mejor álbum debut de rock de todos los tiempos: era como un grandes éxitos en si mismo.
Todavía no se vendía en Estados Unidos cuando Hendrix la rompió en el festival Monterey Pop en la costa oeste (junio 1967), llevado de la mano por Paul McCartney y Brian Jones. Era la primera convocatoria masiva del rock para los yankis, precursora del mítico Woodstock 1969. Estuvieron Ottis Redding, Janis Joplin, Simon & Garfunkel, The Mamas & The Papas, Grateful Dead, The Who, Ravi Shankar, etc. (chimentos extra en la banda de sonido citada en el Cap. 5-B.S.O.) Ahí empezó la adoración del público americano hacia el hijo pródigo. La versión norteamericana del disco traía como bonus track los tres singles/misiles nombrados arriba con los que conquistó Londres.
En “Axis: bold as love” (1967), el segundo disco, aumenta la experimentación sonora y hay más heterogeneidad de estilos. Mete alguna voz en los estudios ‘the englishman’ Graham Nash. Contiene “If 6 was 9” y “Spanish castle magic”. La intimista “Little wing” terminó siendo un himno objeto de decenas de versiones. Busquen la instrumental que hizo en 1984 el finado Steve Ray Vaughan porque su homenaje fue lo suficientemente conmovedor para que mereciera un Grammy post-mortem.
Llegamos a “Electric Ladyland” (1968), disco doble que trae “Crostown traffic”, “Voodoo Chile”, “Voodoo child”, “House burning down” en 2/4 casi tanguero y archiva al Bob Dylan original con su versión de “All along the watchtower”. Ampliaba el sonido del trío mediante intervenciones de los músicos invitados Steve Winwood (Traffic) con su Hammond, Buddy Miles en batería, Al Kooper, el stone Brian Jones dado vuelta y otros.
Así como Hendrix podía ausentarse de sus obligaciones o descontrolarse por sus propias adicciones, también era rompebolas con sus colaboradores y exigente con el mismo cuando quería. Por eso para cada tema a editar quedaban grabadas varias tomas hasta encontrar lo que quería, lo que explica la cantidad de compilaciones post-mortem que pueden encontrarse. Se encargaba el mismo del bajo en estudios cuando Redding le hinchaba las pelotas o llegaba tarde y tenía chispazos frecuentes con el paciente de Chandler cuando no le obedecía algún capricho.
Soy conciente que recomendar discos de Hendrix puede resultar lo más subjetivo que hallarás en estas columnas. Con las salvedades hechas, destaco “Band of Gypsys” (1970). Es el cuarto LP editado en vida de Hendrix que se suma a los tres editados como Jimi Hendrix Experience: todo lo demás que pudo verse en bateas fue post-mortem. Lleva por título el nombre del trío que formó con Buddy Miles en batería, voz líder o coros (una voz tremenda muy superior a la disruptiva de Jimi) y el gran bajista Billy Cox (viejo amigo de la colimba suyo con quien seguía en contacto). Fue una formación efímera y sucesora de la “Gypsy Sun & Rainbow” que lo acompañó en Woodstock de agosto 1969. Dicen por ahí que el nombre “gypsy” fue un homenaje al guitarrista gitano Django Reinhardt. Está grabado en directo en la actuación en el mítico y ya inexistente Fillmore East de Nueva York el 01 de enero de 1970, su último año como terráqueo.
El mismo Hendrix dijo que la perfomance no lo había dejado conforme, que Buddy Miles había “sanateado” demasiado en el show y que fue una obligación contractual que tuvieron que cumplir con la discográfica y no debió ser publicada. La grabación debió ser emprolijada por el productor musical Eddie Kramer, porque fue un recital sonoramente despelotado. Los temas del grupo eran nuevos e insinuaban un cambio de rumbo musical luego de los tres discos de Experience en circulación. No todos esos temas llegaron después a grabarse en estudios.
A pesar de todo eso, para muchos críticos es uno de los mejores discos de rock en vivo de la historia. Se destacan la aplanadora “Power to love” y “Changes”. Otros eligen “Machine gun”.
El caso de Hendrix repite el caso de sus contemporáneos Cream, el grupo inglés de Eric Clapton, Ginger Baker y Jack Bruce, que ya visitamos: sus grabaciones en estudios atenuaban la efervescencia del sonido libre y salvaje que se les escuchaba sobre los escenarios. Habían varios motivos. Por un lado, la tecnología del momento no permitía “envasar” toda la información sonora producida por los instrumentos eléctricos en un vinilo o en cintas de casettes. Era algo indomable para los ingenieros de sonido: tenían que recortar frecuencias forzosamente. Pero también, las discográficas querían brindar cierta “seguridad” al oyente promedio como una manera de imponer el producto en los medios masivos de difusión y vender más. El sonido díscolo de Hendrix, con esos solos de guitarra tan kilométricos como pasionales, eran demasiado para las radios y el gusto medio de la época. Hagan la prueba de escuchar las versiones de estudio de cualquier tema de los mencionados antes con alguna de sus tomas en vivo. En estas perfomances es donde Hendrix nos regala su verdadero ‘feeling’. También en muchas de las tomas de estudio desechadas por desprolijas mientras el genio vivía pueden detectar ese espíritu. Un ejemplo es el LP “Loose ends” (ver abajo).
Esta otra actuación en trío fue captada en la tercera y última edición del festival realizado en esa isla británica de Wight entre el 26 y el 31 de agosto de 1970, unas dos semanas antes de la muerte de Hendrix. Superando a Woodstock, 600 mil espectadores hipones invadieron a los 90 mil lugareños alarmados. Ni Knebworth, ni Live Aid ni Rock in Rio -por citar otros megafestivales- pudieron superar jamás semejante convocatoria. Por suerte, todo salió bien. La cosa quedó testimoniada en el film “Message to love” (1970) de Murray Lerner. Estuvieron Miles Davis, los Doors y los Who, Free, Moody Blues, Ten Years After, Melanie, Donovan, Leonard Cohen, Joni Mitchell y Joan Baez, Emerson, Lake & Palmer, Jethro Tull, Procol Harum, Supertramp, Chicago, Sly and the Family Stone y hasta Gilberto Gil.
Jimi Hendrix actuó el lunes 31 con gran aporte de Bill Cox en bajo y el retorno de Mitch Mitchell en batería, pequeña mutación de Band of Gypsys. Nuevamente Hendrix desvalorizó su propia actuación pero para mi “Isle of Wight” (1970) es un paredón de rock, una aplanadora. Es mi disco preferido de Hendrix.
Originalmente, salió como LP en vinilo con una selección de las seis mejores tomas de su recital: “Midnight lightning”, “Foxy lady” y “Lover man” más “Freedom”, “All along the watchtower”, más la poderosísima “In from the storm”. En la tapa, una foto bárbara de nuestro héroe, que dicen en realidad fue tomada durante un recital en Berlin.
Añares después editaron CD y DVD de la actuación completa de Hendrix con el título “Blue wild angel at the isle of Wight” (2002). Contiene algunos reportajes e incluye la excelsa “Hey baby” en una versión despareja. También “Purple haze” y “Voodoo child”, hecha de taquito. Toca “God save the Queen” a la manera que había hecho “Star spangled banner” en Woodstock (ver adelante). Y aunque a veces baje un poco el nivel igual le sobra paño y permite disfrutarlo en imagen. ¡No habrá ninguno igual!
Fue el 3er. álbum post-mortem con temas grabados en estudio que no formaron parte de los publicados durante Hendrix en vida, aprovechando la bolada de su muerte rockera. Con Billy Cox y Noel Redding en bajo y Mitch Mitchell en batería. Algunos temas están repetidos en el remasterizado/posterior “First ray of the new rising sun” (1997). Está su interpretación de la conocida “Peter Gunn catastrophe” de Henry Mancini, “Izabella”, “Midnight” y la poco difundida y extraña “Three little bears”.
¿Una rareza más? Hendrix era ambidextro pero prefería puntear con la zurda una Fender Stratocaster común, diseñada para diestros. Por eso se ven sus guitarras con las perillas para arriba, el clavijero para abajo y con las cuerdas colocadas en sentido contrario. La prestigiosa firma de guitarras Fender tiene entre sus modelos denominados “signature”, uno llamado ‘Tribute Jimi Hendrix', a modo de homenaje.
Al morir Hendrix el 18/09/70 en Londres a sus 27, varias discográficas con las que tenía contratos a un lado y otro del mar, empiezan a editar varios discos revolviendo cajones con cintas no editadas o descartadas. En febrero de 1971 distintos sellos presentan de apuro “Cry of love” (1971), y también largan “Rainbow bridge” (1971) y “War heroes” (1972), para sacarle jugo çomercial al funesto suceso. No significa que no tengan tracks inolvidables.
“Loose ends” (1974) es otro típico de esos rejuntes post-mortem de temas en estudio hecho por Polydor en Inglaterra. Pero que frescura tiene! En distintos países salió con diferentes tapas y años después lo reeditaron bajo el nombre “Jimi Hendrix Album”. Agrupa una parte de su rompecabezas discográfico que bien vale la pena escuchar. Baladas, blues, hard rock y hasta funk. Tiene tracks grabados mayoritariamente con la formación Band of Gypsys (Buddy Miles-Billy Cox) pero están también Noel Redding y Mitch Mitchell, de Experience. Se destacan la impresionante la versión de “Blue suede shoes” de Carl Perkins y la de “Born a Hootchie Kootchie man” (en “Radio one” hay otra toma pero esta es demoledora).
Contiene versiones alternativas grabadas entre febrero y diciembre de 1967 en apariciones en la radio y en el teatro de la BBC de Londres. Era una tradición que los grupos consagrados pasaran por esa radio oficial inglesa y grabaran al toque canciones e incluso covers de otros músicos o bandas.
En general el disco contiene temas ya difundidos y conocidos en otras publicaciones (por ejemplo “Purple haze”, “Fire”, “Spanish castle magic”, para nombrar tres), que suenan más desenfadadas. Tocan aquí Mitch Mitchell, Noel Redding y algunos colados en coros. Hay un tema del blusero Howlin’ Wolf y otro de Curtis Knight. Tiene una excelente versión de “Day tripper” de Lennon-Mc Cartney con el mismísimo Lennon haciendo coros. Y en “Hoochie koochie man” está Alexis Corner.
Existe un disco posterior más extenso y completo que recopila estas grabaciones, llamado justamente “The Jimi Hendrix Experience-BBC sessions” (1998). ¡A por él!
Recién en 1995 la familia de Hendrix -una vez obtenidos los derechos sobre su obra- pudo hacerse cargo de su reedición inteligente, luego de rastrear por cielo y tierra las cintas originales con todo lo que el guitarrista grabó. Convocaron al ya mencionado productor Eddie Kramer (Ciudad del Cabo-Sudáfrica, 1942), quien había sido el ingeniero de grabación original del guitarrista. Un cotizadísimo profesional que trabajó para los grupos y solistas de rock más importantes de la historia: de Beatles a Stones, de Bowie a Clapton, Joe Cocker y Santana, The Kinks a Zeppelin. Kramer ecualizó todo desde cero y remasterizó todas las cintas originales de las grabaciones de Hendrix con tecnología que antes no disponía. Una reparación histórica.
