domingo, 30 de septiembre de 2012

Perú & Bolivia: una guía para viajar




La que ofrezco en el link de abajo en formato .pdf es una guía “fatto in casa” compilada por un argentino enamorado de la cultura y bellezas naturales peruanas y bolivianas. Por eso de “cada loco con su tema”, considero indispensable disponer de suficiente data previa para aprovechar (disfrutar) más esos viajes que planifico y de tanto en tanto realizo. Hay que reconocer que la visión de cada persona es distinta: a algunos les gustan las luces, la joda y el ruido, otros buscan las pocas cosas auténticas que todavía quedan, otros lo que contengan historia, muchos privilegian las comodidades o solo van por las playas. Y así.

Esta info es como una ensalada recopilada y ensamblada ponderando aspectos arqueológicos, culturales y turísticos en general, con el lógico filtro de mis gustos y expectativas. La obtuve de la relectura de unos cuantos libros viejos, actualizados con infinidad de artículos periodísticos de las secciones especiales de los diarios Clarín, La Nación, Pg12, alguna revista y de la web. Descarté párrafos inútiles cargados de adjetivos para no aburrir con la lectura ni perder el tiempo. Posiblemente contenga algún error involuntario y sea susceptible de correcciones. Las fotos las seleccioné entre las miles que cuelgan de internet por su representatividad: a veces con una visión previa descartamos expectativas equivocadas.

Aunque cae de maduro, este compendio no tiene ningún fin comercial.  La idea es que  pueda ser útil a quienes tropiecen con él en este infierno de información  y quieran  largarse por esos caminos que, mínimamente, recorrí hace muchos años (ver "Perú & Bolivia: viejo viaje al norte"). Deben ser mis ganas de volver las que me impulsaron a este recorrido virtual, para hacer más corta la espera. De hecho, acepto invitaciones convenientes para un nuevo viaje a la zona. Aunque sin pretenciones, lo óptimo siempre es un vehículo propio (todavía soy confiable manejando, cebo muy buenos mates y soy tenaz y leal). Al final del trabajo se indica la bibliografía consultada. Les dejo un beso en la reja. Horanosaurus. 

Nota 1: actualizado a noviembre 2018, después de mi segundo viaje al Valle Sagrado.





http://www.mediafire.com/file/akgfp26339ud97u/_Peru_%2526_Bolivia_p_recorrer_by_Horanosaurus1.pdf/file

Nota 2: para quienes deseen información extra específica sobre la denominada "ruta del barroco andino", corredor turístico que enlaza una serie de iglesias coloniales del siglo XVII y XVIII construídas y decoradas en ese estilo en el valle del río Vilcanota, aquí tienen este otro archivo interesantísimo.


http://www.mediafire.com/file/b6fhu1pjajab72n/Ruta_del_Barroco.pdf/file


lunes, 10 de septiembre de 2012

Perú y su pasado majestuoso: el imperio inca


En la antigua entrada "Perú y Bolivia: viejo viaje al norte" conté algunas vivencias y sensaciones de mi visita a esos países hermanos en los lejanos 80's, mostrando unas fotos raídas y delatando mi apasionamiento por la cultura de esos lares. Y como últimamente volví a dedicar parte de mis lecturas a Perú y el imperio de los incas, les ofrezco aquí dos compendios o introducciones sobre esas geografías, su cultura y la historia de su final, que espero a alguno le sirva o entretenga. Los adorné con estas bellas imágenes y reproducciones que andaban por ahí en la web y me impactaron. En orden cronológico, son dos típicos dibujos de Guamán Poma de Ayala (ver su mini-biografía y la del Inca Garcilaso de la Vega en "La agricultura en el imperio inca"), referidos a la ciudad de Lima y al encuentro de los españoles con el Inca Atahualpa; dos fotos en blanco y negro de Cusco y de Sacsayhuamán en 1940 y ese conjunto de sonrisas angelicales. Un beso en la reja. Horanosaurus.

“El viajero que emerge en la mañana, amoratado y entumecido, de su lecho colocado en el suelo de una habitación lóbrega y sin ventilación de la sierra, en la que los cerdos son sus compañeros menos desagradables, para deshelarse en el lado asoleado de la miserable choza que lo ha albergado, comprenderá fácilmente porqué los pueblos del Perú se convirtieron en adoradores del Sol”. Ephraim George Squier Kulmer (“Perú: incidents of travel and exploration in the land of the Incas”).







“La obra mayor y más soberbia que mandaron hacer para mostrar su poder y majestad, fue la fortaleza del Cozco, cuyas grandezas son increíbles a quien no las ha visto y mirado con atención le hacen imaginar, y aun creer, que son hechas por vía de encantamiento, y que las hicieron demonios y no hombres” (el Inca Garcilaso de la Vega en “Comentarios reales”, refiriéndose a la fortaleza de Sacsayhuamán-Cusco).


EL PERU DE LOS TRES ROSTROS Y SU PASADO MAJESTUOSO: EL IMPERIO INCA.

El Perú tiene tres rostros: costa al Pacífico, cordillera y selva. La naturaleza asume aquí formas grandiosas, imponentes y variadas. Sierras sumidas en la nieve eterna con picos más altos que muchas montañas de Europa y de Asia; ríos de deshielo de glaciares fluyen entre cañones estrechos que engrosan los anchos afluentes del río más grande del mundo: el Amazonas. Selva, puna y montaña, desiertos secos y mortales, dunas que caen a pique al mar, oásis y lagos altos y gélidos.

Todas estas regiones fueron habitadas por hombres que no nos legaron ninguna escritura pero sí un arte espléndido que contó como era su cultura (antes que los conquistadores y la propia guerra civil la destruyeran), junto a otro poco que nos relató la tradición oral recogida por sucesivos cronistas europeos o mestizos.

No es exagerada la apreciación de que el Perú es “un paraíso arqueológico”. A lo ancho y a lo largo de los Andes Centrales (Perú-Bolivia) se tropieza, en efecto, con restos arquitectónicos majestuosos como Chavín, Tiahuanaco, Machu Picchu o Chanchán, o con testimonios indescifrables como las gigantescas líneas de Nasca. Los marcados accidentes geográficos sitúan algunos de los viejos monumentos a nivel del mar y en otros casos a los tres mil o cuatro mil metros de altura, contribuyendo a acentuar de este modo el misterio que los rodea.

¿Porqué se llama “Perú”? Según el relato del criollo mestizo Inca Garcilaso de la Vega, el primer navegante español que llegó a sus costas (Vasco Nuñez de Balboa), en 1516, hizo atrapar a un nativo que pescaba plácidamente en un río para interrogarlo. Fue fácil hacerlo porque quedó petrificado al ver por primera vez en su vida una carabela y las barbas y raras vestimentas de los expedicionarios europeos. Le preguntaron por señas como se llamaba el lugar. Cuando el hombre pudo sobreponerse del susto, les dijo simplemente su propio nombre: “Berú” y luego añadió “pelú” (por “río”). “Los cristianos entendieron conforme a su deseo… corrompiendo ambos nombres, como corrompen los españoles casi todos los vocablos que toman del lenguaje de los indios de aquella tierra… y llamaron Perú a todo lo que hay desde el paraje de Quito hasta los Charcas…”   

En Perú los incas constituyeron tan sólo el último capítulo de un dilatado proceso evolutivo que conoció previamente las culturas mochica y Tiahuanaco, Nasca y Paracas y, aún antes, la de Chavín, que arranca un milenio antes de la era cristiana. Hasta que en los últimos siglos fueron protagonistas los huaris, los huancas y chimús, luego sometidos por los incas, que expandieron su imperio entre los siglos XI y XVI, hasta que fue sorprendido por la invasión europea en 1532. 

