martes, 25 de diciembre de 2012

Saqueos kirchneristas



Acá van cuatro de los artículos que he leído durante estos días que mejor me parece han reflejado los lamentables acontecimientos de este diciembre: 290 negocios saqueados en 40 ciudades argentinas. 'Cortando y pegando' sus frases y desechando algunas, armaría mi artículo perfecto. 

Después, en "Pobreza y crisis de contención social", imperdibles interpretaciones de un conjunto de encuestadores y analistas, creo que todos con título universitario, lo cual vuelve increíbles algunos párrafos. Uds. sabrán quien es quien y a que patrón sirven. Abajo de todo, mi propia lectura, añorando al general Perón y propiciando en vano un nuevo "que se vayan todos". Horanosaurus.
Por Daniel Juri. Clarín 22/12/12. La clase política gobernante no deja de dar sorpresas. Y eso que Aníbal Fernández todavía no abrió la boca (debe estar de vacaciones). Desde que sonó el primer piedrazo contra una vidriera de la apacible Bariloche, la única preocupación del kirchnerismo fue encontrar una cabeza visible para exponerla en una pica en Plaza de Mayo.

Fue todo en cuestión de horas: rompió lanzas el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, que llegó a hablar hasta de narcotraficantes detrás de los saqueos. En paralelo, su rival interno en la provincia, el senador Miguel Angel Pichetto, se fue al otro extremo. Habló de anarquistas, la extrema izquierda y de una nueva categoría social: el “indigenismo duro”. No se sabe a qué se refería, pero al menos, su actitud macartista frente a lo que el kirchnerismo gusta en llamar pueblos originarios dio la tranquilidad de volver a encontrarse con el Pichetto de siempre, el de los años noventa, el Pichetto menemista.

Algunos intendentes –de Gobernador Gálvez, San Fernando– optaron por hablar de delincuentes. Ciudadoso como siempre, el gobernador Daniel Scioli fue más sutil: se refirió solo a “vándalos” y evitó dar nombres propios. Eso, claro, hasta que entró en escena el inefable Sergio Berni, que le apuntó a Hugo Moyano. Y enseguida se subió a ese colectivo el propio jefe de los ministros, Juan Manuel Abal Medina, quien fue por más: Moyano, Barrionuevo y Micheli, como instigadores. 

Pero no sólo eso: Abal Medina se ocupó en remarcar que quienes saquean “se llevaban plasmas y no comida”. Y entonces surge una pregunta: ¿su licenciatura en Ciencias Políticas con diploma de honor y medalla de oro no le permite ir más allá y hacer otro análisis más que ese?. Y otra: ¿su carné de progresista habilita a este tipo de análisis? Algo similar dijo Scioli –que no estudió Ciencias Políticas ni se dice progresista– pero es nada menos que el gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Poco importa si esa gente se robó un plasma –o dos, o tres– para venderlo, cortarlo en pedacitos y servírselo a sus hijos en la cena navideña o para sentarse cómodamente a ver a Tinelli. Lo que importa es por qué esa gente está rompiendo vidrieras y robando plasmas. Lo que debería una dirigencia responsable es preguntarse si no será que esa gente preferirá tener acceso al trabajo y la educación antes que estar rompiendo vidrieras. Si esos chicos de no más de diez años corriendo con su botín por las calles del Conurbano no están en el lugar equivocado.

Y más que buscar instigadores –que siempre los hay– debería buscar las razones de ese caldo de cultivo que empezó a ebullir en distintos puntos del país. Pero el relato oficial está ocupado en otras cosas: en perseguir a los medios y sus periodistas, en expropiar la Rural y hacerle sentir el merecido castigo de Zeus a la “puta oligarquía” o en armar una gesta patriótica con el regreso de la Fragata Libertad, tras la ineficiencia diplomática que permitió que los fondos buitre la tomaran de botín en un puerto lejano de Africa.



Por María Laura Avignolo. Clarín. 23.12.12. Los argentinos que asaltaron un supermercado en Bariloche y partieron con un plasma en un carrito no sabían que tenían algo más que la pobreza en común con los británicos que sumergieron al Reino en la desobediencia civil y los saqueos en 2010. Unos y otros eran los nuevos desheredados del “Estado de bienestar”. El mismo que el gobierno kirchnerista hizo florecer con los subsidios para lograr imponerse en las elecciones, sin sacarlos de su miseria, y el primer ministro británico David Cameron cortó de un plumazo en la crisis europea.

La explosión social argentina es hoy la crisis de los planes sociales, que la inflación carcomió mientras los pobres de los pobres perdían su dignidad y su conducta en el camino. No es otra cosa que el escenario tan temido y negado por el Gobierno, que ha debido recurrir a las fuerzas de seguridad estigmatizas para poder controlarlos.



Los kirchneristas enfrentan hoy su propia contradicción. Cuando los funcionarios de Cristina Kirchner “criminalizan” los saqueos, acusan de conspiraciones a sus ex aliados sindicales peronistas para embarrar la cancha en un intento de salvarse, y se olvidan de sus convicciones pseudoprogresistas para analizar las verdaderas causas de esta temeraria crisis social. Las razones están en un informe de Econométrica. La raíz profunda de esta ola de violencia, saqueos y ataques a los vecinos para robarles el fruto de su trabajo es la inflación del 25%, que ha devorado el poder de sobrevivencia otorgado por los planes sociales a los más pobres y marginados, su clientela política.



Los planes sociales ya no les alcanzan para vivir ni para comprar lo mismo que en la Navidad de 2011. El salario real cayó un promedio del 3,5% entre diciembre de este año y el del año pasado. Pero el peor impuesto a los pobres de los pobres no es exactamente la presión tributaria de la AFIP ni el impuesto a las Ganancias. “Es la inflación, idiota”, hubiera dicho Bill Clinton, parafraseándose a sí mismo. Con tasas de crecimiento chino después del default, el 30% de los niños argentinos son pobres, según la Cepal. Y lo seguirán siendo. Más que combatir la pobreza, el régimen kirchnerista usufructuó a los pobres con todo el riesgo que tal conducta implica.


En Gran Bretaña, los saqueos fueron el espejo de la desintegración social británica, la implosión de los más pobres sin futuro, el resentimiento y la frustración, la desjerarquizacion de la familia en la estructura de la sociedad, el odio a la autoridad en una juventud que no tiene oportunidades de empleo, se droga y ha crecido sin límites. Un largo proceso que comenzó con el posthatcherismo y que en los saqueos tuvo como objetivos principales a los inmigrantes, sus vecinos, que habían conseguido construir su pequeño capital, su mercadito, su local, con enorme esfuerzo (en Argentina, el objetivo fueron los chinos y sus supermercados por segunda vez, en otro acto de xenofobia de los marginales).

En la ola de violencia británica, los jóvenes elegían qué boutique asaltar, qué ropa llevarse, hasta se probaban el talle o descartaban aparatos electrónicos para elegir un televisor más grande o el último modelo de computadora. Después, destruían o quemaban lo que no podían llevarse, en un ataque a la sociedad consumista a la que aspiran y no pueden pertenecer. Las imágenes mostraban no sólo una incontrolada desobediencia civil sino una escalofriante revancha consumista y violenta, sin el menor valor reivindicativo o arenga política.

No fue diferente en Argentina. La conducta de los saqueadores fue evolucionando desde Bariloche al conurbano bonaerense, donde la violencia en San Fernando y en Rosario alcanzó proporciones inauditas, con dos muertos y pobladores aterrorizados dispuestos a defender sus casas y sus propiedades a los balazos, como en el Far West de los saqueos durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Al contagio se sumaba el miedo, la paranoia de ser atacados, la sospecha mutua con una policía que, como en Londres, no estaba autorizada a reprimir inicialmente.

La tragedia social y la corrupción en las más altas esferas del Estado marchan juntas en Argentina. El día que estallaron los saqueos argentinos fue el mismo que el vicepresidente Amado Boudou sufrió su revés judicial por sospechas de enriquecimiento ilícito en el caso Ciccone, aumentó el transporte y la Presidenta le quitó el predio a la Sociedad Rural, en un intento de tapar dos malas noticias con otra provocación. En la escala de valores de los saqueadores, ¿cuál es la diferencia entre robarse un plasma si un funcionario puede robarse una empresa? Son delitos graves, con penas severas pero el Gobierno demonizó a los ricos para utilizar y mantener a los pobres bajo su ala y ahora los está perdiendo. Peligrosamente.


(*) Corresponsal en Londres. Cubrió los saqueos de 2010 en Gran Bretaña, en Argentina en 1989 y en Francia en 2005.

La discusión no es si llevaban un plasma o un pan dulce

Por Horacio Meguira (Director Depto. Jurídico-CTA)  Clarín 24/12/12.

La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Qué está pasando con los saqueos? ¿Quiénes son los que los protagonizan? ¿Existe una dirección de las acciones, o simplemente responde al impulso de grupos que espontáneamente se lanzan a robar, sin ningún tipo de intencionalidad política?

