martes, 2 de marzo de 2021
Fotos con agua y cosas parecidas VIII
lunes, 7 de diciembre de 2020
Frases archivadas XVI
"Creo que nunca me preparé tanto para no ejercer". Jorge Alvarez (emprendedor editorial y productor discográfico argentino creador del sello Mandioca, promotor cultural porteño y de la movida madrileña, 1932-2015).
“No importa quién seas, solo tienes tu vida. Pero en los libros tienes millones de vidas y cosas. Para mí, es una forma de ser inmensamente rico. Quizá por eso nunca me importó el dinero. Porque si sabes leer, eres increíblemente rico. Eres tan rico que, si lees todo el tiempo, no alcanzas a pensar en el dinero, que es una minucia comparado con leer”. Frances Ann "Fran" Lebowitz (1950, escritora, periodista y humorista norteamericana en "Supongamos que Nueva York es una ciudad" de Martin Scorsese).
"Nuestros jóvenes de hoy en día aman el lujo, tienen pésimos modales, desdeñan la autoridad, muestran muy poco respeto por sus superiores, pierden el tiempo yendo de un lado para otro y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y tiranizar a sus maestros". Sócrates, filósofo ateniense maestro de Platón (460-399 aC).
“Si un hombre es llamado a ser un barrendero, debería barrer las calles incluso como Miguel Ángel pintaba, debería barrer las calles tan bien que todo los ejércitos del cielo y la tierra puedan detenerse y decir: aquí vivió un gran barrendero que hizo bien su trabajo”. Martin Luther King (predicador bautista norteamericano, 1929-1968).
"La verdadera división no es la que hay entre conservadores y revolucionarios, sino entre autoritarios y libertarios". Eric Arthur Blair "George Orwell" (escritor británico de origen hindú, 1903-1950).
"La excelencia y el mérito son enemigos de la mediocridad que el populismo intenta vendernos como democracia. No se les ocurrió (a los populistas) que en toda sociedad razonable el mérito es la única arma de que disponen los pobres para progresar". Fernando Adolfo Iglesias (1957, escritor, periodista, profesor y político porteño en "La década saKeada", 2016).
"Muchas veces escucho a alguien y digo: ´no lo quiero conocer´ porque me doy cuenta que tiene un ego muy grande". Gavin Harrison (1963, baterista inglés del grupo King Crimson). Setiembre 2019).
"Los secretos del éxito dependen de cómo uno defina el éxito. Pero si nos limitamos a lo convencional, al triunfo en el trabajo, tenemos un sinfín de manuales. Que si levantarse temprano, que si ser positivo, ser audaz, perseverante, competitivo, tener imaginación, curiosidad, pasión, hambre, atención al detalle o estar medio locos. He conocido a grandes triunfadores (...) poseen todas esas virtudes y muchas más, pero hay una cosa que tienen por encima de todas: una tremenda energía. El gran denominador común de la gente super exitosa es que poseen una energía muy por encima de la media común. Una fuerza primaria que les salta a los ojos, penetra la piel e inunda la mente hasta el punto que me provoca vértigo o, quizá más bien, agotamiento ajeno. Llevan motores adentro que operan sólo a altas revoluciones; son fórmula 1 hechos carne". John Charles Carlin, 1956-periodista británico, en "La vuelta al mundo". La Vanguardia. 22/09/19. PD: si la mayoría la usara para el bien común, viviríamos en un planeta mejor.
"En la teoría, ya sabemos, que la gente no busca la verdad, sino la ratificación de sus ideas. ¿A quién se le habla entonces, si nadie cambiará la forma de pensar? A los indecisos, supongo, y a quienes no les interesa el tema". Joaquín Sánchez Mariño (periodista, cronista y novelista argentino, 1985) en "Venezuela, el país de la diáspora que no encuentra su fin". La Nación Ideas 12/10/19.
"El populismo no altera el sistema productivo ni modifica la estructura del ingreso y las desigualdades siguen siendo las mismas. Cuando se terminó el subsidio todo queda igual (...) Está ligado al carisma, al culto a la personalidad, al fanatismo, a las soluciones mágicas, y eso va haciendo muy difícil desarmar esa estructura. Es un mal que no hemos podido curar (...) El populismo aparenta dar respuestas inclusivas sin alterar la distribución. Reduce la desigualdad transitoriamente, mientras tiene financiamiento, pero la distribución del ingreso se debe regular con el sistema impositivo y una política salarial: no regalando plata (...) cuando uno quiere resolver el problema del ingreso subsidiando, es siempre una política de patas cortas". Rodolfo Terragno (escritor, abogado y político argentino, ex diputado, senador, ministro, jefe de gabinete y diplomático, 1943) en "Creer que hay solo dos visiones del país es parte de la desmesura argentina". Setiembre 2019.
"La cuestión (en la Argentina) no es entre izquierdas y derechas, sino entre populismos y republicanos. El gran peligro para mí es la autocracia. Hace falta una épica republicana. Y esta batalla cultural vale la pena". Jorge Fernández Díaz. (1960, escritor multipremiado y analista político porteño, miembro de la Academia Argentina de las Letras) en "La colonización populista es el gran relato institucionalizado por el kirchnerismo" InfoBAE 02/05/21.