Originalmente, el territorio estaba habitado por cazadores nómades y recolectores de frutos que luego dieron un paso al sedentarismo al cultivar sus alimentos para complementar el producto de la caza y la pesca. El crecimiento de la población los empujó a construir viviendas y luego colosales centros urbanos.

Que nadie venga a esta altura con el "verso" que los sudacas éramos unos indios salvajes y que los europeos nos trajeron la civilización con un dios justo. Aquí se conocía la cerámica, la escultura, los tejidos de algodón y de lana, y se manejaban los metales blandos. Es cierto, no se había llegado aún a la escritura, la rueda y el hierro, pero la agricultura y la arquitectura eran de avanzada y la organización política y social alcanzada no era para nada despreciable comparada con otras de la época en el mundo. Todo lo logrado fue quebrado y sus riquezas fueron saqueadas para financiar la avaricia del naciente capitalismo europeo. Nada mejor que la confesión de un conquistador al final de sus días, cuando con toda la culpa cristiana temía por su muerte y por su alma ardiendo en el infierno (1).

En la costa del Perú construían con ladrillo adobado, que aparece hacia 1225 AC. Pero en las tierras altas el adobe no servía por las lluvias y los temblores frecuentes. De ahí que se recurrió a los bloques de piedra, en tres diferentes tipos (todos presentes en las ruinas de Machu Picchu y la región de Cusco) que definieron la arquitectura peruana.

1) Las piedras irregulares comunes, apiladas lo mejor posible, sostenidos con pilares de piedra  o madera, haciendo los muros de un ancho suficiente tal que le den solidez.

2) Los bloques poligonales: son grandes piedras extraídas de canteras conservando más o menos su forma originaria, adaptadas para que encajen bien en el espesor elegido para la pared. Este método obligaba a ajustar las piedras que venían a yacer sobre la hilera inferior, tal que todo encajase perfectamente, y así sucesivamente todas las hileras.

3) El sistema rectangular, donde se elegía a priori un tamaño determinado para las piedras y se las trabajaba como ladrillos de modo que solo hacía falta apilarlas por hileras, una encima de otra. La arquitectura rectangular fue la más cara, pues solo se la ve en edificios muy finos como templos o viviendas de altos dignatarios.

Aunque existan varias teorías, todavía se desconoce como trasladaron bloques que pesaban tantas toneladas sin haber conocido el uso de la rueda, ni como los presentaban para encajarlos unos con otros. Los incas y los pueblos americanos no llegaron a concebir el arco ni la bóveda (aunque George Squier detectó este recurso arquitectónico en las ruinas de Pachacamac y en Tumbes). Solo se conoció el dintel sin columna y, por alguna razón, los incas diseñaban puertas, ventanas y falsas ventanas (“nichos”) en forma trapezoidal (más angostas arriba que abajo). Después se llegó a la bóveda falsa, solución donde con piedras relativamente chatas (lajas) se avanzaba cada vez más hasta coronar todo con una placa grande o dintel (arco de medio punto en hiladas avanzadas).

Era un imperio gobernado por apo-incas, considerados una casta divina que descendía del Sol. Llegaron a sucederse unos catorce, siendo el noveno monarca Pachacutec quien lo llevó a su máximo esplendor. Era un gobierno central con autoridad repartida en gobiernos provinciales, con un sistema económico basado en una agricultura avanzada que ofrecía lo que hoy llamaríamos un "estado de bienestar" y una justicia estricta. No todos los pueblos, claro, se sumaron voluntariamente al reino  que tenía su centro en Cusco: en la región andina los chancas y los kollas (habitantes del altiplano), y en la costa, chinchas y chimús, fueron incorporados luego de sangrientas guerras. Se dice que no pudieron llegar a dominar a otros, por ejemplo los sureños calchaquíes y quilmes. 

Los mandatarios estaban  rodeados de una clase formada  por los parientes reales, funcionarios, militares y religiosos que disponían de privilegios, pero  virtualmente todos los habitantes podían autoabastecer sus necesidades básicas, sin tener mayormente que  comerciar. Era política de Estado aumentar las tierras buenas para cultivar bajo riego, ya que el agua era un recurso escaso y se usaba básicamente para el maíz y subsidiariamente para la papa, la oca, la quinua, las legumbres y pastos para animales. Se mandaban ingenieros de acequias de agua a las provincias y en los cerros y laderas de buena tierra se construían los increíbles andenes o terrazas de cultivos, que todavía pueden verse en varias regiones de Perú. Tenían depósitos para reservar granos y no dejaban de hacer agricultura ni en las áridas zonas costeras y sus valles, mediante un sistema de hoyas que buscaban humedad en la profundidad.

El reparto de tierras cultivables era en tres partes: para los naturales, para el Sol y para el Rey. También había un orden estricto para labrarlas, barbecharlas y cosecharlas. Primero iban las de los naturales, entre los que beneficiaban primero a los impedidos, las viudas y los huérfanos, soldados en guerra, etc. No se podía quebrantar el orden, que era controlado por regidores. Según el Inca Garcilaso, el turno de las del Sol y del Rey no eran una carga para la gente, cuyo trabajo hacía en medio de celebraciones especiales.

Una fanega de tierra (o tupu) alcanzaba para la subsistencia de un plebeyo casado sin hijos; le sumaban otra por cada hijo varón y media para las hijas, con distintas disposiciones para cuando se casaban y dejaban la casa paterna. Pero la tierra no se podía comprar ni vender. En las serranías usaban estiércol humano en polvo para fertilizar y también el de ganado. Y en la costa del Pacífico, lo hacían con cabezas de sardinas o con el abundante guano de aves, cuya recolección y distribución estaban perfectamente organizadas y tasadas.

Nuestros antepasados sudamericanos conocían diversos metales. El oro y la plata los usaban con asombrosa habilidad para joyas  de elevada perfección técnica pero aquí no tenían valor comercial. En los jardines de los dignatarios, por ejemplo, había reproducciones de animales y plantas en tamaño natural  hechos en oro, a modo de adorno. El cobre y el bronce eran para adornos corporales e instrumentos utilitarios pero nunca se les ocurrió usarlos como aleación en la construcción de armas, puntas de flecha, dagas ni cuchillos (salvo en algunos lugares en el norte del Perú): es que nunca se habían enfrentado con ejércitos así pertrechados, montados en caballos ni con armas de fuego, completamente desconocidos para ellos.