“First ray of the new rising sun” (1997) fue el primer producto serio editado décadas después con el trabajo de la familia y Eddie Kramer. Aseguraron que hubiera sido el cuarto disco de estudio, el que planeaba sacar Hendrix con el último material que trabajaba y con el mismo título que tenía previsto. Es casi un disco doble. Básicamente es “Cry of love” completado con siete tracks más de “Rainbow Bridge” y parte de “War heroes”. El contenido lo había grabado Hendrix en el estudio Electric Ladyland de Greenwich Village-Nueva York, que se hizo contruir cuando no era moda que un artista tuviera uno propio.
El disco tiene mucha sobregrabación de guitarras y numerosos invitados. Suena espeluznante “Hey baby (new rising sun)”, para mí el mejor tema de estudio grabado por Hendrix. Además, “Ezy rider”, “Angel”, “Freedom” y “My friend”. Participaron básicamente Mitch Mitchell en batería y Billy Cox en bajo –mitad Experience mitad Gypsy- más The Ghetto Fighters (coro) y otra vez Stevie Winwood y Chris Wood del grupo inglés Traffic, Stephen Stills, etc. Todos los amigos que encontró a mano en NYC.
Grabación casi completa de su actuación en el famoso festival de Woodstock de 1969, editada recién en 1999. Hasta entonces para escuchar algo de su show allí tenías que recurrir a los volúmenes I y II de la banda de sonido original de la película homónima (ver Cap. 5-BSO, más adelante).
El CD viene con un hermoso y completo libro interno. El grupo de apoyo fue presentado en el escenario por un locutor como “Jimi Hendrix Experience” pero ese trío ya estaba desarmado. Aquí estaban Billy Cox, Mit Mitchell, Larry Lee en segunda guitarra más dos percusionistas -rareza en los grupos de Hendrix-, una agrupación de corta vida bautizada como “Gypsy Sun & Rainbows”.
Las interpretaciones que más me llegaron siempre fueron “Vilanova junction” (uno de los melancólicos cierres de la película Woodstock) e “Izabella”, pero suenan fuerte también “Spanish castle magic” y “Jam back at the house (beginnings)”. Mención aparte para la sorprendente versión de “Star spangled banner”, el himno norteamericano, plagada de metralletas y bombas arrancadas de su Fender e inspiradas en la guerra de Vietnam, aunque Hendrix desmintiera ese origen. El era un tipo volado y poco politizado pero esta interpretación -que introducía a “Purple haze”- fue simbólicamente más revolucionaria para la juventud que mil discursos en boca de políticos.
Carlos Humberto Santana Barragán (Autlán de Navarro, Jalisco-México, 1947),
hijo de un violinista mariachi, se convirtió en un guitarrista de sonido
incomparable: emocional, espiritual y alegre por latino y no sajón. Sensual con
pocas y alargadas notas. Abrió un camino musical originalísimo: es el inventor
del rock latino.
Ya se sabe, de chico y en los tempranos años 60, su familia se instaló en
San Francisco-USA, epicentro de la explosión hippie y la psicodelia: el lugar
justo en el momento justo. Su aparición artística fue una bomba parecida a la
de Hendrix, arrojada por la colectora que les dejaron transitar los
arrolladores Beatles y Stones.
Santana tiene una cantidad impresionante de discos de ventas millonarias
editados en su larga carrera y fíjense
Uds. que por ellos desfilaron infinidad de vocalistas: no tuvo problemas en
largar el micrófono en pos de mejorar su música. Con su espectacular sonido de
guitarra le bastó para tener total vigencia durante seis décadas. Porque cuando
hace sonar cualquiera de sus modelos (las
PRS o las Gibson 335 o SG) y las escuchamos al pasar, sabemos al toque que se
trata de Santana y nos transportamos a otra dimensión, igual o más que más que
con Hendrix, McLaughlin o Clapton. Carlitos terminó siendo indiscutible,
subyugando al primer y al tercer mundo por igual.
Santana fue una gran apuesta del promotor Wolodia Grajonca, más conocido
como Bill Graham (Berlin-Alemania, 1931-1991). Ya lo citamos antes. Un
self-made-man que siendo huérfano y escapando del nazismo llegó a Estados y se
abrió camino a los codazos. Manejó los míticos Fillmore West en San Francisco y
Fillmore East en Nueva York, poniendo de moda los recitales de rock en teatros
con Grateful Dead, Jefferson Airplane y Santana. Para seguir documentando la
movida hippie en la costa oeste les recomiendo la película “Fillmore: The last
days” (1972) normalmente colgada en YouTube. Está centrada en reportajes a
Graham y actuaciones de sus grupos habituales antes del cierre del reducto.
También hay un disco triple, donde suman a Boz Scaggs, Hot Tuna, el blusero Taj
Mahal, etc., casi toda una movida de
rock blanca con atisbos de psicodelia. Salió
luego también “Fillmore East: the last 3 nites” (2016), un boxset de 4 CD con The
Allman Brothers, Beach Boys, The J. Geils Band, Mountain, Country Joe McDonald,
Edgard Winter y Albert King. Tengan en cuenta que, a esas alturas, la otra gran
referencia musical norteamericana era la gran ola soulera
negra, que se centralizada en el sello discográfico Motown de Detroit. Bill Graham
le organizó giras a los Stones y otros grandes y también armó el festival
benéfico Live Aid-1985 en Filadelfia y Wembley a la vez, junto al músico inglés
Bob Geldof. Luego craneó con Amnesty International la gira mundial Human
Right Now-1988 con Sting, Peter Gabriel, Springsteen y otros, que pasaron ese
año por el estadio River Plate de Buenos Aires y por Mendoza.
Se puede escuchar también al grupo en pañales en “Santana live at the Fillmore 1968” (1997), otra vez en el East, metiendo algunos temas que nunca integrarían su discografía básica. Apto para coleccionistas. "Los 60 fueron los años más gloriosos", dijo alguna vez Carlitos. "Estaban Bob Dylan, Bob Marley, John Coltrane, Sun Ra y Jimi Hendrix. Todo el mundo probaba la revolución de los sentidos, el peyote, la mescalina, el LSD. La gente iba más allá de la carne, la electricidad y la lógica. Y todo eso, como saben, no comenzó en Liverpool. Tuve mucha suerte de estar en la bahía en esa época".
El primer LP oficial de su grupo salió simplemente como “Santana” (1969) y trae el éxito “Evil ways”, un cover difundido en el sur como “Malas costumbres”. Con la impresionante “Soul sacrifice” y toda esta música completamente innovadora le rompieron la cabeza a todos en el legendario festival de Woodstock 1969, donde subieron al escenario sin tener ese vinilo en las calles. La formación en esa actuación memorable incluía a Carlos Santana, Gregg Rolie (voz principal e inconfundible teclado Hammond), Dave Brown en bajo y Mike Shrieve en batería, más la implacable dupla de percusión José “Chepito” Areas y Mike Carabello (¿la más famosa de la historia del rock todavía?), en timbales, congas y chiruflecos.
Si bien ese fue un discazo que hay que escuchar sin dudar, que podría
decirse de este “Abraxas” (1970) con “Mujer de magia negra/reina gitana” (un
cover de Peter Green de Fleetwood Mac, la banda británica que entonces hacía blues)
y “Oye como va” (de Tito Puente). La menos difundida pero impresionante
“Incidente en Neshabur”, un muestrario de sutilezas y, pónganse de pie, “Samba
pa’ti”: ¿escucharon alguna vez un tema instrumental con semejante melodía que
exprese tanto sentimiento? Una guitarra eléctrica para expresar un bolero, como
si fuera la más sensual voz. “Abraxas” es una avalancha de música de fusión. La
contratapa del disco rescataba un fragmento del libro “Demian” de Hermann
Hesse: “Nos paramos frente
a él y comenzamos a congelarnos por el esfuerzo. Cuestionamos la pintura, la
reprendimos, le hicimos el amor, le rezamos: la llamamos madre, la llamamos
puta y puta, la llamamos nuestra amada, la llamamos Abraxas...” Y en otro rincón: “El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer
tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama
Abraxas…” Parece ser que Abraxas era una deidad mitológica que es buena y mala,
divina y demoníaca a la vez.
El grupo sigue evolucionando y edita
después “Santana 3” (1971), que en el sur lo publicaron como “Santana
Tabú”. Con las aplanadoras “No one to depend on”, “Toussaint l´overture” y “Guajira”. Metían algunos
bronces, para lo que convocaron a los Tower of Power, que luego visitaremos. mantenía casi toda la formación inicial pero
empezaban los líos con drogas, peleas e idas y vueltas.
Con “Caravanserai” (1972) comienza Santana una etapa personal
distinta tratando de desintoxicarse y haciéndose religioso, musicalmente más
ambiciosa, enfilado al jazz-rock y al ambient. Siempre con buen gusto pero con
menos hits (*) para alardear y un poco menos ventas también. Todavía con Shrieve,
Rolie y Chepito Arias, sumaba a Doug Rauch y Armando Peraza. El disco contiene
un buen cover de Antonio Carlos Jobim (“Flor de piedra”).
Fueron pasando los años y muchos discos suyos bajo el puente. No todo fue
en vano, pero sus obras entraron en un tobogán algo repetitivo, más comercial y
menos experimental, aunque su guitarra siguiera sonando siempre personalísima:
tonos vigorosos y cálidos a la vez y gran velocidad sin perder contacto con la
melodía nunca.
Saltamos a “Amigos” (1976). De a poquito dice basta de jazz rock e
inventos raros. De acá en adelante tirando carnadas salseras para pegarla con
otro hit alla “Samba pa´ti” o “Guajira”, con suerte variable. En este disco la
pega con el track “Europa”, luego será con “Carnaval”, “Let the children play”,
“Moonflower”, “Aqua marine”. Pero a veces derrapa y suena como el soft-rock de la
saga “Rocky”. Pasarán de igual modo los LP “Inner secrets” (1979), “Marathon” (1979) o “Zebop!” (1981), entre otros.
Hasta que vuelve a los primeros planos añares después con el aggiornado y
superpremiado “Supernatural” (1999) para el sello Arista. Junto a su
discográfica se les ocurrió compartir temas y cartel -como si fuera un abuelito
piola- con intérpretes más jóvenes: Maná, Dave Mathews, Lauryn Hill, etc. Los
encajaron con elegancia en el sonido Santana, que no había perdido. Por si
acaso, también estaba la ayudita de su amigote Eric Clapton en (el anodino)
“The calling”. Fue el disco que más vendió Santana en toda su carrera y con el
que ganó ocho Grammys. Con semejante éxito, Santana
siguió repitiendo el mismo truco: subrayar cada estrofa de las canciones con un
arabesco que lleve su sello, dejar que el invitado haga lo suyo y luego meter
un solo con su guitarra. Así seguirá en “Shaman” (2002), donde hasta suma desde
Alejandro Lerner al tenor Plácido Domingo, pasando por Seal. Años después en
“Milagro” (2012) mete mayoría de latinos: Diego Torres, los Fabulosos Cadillacs,
Juanes, Niña Pastori y otros.
