Perón y Cristina K. por Sábat. 2015.
Fin de noviembre de 2015: el soberbio
kirchnerismo se retira de la escena, preguntándose aún que hizo mal para que el
pueblo le de la espalda. Las razones de su dura derrota política deben buscarse
en razones sociológicas, en los comportamientos, en las sensaciones de bienestar y malestar de la gente y su proyección en el futuro. Es válido pensar que gran parte de nosotros votamos “con el bolsillo” pero para las masas los resultados económicos del gobierno
kirchnerista son una nebulosa de sensaciones, tan subjetiva como
los sabores.
Quiero verter aquí primeramente algunas
razones económicas fácilmente comprobables que concluyen que -después de más una década de gobiernos
populistas- entre 2003 y 2015 se perdió una oportunidad histórica de desarrollarnos y convertirnos en
una potencia en el hemisferio sur al modo de Brasil, para ejemplificar,
aprovechando el viento de cola de los altos precios internacionales de nuestros
productos primarios que lamentablemente han finalizado. Es decir, sustentar la
idea que -más allá del mentiroso slogan “la década ganada” que usó el oficialismo
en alguna eufórica campaña- hemos transitado verdaderamente una “década
perdida”.
Para ese fin, aunque soslayaré aquí todo lo posible temas prioritarios como la corrupción institucionalizada, no olvidaré que durante los gobiernos kirchneristas se produjo el récord de 2160 denuncias por corrupción presentadas en la Justicia. El slogan ya fue usado en otra oportunidad para calificar a la primera dictadura argentina del siglo pasado pero podría volver a usarse "la década infame". Porque a eso se agregó el avance impune del
narcotráfico y de la delincuencia durante su mandato, encima acompañado de un relato triunfalista humillante y falsamente progresista, alimentado con periodismo rentado y consumido por la gilada (1). Fueron gobiernos anti-republicanos que maniataron a los otros poderes o manipularon relaciones políticas volviéndolas antidemocráticas (por ej. alianzas con “los barones” del conurbano, con los peores gobernadores feudales o el manejo corrupto y maquiavélico de la obra pública). También podría usarse el otro famoso slogan aplicado para los años 30 "roban pero hacen". Pero esa descalificación le queda grande al kircherismo porque dejaron al país sumido en el atraso (2).
Algunas
cuestiones económicas
Cuando se fue el kirchnerismo, el
salario del 50% de los que trabajaban formalmente no superaba los $ 6.000 (unos U$S
400, usando un cambio realista del momento... porque había varias cotizaciones por los controvertidos controles oficiales). La canasta familiar se situaba en
alrededor de $ 12.000 y el alquiler más barato empezaba en $ 3.000. Además, quienes ganaban más de $ 12.000 mensuales aproximadamente debían
pagar un "impuesto a las ganancias" de varas bajas, sostenido durante años por el gobierno para los sueldos supuestamente altos. Hubo paritarias libres para lidiar
contra la inflación y mantener el consumo, es verdad, aunque siempre con topes impuestos por el gobierno sobre una
burocracia sindical dócil. En la Argentina los trabajadores “en negro” continuaron siendo alrededor del 35%: el porcentaje histórico de siempre. Eso significa gente sin aportes
jubilatorios, derechos laborales mínimos y peor actualización salarial: un
rotundo fracaso del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que no le movió el amperímetro a la burocracia sindical. En un porcentaje similar coinciden todos los economistas se halla la proporción de la economía informal en nuestro país, que el kirchnerismo increíblemente fomentó, intentando incluso exportar el fenómeno de la feria La Salada y otros casos mafiosos similares. Una vía más fácil (y trucha) que intentar transparentar las distintas cadenas.
¿Qué hay de verdad sobre el supuesto gran nivel salarial que tuvimos con estos dirigentes 'revolucionarios K' de Puerto Madero? Data evidente que desmiente el relato: estuvimos mejor hasta con Isabelita Perón y Alfonsín...