Las comunicaciones en el imperio eran mediante una red de caminos de al menos 4000 Km. de longitud. Como los ejes de una escalera, los “caminos del inca” iban uno desde Angasmayo, actual Colombia, hasta el río Maule, sur de Chile; y el otro, costero, desde Tumbes, pasando por el desierto de Atacama hasta Santiago de Chile. Los dos se entrecruzaban a la altura de Uspallata, en Mendoza-Argentina. Luego había múltiples caminos transversales y “tambos”, refugios para los viajeros y corrales. Los caminos medían unos 5 a 8 m. de ancho y tenían cordones a sus costados. Aún se conservan muchos tramos.

Ahora bien ¿como pudieron menos de doscientos españoles, por más que tuvieran corazas y cascos de metal, armas de fuego, punzantes espadas y caballos jamás vistos ni imaginados por los indígenas, doblegar a ejércitos de miles y miles de incas y sepultar semejante sociedad? El imperio distaba de ser una sociedad perfecta, no  estaba afianzado políticamente y se encontraba en medio de una guerra civil. La casta inca (el inga, sus curacas, generales y sacerdotes), gobernaban con mano de hierro y bastante fiereza a los díscolos: tribus huancas, chachapoyas, chimor, cajamarcas, cañares y otras más pequeñas, sometidas económica, política, cultural y militarmente durante décadas por los incas, pensaron recuperar su libertad y orgullo aliándose decididamente al invasor, abasteciéndolo permanentemente de víveres, guerreros, esclavos y demás. En la capital huanca, Jatunsausa, cien mil indígenas festejaron la llegada de Francisco Pizarro y sus hombres. Pizarro fue un hábil político que supo manejar los sentimientos y resentimientos entre los reinos. Fue una despiadada guerra civil manipulada por los españoles (sigue más adelante en “Un poco de historia...”)     

Cuando el fatídico 16 de noviembre de 1532 el Inca Atahualpa le preguntó a su carcelero Pizarro para que querían tanto oro, el conquistador le contestó que los hombres blancos padecían una enfermedad del corazón cuyo único remedio era el dorado elemento. El balance final de la epopeya de Pizarro y Diego de Almagro en su incursión al imperio incaico arrojó la cifra exacta de 8.712,3 Kg. de oro y 49.805,1 Kg. de plata. Todo lo que relucía fue confiscado y fundido por los invasores. La cantidad de muertos nativos que en nombre de Dios produjeron, todavía se discute, pero fueron millones. Y muchos millones más, los sometidos.

(1) “… que los dichos incas los tenían gobernados de tal manera que en todos ellos no había un ladrón ni hombre vicioso, ni hombre holgazán, ni una mujer adúltera ni mala; ni se permitía entre ellos ni gente de mal vivir en lo moral; que los hombres tenían sus ocupaciones honestas y provechosas; y que los montes y minas, pastos, caza y madera, y todo género de aprovechamientos estaba gobernado y repartido de suerte que cada uno conocía y tenía su hacienda sin que otro ninguno se la ocupase o tomase, ni sobre ello había pleitos; y que las cosas de guerra, aunque eran muchas, no impedían a las del comercio, ni estas a las cosas de labranza, o cultivar de las tierras ni otra cosa alguna, y que en todo, desde lo mayor hasta lo más menudo, tenía su orden y concierto con mucho acierto; y que los incas eran tenidos y obedecidos y respetados de sus súbditos como gente muy capaz y de mucho gobierno, y que lo mismo eran sus gobernadores y capitanes (…) fue necesario quitarles totalmente el poder y mando y los bienes, como se los quitamos a la fuerza (…) y de señores los hicimos siervos (…) y cuando vieron que había entre nosotros ladrones y hombres que incitaban a pecado a sus mujeres e hijas por el mal ejemplo que les hemos dado en todo, nos tuvieron en poco (…)” Capitán Mancio Serra de Leguizamón, citado por William H. Prescott en “Historia de la conquista del Perú” Tomo III).






UN POCO DE HISTORIA DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA Y DEL FIN DEL IMPERIO INCAICO:

Francisco Pizarro, en su tercera expedición a Sudamérica, empieza su periplo sobre la costa del Pacífico en setiembre de 1532, con el apoyo y los permisos de la corona española. Era oriundo de Trujillo-España y analfabeto -debía asesorarse para firmar cualquier documento- y vino acompañado de sus hermanastros Hernando, Juan y Gonzalo, y con su primo Pedro. Estaba asociado a Diego de Almagro, el clérigo Hernando de Luque y Hernando de Soto. Cada miembro de la tropa reclutada en España tenía que equiparse por sus propios medios, procurándose los carísimos caballos, su silla, el atuendo personal y las armas. Muchos pidieron préstamos para eso y ni siquiera podían llamarse soldados: "la conquista" era lo que podríamos llamar un negocio donde cada uno arriesgaba lo suyo. 

Pizarro llega a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532. El apo-inca Atahualpa (o Atau Wallpa) estaba en guerra con su medio hermano Huascar, que había sido hecho prisionero por sus tropas. Pensaba dirigirse desde Cajamarca a Cusco para autoproclamarse jefe de todo el Tahuantinsuyo, nombre que recibía el reino de las cuatro regiones: Chinchasuyo, Collasuyo, Cuntisuyo y Antisuyo. Estaba informado de la llegada de los españoles y recibió a una comisión enviada por Pizarro. Rechazó el ofrecimiento del sacerdote Vicente Valverde de someterse a la religión católica y a la autoridad del rey de España. Fue el motivo esperado por los invasores para lanzar una feroz emboscada que causó pánico en la población y le produjo unos tres mil muertos. El inca no pudo escapar y quedó preso en la famosa pieza que prometió llenar una vez de oro y dos de plata para ser liberado. Durante meses llegaron cargas de todo el reino para pagar el rescate. 

Ocurrió que a la muerte del Inca Huayna Capac, el padre de Atahualpa y Huascar, lo heredó éste y comenzó una guerra política entre los dos hermanos, que incluyó intrigas políticas, destituciones y muchas muertes. Atahualpa tenía sus fuerzas en el norte, en Quito y Tumibamba, con sus generales Quis Quis y Calcuchimac. Huascar dominaba el Cusco y la zona sur del imperio, pero terminó siendo derrotado. Fue cuando Atahualpa se aprontaba a reunir bajo su mando todo el incanato, mientras descansaba en los baños de Pultumarca, que llegaron los españoles desde Tumbes y sorprendieron a su soberbia. Convencido por Hernando Pizarro de entrevistarse con su hermano Francisco en la cercana Cajamarca, el inca llegó acompañado por un cortejo de seis mil indígenas pero solo doscientos guerreros armados con porras, lanzas y hondas. Después, desde la cárcel Atahualpa mandó a asesinar a Huascar. Y a pesar que pagó lo prometido, terminó siendo ejecutado por los españoles -por temor a un levantamiento de sus súbditos- tras un cautiverio de ocho meses, el 26-julio-1533. Le ofrecieron -por última vez- bautizarse a cambio de no ser quemado vivo en la hoguera. Por eso Atahualpa pasó a llamarse breve y cristianamente Francisco y "solo" murió ahorcado. Curiosas formas de la religión.