Demás esta decir, lo ridículo de las acusaciones de Juan Manuel Abal Medina y Sergio Berni al adjudicar la autoría intelectual de los hechos a la CGT y a la CTA. Ayer fue Pino Solanas, el Partido Obrero, Rubén “Pollo” Sobrero y hoy nos tocó a nosotros ser el chivo expiatorio de la impotencia y desidia social del Gobierno.

Personas que en la vida diaria no son tomadas en cuenta ni por los medios, ni por la llamada “opinión pública”, salieron de sus “villas” o barrios e irrumpieron en “lo público”. Todos sabemos de la existencia de estos grupos. Están en parte de nuestra esfera de conocimiento, también están en la estadística y los hombres políticos hablan de sus necesidades. Pero otra percepción es cuando son sujetos e irrumpen en “la política”, salen del control clientelar con o sin dirección y se expresan en acontecimientos colectivos y público. La preocupación del Gobierno es que irrumpieron masivamente y la opinión pública se re-enteró de su existencia. No es un robo o un asesinato a un ciudadano, no son hechos que le pasan a “otros”, esto nos pasó a todos. Es público, y por ende político, condiciona y molesta a los poderes reales, sobre todo porque aparece a la luz lo que permanecía oculto y nos recuerda a todos la “miseria”, la opresión y la indigencia, al semejante que padece y sufre. Pero los “alcahuetes” del poder adjudican, justifican, acusan con total impunidad. Son marionetas que cumplen un papel en el escenario político: la distracción de la opinión pública y la trasferencia de la responsabilidad que les es inherente como administradores del Estado.

El oficialismo arma su propio discurso, y uniformemente sale a los medios a dar explicaciones, su propia interpretación distorsionada de dichos acontecimientos. La conferencia de Hugo Yasky tuvo como única finalidad decir que no se trataba de una situación igual a la de 2001. En el mismo sentido, Luis D’Elía repartió, como si fuera un mazo de cartas, responsabilidades a los “enemigos”. No dijeron una palabra del hambre y las penosas condiciones de vida de los que hasta ayer eran el “nuevo sujeto de la historia”. Comentario aparte merece el reportaje en el diario La Nación al diputado Héctor Recalde, que a fin de transferir la responsabilidad a los pobres, habla de que se robaban objetos de valor en lugar de alimentos.

Cada vez que los desposeídos salen a la calle masivamente, hay razones políticas. No es relevante si son “arreados” o si los lanzan al robo, o los dirigen como robots. Cuando los “excluidos” incendiaron coches en París eso daba cuenta de la desocupación y de la inmigración marginada por las sucesivas crisis, el resto de la sociedad les advirtió que fueron “desechables” una vez utilizados como mano de obra barata, nadie hizo hincapié en si eran o no grupos organizados.

No me cabe duda de que el mensaje que se pretende ocultar es que se va acabando la etapa de “inclusión social”. Muchos sectores habían “quedado afuera” de la creación de empleo en el 2003-2007; desde entonces y en forma creciente, muchos que accedieron a la formalidad vuelven a la marginación. La pérdida de puestos de trabajo y la falta de creación de nuevos empleos son ya inocultables.

Se pretende disimular que los planes sociales son ya insuficientes, o han perdido valor, y que ya no sirven como contención de los excluidos. Hay una nueva pobreza asalariada que ha vuelto a los barrios precarios porque no puede sostener los standards que alcanzaron con el empleo formal, hay déficit de vivienda, de transporte, de agua potable. Todo esto es el debate real. Lo demás es puro humo, es secundario si quienes corrían con la cara tapada escapando de las cámaras o de las balas, llevaban en sus brazos un plasma o un pan dulce.


Por Gustavo Iaies (especialista en Educación). Clarín 30/12/12.

Sobre finales de año, el conflicto educativo salió a la calle. Algunos saqueos, manifestaciones fuera de control, situaciones de violencia, nos volvieron a poner ante el punto más crítico de nuestra crisis educativa: los Ni-Ni, chicos que abandonaron la escuela secundaria y no logran insertarse en el mercado de trabajo. Las pantallas han mostrado sus caras llenas de bronca en algunos casos, tapadas en otros. Se percibe en ellos una cierta pérdida de “temor” a la autoridad, como si no diferenciaran claramente lo que está de un lado u otro de la ley. ¿Cuántos son? El 11,89% según los datos de la EPH (...) 

Pobreza y crisis de contención social

Clarín 23/12/12. Están en el trasfondo de los saqueos, según los analistas. También advierten sobre el componente de vandalismo.


Protesta, vandalismo y Policía ineficaz - Rosendo Fraga (analista político)

“Once años atrás, la economía caía al 8% anual y el desempleo llegaba al 20%. Hoy la economía está mucho mejor en crecimiento y empleo, aunque peor en inflación. En estos saqueos, además de una situación económica más dura que en 2011 –aunque no crítica–, inciden grupos radicalizados, bandas delincuenciales y articulaciones espontáneas, en un país cuya eficacia en materia de seguridad es baja, como se evidenció la semana pasada en los disturbios y saqueos que tuvieron lugar en el mismo centro de la Ciudad de Buenos Aires. En paralelo a la reaparición de los saqueos, cabe señalar que los cortes de ruta y vías públicas como expresión de protesta han aumentado 52% en 2012 respecto a 2011. El freno de la economía y sus efectos sociales podría ser una explicación suficiente, pero a ello se suman los conflictos políticos y sindicales y los problemas internos en el área de seguridad”.

“Un problema social evidente y persistente” - Daniel Arroyo (ex viceministro Des. Social)

“Está claro que el modo de los saqueos ha sido raro, y probablemente ha habido agitadores detrás. Pero el problema social es evidente y persistente. En los grande centros urbanos hay un conjunto de problemas que no tienen que ver con el hambre, sino con el mal vivir. Lo que le quema la cabeza a la gente son tres cosas: estar hacinado, no tener trabajo o tener trabajo precario y viajar mal. En el conurbano se dan las tres cosas juntas. Eso genera el mal vivir. Además, si bien las personas en la Argentina están mejor en torno a los planes sociales, la inflación termina complicando todo. Mucha gente atraviesa un proceso de sobreendendamiento. Es decir, accede a más productos pero tiene menos plata. Se ha perdido la referencia con la inflación. Sobre esa base, hay un problema específico con los jóvenes: hay 900 mil en todo el país que no estudian ni trabajan y casi la mirad está en el conurbano bonarense. Esos jóvenes no tienen horizonte”.


Con fallas en la protección - Enrique Zuleta Puceiro (sociólogo)

“Los factores estratégicos, organizativos y logísticos tienen vinculación inequívoca con la izquierda anti sistema, reforzada en los últimos años por su coexistencia al interior del clientelismo gubernametal. Las redes sociales y la gimnasia dan una agitación que ha implicado un incremento de las protestas. Por otra parte, las condiciones de base y el clima tienen que ver con la pérdida ya irreversible de capacidad de contención del sistema de protección social”.


Delincuencia y necesidad - Ricardo Rouvier (sociólogo)

“Los acontecimientos aparecen como una contradicción con un gobierno que ha puesto el mercado interno y la cuestión social como ejes. Lo que se observa son operativos y no una reacción social con algún grado de espontaneidad. Esto se verifica en lo limitado y acotado de la acción depredadora. Se han combinado delincuencia común con necesidades, iniciados por factores externos y ajenos a las demandas sociales. Son operativos políticos para generar inestabilidad”.


Promovidos por opositores - Artemio López (consultora Equis)

“Los saqueos no afectan la imagen del Gobierno. Fueron promovidos por sectores opositores, como intento de continuar por otros métodos con la operación de desgaste iniciada en múltiples frentes tras el rotundo triunfo de Cristina. La organización de estos episodios muestran la profundidad creciente de la crisis de la oposición en sus diversas expresiones, políticas y corporativas en el país frente a su notable impotencia electoral”.


No afectan al Gobierno - Federico Aurelio (consultora Aurelio)

“Dudo de que los saqueos le afecten al Gobierno. La gente visualiza alguna organización delictiva detrás. Las perspectivas de la gente, que ya está pensando en el otro año y en las vacaciones, pueden estar puestas en buscar a los responsables políticos de esto. Nuestras mediciones del último semestre demuestran que todo sigue estable. Es decir, hay un país con dos mitades, aunque ha habido un cambio: se ha visto una mayor militancia de los críticos al Gobierno”.

QUE SE VAYAN TODOS... pero esta vez de verdad!

Los sucesos de diciembre me produjeron, y me siguen produciendo, dolor. Y hasta creo que calzaría utilizar aquí ese giro gastado por el mal uso político: "cansancio moral". Involuntariamente mi mente me pone en el lugar de los involucrados en los saqueos (fueron 290 negocios de 40 ciudades argentinas), y las conclusiones chocan con los valores que acumulo dentro mío desde hace no se cuanto, con la estructura que me he ido creando para navegar en la realidad que me tocó vivir. 