"Búsquese en todos los discursos, en todos los libros de esa época, en cuanto hayan escrito Sarmiento, Mitre y Alberdi, que son los profetas del partido liberal de ambas tendencias y no se hallará ni una vez (una) referencia a los oprimidos. No, ellos no descenderán jamás a hablar del individuo aisladamente, del ciudadano común, y menos aún, del pobre, del paisano, del gaucho. No, para ellos que se mecen plácidamente en las alturas etéreas, que conversan con los filósofos y economistas de moda, los paisanos, los gauchos, representan la barbarie, lo bajo, la chusma. Para eso están el juez de paz, el comisario y el comandante militar". Pedro de Paoli en "Los motivos de Martín Fierro en la vida de José Hernández" Editorial Huemul, 1968.
- “Néstor, ¿porqué ahora sos de izquierda si los dos éramos los grandes alcahuetes de Cavallo, vos primero y yo segundo?” - “La izquierda te da fueros, Ramón”. Conversación el ex-senador Ramón Puerta y el ex-presidente Néstor Carlos Kirchner (Río Gallegos-Santa Cruz, 1950-2010, ex presidente argentino y patrón de lo ajeno) a mediados de enero de 2004, en Monterrey. Libro “Doce noches” de Ceferino Reato, 2015. Edit. Sudamericana.
"Si, a veces las canciones son importantes para la gente: amortiguan dolores, acompañan borracheras. Pero es muy relativo (…) es cierto que si subís al escenario la gente te mira con devoción y deposita tu fe en vos, durante lo que dura ese ritual pagano que es un recital... pero el error más grande es que te crea. No hay que creerle mucho a un tipo que canta. Lo mismo pasa con la sobrevaloración de las opiniones políticas de cantantes y actores. Tipos que levantan el dedo como si fueran Umberto Eco. Si sos un artista militante -que no es mi caso ni por puta- y tenés grandes convicciones, tenés la obligación de sostenerlas con actitudes y elementos sólidos. Y en general, la gente a la que he visto levantar el dedo hace agua. Se sobrevalora a los artistas, como si fuéramos muy sólidos intelectual y políticamente. Y la verdad es que la mayoría no lo somos (…) es la culpa burguesa, prima hermana del progresismo de solapa. Siento que hay una mezcla de hipocresía, que apunta a solapar la culpa burguesa". Iván Noble (1968, cantante bonaerense ex Caballeros de La Quema). Marzo 2016.
"Realmente sería muy interesante que diputados y funcionarios que jamás pagaron una quincena y nunca corrieron a las 14:50 al banco para cubrir los cheques jueguen a ser empresarios en la Argentina". Gustavo "Lacha" Lázzari, (1967, empresario PyME y economista argentino). En "El Estado no tiene agallas para ser empresario". InfoBAE 19/05/20.
"Las redes sociales son una pérdida completa de tiempo real, una posibilidad de conquista sentimental, un espacio para que arrojen botellas al mar los náufragos de la vida y para que los estúpidos presuman de ingeniosos (...) además, cometieron un crimen: eliminaron el uso de la correspondencia. Ya no hay cartas que uno espera, sintiendo el peso y el paso del tiempo; ya perdimos para siempre la deliciosa sensación de que una carta se desliza bajo la puerta". Daniel Guebel, escritor y periodista porteño, 1956. Diciembre 2020. PD Horanosaurus: verdad absoluta. Un ejemplo de ello es la defunción de "LACAP" (Liga Argentina de Correspondencia al Pedo), una modesta agrupación de Zona Norte -sin personería jurídica- cuyos miembros disfrutaban escribiendo cartas sesudas en ratos robados a sus trabajos formales, volcando ideas e ilusiones sobre un papel para compartirlas entre amigos, hoy gente grande desanimada que ni siquiera recuerda los sucesos descriptos.
"Conservo amigos de la escuela. Un motivo de orgullo que la gente suele destacar. Carece de toda importancia, pero todos vamos a llegar un mes tarde a nuestros sepelios". Horanosaurus (pintor de interiores argentino).
martes, 6 de octubre de 2020
La belleza y sus ventajas
Los patrones de la belleza usuales en el mundo tienen orígenes culturales que han sido estudiados debidamente. ¿Nos han sido impuestos? Siempre se puede recurrir a teorías conspirativas, pero no creo que las chinitas del noroeste argentino se empolvaran la cara con harina en sus celebraciones sincréticas del siglo XIX para asimilarse a las mujeres europeas, convencidas por una publicidad de L'Oreal.
Otra imperfección humana tangencialmente relacionada al favoritismo por la belleza física es la tonta tendencia humana de clasificar a la gente según nuestra primera impresión. Tarea que nos lleva usualmente dos o tres segundos. Metemos a nuestros interlocutores en un casillero y no va más. Difícil cambiemos después de parecer. Lo dijo el heroico Oscar Wilde: "Nunca hay una segunda oportunidad para causar una buena impresión".
Para tener más certezas al abordar el tema de los lindos, los feos, hijos y entenados en nuestras sociedades, aquí abajo seleccioné algunos artículos interesantes que se me cruzaron en el camino. No me miren mal. Horanosaurus.