“La herencia kirchnerista combina lo
peor de los escenarios (cambiarios): un país sin moneda con una de las tres
mayores inflaciones del mundo… y con un atraso cambiario ortodoxo” (3). Propio
de la convertibilidad de Martínez de Hoz, de Menem y Felipe Cavallo. Muchos
argentinos gastando en los shoppings de Miami y Chile y todas las economías regionales
con niveles mínimos de exportación: altos costos internos y poca retribución
por las ventas. Caña de azúcar y limones en Tucumán y peras y manzanas en el
sur sin cosechar por antieconómicas. Bodegas cuyanas con la menor exportación
de la década. Pero a diferencia del menemismo, por la falta de divisas se
impusieron barreras a la importación para evitar su sangría, intentando el
cierre de las cuentas a corto plazo. La desesperación les hizo crear luego un cepo cambiario de efectos
positivos efímeros.
Las consecuencias de la inflación
sobre la economía y la gente fueron subestimadas por los funcionarios, no solo
dialécticamente: también se llegó a la burrada de manipular los índices que
históricamente proveía el INDEC, para un supuesto beneficio político y para
minimizar el pago de intereses de bonos externos. Nuestro país estuvo entre los
cinco más inflacionarios del mundo en estos últimos años: acumuló 1358% entre
2002 y 2015, según mediciones privadas. El kirchnerismo apeló a la emisión monetaria para darle oxígeno al alegre esquema sin sustento del consumo interno y así cubrir el déficit fiscal. Aquellos fueron los efectos.
Política exterior dislocada e ineficiente: Argentina
dejó su silla en el Mercosur de tal modo que sus socios iniciaron negociaciones
con otros bloques sin consultarnos más. Se perdieron mercados externos para
muchas producciones vernáculas y todo quedó supeditado al mercado interno. Muchos
países declarados enemigos políticos por el matrimonio kirchnerista y su cúpula, como EE.UU.,
fueron desestimados como posibles mercados para nuestros productos. Se
entablaron muy pocos convenios comerciales para expandir nuestras exportaciones
y los pocos intentos de expansión fueron caprichosos, como el mediático, patético e
inútil desembarco en el subdesarrollado Angola y algún otro país africano. Otro
espasmo de dudosos resultados, que incluía cláusulas secretas, fue
acercarse a China, negociaciones que incluyeron la entrega de una base militar en
el sur de nuestro país. Los convenios hechos con Venezuela fueron de corta vida y beneficiaron a
empresarios cercanos al oficialismo (Cresta Roja, Vasalli, Sancor y otros) y
derivaron mayoritariamente en hechos de corrupción. El acercamiento con Irán terminó siendo puramente político a cambio de nada: sería declarado inconstitucional por la justicia,
para otorgarle garantías judiciales a los posibles culpables del atentado a la
AMIA, en detrimento de la soberanía argentina. El juzgamiento de la causa del fiscal Nisman quizás algún día descubra la verdad. Anclados en un relato oxidado, nuestros gobernantes ignoraron que la política exterior de cualquier país inteligente en el mundo consiste en negociar con los demás para venderles productos hechos en casa con el mayor valor agregado, recordando que las discusiones ideológicas son para la gilada y solo la agitan los tontos.
Los datos desmienten una supuesta
reindustrialización del país durante este gobierno. Según la Unión Industrial Argentina,
el nivel de industrialización actual coincide con el de 1975. La cantidad de
obreros del sector está estancado desde hace años en 1,2 millones. Las
terminales automotrices instaladas siguen siendo en realidad armaderos de piezas extranjeras
cuyos componentes nacionales rondan solo el 15%. En Tierra del Fuego, con gran
costo fiscal se sigue manteniendo una industria ficticia, armándose -por ejemplo-
teléfonos celulares o computadoras que nos salen varias veces más caros que importarlos directamente.