Me parece llamativo que los actores primarios de este drama recurrente de los argentinos no pueden clasificarse en víctimas y victimarios. Acá son todas víctimas: saqueados y saqueadores (dejemos para más adelante a los observadores). 

Pienso en el almacenero, cualquier minorista de vidrios rotos, el supermercadista chino de esos que no suelen perdonarte ni los centavos ahora con el boliche destrozado y me sale "vendo todo y no me ven más el pelo... me rajo de acá". No poder confiar más en nadie. En las noticias leía a uno de Rosario declarando que quienes le robaron son las mismas personas que le compran todos los días. Me pongo en lugar de los saqueadores, algunos de los cuales fueron de la mano con sus hijos a robar amparados en la patota y pienso apenado que no tienen retorno, que son generaciones irrecuperables. No busquemos culpables: busquemos los porqué.

Si hasta pudo darse cuenta este hombrecillo que escribe: el poder económico mundial permite crecer a las sociedades capitalistas periféricas mientras les convenga; cuando molesta demasiado a su propio beneficio las hace saltar por el aire, normalmente cuando los políticos locales les estorban sus negocios habituales y peor si, además, se ponen en ideologistas bravucones. En esos márgenes es que nos permiten vivir, hasta ahí nos dejan "vivir en democracia".

Nuestros dirigentes políticos vernáculos -los que administran el poder residual- decidieron tener a millones de personas fuera del sistema, por acción u omisión. Aunque el país  haya pasado económicamente por uno de los lustros más florecientes de su historia. 

Ya lo dije en alguna otra entrada que con una bonanza económica comparable a la presente, el general Perón construyó un país diferente cuyas obras podemos seguir viendo todavía, sesenta años después. Claro, poseía dos elementos olvidados por los burócratas de jet-set que nos tocan hoy: sensibilidad por la gente y planificación. Perón mejoró indudablemente la vida cotidiana de la gente, legitimó sus derechos y surgió la clase media con el instrumento del trabajo. "El trabajo dignifica". ¿Recuerdan esa frase? Más allá de los múltiples defectos de Perón y su enorme ego, no inventó ningún relato, construyó una nueva realidad porque era un estadista que no se quedaba en lo inmediato. Y, como si fuera poco,  para la tribuna su discurso tenía contenido ético y doctrina humanista. 

Pasó desde entonces mucha agua bajo el puente. Y sangre en vano, también. A nuestros políticos de hoy se les ocurrió que repartiendo subsidios -y no trabajo- lograrían una sociedad feliz. O anestesiada. Cerraba bien, se aseguraban los votos y con ello su buen pasar:  un diputado nacional gana unos 25 a 30 mil pesos mensuales -sin contar sus ingresos extras por corrupción- y no viaja como ganado en los trenes, subtes o colectivos destartalados que les tocan a los de abajo. Saben de la inflación por los diarios y medios que no pueden alinear.

Aunque no estoy en contra de los subsidios y prefiriera taparles con ellos la boca a los liberales criminales que antecedieron a este populismo de cuarta, nuestros políticos dejaron escapar otra oportunidad para la justicia social en la Argentina: son los artífices de un nuevo fracaso. Quisiera gritarles de nuevo: ¡váyanse todos!

Es más fácil repartir plata que construir trabajo, se sabe. Pero a nadie se le escapa que las consecuencias de su acción sobre el alma humana suelen ser muy diferentes. A un "pibe fierita" que nunca vió a su padre trabajar formalmente, ametrallado a diario por la TV de los culos abrillantados y los medios de comunicación para que sea un consumidor eficiente, que apenas pisó la secundaria y sin capacidad de filtrar toda esa basura, no le podemos pedir que haga un curso rápido de PC para poder ingresar al sistema. Es algo más complejo. 

A los estúpidos que se pelean en el Congreso y las legislaturas y que solo quieren de los de abajo su voto, les deberíamos recordar más frecuentemente ese "que se vayan todos". Su hipocresía es increíble. Solo hay que prestar atención: cuando hay saqueos el nivel asqueante de exhibicionismo y relajo de artistas, comunicadores y políticos desciende abruptamente, como si les diera verguenza o miedo. En épocas de vacas gordas y triunfalismo, muestran de nuevo su soberbia. 

Barone, Feinmann, Laclau, Víctor Hugo Morales, Boudou, Abal Medina, Aníbal Fernández, Larroque, Máximo y mami... grandes detentadores de la verdad revelada. Ya que la tienen tan clara: ¿porque no nos explican como debe evolucionar la sociedad en estos casos? Horanosaurus.

PD: pasó casi un año de estos saqueos escondidos bajo la alfombra y una nota del brillante periodista Jorge Fernández Díaz en La Nación del 28/10/13 nuevamente remueve mi avispero personal. Le da una vuelta de rosca a estos hechos y los relaciona con el apogeo de los punteros políticos, las consentidas barras bravas y el auge del comercio ilegal de la droga en la Argentina. A poco de andar, estalló en Córdoba otro suceso similar cuando se rebeló su policía con De la Sota viajando: saquearon mil comercios pero esta vez no hubo refuerzos federales porque tratarse de un gobierno no amigo. Pablo Mendelevich, del mismo medio, propone un análisis también revelador (05/12/13 - ver abajo).  



Por Jorge Fernández Díaz | LA NACION. Domingo 28/10/13.

Nuestra memoria es tan cobarde. Ya olvidamos que hace menos de un año, durante dos días infernales, la Argentina entera tembló. Fue en vísperas de Navidad. Cientos de habitantes de los barrios periféricos asaltaron y rompieron los supermercados de Bariloche, y a continuación una ola de saqueos atravesó el país como una exhalación. Hubo disturbios y hordas con palos, piedras, cuchillos y pistolas en distintas provincias y distritos, y batallas campales en Rosario, Campana, San Miguel y San Fernando. El Gobierno hizo un diagnóstico preciso al entender que la mecha en Bariloche la había encendido la política local, pero luego quiso explicar el súbito vandalismo nacional como una mera conspiración armada por los peces gordos del sindicalismo peronista. Las graves acusaciones jamás se probaron, y fue tranquilizador para todos nosotros pensar que la tormenta de rapiña y odio tenía únicamente que ver con la delincuencia común y a lo sumo con el efecto que la inflación provocaba en la pobreza extrema. No significa que estos factores no hayan influido, pero lo central del fenómeno, lo novedoso y aterrador, fue comprobar el apogeo de los punteros políticos y descubrir cómo su actividad tiene una dinámica que no obedece a la lógica de los dirigentes institucionales ni a la opinión pública. Muchos punteros, en esas 48 horas durante las que la televisión mostraba la cadencia del desastre, sintieron que no podían ser menos y que debían revalidar su liderazgo conduciendo a su gente al ataque. Sumaron masa crítica, en un clima de exaltación, y presionaron por las buenas y por las malas a municipios y a comercios en busca de víveres y algo más.

Es por eso que en su posterior indagación sobre la verdad, el peronismo terminó excavando en su propio jardín trasero y tapando velozmente el pozo que abría: muchos de esos mismos punteros son quienes les garantizan un electorado cautivo en asentamientos carenciados y zonas marginales. Sin esos caciques, algunos barones no podrían ganar comicios ni controlar el territorio.

No es posible analizar a fondo la insólita violencia que caracterizó estos meses de doble campaña electoral sin señalar la profunda metamorfosis que experimentó la red de punteros políticos durante la "década ganada". Narcos, barras bravas, militantes armados, disparos, emboscadas, internas dirimidas a palos. Esas palabras, que unen a la política con la patota, se filtraron entre los discursos de superficie, y fueron mostrando flashes de un inframundo oscuro y cruel, financiado en partes iguales por el erario y el delito. La Argentina es una novela negra.

Quienes tuvieron alguna vez trato directo con los punteros aseveran que antes eran meros facilitadores comiciales: cobraban importancia vital cada dos años y funcionaban como polea de transmisión del asistencialismo. En esta década se consolidó un clientelismo feroz bajo la praxis de la billetera y el látigo: comprar y apretar, los verbos del momento. Esa consigna se transformó en cultura, y convirtió a muchos punteros en mercenarios sin identidad con pluriempleos en el terreno de la extorsión. El asunto de la identidad es interesante. Cualquiera puede imaginárselos como entusiastas de Perón y Evita, pero se trata de una postal del pasado: hoy sólo son devotos del Gauchito Gil. Si los radicales les dieran lo que exigen, se pondrían la boina blanca y asistirían a sus comités con la misma vehemencia con la que acompañan las marchas del Frente para la Victoria.

