lunes, 20 de junio de 2016

Piazzolla, Bowie y Lennon: 3 genios en Nueva York

Todavía no conozco Nueva York, la capital del imperio, aunque la foto en blanco y negro que me sacaron en mi juventud bajo esa estatua conocida podría funcionar como premonición (después les cuento). Las tres historias de estos tres músicos excepcionales están conectadas por esa ciudad y se me ocurrió juntarlas. Horanosaurus.

PD1: ¿saben en qué lugar de Buenos Aires está la réplica de la estatua de la libertad? ¿Nunca tomaron el popular colectivo 60? Los norteamericanos monopolizan hasta la libertad pero en el patio trasero tenemos esta copia, que vaya a saber a que "prócer" se le ocurrió instalar entre los porteños. 

PD2: si visitara NYC desearía ver el frente del Chelsea Hotel (leer "Eramos unos niños" de Patti Smith), la fachada de la hoy inexistente The Factory o ir al Blue Note. Por más admiración que me provoquen Piazzolla, Bowie y Lennon, confieso que no se me ocurriría seguir los periplos recomendados en estas notas ni con dósis altas de bourbon encima. 

Circuitos. Estados Unidos.

Donde Piazzolla empezó su romance con el tango

En el barrio East Village, casas, calles, baresy leyendas atestiguan la infancia del bandeonista en Nueva York. Un recorrido tras sus primeros pasos como músico. Clarín Viajes. 19/06/16. Por Gustavo Ng.

Se crió en Lower Man­hattan, pero no parece verosímil que Ástor Piazzolla haya peleado un round con Jake La Motta. También es difícil que su maestro de piano, un vecino casual, fuera discípulo de Serguéi Rajmáninov. Piazzolla tenía una fuerte tendencia a hacerse leyenda, siendo Nueva York una de las ver­tientes que la nutren. Es que esta ciudad es tierra de leyendas, y lo más interesante de estos relatos no es que no sean realidad sino que tengan un fondo de verdad. Piaz­zolla pudo haber mentido en todo, pero la verdad es que fue un genio y su música es maravillosa. Y la ver­dad es que el barrio donde se crió, el East Village, es mágico.

De visita a esta fascinante ciudad de Estados Unidos es posible mo­verse tras los pasos de la niñez del músico en el East Village, que se extiende desde la calle East Houston hasta la East 14th y desde East Lafayette y la 4th Avenue hasta el East River. El barrio explica con claridad quién fue Piazzolla, sin contar que ofrece un costado neo­yorquino sorprendente.

Érase una vez.En 1925, Vicente Piazzolla fue con su esposa y su hijo Astor, de 4 años, a Nueva York. Allí se quedaron hasta 1936. El primer lugar donde vivieron es el número 8 de Saint Mark's Place (East 8th. Street). En las noches en que el frío mor­día, el edificio sentía el desconsuelo de Julio de Caro o de Carlos Gardel, que salía de la victrola de Nonino. El East Village fue siempre territo­rio de inmigrantes, italianos, ucra­nianos, portorriqueños.

Astor se crió en la calle, con amigos que tenían apellidos como Sommerkovsky o Graziano. Se hi­zo un streetwise, un sabandija. "En Nueva York aprendí a hacerme duro y a cuidarme", dijo en una biografía. Y también: "Todo queda bajo la piel".

La cuadra donde pasó sus prime­ros años es un corazón del East Vi­llage, que albergó gangs en aquella época, y luego fue un entrevero de hippies, bohemios y punks, siempre con el mismo espíritu de libertad, excentricidad y arte. Fue el barrio de Iggy Pop, Charlie Parker, Jean Michel Basqiat, John Leguizamo, Choleo Sevigny, Dave Manitoba y Madonna. The Ramones tocaban por monedas y Patti Smith leía poemas en las se­siones de la St. Mark Church (East 10th Street y 2nd Avenue), a las que cualquiera podía asistir.

Piazzolla recordaba que a metros de su casa estaba el Orpheum, en la 2da Avenida, donde tocaban músicos como Gershwin y Sophie Tucker. Aún está -y hoy se puede ir- el increíble Stomp, espectácu­lo de percusión que combina un despliegue de objetos, artilugios y expresión corporal.

