martes, 1 de junio de 2021

Comandante Luis Piedrabuena

Nuestro país es ese lejano territorio donde nunca cambia nada, a pesar que a diario ocurren las noticias más descabelladas e increíbles. Si te ausentás una semana todo parece distinto pero si volvés a los años, lo único que cambiaron fueron los precios y los envases de alimentos, que contienen menos. Las injusticias siguen campeando y las soluciones escaseando. La lucha de la gente común es por mantenerse en pie un rato más. Si apenas podemos entender nuestra realidad política, es lógico que a pocos les interese develar los vericuetos de la historia argentina.

Por lo que uno ve y escucha en los medios y en el entorno, para referirse a lo histórico suelen repetirse frases hechas, hay mucho prejuicio y tendencia a encasillar a los personajes según marcos ideológicos y morales contemporáneos. Como si los usos y costumbres del siglo XVIII fueran los actuales. Si bien es cierto que existe una historia oficial basada en los triunfadores unitarios y la formación de la nación bajo las presidencias de Mitre, Roca, Sarmiento, Avellaneda y Pellegrini, surgieron después  corrientes académicas que -con mayor o menor seriedad- socavaron las viejas creencias. 

Así, Mariano Moreno fue para muchos un progresista adelantado a su tiempo y para otros simplemente un agente al servicio de los porteños poderosos y del imperio inglés. Urquiza tiene la estatua ecuestre más importante de Buenos Aires: tan grande como su dispensiosa progenie, su ambición y su traición. Alguno podría descalificar a nuestro máximo héroe José de San Martín la ayuda británica en su lucha emancipadora o su adhesión a la masonería. ¿Cómo debe considerarse a Bartolomé Mitre por recibir dinero de la banca brasileña para fundar su periódico y aliarse al imperio lusitano para destruir a la floreciente Paraguay? ¿Fue un asesino como su aliado Sarmiento, por pasar a deguello a caudillos de provincias díscolas? Artigas, antes de ser uruguayo o argentino, fue héroe y villano: murió exiliado y su monumento en el país oriental recién lo tuvo por 1940. Hasta el digno Alte. Brown tuvo sus contradicciones y se equivocó de bando. Tiene mejor prensa Hipólito Yrigoyen pero Torcuato de Alvear, tachado de oligarca, fue mejor presidente que su mentor. Actualmente, es políticamente correcto calificar la campaña del desierto como el exterminio de "poblaciones originarias", en realidad invasoras de Arauco-Chile dedicadas a exportar ganado robado a los criollos. Indios de modales un poco alterados que chantajeaban a los blancos para no maloquear, pasar a deguello cristianos ni raptar mujeres blancas. Algún fumado que se cree 'progre' llega a justificar en pleno siglo XXI ocupaciones ilegales y acciones violentas que de unos locos con vinchas cantando a la Pachamama en la Patagonia. 

Es difícil superar la confusión y más a nivel aficionado: cuando más profundizás nuestra historia consultando distintas fuentes, más compleja parece llegar a una comprensión equilibrada. En diversas entradas de este humilde blog he juntado información -curiosa, llamativa y también contradictoria- sobre varios personajes históricos, intentando capear esos embrollos.

Todo esto estalla por los aires y se torna patético cuando le preguntan a la gente cual es su prócer favorito. Casi invariablemente los políticos aluden a San Martín, Belgrano y Sarmiento, en algunos casos a Juan Domingo Perón. No hay muchas variantes en las respuestas. ¿Ha exhibido alguno estaturas de estadista reuniendo virtudes morales irreprochables? ¿Es lógico reclamar tanto a seres de carne y hueso?

Eso me hizo reflexionar estas líneas. En la Argentina los héroes de verdad y sin contradicciones de peso parecen contarse con los dedos de una mano, como pasaría  ante una encuesta con los políticos actuales. Me animo a recordar dos nombres más. No fueron gobernantes, relevantes políticamente ni militares de luchas civiles. Son personajes que se jugaron el pellejo para forjar la Nación con viento en contra, bajo la indiferencia del poder. A ellos le debemos -en gran parte- que la Patagonia sea parte de nuestro país: el Comandante Luis Piedra Buena y el perito Francisco Pascasio Moreno. ¿Quién los juna? ¿Quién los recuerda? Muy pocos. 

El Comandante Piedrabuena (1833-1883) fue un bonaerense maragato (*) emprendedor y marino patriota. Hizo respetar nuestra soberanía cuando ni nos llamábamos Argentina, con nuestros políticos más interesados en la guerra civil con las provincias. Mientras los nuestros solo pisaban hasta Viedma, los chilenos ya ocupaban Punta Arenas, bien bien al sur. Piedrabuena fue la primera presencia argentina en la Antártida y fue rescatista de náufragos en las heladas aguas sureñas, donde el resto se dedicaba a piratear. Aunque los reconocimientos le llegaron en vida, muchos contemporáneos solo lo conocen por el nombre de alguna calle. Las lecturas que siguen, ofrecen muchos más detalles de su heroica personalidad.  Horanosaurus.

(*) se llama "maragatos" a la gente de Carmen de Patagones, Pcia. de Buenos Aires, por la relación con primeros pobladores enviados para colonizar el lugar, que  provenían de León, España. Las viviendas que consiguieron de las autoridades las borró una inundación del río Negro y debieron vivir un tiempo en cuevas improvisadas en las barrancas. No había caminos a Buenos Aires: la única comunicación era marítima. Sus vecinos habituales eran los indios pampa. Todavía había espacio para todos.  

Piedrabuena, el campeador de borrascas

Agenda de Reflexión Nº 492. 22/12/2008. Por José Luis Muñoz Azpiri (h)
Historiador, escritor y diplomático.

“Sólo tú comprendías el idioma salvaje
De las aguas rabiosas y de la tempestad;
El océano vencido te entregaba sus presas,
La muerte era tu juego de niño, capitán” (*)

Ígneo, glacial, según las circunstancias, su estampa legendaria se nos presenta más como la de los navegantes del Descubrimiento, los personajes de las letras de Conrad, Salgari y London, o el protagonista de una saga escandinava, que el bizarro marino que protegió durante décadas nuestra presencia en las latitudes australes. Había nacido el año del despojo de Malvinas, tal vez por ello los hados fatídicos del destino lo marcaron para siempre. De no ser por él, hubiéramos perdido también la Tierra del Fuego y el territorio al sur del río Santa Cruz.

Nunca será generosa la elevación de su alma. Criollo, hijo de criollos, vio la luz en Carmen de Patagones el 24 de agosto de 1833, ciudad cuyos fundadores tuvieron “honra de hijosdalgos y personas de noble linaje y solar conocidos” y que seis años más tarde protagonizaría uno de los episodios más gloriosos de la guerra con el Imperio de Brasil (NdeH: combate del cerro de la Caballada).

Fue en las costas del río Negro, verdadero limes del hombre blanco en las soledades patagónicas, donde se despertó su vocación marinera. A los 9 años se embarcó para Buenos Aires, donde bajo la tutela de James Harris completó sus estudios primarios. Este veterano marino, también conocido como “el cojo Harris” había surcado los mares junto a Bouchard en el legendario crucero “La Argentina“, aquel que había logrado el reconocimiento de nuestra independencia en el archipiélago de Hawai e izado nuestro pavés en las costas de la actual Norteamérica. Los comienzos de Piedrabuena no podían ser más provisorios.

En 1847, terminados sus estudios, se embarcó en el pailebote “John E. Davison”, al mando del entonces reputado “Cónsul Smiley” quién se convirtió además en su guía y maestro. De esos días, recordaría posteriormente Luis Piedrabuena, que al zarpar Smiley lo llamó al alcázar y señalándole la escandalosa del mayor, le dijo: “en adelante, nadie más que tú aferrará y largará esa vela. Vete a largarla”. Después de recalar en las Malvinas, este lobo de quince años, pasó los próximos doce meses en los mares antárticos, encalleciendo sus manos con el ejercicio del arpón.

Es en una de estas travesías de caza de ballenas que un temporal los obligó a recalar en la Isla de los Estados. Al fondear el capitán Smiley advirtió los restos de un naufragio reciente y cercano, por lo cual ordenó alistar la ballenera que comandaba Piedrabuena para partir en auxilio de posibles supervivientes. Éste, desafiando los recios aquilones, condujo su lancha hasta los escollos y arrancó de la muerte a un grupo de náufragos de un buque alemán, que en la mañana el oleaje había destrozado contra las  rocas. Si bien con los años no recordaría el nombre del barco, se convierte ésta, en la primera de una larga y generosa historia de actos similares.

Fue en este viaje también cuando Piedrabuena presenció, al desembarcar en Puerto Español, Bahía Aguirre, la desgracia de la misión Allan Gardener, cuyos  componentes sucumbieron ante el clima y el hambre. Dice el capitán en su diario: “Al día siguiente del triste hallazgo, cumpliendo con un deber humanitario tan sagrado para los que arrostramos nuestra vida sobre las olas, dimos sepultura a todos ellos tributándoles como auxilio religioso plegarias que salían de nuestros labios, tan mudas como nuestras lágrimas. Los marinos se lloran porque ellos en la desgracia son siempre hermanos”.

Pocos años después, como continuación de la iniciativa de Gardener llegarían nuevamente misioneros a la Tierra del Fuego. Esta vez Thomas Bridges y su esposa se convertirían pioneros de Ushuaia y fundadores de Puerto Harberton.

En 1850, con apenas diecisiete años ascendió a primer oficial, empeñándose en la caza de focas y huevos marinos. La exploración en busca de loberías condujo la nave por las islas del sur del continente, los estrechos y los canales fueguinos hasta llegar a la cercanía de la Tierra de San Martín o península antártica. En un reconocimiento ordenado por el comandante del buque, la ballenera de Piedrabuena quedó encerrada entre montañas de hielo y sus tripulantes debieron permanecer ¡un mes! sobre el hielo, alimentándose de carne de foca y aves marinas. Tan solo hombres de una excepcional fortaleza física y moral pueden padecer semejantes penalidades. Fue, tal vez, el primer argentino del que se tenga noticias, que desembarcó en las costas del continente blanco.