En “Santana IV” (2016) volvió a
juntar a sus compañeros sobrevivientes de los setenta Gregg Rolie, Mike
Carabello, Michael Shrieve y Neal Schon, un segundo guitarra que convocaba a
menudo. “Chepito” Areas quedó afuera del convite, condenado por la justicia con
cargos muy jodidos con menores. No cambia radicalmente
el rumbo que traía. La consiguiente gira quedó en el DVD “Live at the House of Blues
Las Vegas” (2016).
Carlitos ha vendido más de 100
millones de discos en total con la treintena que ha
sacado, ganó diez premios Grammy en distintas categorías y sigue vigente
como dios viviente de la guitarra. No puedo evitar dejarles dos frases suyas
más: “Siempre digo que
podemos prescindir de las tres P: los ‘pimps’ (alcahuetes), el ‘pope’ (el Papa)
y los politicians (políticos)”. Y “si
quieren conocer a una persona, vayan a su casa”.
Pude ver a Santana dos veces en Buenos Aires en octubre de 1973 y pocos días de diferencia, con mis amigos de escuela secundaria: en el viejo “gasómetro” de madera cuervo de Av. La Plata (luego hipermercado “Carrefour San Lorenzo”) y en el estadio Luna Park. En la formación estaban Carlos Santana, Doug Rauch, Mike Shrieve, Tom Coster, Richard Kermode y Leon Thomas, “Chepito” Areas y Armando Peraza. Para recrear el sonido de esos recitales se puede escuchar “Lotus” (1974), que es lo mismo pero grabado en vivo después en Osaka-Japón, en la misma gira y con idéntico elenco. Fue una locura para nuestra generación: el primer recital de un grupo de rock internacional –en pleno éxito- que arribaba al cono sur, cuando acá pugnábamos por escuchar los pocos discos del género que se editaban en la Argentina más allá de Beatles y Rolling y a los codazos contraculturales contra la música habitual de los medios (la música comercial festiva tipo chicle o los tradicionales tango y folklore). Hablando de discos en vivo suyos en esos años, otro emocionante es el doble “Moonflower” (1977), grabado en el London´s Hammersmith Odeon, donde pueden escuchar solos de guitarra memorables con incrustaciones de cosas de estudio. Remueve archivos mentales escuchar el cover “She’s not there” de The Zombies.
Cuando Santana volvió a mi
ciudad en 1993 me lo perdí por voluntad propia, suponiendo que no me
sorprendería, pero fue un recital muy bueno en la cancha de Vélez Sársfield
(29/05/93): lo pude comprobar porque fue transmitido después completo por TV,
lo cual subsanó parcialmente mi error. También se puede reproducir muy bien esa
actuación escuchando el excelente CD “Sacred
fire-Live in South América” (1993), porque fue grabado en vivo durante esa
gira y con los mismos integrantes. Santana vino por tercera vez a Buenos Aires
en 2006, con un recital en el Campo Argentino de Polo de Palermo.
Cuando las circunstancias vitales de los integrantes de un grupo musical
son más altisonantes que su obra, se termina hablando más de mitos que de arte.
The Doors fue un cuarteto de Los Angeles pionero de rock psicodélico,
entendiendo por esta vertiente la inspiración sonora y poética ligada al uso de
drogas. Ya hablamos de eso bastante pero lo que abunda no daña. Era el cenit de
la cultura hippie en San Francisco y el innovador ácido lisérgico-LSD –que no
estaba prohibido todavía en Estados Unidos- prometía abrir ‘las puertas de la
percepción’ de la mente humana. Le hacían campañas publicitarias o eventos
públicos como los “acid test” o los “love-in”. Y todos se creyeron artistas (dijo
uno).
James ‘Jim’ Douglas Morrison (Melbourne-USA, 1943-1971), cantante-baluarte
de esta banda, murió a los 27 años como parecía requerirlo la tradición rockera
de la época: “vive rápido, muere jóven y deja un cadáver bonito”. Su voz no era
espectacular pero con su facha, histrionismo y dramatizaciones escénicas le dio
carácter de leyenda a la cosa. Musicalmente, The Doors fue una mezcla no convencional
de rock y blues que no renegaba del formato canción. Antes de la muerte de
Morrison y la semi-disolución de la banda, sacaron seis discos de estudio que
fueron muy exitosos, llenaron el Madison Square Garden de Nueva York, giraron
por Europa y actuaron en el legendario último festival de la isla de Wight en
1970.
Para acercarse a su historia pueden ver la película “The Doors” (Oliver Stone,
1991), con Val Kilmer en la piel de Morrison. Refleja a su modo lo
controversial de la carrera artística del grupo, repleta de adicciones,
incidentes y altercados públicos. Los sobrevivientes de la banda se ofendieron
y la criticaron fuerte. También está “When you’re strange” (Tom DiCillio, 2009)
un documental más fidedigno.
El grupo se apoyaba musicalmente en el interesante aporte creativo del
organista Ray Manzarek (Chicago-USA, 1939-2013) y el sonido particular que
aportaba su teclado con influencias clásicas. Como era un cuarteto que no tenía
bajista, Manzarek marcaba los ritmos con su mano izquierda en su Fender Rhodes
cuando actuaban en vivo, pero para grabar discos contrataban a uno. La lírica,
aportada por Morrison, se inspiraba en poetas oscuros como Rimbaud, Verlaine o
Blake, en escritores también psicodélicos como Aldous Huxley y en rémoras
existencialistas. No precisamente era sha-la-lá: eran letras provocadoras que
les acarrearon prohibiciones de las autoridades.
No puede soslayarse una escucha sistemática de The Doors. Indudablemente
aportaron una originalidad que les permitió mucho tener éxito y mantener
vigencia durante décadas, lo que no significa que su discografía no tuviera
altibajos. Me someto a la opinión generalizada de recomendar este álbum debut
de la banda. Empezaban con la insolente “Break on through (to the other side)”
y lo cerraban con la edípicamente impúdica “The end”. En
medio, la grandiosa “Light my fire”. Como recopilaciones tienen “Greatest hits” (1996), “Box set” (1997) y “The very best of The Doors” (2001), que agregan “L.A. Woman” y
“Strange days”. Escuchen “Hello, I love you”, recontra-inspirado en el “All day
and all the night” de The Kinks, pioneros británicos del hard-rock. Por
eso su autor Ray Davies demandó a The Doors por plagio en las dos orillas: ganó
con las leyes británicas y perdió con las norteamericanas.
No me fanatizaron en su momento The Doors e
igual me pasó con los citados The Grateful
Dead, también símbolos super-populares de los sesenta tardíos en el oeste
norteamericano, igualmente lisérgicos y contraculturales. Liderados por el
mítico guitarrista Jerry García (San Francisco-USA, 1942-1995) y por Bob Weir (San
Francisco, 1947), aún hoy siguen teniendo oleadas de fans en Estados Unidos. Ya
les di algunas pistas para conocerlos. Es un rock más directo con vetas gruesas
de bluegrass y folk, quizás con menos sorpresas que The Doors. Pero ambas
bandas fueron emblemáticas de la juventud norteamericana que gozó de la llamada
primavera del amor y sufrió a la vez el infierno de la guerra en Vietnam. Al
mismo tiempo y hace tanto. Grateful Dead fueron tan endiosados que miles de
hippies migrantes seguían sus recitales a través de su país. Amigotes de Neal
Cassidy (Salt Lake-USA, 1926-1968), figura central de la generación beat, y
adherentes a las “pruebas del ácido” que al módico precio de 1 U$S la dósis
promovía el científico loco Timothy Leary (Springfield-USA, 1920-1996),
personajes y temas interesantísimos que dan para los lectores ávidos por
desasnarse se entretengan. Dicen que los discos que catapultaron a Grateful
fueron “Workingman’s dead” (1970) y “American beauty”(1970) pero siguieron
dando vueltas básicamente hasta la muerte de Jerry García. Una excelente
recopilación es “The best of the Grateful Dead” (2015), que ofrece 31 tracks. Para
ver, busquen “The other one: the long strange trip” (2014), la bioepic de Bob
Weir, su cantante y segunda guitarra.
Cantante y músico completo si los hay, navegante del sonido Motown, el soul, el rythm & blues, el pop y el funk. Tan indiscutido y reconocido como The Beatles. Por algo le pusieron “maravilla” a ese niño prodigio llamado Stevland Hardaway Judkins Morris, nacido prematuro y ciego en Michigan-USA en 1950.
Cuando tenía doce años lo descubrieron los capos del sello Motown asombrados por sus cualidades y le pusieron toda la parafernalia de la discográfica para su lanzamiento comercial. Como nombre artístico, primero fue “Wonderboy”, luego “Little Stevie Wonder” y le quedó “Stevie Wonder”. Intervino la justicia norteamericana para asegurarse que terminara la escuela y su contrato respetara sus derechos como menor de edad. Grabó los increíbles “The Jazz Soul of Little Stevie” (1962) y “Tribute to Uncle Ray (Charles)” (1962) como estrella de dos big bands, con su piano, su ya distinguida armónica marca Hohner y su voz todavía aniñada. Escuchen esos discos iniciáticos. Hay que buscar esos discos iniciáticos y disfrutarlos: deja al sobrestimado Michael Jackson hecho un poroto de soja.
Antes de graduarse Stevie Wonder ya hacía giras por Europa y a los 20 años tenía editados 27 singles, con los que vendió más de treinta millones de placas. Ocho de ellos (como “My cherie amour” y “For once in my life”) fueron discos de oro, o sea más de 500 mil. Para completar los inicios de su carrera tienen un abanico de opciones editados por Tamla Records/Motown: puede ser “Stevie Wonder Greatest hits vol. 1 y vol. 2” (1968-1971), el compilado triple “Looking back. Anthology” (1977) y sino “Love songs 20 classic hits Stevie Wonder” (1985). Alguno van a encontrar. Valen la pena.
“Innervisions” (1973) es el más brillante de los primeros discos con su voz madura, en la misma discográfica pero imponiendo sus propios gustos musicales. Es un Wonder aggiornado, más suelto, con más R&B y funk y con las baladas que lo hicieron famoso mundialmente. Venía incorporando los sintetizadores Arp y Moog y el clavinet Hohner, había metido los inoxidables éxitos “Superstition” y “You are the sunshine of my life” y mechaba letras dedicadas al amor con otras sociales críticas del sistema. Acá presentaba su salsero “Don´t you worry ´bout the thing”, para no dejar nunca de tararearlo y mover los pies, y le sumaba el jazzy “Too high”, “Living for the city”, “Higher ground” y “All in love is fair”. Disco del año y otro premio Grammy para su colección, claro está.