La idea de belleza depende de la cultura y también del cerebro
Clarín Zona 21/08/11. Por Facundo Manes. Neurólogo. Director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Presidente del Grupo de Investigación en Neurología Cognitiva de la Federación Mundial de Neurología.
Además de los famosísimos relatos de la Bella Durmiente y Cenicienta, Charles Perrault escribió la historia del príncipe Riquete, que tenía el don de la inteligencia pero la desgracia de ser considerado feo por los demás.
¿Qué condiciones
tendría para ser visto así? Las personas dentro de una cultura determinan
aquello que representará lo bello y lo feo. De hecho, estas determinaciones
pueden no ser correspondidas por otras épocas u otras culturas.
Uno de los
elementos tenidos en cuenta para el valor de belleza es la familiaridad de la
cara, de modo tal que personas de un mismo grupo suelen ser consideradas más
atractivas que personas con rasgos muy similares pero de otros grupos. Este
tipo de variables también demuestra que los juicios de atracción son influidos
por valores subjetivos. Pero existen cualidades de lo que se considera atractivo
que son, según estudios antropológicos, comunes entre las distintas culturas
del universo.
Algunas de estas
características más bien universales están asociadas a la simetría, es decir, a
la forma en que los atributos físicos se distribuyen a través de la línea media
vertical. Sólo se tarda una fracción de segundo para que podamos decidir si nos
encontramos con alguien atractivo. Cuando se solicita a voluntarios que puntúen
cuán atractivo les resulta un rostro en el laboratorio, grandes desviaciones parecieran
alterar la percepción sobre la belleza.
Desde el punto
de vista evolutivo, esta expectativa de que una cara atractiva sea más bien
simétrica estaría asociada a procesos cerebrales por los cuales desviaciones
marcadas de esta armonía facial podrían ser, de manera automática y no
consciente, indicadores de falta de aptitud o de una mala salud.
Los científicos
han identificado muchos otros atributos que parecieran estar asociados con
mayor atracción: la cara de bebé, especialmente en las mujeres, y una cara
madura, especialmente en los hombres, actuarían inconscientemente como
indicadores de juventud y fertilidad en el primer caso, y capacidad para llevar
a cabo las responsabilidades de una familia en el segundo.
Diversos
estudios han demostrado que los hombres tienden a preferir los rostros más
suaves o femeninos. Sin embargo, las mujeres tienden a variar en lo que ellas
consideran atractivo. Algunas mujeres prefieren los hombres con rasgos más
marcados (más masculinos), mientras que otras eligen hombres con rasgos más
femeninos. Esto parece ser debido en parte a factores hormonales. Las mujeres
muestran mayor preferencia por los hombres más masculinos durante la fase
fértil del ciclo menstrual que en otros momentos.
Existirían al
menos dos posibles mecanismos evolutivos, aunque no excluyentes entre sí, sobre
por qué ciertas caras son consideradas más bellas que otras. La primera
posibilidad es que las características atractivas representen los atributos
fenotípicos que son deseables en nuestras parejas, tales como una buena salud
genética y altos niveles de inmunocompetencia (es decir, una buena capacidad
para montar respuestas inmunes adecuadas a los patógenos con los que nos
topamos durante nuestra vida).
La segunda
posibilidad es que la atracción por las caras haya surgido como una función
agregada del proceso que extrae información facial necesaria y general, aun si
dicha evaluación no es intencional o útil.
Riquete, el feo
príncipe del cuento de Perrault, se enamoró de una princesa hermosa a quien él
le ofrendó su inteligencia. Y ella, por esa sabiduría y por el amor suficiente
para que eso sucediera, lo hizo el hombre más bello del mundo. ¿Qué ley
universal lo va a poder negar?
Ventajas de la belleza: Los lindos tienen más amigos, mejores trabajos y ganan más
Por Mariana
Iglesias. Por primera vez la ciencia lo confirma: a lo largo de la vida, los
bellos la pasan mejor. Economistas argentinos comprobaron que hasta tienen más
chances de ser llamados cuando dejan un currículum. Domingo 20/01/13.
Clarín Sociedad.
De vez en cuando aparece algún feo que la pega y ese éxito puede llevar a pensar que la sociedad maduró, que no es necesario lucir perfecto para estar en la tele o en las revistas, ser un crack de la noche o el deporte. Pero no. Lo cierto es que esos pequeños avances de unos pocos narigones, panzones, pelados, no deben ser leídos más que como eso, como los logros personales de quienes supieron y pudieron sobreponer actitud a facha. Un prestigioso economista de la universidad de Texas acaba de reafirmar lo que ya se intuía desde siempre: los lindos la pasan mejor. Dice que los agraciados tienen mejores puestos de trabajo, mejores sueldos, mejores tasas para sus créditos, mejores parejas y hasta un montón de amigos más en las redes sociales. Y un equipo de economistas argentinos hizo lo propio: demostró a través de una rigurosa metodología que los empleadores no sólo llaman más a los lindos sino que los contactan mucho más rápido.