El nuevo puntero no se contenta con lograr dinero en épocas eleccionarias; ahora ofrece servicios todo el tiempo: corta rutas, toma edificios, alquila muchachos ásperos a terceros para "solucionar problemas", mantiene relaciones naturales y comerciales con los clubes de fútbol a través de las barras, participa en la tercerización de la represión y sostiene una presión constante sobre los "minigobernadores". Antes el intendente podía ser su patrón, hoy es el socio a quien debe psicopatear permanentemente para arrancarle recursos. Muchas veces, el puntero le pide incluso al jefe comunal que "la cana no moleste en el barrio", y entonces el político le ordena al comisario que se abstenga. Esa inmunidad que algunos barrios marginales tienen resulta muy valorada por los narcos: es por eso que la cotización del puntero subió mucho en estos años durante los que el país fue deslizándose dramáticamente hacia el contrabando y consumo de estupefacientes a gran escala. Comprar a un puntero en estos días resulta mucho más caro que antes de 2001. La mafia en América comenzó con un grupo de inmigrantes que decidió organizarse para proteger y defender a una comunidad que no era respetada por la población ni contenida por el Estado. Más tarde, una sociedad de socorros mutuos fue mutando en una gavilla y luego en una organización criminal.

Aquí los invisibilizados del sistema, los abandonados a la miseria, no fueron reincorporados; se los mantuvo hundidos aunque auxiliados por planes. Es como si este peronismo de nueva generación, que partió en cinco a su histórica columna vertebral (el gremialismo), hubiera hecho una extraña opción por los lúmpenes, acorde con elegir el facilismo del subsidio por encima de la legitimidad del empleo.

El puntero recibe plata blanca, negra y viva. La blanca proviene de la administración pública; la negra, del delito que prohíja, y la viva es la última, aquella que embolsa en efectivo y de manera personal en los días previos a las urnas, temible instante en que el "barón" precisa resguardarse de una deslealtad. Cuando hay varios candidatos peronistas en pugna, el puntero sube el precio, puesto que la traición está a flor de piel y siempre hay tiempo para cambiar de bando si aparece un mejor postor. "Tenemos que conseguir este número de votos -suele predicar el caudillejo ante sus vecinos y seguidores-. Si votamos por otro perdemos los beneficios." Y entonces enumera lo que consiguieron y trata de que el rebaño no se le desbande.

La falta de un líder total, la pérdida de fuerza de algunos candidatos y el arribo de las estrellas emergentes ponen muy nerviosos a estos corsarios de la política de base. Los obliga a realizar demostraciones de fuerza para que los nuevos paguen y los viejos no se dejen aventajar. Si se lo analiza como un negocio, y eso es de lo que principalmente se trata, la faena de los punteros se reduce a una economía mixta: prebendas estatales y dinero sucio. Es por eso que los expertos son pesimistas sobre el futuro. Piensan que este verdadero Frankenstein de la política argentina corre a la larga el riesgo de privatizarse, dado que el tráfico pujante crece hasta en crisis, mientras que el Estado entra en cíclicas recesiones.

No todos los intendentes consienten estas prácticas, ni todos los punteros entran en la categoría de mafiosos. Muchos de todos ellos trabajan legal y mancomunadamente para combatir las desigualdades. Pero lo cierto es que este flamante duque de la marginalidad que hemos descripto ha crecido de manera exponencial y es ya un poder detrás del poder. El emergente de un olvido social, del uso inescrupuloso de la política, del carácter predemocrático de los conurbanos, del ascendente mercado de los narcóticos y del retroceso conceptual del trabajo. Su visualización permite explicar mejor las conexiones entre política, droga y violencia. Un tema que estuvo ausente de los debates preelectorales, pero que se impuso de prepo con sus atentados, homicidios, amenazas y palizas a lo largo de estos meses escalofriantes.

Otra vez, la violencia

Aunque se trata de un fenómeno multicausal, la ola de robos que padeció Córdoba mostró la fragilidad del contrato social y, además, los límites del nuevo estilo amigable del Gobierno. Por Pablo Mendelevich  | Para LA NACION 05/12/13.

El renovado temor de que todo puede descomponerse de un momento a otro y la comprobación de que 12 años después del gran colapso el contrato social es todavía frágil. Ésos son quizá los mensajes más angustiantes que envió Córdoba a todo el país. Justo Córdoba, cuna de la Reforma Universitaria y del golpe del 55, escenario del Cordobazo, provincia de anticipos.

El fenómeno de los saqueos, de modalidades variables, suele ser multicausal, pero cualquier argentino sabe que, cuando aparece, corresponde inquietarse, sobre todo si hay muertes. Reflejo de Pavlov de signo inverso, aplicado a la fisiología local: en la memoria colectiva, saqueos expandidos significa 2001, el infierno, como machacaba Kirchner, quien había entendido bien la persistencia del trauma. Fenómeno subcutáneo por naturaleza, cuando aparece no hay certidumbre sobre las réplicas. Sólo cabe esperar la singularidad.

Porque descifrar los saqueos nunca es sencillo. Su componente orgánico no aparece discriminado de la parte espontánea. Todavía hoy se discute qué sucedió en 2001. Aunque pasó casi inadvertido, Cristina Kirchner, horas después de los saqueos de diciembre de 2012 en Bariloche, se pronunció en favor de la tesis de que los hechos que enmarcaron la caída de De la Rúa estuvieron provocados por activistas peronistas. Dijo saber cómo empezó todo, cómo se organizó, quiénes fueron. Pero no brindó detalles. Los voceros del gobierno nacional le reprocharon ayer al gobernador José Manuel de la Sota no haber previsto de antemano una situación que se conocía. ¿Quién la conocía? ¿Cómo se utiliza la información de inteligencia sobre la intranquilidad social, que ciertamente manejan los espías del Estado, con el fin, se supone, de adelantarse a los hechos? ¿No se comparte la sospecha de un estallido inminente?

Desde luego que el vandalismo silvestre se entremezcla en estas ocasiones con la delincuencia de mayor oficio. Algunos actúan más organizados que otros. Pero es la política, que asoma casi siempre a través de punteros y barrabravas todoterreno, la que empuja el análisis al campo infinito de las conspiraciones. Lo corriente en la calle es pensar que las motivaciones sólo son dos: o son saqueadores "con hambre", supuestamente más respetables en la visión pedestre, o se trata de hordas con las necesidades básicas satisfechas, sujetos más despreciables. Acaso se trata de categorías yuxtapuestas por la confusión del polvo que levantan a su paso: la de los actores, la de sus manipuladores y la de las condiciones socioambientales que ponen el escenario.

Lo que estalló anteayer en Córdoba también puede ser visto como algo diferente, un experimento antropológico: dado que la policía se dedicó a hacer huelga, eso convirtió a la ciudad en tierra de nadie y la orfandad desafió la rutina de los habitantes y los incitó a dividirse entre asaltantes y asaltados. ¿Sin patrocinios?

Primera conclusión, el derecho a huelga de los policías -otra cosa es el derecho a agremiarse o a celebrar paritarias- parece tan contraindicado como el de los pilotos en vuelo. Tal vez resulte apresurado colegir que en toda población urbana privada de policía siempre habrá quien corra a saquear supermercados, negocios, casas, a destruir lo que encuentre a su paso y se tirotee con la parte de la población que esté decidida a defender sus bienes. Pero no pasaría en cualquier lado. Un trastrocamiento de valores subyace en esta clase de arrojo delincuencial, seguramente emparentado con la pobreza y la marginación.

Ahora hay, como dice el historiador Luis Alberto Romero, un mundo de la pobreza que antes no existía, conformado por un cuarto o un tercio de la población, dentro de una sociedad más segmentada. "Se ha consolidado un tipo de sociabilidad comunitaria, una forma de entender la vida y un conjunto de valores y expectativas singulares -escribió Romero en estas mismas páginas- que ya no dependen de la falta de empleo. Ni el trabajo estable ni la educación ocupan un lugar central, y la ley tiene una significación relativa. Pero, en cambio, son sólidas las jefaturas personales, de referentes o de «porongas»."

Y luego está el aspecto político-institucional. Debieron sentirse decepcionados ayer quienes creyeron que el gobierno nacional, domesticado por las derrotas electorales de junio y octubre, ingresó por fin, hace pocas semanas, en una sostenida fase contemporizadora. Jorge Capitanich se ocupó por la mañana de pulverizar las ilusiones remanentes. Recordó que la esencia kirchnerista está intacta. En realidad, no lo recordó, sino que lo dramatizó. Sin pruritos, como quien recibe una instrucción precisa, acicateó con todo el poder del Estado -al retacearle el envío de la Gendarmería- al gobernador cordobés, el menos alineado de los gobernadores peronistas. Aparte del recurso adolescente de decir que su celular no había sonado, Capitanich, hay que admitirlo, fue sincero (tanto como lo había sido la Presidenta cuando para aguijonear a Daniel Scioli puso en riesgo la estabilidad bonaerense). Sólo faltó que dijera "ésta la aprendimos de Lanusse". Pensaba el dictador Juan Carlos Onganía, décadas atrás, que, como comandante en jefe del Ejército, el general Lanusse había demorado en 1969 la ayuda de tropas militares que el presidente le había solicitado para reprimir el Cordobazo, con el propósito de desgastarlo y hacerle pagar el costo de los sucesos, tal como luego ocurrió.