Bueno pero ¿cómo pudieron solo 176 españoles, por más que tuvieran corazas y cascos de metal, armas de fuego, punzantes espadas y caballos jamás vistos ni imaginados por los indígenas, doblegar a ejércitos de miles y miles de incas? El imperio distaba de estar afianzado políticamente y los incas gobernaban con mano de hierro y bastante fiereza a los díscolos: tribus huancas, chachapoyas, chimor, cajamarcas, cañares, chancas y caracaras, sometidas económica, política, cultural y militarmente durante décadas por los incas, estaban deseosas de recuperar su libertad y se aliaron decididamente al invasor. En la capital huanca, Jatunsausa, cien mil indígenas festejaron la llegada de Pizarro y sus hombres. Pizarro fue un hábil y ambicioso político que supo manejar los sentimientos y resentimientos entre los reinos. 

Los huancas y sus tres sayas (jatunsausas, lurinhuancas y anahuancas) fueron los más importantes aliados de Pizarro. Permanentemente lo subvencionaron con guerreros, mujeres, esclavos y víveres y cubrieron todas las necesidades de los españoles. Está escrito en los relatos de los invasores y las cantidades aportadas fueron escrupulosamente anotadas en los quipus que los indígenas llevaban y se conservaron (*). Cuando terminó la guerra, le pidieron al rey de España una serie de privilegios para los jefes principales (curacas) y su gente por la ayuda brindada. Puede decirse que fue una conquista pero también una guerra civil donde ninguno de los bandos ahorró violencia y saña: torturas, mutilaciones, saqueos, venganzas. 

Atahualpa no fue en realidad “el último inca”. Los españoles proclamaron a un jóven hijo de Huayna Capac llamado Tupac Wallpa que duró poco porque Calcuchimac lo envenenó.  Como necesitaban restablecer una autoridad local con quien negociar, coronan a otro hijo de Huayna Capac, Manco Inca II. Este pacta con el conquistador desalojar de Cusco a las tropas del general atahualpista Quis-Quis y los aliados terminan entrando a la metrópoli Cusco engalanada el 15 de noviembre de 1533. 

Cuando los intereses del inca chocan con las intenciones de Pizarro y su gente, la sociedad se rompe: en 1536 Manco Inca es apresado por Gonzalo Pizarro cuando planeaba una rebelión pero lo libera luego ante la promesa de traerles más oro. Manco Inca lo engaña y reorganiza sus tropas, toma la fortaleza de Sacsayhuaman y sitia Cusco durante ocho meses con miles de hombres reunidos desde los cuatro “suyos” o regiones. Doscientos españoles y treinta mil indios de tribus aliadas (cañaris, chachapoyas y yanacunas) se refugiaron alrededor de Hatun Cancha. Francisco Pizarro estaba en Lima y enterado del cerco envía cinco expediciones que no tienen éxito. Mientras tanto en la zona de Jatunsausa se sucedían numerosas batallas entre las huestes huancas aliadas a los españoles y ejércitos incas. Para librarse del cerco a Cusco los españoles –con refuerzos traídos por Diego de Almagro que volvía de Chile- atacan Sacsayhuaman y aunque Juan Pizarro muere en el intento, logran desbandar a las tropas de Manco Inca (16-mayo-1536).

Casi al mismo tiempo la misma ciudad de Lima es rodeada por 50 mil indios de guerra del general quechua Titu o Quizu Yupanqui (agosto de 1536). A pesar de la superioridad numérica y de obtener victorias iniciales, el general es muerto junto a sus capitanes, y las tropas se desbandan, desmoralizadas. 

Manco Inca siguió asediando a los españoles y sus aliados huancas con ejércitos numerosos pero sucesivas batallas lo fueron diezmando. Huye a Ollantaytambo, donde logra vencer a Hernando Pizarro pero decide refugiarse con sus tres hijos, varios dignatarios “orejones” y los guerreros sobrevivientes en la región selvática del Urubamba en una ciudad construida en montañas de difícil acceso, que para algunos escritores se llamaba Vitcos pero era Vilcabamba, Vilcabamba la vieja o Vilcapampa. Estaba ubicada en la provincia del reino incaico del Tahuantinsuyo llamada Antisuyo. 

Los enemigos nunca pudieron acceder al lugar, pero algunos desertores españoles “almagristas” fueron allí refugiados y en una reyerta a partir de unos juegos en 1545, estos huéspedes matan a Manco Inca y, a la vez, pierden la vida en venganza. Suceden al inca sus tres hijos: primero el mayor, Sayri Tupac, que se termina convirtiendo al cristianismo, se traslada a Yucay y vive con lujo hasta que muere en 1560. El hijo favorito pero ilegítimo de Manco, Tito Cusi Yupanqui, asciende de inmediato al trono, y aunque al principio realiza ataques, es convertido también al cristianismo y ganado con prebendas y permite entrar a los españoles en la ciudad escondida. Muere en 1571 vomitando sangre: el fraile Diego Ortiz es acusado de envenenarlo con solimán y es ajusticiado a lanzazos. 

Por último, asume el poder el tercero, el joven Tupac Amaru I (su nombre en quechua significa "serpiente resplandeciente"), que reorganiza las fuerzas y fustiga a los españoles de nuevo. Secuestran y matan a los embajadores españoles en el puente de Chuquisaca cuando se dirigían a negociar y el virrey Francisco de Toledo declara la guerra total a la región de Vilcabamba. El capitán Martín García de Loyola (sobrino de San Ignacio, el fundador de la congregación jesuítica)  en junio de 1572 -con 250 soldados españoles y 1500 aliados cusqueños, chachapoyanos y cañaris- vence a las fuerzas locales y entra a la ciudad, que es parcialmente quemada. Tupac Amaru I es atrapado, conducido a Cusco y finalmente decapitado en la Plaza de Armas, el 24 de setiembre de 1572. Vilcabamba, por apartada, selvática y desfavorable, con el tiempo fue deshabitada por indígenas y españoles.

Vilcabamba fue el objeto de la búsqueda de varias expediciones arqueológicas del norteamericano Hiram Bingham, hasta que al toparse con Machu Picchu el 24/07/1911 se deslumbró tanto que se quedó trabajando allí. Durante décadas, Bingham y todo el mundo creyeron que Machu Picchu era la ciudad escondida de Vilcabamba. Casi medio siglo después otro norteamericano, Gene Savoy, en 1964 se apostó en el lugar, lo limpió de la selva que lo había invadido todo y descubrió terrazas de cultivo, plazas, templos y escaleras labrados en piedra blanca. También encontró tejas, señal unívoca que los españoles la habían habitado. Algunos sostienen que en algún momento, cuando Machu Picchu estuvo en peligro de ser descubierta por los españoles, sus habitantes la abandonaron y se refugiaron también en Vilcabamba.