En 1854, ya para entonces piloto, fue designado capitán del buque “San Martín”, con el que zarpó para Nueva York. Previamente, en sus derroteros por las costas fueguinas, se había relacionado con los caciques aborígenes a quien le regalaba - entre otras cosas- banderitas de lona que él mismo confeccionara, a fin de que se relacionaran con los colores de nuestra nacionalidad. En los Estados Unidos completó sus estudios de náutica, idiomas (hasta fue competente en lenguas aborígenes) y  mecánica, en la cual llegó a ser un verdadero artífice. Siempre con Smiley, en 1856 se embarcó como primer oficial en la goleta “Merriman”, y navegó por el Golfo de México, el Caribe, Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y Haití.

En 1858, embarcado en el “Nancy”, vuelve al Atlántico Sur y una vez más, también en la Isla de los Estados, debe participar en un salvataje. Son 24 los náufragos a quienes desembarca en las costas del continente, donde hay buques cargando guano; para ello se ve obligado a perder sus cardúmenes. Poco después, al mando de la goleta “Manuelita” debe salvar en Punta Ninfas a la tripulación de la ballenera norteamericana “Dolphin”. Durante esa maniobra, el bote que él había enviado, se estrella contra las rocas. Viendo Piedrabuena en peligro a su propia tripulación, deja la caña del timón a su cocinero y se embarca con los únicos dos marineros que le quedan a bordo de otro bote. Realiza así un salvataje por partida doble.

¿Rescates? Algunos otros: El año 73 salva seis náufragos del “Eagle”, pailebote inglés, en la Isla de los Estados. El año 74 salva 21 náufragos de la “Pactolus“, goleta alemana en False Bay, Tierra del Fuego. El año 77 recogió a 21 hombres y una mujer sobrevivientes del “Anne Richmond”, barca inglesa de carbón, que se había incendiado en alta mar. El año 73, siempre bajo bandera argentina, ya había rescatado 20 tripulantes de la “Cuba“, barca noruega, al sur de Santa Cruz. Jamás aceptó retribución alguna por sus servicios, pues lo consideraba un deber sagrado. Dice Ricardo Rojas: “Vivió como un pirata, pero en función de caridad”.

Era Sísifo encarnado. Una y otra vez se lo solicitó para rescates imposibles, lo cual significaba en abandono de sus tareas económicas, con el consiguiente perjuicio personal. Pero no trepidaba en hacerlo. No pedía cera para sus oídos, ni que lo ataran al mástil, simplemente se echaba al piélago para escuchar a las sirenas. Era la tierra firme lo que verdaderamente lo mareaba, necesitaba el abismo oceánico, vivir peligrosamente.

Sus proezas fueron reconocidas por las principales naciones del mundo. Entre ellas, el Imperio Alemán, que le envió una hermosa nota, acompañada por un magnífico catalejo, cuyo estuche llevaba grabada la siguiente inscripción: “Nos, Guillermo, por la gracia de Dios, Emperador de Alemania y rey de Prusia, concedemos esta caja como recuerdo de gratitud al capitán Luis Piedrabuena, del buque argentino “Luisito”, por los servicios prestados en el salvamento de la tripulación del buque alemán “Dr. Anson”, naufragado en octubre de 1874″.

Ya durante el desarrollo de estas hazañas de la “Providencia de náufragos”, había fundado su establecimiento en la isla Pavón y adquirido la propiedad del “Nancy”, al que procedió a armarlo para defenderlo de los raqueadores: “Singular actividad que antaño se dio con frecuencia en los mares patagónicos y fueguinos y que entregó importantes beneficios a quienes la practicaron, tanto que se hicieron fortunas no pequeñas comerciando con estos despojos (marítimos). La importancia que se daba entre los habitantes de Punta Arenas a los siniestros marítimos era tal que, según lo atestigua el agudo periodista viajero norteamericano John Spears, acostumbraban dar gracias a Dios por un buen naufragio" (1)

“Raqueador” es una palabra derivada de “raque”, corrupción a su vez de la voz “wreck”, que significa naufragio. Despojar los restos de los bajeles y a sus desdichados tripulantes fue una actividad sumamente rentable para los kelpers“Los intrusos habitantes de las islas Malvinas, que operaban frecuentemente en la isla de los Estados, para cazar y obtener madera (en operaciones de robo y depredación no penadas por falta de policía y medios) se dedicaban como operación marginal a asaltar a los náufragos de sus  costas y lo hacían de dos formas: o bien robando y hasta asesinando a los infelices hallados en tales condiciones o “rescatándolos” y obligándolos al pago de cuantiosas sumas por tales salvamentos. Cuestión de idiosincrasia y de cuna, tan disímiles a la de nuestro Piedrabuena.

Ya en la Inglaterra inmemorial han sido frecuentes los falsos faros o luces en sus costas, para guiar a zonas de desastre a los buques en navegación, hacerlos naufragar y robar sus cargas y efectos. La lengua de Shakespeare tiene la palabra “wrecker” que el Diccionario de Oxford (edición 1960, p.1499)  define como: “One who or that wich, wrecks, esp. a person who tries to cause shipwrecks by showing, false lights on the shore in order to steal goods, etc. from the wreckage” (alguien que, especialmente en los naufragios, o las personas que ponen falsas luces en las costas para producirlos, para robar las mercancías o efectos. etc. de esos naufragios) Mas claro, el agua.

Contra esos ya beneméritos “kelpers” luchó Piedrabuena, su antítesis en materia de salvamento y de “wreckage”, en este año de 1860, en la playa de la isla de Año Nuevo y con su artillado “Nancy”. Salvó así y entonces a los náufragos de la barca alemana “Thaler” del peligro del mar y de los “falklanders”.

Durante este año, la “Nancy” realizó operaciones de caza y pesca en aguas fueguinas y estuvo frecuentemente recorriendo el Le Maire, los Estados y sus adyacencias” (2)

Luego del robo de las Islas Malvinas el 3 de enero de 1833 y particularmente al efectuarse el asiento de la colonia británica a partir de 1838, cuando asume Robert Lowcay el gobierno local británico en Puerto Luis, las visitas británicas desde Malvinas a los Estados se multiplican. Estas expediciones - furtivas y depredadoras- tenían el doble objeto de la caza de lobos y talado de madera, para las construcciones malvinenses.

Durante los años 1862 y 1863, siempre en tarea de caza, establece una cabaña en Puerto Cook, Isla de los Estados, recorriendo y reconociendo, como una brújula ígnea, el archipiélago de las Wollaston, Isla Hermite, el verdadero y falso Cabo de Hornos. Fue entonces cuando desembarcó en la Isla del Cabo de Hornos y calcinado por el fervor patriótico grabó el famoso mensaje: “Aquí termina el dominio de la República Argentina. En la isla de los Estados (Puerto Cook) se socorre a los náufragos. Nancy 1863. Cap. Luis Piedrabuena”.

Así se convierte Piedrabuena, en el primer navegante que puso pie en ese hito náutico. Deja además en el lugar una bandera argentina fabricada en una plancha de cobre pintada con los colores de la bandera nacional y un asta de hierro.

En 1868, el diputado José Mármol, alegando razones de seguridad territorial para evitar que se anticiparan otros países, pide el tratamiento sobre tablas del otorgamiento a Piedrabuena de la propiedad de la Isla de los Estados. Ya Chile se había establecido en el Estrecho de Magallanes en 1843 y corbetas francesas merodeaban sus riberas con idéntica intención. Piedrabuena quiso salvarlo para nosotros y con ese objeto se estableció por su cuenta en 1869 en la bahía de San Gregorio. Pero fue desalojado por las fuerzas chilenas ante la falta de respaldo de nuestro gobierno. Entonces dijo con amargura: “Si yo tuviera del gobierno instrucciones escritas en vez de verbales y si por este motivo no tuviera incidentes que pudieran sobrevenir, que tal vez me costaran reproches, no sería yo, ni mis patagones, los que abandonaríamos Bahía San Gregorio sin lograr  nuestro intento. Como argentino me es muy bochornoso tener que observar impasiblemente los avances de los chilenos en este pedazo de suelo de mi patria”.

El solitario hijo del mar predicaba en el desierto. Su desilusión provenía de las promesas de Mitre, quién apoyaba el proyecto y  que le había otorgado los despachos de capitán honorario de la Armada Nacional, pero al asumir Sarmiento se opuso al envío de fuerzas. “Dijo que no teníamos marina; que costaba mucho mantener un buque de guerra; que estábamos muy pobres; que ese territorio estaba desierto; que debíamos concertarnos y que más bien ese territorio le pertenecía a los chilenos, por ser el paso de Pacífico; que si se poblaba la guardia proyectada, habían de vivir como perros y gatos con los chilenos; que no había gente para darme. No me dijo que fuera o que me quedara; pero que procediera con prudencia con las autoridades chilenas”. ¡Que buen vasallo, si tuviera buen señor! Paradójicamente, años más tarde, el sanjuanino fundaría la Escuela Naval Militar. Si su actitud se debió a la carencia de unidades de mar o a favores recibidos durante su exilio en Chile, nunca lo sabremos. Pero lo cierto es que sus palabras, tuvieron para Piedrabuena el sabor de la ceniza.

A estos desplantes se sumaban las penalidades económicas. Un día de 1866 compró en Punta Arenas un pequeño bergantín llamado “Carlitos”. Con él realizó un viaje a las Malvinas; lo cargó con carbón de piedra y lo fletó a Montevideo para su venta. Pero el “Carlitos” trajinado por los golpes de mar, llegó a destino con serias averías. Y en aquel puerto se perdió, sin que pudiera salvarse el cargamento. Para comprar el bergantín había tenido que reunir, a costa de grandes sacrificios, cuanto centavo tenía por ahí disperso. ¡Y ahora, todo se le venía a pique!