“La belleza paga:
por qué la gente atractiva tiene más éxito”. Como para que quede clarito, Daniel
Hamermesh le puso ese título a su libro en el que asegura que la gente linda
gana entre un 10 y un 15 por ciento más que el resto, y que pueden llegar a
ganar hasta 230 mil dólares más a lo largo de su carrera. Se basa -dice- en
montones de encuestas y estadísticas de los Estados Unidos y Canadá. Su tesis
es que a todo el mundo le gusta interactuar con los lindos, y que por eso los
empresarios los contratan más, porque a la larga terminan siendo más
productivos. “No hay dudas de que a los más feos les va peor en el mercado
laboral”, contesta tajante Hamermesh en una conferencia telefónica a un colega
mexicano. “Abogados, políticos, futbolistas, prostitutas, todos ellos ganan más
si son lindos –sostiene el economista, y se permite una broma–. La única
ocupación en la que no importa la belleza es la de ladrón, y tiene sentido,
cuanto más feo más miedo le voy a tener...”.
Hamermesh trata
de justificar el por qué de la discriminación: “Antes se creía que la belleza
era un indicador de la buena fertilidad. Eso hoy es una antigüedad, pero ahora se
relaciona la belleza con la salud, y por eso se elige a los lindos como pareja,
por los genes que van a transmitir”.
Clarín también
tuvo su momento para preguntar: ¿No cree que las personas menos agraciadas se
sienten en la necesidad de desarrollar otras habilidades y eso finalmente las
convierte en personas mucho más interesantes? Hamermesh rió: That’s exactly
right!, dijo. Y se puso como ejemplo asegurando que dedicó toda su vida a
subrayar lo trabajador, organizado y diligente que es. Y no le ha ido nada mal
al señor.
Pero no es el único que sostiene que la belleza paga. Basándose en una ecuación de Kang Lee (Universidad de Toronto), Pamela Pallett y Stephen Link (Universidad de California) que postula que la cara perfecta es cuando el espacio entre los ojos y la boca es el 36% del largo de la cara, y el que media entre los ojos, un 46% del ancho del rostro, los economistas Martín Rossi (Universidad de San Andrés), Florencia López Boo (BID) y Sergio Urzúa (Northwestern) demostraron el peso de la belleza en el mercado laboral. Sacaron fotos de gente real, y un diseñador manipuló esas distancias en el rostro para volverlas atractivas o feas. Enviaron las fotos a distintas empresas que solicitaban empleados. Los lindos recibieron un 36% más de llamados que los feos. Incluso los currículums que no fueron enviados con foto tuvieron más llamados que los feos. “Demostramos que es pura discriminación. La belleza no tiene nada que ver con la inteligencia. Los empleadores no llaman a los feos simplemente porque quieren cruzarse con gente linda por los pasillos o en la máquina de café”, dice López Boo a Clarín. “Se probó claramente la discriminación porque en algunos casos mandamos el mismo curriculum con la foto de un feo y con la de un lindo. No sólo a los lindos los llaman más sino que también los llaman más rápido”, agrega Rossi. El trabajo fue publicado recientemente en Economics Letters.
El encono con los menos agraciados es viejo. “Que se mueran los feos” cantaba Horacio Ascheri con los Pick-ups allá por los 60. Hay muchas versiones distorsionadas del tema, pero siempre con la misma idea. Hasta Boris Vian escribió “Que se mueran los feos”: el Dr. Schultz se proponía manipular genes para mejorar la especie (dicen que es el peor libro de Vian).
El domingo
pasado los feos se adueñaron de la tele, pero sólo por una hora y cuando el
canal Nat Geo emitió un especial de “La fealdad” en el marco de su serie Tabú,
justamente para contar las penurias cotidianas que genera el desdén social a
quienes lucen mal.
Encima hay un economista español que pinta un panorama desolador. Fernando Esteve es profesor de Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Madrid y asegura que el mercado de los productos de belleza vive en constante crecimiento porque cada vez hay más feos. Pero como tal aumento de la fealdad no puede ser explicado por causas genéticas deduce que lo que en realidad aumentó es la apreciación subjetiva de la fealdad. La razón: los medios de comunicación y la globalización: “Ahora, en cada lugar, los individuos ya no se comparan sólo entre sí sino con los más guapos y guapas del mundo tal y como aparecen en las revistas, el cine y la televisión. Comparada con Angelina Jolie o con Scarlett Johansson la chica más guapa del barrio, de casi cualquier barrio del mundo, es casi segura y lamentablemente, fea”.
¿Todo es envase o todo es contenido?
Por Darío Sztajnszrajber, Filósofo. 20/01/13. ¿Por qué nos importa la belleza? ¿Nos importa más o menos que el bien? ¿Nos importa más la ética o la estética? ¿Preferimos ser bellos o buenos? Hay un famoso ejercicio mental que dice que nos dolería más ser tratados como feos que como malas personas. ¿Será así? Y si es así, ¿qué nos dice esta supuesta elección de valores de época? ¿De qué belleza hablamos? La conclusión rápida consiste en asociar lo bello con lo superficial y así hablar de tiempos descomprometidos, tanto en prácticas sociales como en introspección individual. Esta asociación coloca a la belleza del lado de las formas y reserva el espacio de la profundidad para la ética. Según cierta tradición, el bien, la belleza y la verdad eran un trípode inseparable. Pero con la Modernidad la belleza fue confinada a un segundo plano, más cerca del placer y las superficies. Hay una idea de Nietzsche que sostiene que la profundidad es otra figura de lo superficial, ya que no somos más que bordes, textualidades, cuerpos. Vivimos tiempos de estetización de la existencia. Significa no solo que lo bello se vuelve un valor determinante, sino que muchas dimensiones humanas se encuentran regidas por criterios estéticos: el envase no se distingue del contenido. Entonces ¿todo es envase o todo es contenido? No se trata del predominio de la belleza consumista, sino todo lo contrario: la belleza que rige nuestro deseo de reinventarnos todo el tiempo a nosotros mismos.