Hoy, entre el teatro y la casa de Piazzolla abundan pizzerías, pe­queños restaurantes árabes, japo­neses y mexicanos, tabaquerías orientales, puestos en que pakistaníes venden sombreros, bijouterie y remeras con la onda del barrio; locales de ropa tibetana y centros de yoga.

 
Piazzolla y Gardel según Hermenegildo Sabat.

Tatuajes y arquitectura. En el East Village lo alternativo es marca de origen. Hay mucho pro­ducto oriental como alternativa a Occidente. Está lo mexicano, lo vegano, lo barato (alternativa al consumismo), los tatuajes y piercings, lo desprolijo en contraste con una ciudad elegante. Es alternativo del mismo modo en que Piazzolla es lo diferente al tango tradicional.

Es un barrio fuera de la pasarela turística. Uno se podría llevar de recuerdo un tatuaje y sin dudas vol­verá con fotos de los frentes de los edificios, las viejas construcciones que enamoran de Nueva York. Mu­chas tienen una placa recordando qué funcionó allí, lo que agrega un toque histórico a un barrio que es una galería de arquitectura.

Uno de los edificios que tiene una placa es el 313 de la East 9th Street, donde se consigna que allí vivió el compositor Ástor Piazzolla. Aún está la puerta por la que entraron el padre y su hijo de 8 años el día que fueron a comprar un ban­doneón a una casa de remates. A pocos metros está el legendario restaurante ucraniano Veselka (144 2nd. Av.), clavado en el corazón de muchos neoyorquinos porque allí encuentran una comida acogedora. Pedimos unos pierogies fritos relle­nos con queso y papas, y una ham­burguesa que sólo hace Veselka.

Hay un grupo de turistas jóvenes, una señora ucraniana que vivió en el East Village y un matrimonio de neoyorquinos con un bebé. "¿Qué es eso?", dicen que preguntó Ás­tor cuando el padre le dio el ban­doneón. Ya adulto, repetía que su profesor no le enseñó milongas sino amor por Bach.

De la mano de Gardel. La cuadra de la segunda casa de Piazzolla es otro concentrado del East Village, aunque más actual, con boutiques exclusivas, micro galerías de arte, locales de perfumes, de anillos o de vestidos dorados y una colección de tiendas vintage donde se esconden accesorios Marc Jacobs o Prada, botas de cuero le­gendarias, brazaletes de oro, jeans Kate Spade, lentes Illesteva y más joyas a precios impredecibles.

Se suceden una carnicería or­gánica, una casa de masajes, una sastrería antigua, un winebar y un centro de arte taoísta. Todos los edificios son iguales al de Piazzolla , de los años 20, y el mundo de esa cuadra es puro Piazzolla, sorprendente, acelerado,cuantioso, exquisito. No hay por qué quedarse con las ganas de entrar a cada lugar.

En los alrededores se consegui­rán discos increíbles en A1, 439 (East 6th Street), Other Music (15 East 4th Street) y en Good Records (218 East 5th Street). Estamos en un barrio bohemio. En el 66 de la A Avenue está Mast Books, libre­ría magníficamente curada, y en el 828 de Broadway, la legendaria Strand Book Store.

Podríamos dejarnos tentar por el bar McSorley's Old Ale House (15 East 7th Street), cerca de allí, con su siglo y medio de vida, su aire de cueva histórica, el espíritu de bebe­dores como Abraham Lincoln, las esposas de Houdini colgadas en una pared, la luz de otra época que se pierde en la madera oscura.

La taberna está igual que cuando el pequeño Ástor tocaba en el Café Latino. Luego tocaría en el show An evening in Argentina, en el Roerich Hall, y más tarde presentaría su primer tema, "Step by step in Broad­way", rebautizado por su padre "La Catinga" para que sonara tangue­ro. Todo eso antes de que Piazzolla cumpliera 15 años.