“Y como si ésta fuera pequeña desgracia, estando él en las Malvinas compró a los agentes de una compañía de seguros un buque hundido llamado “Coquimbana”, cargado de láminas de cobre. Creía obtener un buen beneficio con la venta del metal. Invirtió seis meses e ingentes sumas de dinero en jornales y aparatos para reflotar la carga. Pero cuando había logrado poner a salvo el cargamento, he aquí que un buque de guerra de la marina británica, valiéndose de la fuerza, le intima la entrega del cobre que don Luis legalmente le había comprado…” (3)  Otro acto de justicia británica… y kelper.

En consecuencia, a bordo del “Espora” (así había rebautizado al “Nancy”) decidió artillar su factoría de la isla Pavón para defenderse de cualquier agresión y protagonizar una de nuestras grandes hazañas náuticas. En 1873, decidido a fundar una factoría en la isla de los Estados, el “Espora” es sorprendido por un tremendo temporal y despedazado contra los escollos (tal vez para confirmar la creencia de que rebautizar a los barcos trae mala suerte) (4)

A salvo, y una vez en tierra, comienzan a construir con los restos, un pequeño velero bajo las inclemencias de los temporales y de uno de los climas más hostiles del planeta. Pese a ello, sus conocimientos marítimos y su inquebrantable voluntad le permiten concluir esta titánica tarea y a los 72 días del naufragio, lanzan al agua una reducida embarcación (el desplazamiento era de tan solo 13 toneladas y la eslora de 11 metros). El cutter se llamó “Luisito”, en memoria de su primer hijo que falleció siendo un niño. Así lograron llegar a Punta Arenas. “Lo que hemos sufrido, solo Dios y yo lo sabemos” dijo más tarde.

Carente de recursos, el capitán Luis se vio obligado a continuar sus navegaciones a bordo de su improvisado velero, con el cual se dirigió  a la isla de los Estados para instalar una fábrica de aceite de pingüino. En unos peñascos inaccesibles divisó entonces a seis náufragos ingleses a punto de morir, sobrevivientes del naufragio del bergantín inglés “Eagle“. Piedrabuena los rescató y los trasladó a Punta Arenas. Durante su vida, el marino argentino salvaría en sus viajes a 144 náufragos.

Su principal biografía, escrita por el sacerdote-historiador salesiano Raúl Entraigas, más que la crónica de la vida de un hombre parece la narración mítica de algún héroe homérico. Sin embargo, tras el relato de alguna hazaña, está en la página siguiente la constancia documental.

Por aquellos años, tomó mayor incremento la penetración chilena en el sur, merced al impulso del gobernador militar de Magallanes, Diego Dublé Almeida, quién competía con Piedrabuena en las respectivas influencias con las tribus indígenas. Mientras el gobernador trasandino contaba con todo el respaldo de su gobierno, para tratar de fijar jurisdicción en la margen sur del río Santa Cruz, el capitán argentino se veía reducido a sus propios recursos, debido a las continuas luchas internas del gobierno nacional.

Aún así, carente de medios, Piedrabuena envió importantísimos informes a nuestro país en el momento en que la Nación del Plata y la República de la estrella solitaria estuvieron al borde de la guerra. Las palabras de nuestro plenipotenciario en Santiago son concluyentes:

“Su informe -escribe el ministro argentino en Chile, Félix Frías - ha venido a prestarme un gran servicio… Hombres patriotas puros como Ud. tarde o temprano tienen su recompensa, lo que yo le ofrezco es mi amistad y a mi vez quisiera tener el orgullo de disfrutar la suya. Pronto regresaré a mi patria. Una vez allí, no tomará Ud. a mal que yo revele al gobierno sus excelentes cualidades, y toda vez que sea oportuno será para mí una satisfacción ayudar a conocer en mi patria a uno de sus dignos hijos”.

Fue la culminación de una serie de desinteligencias que el gobernador de Punta Arenas, hábil tejedor de intrigas, había promovido.  

De buena fe, intrigado sobre la personalidad y actividades del argonauta austral, Frías había pedido informes a Oscar Viel, quién no dudó en presentarlo como un inescrupuloso traficante, ávido de rápido enriquecimiento, raqueador, dipsómano, frecuentador de tolderías, falsificador de permisos de pesca, explotador de indios, etc. Todo esto se dijo y se repitió año tras año, y todo fue desmentido una y otra vez.

“No, no explotaba a los indios y, por el contrario, buscaba paliar las desgracias de la aculturación que padecían. Paupérrimo vigilante anglófono, cuidaba que los loberos contasen con permisos expedidos en Buenos Aires. Y los sobrevivientes de catástrofes, los extraviados en el páramo o en el fragor de las tribus, recibían la ayuda posible. Vista con ojos actuales, su situación era bastante absurda: Piedrabuena estaba avecindado en Punta Arenas y gozaba de buen concepto en esa población donde tenía sus bienes, consistentes en un almacén y una fábrica de aceite. Molestaba sobremanera su adhesión a la Argentina, sin perjuicio de que constantemente se le pidiese colaboración. A su turno, Buenos Aires lo consideraba no más que un agente, alguien útil a falta de otro mejor y más formal” (5)

Afortunadamente, tanto el ministro Carlos Tejedor, como Manuel Eguía y otras personalidades que conocían la labor de Piedrabuena, fueron disipando las dudas de Félix Frías que se trocaron en franca admiración. El ilustre patricio y el recio marino mantuvieron varias reuniones en Buenos Aires, las cuales fueron de trascendental importancia para los pactos firmados posteriormente al llamado “Abrazo del Estrecho”.

Estando aún en Punta Arenas, donde don Luis poseía un pequeño almacén de artículos navales, y pese al encono que le profesaba el gobernador Viel, éste no tuvo más remedio que solicitarle una misión que pone de relieve la pericia profesional y la generosidad de alma de Piedrabuena. En 1872 fueron asesinados el capitán y la tripulación del bergantín inglés “Tresponts”. Con el fin de capturar a los victimarios, el gobernador trasandino puso a disposición del marino argentino el pailebote chileno “Reppling Wave” y éste, en medio de la noche del Estrecho de Magallanes, encontró los restos de los malogrados navegantes. Tras la sepultura de los cadáveres, un temporal hizo varar la nave y, con sólo un par de botes logró llegar a Punta Arenas. Luego de obtener equipo y bastimento, regresó a la “Reppling Wave“, a la cuál liberó de su situación llevándola a buen puerto. Esta odisea duró más de dos meses y medio, por la cual se negó a ser recompensado. Piedrabuena gozaba de la aventura pues no había ninguna aventura que lo saciara.

En 1875 se inicia la última etapa de la vida extraordinaria de este marino excepcional. Debió vender el “Luisito” para sufragar los gastos de su servicio al país, pero llegado a Buenos Aires las autoridades resuelven enviarlo nuevamente al sur y le entregan la goleta “Santa Cruz”, en la que viajan jóvenes oficiales de la  Armada y el memorable Francisco P. Moreno. Años más tarde, el 17 de abril de 1878, el presidente Avellaneda firma el despacho de Teniente Coronel de Marina en ejercicio para Piedrabuena. Acertada y oportuna decisión, dado que a los pocos meses se produjo en la Patagonia la penetración naval chilena que colocó al país al borde de la guerra.

Avellaneda, en uno de esos gestos quijotescos que algunas veces hemos tenido en nuestra historia, resuelve enviar la escuadra fluvial del Comodoro Py al sacrificio. Barquitos de río contra una potencia naval. Es que aún resonaban los ecos de la Patria Vieja: “Es preferible irse a pique a rendir el pabellón” había ordenado el almirante Brown. En esta expedición, que afirmó definitivamente nuestra soberanía al sur del río Santa Cruz, participó Piedrabuena como capitán de la nave “Cabo de Hornos”. Así, en este acontecimiento histórico estuvo presente el hombre que, más que ningún otro, fue la atalaya de soberanía en las soledades patagónicas.

En mérito a sus servicios, fue designado director de la escuela de marineros a bordo de la nave mencionada. ¡La marina sabía a quién entregaba a sus cadetes! Al mando de los mismos, condujo a la famosa expedición de Giacomo Bove, auspiciada por el Instituto Geográfico Argentino; en la cual, lamentablemente, el controvertido oficial italiano se dedicó a poner topónimos itálicos a diestra y siniestra, incluso donde ya existían desde antaño. Y esto no le gustó nada al propietario de la Isla de los Estados, al ver, de la noche a la mañana, a su peñón austral transvertido en una ínsula mediterránea. No era la primera vez que Piedrabuena colaboraba con expediciones científicas, ya lo había hecho en 1867 con la de Gardener, que buscando las nacientes del río Santa Cruz llegó a lo que se supone era el comienzo del ventisquero Moreno.

A su regreso a Buenos Aires, el presidente Roca premió sus servicios otorgándole el grado efectivo en la Marina y el Centro Naval lo distinguió como socio honorario. Pero el reconocimiento llegaba tarde para el “Petrel de las Tormentas”, las penalidades, ingratitudes e inclemencias climáticas ya habían minado su organismo.

Sus ojos se sellaron en tierra, no como él hubiera deseado, timoneando un gallardo bajel. “Marineros ¿Por qué le dais a la tierra lo que no le pertenece y se lo roban al mar? Si murió como el mejor capitán; y su alma, viento, espuma y cabrilleo; está allá arriba, en el puente, deshojando la rosa de navegar?” Hubiera clamado el vate. Toda la tripulación del “Cabo de Hornos” acompañó su cadáver de yodo y de sal.

“Oh, capitán, mi capitán, nuestro terrible viaje ha terminado” - escribió el poeta norteamericano Walt Whitman en el aniversario de la muerte de Lincoln. - ¿Ha terminado mi capitán?… nos preguntamos, cuando asistimos, impotentes, a la depredación de los recursos de nuestra pampa sumergida y a la provocación europea de considerar nuestro archipiélago irredento como “territorio comunitario de ultramar”.

El 10 de agosto de 1883 inició su travesía el Capitán de las Tormentas. Apenas tenía 50 años.