El gobierno kirchnerista fue de
seguro uno de los que más invirtió en investigación y desarrollo científico en
toda la historia argentina (aumentó de 0,4 al 0,65% del PBI) y elevó esa
política al rango de ministerio. Lamentablemente, eso no se tradujo nunca en
mayor competitividad para la industria nacional. También hubo una gran oferta
de becas universitarias para estudiar pero sin una política para promover
carreras estratégicas. No fue eficaz ni de excelencia la apertura indiscriminada
de universidades en el conurbano bonaerense. Significaron
quizás un relativo acceso de la población a
la educación y oportunidades para la investigación, pero sin
planificación. Y quedó mucho dinero en el camino, por ejemplo mediante contrataciones tercerizadas con las instituciones mencionadas antes, para evitar licitaciones transparentes. Que no se olvide: gran parte de la comunidad educativa fue cómplice.
Con una población de aproximadamente
40 millones de habitantes, unos 17 millones de argentinos reciben pagos del
Estado: 6 millones son jubilados y pensionados; unos 5 millones reciben
asignaciones familiares y 6 millones más
cobran distintos planes (asignación familiar por hijo, Procrear y Progresar,
etc.) Ello no implica para mi descalificar los
efectos redistributivos de la asistencia del Estado, pero es un dato de la
realidad que ese esfuerzo apenas frenó la pobreza, cuya cifra real se desconoce
desde hace años por decisión del kirchnerismo. Su último ministro de Economía nos dijo que la maniobra era para no estigmatizar a los pobres. Una "cargada" para idiotas, seguramente. Para la central obrera CTA oficialista los pobres en el país eran ocho millones de compatriotas (el 20% de la población) y la iglesia católica calculaba cifras por sobre el 30%. Pocos meses después de terminar la mordaza oficialista sobre datos tan sensibles, todo el mundo coincidió con este último porcentaje, inaceptable para un gobierno que se decía progresista.
¿Cómo puede un Estado coherente dedicar el 56% del gasto público en prestaciones de la Anses (jubilaciones, pensiones, asignaciones) y el Pami, 17% en sueldos de empleados estatales y otros, y alrededor del 20% más en subsidios a los transportes y a la energía? (x)
La desocupación real también disponía de datos oficiales poco confiables: para la central sindical citada recién llegaría al 9%. Es
vox populi que no hubo generación de empleo genuino en los últimos cinco años.
Como contraparte, habría 1,5 millón de empleados públicos en los tres niveles
(estado nacional, provincias y municipios). La participación del empleo público
en la fuerza laboral pasó del 12,7% en 2005 al 20% en la actualidad (4). No se
trataría de cifras siderales comparadas con la de algunos países desarrollados:
lo alarmante fue la falta de controles, la politización en la admisión del
nuevo personal y el peso asfixiante del gasto salarial en muchas provincias para financiar la política. El
Estado kirchnerista llegó a ser el empleador
más informal de la Argentina, generador principal del trabajo en “gris”, con empleados con contratos de obra, una situación que trató de regularizar de apuro en los últimos años (5).
El gobierno hizo una ventajosa
renegociación inicial de la deuda pública internacional con quitas importantes. Pero a pesar de sus
pagos religiosos a organismos internacionales como el FMI y el Club de París (9.000
millones de U$S con recargos sin chistar que sumaron más que la deuda con los
fondos “buitres”) subió de 180 a 250 mil millones de dólares. Es una burda mentira sostener que durante el kircherismo no aumentó la deuda externa. Todo esto, también
a pesar de los 14.000 millones anuales promedio que se recaudaron con la soja y las otras retenciones agropecuarias
(U$S 61 mil millones por retenciones solo a la soja durante todo el “cristinismo”
o U$S 85 mil millones por retenciones agrícolas en la última década según Sociedad
Rural Argentina o U$S 100 millones según la IERAL-Fundación Mediterránea para el período 2003/15). ¿Qué obras de infraestructura de relevancia nos dejaron los Kirchner con semejante ingreso de dinero? Habría que preguntarle a un tal Lázaro Báez. A lo mejor hizo cosas que desconocemos.