Al chico no le interesaba el tango, pero Nonino -su padre- supo que Gardel estaba en la ciudad y lo llevó a conocerlo. Gardel lo adoptó, lo llevó a Macy's y a Saks como intér­prete, lo hizo trabajar de canillita en "El día que me quieras". Lo in­vitó a su gira por Colombia. Nonino no lo dejó porque era chico. Más tarde, Ástor escribiría a Gardel una carta imaginaria: "Era la primavera del 35 y yo cumplía 14. Los viejos no me dieron permiso y el sindicato tampoco. Charlie, ¡me salvé! En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa".

(...) Donde informarse

www.guiadenuevayork.com

Hay más de Astor Piazzolla y su historia en: Piazzolla, mi viejo y yo


Tour melómano por la ciudad en la que el Duque Blanco residió durante más tiempo y que hoy lo despide con conciertos, ofrendas florales y agotando las ediciones en vinilo de sus discos. LN 21/02/16.

NUEVA YORK (The New York Times).- David Bowie fue neoyorquino durante más de 20 años. Para él, eso es prácticamente una eternidad si consideramos la multitud de vidas que tuvo, desde el punto de vista musical, geográfico y demás. "No me imagino viviendo en otro lugar", comentó Bowie, nacido en Brixton, al sur de Londres, y con residencias en Berlín; Lausana, Suiza, y en varias otras ciudades, durante una entrevista en 2003. "He vivido en Nueva York más de lo que viví en ningún otro sitio. Es sorprendente: soy neoyorquino".

De algún modo logró asentarse y llevar una vida hogareña similar a la de muchos otros residentes del SoHo o sus alrededores (aunque muchos lo hacen sin la esposa supermodelo ni penthouse), curioseando libros en McNally Jackson y haciendo las compras en Dean & DeLuca, entre otras rutinas de bajo perfil que el dramaturgo John Guare llamó "este manto de invisibilidad".

Inmediatamente después de difundirse la noticia de la muerte de Bowie el 10 de enero, dos días después de su cumpleaños número 69 y el lanzamiento de su álbum Blackstar, los fans comenzaron a improvisar una especie de santuario frente al edificio de departamentos del SoHo donde había vivido con su esposa, Iman, desde 1999, y su hija, Lexi, que llegó al año siguiente. Bowie e Iman compraron su primera casa en la ciudad en 1992, un departamento en un noveno piso en el Essex House Hotel de Central Park South, que vendieron en 2002. "Así como cada uno encuentra algo singular en la música de David, aceptamos que cada quien lo homenajee como le parezca", escribió la familia de Bowie en una declaración pública. Si busca una manera de honrarlo en la ciudad a la que él consideraba su hogar, lo cierto es que no faltan maneras de lo más interesantes.

Salir a caminar. Del edificio donde vivía, al 285 de la calle Lafayette, Bowie estaba a pasos de muchos sitios que solía frecuentar. Encabeza la lista, según The Independent, el Washington Square Park. Esto escribió sobre el parque en un ensayo de 2003 para la revista New York: "Es la historia emotiva de New York en una breve caminata".

Caminar en general (cuanto más temprano en el día, mejor) era la manera preferida de Bowie para palpar la vida de Nueva York. "La impronta de la ciudad cambia de forma y se desarrolla a medida que más y más gente se vuelca a la calle. Una transferencia mágica de poder de la arquitectura a lo humano", escribió. El parque está a diez minutos a pie del departamento de Lafayette, donde los fans siguen dejando mensajes, fotos y flores frente al edificio y donde el músico Glen Hansard le rindió homenaje el pasado 12 de enero con una reproducción acústica del clásico de Bowie Ashes to Ashes.

Comprar un libro. La librería The Strand (al 828 de Broadway) era otro de los destinos predilectos de Bowie. En 2003 escribió: "Es imposible encontrar el libro que querés, pero siempre encontrás el libro que no sabías que querías". También frecuentaba McNally Jackson Books (al 52 de Prince Street). Tras su muerte, la librería tuiteó: "Tuvimos la suerte de venderle ocasionalmente libros a David Bowie, quien, además de ser, ya saben, Bowie, fue un gran lector." Tenga en cuenta las numerosas biografías de Bowie o lea alguno de sus libros favoritos, como La naranja mecánica, de Anthony Burgess, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, o uno de los 98 títulos restantes posteados en su sitio web en octubre de 2013.