(*) Blomberg, Héctor Pedro. “Piedrabuena en los Mares del Sur”. En: Cantos Navales Argentinos. Departamento de Estudio Históricos Navales. P.91. Buenos Aires. 1968

(1) Martinic Beros, Mateo “Crónica de las tierras del Sur del Canal de Beagle” Ed. Francisco de Aguirre. Buenos Aires.1973

(2) Arguindeguy, Pablo E. “Piedrabuena y la Isla de los Estados” En: “A Piedrabuena en el Centenario de su muerte 1883-1983″  Talleres Gráficos Malvinas Argentinas. Buenos Aires. 1983

(3) Entraigas, Raúl “Piedrabuena, caballero del mar” Secretaría de Estado de Marina. Departamento de Estudios Históricos Navales. Buenos Aires.1966

(4) Los restos de la goleta “Espora” fueron descubiertos en Bahía Franklin en febrero de 1999 por un equipo interdisciplinario coordinado por Carlos Vairo, director del Museo Marítimo de Ushuaia. Lamentablemente el hallazgo dio lugar a una controversia entre el mencionado Vairo y el escritor Adrián Giménez Hutton (presidente del Explorer Club en la Argentina) referente a la paternidad del mismo

(5) Sánchez Zinny, Fernando “El enigma del Comandante Piedra Buena”. La Nación. Opinión. 05/09/2000. 


Catedral de Carmen de Patagones. Tumba del Cmte. Piedra Buena. 

El enigma del comandante Piedra Buena

Por Fernando Sánchez Zinny para La Nación. 05/09/2000

Luis Piedra Buena era un criollo de Carmen de Patagones, o sea, un “maragato”, aunque en su tiempo era más frecuente utilizar el hoy inusual gentilicio de “patagonés”. Nació en 1833, época en que el paraje constituía una remota colonia porteña a la que se llegaba por vía marítima. Enclavada en país hostil, a ratos era lugar de destierro y a ratos dominio de aventureros. 

A unas leguas, río Negro arriba, se alzaban tolderías. En buena medida, la población vivía del trato con el aborigen o en función de éste, desde el proveedor que cambiaba yerba y aguardiente por plumas de ñandú hasta el misionero que procuraba evangelizar. Los barcos se reunían en el cercano fondeadero de San Blas y a veces remontaban el río y echaban anclas frente mismo al caserío.

Pocos iban por el reducido intercambio que la colonia generaba; casi todos eran balleneros y loberos provenientes de los mares del norte que hacían escala en su trayecto hacia la región antártica, o si no, buques de la carrera del Pacífico. Un niño atisbaba las arboladuras desde la barranca y se acercaba luego a escuchar la conversación de los marineros. A los nueve años, Luis ya no entraba en su pago y sus padres lo dieron en tutela a un capitán norteamericano que lo llevó a su país.

Estudió allá, allá se hizo marino y en buques tripulados casi exclusivamente por sajones navegó hasta pasados los veinticinco años. En ese lapso volvió algunas veces a Patagones y conoció de pasada Buenos Aires. Entretanto, fue ballenero, lobero, oficial subalterno en el Golfo de México y en las Antillas, náufrago y salvador de náufragos, comerciante y explorador. Frecuentó las Malvinas, la Isla de los Estados, los canales fueguinos y hasta la Tierra de Graham, donde su nave se vio atrapada durante un mes por los hielos (1).

En 1859, juvenil capitán de la goleta Nancy, llegó a la ría del Santa Cruz y contra la corriente subió cinco leguas hasta una pequeña isla que más tarde denominó Pavón. Erigió allí tres casuchas con el designio de dedicarse al mercadeo con los indios, tal como lo había visto en su infancia maragata. Armó un mástil e izó la bandera argentina.

Una opción concluyente. Nada más natural: era argentino y buscaba el amparo del pabellón al que tenía derecho. Pero decir esta obviedad es eludir la sustancia: Piedra Buena estaba haciendo, en aquel momento, una opción concluyente a la que en adelante serviría con abnegación ejemplar, a despecho de ser escasamente comprensible para muchos. A partir de ella, su figura hazañosa evade la mera crónica naval y entra en la historia de la mano del patriotismo que no requiere explicación.

No obstante, el enigma ronda. Para empezar, el lugar era y no era argentino, según fuesen los documentos y las reclamaciones a que se atendiese. Chile estaba en Punta Arenas, y la Argentina, algo más lejos, en Carmen de Patagones. Pero, de nuestro lado, para todo había que recurrir a Buenos Aires, donde muy poca atención se prestaba a cuanto no tuviese que ver con las enconadas luchas en que entonces vivíamos.

En rigor, se pensó que la elección de Piedra Buena había sido un simple ardid para quedar ajeno a cualquier control gubernamental, seguramente con intenciones non sanctas. Acaso -decían- quería explotar a los indios, o vender permisos fraguados de caza de lobos, o abordar los barcos que los temporales arrojaban sobre la costa. Todo esto se dijo y se repitió por años, y todo fue siendo desmentido una y otra vez por los hechos, con machacona insistencia.

El recordado historiador Raúl Entraigas, sacerdote salesiano y medio paisano de Piedra Buena, narra la vida de éste en un libro de sugerente y extraña lectura (2). Por ahí, de pronto, parece una hagiografía, sólo que en la página siguiente está la constancia documental. No, no explotaba a los indios y, por el contrario, buscaba paliar las desgracias de la aculturación que padecían. Paupérrimo vigilante anglófono, cuidaba que los loberos contasen con permisos expedidos en Buenos Aires. Y los sobrevivientes de catástrofes, los extraviados en el páramo o en el fragor de las tribus, recibían la ayuda posible.

Vista con ojos actuales, su situación era bastante absurda: Piedra Buena estaba avecindado en Punta Arenas y gozaba de buen concepto en esa población donde tenía sus bienes, consistentes en un almacén y una fábrica de aceite. Molestaba sobremanera su adhesión a la Argentina, sin perjuicio de que constantemente se le pidiese colaboración. A su turno, Buenos Aires lo consideraba no más que un agente, alguien útil a falta de otro mejor y más formal. En 1868 sus servicios son recompensados -en gesto que equivalía a un desplante- con la entrega en propiedad de la Isla de los Estados, que no era reconocida como argentina por Chile. Piedra Buena cazaba allí lobos marinos y pájaros niño (3) que procesaba en Punta Arenas, sin que nunca la autoridad trasandina le hiciera cuestión. Si su presencia sobre el río Santa Cruz fijó allí el límite norte de las reclamaciones chilenas, su asumida condición de propietario trajo la primera tácita aceptación del principio general de que las costas atlánticas corresponden a nuestro país.

Hasta el Cabo de Hornos. Durante diecinueve años -hasta que en 1878 llegó a Santa Cruz la llamada escuadra de Sarmiento-, la Argentina austral fue Piedra Buena, y únicamente él. Su noción de lo que debía hacer era clarísima, y es evidente que no provenía de indicación gubernamental alguna. Para él eran argentinas toda la extensión entre el litoral y los Andes, y la mitad del Estrecho de Magallanes y de Tierra del Fuego hasta el Cabo de Hornos. Sin instrucciones precisas, sin intemperancias, sin fuerzas para sustentarlas, sin conocer los designios de los negociadores, lo hizo todo y lo hizo bien.

Cuando el ilustre Félix Frías arribó a Santiago de Chile como enviado de nuestro gobierno, lo creía un pirata, un inescrupuloso, un espía chileno, un tendero desesperado por juntar dinero, un patán frecuentador de tolderías... Entretanto, Piedra Buena, que ni sabía de esas injurias, hilaba fino, y un día conseguía la amistad de una tribu, otro levantaba una cartografía que indicaba que por ahí navegábamos, o enviaba gente a hacer recorridas y mejorar el mapa.

Murió a los cincuenta años, en pleno trance de reconocimientos y menciones, con un despacho de teniente coronel honorario de Marina y muy escasos bienes, lo que demuestra lo fantasioso de tantas imputaciones. Queda de él profusión de datos, de historias verdaderas y comprobadas, de anécdotas edificantes, y también una sombra de misterio adherida a su silencio esencial, no ya de marino sino de marino mitológico.

Nunca explicó nada, sin duda porque no creyó necesario hacerlo. Sin mengua, pudo haber sido norteamericano; pudo, asimismo, haber sido chileno y nadie hubiera osado reprochárselo. Pero quiso ser argentino, y lo fue -casi a contrapelo de su vida- de un modo tan absoluto y sacrificado que parece cuento. 

(1) De tal manera, Piedra Buena fue el 1er. argentino que puso pie en la Antártida. 
(2) "Piedra Buena, caballero del mar", Bs. As, Edit. El Elefante Blanco, 2000. 
(3) Se llamaba así a los pingüinos. 

Artículo de Raine Golab (historiadora, investigadora y amante de la Patagonia)

Por Felipe Cárdenas (h) - Todo es Historia Nº 13 y homenaje del sitio Historia y Arqueología Marítima (Carlos Mey) "al mayor navegante de nuestras costas..." 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Lecturas para veganos, vegetarianos y afines


05/05/11 - “Flexitarianos”: vegetarianos en retirada
10/04/14 - Basta de verso, vegetarianos!

En estas entradas previas junté una serie de artículos y conceptos sosteniendo que comer carnes es una cultura normal y beneficiosa que debe ser valorizada y no demonizada. Que las corrientes que fomentan el veganismo o sus variantes -aunque puedan ser divulgadas en libertad- utilizan en su favor muchos argumentos falsos y hasta ofensivos para los demás. A veces se convierten en tristes movidas snobs, o peor, intentan imponerse al resto de la gente en franca actitud facista. Suelen pertenecer a un sector poblacional que tiene la suerte de no sufrir necesidades y puede elegir alimentos a veces más caros y sofisticados. Porque es una verdad incontrastable que, en todo el mundo, quienes la reman y aspiran a elevar su calidad de vida procuran un mayor consumo de proteínas de origen animal. China y el sudeste asiático son un claro ejemplo. 