Si las cosas no cambiaron, entonces lo que se llamaba Vitcos es Rosaspata (cerca de Lucma, a unos 60 Km. al O. de Machu Picchu, también visitada por Bingham). Vilcabamba queda unos 80 Km. en línea recta más hacia el O. La región en su conjunto –como se dijo- era el Antisuyo (una de las cuatro provincias del reino incaico del Tahuantinsuyo; las tres restantes eran Chinchasuyo, Collasuyo y Cuntisuyo). El Antisuyo era “donde vivían los antis”. Por eso, esa cordillera que separa esta región del resto del Tahuantinsuyo lleva el nombre de “Andes”.

A todo esto, los conquistadores no pudieron disfrutar demasiado las riquezas que rapiñaron a sangre y fuego. Aunque Diego de Almagro obtuvo una gobernación que se extendía al actual Chile, se enfrentó con Francisco Pizarro y sus hermanos Gonzalo y Hernando por los dominios del Cusco. En 1538 moría ejecutado Almagro por sus rivales y en 1541 era asesinado Francisco Pizarro en Lima, en manos de partidarios de Almagro, que le arrebatan el trono. El poder termina matando. 

Un párrafo final para José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, nacido en 1740 y educado por los jesuitas en el colegio de curacas (caciques) San Francisco de Borja, del Cusco. Era comerciante y tenía una buena posición económica. En 1776 le reclamó a los españoles un título de nobleza hispano por ser descendiente del último inca de Vilcabamba, Tupac Amaru I, pero la Real Audiencia de Lima se lo negó. En 1780, vuelve al frente de una insurrección popular que exigió el fin de los tributos excesivos, la mita y la explotación de los indígenas, los abusos de los corregidores y la libertad política del entonces virreinato, radicalizándose cada vez más. La insurgencia termina siendo derrotada finalmente por los españoles, Tupac es detenido junto a su esposa y capitana Micaela Bastidas y antes de cortarle la lengua y ser descuartizado en la Plaza de Armas de Cusco el 18 de mayo de 1781 lo obligaron a ver la tortura y muerte de toda su familia, cuyos pedazos fueron exhibidos en varias ciudades del virreinato para aleccionar con el terror a los rebeldes. 

La sublevación la continuó su hermano Diego Cristóbal y tuvo otros focos en diversas regiones con Diego Andrés Tupac Amaru, los hermanos Tupac y Tomás Catari, Vilca-Aspasa o las cacicas Marcela Castro y Tomasa Tito Condemaito. Las llamas se difundieron hasta el altiplano y el ahora norte argentino, con los movimientos wichis, matacos, tobas, chiriguanos y chanés capitaneados por José Quiroga, Domingo Morales y Luis Sasso de la Vega, entre otros.  

Nada fue igual después de Tupac Amaru II, precursor de la independencia del Perú, ejemplo para las rebeliones que terminaron con la liberación del yugo español años después y símbolo de la libertad americana.




(*) “quipu”: instrumentos contables hechos de cuerdas de algodón o lana que penden de una cuerda matriz horizontal; en las verticales se disponían una serie de nudos expuestos en grupos que indicaban unidades, decenas, centenas o millares de algo (una mercadería, gente, etc.). Ese “algo” era evocado por una señal nemotécnica (un vellón de lana de un color, un manojo de palitos, etc.) Los antiguos peruanos también usaron abacos pero no tuvieron una escritura fonética.





BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

* “La destrucción del imperio de los incas (la rivalidad política y señorial de los curacazgos andinos)”. Waldemar Espinoza Soriano. Retablo de Papel Ediciones. 1977.
* “El tesoro del inca”. Federico Kirbus. Editorial La Barca Gráfica. 1977.
* “Enigmas, misterios y secretos de América”. Federico Kirbus. Edit. La Barca Gráfica. 1978.
* “Manual de arqueología peruana”. Federico Kauffmann Doig. Ediciones Peisa. 1978.
* “Crónicas americanas”. Selección de Bernal Díaz del Castillo y el inca Garcilaso de la Vega. Centro Editor de América Latina. 1969.
* "Machu Picchu". Luis E. Valcárcel. Eudeba. 1984.
* "Los mitos de la historia argentina". Felipe Pigna. Edit. Norma. 2004, y otros. 

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domingo, 26 de agosto de 2012

La agricultura en el imperio inca



Gómez Suárez de Figueroa, apodado Inca Garcilaso de la Vega (Cusco-Perú 1539, Córdoba-España 1616) fue el primer mestizo notorio de América, hijo de Isabel Pailla Chimpu Ocllo -una princesa de la nobleza incaica, nieta del Inca Tupac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Capac- y del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, primo del famoso dramaturgo español homónimo. Nació en Cusco (la ciudad habitada más antigua de toda América) siete años después de la invasión europea. A la muerte de su padre, a los 20 años viajó a España y allí lo educaron católicamente, pero nunca más pudo volver a su tierra natal. Hizo una carrera militar y después la abandonó para dedicarse a los estudios y a la escritura, siempre en tensión constante entre el amor por su nueva patria, su inserción como mestizo y la admiración por sus antepasados indígenas. Se pasó gran parte de su vida reclamando a las autoridades españolas por viejos derechos nobles perdidos en la tierra que debió abandonar. Escribió, entre otras obras, sus famosos "Comentarios reales de los Incas" –publicados en 1609- pisando los sesenta años, en base a sus propias vivencias, la ayuda de su memoria, los relatos de sus parientes, compilando información con conocidos y valiéndose de otros autores. Consta de una primera parte referida a hechos de los incas y su civilización y una segunda, acerca de la conquista y las guerras civiles. Post-mortem se publica su “Historia general del Perú” (1617), pensado como continuación de aquella obra. Ambas están compuestas por muchos tomos. A raíz del alzamiento del Inca Tupac Amaru II, en 1782, el rey Carlos III desde la metrópoli prohibió se difundieran los “Comentarios reales..” por enseñar a los naturales “cosas inconvenientes”. Se dice que José de San Martín quiso reimprimirlo en 1814 pero no pudo hacerlo. Recién se publicó en nuestro continente en 1918.

No soy historiador ni erudito, solo un aficionado al tema y como tal temo equivocarme, pero me parecen acertadas las afirmaciones sobre el altísimo valor de las narraciones de inca Garcilaso de la Vega sobre la cultura del imperio inca que los españoles y sus fervientes aliados indígenas destruyeron (1). Los nativos no tenían escritura, por lo cual esos  relatos acerca de los usos y costumbres de sus antepasados son un testimonio de primera mano invaluable. No dejo de tener en cuenta -para intentar ser equilibrado y precavido- la opinión de un respetado periodista y escritor, Federico B. Kirbus, que los consideró algo fantasiosos, a veces exagerados y sin espíritu crítico.   Reproduzco aquí una selección de párrafos de Garcilaso referidos a la tenencia de la tierra, la forma de hacer agricultura, como aplicaban riego y fertilizaban. Resulta increíble ver el conocimiento que poseía la cultura inca. Lo complemento con algunas fotos y dibujos pescados en la web, que ilustrarán lo que leen. Horanosaurus. 