El crimen de ser ‘fea’ en México
Una de las agresiones más comunes hacia las mujeres es en referencia a su aspecto. Esas descalificaciones, que podrían parecer menores, tienen un impacto real en el nivel económico y la desigualdad. 21/09/20. The New York Times. Opinión. Por Viri Ríos (analista política mexicana y doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard).
CIUDAD DE MÉXICO — En México hay pocas cosas más sancionadas que ser “fea”. El insulto más común hacia la mujer —no importa su ocupación, nivel educativo o actividad— suele ser uno referente a su aspecto físico.
A las feministas que a principios de este mes tomaron la Comisión de Derechos Humanos (CNDH) —para exigir soluciones a la incesante violencia contra las mujeres en el país— se les acusó, entre muchas otras cosas, de ser feas. A la esposa del presidente de México, Beatriz Gutiérrez Müller, se le hizo tendencia en redes sociales por un vestido que usó para la celebración del Día de la Independencia y le han llamado “bruja”.
Cualquier mujer puede dar testimonio de las agresiones que sufre por su apariencia. Es mi caso también. He hecho periodismo de opinión desde hace diez años. Cuando mis colegas hombres enfrentan animadversión por parte de sus lectores, reciben insultos por sus supuestas tendencias ideológicas, quizás por la falta de argumentaciones o credibilidad. Pero a las mujeres se nos insulta con una frecuencia inusitada por ser “feas”. Los ámbitos del periodismo y de la opinión pública no son los únicos en los que sucede.
La obsesión patriarcal con el físico de las mujeres es tóxica no solo para la manera en que convivimos como sociedad, sino también tiene consecuencias económicas nocivas y tangibles. Los estudios de Raymundo M. Campos y Eva González han mostrado que una mujer con sobrepeso tiene que mandar un 37% más aplicaciones de trabajo para obtener el mismo número de entrevistas que una mujer con un cuerpo más delgado. En el caso de los hombres, el peso o apariencia física no demostró ser un factor decisivo en su contratación. No solo eso, las mujeres que cumplen con ciertos estándares estéticos en México tienen mejores salarios.
Esta discriminación basada en la apariencia de las mujeres, y normalizada por la cultura patriarcal mexicana, debe detenerse. Por muchas razones, pero también por dos factores que deben importarnos a todos: no erradicar la constante “penalización” laboral y social a las mujeres por cómo lucen, implica fuertes pérdidas económicas para México y un ensanchamiento de la desigualdad en país tan desigual.
Las pérdidas económicas son evidentes en el mercado laboral femenino. Se estima que las mujeres con sobrepeso tienen un sueldo 16% menor que las mujeres que están en un rango supuestamente “normal” de peso aún si cuentan con las mismas credenciales. Para un país como México, donde dos de cada cinco mujeres presenta obesidad, las consecuencias para el nivel de ingreso son ominosas. Una buena parte de la pobreza en mujeres de bajos ingresos bien podría explicarse por burdas discriminaciones por apariencia.
La discriminación por la apariencia física también ensancha la desigualdad sobre todo porque en México, un país todavía muy racista; la belleza parece estar asociada con tener un color de piel claro. Y tener un color de piel claro conlleva un mayor nivel socioeconómico. Esto afecta a la sociedad en su conjunto, pero especialmente a las mujeres, cuya situación laboral ya es precaria: las mexicanas realizan buena parte del trabajo no remunerado, que representa alrededor del 23% del PIB de México. También crea un círculo vicioso donde las ocupaciones y los trabajos con más altos ingresos tienden a otorgase a mujeres blancas que son, en promedio, quienes menos los necesitan.
La preferencia por un tipo de piel refuerza desigualdades que se han gestado y retroalimentado desde el sistema de castas colonial. Es momento de independizarnos de ese esquema de pensamiento que afecta a todos los mexicanos y que las mujeres padecemos con enorme crudeza.
Detener la misoginia física requiere solidaridad femenina y demandas concretas a los gobiernos federal y locales y al sector empresarial. Los liderazgos femeninos son menos susceptibles a discriminar por apariencia. Si las mujeres que ya tienen puestos de mando ayudan a otras a obtenerlos, la cultura de contrataciones cambiará.
Más allá de acciones afirmativas para fomentar los liderazgos femeninos es importante cambiar las reglas del juego del gobierno y el sector privado. Debe ser ilegal solicitar currículos con fotografías y deben encontrarse formas de evidenciar los sesgos racistas de empleadores. Toda empresa o gobierno debe entrenar a su personal para comprender sesgos de género y de discriminación racial y crear mecanismos —como mesas de deliberación independientes— para evitarlos.