Las únicas objeciones al consumo de carnes dignas de ser discutidas pueden ser las referidas a la cría y faena de animales domésticos para proveer de alimentación de calidad a la vasta población humana, y son básicamente dos: la emisión de gases contaminantes/contribuyentes al calentamiento global provocados por la ganadería y la supuesta crueldad infringida al sacrificarlos en frigoríficos. Ambas son rebatidas contundentemente con bases científicas: el balance de carbono de la producción ganadera que generó dudas partió de fundamentos equivocados que luego debieron corregirse. Y los animales son criados con protocolos de bienestar aceptados mayoritariamente y sacrificados de modo indoloro. Aunque las conclusiones son claras para todo aquel que desee informarse bien, nada se puede argumentar contra la sensibilidad de las personas que se impactan al imaginar ciertas imágenes, porque son reacciones individuales lógicas. Solo me atrevería a responder que la falta de proteína animal provocaría hambrunas dolorosas de consecuencias peores y, del mismo modo y bajo ese pensar, debería prohibirse la pesca, la poda de frutales e incluso la cosecha de cereales y oleaginosas, todos seres vivos. Claro está, también impedir el tratamiento de plagas hogareñas (cucarachas, piojos, ratas) o agropecuarias (chinches, gusanos, gorgojos, langostas, aves, etc.)

Hay otras objeciones, ya no de orden ambiental o humanitario, que deben ser atendidas con seriedad. Son las derivaciones negativas del exagerado consumo de carnes, la necesidad de su inclusión equilibrada en la dieta y la acusación a los alimentos procesados en base a carne de ser agentes carcerígenos. Acá también hay mucho para informarse y sacar conclusiones válidas. Requieren precauciones y un comportamiento responsable de nuestra parte.

Nuevas lecturas que aclaran todas esas cuestiones me motivan a seguir removiendo el avispero, para ofrecerlas a quienes quieran ampliar su información. Para no repetir slogans, como hicieron hace poco los ignorantes legisladores de la ciudad de Buenos Aires con los "lunes sin carne". Como hacen los funcionarios vendehumo que prohíben otra vez la exportación de carnes argentinas para fracasar con lo mismo. Horanosaurus.  

PD: una alianza secreta entre la máquina de hacer pobres peronista y los vegetarianos, consiguió en 2021 que el consumo de carne vacuna de los argentinos haya tocado su mínimo histórico registrando 48 Kg./habitante al año (logro que rivaliza con la pobreza récord del 42% y la veda educativa más larga del mundo). Se estima que en pocos años más, los vegetarianos habrán vencido y la oligarquía ganadera deberá buscar asilo en países vecinos. No es una fake new de los medios hegemónicos comandados por Magnetto para desprestigiar al gobierno nacional y popular de Cristina, el príncipe Máximo y los camporitos. Es una triste realidad que no pueden explicar. 

¿Es el ser humano “naturalmente” vegano? Acá vas a encontrar la respuesta

Bichos de Campo. 21/04/21.

José Jáuregui, doctor Ciencias Agrarias por la Universidad Nacional de Mar del Plata, se define como un “investigador con los pies sobre la tierra”. Trabaja como técnico de desarrollo en una empresa de semillas forrajeras y tiene un emprendimiento propio dedicado a realizar análisis de interés agropecuario con uso de imágenes obtenidas a través de drones, además dar clases en la Universidad Nacional del Litoral. En el presente artículo presenta evidencia científica sobre una cuestión muy debatida en los últimos años.

En muchas ocasiones hemos escuchado hablar de cómo el veganismo puede salvar al planeta. Y por qué es importante que nos volquemos en forma drástica y urgente a esa práctica para poder sostener la vida en la tierra. En una nota anterior para Bichos de Campo he discutido por qué muchas afirmaciones de este movimiento son falsas. Pero hoy quiero detenerme en otro dilema interesante: ¿son los seres humanos “naturalmente” veganos? Es decir, ¿están fisiológicamente aptos para el veganismo en todas las etapas de su vida? 

Empecemos por el principio. El ser humano es, por definición, un animal omnívoro porque es capaz de digerir vegetales y carnes. De hecho, el consumo de carne parece haber sido central en el desarrollo de los primeros homínidos. Tal es el caso de Homo erectus, cuyo desarrollo evolutivo puede ser explicado por el cambio de dieta. 

Homo erectus se diferenciaba sustancialmente de otros homínidos debido a que presentaba un cerebro más grande, dientes y músculos masticatorios más pequeños, menor fuerza de mordida y un estómago más pequeño que el de sus antecesores.

El consumo de carne y el uso de herramientas parecen haber sido claves para lograr esos cambios. Esto se debe a que la carne presenta mayor concentración energética que los vegetales y requiere menos tiempo de masticación que éstos. Si la dieta de H. erectus incorporaba 1/3 de carne, esto significaba dos millones menos de ciclos de masticación (13%) al año y un 15% menos fuerza masticatoria comparados con una dieta de vegetales. Comer carne permitió entonces liberar energía para desarrollar el cerebro. El cerebro humano es una máquina complejísima que consume entre 350-450 kcal/día. Eso equivale al 20-25% del requerimiento de un adulto.

En los niños de 5 a 6 años de edad, el cerebro puede ser responsable del 60% del total de la energía requerida. Para que el ser humano primitivo haya tenido oportunidad de desarrollar su cerebro, fue necesario desviar una gran cantidad de energía. Esto se logró consumiendo carne, usando utensilios y, más tarde, cocinando los alimentos. Como consecuencia, nuestro aparato digestivo se achicó y nuestro cerebro se agrandó. Gracias a esos (y otros procesos), hoy somos Homo sapiens.

Ahora quiero invitarlos a pensar un poco en anatomía comparada. ¿En cuánto se parece un ser humano (omnívoro por naturaleza) y un rumiante (especialista en digerir celulosa, indigestible para el hombre)? Digamos que en poco. Una vaca tiene varios “estómagos”. Para el caso de una vaca lechera de 550 kilogramos, el retículo-rúmen tiene un peso de 12 kilogramos, el omaso de 6 kilos y el abomaso de otros 3 kilos. El peso total de esos “estómagos” (21 kilogramos) equivale al 4% del peso vivo total del animal. Gracias al tamaño gigantesco de su aparato digestivo, esa vaca es capaz de comer el equivalente al 10-15% de su peso vivo (50-75 kg) de alimento por día. La razón de semejante ingesta y de esos “estómagos” tiene que ver con que la celulosa (un componente mayoritario en la pared celular vegetal y la molécula biológica más abundante de la tierra) es una molécula de difícil digestión y de bajo valor nutricional. Y requiere, por eso, de intermediarios (bacterias) para ser degradada y aprovechada por el rumiante.

La fermentación bacteriana ocurre mayormente en el retículo-rumen y el omaso. La comida que llega allí alimenta primero a billones de bacterias y protozoos capaces de degradar, entre otros compuestos, a la celulosa. La degradación de esos compuestos resulta en la liberación de ácidos grasos volátiles que servirán como fuente de energía para el rumiante.

El abomaso libera enzimas similares a las de otros animales monogástricos como el hombre. Por eso, la digestión en un rumiante es mayormente de tipo bacteriana: son las bacterias las que descomponen el alimento y liberan compuestos que luego son utilizados por el rumiante.

Ahora analicemos qué pasa con el ser humano. Homo sapiens tiene solo un estómago. Su peso promedio en un adulto es de 150 gramos. Considerando un peso adulto promedio de 75 kilogramos, el estómago es solo el 0,2% del peso vivo. ¡Esto es 20 veces menos que el de una vaca! Esto se asocia a su historia evolutiva. Homo sapiens desciende de los primates, que eran omnívoros. Comer animales, como ya mencionamos, les permitió destinar energía a satisfacer un cerebro hambriento y permitió el giro evolutivo que dio origen al hombre moderno. Asimismo, la digestión en el ser humano es mayormente enzimática (no hay bacterias que digieran alimento como en los rumiantes). De allí que ningún ser humano sea capaz de digerir celulosa.

Entonces, ¿es el ser humano naturalmente vegano? La evidencia científica indica que no. Somos omnívoros por naturaleza y nuestro sistema digestivo así lo indica. Asimismo, la dieta vegana debe ser supervisada por un profesional de la salud para evitar carencias que deriven en problemas serios de salud, particularmente en infantes. Y es una dieta no aconsejada para niños en activo crecimiento por la Sociedad Argentina de Pediatría y otras asociaciones similares de los principales países del  mundo. Además, en un país con 50% de niños por debajo de la línea de pobreza y con serias carencias nutricionales, resulta paradigmático que se proponga el veganismo como una alternativa “saludable”. Entonces, ¿por qué no abogar por una dieta equilibrada que responda a nuestra fisiología digestiva?

Referencias bibliográficas

-Zink, K.D. and D.E. Lieberman, Impact of meat and Lower Palaeolithic food processing techniques on chewing in humans. Nature, 2016. 531(7595): p. 500-503.
-Rolfe, D. and G.C. Brown, Cellular energy utilization and molecular origin of standard metabolic rate in mammals. Physiological reviews, 1997. 77(3): p. 731-758.
-Gibbons, A., Solving the brain’s energy crisis. Science, 1998. 280(5368): p. 1345-1347.
-Reynolds, C., et al., Visceral tissue mass and rumen volume in dairy cows during the transition from late gestation to early lactation. Journal of dairy science, 2004. 87(4): p. 961-971.
-Haddad, S., C. Restieri, and K. Krishnan, Characterization of age-related changes in body weight and organ weights from birth to adolescence in humans. Journal of Toxicology and Environmental Health Part A, 2001. 64(6): p. 453-464.
-Aguirre, J.A., et al., Compromiso neurológico grave por déficit de vitamina B12 en lactantes hijos de madres veganas y vegetarianas. Arch Argent Pediatr, 2019. 117(4): p. e420-4.
-Nutrición, C.N.d., Dietas vegetarianas en la infancia. Archivos Argentinos de Pediatría, 2020. 118(4): p. 11.
-Ferreiro, S.R., et al. Recomendaciones del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría sobre las dietas vegetarianas. in Anales de Pediatría. 2020. Elsevier.
-Pawlak, R., To vegan or not to vegan when pregnant, lactating or feeding young children. European journal of clinical nutrition, 2017. 71(11): p. 1259-1262.
-Richter, M., et al., For the German Nutrition Society (DGE).(2016). Vegan diet. Position of the German Nutrition Society (DGE). Ernahrungs Umschau, 2016. 63(04): p. 92-102.