Quizás sea cierto que no se tomaron muchos créditos
directos en el exterior pero terminaron
utilizando un festival de bonos digno de modelos liberales de sus
criticados años noventa. Cuando avanzaron los “fondos buitres” que lo
acorralaron desde los estrados de Nueva York, el gobierno inició una “campaña patriótica”
contra ellos, para la tribuna. Fue el mismo kirchnerismo quien aceptó esa
jurisdicción, pateó la solución de los holdouts para adelante -acumulando
intereses suculentos- hasta que nos
sentenciaron en contra y nunca se animó a investigar y rechazar la parte sucia
y corrupta de la deuda: su bancada cajoneó durante años en el Congreso el
expediente Olmos. Los funcionarios ‘patriotas’ Axel Kicillof y Alejandro Vanoli
terminaron vendiendo 16 mil millones de dólares a futuro a $ 10 a marzo de 2016
secando el Banco Central, con un perjuicio para el país de $ 77 mil millones. Con este dinero y un poco más se le pagaba a los buitres. Esos personajes, junto a la presidente Cristina Kirchner, fueron
imputados por defraudación al Estado y actualmente recorren los tribunales
federales. Alguien definió esa operación como "la estafa más grande en la historia de la Argentina" (6).
La coparticipación federal con las
provincias fue puro chantaje: si los gobernadores no obedecían políticamente al
gobierno central, no se les enviaba fondos. Fueron los años de mayor
concentración unitaria de la historia argentina. Para los amigos, fastuosas
obras comandadas por el ministro Julio De Vido con contratistas seleccionados. El caso de la
deuda con la provincia de Córdoba fue paradigmático y la propia justicia
reconoció lo improcedente del Poder Ejecutivo en el reparto de fondos.
En cuanto a la infraestructura, después
de nueve años de gobernar, se dieron cuenta que los argentinos viajaban como
ganado en la gran metrópoli porteña cuando murieron 50 trabajadores en la estación
Once capitalina. Recién ahí, con bombos, platillos y luces de neón -como si se tratara de
una iniciativa ingeniosa- pusieron nuevos trenes y durmientes (todo chino, nada
industria nacional). Nadie puede discutir que la red vial quedó desactualizada y que las rutas provinciales eran obsoletas prácticamente en todo el país (con
la excepción de San Luis). Menem ya se había encargado de destruir la red ferroviaria, estos émulos le siguieron juntando óxido. La cantidad de rutas con problemas de seguridad y colapsadas aumentó de
1000 a 3400 Km. durante el kirchnerismo (6a). El 93% del transporte de cargas se realiza con camiones, obviando otras alternativas más baratas y menos contaminantes. Las
estadísticas de accidentes viales también fueron récord pero pesó más el "capitalismo de amigos" practicado con los
concesionarios de la obra pública. El caso más emblemático fue el de Lázaro Báez
y sus empresas: los kilómetros que llegó a pavimentar fueron los más caros de Sudamérica. Los empresarios argentinos aceptaron el juego corrupto. El 50% de los hogares argentinos carece de redes cloacales y un 16% no tiene agua potable.
Hubo desatinos constantes en la
política energética que no pudo revertir el déficit de sus recursos en todo estos años, con caída de producción y de reservas de gas y petróleo. Eso nos hizo
importar combustibles a precios altísimos y por montos siderales (unos U$S
12.000 millones por año--más o menos lo mismo que entraba por la soja), olvidando la
promoción de energías renovables, a contramano de la tendencia mundial. Manotazo de ahogado con el yacimiento Vaca Muerta y su contrato secreto con
Chevron (curiosamente un socio de los tan odiados “buitres”) para usar el cuestionado
método “fracking”. Desventajosa estatización de YPF, regalando la mitad a
privados que no arriesgaron nada. Luego
de una negociación de Néstor Kirchner -todavía increíblemente oscura- primeramente su amigo Ezkenazi obtuvo el
25% de las acciones. Los Kirchner todavía no le explicaron al pueblo de Santa Cruz donde están los 500 millones de dólares obtenidos para la provincia cuando aprobaron alegremente la privatización petrolera menemista en los años noventa. Pero ya se supo cual fue la historia: la contó su cómplice Aldo Ducler antes de morir (xx). Según el oficialismo, la operación de estatización no iba a costar nada pero terminaron pagándole 5.000 millones de dólares a los vaciadores españoles de
Repsol, que encima le hicieron un juicio al país en los tribunales de Nueva York, que a la fecha no se definió. Por último, onerosa compra de Aerolíneas Argentinas, también sin castigo
a los vaciadores, convirtiendo a la empresa en la aerolínea más perdidosa del mundo y en una caja política para la
militancia de la agrupación oficialista La Cámpora.