Desde las trincheras del feminismo movilizado en México hay también una lucha importante que dar. La falta de éxito del gobierno mexicano por eliminar la creciente violencia contra las mujeres ha causado la protesta de colectivas feministas. La labor de estos grupos, hasta ahora, se ha enfocado mayormente en la protesta pública. Aunque es una herramienta cívica legítima y celebrable, no es suficiente.
Es momento de articular el clamor público y la solidaridad de la sociedad en reclamos tan concretos como se puedan para que el gobierno se vea presionado a actuar con urgencia y diseñar políticas que reduzcan la violencia física contra las mujeres. Y, en el terreno cultural, debemos trabajar colectivamente para generar los cambios hondos necesarios para que las mujeres no seamos juzgadas por cómo nos vemos.
El camino es largo. Muchos hombres mexicanos todavía no entienden nada sobre discriminación física por género. Cuando en la semana tuitee una crítica a la discriminación por apariencia que sufren las mujeres, un actor reconocido me contestó sarcásticamente si me sentiría mejor con que se hablara también del físico de los hombres. Esa equivalencia falsa, que es tan común, es parte del problema.
Que cambiemos (y reconozcamos) nuestras maneras de juzgar a las mujeres por su apariencia es quizá un gran paso hacia cambios más urgentes y necesarios que podrían conducir a una reducción de la violencia contra las mujeres.
Solo mediante la creación de más conciencia social, incluyendo en los hombres, México podrá transitar hacia ser un país más justo.
¿Es tan importante la primera impresión?
04/09/20 Este artículo ha sido escrito y verificado por Valeria Sabater (Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED. Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios).
“Nunca hay una
segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”. Oscar Wilde.
Seguro que te ha pasado alguna vez. Te presentan a una persona y al poco, sin saber muy bien la razón, terminas haciendo una valoración sobre ella. No necesitas ni un minuto para tener esa primera impresión. Su apariencia, sus gestos, modales, su voz… pequeños detalles que conforman una imagen que acabas catalogando de un modo u otro.
Puede que te sorprenda, pero los estudios nos dicen que, en general, las personas somos bastante buenas en esos breves análisis que perfilan las primeras impresiones. Sea como sea, habitualmente disponemos de muy poco tiempo no solo para analizar a otros, sino para dar nosotros mismos una buena impresión.
¿Por qué nos formamos una impresión tan rápido?

Los psicólogos nos dicen que, en ocasiones, lo hacemos no en 30 segundos, sino en milésimas de segundo. En apenas un suspiro sabemos si una persona es de nuestro agrado o no, si nos inspira confianza o no. ¿Por qué ocurre esto? Es un aspecto que tiene que ver con la evolución de nuestra especie. Un recurso adaptativo muy fácil de entender.
miércoles, 30 de septiembre de 2020
Próceres del humor argentino
jueves, 17 de septiembre de 2020
Administración Pública Nacional del subdesarrollo VII
La cuarentena récord que el gobierno kirchnerista dispuso para contrarrestar la pandemia de coronavirus, tuvo como puntapié inicial la parálisis del sector público con pocas excepciones. La sociedad no notó demasiado la ausencia prolongada de la burocracia estatal aunque resultó notoria y loable la acción de los trabajadores de la salud: los verdaderos héroes del momento. Las fuerzas de seguridad -que también pusieron lo suyo a pesar del destrato de arriba- tuvieron que recordarle a las autoridades que no pueden correr a los delincuentes en bicicleta y desnudos. Por eso es fácil advertir como muchos agentes miran hacia otro lado cuando las papas queman. "Que te atiendan Berni y la Frederic", parecen decirnos. Si le apunto a los chorros, me joden a mi, razonan.Mientras el sector privado tiene un futuro incierto por efectos del coronavirus y del desmanejo económico, miles de trabajadores quedan sin laburo, cierran 19000 PyMES y 40000 negocios, otros no pueden pagar alquileres y sueldos y se van algunas multinacionales del país por falta de garantías, el gobierno no muestra empatía alguna. Demostrando nada de solidaridad con el resto de la sociedad, la casta gobernante decidió no reducir sus ingresos en ninguno de los tres poderes. Un descuento moderado de los sueldos públicos hubiera servido de ejemplo y aliviado algunas cuentas, como haría en época de guerra cualquier país. En la Argentina los privilegios nunca se acaban. Ni siquiera se interrumpen.
El presidente Fernández manifestó que un gesto de esos sería demagogia y que el monto del ahorro resultaría nimio. Miente. Es su manera de vivir. Alguien hizo las cuentas y con el 20% de los sueldos públicos hubieran recaudado lo mismo que la suma que pretende el nuevo impuesto a la riqueza. Como si fuera poco Alberto F. permitió al elenco que lo acompaña en su aventura -que dice ser de "científicos"- promover el pago retroactivo a los legisladores del Mercosur por no trabajar nunca, y también pensiones caídas al ex presidente Amado Boudou, pese a haber sido condenado por corrupto. Para otro tipo de barbaridades políticas del kirchnerismo reinante sugiero leer "Volvieron peores", reciente entrada de este blog.