El consumo de carne en forma moderada es clave para el desarrollo

Las proteínas, vitaminas y minerales que aporta son importantes para el mantenimiento de la masa muscular, las defensas y el desarrollo cerebral. Por Alberto Cormillot (*) InfoBAE 08/04/21.

La carne es una pertenencia al ser humano, es una tradición gastronómica y de identidad colectiva del hombre a lo largo de la historia. El asado no es argentino, el asado es la primera comida que comió el hombre, y la comió hace un millón de años o más. 

Cuando hablamos de carne, podemos referirnos a los factores filosóficos o los nutricionales, que es el aspecto en el que yo hablo. De las energías y las proteínas que da carne, vitaminas y minerales que brinda al organismo. Todo esto ayuda al mantenimiento de la masa muscular, producción de enzimas, de hormonas, energía, sistema nervioso central, las defensas, el hierro, el zinc, las vitaminas del grupo B, las proteínas, son importantes para las defensas. Ayudan a proteger la piel, previenen la anemia y fomentan el desarrollo de cerebral. 

Un bife de 100 gramos cubre el 30% de las proteínas, el 4% de las grasas, depende del tipo de carne que sea, ¿no? vitaminas del grupo B, en cantidad variable que puede ir del 20% al 60%, la B12 cubre el 85%, el 14% de hierro, y el 45% de zinc. Tiene selenio también, y bueno es como proteína es la proteína completa junto con la de la clara de huevo, son las proteínas más completas que hay, quiere decir que tienen todos los aminoácidos que son necesarios para para hacer una alimentación saludable.

Con respecto al hierro, se la destaca porque la anemia, a nivel mundial es un problema crítico y las personas que comen un poco de carne están haciendo prevención de la anemia. La carne tiene sus aspectos importantes en el niño, en el embarazo y en el adulto mayor. En la niñez, es indispensable, un chico que no tenga hierro es un chico que se distrae, un chico que rinde menos en el colegio.  

Cuando se la asocia al desarrollo de ciertas enfermedades, hay que recordar que esto se refiere a las carnes procesadas, como los embutidos. La carne procesada se refiere a la carne que ha sido transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación. La mayoría de las carnes procesadas contienen carne de cerdo o carne de res, pero también pueden contener otras carnes rojas, aves, menudencias o subproductos cárnicos tales como la sangre. 

La carne procesada fue clasificada como Grupo 1, cancerígeno para los seres humanos. Esta categoría se utiliza cuando hay suficiente evidencia de carcinogenicidad en humanos. En otras palabras, hay pruebas convincentes de que el agente causa cáncer. La evaluación se basa generalmente en estudios epidemiológicos que muestran el desarrollo de cáncer en humanos expuestos ya que provoca cáncer colorrectal. También se vio una asociación con el cáncer de estómago, pero la evidencia no es concluyente. El riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida. Cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en aproximadamente un 18%.  

*El doctor Alberto Cormillot es un reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista. Fundó y dirige la Clínica de Nutrición y Salud que lleva su nombre, Dieta Club, la Fundación ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad) y el Instituto Argentino de Nutrición, desde donde asesora a industrias para la elaboración de productos dietéticos y saludables. Realización: Melanie Flood y Thomas Khazki / Edición de video: Patricio Staricco/ Producción: Macarena Sanchez. 

La amenaza del lobby contra la carne vacuna

Según estudios de la Universidad de Oxford, para producir 100 gr de proteínas, los bovinos demandan más tierras y agua que los granos, y generan mayor contaminación. Sobre esta base, grupos ecologistas y veganos de la UE proponen desacoplar la producción de carne del uso de recursos naturales. La estrategia para enfrentar esta visión que intentan imponer a nivel mundial, según el investigador Ernesto Viglizzo. Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne. 22 de junio, 2020.

“Lunes sin carne”: enojo en el agro por una adhesión de la Legislatura de CABA

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) defendió el consumo de este producto ante la declaración de “interés ambiental” de esa campaña. LN 03/05/21.

Luego de que la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires aprobara un proyecto de declaración de interés ambiental para la campaña global “Lunes sin carne”, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) remarcó que la ganadería local solo aporta el 0,15% de las emisiones globales. Además, señaló que su sistema de producción “mejora la fertilidad del suelo, evita la erosión y es beneficioso para la biodiversidad”. También destacó que la carne es un producto de calidad en términos de nutrición.

La legislatura porteña aprobó la semana pasada una iniciativa impulsada por Mercedes de Las Casas y Carolina Estebarena, ambas de Vamos Juntos. Según recuerdan las legisladoras en su proyecto, “Lunes sin carne” es una campaña internacional sin fines de lucro que “alienta a las personas a no comer ningún tipo de carne los días lunes”.

En 2003 el publicista Sid Lerner, junto con la escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, promovió la campaña para prevenir enfermedades por el excesivo consumo de carne. En tanto, desde 2009 Paul McCartney y sus hijas Mary y Stella han tomado la iniciativa y le dieron un impulso.

Tras conocerse lo resuelto en la Legislatura porteña, el IPCVA emitió un documento titulado “La ganadería vacuna no es parte del problema sino parte de la solución”

Allí precisó que “las afirmaciones que favorecen una ingesta baja de carne son cuestionadas científicamente”. Añadió: “La carne es un alimento de alta calidad bien conocido por los seres humanos rico en nutrientes esenciales, como los aminoácidos de alto valor nutritivo que nuestro cuerpo no puede sintetizar en las cantidades adecuadas, EPA (ácido eicosapentanoico), DHA (ácido docosahexaenoico) omega-3, hierro hem, vitaminas B12 y D3, creatina, carnosina, taurina, particularmente importante en el desarrollo cerebral de los bebés”. 

“Esto último es relevante ya que estudios llevados por equipos de profesionales del Hospital Garrahan de Buenos Aires han demostrado el riesgo, particularmente en lo que hace a deficiencia de vitamina B12, que corren las madres veganas que no incluyen carne en sus dietas antes de la concepción hasta el final de la lactancia materna”, indicó.

Según el organismo, “los sistemas de producción basados en el pastoreo contribuyen a mejorar la fertilidad del suelo, evitan la erosión, son beneficiosos para la biodiversidad y, en el caso particular de la agrosilvicultura, adicionalmente mejoran los ingresos de los productores derivados de la madera y el ganado que pastorea las forrajeras implantadas en el monte”. 

Secuestro de carbono. “En nuestro país, el aporte de la ganadería vacuna a las emisiones totales del planeta es de solo 0,15 %. Se destinan aproximadamente 65 millones de hectáreas a la ganadería, tierras que no son aptas para la producción de otro tipo de alimento para el hombre. El uso de un área de tierra tan significativa a través del pastoreo implica que el secuestro de carbono (CO2) atmosférico en el suelo es más relevante de lo que se pensaba anteriormente. La energía utilizada por el ganado para vivir deriva de la fijación de CO2 a través de la fotosíntesis por parte de las especies forrajeras que consumen. El CO2 permanece en la atmósfera por mucho más tiempo que el metano producido en la digestión de los alimentos por los vacunos. Por lo tanto, si bien el valor de emisión del metano es mayor, cuya magnitud es motivo atcualmente de revisión, al permanecer menos tiempo resulta en un efecto ambiental neto menor”, explicó. 

El IPCVA apunta contra “el lobby de los países más industriales y contaminantes del mundo” que, precisó, “ha impulsado con una fuerte política comunicacional que se le preste atención exclusivamente a las emisiones pero no al secuestro”.

“Ello pone en un pie de desigualdad a la producción de ganado vacuno, por ejemplo en nuestro país los factores por defecto provistos por el IPCC subestiman en un 32% la acumulación de carbono en la biomasa aérea de los renovales”, señaló. 



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sábado, 15 de mayo de 2021

Me voy a borrar (digitalmente)




A pesar de mis varias décadas, sigo siendo fundamentalmente un tipo curioso que se apasiona buscando información en distintas fuentes, deteniéndome en lecturas que puedan enseñarme algo. Terminan sorprendiéndome, asombrándome, alegrándome, fastidiándome o resultándome intrascendentes. Los tópicos pueden ser políticos, culturales, científicos o deportivos. El que leyó algo en este blog sabe de mis intereses. Otra manía me incita a archivar cuidadosamente muchas de esas novedades, analógica o digitalmente, para cuando me resulte necesario refrescar mi memoria. Pero un tercer impulso me obliga a compartir a diario con mis seres más próximos el placer de esos pequeños grandes descubrimientos cotidianos. "Che, mira esto! ¿Lo leíste?" 

Para comunicarme y satisfacer esta necesidad, durante años usé el correo electrónico pero en los últimos tiempos -como casi todo el mundo- lo he reemplazado por el uso de la aplicación telefónica Whatsapp. Así envío mis inquietudes futbolísticas, políticas o melómanas, links o cortos comentarios o simplemente memes o chistes de esos explícitos que abundan en esa red a amigos y afines.  

A ellos, quiera o no, los tengo mentalmente clasificados. Es la triste verdad y trato de explicarlo aunque pueda adivinarse. No envío bromas  futboleras a ciertos  amigos "cuervos" (sanlorencistas) amargos porque pueden ofenderse, pero provoco a algunos con sentido del humor más amplio que se aguantan la cosa. Solo comparto mis convicciones políticas con gente que las entienda, intentando no herir susceptibilidades de quienes piensan muy diferente. Ya no cometo el error generalizado de pretender convencer de algo a quienes se cierran a opiniones ajenas para protegerse y sentirse seguros. Suelo ser más cuidadoso con eso todavía porque -como es sabido- el odio facho-kirchnerista ha dividido a las familias y por estos lares es usual la famosa "grieta" que nos separa. También comparto cosas de ganadería y carnes con gente del ambiente. Y así.