Ver una banda. Bowie tocó por primera vez en la ciudad en 1972 y debutó en el Carnegie Hall meses después ese mismo año. Luego siguieron numerosos recitales destacados en Nueva York, entre ellos su presentación en el Concert for New York, en el Madison Square Garden, tras los atentados del 11 de septiembre.

Antes de su partida, se estaba gestando un recital en honor a su trayectoria para el 31 de marzo en el Carnegie Hall (al 881 de la Séptima Avenida) en el que tocarán Rhe Roots y Perry Farrell, entre otros. Desde entonces, se convirtió en un tributo de dos encuentros: se programó una noche adicional en el Radio City Music Hall para el 1° de abril en el que se presentarán Cat Power y Cyndy Lauper, entre otros artistas.

Las entradas para ambos recitales son caras en la reventa, por eso intente lo que Bowie solía hacer y vaya al Bitter End (al 147 de Bleecker Street), el club de rock más antiguo de la ciudad, donde hay música en vivo casi todas las noches.

Con la muerte de Bowie surgieron numerosos tributos en distintos lugares de la ciudad y es probable que continúen en los meses venideros. Habrá, por ejemplo, tres noches de recitales en The Loser's Lounge, antiguo teatro de revista que rinde homenaje a las estrellas pop y artistas de culto, dirigido por el ex tecladista de Psychedelic Furs, Joe McGinty, en Joe's Pub (al 425 de Lafayette Street) del 18 al 20 de febrero.

Comprar un disco. A Bowie le gustaba comprar vinilos raros en Bleecker Bob's antes de que cerrara en 2013 luego de 45 años y se convirtiera en un local de yogur helado. No obstante, aun quedan bastantes proveedores de buenos vinilos en Greenwich Village y alrededores, como Bleecker Street Records (al 188 de West Fourth Street). Pero si busca un vinilo de Bowie, no espere encontrarlo, al menos por un tiempo. Nino Pérez, de Bleecker Street Records, comentó que a los pocos días de su muerte se agotó la mayoría de sus discos y que no cuentan con recibir más ejemplares de Blackstar hasta fines de febrero, debido a la gran demanda.

Lo mismo ocurre en Generation Records (al 210 de Thompson Street). "Su nuevo álbum se agotó de inmediato", comentó Jason Primavera, refiriéndose a la edición en vinilo, aunque agregó que los clientes lo pedían incluso antes de su fallecimiento, a medida que se sumaban buenas críticas. Antes de que se reponga el stock, piense en llevarse a casa algún ejemplar de los coetáneos de Bowie, como Iggy Pop o Lou Reed, a quienes él conoció y con quienes entabló amistad durante su visita de 1971 a Manhattan. El álbum debut de Reed y the Velvet Underground fue una de las primeras aproximaciones de Bowie a la música neoyorquina, cuando se lo regaló su manager, Ken Pitt, en 1966. "Todo lo que sentía y al mismo tiempo desconocía sobre el rock se abrió ante mí", escribió Bowie en 2003. "Estaba oyendo un grado de excelencia del que no tenía idea que fuera humanamente posible".

Ir al teatro. El teatro desde hacía mucho tiempo formaba parte del mundo creativo de Bowie, que se remontaba a la época previa a su estrellato cuando trabajaba junto a Lindsay Kemp en el London Dance Center.

En 1980 obtuvo buenas críticas por su actuación en El hombre elefante en el Booth Theater (al 222 de West 45th Street). "Sí, gente cada vez más joven, en jeans de diseñadores y camperas de cuero, vienen al Booth Theater, y sí, probablemente lo hacen porque Bowie es una estrella de rock"; escribía John Corry en The Times en 1980. "Afortunadamente, es mucho más que eso, y en el papel de John Merrick, el Hombre Elefante, está espléndido".