En el medio de la siguiente maravilla que comentaré, larga como si nada el LP “Fullfillingness' first finale” (1973) que traía “Smile, please”, “Boogie on reggae woman” y “You haven’t done nothing”.
Posiblemente, este disco sea uno de los mejores de la historia de la música contemporánea. Vendió más de 10 millones de copias y fue multipremiado. Inicialmente iba a llamarse “Let´s see life the way it is”. Posee una portada bastante fea y contiene algún tema insípido –seguramente para demostrar que Wonder es humano-. Es quejarse de gordo porque esto es una maravilla irrepetible. Si, es el doble disco LP sello Motown que contiene “Isn´t she lovely”, el éxito de un tema aparentemente tonto que era la punta del ovillo de un apabullante paseo por la música negra contemporánea. Por favor escuchen el swing de “I wish”, la polenta del instrumental fusión “Contusion”, el homenaje “Sir Duke” y la belleza hecha canción en “As” (con Herbie Hancock en Fender Rhodes), “Ordinary pain” y “Have a talk with God”.
La edición de vinilo que compré en la Argentina en aquellos tiempos venía con 2 LP y además un extended play-EP o “doble” pequeño con cuatro temas, entre ellos la impresionista y bella “Easy goin’ evening (my mamma´s call)”, instrumental con una clase magistral de armónica. Este contenido luego sería incluído en posteriores ediciones con formato CD. En estudios colaboraron, además de Hancock, Greg Phillinganes en teclados, Michael Sembello y George Benson en guitarras, músicos que aparecerán más adelante en estas narraciones.
Esta recopilación es para que los oyentes impacientes abrevien camino. Contiene muchísimas perlas: “Lately”, la mejor balada de Wonder, un reggae perfecto dedicado a Bob Marley “Master blaster” y la más alegre y profunda canción de cumpleaños, dedicada a Martin Luther King, “Happy birthday” (todos del LP “Hotter than july” de 1980). Repite las inevitables “I just called to say I love you” y “Part time lover” pero agrega las legendarias “My cherie amour”, “You are the sunshine of my life”, el citado himno funk “Superstition” y “For your love”. Mamita! Además de regalarnos tantos éxitos del genio “Song review…” (1996) también recopila algunos temas antiguos suyos muy souleros de los ´70, esos singles de los que les hablaba antes.
Como creador, Wonder también se pegó algunos patinazos. Sino escuchen su “Characters” (1987) lleno de máquinas de ritmo asimilándose -justamente- a Michael Jackson, que figura en los créditos junto a Steve Ray Vaughan y B.B.King, que no pueden salvarlo del naufragio. Nadie escapa a las modas. Nuestro héroe seguirá sacando maravillas esporádicamente (“For your love”, “Treat myself”) pero durante el siglo XXI será menos prolífico.
Entre medio, Wonder también hizo música para películas, venciendo con dignidad la dificultad de no saber que escenas ambientar debido a su ceguera. La primera fue el disco llamado “Journey trough the secret life of plants” (1979), creado para un documental de Walon Green “The secret life of plants”: tiene música de ambientación, arreglos world-music y samplers pero también canciones potentes como “Power flower” y “Send one your love”. Después, el tremendo éxito mundial de "The Woman in red” (Gene Wilder, 1984), donde compuso casi todas las canciones, ajustadas a su estilo habitual, algunas cantadas por Dionne Worwick. Tenía el aludido misil “I just called to say I love you”. Lo desarrollaremos un poquito más en el Cap. 5-Bandas de sonido originales. Más tarde hace el soundtrack de “Jungle fever” (Spike Lee, 1991), que no es rimbombante pero tiene varios tracks para rescatar en uno invita a Boyz II Men y en otro se larga a rapear muy bien.
Geoffrey Arnold Beck (Londres, 1944-2023), más conocido como Jeff Beck, fue un guitarrista histórico referente de varias generaciones de cultores de las seis cuerdas eléctricas. Porque además de ser un pionero del blues y del hard rock inglés se convirtió en un clásico admirado por sus pares. Por lo poco que uno sabe, fue un viejo desparpajado que se rió siempre de las convenciones de sus amigos de la farándula. No es habitual entre los artistas, que por lo general se la creen.
En los 60s ya estaba dando vueltas y entró en la banda The Yardbirds alternando con Eric Clapton y Jimmy Page (luego Led Zeppelin), quienes llegaron a ser lo que llamarían “la santísima trinidad de los guitarristas ingleses”. Pero lo echaron por su mal carácter. Justamente Beck aparecía con ese grupo en un sórdido sótano londinense haciendo “Stroll on” (una versión del tema “Train kept a-rollin”) rompiendo su eléctrica contra un parlante: escena memorable del film “Blow Up” (Michelángelo Antonioni, 1966). No te la pierdas en Youtube. Beck fue compañero de andanzas de los Stones, los Beatles, Zeppelin y toda la movida musical en Londres en esos años. Estuvo a punto de integrar alguna de esas bandas en algún momento. Lo admiraban todos. Con muchos de esos pergeñaban el heavy metal sin saberlo.
En su primer single, el eterno “Beck’s bolero”, inspirado en el de Ravel, tocaron los Zepp Jimmy Page y John Paul Jones y el baterista de los Who, Keith Moon. Bautizó a su banda Jeff Beck Group para sacar sus primeros LP, arrancando con “Truth” (1968) y al toque “Beck-Ola” (1969). Rock y blues pesados propios de la época, sonido que influyó mucho por estas lejanas tierras del sur en nuestro primigenio rock nacional. Militaban en la banda Nicky Hopkins en piano, subiendo a primera un potente Ron Wood en bajo y un jovencísimo Rod Stewart rockeando y todavía nada ‘glam’. Discos que fueron carta de presentación con aquel bolero y la tradicional “Greensleeves” como ganchos conocidos, versiones de los hit “Jailhouse rock” y “All shook up” de Elvis Presley y “Rice pudding”. El grupo giró con esos discos por EE.UU. pero Stewart y Ron Wood pegaron el portazo y se fueron para formar la banda The Faces. Dicen que por eso no actuaron en el festival Woodstock original, aunque estaban anunciados. Hopkins integraría unos años el staff de los Rolling Stones.
Beck nunca fue un compositor extraordinario. Lo atrapante, disco tras disco, fue siempre lo que expresaba con su guitarra distorsionada. Sus intereses musicales mutaban con sus producciones: las hay enteramente instrumentales y otras con vocalistas invitados. Durante su carrera hizo algunos discos souleros, abrazó el techno, tuvo unos cuantos de jazz fusion y hasta dedicó otro a uno de sus primeros amores, el rockabilly. “No quiero aburrir a la gente con discos parecidos”. Beck colaboró en decenas de discos de sus amigos, como por ejemplo los solistas de Mick Jagger.
Saltemos a “Blow by blow” (1975), disco volcado al jazz rock producido por George Martin, con Max Midletton, el tecladista de Beck por esos años. Mete sus clásicos “Scatebrain”, “Freeway jam” y “Cause we’ve ended as lovers” (cover de Stevie Wonder). Con igual nivel le sigue “Wired” (1976), con el mismo productor y sumándose a la banda Jan Hammer y Narada Michael Walden, tecladista y batero ex Mahavishnu Orchestra, respectivamente, volcando sus claras influencias progresivas. Beck se manda una versión muy buena de “Goodbye Pork Pie Hat” de Charles Mingus, que le servirá de caballito de batalla mucho tiempo. Allanan el camino para el directo LP “Live” (1977).
El guitarrista se sube a una gira de la banda del tecladista checo Jan Hammer y hacen lo suyo en vivo, emparentado con el mencionado LP “Wired” (1976). Tiene toda la polenta y el virtuosismo jazz-rock que esa sociedad simbiótica lograba. La misma onda energética seguirá de la mano de Hammer en el LP “There & back” (1980).
Beck la pegará por fin con un éxito mundial con “People get ready”, el tema de Curtis Mayfield que canta Rod Stewart en el LP “Flash” (1981). “Con Rod tenemos una relación de amor-odio: el me ama, yo lo odio (…) el es un monstruo: nadie puede cantar así, pero vive en una cápsula.. no va más a los clubes realmente reventados a escuchar lo que pasa”. “Flash” (1981) es un bodrio techno pergeñado por Nile Rodgers, el productor de moda en aquellas épocas. Tipo auténtico si los hubo en el ambiente rockero, dijo Beck riéndose de si mismo que le produjeron el disco “entre dos singles de Madonna”.
Se recupera un poco con su “Jeff Beck’s Guitar Shop” (1989), acompañado por Terry Bozzio en batería y Tony Hymas en teclados. Te aplasta en “Big block” y te hace llorar con “Where were you”, donde nuestro monstruo hace cantar a la guitarra como si fuera una soprano ("Posiblemente sea la pieza de música de guitarra más hermosa jamás grabada, junto a 'Little Wing' de Jimi Hendrix”. Firmado: Brian May/Queen).
Beck se entretendrá luego con el aludido disco de rockabilly, “Crazy legs” (1993), solo para amantes del subgénero. Después de grabar sus discos Beck se alejaba de los estudios, hacía sus giras y acostumbraba tomarse algún año sabático. Se recluía en el campo o reformaba autos en su taller.
Reaparecerá Jan Hammer con sus trucos en el efectista CD “Who else!” (1999), disco recomendable, con Manú Katché pegándole duro a la batería en “What mama said”. Fue la primera producción propia de Beck en siete años: nos regala las sutilezas de “Angel”, “Declan”, “Another place” y “Brush with the blues”.
Pero si quieren escuchar a Beck en sintonía bien pesada, vayan por “Jeff” (2003), otro que recomiendo fervientemente si necesitan rock bien heavy like Living Colour.
El último trabajo que hizo Beck fue un disco para Rhino Records firmado con el actor Johnny Deep (como vocalista y segunda guitarra) que se llamó “18” (2022), donde hace covers de Beach Boys, Marvin Gaye, Velvet Underground, etc. Vinnie Colaiuta en batería, Jason Rebello en teclados y otros. Un capricho prolijo pero inevitablemente heterogéneo.
Buceando en la web, descubro que Beck vino dos veces al Luna Park de Buenos Aires. La primera en octubre de 1998 y la segunda en noviembre de 2010, aquí con el baterista Narada Michael Walden como cara conocida. Me lo perdí, no se porqué motivo: puede ser que no estaba muy fanatizado todavía con Beck, que hayan sido semanas de viajes de trabajo por el interior del país, fiaca de ir al centro, falta de guita. Me enteré tarde del disco en el Ronnie Scott que me rompió definitivamente la cabeza y lo lamenté. Nadie es perfecto pero es tarde para lágrimas: Geoffrey Arnold B. abandonó toda agenda terrenal en enero/23 a sus 78 años, seguramente sin haber renegado de sus aventuras en 3D.