Desde hace relativamente poco uso la red tweeter para estar informado sobre temas muy específicos y Facebook para estar al tanto de un circulo pequeño de parientes lejanos. Ninguna me desborda y sigo siendo torpe para usarlas. Trato de no ampliar demasiado su espectro para no verme inundado de fotos de gente con mascotas pegajosas y frases de esperanza en el futuro rodeadas de corazones con purpurina. Ni engancharme con los comentarios de soberbios que escapan para adelante. Escasea tanto la humildad en la Argentina! 

Pero quisiera volver sobre aquella idea: clasificar a las personas. Más allá de la sensibilidad y cariño, atención o indiferencia que ponemos en las personas que nos rodean, estoy convencido que jamás llegamos a conocernos profundamente con los demás. Ni siquiera con los más íntimos. No está bien ni está mal, no es crueldad ni cinismo: es ineludible. Es la separatidad con la que fuimos inventados. Somos burdos e impacientes pero fundamentalmente somos 'ombliguistas': aunque podamos destacarnos y ser más o menos buenos en algún ámbito, todos nos ahogamos en nuestro propio vaso de agua. La vulnerabilidad nos es común a todos pero en cada caso con debilidades y matices diferentes, que ocultamos con distinto celo para parecer más fuertes. 

Por lo tanto, sin compartir físicamente grandes cosas a diario ni llegar a profundizar nuestra amistad, todos optamos por clasificarnos con lo que tenemos a mano. Es la vía rápida para relacionarnos y disminuir los daños colaterales. Así, con ese viejo amigo de secundaria que es de River y gran lector, puedo compartir alguna noticia cultural y quizás un chiste picante aunque no machista porque tiene un hijo homosexual y puedo herirlo. A esa compañera de trabajo que sabe tanto de temas agropecuarios pero que es acomodaticia, puede resultarle chocante criticarle algún jefe o proponerle adhiera a una queja grupal. Con aquel antiguo compañero del posgrado solo intercambiaremos algún artículo de ciencias o nos recomendaremos miniseries de Netflix pues no se que otras cosas lo conmueven. ¿Sigue con la misma mujer de siempre?

Aún siendo las relaciones superficiales, de tanto en tanto se presentan asperezas con nuestros interlocutores digitales. Algunos suponen equivocadamente que cuando les envío el link a una noticia tienen la obligación de abrirla ipso facto o emitir opinión. No, estimado amigo! Si querés leéla cuando puedas y sino borrála. ¿Tan difícil es comprenderlo? Alguno se quejó por recibir algo mío en horario trasnoche. ¿Qué se yo cuando te vas a dormir o cuando tenés sexo o si no tener sexo te produce histeria? Apagá el sonido, salame! Un amigo, lamentablemente desocupado, me protestó haberle enviado un mensajito cuando estaba en una reunión de negocios (?). Un querido primo mío, quizás quien más festeja con emojis sonrientes los chistes que le envío, en un mal día me recriminó haberse levantado a trabajar muy temprano por no poder contestarme una consulta amigable. Le pedí disculpas igual, por cortesía. Obvié recordarle que cualquier niño podría administrar la lectura de los mensajes de su teléfono celular sin estresarse. Pero debo admitir que esas reacciones, por injustas o imprevistas, me lastiman. Quizás hieran mi orgullo de leonino. Quizás exagere.

Prima facie parece un problema de falta de amplitud mental de los demás. No obstante debo obligarme a suponer que el equivocado soy yo por tirar disparos digitales que supongo afines a quienes respeto y tengo presentes pero importuno.  Lo remarco: no es una práctica indiscriminada. 

La cosa no es muy auspiciosa, disculpen el pesimismo. La gente en la Argentina suele ponderar nuestro supuesto culto de la amistad a fuerza de asados o rondas de mate o café, abrazos pegajosos y besitos en las mejillas. En eso nos creemos diferentes y nos gusta pensar que en otros lados las relaciones humanas son frías y desoladoras o, al menos, de menor calidad. Pero la realidad demuestra que no prestamos la menor atención a los sentimientos que asolan a nuestros seres más queridos: no deseamos saber los pensamientos, diligencias, satisfacciones, goces, preocupaciones y apuros que tienen a maltraer o apasionan a los demás. Suficiente tienen con lo suyo.

Alguna vez quise resumir puerilmente esas conclusiones con una frase que tiré en algún lado de este blog. No es muy brillante, perdonen. Quedó así: "Conservo amigos de la escuela. Un motivo de orgullo que la gente suele destacar. Carece de toda importancia pero todos vamos a llegar un mes tarde a nuestros velorios". ¿De que sirve la amistad si no se puede ayudar al otro en los momentos más jodidos o nos está vedado compartir alguna vez los ratos felices? Justo la escucho a la Sarlo en la TV diciendo que con cada amigo que tiene comparte cosas diferentes. Me alegro por ella pero a mi no me sirve. 

Admito entonces utilizar una clasificación utilitaria y rústica que aplico a los demás, desconociendo circunstancias que jamás me cuentan o no atiendo porque tengo bastante con el nivel de agua en mi vaso. Tengo constancias y pruebas que demuestran que los demás usan el mismo atajo conmigo. Por ejemplo, uno de mis mejores amigos no sabría decir como se llama la repartición en la que trabajo desde hace más de veinte años. Otro muy cercano no recordaría los nombres de mis hijos. Hay uno que suele comentar sus separaciones amorosas, en promedio, unos 6 a 8 meses después de pasado el conflicto sentimental. Una práctica generalizada, a esta altura de nuestras vidas, es ocultar nuestras dolencias físicas como si fueran secretos de estado o sacrilegios. En el último café que tomé con mis amigos, estaban todos muy ansiosos: cada uno esmerado en su propio relato e indiferente al ajeno. Hice la prueba de mantenerme callado y solo atinaron -a los postres- a preguntarme como andaba. 

Alrededor del intercambio de mensajes y mails asoman cosas parecidas. No todos tienen que interesar al prójimo, claro está. Algunos se prestan al juego y responden cuando lo consideran. Otros nunca. Otra certeza es que hay gente que no tiene facilidad para escribir. Muchos más de lo que Uds. creen un montón no tiene ningún manejo de la ironía y degluten todo literalmente. Todo es aceptable y está bien porque tenemos longitudes de onda diferentes. Pero aquí cierran para mi estas circunstancias: a veces me siento molestando y mendigando alguna reciprocidad a mis conocidos. Intento compartir sensaciones motivantes que nos conecten y, salvo honrosas excepciones, no obtengo respuestas o recibo algún misil. Puedo no resultar un tipo con atractivos pero, estoy seguro, no soy el menos pensante ni el más tonto de todos y mi mayor fuerte es ser humilde y leal. 

¿Los de mi trabajo? Un capítulo aparte. Uno no los elige, vienen en el paquete. Salvo uno o dos, les encanta compartir chusmeríos que arrojan sombras sobre los demás pero ocultan bajo siete llaves "los mandados" que les hacen a los jefes y no mencionan los beneficios que reciben por agachar la cabeza y no protestar por las inequidades. Hasta el fin de la humanidad, será más negocio callar y no ser crítico. Esta gente es una máquina de producir pequeñas traiciones. Convengamos, en la vida cualquiera puede ser ignorante y nos puede tocar ser mediocres. Siendo humilde eso puede tolerarse: lo que es imperdonable y patético es ser ignorante y, además, ser soberbio. Para su bien, suelen no darse cuenta de su bajeza. Mi trabajo es externo y, aunque exije pocas horas semanales de oficina, obliga a una convivencia intensa en los viajes. Algo así como esos campamentos juveniles: en pocos días sabías bien quien era quien con mayor certeza que durante un año entero de clases. Las situaciones dramáticas quiebran las lealtades con facilidad y exponen blanco sobre negro el verdadero rostro de las personas. 

De todos estos candombes no tienen culpa las redes sociales pero el uso que le damos colabora para visibilizar la superficialidad de la gente, haciéndonos suponer falsamente que con ellas combatimos la soledad, que estamos rodeados de amigos o que somos diferentes por escribir alguna frase exótica o grandilocuente. 

Pues bien, voy a aprovechar que el 15 de mayo los administradores de Whatsapp obligan a sus usuarios a aceptar nuevas condiciones de manipulación de nuestros perfiles para fines comerciales y voy a desinstalar su aplicación. Aunque ciertamente me expondré a una sensación de soledad mayor a la preexistente buscando compañía humana en mi teléfono celular, mi ausencia quizás provoque alguna extrañeza. Como si Horacio se hubiera muerto de golpe (por ahora virtual y voluntariamente). A lo mejor así, los demás se dan cuenta del pequeño mundo que estuvimos compartiendo y lo extrañen por default. 

Yo ya tengo a quien abrazar y amar profundamente y echaré leña a las ilusiones que mantengo para seguir soñando. Esto es solo una pequeña mueca de cansancio. El mundo no creo que cambie demasiado. Horanosaurus. 

PD: pasados unos años, Whatsapp sigue en pie incólume y yo he incumplido la premisa de desafectarme. La única victoria concreta fue ir borrando en forma contínua de mis agendas virtuales a quienes no me han llamado ni enviado mensajes compartiendo inquietudes ni contestado envíos en los últimos meses. Me acabo de enterar que es un hábito que está muy de moda y que los chicos llaman "ghosting". Que gracioso!  



BONUS TRACK 1: una visión más contemporizadora, para seguir pensando la cosa. 

Los diferentes intercambios dentro de una tribu

Clarín Sociedad 08/04/23. Por Daniel Ulanovsky Sack. Sub-artículo de “La sensación de no pertenecer, de no haber sido invitado donde estoy me acompaña a lo largo de la vida”. Clarín Sociedad. Mundos íntimos. Por Lisandro Varela, creador del proyecto 40 argentinos dicen.