Quizás al castigarlo con la retención de los gendarmes la Presidenta no quiso solamente culpar a De la Sota para rebajarle sus pretensiones presidenciales. Los adversarios peronistas son su primera obsesión, pero ella también teme, seguramente con motivo, el riesgo de que algún día los saqueos puedan hacer metástasis, lo cual invalidaría el argumento estrenado en Bariloche de que sólo suceden por culpa de la autoridad local. De allí el interés por insistir en el mal procesamiento de la crisis policial, en la ausencia del gobernador y en la insólita justificación de que De la Sota nunca llamó. Como si en la Casa Rosada no hubiera por lo menos un televisor que le permitiera ver a Capitanich -o a algún asistente- lo que medio país estaba viendo: la ciudad de Córdoba en estado preanárquico.

Mauricio Macri salió contento, el martes, de la Casa Rosada, porque todo lo que el Gobierno antes le negaba se lo consintió entre derroches de cortesía. Es el "diálogo" que vino con la era Capitanich, según dijo el oficialismo. Una ronda en la que incluir a De la Sota requerirá, como mínimo, conseguir que logren hablar por teléfono para concertar la cita.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

"El matasuegras"



¿Qué les vendría a la cabeza si así nomás, de golpe, les doy la receta para cometer un asesinato y quedar impunes? Tamaña tarea imaginar la reacción de un eventual lector si ni una vida entera permite conocer completamente el interior de nuestros seres más queridos.  Lo que estoy seguro es que la propuesta los sobresaltará. Al menos un poco. Y hasta me animaría a resumir sus posibles reacciones en tres: 

1) liberados de algunos miedos, los más valientes aceptarán gustosos la oferta y se convertirán en asesinos para calmar una necesidad pospuesta; la tarea de buscar justificativos es siempre una tarea menor y posible; 2) los más cobardes no aprovecharán la facilidad brindada, con cualquier excusa; 3) gente demasiado equilibrada para aceptar este tipo de propuestas por sus altas normas éticas, morales y/o religiosas, muy bondadosa o sin enemigos a quienes aplicar la receta en cuestión; categoría que presenta una frecuencia ínfima en cualquier población que se analice. 

Supongo que deben existir millones de personas en el mundo que conocen esta fórmula  mortífera aunque bastante menos cantidad sabrá de su aplicabilidad para fines oscuros. Presumiblemente profesionales químicos o bioquímicos, investigadores, universitarios o gente de ciencia en general. Paraliza pensar que haya un submundo de asesinos impunes que la utilizan desde hace décadas, que la policía no los persigue porque no figuran en sus rústicos catálogos y la gente común no se protege de ellos porque no imaginan que un pariente o un vecino -quizás muy afable- posee un arma letal y silenciosa y constituye un serio peligro a su integridad.

Yo me topé con la novedad en una clase práctica de Terapéutica Vegetal, una de las últimas materias de la carrera de Agronomía en la Universidad de Buenos Aires. Permítanme extenderme al respecto.  Imaginen una asignatura donde debe aprenderse en el término de tres o cuatro meses todos los productos de origen químico o biológico utilizados para combatir plagas de origen animal o vegetal que perturban los cultivos y disminuyen los rendimientos o las ganancias. Sus nombres científicos y comerciales, sus dósis y métodos de aplicación, los períodos de cuarentena. Un inmenso cuadro de múltiples entradas mental para saber que usar en cada caso... y como y cuando. Recuerdo que, siendo el final que más tiempo me llevó  preparar, lo aprobé gracias a la compasión del examinador más sádico: el jefe de la cátedra. Esa vez no pude culpar a la inteligencia por mi inseguridad: era cuestión de memoria. 

En medio de ese maremagnum de información, un profe de prácticos nos presentó al "matasuegras": un producto químico bastante simple que a temperatura ambiente es un gas incoloro e inodoro, tres veces más pesado que el aire. Se comercializa envasado como un gas licuado, básicamente usado para fumigación de suelos: al aplicarlo y convertirse inmediatamente en gas penetra en el suelo y -tras ciertos recaudos- mata insectos, hongos, parásitos y semillas de malezas. Es un esterilizador. Después se puede sembrar sin que las semillas depositadas sean atacadas por patógenos y perjudiquen la germinación y el establecimiento del cultivo.

Desempolvando la vieja guía de productos fitosanitarios, me recuerda también que este halogenado puede usarse en almácigos, viveros, almacenaje de granos, desinfección de estructuras, etc. y es insecticida, gorgojicida, funguicida, nematicida, herbicida, rodenticida y raticida.  En la sección toxicología se lo identifica como un irritante de la piel y las mucosas que puede producir ampollamiento de piel y ulceración de mucosas y córneas, neumonitis química, asfixias y edema pulmonar. Aún sin manifestaciones corrosivas, puede originar efectos sistemáticos sobre el sistema nervioso central (convulsiones, temblores musculares, ataxia, mareos) y lesiones hepática, renal y miocárdica. Por ahí encontré que el nivel de tolerancia humana es de 0,3 mg. de este principio activo por Kg. de peso vivo. El tema es que no se detecta su presencia en el aire sino cuando es demasiado tarde. 


Una exposición crónica al producto puede producir daño en neuronas involucradas en procesos cognitivos  y coordinación física o control muscular y puede inactivar algunos sistemas enzimáticos.  Y en ciertos países,  hasta se lo vincula al cáncer de próstata en trabajadores agrícolas  y a malformaciones congénitas.

Esta sustancia, que puede ser de origen natural pero se produce industrialmente con facilidad mediante varios métodos, tiene restringida su utilización en el mundo por ser un gran destructor de moléculas de ozono y afectar su capa en la atmósfera, pero se está lejos de una prohibición total, por los intereses de los principales fabricantes. 

Hecho este racconto, viene a cuento ahora algo con lo que no he dado en otras fuentes pero nos contó aquel profe casi extraoficialmente -en medio de risitas cómplices de los oyentes: que los entendidos llamaban al producto "el matasuegras" porque suministrado en dósis suficientes a un ser humano (detestable o no) le produce su muerte por asfixia en forma instantánea ya que su inhalación enloquece el sistema nervioso central y, por consiguiente, la respiración colapsa.  Ante una eventual autopsia, la falta de concentración detectable del producto en el cuerpo yacente lo elimina de las sospechas. No significa que desaparezca de la víctima rápidamente y  que la impunidad otorgada sea total, pero los síntomas externos confundirán al "policía científico", quizás más preocupado por sus magros ingresos. 

Tengo una suegra que hace años dejó de simpatizarme. Goza de perfecta salud y hasta creo que va a concurrir a mi velorio (seguro sin llevar flores).  Sería cansador relatar los motivos de mi inquina hacia su persona. También yo soy compasivo y por eso me limito a declararla "inimputable" de sus insufribles defectos. Nobleza obliga, mi caso entonces entraría en el ítem  arriba citado de la cobardía. Las excusas podría relacionarlas con culpas religiosas que, a pesar de los años, no he podido extirpar completamente de mi cabeza. 

¡Ah! ¡No les facilité el nombre del producto! Les he dado ya bastantes pistas. ¡Lo único que me falta es que me acusen de apología del delito! Horanosaurus. 


PD: Dr. Laconchagaray, sabiendo que es usted uno de los pocos y compasivos lectores de este humilde blog, me dignificaría que esta narración -aunque los secretos de la creación sean insondables- pueda ser inspiración de una nueva ficción suya. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

A nuestros hijos I



A NUESTROS HIJOS (AOS NOSSOS FILHOS) (Ivan Lins/Victor Martins)

Perdonen la cara angustiada
perdonen la falta de abrazos
perdonen la falta de espacio
los días eran así.

Perdonen por tantos peligros
perdonen la falta de amigos
perdonen la falta de abrigo
los días eran así.

Perdonen la falta de hojas
perdonen la falta de aire
perdón si no pude elegir
los días eran así.

Y cuando lo pasen en limpio
y cuando desaten los lazos
y cuando corten los cintos
vivan la fiesta por mi.

Y cuando laven las heridas
y cuando laven el alma
y cuando laven el agua
laven sus ojos por mi.

Y cuando broten las flores
y cuando crezcan las plantas
cuando recojan los frutos
prueben el gusto por mi.



Hijos puede tener  cualquiera: un genio, el más tarado, el más perverso. He leído que muchos los adoptan de distintas razas (como coleccionando) y hay quienes alquilan vientres humanos u otras variantes de compra para obtenerlos. También he escuchado de padres que olvidan los nombres de algunos hijos y, por lo que veo alrededor asiduamente, muchos los tienen como podrían tener mascotas. Como de tanto observar la vida soy medio pesimista, estoy convencido que la mayoría es padre por motivos egoístas. Muchas veces pienso  que tener hijos es una responsabilidad desmedida para cualquier ser humano, si apenas podemos con nuestras propias penas. Es verdad que sin ser padres no terminamos de ubicarnos en el mundo y que nuestra biología parece exigirlo pero ¿son esos derechos suficientes para ser padres? 