“Antipolítica” agropecuaria con
logros increíbles: de cada $ 100 de renta que producía una hectárea promedio en
el campo, unos 85 le quedaban al estado nacional, las provincias y los
municipios. En algún momento esa cifra llegó al 94% (7). Casi ninguna actividad agropecuaria terminó siendo rentable. Resultado: menos trigo sembrado que hace un siglo y la
soja como casi único negocio. Denostada caprichosamente como “el yuyito” por la ex-presidente Cristina
Kirchner -pero calificada como un milagro para los argentinos por Fidel Castro- al final fue la producción más favorecida por ser a la que menos trabas le pusieron, relativamente. Desde 2002 a esta parte, el campo perdió más
de 95.000 productores cuando se suponía que el gobierno prefería a los minifundistas sobre los
pooles de siembra (que también se fueron espantados). El plan estratégico que diseñaron para el campo -pomposamente llamado "PEA"- contemplaba para este año 40 millones
de toneladas de granos más, pero no pudo sumarse ni un millón más. Otro verso más para la gilada.
Con el falso paradigma de defender
“la mesa de los argentinos” y abaratar y promover el consumo interno, el prepotente
secretario de Comercio Guillermo Moreno prohibió exportar carnes, entre otros
alimentos. Pero por falta de incentivos se terminó deteriorando gravemente el stock vacuno y los precios en las góndolas se hicieron incontrolables igual. Otro de los
efectos de sus medidas ineficaces fue -a partir de 2005- el cierre de 138
frigoríficos y 14000 operarios especializados de esa industria en la calle (8). En
los últimos trece años, también cerró un tambo por día en algún lugar del país:
como en otras cadenas, con los lácteos la ganancia se la llevaron los grandes
supermercados y los industriales (9). La anacrónica e ideologizada visión
kirchnerista del campo -que nos seguía hablando de "la oligarquía ganadera"- logró que la torta agropecuaria se redujera al tamaño de
un alfajor, impidiendo se favoreciera a la población rural y el país en su
conjunto.

Un
gobierno populista y anti-republicano
Como buen gobierno populista,
destrozó la división de poderes: quiso “democratizar” la justicia, eufemismo
por invadir juzgados con personeros que le cubrieran la retirada a sus
funcionarios ante las múltiples denuncias de corrupción por hechos gravísimos, por ej. las del
vicepresidente Amado Boudou. La desaprensión y falta de
escrúpulos llegó a que siguiera en funciones al frente del Senado normalmente,
deshonrando su investidura, y nos gobernara durante muchas jornadas ante la
ausencia de la presidente Cristina Kirchner. Tampoco se profundizaron las investigaciones sobre la fortuna de la mismísima familia
presidencial, Lázaro Báez y otros millonarios. Al empresario amigo Cristóbal López, la AFIP le permitió acumular una deuda colosal de 7 mil millones de pesos, cuyos fondos utilizó para hacer crecer su emporio. Inaudito.