Al castellano le falta una palabra (y si cometo un error, agradezco me lo hagan saber). Existe el término “amigo”, que destila hondura y significados. Y existe “conocido” o “allegado” para indicar una relación de cierta lejanía: sé quién es, qué hace, pero no más. ¿Cómo definimos, entonces, los vínculos amistosos? Los muchachos del club, los compañeros del trabajo, el grupo de padres de la escuela, la gente que nos cae bien y alguna vez invitamos a nuestro cumpleaños pero con quienes no sostenemos una charla confesional. Hablamos genéricamente de amigos, pero no lo son tanto, no los llamamos a las dos de la mañana el día que nos pasó algo fulero.

Si esa palabra existiera, quizás el tema de hoy sería algo diferente. Tendríamos conciencia de que hay espacios sociales en los que rara vez se debate algo en profundidad. Un ambiente liviano. Definámoslo como un intercambio dentro de una tribu. Hablás con los que te caen mejor y con los que no tanto. Quizás si hay onda con alguien se impone un encuentro más íntimo para un café o una cena que de lugar a más. ¿Esto le quita densidad a esas reuniones en las que veinte personas conversan algo apretadas en un living mientras se cruzan unas con otras?

No lo diría: creo en la necesidad de hacer nuevos amigos a cualquier edad. Quizás sea más difícil de adulto pero el tiempo nos cambia y buscamos “interlocutores” nuevos. Los amigos de la infancia -los que no han quedado en el camino- tienen una potencia extraordinaria, pero no son excluyentes. Y la forma de ampliar el núcleo íntimo es conocer personas en circulos más amplios.

Cierto que en el entretiempo a veces nos podemos sentir como sapo de otro pozo: gente con la que no tenemos nada en contra (en ese caso, sería más fácil) pero con la que tampoco nos surge abirnos. Sin embargo, si uno no sociabiliza y se queda en la cueva, nunca aparecerán otros mundos. Y eso, a largo plazo, esteriliza: necesitamos de los que ya nos conocen y de los que empezamos a conocer. Los caminos a veces tienen sus dimes y diretes -coincido- pero más asfixiante es la sensación de quedarse varado en la banquina.

BONUS TRACK 2: Aristóteles ya la tenía clara.

Extracto del Caso 4-Amor en "#Piénsalo. 10 casos para la Filosofía" de Tomás Balmaceda (Edic. Lea, 2019)

"Hay algunos que se jactan de tener menos buenos amigos que los dedos de las manos y hay quienes desean tener un millón de amigos (¿alguien puede resistir la tentación de citar a Roberto Carlos cuando se habla de estos temas?). Es el turno ahora del filósofo griego Aristóteles, uno de los nombres más importantes dentro del pensamiento occidental ya que el impacto de sus ideas es tan profundo que es difícil de medir, porque reflexionó y escribió sobre muchísimas temáticas. Tenemos la suerte de que se pudieron conservar muchas de sus obras, que siguen siendo leídas, visitadas y repensadas todavía hoy. Quizás, a diferencia de su maestro Platón, no cuenta con una prosa tan entretenida ni dialogada, pero sus escritos son un ejemplo de rigurosidad, análisis y exposición de argumentos. Aristóteles fue uno de los primeros filósofos en señalar que debemos examinar el mundo y conocerlo mediante la experiencia y el sentido común, además de destacar el valor de la virtud y una conducta ética en nuestra vida cotidiana, incluyendo la manera en que abordamos nuestros vínculos personales. En el libro que hoy conocemos como Etica a Nicómano, decidió dedicar varias páginas a la amistad, porque él entendió que “en la pobreza y en otras desgracias, solemos pensar que los amigos son el único refugio”. Es impactante pensar que una frase así no proviene de un posteo de Facebook que se volvió viral, sino que fue escrita en el siglo IV aC. Para él hay tres tipos de amistades, formas de este amor que todos alguna vez hemos sentido.

El primero es la amistad de utilidad, en la cual dos personas son amigas porque reciben algún beneficio, ya sea mutuo o unilateral, por lo que rápidamente se agota cuando ya no existe este interés. Es ese amigo que nos hacemos en unas vacaciones porque compartimos habitación en un hostel y queremos sentirnos acompañados y seguros, o ese que se nos acerca cuando sabe que podemos hacerlo entrar a una discoteca o a un boliche sin hacer fila. Pero, una vez que se termina el viaje o cuando ya lo hicimos pasar al boliche, dejamos de verlo y tal vez recordemos su existencia porque alguna red social nos avisa que es su cumpleaños. Incluso, si nos preguntan en un momento específico digamos que es nuestro amigo, pero poco tiempo después lo recordaremos como “un conocido” o directamente lo olvidemos. Podemos encontrar ese tipo de amistad entre compañeros de colegio con los que no nos vemos fuera del aula o con colegas en un trabajo. Cuando egresamos, o cambiamos de trabajo, simplemente no tenemos más vínculo.

El segundo tipo de amistad se basa en el placer y es la que predomina en la juventud, cuando nos juntamos con aquellas personas con las que disfrutamos jugar algún deporte, ver un recital o ir a una fiesta y bailar hasta que llegue la madrugada. Es una amistad que termina cuando las personas comienzan a cambiar con el tiempo y dejan de frecuentar este tipo de actividades, vinculadas con la sensualidad, y se vuelven personas mayores y más aburridas (no siempre pasa! Pero todos conocemos al que en el colegio secundario era el más terrible de todos y hoy se pasa día y noche de saco y corbata como gerente del banco. O al que armaba los partidos de Fútbol 5 tres veces por semana, pero que tres años después solo arma la salida al supermercado). Una vez que el placer que nos unió se acaba, también se diluye esa amistad.

Sin embargo, para Aristóteles el tercer tipo de amistad es el que realmente debemos buscar: la amistad “de lo bueno”, en la que dos personas comparten la misma apreciación de lo que es virtuoso, sin que haya mayor provecho que disfrutar de la compañía y las ideas del otro. Se basa en la bondad y el amor al otro: es un vínculo distinto del que mantenemos con nuestra pareja y que es incluso más profundo, porque podemos tener muchos amigos, pero pocas amistades de este tipo. Son los amigos que están con nosotros en todo momento, más allá de toda utilidad o placer.

La base del amor que desarrollamos en esta amistad es la mutua apreciación de las virtudes del otro. Son relaciones profundas e íntimas, que no necesitan un contacto diario, que no se reprochan ni sienten rencor, y que se sostienen por las genuinas ganas de verse y compartir momentos. Es una relación en la que no falta el placer de compartir un recital o una película ni de, por supuesto, ir a tomar una cerveza juntos. Esa amistad es la mejor y la más preciada, pero también la más difícil de alcanzar. Muchas veces se dice que las amistades se cultivan y esto parecer ser lo que está pensando Aristóteles en este caso. La verdadera amistad necesita de tiempo para crecer y consolidarse pero eso no es suficiente: también requiere a dos personas con la suficiente empatía e interés como para superar el mero placer o la conveniencia. Es un crecimiento mutuo, que seguramente tenga espacios de mayores encuentros y diferencias, pero una vez que se alcanza, asegura Aristóteles, es el tipo de vínculo que más satisfacciones da, ya que termina incluyendo lo mejor de los otros dos tipos. Un verdadero amigo, en este sentido profundo, genera el beneficio de saber que contamos con él toda vez que lo necesitemos y también, por supuesto, nos da placer, porque es una compañía que apreciamos mucho y con la que nos sentimos felices.

Cada “día del amigo” una de las frases más repetidas en tarjetas, posteos de Instagram y posters motivacionales es justamente una que escribió Aristóteles: “la amistad es un alma que habita dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas”. Según su visión, si dos personas son amigas en este sentido profundo que acabamos de analizar, si una muere una parte de ella sobrevivirá en su amigo (…)"

BONUS TRACK 3


Clarín. Sociedad. 04/05/24. Por Daniel Ulanovsky Sack. 

Soy un fracaso. Si de redes sociales se trata no he logrado nada. Peor aun, hice poco esfuerzo y ni siquiera puedo proclamar “lo intenté”. Confieso: uso bastante las redes para temas puntuales, buscar un dato, conocer una opinión. Algo (mas que) minoritario. ¿Livin’ la vida loca virtual? Nunca.

Mi derrotero empezó con Facebook. Jamás lo entendí bien, no se si eso habla de mi cociente intelectual (IQ) pero siempre confundía quien respondía a quien y si los mensajes eran privados o públicos. Y al igual que tantos otros, también me quede en el 45. ¿Para que avisar al mundo que había apagado las velitas en una torta de chocolate con merengue? Pero eso no seria lo peor si no la decena de comentarios -algunos de personas que me seguían porque eran conocidos del primo de la abuela- con frases como “Te mereces un día perfecto”, “Hermoso año”, “Te queremos mucho”. Yo intentaba esconderme.

Con Instagram me equivoqué de pe a pa. ¿Una red social solo para fotos? ¿Y donde dicen las cosas? Ah, se muestran simplemente... eso no va a andar. Y así triunfó. En Twitter me parecía ingenioso tener que reducir la idea a su mínima expresión pero me agoto la competencia: había que ironizar, hablar entre líneas, ser mas pícaro que el de al lado, mostrar sabiduría sin que se notara mi supuesta vasta cultura. ¿Y eso varias veces por día tanto para hablar de la levedad del ser como del sándwich de salame y queso? Too much.

Muchos dirán que soy naif pero si alguien se acuerda de mi cumpleaños prefiero -aunque sean tres o cuatro- que lo haga porque nuestra relación tiene cierta hondura. ¿Cuál es el valor de tener un asistente que te impulse a enviar un saludo de cortesía? ¿Somos acaso mas felices o, al revés, nos quedamos un poco mas vacíos de tanta palabra sin contenido? Ya se, atraso muchos años pero -amigos- creo que es mejor atrasar que sonreír con reflejos de neón. Porque esos seducen a la vez que encandilan y al final te impiden intuir el desnudo mundo. Mirás, si, pero ya no ves.