Es casi redundante presentar a este legendario grupo inglés craneado por Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Bill Wyman y Charlie Watts, que increíblemente todavía siguen fatigando escenarios. Para muchos, la mejor banda de rock & roll de todos los tiempos. Empezaron a dar vueltas en 1962 y hasta el momento han editado unos treinta discos de estudio oficiales. Hicieron más de 50 giras mundiales superando las 2000 actuaciones. Liderados por Michael Philip Jagger, más conocido como Mick Jagger (Dartford-Inglaterra, 1943) que operado del corazón aún sigue saltando a los ochenta y pico y nos tapa la boca. “Eramos jóvenes, guapos y estúpidos. Ahora solo somos estúpidos”, afirmó hace ya 15 años. Para muchos, Jagger es la estrella de rock más grande del mundo. Lo que no puede negarse es que con sus amigos, creó uno de los grandes productos artísticos y comerciales de la historia.
Los comienzos de la banda fueron con muy pocas creaciones propias, a puro covers de blues, rhythm & blues y R&R de sus ídolos Chuck Berry y Muddy Waters y hasta algún soul para terminar de enganchar en el mercado norteamericano. Eran bastante aburridos hasta que la pegaron con su “(I can get no) satisfaction” y cambiaron esa estrategia con el LP “Aftermath” (1969). Los llevó de la mano el productor Andrew Loog Oldham (Londres-Inglaterra, 1944). Una anécdota: el segundo single de los Rolling fue “Stoned” y su cara B “I wanna be your man” es un tema que Oldham le encargó a Lennon y McCartney para rellenar. “Era desechable. No íbamos a darles nada grandioso, no?”, comentó John.
Pero el marketing de los Rolling fue aparecer más desaliñados y desafiantes que los Beatles. Con sus letras reventadas y provocadoras llamaron la atención. La vigencia musical de los Stones durante décadas puede explicarse por haber llegado de a poco a un estilo propio, no super sofisticado, apoyado en esa guitarra rítmica tan identificable. Escuchen “Brown sugar”: habla por si sola de eso. La evolución musical del grupo la explican Oldham y los productores sucesivos que tuvieron: Jimmy Miller, Steve Lillywhite, Don Was y, claro, The Glimmer Twins es decir los propios Jagger & Richards, sus mejores ángeles guardianes. Y cada vez que les escuchen un saxofón virtuoso en los temas, se trataba de Bobby Keys (Texas-USA, 1943-2014), elegido por muchos músicos top de la época y adoptado por los Stones durante añares.
La primera gira de los Rolling Stones a Estados Unidos fue en 1964. Poquito antes habían estado los Beatles allanando el camino de la invasión musical británica en Norteamérica: fueron un boom. Nunca antes los ingleses habían conquistado con sus productos a los yankis. Los de Liverpool actuaron en el programa de TV “El show de Ed Sullivan”, un fenómeno que era exportado en blanco y negro a todo el mundo, e incluso abrieron el teatro Carnegie Hall neoyorkino a la música popular, aunque solo ganaron U$S 6500 por actuar ahí. Meses después, los Rolling promocionaban en USA su primer álbum haciendo doce shows, con resultados un poco distintos. Todavía los grupos jóvenes usaban corbata en el escenario pero el pelo largo de los Rolling fue motivo de burlas del periodismo y parte del público yanki, que los cargaban por pulguientos. Los norteamericanos han sido siempre bastante rústicos y rígidos para los cambios: no sabían la que se les venía. La gran recompensa de los Rolling fue cruzarse con sus ídolos Willy Nixon, Muddy Waters, Chuck Berry, Bo Didley y Buddy Guy. Volvieron a Norteamérica otra vez ese mismo año y también pasaron por la TV pero de modo más amigable. Fue muy movida en cambio la gira de 1969, que terminó mal el 6 de diciembre con el trágico recital de Altamont. Habían confiado la seguridad a la tribu Hell’s Angels (deberán googlearlos) y la cosa culminó con cuatro muertos. La siguiente por el imperio del norte sería en 1972: hicieron 30 ciudades en dos meses.
Para obviar el extenso recorrido musical de los Rolling Stones, recurran por favor a esta recopilación temprana de doble CD del material inicial de la banda grabado para el sello Decca-London Records. Seguramente sorprenderá a los más jóvenes porque no es lo que están acostumbrados a escucharles a los Rolling. Les dije que la primera década de la banda estuvo repleta de covers bluseros. También fue más baladística.
En esta recopilación se resumen aproximadamente ocho discos que los Rolling habían editado desde sus inicios. Sonaban frescos y también algo desafinados. Algunos de esos LP primerizos fueron soporíferos y mostraban a la banda bastante rústica pero este compendio promedia todo y beneficia al conjunto. El compilado está repleto de hits afiatados: “(I can´t get no) Satisfaction”, el del gran e histórico riff rockanrolero, escrito en 1965 en un motel de Florida-USA. Otros destacados son “Paint it black”, “Ruby Tuesday”, “Let´s spend the night together”, “Under my thumb”, “Gimme shelter”, “Honky Tonk Women” y “Brown sugar”.
Pasado el tiempo, patentaron sus reconocidos riffs respaldados en la guitarra rítmica de Richards y se autoplagiaron con mucho éxito comercial. Cuando lo creyeron conveniente, coquetearon con la música disco y hasta se mandaron algo punk o metieron un reggae. Una vigencia increíble producto de su ingenio, del marketing y la cultura globalizada que atrapó a varias generaciones de oyentes, que les compraron más de 250 millones de discos. Cumplieron a rajatablas el leitmotiv “It´s only Rock & Roll” y el público se los agradeció. ¿Tanta gente puede estar tan equivocada? La duda puede instalarse sabiendo que Donald Trump acaba de ser reelegido.
*Rolling Stones – “More hot rocks-Big hits & Fazed cookies” (1972)Decca Records fue la discográfica inicial de los Rolling Stones. En un momento entró en conflicto con el grupo, que por contrato le debía entregar un simple para comercializar. Para joder a la empresa le compusieron “Cocksucker blues” (blues del chupapijas), que nunca pudieron editar por motivos obvios. Solo le quedó hacer la recopilación que les recomendé antes.
Esta otra de 1972 también fue concebido en su momento por el manager Allen Klein y por Andrew Oldham, en medio de disputas legales con la banda. El conflicto mencionado obligó a este otro compendio rascando el fondo de la olla, la frazada quedó corta y descubrió las pies.
El público, ajeno a esto, las hizo igual un éxito de ventas. En su momento acá en la Argentina las dos salieron por separado, como vol. 1 y 2 digamos. Pasados los años, los reeditaron todos juntos como un CD doble y listo.
En verdad entonces, “More hot rocks” (1972) deberían escucharlo antes que el otro porque compendia tracks más añejos y desconocidos por el público general. Quizá sea más interesante hacer eso como recorrido arqueológico del grupo, cuando los tipos estaban en busca de su destino musical y parecen más terrenales. Escuchen como muestra “Tell me” y sus desastrosos coros y se darán cuenta que quiero decir. En “Poison Ivy” y en “Come on” parecen principiantes. Pero también están “I´m free”, “Out of time”, la psicodélica “2000 light years from home”, “Lady Jane” y “Let it bleed”, donde levantan la puntería.
La recopilación “Flowers” (1967) lanzada para el mercado de Estados Unidos no está nada mal, tampoco. Lima asperezas. Tiene rarezas como el cover del recontraconocido “My girl” de Smokey Robinson/The Temptations y otros temas inéditos, tracks de singles y de los discos “Aftermath” (1966) y “Between the buttons” (1967).
Como a todos los grupos de rock ingleses, a los Rolling luego les llegaría la ola psicodélica, editando “Their satanic majesties request” (1967). Salió unos meses después de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) de los Beatles. Pareció ser una respuesta de marketing y hasta la portada de su vinilo tenía reminiscencias al legendario collage beatle. Pero hasta Lennon y McCartney cantaron en los coros en el estudio de grabación stone. La rivalidad era para la tribuna.
Volviendo a aquella anécdota del “Cocksucker blues”, durante la gira en Norteamérica de 1972, el director Robert Frank realizó un minucioso documental que fue autocensurado después por los mismos Rolling porque mostraba su faceta más decadente subidos con todo a la quimera de “drogas, sexo y rock&roll”. Le pusieron el mismo título que el blues y solo se difundió de modo reservado en ciertos circulos. Les hubiera traído problemas legales por tenencia y consumo de drogas y praxis de mal gusto. ¿Se lo mostrarían ahora a sus nietos? Sus mentes, sentimientos y trayectoria mundana no han sido como la de la gente común y todos tenemos justificaciones para seguir viviendo. Muchos críticos dijeron que la película deja una sensación de vacío. El film “Ladies and gentleman” (Rollin Binzar,1972) cubre la misma gira que mostró Frank pero en forma glamorosa.
Hay numerosos filmes y videos que muestran la cara más amable de estos ingleses. Por ej. “Gimme shelter” (1970) de Albert y David Maysley y Charlotte Zwerin, que cubre la gira del ’69, incluye a los teloneros Ike & Tina Turner y Jefferson Airplane y la actuación en el Madison Square Garden sin ocultar los garrotazos de los Hell’s Angels en Altamont.
El legendario cineasta Martin Scorsese filmó “Shine a light” (2008) en base a una actuación de Jagger & Cia. en el teatro Beacon de Nueva York. “Olé olé olé: a trip across Latin America” (2016) de Paul Dugdale registra una gira por América Latina finalizando con su concierto en La Habana-Cuba. Hace bastante hincapié en el fenómeno “rollinga” del público argentino: una movida multigeneracional preexistente, potenciada a partir de la primera visita al país de los Rolling Stones, en 1995 (ver abajo).
Aunque los principales éxitos de este CD estén comprendidos más que todo en la primera de las dos recopilaciones comentadas, “Banquete de pordioseros” (1968) bien merece nuestra especial atención. Es su séptimo álbum oficial. Abandonan la psicodelia, vuelven al blues y suenan auténticos en temas imperecederos como su single de difusión “Simpatía por el diablo” y mi preferida, “Jigsaw puzzle”. Mucho rock & roll, blues y country-folk. “Street fighting man” (peleador callejero). ¡Excelente cortina musical para una época cercana al mayo francés!
El productor norteamericano Jimmy Miller logra un notable cambio de sonido en la banda y trabajaría con ellos en los cuatro siguientes discos, para algunos quizás los mejores en la historia de los Rolling: “Let it bleed” (1969), “Sticky fingers” (1971), “Exile on Main St.” (1972) y “Goat head’s soup” (1973). Se me hace inevitable compararlos con los Beatles, sin saber exactamente porque. Me abro de gambas para no defraudar a nadie gratuitamente. “Lo dejo a tu criterio”, dijo la filósofa argentina Karina Jelinek.
“Beggars banquet” (1968) fue el último disco con la formación original del grupo, que incluía a Brian Jones. Sería reemplazado por Mick Taylor. El arte de tapa que hoy nos parece ingenuo en ese momento dio que hablar, fue censurado en muchos lugares y el disco tuvo que salir con otra cubierta. Lo mismo pasó con el tema de difusión “Street fighting man”, tildado de subversivo.