El crítico economista Roberto Cachanosky, abanderado de la lucha antiestatal, puede resultar extremista en muchas de sus posturas. Pero lo que debe alarmarnos son las causas de sus denuncias certeras, no sus exageraciones. Cachanosky contabiliza 3,7 millones de empleados públicos en el orden nacional, provincial y municipal, habiendo sido 2,6 millones en 2005. Agrega que "El verdadero costo de la política se estima en 6% del PBI". (InfoBAE 14/09/20) aunque en todo concepto llega al 12%. Con datos tragicómicos, como los 1420 empleados en la Biblioteca del Congreso.
Entre otras cosas, tampoco se respeta otra exigencia prioritaria: los candidatos a esos puestos -que ganan sueldos más que interesantes- no pueden tener relación previa en el ámbito privado con la actividad que se supone supervisarán o controlarán. Al menos, debe demostrarse un período de carencia. ¿Recuerdan al ex ministro de Energía macrista, Juan José Aranguren? Fue designado en ese puesto a pesar de haber sido presidente de la petrolera Shell Argentina hasta 2015. Saltó de un puesto al otro, burlándose de la ley y de todos los argentinos. Hay un montón de ejemplos más.
Nadie le reclamó al hoy defenestrado Juan Manuel Abal Medina después de unos ocho años en la poltrona de la Secretaría de la Gestión Pública y otro puchito como Jefe de Gabinete que no resolviera nada importante. Zafó en la imputación en su contra por los fondos de Fútbol para Todos. Lo ayudarán otros cómplices para zafar en la causa de los cuadernos. Para eso estudiaste tanto, Juan Manuel? Sería bueno también subir a un estrado al otrora superpoderoso ministro de Modernización del gobierno de Macri, Andrés Ibarra -antes que se aleje mucho- y preguntarle que resultados obtuvo en su tan mediática y cacareada gestión. Además del desconocimiento y la soberbia de los CEOs que aportó ese gobierno al manejo de la cosa pública, el despido de unos miles de empleados y el acoso a los restantes, su único logro fue la actualización de la gestión mediante digitalización. No pudieron hacer mucho porque nunca entendieron al Estado, lo seguían viendo como sabueso de sus fechorías, como el ex ministro de Agricultura, Luis Etchevehere, hombre de la Sociedad Rural. Quisieron sacarle el respirador artificial para que muera de una vez. Ver "Lo que menos hizo el Ministerio de Modernización, fue modernizar el Estado". Diagonales.com 19/11/19. Por Juan von Zeschau.
Al asumir, anularon gran parte de los concursos públicos de 2015 realizados por el kirchnerismo. Aunque no fueron cuantitativamente de importancia y estuvieron sospechados de parcialidad para formalizar a partidarios ingresados a mansalva, constituyeron los primeros que se realizaron en dos décadas (leyó bien) y merecían una revisión a fondo, porque formalmente cumplían con los requisitos legales.
En vez de recortar los enormes gastos superfluos e improductivos del Estado, se siguen alimentando la demagogia y el dispendio que hipotecan nuestro futuro. Editorial La Nación 05/12/20.
Léese en el Boletín Oficial.: "Dase por designada a (...) en el cargo de Coordinadora de Vinculación entre el Presupuesto y la Planificación Estratégica de la Dirección de Estudios y Evaluación del Presupuesto Nacional de la Dirección Nacional de Coordinación del Presupuesto Nacional de la Subsecretaría de Coordinación Presupuestaria de la Secretaría de Evaluación Presupuestaria, Inversión Pública y Participación Público-Privada de la Jefatura de Gabinete de Ministros.". No es un caso exótico ni una perla negra. Basta ingresar en el sitio web del Mapa del Estado para encontrar los organigramas más complejos e insólitos que una imaginación pudiese pergeñar. Todos los sinónimos de las palabras coordinación, articulación, planificación, seguimiento y evaluación han sido utilizados. La Jefatura de Gabinete, que hasta 1994 no existía, contiene hoy tantas reparticiones en su órbita que replica el número de ministerios que coordina.
De igual manera proliferan cargos redundantes y
superfluos en las estructuras de provincias y municipios, empresas estatales y
organismos descentralizados. Todos amparados bajo la enseña patria y el escudo
nacional. Y protegidos por sindicatos, padrinos políticos y gobernadores.
Los mercados todavía se ilusionan ante la perspectiva de
un giro ortodoxo por parte de Alberto Fernández y su ministro Martín
Guzmán. Pero, como siempre, el hilo se cortará por lo más fino. El sentido
común indicaría que hay que eliminar los innumerables cargos y funciones que no
crean valor para beneficio colectivo. Por lo menos, no un valor que el país
pueda solventar. Se podría realizar una visita virtual por las burocracias
públicas, como por un museo, para mostrar a cada argentino, en vivo y en
directo, las tareas de cada dependencia habilitando un espacio para preguntas y
respuestas. Para finalizar, a través de un simple formulario, el ciudadano
expresará si contribuiría al sostenimiento de cada eslabón del Estado con parte
de su sueldo. Una buena vara de medición.
En ciencia fiscal se sabe que esto no es posible, porque
nadie devela sus verdaderas preferencias y todos quieren que el gasto público
lo paguen los demás. De todas formas, es una buena metáfora para describir la
asimetría entre las astronómicas cifras que malgasta el Estado y los
dramáticos niveles de exclusión y pobreza en la sociedad.