Cooptaron a un séquito de artistas
repartiendo dádivas y subsidios encubiertos. Pero su caballito de batalla
cultural fue la pelea con los medios opositores, principalmente el multimedios Clarin,
olvidándose hipócritamente de antiguas amistades políticas (decreto de Néstor Kirchner
para otorgar un monopolio a la empresa
Cablevisión y beneficiar a esa corporación). Manipulando desde el Estado una
nueva ley de medios, favorecieron con una pauta de publicidad oficial multimillonaria
a personeros (Spolski, Cristóbal López, Gvirtz, etc.) para la compra de empresas y la defensa
machacante de sus actos de gobierno. Crearon un ejército de “periodistas
militantes” rentados, prestos a repetir la línea que se les bajara de la Casa
Rosada, a la que se bautizó el “relato kirchnerista”, que significó la exclusión de
los que no pensaban igual. El opositor era "antipatria", el nuevo “gorila”. Entrar
en el terreno sociológico para analizar que significó y como se dividió la
sociedad argentina con esa intolerancia desde el poder, requeriría la pluma de
George Orwell para aggiornar su “1984”.
Posiblemente los gobiernos K hayan
sido de los que mayor presupuesto dedicaron a la educación en muchas décadas.
Sin embargo, somos el país de Latinoamérica con mayor repitencia en la
secundaria, donde solo terminan el 50% de los alumnos. Eso, a pesar de ser
declarada obligatoria y que se impartiera la orden a los maestros de dejar
pasar a los burros para no ensuciar las estadísticas. El calendario escolar no
se respetó nunca, por culpas propias o ajenas. Los resultados de las
evaluaciones internacionales PISA de los últimos años fueron lapidarios. Se
comprobó que la mayor cantidad de delincuentes en el país se encuentra en la
franja entre 16 y 20 años: es decir, eran niños cuando comenzó el kirchnerismo.
No se cambió la matriz educacional: las franjas sociales de mayores ingresos
envían a sus hijos a escuelas privadas subsidiadas por el Estado; las escuelas
públicas quedan para los de más abajo.
En más de una década, no se hizo nada
para favorecer la democratización del sindicalismo y se promovió su división para debilitar a las
centrales opositoras, como la CTA autónoma. La misma táctica fue usada con los organismos de
DDHH, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a las que corrompió con dinero. Como ya se dijo, el kirchnerismo se alió a los peores
intendentes (“los barones del conurbano”)
y a los gobernadores más feudales, como los indefendibles Insfrán y Alperovich.
La
herencia kirchnerista
Uno de cada tres argentinos,
aproximadamente, sigue aprobando la experiencia kirchnerista sin reparar en ninguno
de todos estos motivos ni, fundamentalmente, en la corrupción más profunda de
la historia argentina. Casi cinco de diez temieron perder lo obtenido, obviaron
o desestimaron información de peso o, simplemente, no fueron racionales. El candidato
oficialista (Daniel Scioli) impuso una campaña de miedo a su principal oponente
(Mauricio Macri) y para muchos kirchneristas -verdaderos “gorilas”- el
pueblo resultó sabio solo cuando los votaba a ellos.
Las tres banderas del justicialismo
(independencia económica, soberanía política y justicia social) marcan a fuego
los límites de nuestros políticos. Es la espada de Damocles que inventó el
General Perón para rendir prueba ante la gente crítica. Y, como dijo Abraham Lincoln, “se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el
tiempo”.
Muchos de mi generación tenemos incorporada otra
máxima peronista, la que dice que “el trabajo dignifica”. El trabajo fue
despreciado durante esta década infame, muchas veces se lo reemplazó por la
dádiva y el modelo fue el ascenso fácil fabricado en cuevas financieras, con un
vicepresidente tocando sobresaltado una guitarrita para sumar popularidad y los principales dirigentes hablando de una supuesta revolución nacional y popular desde el exclusivo barrio de
Puerto Madero.
Salvo que seamos inconcientes, deseamos
ser dignos. Y en estos años la dignidad de la gente fue pisoteada, aunque
algunos no sintieran dolor por eso. Aunque no esté escrito en ningún lado, subestimar
las leyes y abusar del poder termina hartando a las mayorías, que advierte la burla. He aquí la
explicación de las últimas elecciones de 2015 en la Argentina. Mauricio Macri
es presidente por culpa de los soberbios, arrogantes e hipócritas kirchneristas.
¿Cómo podés seguir defendiendo al kirchnerismo si sos un argentino honrado? Archívense.
Horanosaurus.