Hablando de diseños, el logo de la lengua afuera de los Rolling Stones, quizás el más famoso del mundo, no fue obra de Andy Warhol como muchos creen. Vendría unos años después, con la salida del disco “Sticky fingers” (1971), el de la foto de un jean que en la cartulina del vinilo traía un cierre de cremallera de verdad como bragueta: eso si fue de Warhol. El dibujo de la lengua fue ideado por el estudiante de diseño de la Real College of Arts John Pasche, que ya les había hecho un poster para un tour. Jagger le pidió un logo para la banda pero que no incluyera su nombre, que hablara por si solo, y le sugirió inspirarse en la diosa hindú Kali. Le pagó solo 50 libras esterlinas.
El famoso cineasta francés Jean Luc Godard filmó los entretelones de la grabación de “Beggars banquet” e incorporándole escenas contraculturales pergeñó el documental "One plus one” (1968) que también se difundió como “Sympathy for de Devil” para que tuviera más gancho.
*Rolling Stones – “Jump back: The best of the Rolling Stones” (1993)
Curada por Virgin Records, esta fue la primera recopilación de los Rolling Stones en salir en formato CD y comprende el período 1971 a 1993: desde el LP “Sticky fingers” a “Steel wheels”. Contiene el mejor tema de los Stones de todos los tiempos, “Start me up”, más “Harlem shuffle”, “Angie”, “It´s only R&R” y “Mixed emotions”.
Cuando nos dediquemos al capítulo del jazz, volveremos sobre la poco conocida producción musical paralela del baterista y diseñador gráfico Charlie Watts (Londres-Inglaterra, 1941-2021), que craneó discos memorables que rinden homenaje a sus ídolos jazzeros. Los intentos solistas de Jagger y de Richards fueron pocos y no creo que pasen a la historia pero tienen tracks para extraer.
Y no deberíamos olvidar a quien fue fundador y alma mater del grupo y quien lo bautizó inspirado en un tema de 1950 de Muddy Waters, "Rollin' stone". Me refiero a Brian Jones (Cheltenham-Inglaterra, 1942-1969), otro del “club de los 27”. El tipo se había hecho famoso del jet-set pero sus compañeros lo despidieron de la banda porque la falopa lo volvía incontrolable. A su muerte, los Rolling le hicieron una despedida ante 300 mil personas en el Hyde Park, paralizando Londres. Fue reemplazado en guitarra por Mick Taylor (ex John Mayall Bluesbreakers), que soportó solo unos años las inclemencias de la dupla Jagger-Richards. Vendría para quedarse Ron Wood (ex The Faces y Jeff Beck Group) en 1976.
Otro integrante histórico fue el bajista Bill Wyman (Lewisham-Inglaterra, 1936), devenido fotógrafo y escritor, que en su libro de memorias cuenta como el binomio Jagger-Richards, que siempre aportó las creaciones del grupo, le birló “Jumpin’ Jack Flash” y “Ruby Tuesday” dejándolo afuera de sus autorías. Wyman fue miembro permanente desde la formación inicial en 1962 y se bajó del grupo en 1993. De ahí en más, lo reemplazó el morocho norteamericano Darryl Jones, pero no sale en las fotos oficiales de la banda.
Porqué no mencionar a Marianne Faithfull (Hampstead-Londres, 1943-2025), cantante y actriz de teatro y cine, baronesa venida a menos pero declarada reina del hedonista Swinging London. Promovida por Andrew Loog Oldham, su primer single fue “As tears go by”, la primera canción craneada por Jagger y Richards. Como fue un éxito, los Rolling después la grabaron como single propio, adornado con pomposos violines. Faithfull fue un personaje importante en la génesis de los Rolling, un minón que rechazó a Bob Dylan y a Alain Delon, novió con Keith Richards y fue pareja de Jagger varios años. Enredada en problemas con drogas duras y con varios intentos de suicidio en su haber, rehizo su carrera varias veces y terminó sumando una veintena de discos que fueron desde las baladas pop al folk y al rock. Una especie de trovadora al estilo Leonard Cohen pero con líricas inspiradas en William Blake, Shakespeare y otros clásicos. Muchos de esos discos fueron adorados por gente como Pati Smith, Nick Cave y otros. Parte de la historia de la música pop del siglo XX.
Quedaría más de un cuarto de siglo de trayectoria de los Rolling por repasar. La discografía oficial del grupo dijimos que se acerca a la treintena y sus principales éxitos están resumidos en los compendios que les mencionara. Vinieron “Vodoo lounge” (1994), “Bridges to Babilon” (1997) y “A bigger bang” (2005). Con los altibajos que puede tener toda banda longeva, mantuvieron las banderas repitiendo la fórmula Stone con discreción, metiéndole dósis variables de pop, R&B y soul. No se durmieron en los laureles y aguantaron bien. Hay mucho para revolver y escuchar en su tienda musical. En “Blue & Lonesome” (2016) esquivaron modas y arrugas, volvieron a sus años jóvenes y se dedican exclusivamente al blues, metiendo a veces a Jagger en aprietos. Faltan agregar los abundantes discos oficiales de la banda en vivo como el “Bridges to Buenos Aires” (2019) que comento abajo. Más que todo para fans.
Los Rolling Stones vinieron a Buenos Aires cuatro veces, endiosados por la populosa tribu “rolinga” o stone argentina, fenómeno que merece un análisis sociológico aparte. Fue una subcultura barrial rockera, que adoptaron durante muchos años chicos urbanos de clases medias y bajas. Con ropaje trash propio, poses y adornos externos referenciados en la banda británica y reciclados en otras locales influenciadas, pero sobre todo con una actitud rebeldona ante la vida (obviando que Jagger-Richards viven en otro nivel). Es brillante la caricatura sobre el tema de Peter Capusotto con Pedro Saborido en su sketch “Jesús de Laferrere” (ver en Youtube). La primera llegada de los Rolling al país fue en 1995 con el “Voodoo Lounge Tour”. Sumando todas las visitas, llenaron decenas de veces los estadios de River Plate y el Unico de La Plata. Se estimaron unos 250.000 boletos en cada venida porque repitieron varias actuaciones en cada estadio. Alguna vez traté de conseguir entradas con mi amigo el vete Matías pero nos dimos por vencidos y terminamos tomando cerveza por Belgrano. No daba para hacer colas nocturnas: ya éramos adultos. Quizás furon faltazos imperdonables pero creo que no. “Only God knows”! Eso de adivinar a los tipos chiquitos a lo lejos y solo verlos bien por las pantallas gigantes me sigue pareciendo algo absurdo. En su segunda venida a estas pampas los Stones coincidieron con la llegada de Bob Dylan y el empresario Daniel Grinbank logró que tocaran juntos en River Plate el sábado 04 y el domingo 05/04/1998. Fue la primera y única vez que compartieron escenario, aseguran los cronistas. Llegaron a cantar juntos “Like a rolling stone”, según dicen gracias a la diplomacia de Keith Richards, que acercó a las partes (Dylan y Mick Jagger) que simpatizaban poco entre si. Se convirtió en un hecho histórico, musicalmente hablando claro. Lo bueno es que eso quedó grabado en el disco en vivo y DVD oficial “Bridges to Buenos Aires” (2019). Para ilustrar algo más el fenómeno rollinga-argento, como mencionara antes, recurran a “Olé, olé, olé: a trip across Latin America” (Paul Dudgale, 2016), un documental de su gira por esta parte del hemisferio que culmina con su recital en La Habana ese año.
**Led Zeppelin – Led Zeppelin II (1969)No logré demasiadas certezas en mi vida pero puedo afirmar sin dudar que Led Zeppelin es y ha sido el mejor grupo de hard rock de todos los tiempos. Por ese convencimiento, en los siguientes párrafos dedicados a esta banda tropezarán varias veces con la adjetivación “el mejor de”. Un simple trío con un guitarrista autodidacta, un bajista completo, un batero poderoso y un cantante de registros agudos -con rizos rubios, jeans tiro corto y ombligo al aire presuntamente sexi- al frente. Inventaron el imperio del riff con sensurround. Zeppelin hizo un brebaje de rock & roll y blues al que sumó dósis de folk inglés, celta y norteamericano y hasta le puso aires árabes e hindúes, detalles que pueden descubrir si tienen un poquito de paciencia. Cabeza a cabeza con los Rolling Stones, fueron de los grupos ingleses de rock iniciáticos que más versionaron standards de blues negro americano. Revisen sus discografías y lo comprobarán.
El guitarrista James Patrick ‘Jimmy’ Page (Heston-Londres-Inglaterra, 1944) empezó siendo músico de sesión de la mano de Andrew Loog Oldham y colaboró en las primeras grabaciones de los Rolling Stones, Joe Cocker, John Mayall y toda la incipiente movida musical inglesa, tribu de jóvenes frecuentadores del Marquee Club londinense. Toda una escuela en si mismo. Entró después a las filas de los consagrados The Yardbirds invitado por su amigote Jeff Beck para suplantar a Eric Clapton, pero el grupo se separó en 1968. Ya les recomendé verlos haciendo “Stroll on” en la memorable escena del film “Blow up” (Michelángelo Antonioni, 1966). Les llevará solo un rato de Youtube sumergirse en el clima de esa época innovadora llamada “Swinging London”.
Page quiso formar otra banda tentando a John Entwistle y Keith Moon pero se fueron a The Who y no se dió. Logró juntar al bajista John Paul Jones, el batero John Bonham y el blondo Robert Plant. Quiso llamarla The New Yardbirds pero recordando que Moon le dijo que ese proyecto se iría al bombo como “un zeppelin de plomo” (Lead Zeppelin), le puso Led Zeppelin.
Contratados por el sello Atlantic, sacaron rapidito “Led Zeppelin” (1969), un discazo que sonaba con la frescura de un grupo debutante que se las traía. Plagado de blues pesados, como “You shook me” y “I can´t quit you baby” de Willie Dixon (Mississippi-USA,1915-1992), que les entablaría juicio por plagio, y “Dazed and confused” más “Good times, bad times”, “Communication breakdown” y “How many more times”.
Como si nada, solo unos meses después grabaron este Led Zeppelin II (1969). Competidores abstenerse: este disco es insuperable, perfecto, sin temas superfluos. Es muy difícil a la distancia saber el impacto de semejante disco cuando apenas sonaba el rock tal como lo entendemos ahora en el mundo, en medio de la era psicodélica con Hendrix, Rolling Stones y The Who. Pero desbancan del puesto 1 a “Abbey Road” de The Beatles y conquistan Estados Unidos.
Apenas nacía el género y la revista Rolling Stone bautizó al disco como “el álbum definitivo del heavy metal”. Inolvidables “Whola lotta love”, “Heartbreaker”, “Living loving maid”, “Bring it home”. Subyugante “Lemon song”: acá sería el blusero Howlin’ Wolf (Mississippi-USA, 1910-1976) el que les haría juicio por plagio. En “Moby Dick”, Bonham se manda uno de los más recordados solos de batería de todos los tiempos.