Recientemente, Bowie fue coguionista de Lázaro, una secuela del largometraje El hombre que cayó a la Tierra, en el que Bowie, en su primer papel protagónico en el cine, interpretó a Thomas Jerome Newton. El ciclo se cerró en el New York Theatre Workshop (al 79 de East Fourth Street) el 20 de enero. Pero hay otras opciones. El Booth Theater presenta Hughie, protagonizada por Forest Whitaker, que se estrena el 8 de febrero. También se podrá ver la comedia Noises Off, aclamada por la crítica, con la actuación de Andrea Martin y una producción de la Roundabout Theater Company. El espacio antes conocido como Studio 54 es también ahora parte de la compañía y Bowie probablemente haya pasado una noche o dos en la famosa disco durante su apogeo.

Salir a comer o tomar algo. Bowie disfrutaba de su habilidad de mezclarse con la gente y no ser molestado por sus fans y sus conciudadanos neoyorquinos durante sus años en la ciudad. "Es tan sencillo ser una persona aquí, alguien común. Mi familia y yo no tenemos problema en salir e ir a comer", comentó Bowie al Miami Hearld en 2003. Entre los lugares que más frecuentaba está el Caffe Reiggio (al 119 de Macdougal Street), donde solía tomar un café o desayunar, y Olive's (al 120 de Prince Street), en el que un sándwich de pollo con berro y tomate era uno de sus platos favoritos.

En Bottega Falai (al 267 de Lafayette), un café y almacén italiano, pedía comúnmente el sándwich de prosciutto di Parma, un cappuccino y un bomboloni, comentó el dueño del lugar, Danilo Durante. Se sabe también que Bowie hacía las compras semanales de comestibles en el cercano Dean & DeLuca (al 560 de Broadway).

Ver arte. Bowie era un reconocido amante del arte, coleccionaba clásicos y aplicaba sus propias destrezas de la pintura. "El arte fue, de verdad, la única cosa que siempre quise poseer", le dijo Bowie a Michael Kimmelman en 1998. "Siempre ha sido para mí un nutriente fijo. Lo uso. Puede cambiar mi ánimo en las mañanas". Para ver algunos de los cuadros predilectos de Bowie, lo mejor es ir al Metropolitan Museum of Art (al 1000 de la Quinta Avenida), que en la actualidad exhibe varias obras de Picasso, Rubens y Tintoretto.

Quedarse en casa. Transcurrieron diez años entre Reality, de 2003, y The Next Day, de 2013, lo que dio pie a que algunos especularan con que Bowie se había retirado o vuelto ermitaño. Ninguna de las dos cosas fue verdad, ya que siguió paseando por el SoHo y seguía trabajando en secreto en The Next Day, pero al parecer disfrutaba su tiempo en soledad más que en sus últimos años. "David es aún más hogareño que yo. Al menos yo voy a fiestas de vez en cuando", comentó Iman a The Guardian en 2014 y agregó que a él le gustaba su propia compañía. "También creo que no hay nada que él no haya visto", expresó. Por lo tanto, si quiere honrar a Bowie con una noche tranquila en casa, tiene todo el derecho y varias de sus películas y cine-conciertos están disponibles en los servicios de streaming. 

Una generación entera de chicos de los años ochenta conocieron a Bowie a través de Jareth, el Rey de los Goblins, en el film Laberinto, de Jim Henson (1986), que puede alquilarse en Amazon Video, iTunes y Vudu. También puede ver El hombre que cayó a la Tierra (1976), en la que Bowie "hace un papel extraordinario", según la crítica de Richard Eder en The Times. Se consigue en la actualidad en Vudu y Amazon Video. Otros de los títulos de Bowie disponibles en el servicio de streaming son El ansia (1983), La última tentación de Cristo (1986) y El gran truco (2006). El documental David Bowie: cinco años (2014) también es una muy buena opción.

 

Paz, al fin, en el sitio homenaje a Lennon
Por Corey Kilgannon. The New York Times International en Clarín. Junio 2016.

Para un guitarrista callejero que canta y toca algunas cancio­nes de los Beatles, uno de los es­cenarios públicos más lucrativos en Nueva York es una banca del parque justo adentro de la entra­da por la Calle 72 Oeste a Central Park, en un área conocida como Strawberry Fields.