Como he dejado traslucir, nunca idealicé la relación padres-hijos, a los hijos ni a los padres y como supongo que todos lo harán, muchas veces me pregunté si tenía lógica tener hijos. El rol de padre que me tocó interpretar seguramente tendrá distintas evaluaciones según el interesado (no quisiera hacer una encuesta para evitar decepciones). Se que soy un padre duro, demasiado lógico para los deseos de mis hijos adolescentes y jóvenes, que se pone loco cuando intentan atravesar sus rígidos límites, a los que pongo el rótulo de 'respeto'. Los vericuetos y topetazos de la vida cotidiana hacen casi inevitable el rol represivo de los padres. En contraposición, algo de ejemplo y de respaldo y un mínimo de humor y de cariño creo que les he brindado. 

No se si tuve éxito en la educación de mis hijos.  ¿Qué será tener éxito en esto? ¿Qué sean felices y manejen su destino? ¿Qué sean decentes e íntegros? ¿Qué sean libres o que reproduzcan nuestros valores? Eso puede ser para mi pero para otro será que puedan hacer mucha guita, por ejemplo.  Es imposible no errar en esa asignatura que nadie te puede enseñar. 

¿Qué esperábamos y que pasó?  Nada parece objetivo pero estoy orgulloso de mi familia, que todavía pueda llamarse así a pesar de los tropiezos, que nos necesitemos, que nos ayudemos. Claro que los quiero a todos y soy un agradecido de su paciencia conmigo, pero como soy extremadamente rígido, me cuesta hablar de amor y hacerme el sentimental.

En compensación -porque me conmovieron- es que guardé y alcanzo aquí las visiones más poéticas y sensibles de Alejandro Rozitchner y Jorge Fernández Díaz, que soy incapaz de escribir. Y la canción de arriba, claro. Pero también agregue la posición cínica de Osvaldo Bazán, aunque no me caiga simpático, y el debate que largó la escritora Corinne Maier en Francia hace unos años, porque permiten pensar.

Nunca me gustaron la poesía ni la prosa simbólica pero cuando escuché la hermosa "A nuestros hijos" por primera vez hace añares en el casette del recital en vivo de Ivan Lins (con León Gieco, Pedro Aznar, Spinetta y otros invitados en el Luna Park de Buenos Aires) empezó a hacerme cosquillas en el alma. Y a medida que pasó el tiempo su letra me significó más, porque la entiendo como un pedido de disculpas sensible a quienes trajimos sin permiso a este difícil mundo, a este gran baile de la vida. Y aunque -en mi caso- nunca les hice faltar “abrigo”, se que no alcanza todo lo que les pude dar. Los días eran así. Horanosaurus.

Vos porque no tenés hijos

Por Osvaldo Bazán. Diario Crítica de la Argentina-Contratapa. 05/05/08. "Padres: la responsabilidad es de ustedes. Son ustedes quienes no saben decir no. Tampoco saben decir sí. Y no tienen idea de por qué decir sí o por qué decir no".

El debate de tener o no tener hijos

Polémica en Europa. Por Elisabetta Piqué - Corresponsal La Nación en Italia. 14/06/08. ROMA. Generación No Kid versus generación Sí Kid. Encendido, difícil y hasta odioso, este debate comenzó en Italia en abril pasado con la publicación de un libro titulado “No Kid”, de la francesa Corinne Maier, que indica las “40 razones para no tener hijos”, una obra que, en su momento, dividió a Francia. Cáustico y políticamente incorrecto, No Kid, que apunta a desalentar a los potenciales progenitores y, de forma casi inmediata, generó un contramovimiento que defiende las razones para sí tener hijos.

¿Los hijos hacen la felicidad?

Por Alejandra Folgarait. La Nación Enfoques 17/10/10. Investigaciones de EE.UU. y Europa sugieren que, a contrapelo del extendido ideal de la realización familiar, cada vez más personas se sienten insatisfechas cuando tienen hijos. En Argentina, los datos contradicen esa tendencia, aunque también aquí las exigencias desorbitadas de la vida moderna ponen a prueba el deseo de maternidad. Por qué pese a todo las argentinas sienten "pasión por los hijos". Entre el mito de la madre perfecta, los mandatos sociales y el deseo de procrear.

Los hijos, según su lugar en la familia

Por Soledad Vallejos. La Nación. 19/02/11. A pesar de que los psicólogos desaconsejan las generalizaciones, diversos estudios han demostrado que hay características similares entre las personas según el orden de nacimiento, el sexo y sus funciones tanto filial como fraterna. Los primogénitos, los del medio, los menores, los únicos, los favoritos y las mujeres...

¿Tener hijos a cualquier costo? 

Por Silvia Rivera (filósofa, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Lanús y de la UBA) Clarín. 06/04/11. Hombres que acceden a la paternidad comprando óvulos y alquilando úteros, mujeres solas inseminadas con semen de donantes anónimos parecen habilitar sin límites el deseo de descendencia. ¿Es búsqueda legítima u omnipotencia egoísta? 

Mi vida como padre

La cotidiana aventura de criar a los hijos. Por Alejandro Rozitchner. La Nación 16/06/12. Me siento padre, más que hijo. Será porque ya tengo mis años y porque mi vida actual está inundada de nenes a los que quiero como no sabía que se podía querer. Será porque ya no tengo padre, porque León murió en septiembre pasado. Será porque no comparto esa necesidad de idolatría de los predecesores que tanto abunda, el culto a los padres y a los abuelos, porque la siento inadecuada, limitante. 

La decepción de mi padre

A propósito del Día del Padre. Por Jorge Fernández Díaz. La Nación. Sábado 16/06/12. El día que murió Néstor Kirchner soñé con mi padre. Fue al final de un calvario de diecisiete horas en la redacción y de una solitaria trasnoche de whisky. Al llegar a casa me preparé un vaso con hielo, me derrumbé en el sofá, apagué las luces, bajé el volumen del televisor y estuve mirando una y otra vez las afligidas imágenes de aquel velorio interminable. Luego me arrastré hasta la cama y me dormí de inmediato. Soñé con Marcial Fernández. Un largo sueño vívido y resplandeciente.

“El amor no parece hoy la principal razón de la gente para tener hijos”


Por Claudio Martyniuk. Clarín Zona 23.12.12. Hay idealización e incluso hipocresía en los motivos para procrear. No es egoísta decidir no hacerlo sino, quizá, toma de conciencia sobre el paso que no conviene dar, dice el especialista. ¿Los hijos llegan siempre por amor? Mario Sebastiani, un experimentado obstetra, pone en duda el lugar central de amor. Se basa en las frases de las embarazadas que atiende en el hospital: “Pensaba esperar, pero llegó antes”, dice una; “yo no quería, pero mi marido no quiere parar hasta tener un varón…”, dijo otra. Directa, una paciente afirmó: “No quería tener hijos, pero quedaba embarazada o perdía a mi marido …”. También recuerda este pedido: “Necesito ayuda, no sé de quién es, me encontré con un compañero de colegio y en el mismo día tuve relaciones con mi marido y con él” (casi, casi, el guión de “Graduados” ...). Sebastiani enumera más ejemplos que muestran cómo tantas veces no es la responsabilidad lo que da origen a una vida: “Fue un accidente, nos cuidamos con preservativos, pero una noche, luego de una fiesta, no lo usamos.” Otro caso es el de la mujer que decide: “Lo voy a tener: ya estoy grande”. El médico confirma así que hay hijos que llegan por un deber que no se cuestiona o para cubrir vacíos afectivos. ¿Cuál es la principal razón para tener hijos?...

BONUS TRACK 

No puedo dejar de compartir este ácido análisis del periodista Alberto Amato. Me hizo reir mucho. Horanosaurus.

Cómo crear una generación de monstruitos
Por Alberto Amato. Clarín 22/04/17.


Algo tiene que cambiar. O el concepto de in­teligencia, o la pasión desbocada de algunos padres que nos tiran por la cabeza el talento inexistente de sus hijos. Una pasión desboca­da termina siempre en un choque trágico, por lo general con la realidad, que es más dura que el concreto. Diálogo tipo con la mamá in­sufrible, que enumera las dotes extraordina­rias del pequeñ hijo que: "Vos no sabés lo que es el nene: una inteligencia, es un superdotado. Es increíble. Yo no sé a quién sale". Sin mala fe, uno puede hacer notar que, según tiene en­tendido, al chico le va pésimo en la escuela. Ojos de asombro de la mamá: "Ah, pero eso es porque se aburre. Su grado de comprensión y lucidez es  tal, que la escuela le queda chica. Aprende más por Internet que en el aula". Las variantes pueden ser otras: el chico es hiperactivo, o, dada su inteligencia, le es difícil relacionarse con los demás, o son los maestros quienes no lo entienden. Están los padres que creen queel chico es Messi en su esplendor y que sólo una conspiración AFA-FIFA le impide integrar el seleccionado nacional sub-8.0 que relatan la proeza del pequeño genio en el aprendizaje del inglés. Uno recuerda, siempre sin mala fe, que a gatas el chico sabe en ese idioma contar hasta cien y el nombre de los colores. "Ah, pero ¿viste como pronuncia? Un lord". Sí, un lord del almirantazgo. Por cierto, nada es gratis. Los padres pade­cen serlo de tamaño genio. “Es un orgullo, pero también una preocupación. Vivimos para ese hijo". A factura expuesta, relevo de prue­bas. Madres cluecas, padres lobos, papis, mamis, ¿no estarán creando una generación de pequeños monstruos?