Y cuando todos esperaban otra bomba atómica zeppeliana, a los meses sacaron “Led Zeppelin III” (1970), bastante introspectivo y campestre, con mucha guitarra slide y baladas folk. Claro que también traía “Inmigrant song”, “Celebration day”, “Out on the tiles” y otro blues pesado imbatible: “Since I´ve loving you”, para sacudir la modorra.

Vuelven a la senda esperada. Imposible no meter este cuarto trabajo en la lista de preferidos si tiene “Starway to heaven”. ¿Qué importa haberla escuchado mil veces? La partitura más vendida en la historia del género y para algunos la mejor canción de rock de todos los tiempos. Una intrigante composición que fusiona elementos acústicos y eléctricos. Una leyenda dice que sus autores no confiaban en ella y casi la dejan afuera del disco, pero cuando la probaron en un recital en el Ulster Hall de Belfast tuvo una aceptación casi mística de la gente. También se dijo que fue otro plagio: escuchen el tema “Taurus” del contemporáneo grupo Spirit, teloneros de Zepp alguna vez.
Led Zeppelin vendió más de 300 millones de placas en total y esta encabeza su lista. El disco empieza con una piña al estómago (“Black dog”) y sigue con la redondez clásica de “Rock and roll”. El reposo viene con la medieval “The battle of evermore” –inspirada en pasajes del escritor J.R.Tolkien y su “Hobbit”- mientras “LA” canción aludida cierra el lado A, con su épico in crescendo. El otro lado del vinilo abre con la vigorosa “Misty mountain hope” y termina en el track 4-B el blues “When the leeve breaks”, con los parches de Bonham como pared de contención.
¿Qué podían hacer de novedoso después de estos cuatro terribles discos? Sacan “Houses of the holy” (1973) abandonando un poco el blues y metiendo compases funky y soul (“The crunge”) y hasta de reggae (“D'yer Mak'er”). Por eso no es el disco más recomendable para los puristas de la banda. El track entrador es la tranquila “Rain song”, donde John Paul Jones se luce imitando una orquesta de cuerdas con el mellotron, un viejo instrumento de teclados analógico que trabajaba con cintas pregrabadas, un antecesor del sampler digital.
Pero también, después del exitazo de “Escalera al cielo” y siguiendo el camino zepp de sus temas acústicos/eléctricos con crescendos épicos, estos genios explotan la veta con los no menos buenos “Over the hills and far away” y el clásico “No quarter”. Cierran con la festiva “The ocean”.
En 1975 sacan el LP doble “Physical graffiti” para algunos una producción flojita, para otros una obra maestra y para los propios integrantes de Zeppelin lo mejor que hicieron. Con el grupo en lo más alto de la popularidad rockera en el mundo y vendiendo más que todos en vísperas del estallido punk. Se destacan la gloriosa “Kashmir”, la campestre “Bron-yr-aur” y la pegadiza y recontra zeppeliniana “Houses of the holy” (el tema que uso de ringtone en mi teléfono hace años). Grabada en 1972, no se sabe porqué esta canción no integró el disco que llevaba su mismo nombre, el de 1973. En el comunardo track “The Rover” pueden escuchar desafinar de lo lindo a Plant.
Vean por favor la tapa del vinilo:
concretamente la foto del número 97 de la calle St. Mark´s Place, en medio de Greenwich
Village-NYC, que ahora es lugar de procesión para zeppelinianos melancólicos,
aunque solo haya alrededor algún bolichito ad-hoc para explotar el recuerdo. A toda la parte gráfica de las producciones
zeppelinianas la crítica y los fans le solían dar interpretaciones esotéricas
al por mayor. A la mitad de sus letras, las misteriosas, le daban connotaciones
diabólicas. El sayo le caía más que todo a Jimmy Page, amante de los estudios
místicos. La otra mitad de las letras dicen que eran simplotas y aludían mucho
al verbo “push” para referirse a meter el chirimbolo masculino en el lugar que
más disfruta entrar o aludían al tema drogas. Eso es un capítulo aparte para que escarben
los curiosos.
Los Zepp descienden un poco del cielo con los LP “Presence” (1976) y “In trough the out door” (1979) dejándonos -de todos modos- la conmovedora “All of my love”, dedicada a Karac, el pequeño fallecido hijo de Plant. La decadencia coincide con una serie contínua de desmesuras personales derivadas del éxito y de fortuitas desgracias familiares de los integrantes del grupo. “No hay posibilidad de que después de tocar para miles de personas, te bajes del escenario tranquilamente, vayas a tu hotel, te tomes un tacita de té y te vayas a dormir con un noticiero televisivo de fondo”, justificaba el batero Bonham en un reportaje.
El último concierto de Led Zeppelin fue el 07 de julio de 1980 en la ciudad de Berlin. John “Bonzo” Bonham (Redditch-Inglaterra, 1948-1980) falleció poco después, en setiembre de ese año, luego de tomarse -estiman- unas cuarenta medidas de vodka.
Después de ese golpe, decidieron desactivar el grupo pero editan “Coda” (1982) por obligaciones contractuales. Es un conjunto de temas grabados antes sin ser incluídos en CD previos pero bien vale aunque sea para escucharles la toma del blues “I can´t quit you baby”, “Walter’s walk” y el punkie “Wearing and tearing”.
Para darse una panzada de Zeppelin en sus brillantes comienzos. En el primero de los dos CD que contiene se escuchan las sesiones grabadas para la radioemisora BBC a mediados de 1969. Esa legendaria radio inglesa -regidora oficial cuasi autoritaria de la cultura británica- para aggiornarse de a poquito tuvo que incorporar en sus emisiones en vivo a la nueva ola rockera. El público todavía no conocía masivamente al grupo, que aún no había grabado Led Zeppelin II. Solo Jimmy Page tenía el prestigio de haber estado con los exitosos The Yardbirds. Esta edición en la BBC les abrió definitivamente las puertas de todo. Se pueden disfrutar tomas muy frescas y potentes de temas que luego fueron clásicos y también tracks inéditos.
**Led Zeppelin –“How the West was won” (2003)
Dijo Jimmy Page que revisando cintas
archivadas descubrió las perfomances zeppelinianas del 25 y 27 de junio de 1972
en Los Angeles Forum y el Long Beach Arena de California-USA, que al final
conformaron esta producción. Lo dijo Page: “esto es Zeppelin en su mejor
momento”. “Cómo el Oeste fue ganado”, clara alusión a la conquista del mercado
norteamericano. Considerado el mejor disco en vivo del grupo, un escalón arriba
de BBC Sessions y mucho mejor que la presentación más difundida de “The song
remains the same” (Clifton & Massot, 1976), la película de Zeppelin conocida por todo fan que se
precie de tal.
Dije en otro rincón que no me gustan mucho los discos en vivo. Pero si alguna vez presenciaron un recital rockero y gozaron de su energía, comprobarán porque Led Zeppelin será inmortal. Escuchen esta avalancha de rock en directo que te golpea el pecho generada por solo un trío con un cantante al frente y la pared que edificaban Jones y Bonham atrás. Sumada la versatilidad de Page en la guitarra, solo esos tres instrumentos suenan como una orquesta sinfónica con sensurround.
Esta obra contiene 3 discos con temas de sus primeros cuatro LP y algún anticipo de “Houses of the Holy” (1973). Atlantic Records la editó en marzo de 2003, más de veinte años después de la disolución del grupo. Así y todo, encabezó la lista de discos más vendidos en Europa y USA. Evidencia que no tanta gente come vidrio.
Pueden gozar de una “Inmigrant song” avasallante, una buena versión de “Escalera al cielo” (tema que Plant odiaba cantar), una gran toma de “The ocean” y otra de “Heartbreaker” con el solo de Page que se regodea con el ‘Boureé’ de Bach. Hay un set acústico rescatando las tradicionales baladas folks zeppelinanas, con el público delirando. Una demostración de solvencia musical en vivo solo comparable a las de Hendrix o Cream.
Ultimamente se estrenó la película “Becoming Led Zeppelin” (Bernard MacMahon, 2025), documental autorizado por la banda que ilustra sobre sus orígenes, sus influencias musicales hasta 1970 antes del éxito, de cuando eran pibes con poco dinero en los bolsillos, con reportajes rescatados de archivos. Dicen que solo para recontra-fans.
Consejo de un viejo: escuchen la música de Led Zeppelin y no pierdan el tiempo en boludeces. La vida pasa por sus surcos. Tantas cosas hubo de más!
De los trabajos en común que hicieron Page y Plant en las décadas siguientes a la disolución de su grupo, me quedo con éste. La idea partió de un ofrecimiento de la emisora MTV a Plant para que hiciera uno de sus típicos ‘unplugged’. Pero Plant llamó a Page después de añares y juntos les ofrecieron una propuesta más arriesgada que un “grandes éxitos” zeppeliniano de fácil digestión.
El disco tiene grabaciones hechas en Marruecos, Gales y Londres, muchas en directo. Arremeten con viejos temas del grupo reversionados (“Thank you”, “No quarter”, “Since I´ve been loving you”), alguno con la impronta folk a la que nos tenían acostumbrados como “Nobody’s fault but mine” o “Battle of evermore”, otros acompañados con la London Metropolitan Orchestra e insertaron temas viejos y nuevos con arreglos de medio Oriente (“Friends”, “Yallah”, “City don’t cry”, “Wah wah” grabados en Marruecos). Cierran con una versión extraordinaria de “Kashmir” con la Egyptian Ensemble. El conjunto es respetuoso y coherente. Si no recuerdo mal hubo una presentación para MTV (grabada como “Unledded”) y el año siguiente hicieron una gira internacional con todo este material.
La voz de Plant, su pancita chata y su pelambre se conservaron bien a través de los años (¿usa la misma fórmula que Jagger?) pero se puso un poco más barroco para cantar.
La siguiente producción del dúo se pareció mucho más a una herencia de Led Zeppelin: “Walking into Clarksdale” (1998). Todos temas nuevos. Se banca más de una audición todavía, es algo desparejo pero siguen superando la mediocridad de los nuevos grupos que no logran reinventar la pólvora. Se destacan “Shining in the light” y “Most high”.
De los pocos intentos solistas restantes de estos dos viejos rockeros ocúpense Uds. si lo desean. Pero remarcaría el piletazo que se tiró Robert Plant a sus 60 pirulos al juntarse con la cantante blusera y violinista norteamericana Alison Krauss, haciendo “Raising sand” (2007). Lo nominaron mejor álbum del año y se alzó con seis premios Grammy. Música netamente norteamericana versionando a otros autores: country, folk y bluegrass, rock no estridente, con Plant resignando cartel y pateando al cuerno su pasado musical y viejos modismos para hacer arte con sus gustos íntimos. Después, repiten la fómula exitosa abriendo más el abanico de estilos -pero ya sin sorprender tanto- con “Raise the roof” (2021). Tocan Bill Frisell y Marc Ribot de nuevo, dos monstruitos de la guitarra que visitaremos en otro capítulo. Ambos discos producidos por el legendario T Bone Burnett (St. Louis-Missouri-USA, 1948), otro músico de CV extenso. Es toda una experiencia descubrirlos: solo requiere paciencia para el disfrute. En pleno XXI, ¿Ud. la tiene o vive equivocado?