Andenes de cultivo.

COMO ACRECENTABAN Y REPARTIAN LAS TIERRAS A LOS VASALLOS


"Habiendo conquistado el Inca cualquiera reino o provincia y dado asiento en el gobierno de los pueblos y vivienda de los moradores, conforme a su idolatría y leyes, mandaba que se aumentasen las tierras de labor, que se entiende las que llevaban maíz, para lo cual mandaba traer los ingenieros de acequias de agua, que los hubo famosísimos, como lo muestran hoy sus obras, así las que se han destruído, cuyos rastros se ven todavía, como las que viven. Los maestros sacaban las acequias necesarias, conforme a las tierras que había de provecho, porque es de saber que por la mayor parte toda aquella tierra es pobre de tierras de pan, y por esto procuraban aumentarlas todo lo que les era posible. Y porque por ser debajo de la tórrida zona tienen necesidad de riego, se lo daban con gran curiosidad, y no sembraban grano de maíz sin agua de riego. También abrían acequias para regar las dehesas, cuando el otoño detenía sus aguas, que también quisieron asegurar los pastos como los sembrados, porque tuvieron infinito ganado. Estas acequias para las dehesas se perdieron luego que los españoles entraron en la tierra, pero viven hoy los rastros dellas.

Sacadas las acequias, allanaban los campos y los ponían de cuadrado para que gozasen bien del riego. En los cerros y laderas que eran de buena tierra hacían andenes para allanarlas, como hoy se ven en el Cuzco y en todo el Perú. Para hacer estos andenes echaban tres muros de cantería fuerte, uno por delante y dos por los lados, algo pendientes adentro (como son todas las palabras que labran), para que puedan sufrir el de las paredes. Pasado el primer andén, hacían luego otro menor, y adelante de aquél otro más chico. Y así iban ganando todo el cerro poco a poco, allanándolo por sus andenes a manera de escalera, gozando de toda la tierra que era buena para sembrar y que se podía regar. Donde había peñascales pesa de la tierra que les arriman hasta emparejar con lo alto quitaban las penas y llevaban tierra de otra parte para hacer andenes y aprovechar aquel sitio, por que no se perdiese. Los andenes primeros eran grandes, conforme a la disposición del sitio, anchos y largos de ciento y de doscientas y trescientas, más o menos, hanegas de sembradura, y los segundos eran menores, y así iban disminuyéndose como iban subiendo, hasta los postreros que venían a ser de dos o tres hiladas de maíz. Tan aplicados como esto fueron los Incas en lo que era aumentar tierras para sembrar el maíz. En muchas partes llevaron quince y veinte leguas una acequia de agua para regar muy pocas hanegas de tierra de pan, por que no se perdiesen.

Habiendo aumentado las tierras, medían todas las que había en toda la provincia, cada pueblo de por sí, y las repartían en tres partes: la una para el Sol y la otra para el Rey y la otra para los naturales. Estas partes se dividían siempre con atención que los naturales tuviesen bastantemente en que sembrar, que antes les sobrase que les faltase. Y cuando la gente del pueblo o provincia crecía en número, quitaban de la parte del Sol y de la parte del Inca para los vasallos; de manera que no tomaba el Rey para sí ni para el Sol sino las tierras que habían de quedar desiertas, sin dueño. Los andenes por la mayor parte se aplicaban al Sol y al Inca, porque los había él mandado hacer. Sin las tierras del maíz que se regaba, repartían otras que no alcanzaban riego, en las cuales sembraban de sequero otras semillas y legumbres como son de mucha importancia, como es la que llaman papa y oca y añus, las cuales tierras también se repartían por su cuenta, y, porque eran estériles por falta de riego, no las sembraban más de un año o dos, y luego repartían otras y otras, por que descansasen las primeras; desta manera traían en concierto sus tierras flacas, para que siempre les fuesen abundantes.

Las tierras del maíz las sembraban cada año, porque, como las beneficiaban con agua y estiércol como una huerta, les hacían llevar siempre fruto. Con el maíz sembraban una semilla que es casi como arroz, que llaman quinua, la cual también se da en las tierras frías (2).



Ilustraciones de Guamán Poma de Ayala sobre la agricultura en el imperio inca (*)

LA CANTIDAD DE TIERRA QUE DABAN A CADA INDIO Y COMO LA BENEFICIABAN

Daban a cada indio un tupu, que es una hanega de tierra, para sembrar maíz; empero, tiene por hanega y media de las de España. También llaman tupu a una legua de camino, y lo hacen verbo y significa medir, y llaman tupu a cualquiera medida de agua o de vino o de cualquiera otro licor, y a los alfileres grandes con que las mujeres prenden sus ropas cuando se visten. La medida de las semillas tienen otro nombre, que es poccha, quiere decir hanega.

Era bastante un tupu de tierra para el sustento de un plebeyo casado y sin hijos. Luego que los tenía le daban para cada hijo varón otro tupu, y para las hijas a medio. Cuando el hijo varón se casaba le daba el padre la hanega de tierra que para su alimento había recibido, porque echándolo de su casa no podía quedarse con ella.

Las hijas no sacaban sus partes cuando se casaban, porque no se las habían dado para dote, sino para alimentos, que habiendo de dar tierras a sus maridos no las podían ellas llevar, porque no hacían cuenta de las mujeres después de casadas, sino mientras no tenían quien las sustentase, como era antes de casada y después de viudas. Los padres se quedaban con las tierras si la habían menester; y si no, la volvían al consejo, porque nadie las podía vender ni comprar.

Al respecto de las tierras que daban para sembrar el maíz, repartían las que daban para sembrar las demás legumbres que no se regaban.

A la gente noble, como eran los curacas, señores de vasallos, les daban tierras conforme a la familia que tenían de mujeres e hijos y concubinas, criados y criadas. A los Incas, que son los de la sangre real, daban al mismo respecto, dondequiera que vivían, de lo mejor de la tierra; y esto era sin la parte común que todos ellos tenían en la hacienda del Rey y en la del Sol, como hijos déste y hermanos de aquél.

Estercolaban las tierras para fertilizarlas, y es de notar que en todo el valle del Cuzco, y casi en toda la serranía, echaban al maíz estiércol de gente, porque dicen que es el mejor. Procúranlo haber con gran cuidado y diligencia, y lo tienen enjuto y hecho polvo para cuando hayan de sembrar maíz. En todo el Collao, en más de ciento y cincuenta leguas de largo, donde por ser tierra muy fría no se da el maíz, echan, en las sementeras de las papas y las demás legumbres, estiércol de ganado; dicen que es  de más provecho que otro alguno.

En la costa de la mar, desde más abajo de Arequipa hasta Tarapaca, que son más de doscientas leguas de costa, no echan otro estiércol sino el de los pájaros marinos, que los hay en toda la costa del Perú grandes y chicos, y andan en bandas tan grandes que son increíbles si no se ven. Crían en unos islotes despoblados que hay por aquella costa, y es tanto el estiércol que en ellos dejan, que también es increíble: de lejos parecen los montones de estiércol puntas de alguna sierra nevada. En tiempo de los Reyes Incas había tanta vigilancia en guardar aquellas aves, que al tiempo de la cría a nadie era lícito entrar en las islas, so pena de la vida, porque no las asombrasen y echasen de sus nidos. Tampoco eran lícito matarlas en ningún tiempo, dentro ni fuera de las islas, so la misma pena.