OTRAS ENTRADAS RELACIONADAS EN ESTE BLOG:

sábado, 1 de diciembre de 2012

Nuestros paisanos los indios III


Veo que lo tengo incorporado, porque empiezo repitiendo lo de siempre: las explicaciones acerca de lo que observamos, vivimos o investigamos no necesariamente son lineales, directas ni proporcionales a las impresiones percibidas. Aunque existan pistas que parecen evidentes -y encima tantos slogans-, mejor es ser desconfiado y escarbar más. 

Sobre el tema del genocidio de los indígenas en la Argentina puse a mano una de las posturas que podemos encontrar en la vieja entrada Nuestros paisanos los indios I, básicamente la visión del investigador Osvaldo Bayer. En la siguiente entrada Nuestros paisanos los indios II, expuse algunas interpretaciones y dudas propias, tratando de embarrar la cancha con información que fortalecía la tésis de arriba más que dilucidar el problema. Vuelvo ahora para aportar algunas cosas más. 

No defiendo la figura de Julio Argentino Roca ni me parece simpática pero que veinte tipos pretendan derrumbar su estatua en el centro cívico de Bariloche da verguenza ajena. Fue un hecho real y ocurrió hace unas pocas semanas. ¿Esos chicos sabían lo que hacían realmente? Aunque la hayan colocado allí quienes representan  al poder, fue una patoteada poco inteligente. La cuestión merece ser dirimida con racionalidad: así lo propone un tipo tan valioso como Bayer, tanto para remover ese bronce como el de la Diagonal Sur en la ciudad de Buenos Aires. 

Claro que, mientras tanto, muchos "progres" ni reparan en la estatua ecuestre que mereció uno de los mayores traidores a la Patria, el general Alvear, en pleno barrio de Recoleta -Av. del Libertador casi Pueyrredón, Buenos Aires. Es de mayor impacto visual que la más importante del país dedicada a su hermanastro, el mismísimo libertador José San Martín, en Retiro. 

Aunque siga rechazando aceptar lo que dicen los que ganaron, ponerse por contraposición del lado perdedor no asegura apoyar la verdad, si es que la verdad absoluta existe. Se hará justicia poniendo blanco sobre negro las responsabilidades de esos ganadores y brindando oportunidades de integración a los herederos de aquellos indígenas despojados. Y no con demagogia barata ni más verso. Sabiendo que nuestra inmadura sociedad mantiene una verdadera y amplia "deuda interna" también con muchos otros sectores excluídos: villeros, desocupados, trabajadores formales e informales, etc. Y, a la vez, todos tenemos el derecho de defender nuestra opinión de las manipulaciones y proteger nuestro voto en sentido amplio -aunque tenga el peso de una miniatura- porque hace a nuestra libertad individual. Acá de nuevo links a anteriores entradas relacionadas de este blog, con más info: 

Nuestros paisanos los indios I

Nuestros paisanos los indios II


Y dos artículos publicados recientemente que se les animan a ciertos  mitos sobre el tema y aportan al análisis. Sumemos lo certero y desechemos "el verso". Horanosaurus.

Pensamientos Incorrectos
Día de la Raza

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION. Martes 09/10/12.

Los argentinos tenemos un defecto que es, a la vez, nuestra virtud cardinal. Somos, en gran parte, nietos de gringos. Por lo tanto, lo ignoramos casi todo respecto de la historia de nuestro país. Formamos parte de la marea humana que bajó de los barcos entre 1880 y 1920, cuando aún no estaban bien tapados por la tierra piadosa los cadáveres de miles de víctimas. Indios y cristianos, rehenes y cautivas, caciques y milicos, todos ellos caídos en la gran guerra indio-cristiana, entre 1820 y 1890.

Siendo, pues, medio gringos, poco podíamos saber de los malones, los fortines, de Roca y Villegas, de Pincén y Calfucurá. ¡Para nosotros, los indios eran unos tipos con plumita que aparecían en las películas de cowboys! Siempre perdiendo la batalla.

Por eso nos sorprende que, hoy día, los supuestos descendientes de aquellos indios, hoy llamados "mapuches", reclamen propiedades de lugares como Bariloche, Aluminé, La Angostura e incluso Toay, La Pampa. Vamos por partes.

En realidad, el término "mapuche" fue inventado por el etnólogo norteamericano Edmond E. Smith en 1850, y luego difundido en distintos países de América. El significado es claro: mapu:tierra; che:gente. Del mismo modo, yo mismo, aficionado a la lengua de la Patagonia (mapu-dungún) he bautizado a mi quinta de fin de semana "Epu-Trehua" (los dos perros) y a un chalecito que tengo en Chapadmalal, "Antu-Catán" (casa del sol) sin por ello reivindicar ninguna raíz histórica.

Leyendo las obras de Lucio V. Mansilla, Estanislao Zeballos, Manuel Prado y otros autores del tiempo de los fortines, no encontramos nunca la palabra "mapuche". Jamás se habló de semejante tribu o nación. La literatura de 1820-1880 habla, sí, de los pampas, los serranos, los araucanos o chilenos, los vorogas, los tehuelches, los tubichaminís. Pero la palabra mapuche no aparece jamás. La historia y la antropología coinciden en que el territorio argentino, de San Luis hacia el sur, estaba ocupado por los tehuelches septentrionales (pampas, aoniken) los tehuelches meridionales (pampas, guenaken) y los tehuelches que habían pasado a la isla, conocidos como onas. Estos paisanos integraban una comunidad de cazadores-recolectores. No cultivaban la tierra ni mantenían el concepto de propiedad privada o límites nacionales. Apenas el de "espacio vital", que mudaban de asentamiento en aquellas inmensas extensiones, buscando siempre caza abundante de guanacos, venados, piches, avestruces. Ocupaban, pues, sin ocuparlo, un país inmenso. Se cree que estos tehuelches (o sus antepasados) estamparon las paredes rocosas de la Cueva de las Manos hace 8000 años. Afirma Casamiquela que, cuando se fundó Carmen de Patagones, los tehuelches se arrimaron a traficar plumas de ñandú y cueros de guanaco. Lo mismo hacían en Punta Arenas, en 1850, y en 1865 con la colonia galesa, en el valle del Chubut. Era una actividad de significación económica muy superior a lo que hoy puede parecer. Todos los testimonios concuerdan en que la gente tehuelche era pacífica y dispersa.

Por eso es raro que hoy, en 2012, surjan comunas o movimientos o sindicatos de identidad "mapuche" que reclaman campos o tierras en Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz. ¿De dónde vienen? ¿Son pueblos originarios de nuestro país, a los que la República les debe algo porque les ha jugado sucio, ocupando sus espacios y estrangulando sus medios de vida?

El mapuche es chileno y entra al ámbito de las pampas argentinas en 1820, expulsado por las guerras intestinas de Chile. Vamos a dejar la respuesta a don Rodolfo Casamiquela, etnólogo y antropólogo fallecido en el año 2008, pero no sin escribir 24 libros y 200 monografías sobre el tema. Casamiquela, nacido en Jacobacci, se consideraba el último hombre capaz de pronunciar correctamente el idioma tehuelche del norte (o sea, "pampa") y su veredicto fue contundente: "Los mapuches son chilenos". Otros conceptos: "Hoy sólo se habla del mapuche. Los tehuelches se auto-suprimieron u olvidaron su propia historia, a pesar de que hoy existen muchos descendientes, como los Chagallo, Yanquetruz, Sayhueque, Foyel, Catriel, Chiquichano, Chelqueta, Chingolé, Chalao, Chacamata, Cual. Estas familias son los tehuelches que quedan, es decir los llamados pampas. Fueron un linaje de enorme poder potencial, que se fue araucanizando o mapuchizando a partir de la lengua. El mapuche es chileno y entra al ámbito de las pampas argentinas en 1820, expulsado por las guerras intestinas de Chile. Muchos jefes indios chilenos tomaron partido por el Rey de España y, en el contexto de una guerra a muerte, cruzaron la cordillera para salvar la vida. Aquí fueron recibidos por algunos parientes y, poco a poco, autorizados por el brigadier Juan Manuel de Rosas a instalarse en las provincias del Río de la Plata.

Uno se pregunta si los tehuelches, pueblo originario de Pampa y Patagonia, fueron exterminados por los araucanos chilenos, o por las fuerzas militares argentinas, o por alguien.