Como un río cuyo caudal decrece con la derivación de
aguas a canales de riego, así es el desvío de fondos públicos para fines tan
inútiles como rimbombantes, a medida que son detraídos por múltiples oficinas
en el curso de los organigramas. Con solo descontar los abultados sueldos
de muchos funcionarios, al final del camino, quedan apenas monedas para cumplir
con lo declamado.
Pese a las críticas estatistas al mercado y a la sociedad
civil, es aquí donde verdaderamente funciona a la perfección el sentido
común. Cuando la plata no cae "de arriba", los gerentes y
administradores deben respetar perfectamente los límites de su caja. Y
cuando llega el momento de recortar gastos, saben bien qué funciones crean
valor y cuáles lo destruyen. Y quiénes son los buenos empleados y quiénes no lo
son.
En los extensos organigramas de la Jefatura de Gabinete,
de ministerios, de empresas estatales y organismos descentralizados, de las 23
provincias, la ciudad de Buenos Aires y más de 1500 municipios, nadie puede
actuar como los gerentes y administradores de la sociedad civil, pues todos
actúan con otra lógica: la lógica política de una caja ajena.
El último día de la gestión presidencial de Cristina
Fernández, el Boletín Oficial publicó 188 páginas con una cantidad inaudita de
contrataciones, incorporaciones, prórrogas de contratos y pases a planta
permanente que aún repercuten en los gastos que ahondan el déficit fiscal.
Durante la gestión de Macri la administración nacional redujo su
dotación en alrededor de 40.000 empleados, pero las provincias y municipios la
aumentaron en 110.000. El inicio y el final de cualquier gestión es un
excelente momento para pagar favores y dejar convenientemente apostados a los
propios.
La mayor parte de los cargos jerárquicos son cooptados
por militantes o son retribución de apoyos políticos, ya sea en las
legislaturas como en las calles. Ningún superior dirá jamás que alguna
repartición a su cargo es superflua. Y solamente apuntará nombres con lápiz
rojo por razones políticas, jamás por incapacidad o falta de méritos. Los
cargos públicos son esferas de poder cuando la consigna es "ir por
todo". La eficiencia es un prurito neoliberal para desarticular
proyectos de liberación.
Las provincias tienen asegurado el mantenimiento de sus
estructuras mientras cumplan con la advertencia del venezolano Diosdado
Cabello : "El que no vota no come". Es decir, quien no
acompaña al kirchnerismo en el Congreso nacional no recibe fondos para sus
jurisdicciones. A su vez, esta perversa componenda permite que el oficialismo
logre votos para subir la presión fiscal con nuevos impuestos en lugar de
apuntar a reducir gastos. Pudiendo disminuir también los fondos para la
ciudad de Buenos Aires, perjudicando al opositor que hasta hace poco era
considerado amigo.
Es cierto que el mayor egreso del Gobierno corresponde a
la seguridad social, donde el kirchnerismo desbalanceó la proporción de
aportantes y beneficiarios al abrir las compuertas de las jubilaciones sin
aportes que le granjearon muchos votos, en lugar de utilizar la figura del
subsidio social. Pero, como en todo ajuste perverso, se comienza con quienes
carecen de sindicatos para reclamar, perjudicando más a quienes aportaron y
deben ahora sufrir el costo de aquella desmesura que colocó en pie de igualdad
a quien trabajó y aportó con el que no. Lo correcto sería restablecer la
sustentabilidad del sistema (cuatro aportantes por cada jubilado) con una
reforma profunda, que no se realizará, pues es más fácil reducir
beneficios con fórmulas opacas y complejas que evocan a Robin Hood.
La eliminación del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y
de la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) también implicaría afectar a
grupos numerosos de la sociedad, carentes de organización sindical para
reclamar. En particular, la abrupta interrupción de este ingreso para pequeños
comercios y pymes que aún no funcionan a pleno y están obligados a mantener su
personal puede causar otro desastre en el ya castigado tejido social. En
contraste, nada tendrán que temer quienes anidan en organigramas
nacionales, provinciales y municipales, con títulos presuntuosos, sueldos
garantizados y acomodados en confortables sillas, cuando no son ñoquis, por más
inútiles que sean.
La reducción de subsidios económicos a la energía y el
transporte para equilibrar las cuentas fiscales requiere en simultáneo una
expansión de la economía para que la población pueda pagar los aumentos de
tarifas. Difícilmente ello ocurra en un contexto de caída de la inversión con
diáspora empresaria, por falta de confianza. Así que tampoco la autorizarán
desde el Instituto Patria. Nadie quiere pagar los costos de tan
impopulares medidas.
Mientras los organigramas no se toquen, cualquier ajuste será asimétrico, desigual, cobarde y tramposo. La connivencia entre el gobierno nacional y los gobernadores aliados por el manejo de la coparticipación no augura ningún futuro feliz en materia de cuentas fiscales, emisión monetaria, presión fiscal y endeudamiento interno. Aunque el ministro de Economía desee lo contrario. Los organigramas se alimentan del bolsillo ciudadano.




