Desde que se inauguró el área en 1985, un desfile de músicos ansiosos por conseguir propinas del interminable flujo de turis­tas ha tocado canciones de paz y amor en homenaje a John Len­non, quien fue asesinado cerca de allí, en 1980, afuera del edificio de departamentos Dakota, donde vivía.

Los intérpretes de los Beatles tocan junto al monumento de mosaico "Imagine" y saludan a los turistas con un repertorio re­petitivo de clásicos como "In My Life", "Strawberry Fields Forever" y, sobre todo, "Imagine", que Lennon escribió para invocar la paz mundial. Pero en los últimos años, la paz entre los músicos era difícil de al­canzar.

El estado de ánimo idílico se había visto mermado por al­tercados, gritos mordaces e intérpretes cantando a duelo. La indisciplina se agravó después de la muerte en 2013 de un hom­bre conocido como el alcalde de Strawberry Fields, quien había ayudado a mantener el orden. Sin embargo, algo sorpren­dente ocurrió recientemente en Strawberry Fields: ha vuelto la paz de nuevo. Los músicos se dieron cuenta de que su mal comportamiento no sólo estaba empañando su imagen, sino que también, quizás más importante, estaba amena­zando su sustento.

"Ahora está más tranquilo que nunca", dijo Dave Muniz, de 53 años, un asiduo. "La regla número 1 es que ahí es clasificación A", dijo Muñiz. "Estos tipos estaban ahí dicién­dose maldiciones. Yo les dije: '¿Quieren discutir? Háganlo en otro lugar'. Hay niños alrededor. Si tienen un problema, arréglenlo afuera, no frente a los turistas", agregó.

Los músicos acordaron respetar una rotación de presentacio­nes cada hora todos los días de las diez de la mañana a las siete de la tarde, que Muniz crea cada mañana y envía por mensaje a cinco músicos regulares. Una consideración fundamen­tal al hacer la grilla es mantener a ciertos músicos separados, pa­ra evitar confrontaciones.

Imagine esto de adultos", dijo Muniz, quien a pesar de tener un dejo áspero y poca tolerancia por las personas que no dejan propina fue considerado justo y lo suficientemente recio como para ser el guardián de la lista.

FOTOS. Un horario calmó pleitos entre los músicos en un sitio lucrativo cerca de donde John Lennon fue asesinado. David Muniz tocando en un tributo a John Lennon.

Randy DeLuca, de 67 años, re­cuerda cuando gobernaba Gary dos Santos, quien se autonombraba alcalde de Strawberry Fields. Durante casi dos décadas, Dos Santos colocaba flores en el mo­saico y utilizaba su presencia do­minante para seleccionar a quien se le permitiría tocar. "Molestaba a la gente, pero brindaba estructura", dijo DeLu­ca sobre Dos Santos, quien murió de leucemia en 2013 a los 49 años. "Después de que Gary murió, se volvió un caos", dijo DeLuca. Dos Santos era de la opinión de que la autoridad sobre Strawbe­rry Fields llegaba desde el espíri­tu de Lennon canalizado a través de su viuda, Yoko Ono, quien ayu­dó a crear el monumento. La mayoría de los músicos tie­ne historias sobre Ono visitando el parque y, dijeron, bendiciendo tácitamente su derecho a tocar ahí al disfrutar de sus canciones. Un representante de Ono dijo que ella no haría comentarios so­bre lo que ocurre en Strawberry Fields. "Los turistas no vienen aquí a vernos discutir. Vienen por la ex­periencia de John Lennon y no­sotros somos la banda sonora de ello", dijo Jimmy Dalton Baker, de 28 años, un asiduo al lugar.

La paz de "Imagine" llega por fin al memorial de John Lennon

Las pacíficas letras de los Beatles se han convertido durante los últimos tiempos en la banda sonora de las peleas entre los músicos callejeros que se disputan uno de los rincones más concurridos de Nueva York. Uno-Mendoza. 09/07/16.

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