Casamiquela: "El tema es la lengua. Para negociar con el español, se celebraban los llamados parlamentos, o sea, asambleas de oratoria y diplomacia donde cada jefe (ulmén) con sus capitanejos o caciquillos, y los representantes del blanco o huinca (derivado de los incas, que también intentaron someter a los araucanos con poca suerte) rivalizaban en alocuciones y figuras retóricas para "ajustar las paces". En este terreno diplomático, el idioma mapuche era muy superior al tehuelche. Preciso, claro, bello, simple, rudo, el mapudungun es una lengua muy valiosa. Con ella penetra la religión, predominando entonces lo mapuche sobre lo tehuelche".

Llegamos a la conclusión de que los mapuches chilenos no exterminaron a los tehuelches argentinos, sino que se agruparon en distintas federaciones, en las cuales predominó siempre la jefatura militar mapuche. Según atestiguan con todo detalle viajeros históricos como el inglés Musters, los tehuelches eran tenidos por "gitanos, vagabundos, bohemios, indisciplinados".

Dice el Profesor Casamiquela: "El mapuche no tiene profundidad histórica en Argentina. Lleva 100 años aquí". En este sentido, es como los italianos, los irlandeses o los croatas. Sigue diciendo Casamiquela: "Cuando vino a nuestro país el Profesor Erice, autor del máximo diccionario mapuche, no encontró ningún hablante de esa lengua en Viedma. Aquí en Jacobacci quedaban los Linares, descendientes de un cautivo de ese apellido que se casó con la hija de un cacique, radicado en la laguna del Juncal, pero eran tehuelches. También son tehuelches los criollos de apellido Entraiga o Castelo. En resumen: los derechos que reclaman hoy los mapuches sobre la tierra... no existen. Esto es historia, no teoría. Actualmente las cosas se mueven políticamente. Entonces, los mapuches chilenos dicen que son argentinos y empiezan a reivindicar toda una vida en nuestro país. Al historiador, eso no le interesa. Lo que pueda decir un político, un abogado... eso es otra cosa".

Históricamente, el nombre de Patagonia evoca a un territorio habitado por hombres de pies enormes, y muy altos. Dice Casamiquela: "Lo que pasa es que los españoles eran bajitos, y además miraban desde abajo a los tehuelches, que estaban subidos a la loma de un médano. De cualquier modo, en 1896, un francés llamado Delavaux, que recorría el trazado de la ruta 40, en el sur de Chubut, excavó una tumba tehuelche y midió el esqueleto del hombre allí enterrado. Le dio 1,99m. Otra excavación, en Península Valdez, permitió verificar los dos metros. Son la etnia más alta del mundo". Grandotes pero muy dados al vicio, demasiado libres en sus costumbres, mansos y bondadosos, los tehuelches hicieron buenas migas con los galeses de Chubut y, en general, no molestaron a nadie. Se dejaron colonizar por los araucanos chilenos, primero, y por la República Argentina, después.

Uno de los últimos héroes del linaje tehuelche o pampa fue, sin duda, el cacique Pincén. Se lo recuerda como Vicente, Juan o Francisco Pincén. Según la paisanada, el apellido se pronuncia correctamente Pisen, o Piseñ o Pincel, pero siempre con acento en la "i". Existen cuatro fotos de Pincén. Lo vemos con su chiripá, sus botas de potro, su lanza corta, sus bolas enroscadas al cuello, el torso desnudo, la melena larga sujetada por una vincha, y lo apreciamos idéntico a ¡Alberto Olmedo! También podría parecerse a don Alberto Rodríguez Saá, aunque este último, más corpulento, conserva la altura y el carisma de sus antepasados ranquelinos.




Algunos rechazan el Día de la Raza porque parece clasificarnos a nosotros, los seres humanos, tan espirituales, como perros de raza "golden retriever" o vacas, de raza Heresford. La verdad es que todos los hombres pertenecemos a la misma raza, pero con grandes variaciones étnicas: no es lo mismo un sueco que un senegalés. 



Los altos y melancólicos tehuelches han sido colonizados y, sin duda, estafados por los blancos argentinos y los araucanos chilenos, que entraron a nuestras pampas -básicamente- a robar ganado y capturar mujeres rubias. En el camino, resultaba inevitable lancear o degollar a unos cuantos argentinos. ¿Qué se le iba a hacer? ¡Eran huincas! 



Pero esa es otra historia. Por el momento cerramos este modesto apunte con el saludo que se utiliza aún hoy en la Patagonia, al cruzarse los caminos de los viajeros: "Mari-marí". Esto significa textualmente "diez-diez". Que te vaya bien, que te vaya "de diez". Y a veces, para que esa salutación al paso resulte más cálida, se la enuncia más completa. "Mari-marí peñí". O sea: Adiós, hermano.



NOTA: Las fuentes de este artículo son el sitio de internet "Los Matuastos- Periodismo" (09/09/12) y "Pincén, vida y leyenda" de Juan José Estévez, publicado en 2011--Fotos de caciques Pincén y de Calfucurá.

La estatua de Roca, junto a la mujer india

Por Ricardo De Titto (historiador y docente. Director de "Claves del Bicentenario" y autor de "Yo, Sarmiento"). Opinión. Clarín 17/11/12.

Se cumplen este mes exactamente 235 años –era noviembre de 1777– desde que el virrey Cevallos, tildado siempre como “progresista”, estableció un plazo de tres meses para realizar “con éxito seguro” una campaña punitiva contra los aborígenes.

El plan de ataque fue muy similar al empleado por Rosas 50 años después y por Roca en la definitiva toma del “Desierto”. Se puede sostener la hipótesis de que la “Confederación de las Salinas Grandes”, dirigida por Calfucurá constituyó un Estado que reunió a varias naciones; y que el “País de las Manzanas”, orientado por al cacique Sayhueque, como su nombre lo indica tenía rasgos similares.

Los de la Pampa eran comerciantes, guerreros y vivían en constante relación con el poder “huinca”, con Rosas como con Urquiza, con Mitre como con Avellaneda y Roca. Los del Neuquén, agricultores, sedentarios y pacíficos estaban más lejos y llevaron un vida casi autárquica. Pero ambos Estados, el de la pampa y el cordillerano, tenían diplomacia exterior, formas de gobierno asamblearias –de hecho un “parlamento”–, “presidencias” hereditarias, un código de leyes no escritas y valores comunes... y un ejército regular con sus oficiales (los capitanejos) de miles de “lanzas” muy bien armadas para defender su frontera y “poner orden” en su interior. Un estado peculiar, sin propiedad privada, pero un Estado al fin: durante más de 25 años nada se podía hacer al sur de Mendoza y Río Cuarto y al oeste de Tandil (o sea, casi la mitad de la actual Argentina) sin acordarlo con los líderes de la Confederación. La construcción del actual Estado nacional, tuvo, en paralelo, a otro Estado que terminó por absorber.

Si todo se reduce a “bajar” a Roca de su pedestal en una avenida porteña o en el Centro Cívico de Bariloche (y grabarlo a fuego en la lista de los “malos”), quienes sostienen esa postura deberían empezar por confeccionar una inmensa lista de calles, avenidas, parques, lagos, ciudades, pueblos, montañas, ríos y un largo etcétera para rebautizar poco menos que todo el país, empezando por nuestro engañoso nombre nacional de Tierra (¡y Río!) de Plata, metal que se hallaba en Charcas. Y al recordar a la mujer “originaria” no olvidar la inmensa diversidad de toda especie que hubo entre las diversas culturas, incluyendo a los guaraníes, los kollas, y los araucanos más propios “originariamente” de las actuales Paraguay, Bolivia y Chile. Un camino hacia la verdad que se pretende es problematizar la historia, estudiarla desde su complejidad; el otro es encontrar soluciones fáciles y, en el fondo, retóricas.

El tema de los “Estados” aborígenes, sin embargo, puede abonar –y firmemente– la teoría del genocidio, aunque no sea esa nuestra intención prefijada. El monumento en recuerdo de la mujer india y el mayor conocimiento de todo nuestro pasado, desde ya, bienvenidos.

BONUS TRACK


Por Rolando Hanglin. La Nación. 27/05/14. "Nada hay más incorrecto, hoy día, que exaltar la figura de Roca. Al parecer, es el villano actual de la historia argentina. Digamos: se le ha dado un descanso a don Juan Manuel de Rosas, que también protagonizó una expedición a los desiertos pampas en 1833, y ahora está de turno Julio Roca, el exterminador de indios, el aliado del imperio británico" (...)


Por Rolando Hanglin.  La Nación. 10/06/14. "Muchos creen que los mapuches fueron el pueblo originario de nuestro país, y que la civilización blanca, empezando por los virreyes españoles y terminando con el General Roca, los exterminó en un largo genocidio. Si aceptamos esta historia, cargaremos a nuestros descendientes con una culpa criminal, completamente imaginaria. Este artículo pretende despertar la curiosidad del lector hacia la historia argentina: hay muchísimos libros, ensayos y estudios publicados sobre estas cuestiones. El que decida leerlos descubrirá que la historia no es así, que nunca lo fue, que no puede dividirse en buenos y malos. Por eso consignamos algunas pistas..."