PD: adjunto abajo tres artículos que
hablan de la herencia kirchnerista, escritos por tres tipos críticos, antes y
después de las elecciones de octubre de 2015: Pino Solanas, Rodolfo Terragno y
Fernando Iglesias.
NOTAS
(1) "Cuando
en un país el gobierno violenta deliberadamente las leyes, obstaculiza la
justicia, la corrompe e intenta controlarla; cuando la corrupción se convierte
en norma y no en la excepción; cuando a la prensa le cuesta cada vez más hacer
su trabajo y cuando ante todo esto, la gente parece no hacer nada, significa
que el país está corrompido. Y un país de instituciones corrompidas es el lugar
perfecto para que las mafias coopten el poder”. Ezequiel Vázquez-Ger en
"El narco en la Argentina". Diario El País, España. 2015. Unos años después de este informe se calculó que, solo coimas en la obra pública, "el costo de los sobornos fue de 36 mil millones de dólares". Perfil.com 12/08/18.
(2) Néstor Kirchner, fue el
presidente que más decretos de necesidad y urgencia firmó en promedio desde la
vuelta de la democracia. Cristina Kirchner no los necesitó tanto, dada su
mayoría parlamentaria, pero incumplió su promesa electoral de mayor institucionalidad
pasando a la propuesta “vamos por todo” o la irónica “democratizar la justicia”, que
consistió en imponer en ella juristas que le obedecieran y bloquearan las
denuncias de corrupción de sus cómplices.
(3) “Es la economía, estúpido”.
Fernando Iglesias. Diario Los Andes, 29/11/15.
(x) "¿Por dónde pasará la tijera del ajuste?". Marcelo Canton. Clarín 10/06/17.
(xx) "Otro favor de Kirchner a los fondos buitres?". Ricardo Roa. Clarín 03/06/17.
(4) En “De ‘M’hijo el dotor’ a mi
hijo el empleado público”. Ricardo Arriazu, Clarín 24/01/16.
(6) Aldo Pignanelli, ex presidente del Banco Central. "Es la estafa más grande de la historia argentina, me indigna". La Nación 17/04/16.
(6a) Según datos del Foro Económico Mundial-Foro de Davos de 2017, la Argentina ocupa el puesto 106 sobre 137 países en calidad de infraestructura. Específicamente en electricidad, nos ubicamos en el puesto 113. "Otro ranking, otra vez tocando fondo" por Alcadio Oña. Clarín 19/11/17.
(7) Indice FADA (Fundación
Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina). Con la eliminación de
retenciones dispuesta por el actual gobierno de Macri, la cifra disminuyó al
67,7% Personalmente, no estoy de acuerdo con la eliminación ni con la rebaja irracional de las retenciones agropecuarias.
(8) A través de Ricardo Echegaray (luego al frente de la AFIP) y sus secuaces, el gobierno llegó a subsidiar el engorde de ganado a corral con $190/cabeza.mes cuando un jefe de hogar desempleado cobraba $150/mes. ¿Leyeron bien? Las prebendas en el millonario reparto de "compensaciones" fueron tan burdas que la misma presidente Cristina Kirchner decretó el cierre de un organismo (la O.N.C.C.A. Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario) en 2011, para tapar la corrupción, con la complicidad de los políticos opositores, que callaron nunca supe porqué. Sobre la desastrosa política en el rubro carnes, recomiendo la lectura de "La máquina de picar carne" de Miguel Schiariti (2015). Sobre la increíble historia delictiva de Ricardo Echegaray (un zorro al cuidado del gallinero), "Fuera de control" de Matías Longoni (2011) que puede obtenerse en http://periodicotribuna.com.ar/14333-el-libro-que-desnuda-la-corrupcion-de-ricardo-echegaray.html
9) En el año 2002 había en la Argentina 15.305 tambos y en 2015 quedaban 10.402. Datos del IERAL en "Cerró un tambo por día en los últimos 13 años". La Nación 16/09/15. Por Fernando Bertello.
Contra la continuidad del Gobierno nacional