Cada isla estaba, por orden del Inca, señalada para tal o tal provincia, y si la isla era grande, la daban a dos o tres provincias. Poníanles mojones por que los de la una provincia no se entrasen en el distrito de la otra; y repartiéndola más en particular, daban con el mismo límite a cada pueblo su parte y a cada vecino la suya, tanteando la cantidad de estiércol que había menester, y, so pena de muerte, no podía el vecino de un pueblo tomar estiércol del término ajeno, porque era hurto, ni de su mismo término podía sacar más de la cantidad que le estaba tasada conforme a sus tierras, que le era bastante, y la demasía le castigaban por el desacato. Ahora, en estos tiempos, se gasta de otra manera. Es aquel estiércol de los pájaros de mucha fertilidad.

En otras partes de la misma costa, como en las hoyas de Atica, Atiquipa, Uillacori, Malla y Chillca y otros valles, estercolan con cabezos de sardinas; y no con otro estiércol. Los naturales destas partes que hemos nombrado y de otras semejantes viven con mucho trabajo, porque no tienen riego de agua, de pie ni llovediza, porque, como es notorio, en más de setecientas leguas de largo de aquella costa no llueve jamás, ni pasan los ríos por aquellas regiones que hemos dicho. La tierra es muy caliente y toda arenales; por lo cual los naturales, buscando humedad suficiente para sembrar el maíz, acercan sus pueblos no más que pueden a la mar y apartan la arena superficial que está sobre la haz de la tierra, y ahondan en partes un estado y en partes dos, y más y menos, hasta llegar al peso del agua de la mar. Y por eso las llamaron hoyas los españoles: unas son grandes y otras chicas; las menores tendrán a media hanega de sembradura, y las mayores a tres y a cuatro hanegas. No las barbechan  ni cosechan, porque no la han menester. Siémbranlas con estacas gruesas a compás y medida, haciendo hoyos, en los cuales entierran las cabezas de las sardinas, con dos o tres granos de maíz dentro dellas. Este es el estiércol que usan echar en las sementeras de las hoyas, y otro cualquiera dicen que antes daña que aprovecha. Y la providencia divina, que en toda cosa abunda, provee a los indios y a las aves de aquella costa con que la mar, a sus tiempos, eche de sí tanta cantidad de sardina viva, que haya para comer y estercolar sus tierras y para cargar muchos navíos si fuesen a cogerlas. Algunos dicen que las sardinas salen huyendo de las lizas y de otros pescados mayores que se las comen; que sea de la una manera o de la otra, es provecho de los indios, para que tengan estiércol. Quien haya sido el inventor destas hoyas, no lo saben decir los indios; debiólo de ser la necesidad, que aviva los entendimientos, que, como hemos dicho, en todo el Perú hay gran falta de tierras de pan; puédese creer que harían las hoyas como hicieron los andenes. De manera que todos universalmente sembraban lo que habían menester para sustentar sus casas, y así no tenía necesidad de vender los bastimentos ni de encarecerlos, ni sabían que cosa era carestía.




Arriba: acueductos en Tipon y reservorios de agua en Nazca (Perú).

El orden que tenían en labrar las tierras

En el labrar y cultivar la tierra también había orden y concierto. Labraban primero las del Sol, luego las de las viudas y huérfanos y de los impedidos por vejez o por enfermedad: todos éstos eran tenidos por pobres, y por tanto mandaba el Inca que les labrasen las tierras. Había en cada pueblo, o en cada barrio, si el pueblo era grande, hombres diputados solamente para hacer beneficiar las tierras de los que llamamos pobres. A estos diputados llamaban llactacamayu, que es regidor del pueblo. Tenían cuidado, al tiempo de barbechar, sembrar y coger los frutos, subirse de noche en atalayas o torres que para este efecto había hechas, y tocaban una trompeta o caracol para pedir atención, y a grandes voces decían: “A día se labran las tierras de los impedidos; acuda cada uno a su pertinencia”. Los vecinos de cada colación ya sabían, por el padrón que estaba hecho, a cuáles tierras habían de acudir, que eran las de sus parientes o vecinos más cercanos. Era obligado cada uno a llevar de comer para sí lo que hacía de comer en su casa, por que los impedidos no tuviesen cuidado de buscarles comida. Decían que a los viejos, enfermos, viudas y huérfanos les bastaba su miseria, sin cuidar de la ajena. Si los impedidos no tenían semilla, se la daban de los pósitos, de los cuales diremos adelante. Las tierras de los soldados que andaban ocupados en la guerra también se labraban por consejo, como las tierras de las viudas, huérfanos y pobres, que mientras los maridos servían en la milicia las mujeres entraban en la cuenta y lista de las viudas, por el ausencia dellos. Y así se les hacía este beneficio como a gente necesitada. Con los hijos de los que morían en la guerra tenían gran cuidado en la crianza dellos, hasta que los casaban.

Labradas las tierras de los pobres, labraba cada uno las suyas, ayudándose unos a otros, como dicen, a tornapeón. Luego labraban las del curaca, las cuales habían de ser las postreras que en cada pueblo o provincia se labrasen. En tiempo de Huaina Cápac, en un pueblo de los Chachapuyas, porque un indio regidor antepuso las tierras del curaca, que era su pariente, a las de una viuda, lo ahorcaron, por quebrantador del orden que el Inca tenía dado en el labrar de las tierras, y pusieron la horca en la misma tierra del curaca. Mandaba el Inca que las tierras de los vasallos fueran preferidas a las suyas, porque decían que de la prosperidad de los súbditos redundaba el buen servicio para el Rey; que estando pobres y necesitados, mal podían servir en la guerra ni en la paz.

Las últimas que labraban eran las del Rey; beneficiábanlas en común; iban a ellas y a las del Sol todos los indios generalmente, con grandísimo contento y regocijo, vestidos de las vestiduras y galas que para sus mayores fiestas tenían guardadas, llenas de chapería de oro y plata con grandes plumajes en las cabezas. Cuando barbechaban (que entonces era el trabajo de mayor contento), decían muchos cantares que componían en loor de sus Incas; trocaban el trabajo en fiesta y regocijo, porque era en servicio de su Dios y de sus Reyes.