Esta otra legendaria banda de hard rock inglesa venía a los tumbos. Arrancaron en 1968 y no lograban encontrar su rumbo musical. Lejos todavía de conquistar al gran público. Ya habían sacado tres o cuatro discos y no pasaba nada. Apenas los singles-cover “Hush” y “Kentucky woman” pegaron algo. El negocio no funcionaba y para activarlo cambiaron de cantante y de bajista: en 1970 reclutaron a Ian Gillan (Hounslow-Inglaterra, 1945), cuya voz pasaría a ser marca registrada del grupo. Y al bajo entró Roger Glover, que también dejaría sus huellas en la mejor y más tradicional formación de la banda.
Deep Purple fue contemporáneo competidor de Led Zeppelin y junto a Black Sabbath (el grupo del guitarrista Tommy Iommi y el luego mediático ridículo cantante Ozzy Ousborne) constituirían la tríada indeleble del hard rock británico. Con sus particularidades: haciendo un rock directo y optimista, veloz y demoledor.
Los integrantes originales de Deep Purple fueron el guitarrista Ritchie Blackmore (Weston-super-Mare-Inglaterra, 1945) inspirador de tantos guitarristas, auténtico velocista con su Fender Stratocaster. El otro fue John Jonathan Douglas ‘Jon’ Lord (Leicester-Inglaterra, 1941-2012) equilibrando y dando color con su órgano Hammond y arreglos sugerentes. Los contrapuntos de Blackmore y Lord fueron otra de las marcas en el orillo de Purple. Lord tenía formación académica y fue pionero en hibridar rock con música clásica cuando con el grupo hicieron y grabaron en directo su obra “Concerto for Group and Orchestra” (1969) con la Royal Filarmonic Orchestra en el Royal Albert Hall (todo muy ‘real’). De ahí en más y para no ser menos, la moda del disco con orquestación prendería en la mayoría de los grupos rockeros británicos.
Este disco fue el quinto de la carrera de Deep Purple, salió en junio de 1970 y con él llaman definitivamente la atención mundial. Es una avalancha de hard rock, para otros casillero heavy metal. Trae consigo “Speed king”, “Flight of the rat” y “Child in time” con Gillan rompiendo vidrios con sus agudos. Este tema se lo afanaron de “Bombay calling” al grupo californiano It’s a beautiful day. Como anticipo o apoyo a la salida del LP, Deep Purple había sacado el exitosísimo single “Black night” que recién fue incluído en “In rock” (1970) cuando lo reeditaron en 1995.
Después del irregular “Fireball” (1971), éste
fue el séptimo disco de la banda, el más vendido y explosión de su éxito
definitivo. Los tipos querían grabarlo en un lugar tranquilo, alquilaron el
estudio de grabación móvil de los Rolling Stones y se lo llevaron al parking
del hotel-casino de Mountreux sobre el lago Leman, Suiza, donde se repite desde
aquellos años el afamado festival de jazz. El plan capotó cuando durante la
actuación de Frank Zappa & The Mothers of Invention una bengala incendió
furiosamente el lugar. Curiosamente, derivó en la composición del legendario
tema “Smoke on the water”, dando origen al riff rockero más repetido de la
historia, craneado por un Blackmore inspirado en Beethoven. Ian Gillan le
agregó una letra casi literal del suceso.
“Machine head” (1972) fue también grabado con la formación más clásica del grupo. Casi no le incorporan “Smoke on the water” porque no le tenían mucha fe y terminó siendo su track más famoso. Pero el disco se complementa con otros puntos altos y legendarios más en su haber. “Highway star”, “Lazy”.
Las idas y vueltas musicales y las caídas y recaídas extra musicales de los integrantes de Deep Purple deben haber inspirado más de una novela melodramática. Gillan se fue peleado en 1973, entró y salió, fue reemplazado por David Coverdale (luego Whitesnake) y hasta llegó a integrar otro grupo inglés famoso, Black Sabbath, en reemplazo de Ronnie James Dio. Desde 1992 y hasta viejito, Gillan siguió cantando con Deep Purple. Ritchie Blackmore se fue del grupo en 1973, también entró y salió peleado hasta su chau definitivo en 1993.
*Deep Purple – “Who do we think we are” (1973)“¿Quién nos creemos que somos?” también se disfruta mucho. Ofrecen “Mujer de Tokyo”, “Super trouper”, “Rat bat blue” y solo tiene uno o dos temas flojos. Fue el último disco con la formación clásica de la banda, ya que después empezó el desbande de Ian Gillan y Roger Glover, el ingreso de David Coverdale y Glenn Hughes, que con sus voces y sin resignar calidad, le cambiaron la coloratura al grupo a partir de los LP “Burn” (1974) y el mediocre “Stormbringer” (1974). Poco después y para no ser menos, John Lord también daría un portazo y por Blackmore entraba el legendario y finado guitarrista Tommy Bolin (Iowa-USA, 1951-1976.. no pudo entrar al club de los 27), que la rompe junto a Coverdale en el LP “Come taste the band” (1975).
La discografía en estudios de Deep Purple llega a una veintena y tienen otros tantos de registros en vivo editados. Otros músicos que formaron parte durante algunos años del ‘negocio Deep Purple’ fueron los conocidos violeros Joe Satriani (NYC-USA, 1956) y Steve Morse (Ohio-USA, 1954). Uno que dejó su marca fue el bajista-rocker y cantante de las mil vueltas, el mencionado Glenn Hughes (Cannock-Inglaterra, 1951): otra perlita en su carrera musical sería después la banda Black Country Communion, con el guitarrista Joe Bonamassa y el batero Jason Bonham Jr. (ver adelante).
**Frank Zappa – “Hot rats” (1969)
La obra de Zappa, nos guste más o menos, es tan innovadora que si alguno quisiera hacer arqueología musical, podría llegar a adjudicarle la invención del rap y la técnica de la xenocronía: solos de guitarra en un tempo superpuestos a diferentes bases rítmicas o, en hablando en criollo, cortar grabaciones de una canción e insertarlas en otra para sorprender. Dicho por conocedores, es tan particular su música que es difícil de ejecutarla desde una partitura.
La música del grupo se mueve entre el country, la psicodelia, el rock y el pop, con armonías vocales memorables. En todas las composiciones de CS&N o CSN&Y el melómano curioso puede abocarse al gustoso ejercicio de intuir el aporte de cada integrante. En el siglo XXI, pasada su edad de jubilación siguen dando vueltas con dignidad.
**Crosby, Stills, Nash & Young – “Deja vu” (1970)
*Crosby, Stills, Nash & Young – “So far” (1975)
**Graham Nash – “Songs for beginners” (1971)
**Neil Young – “Greatest hits” (2004)
**Sly & The Family Stone – “Anthology” (1990)
*Blood, Sweat & Tears – “Greatest hits” (1972)
*Chicago – “Chicago II” (1970)
**Earth, Wind & Fire – “Greatest hits” (1998)
**Tower of Power – “Back to Oakland” (1974)
*Incognito – “100º and rising” (1995)
* Carleen Anderson – “Up to now. The best of…” (2004)
*Liquid Soul – “Liquid soul” (1996)
*Maceo Parker – “Funk overload” (1998)
**Jamiroquai – “Emergency on planet earth” (1993)
**Jamiroquai – “Greatest hits” (1996)
Estuvieron cuatro o cinco veces en Buenos Aires, la última en diciembre/17 en el Hipódromo de Palermo. Me gusta mucho su música pero mi fiaca fue mayor que mis ganas de verlos.
**Gino Vanelli – “Crazy life” (1973)
**Gino Vanelli – “Brother to brother” (1978)
*The Doobie Brothers – “Minute by minute” (1978)
**Steely Dan – “Greatest hits” (1980)
**Steely Dan – “Gaucho” (1981)
Que yo sepa, ni Steely Dan ni Fagen solista anduvieron nunca por Argentina. No solo eso lamento. En octubre de 2016 pude conocer la ciudad de Nueva York festejando con tres compañeros de colegio nuestros 60 años y una venerable amistad. La breve semana de estadía coincidió con la presentación de Steely Dan en el teatro Beacon, haciendo un revival o despedida. Tenían una función por noche y en cada una tocaban uno de sus viejos discos más algún éxito de yapa, con una banda de apoyo muy buena y algún invitado especial. En vista que mis amigos no conocían a Steely Dan, privilegiamos ir al boliche Blue Note para escuchar a la Chick Corea Elektric Band y no alcanzó el tiempo para una escapada solitaria al Beacon. Me quedé con las ganas en serio pero hay algunas decenas de videos caseros de esas actuaciones colgados en Youtube. Pasados unos cuantos meses, falleció Walter Becker.
**Donald Fagen – “The nightfly” (1982)
**Donald Fagen – “Kamakiriad” (1993)
No se puede agregar mucho a lo dicho. Es simplemente para seguir gozando nuevas creaciones de este genio, producido por su amigo Becker. Acuérdense lo que les digo: escucharán esta música en 2030 y sonará actual. Entre los tracks de “Kamakiriad” se destacan “Trans-island skyway”, “Tomorrow’s girls”, “Teahouse on the tracks” y muy especialmente “Florida room”: esta canción cambia totalmente mis estados de ánimo negativos y me da ganas de vivir mil años. No es porque hable del verano y una mujer deseada junto al mar; sus cadencias son una oda a la alegría y sus arreglos de bronces -tan inteligentes como funcionales- son lo más estupendo que haya escuchado en mi vida.
*Daryl Hall & John Oates – “Big bam boom” (1984)
*Prince & The Revolution – “Purple rain” (1984)
**Rush – “Moving pictures” (1981)
*The Police – “Regatta de blanc” (1979)
**The Police - “Zenyatta mondatta” (1980)
Terminan de darle una patada en el culo al punk. Con las superlativas “Driven to tears” y “When the world is running down, you make the best of what´s still around”. La guitarra de Andy Summers en toda su dimensión, al servicio completo del grupo, que suena mucho más trío. Paseen también por “Ghost in the machine” (1981), donde ya se advierte la ayudita de teclados y sobregrabaciones de estudio. Ningún disco de The Police te defraudará.
**The Police – “Synchronicity” (1983)
*Sting – “The dream of the blue turtles” (1985)
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Cap. 3 - Pop, rock & progresiva-parte 2
Capítulos anteriores:
18/04/16 - Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad). Introducción.
19/04/16 - Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad). Cap.1. Rock argentino.
11/08/16 - Guía práctica garantizada de jazz, rock, pop, BSO & world music (500 discos para procurarse la felicidad). Cap. 2. Folklore argentino, sudamericanos & world music.