Dentro en la ciudad del Cuzco, a las faldas del cerro donde está la fortaleza, había un anden grande de muchas hanegas de tierra, y hoy estará vivo si no lo han cubierto de casas: llámase Collcampata. El barrio donde está tomó el nombre propio del andén, el cual era particular y principal joya del Sol, porque fue la primera que en todo el Imperio de los Incas le dedicaron. Este andén labraban y beneficiaban los de la sangre real, y no podían trabajar otros en él sino los Incas y Pallas. Hacíase con grandísima fiesta, principalmente el barbechar: iban los Incas con todas sus mayores galas y arreos. Los cantares que decían en loor del Sol y de sus Reyes, todos eran compuestos sobre la significación desta hailli, que en la lengua general Perú quiere decir triunfo, como que triunfaban de la teirra, barbechándola y desentrañándola para que diese fruto. En estos cantares entremetían dichos graciosos, de enamorados discretos y de soldados valientes, todo a propósito de triunfar de la tierra que labraban; y así el retruécano de todas sus coplas era la palabra hailli, repetida muchas veces, cuantas eran menester para cumplir el compás que los indios traen en un cierto contrapaso que hacen, barbechando la tierra con entradas y salidas que hacen para tomar vuelo y romperla mejor.

Traen por arado un palo de una braza de largo; es llano por delante y rollizo por detrás; tiene cuatro dedos de ancho; hácenle una punta para que entre en la tierra; media vara de la punta hacen un estribo de dos palos atados fuertemente al palo principal, donde el indio pone el pie de salto, y con la fuerza hinca el arado hasta el estribo. Andan en cuadrillas de siete en siete y de ocho en ocho, más y menos, como es la parentela o camarada, y apalancando todos juntos a una, levantan grandísimos céspedes, increíbles a quien no los ha visto. Y es admiración ver que con tan flacos instrumentos hagan obra tan grande, y la hacen con grandísima facilidad, sin perder  el compás del canto. Las mujeres andan contrapuestas a los varones, para ayudar con las manos a levantar los céspedes y volcar las raíces de las yerbas hacia arriba, para que se sequen y mueran y haya menos que escardar (3). Ayudan también a cantar a sus maridos, particularmente con el retruécano hailli.

Pareciendo bien estos cantares de los indios y el tono dellos al maestro de capilla de aquella iglesia catedral, compuso el año cincuenta y uno, o el de cincuenta y dos, una chanzoneta en canto de órgano, para la fiesta del Santísimo Sacramento, contrahecha muy al natural al canto de los Incas. Salieron ocho muchachos mestizos, de mis condiscípulos, vestidos como indios, con sendos arados en las manos, con que representaron en la procesión el cantar y el hailli de los indios, ayudándoles toda la capilla al retruécano de las coplas, conn gran contento de los españoles y suma alegría de los indios, de ver que con sus cantos y bailes solenizasen los españoles la fiesta del Señor Dios nuestro, al cual ellos llaman Pachacámac, que quiere decir el que da vida al universo.

He referido la fiesta particular que los Incas hacían cuando barbechaban aquel andén dedicado al Sol, que lo vi en mis niñeces dos o tres años; para que por ella se saquen las demás fiestas que en todo el Perú se caían cuando barbechaban las tierras del Sol y las del Inca; aunque aquella fiesta que yo vi, en comparación de las que hacían en tiempo de sus Incas, era sombra de las pasadas, según lo encarecían los indios".

(*) Felipe Guamán Poma de Ayala fue presumiblemente  un descendiente indígena noble de la tribu provinciana yarovilca de Huánuco con sangre del Inca Tupac Yupanqui del Cusco. Se cree que nació en 1536, es decir unos pocos años después de la invasión conquistadora de Pizarro y sus socios. Dicen que fue criado por españoles, para cuyos funcionarios sirvió como traductor del quechua y algún otro dialecto.  Recorrió parte del viejo imperio relevando historias y costumbres hasta que después del 1600 prohijó su monumental obra "El primer crónica y buen gobierno". Este libro estuvo perdido o fue desestimado durante siglos y recién fue valorizado a comienzos  del siglo XX en Dinamarca: contiene unas 1200 páginas y casi 400 personalísimos dibujos ilustrando aspectos de la vida de los dignatarios nativos,  de la gente común y hasta de sucesos históricos que el autor ni siquiera presenció, como la captura del Inca Atahualpa en Cajamarca en 1532. Guamán reclamó después derechos de viejas propiedades de su casta familiar ante los españoles, pero solo logró que lo exiliaran dos veces.  La mencionada obra está concebida con críticas al colonialismo español del que su familia fue colaboracionista pero es también una formulación de propuestas destinadas al rey Felipe III,  que nunca llegó a leerlo.  Muchos consideran que el libro contiene importantes contradicciones y datos fallidos. 



Nota (1): a veces se pierde de vista o se desconoce que tribus huancas, chachapoyas, chimor, cajamarcas, cañares y otras menores, sometidas económica, política, cultural y militarmente durante décadas por los incas, pensaron recuperar su libertad y su orgullo aliándose con el invasor. Algunos osaron asignar la conquista europea a una pretendida superioridad racial. Los españoles contaron con el caballo y con el hierro de sus armas de fuego y sus defensas para doblegar a los azorados enemigos indígenas pero fundamentalmente supieron manipular a su favor una despiadada guerra civil en una sociedad evolucionada pero que no era perfecta y en un imperio que no estaba afianzado políticamente. Se produjo una nueva forma de opresión que terminó saqueando nuestro continente y financió el nacimiento del capitalismo manchado con la sangre de millones de nuestros antepasados. Me referiré a los sucesos históricos en "Perú y su majestuoso pasado: el imperio inca".

(2) Hablando sobre los vegetales originarios de América, la papa llegó a Europa y solo después de unas décadas se dieron cuenta realmente de su extraordinaria utilidad nutricional. Otro tanto pasó con el maíz y con el cacao, la vainilla, el tomate, el zapallo, la mandioca, el maní, la palta, el ananá, el ají, el girasol, la yerba mate, el tabaco, la coca y la quinina, etc. Había variedades de algodón silvestre que se usaban en América pero ya estaba  más que afianzado el uso de otras en occidente. Respecto a la quinua, recién y últimamente se están valorando sus cualidades,  aunque en Bolivia siempre fue un cultivo comercial. En cuanto a los animales, en los Andes centrales se encontraba la familia completa de los auquénidos: llama, alpaca, guanaco y vicuña; y también las chinchillas, entre otros bichos, pero no el ganado mayor. En México existían el perro, el pavo, los patos y las abejas.

(3) usaban azadones de piedra o de bronce o el arado de pie con travesaño o estribo.

Fuente del texto reproducido: "Crónicas americanas. Selección de Bernal Díaz del Castillo y el inca Garcilaso de la Vega". Centro Editor de América Latina, 1969.

BONUS TRACK

En 1980, allá lejos, hace tiempo y cuando joven, tuve la oportunidad de visitar Cuzco y el valle sagrado inca. Volví a esa ciudad en 2016 junto a mi esposa y reparé el error inicial de no haber visitado la hermosa casona que cobijó a la familia de Garcilaso de la Vega, ubicada en una zona preferencial de esa capital. Muy remozada, está convertida en el Museo Histórico Regional, que dedica una gran sala a su trayectoria. No se a que cadena pueden pertenecer los hoteles Garcilaso 1 y 2 que están en la calle de la vuelta, que lleva el mismo nombre. Tienen un interior hermoso y temo que no estén al alcance de salarios comunes.  Van aquí fotos ilustrativas: