sábado, 4 de agosto de 2012

Artigas: cuatro miradas más



En la anterior entrada "Unitarios, federales y tácticas montoneras según el General Paz" hay múltiples referencias al oriental José Gervasio de Artigas de parte de aquel militar cordobés. Se me ocurrió ofrecerlas a quienes no llegaron a leer las interesantes memorias del unitario, por tratarse de la visión de un honesto contemporáneo suyo que -aunque con criterios oligárquicos sobre la misma realidad- peleó incluso contra lugartenientes del federal. 

Las siguientes miradas vertidas aquí sobre este caudillo soñador de la Patria Grande -curiosamente relegado al reducido rol de Padre de la Patria Uruguaya- son posteriores en el tiempo. Por un lado, una selección de referencias del historiador ítalo-argentino Salvador Ferla (1925-1986). Otra, de diferente signo, la de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), para quien no hacen falta mayores presentaciones.  Después, el encuadre de la figura de Artigas en la contratapa de la reciente obra del político/historiador Pacho O'Donell ("Artigas: la versión popular de la revolución de mayo"). Por último, desde un viejo Cuaderno de Crisis, Carlos Machado intenta resumir la llamativa saña y el desprecio que concitó el oriental, sea de  políticos argentinos o de uruguayos.

Tengo alguna posición tomada en este juicio de valores y también muchas preguntas sobrevolando, todavía. También  admito que cuantas más fuentes historiográficas consulto, más choco con dos conclusiones excluyentes: no se puede leer sobre el pasado intentando clasificar a sus actores en "buenos o malos" con una cosmovisión actual (aunque al toque me pregunto porque no hacerlo a través de valores éticos y morales universales). O los "buenos" realmente brillaban por su ausencia y la vida humana nunca valió nada. ¿Será que la locura por el poder siempre fue lo mismo? Horanosaurus.

“Historia argentina con drama y humor”. Salvador Ferla. Peña Lillo Editor,1985.

“Vamos a hacer (…) una breve reseña de este prócer nuestro asombrosamente lúcido, increíblemente honesto, fabulosamente heroico, que se llamó JOSE GERVASIO ARTIGAS; y de la epopeya popular de la cual fue principal protagonista”.

“Con Artigas aparecen las llamadas ‘masas semibárbaras’ (…) los porteños que desde la revolución de Artigas hasta nuestros días llaman bárbaras o semibárbaras a esas masas, es también porque se sienten extraños a ellas, y porque su complejo de inferioridad respecto al hemisferio norte los lleva a autoadjudicarse la barbarie”.

“Artigas, a quien Buenos Aires solo quería como teniente coronel se ha elevado a patriarca, asumiendo el liderazgo rechazado por Saavedra. En Buenos Aires la gesta heroica de los orientales despierta a nivel popular un sentimiento de admiración y simpatía, inverso al macabro estupor generado por el fusilamiento de Liniers y de los soldados patricios (en el motín de las trenzas)”.

“Artigas proclama en Buenos Aires que la ‘soberanía particular’ de los pueblos debe ser precisamente declarada y ostentada como objetivo único de nuestra revolución. Plantea formalmente el federalismo y lo hace con una preeminencia que condiciona el movimiento respecto a España. La Junta de Mayo había asumido sus funciones con la condición inversa de expedicionar sobre el interior. Queda planteada así, desde el comienzo, la antítesis que provocará una larga guerra civil cuyo desenlace final a favor del puerto de Buenos Aires se producirá con la batalla de Pavón, 50 años después” (...)

Nuestro Artigas tenía carisma. Se comportaba `como quien tiene autoridad`. Y exhibía un elemento común a todos los carismáticos de entonces: su total identificación con el medio” . Esa identidad no habría sido relevante de no mediar la desvinculación con el contorno sociocultural de los dirigentes porteños. La identificación con el medio es un hecho habitual, no una virtud. La existencia de una élite dirigente que no lo estuvo y ese tremendo bache cultural entre la capital y el interior, lo convirtió en virtud. Hay caudillos cuyo único mérito histórico es esa identificación que los hizo expresión personalizada de un pueblo y su cultura (López, Quiroga, Peñaloza). No es el caso de Artigas. Este poseía además una singular dote de inspiración política mediante la cual expresó cabalmente la problemática nacional de su tiempo. Por eso no es uno más sino El Caudillo” (...)  

“En sus escritos utilizaba la misma fraseología de Moreno y Belgrano, con expresiones como ‘castigar el vicio y premiar la virtud’, alusiones a la `felicidad pública’, pensamientos equivalentes al ‘gobernar es poblar’ alberdiano y definiciones como `regeneración’. `Sean los orientales tan valientes como ilustrados’, era una de sus frases predilectas. No, no es un rival ideológico de Buenos Aires… ¡Artigas es liberal! Pero tiene patria, pueblo, idioma y no reniega de ellos. Ha cortado radicalmente con España en el orden político, pero no tiene el complejo de España, la pampa y el gaucho. ¡El es España, pampa y gaucho!”

“(pero) Artigas tiene una honradez que lo limita. Carece de sagacidad y de esa falta de escrúpulos que suelen ser las armas principales de todos los grandes forjadores políticos (…) No lucha por crear la República Oriental del Uruguay" (...) su creación fue obra de la diplomacia inglesa, y una derrota rioplatense..."

“De derrota en derrota, Artigas huye al Paraguay donde se refugia el 5 de diciembre de 1820, a los 56 años de edad. Es el fin de la revolución nacional y popular. Sobreviene entonces el período llamado comúnmente `de la anarquía`, que es el resultado del choque donde el bando nacional se hunde sin que el otro triunfe, con una secuela de guerra civil crónica que se prolongará durante medio siglo. Urquiza creará en 1852 el espejismo de un triunfo federal para finalmente entregar el movimiento y contemplar impávido su exterminio total y definitivo” (…)

“Con la desaparición de Artigas, el movimiento federal provinciano se desjerarquiza para siempre. Ni con (Estanislao) López y (Francisco) Ramírez, ni con (Juan Bautista) Bustos y (Juan Facundo) Quiroga, ni con Varela, Peñaloza y Urquiza, alcanzará nunca el “punto Artigas”. Porque los grandes hombres (y Artigas lo era) no se fabrican a voluntad. Nadie tendrá su claridad programática, su inmensa honradez, su virtuosismo. Esto hace que la derrota de las provincias en su lucha contra el puerto sea definitiva. Dorrego y Rosas ensayarán luego un movimiento nacional y federal liderado por Buenos Aires, dirigido a mantener la hegemonía porteña y al mismo tiempo cubrir el bache cultural, social y económico que separa a la capital del interior” (...)

"En una carta a Belgrano, con quien lo unía una antigua relación, nuestro Artigas, desesperado, le reprochaba su solidaridad con los directoriales que con su ceguera estaban disgregando el país y poniendo en peligro la independencia. ¡Cuántas cosas grandiosas pudieron haber hecho Belgrano y Artigas asociados!"

"Artigas fue nuestro cuarto y último candidato a 'padre de la patria'. Fue el iniciador de la verdadera revolución de la independencia, nacional, republicana y popular. El que heredó la tradición rebelde de los comuneros y tomó en sus manos la tea encendida por el 'arribeño' Murillo" (...) El era -dice su biógrafo Zorrilla de San Martín- el hispanoamericano por excelencia. El era -lo digo yo- lo que pudo ser Liniers y no fue, lo que pudo ser Saavedra y no quiso."

"En contraste con una élite dedicada a abolir títulos de nobleza fuera de uso, a eliminar instrumentos de tortura que seguirían en vigencia, y a suprimir honores exagerados que nadie disfrutaba, Artigas repartió tierras de verdad a indios y criollos de verdad; tomó decisiones mediante asambleas de soldados y campesinos; planteó el problema del puerto único que era el que hacía de Buenos Aires una capital íntimamente repudiada por las provincias, sintetizando el ideal revolucionario en cinco proposiciones principales, tajantes y decisivas: independencia, república, federación, fin del puerto único, designación de una nueva capital. Lógicamente el puerto no podía aceptar un debate en esos términos (...) Sobrevino la guerra civil y el fabuloso Artigas no pudo con Buenos Aires. Dos obstáculos le fueron insalvables. Su ubicación geográfica marginal que lo colocaba fuera de foco (de haber sido cordobés su suerte habría sido otra) y su excesiva honestidad, que limitaba su campo de maniobra... le faltaba capacidad de intriga. Por eso fue derrotado, empequeñecido y confinado al procerato de la Banda Oriental. No tuvo discípulos a su altura, con su asombrosa lucidez. Uno de ellos, Pancho Ramírez, atrapado en las intrigas porteñas, lo corrió hasta Paraguay. Poco después Estanislao López corría a Ramírez (...)"

"... los símbolos actúan en función de necesidades políticas y culturales. Así San Martín es el símbolo argentino de la independencia americana. Rosas, otro símbolo, actúa como desmitificador historiográfico e instrumento de penetración a una realidad nacional oculta. Su identificación con la soberanía tiende a poner de relieve nuestra necesidad, siempre insatisfecha, de conciencia nacional. Y hay un tercer símbolo, no valorado ni difundido adecuadamente, que es la clave maestra para la comprensión cabal de nuestro pasado; y es el de Artigas, símbolo de la soberanía popular, de la autenticidad dirigente y de la total identificación entre pueblo y gobierno." (...)

"Artigas es el arquetipo de la raza, la expresión individual de una Argentina que se esfumó en intrigas extrañas y en el complejo de inferioridad hispánica. Artigas, cuya biografía no tiene sombras irritantes, es Martín Fierro dirigente, refugiado y muerto en nuestro Paraguay, de donde volverá en espíritu cuando sobrevenga el inevitable triunfo popular" (...)

"Artigas... es quien hace verosímiles las hipótesis de alternativas a la política de Buenos Aires, iniciada en 1810, concluída en Pavón, epilogada en la destrucción del Paraguay... La única opción, la única alternativa a esa revolución de mayo (liberal, portuaria, extranjerizante) fue  el liberalismo nacional y popular de nuestro Artigas" (...)

"Hemos visto que cuando el Protector de los Pueblos Libres pareció jugar algunas cartas de triunfo y su influencia extendida por todo el Litoral llegó hasta Córdoba, la burguesía porteña se llevó un susto tan grande que puso el país en remate. Alvear  lo ofreció formalmente a Inglaterra; Posadas, Alvarez Thomas y Pueyrredón se movieron sigilosamente para entregarlo aunque fuera a Portugal. Diez años después, Dorrego resucitará a su manera el artiguismo y Lavalle, después de fusilarlo, pensará en importar un 'príncipe de las mejores familias europeas' para que nos gobierne". Está archidocumentado que el movimiento de emancipación de España estuvo siempre condicionado a la proscripción de las masas populares y a la hegemonía de Buenos Aires sobre el país" (...)

"No hay en Artigas vestigio alguno de ese complejo de inferioridad racial del que estaba enferma la burguesía porteña. En su pensamiento se detectan fácilmente influencias intelectuales propias de la época, federalismo norteamericano, republicanismo francés, liberalismo" (...)

"La verdad pura y sencilla es la expresión de mi lenguaje"
"Yo no soy vendible"
"Con la verdad no ofendo ni temo"
"Yo no soy verdugo de Buenos Aires"
"Que los más infelices sean los más agraciados"

"Estas expresiones peculiares de nuestro líder no serían más que retórica si no mediara una especialísima circunstancia. Artigas las sentía y actuaba de acuerdo con ellas" (...)


"Facundo" Domingo Faustino Sarmiento. Hyspamérica, 1982. 

Cap. IV: “El general Rondeau, puso sitio a Montevideo con un ejército disciplinado: concurría al sitio Artigas, caudillo célebre, con algunos millares de gauchos. Artigas había sido contrabandista temible hasta 1804, en que las autoridades civiles de Buenos Aires pudieron ganarlo y hacerle servir en carácter de comandante de campaña, en apoyo de esas mismas autoridades a quienes había hecho la guerra hasta entonces . Si el lector no se ha olvidado del baqueano y de las cualidades generales que constituyen el candidato para la Comandancia de campaña, comprenderá fácilmente el carácter e instintos de Artigas. Un día Artigas con sus gauchos se separó del general Rondeau y empezó a hacerle la guerra. La posición de éste era la misma que hoy tiene Oribe sitiando a Montevideo y haciendo a retaguardia frente a otro enemigo. La única diferencia consistía en que Artigas era enemigo de los patriotas y de los realistas a la vez. Yo no quiero entrar en la averiguación de las causas o pretextos que motivaron ese rompimiento; tampoco quiero darle nombre ninguno de los consagrados en el lenguaje de la política, porque ninguno le conviene. Cuando un pueblo entra en revolución, dos intereses opuestos luchan al principio; el revolucionario y el conservador; entre nosotros, se han denominado los partidos que los sostenian patriotas y realistas. Natural es que, después del triunfo, el partido vencedor se subdivida en fracciones de moderados y exaltados; los unos, que querrían llevar la revolución en todas sus consecuencias; los otros, que querrían mantenerla en ciertos límites. También es del carácter de las revoluciones que el  partido vencido primitivamente vuelva a reorganizarse y triunfar, merced ade la división de los vencedores. Pero cuando en una revolución una de las fuerzas llamadas en su auxilio se desprende inmediatamente , forma una tercera entidad, se muestra indiferentemente hostil a unos y a otros combatientes (a realistas o patriotas), esta fuerza que se separa es heterogénea; la sociedad que la encierra no ha conocido hasta entonces su existencia, y la revolución sólo ha servido para que se muestre y desenvuelva”.

“Este era el elemento que el célebre Artigas ponía en movimiento; instrumento ciego, pero lleno de vida, de instintos hostiles a la civilización europea y a toda organización regular; adverso a la monarquía como a la república, porque ambas venían de la ciudad y traían aparejado un orden y la consagración de la autoridad” (…) La fuerza que sostenía a Artigas en Entre Ríos era la misma que en Santa Fe a López, en Santiago a Ibarra, en los Llanos a Facundo. El individualismo constituía su esencia; el caballo, su arma exclusiva; la pampa inmensa, su teatro. Las hordas beduinas que hoy  importunan con su algaraza y depredaciones las fronteras de la Argelia dan una idea exacta de la montonera argentina, de que se han servido hombres sagaces o malvados insignes. La misma lucha de civilización y barbarie de la ciudad y el desierto existe hoy en Africa; los mismos personajes, el mismo espíritu, la misma estrategia indisciplinada, entre la horda y la montonera” (…)

“La montonera, tal como apareció en los primeros días de la República bajo las órdenes de Artigas, presentó ese carácter de ferocidad brutal y ese espíritu terrorista que al inmortal bandido, al estanciero de Buenos Aires, estaba reservado convertir en un sistema de legislación aplicado a la sociedad culta, y presentarlo en nombre de la América avergonzada a la contemplación de la Europa. Rosas no ha inventado nada; su talento ha consistido sólo en plagiar a sus antecesores y hacer de los instintos brutales de las masas ignorantes un sistema meditado y coordinado fríamente. La correa de cuero acada al coronel Maciel, y de que Rosas se ha hecho una manea que han visto agentes extranjeros, tiene sus antecedentes en Artigas y en los demás caudillos bárbaros, tártaros. La montonera de Artigas enchalecaba a sus enemigos; esto es, los cosía dentro de un retobo de cuero fresco y los dejaba así, abandonados en los campos. El lector suplirá todos los horrores de esta muerte lenta” (…)

“La montonera solo puede explicarse examinando la organización íntima de la sociedad de donde procede. Artigas, baqueano, contrabandista, esto es, haciendo la guerra a la sociedad civil, a la ciudad, comandante de campaña por transacción, caudillo de las masas de a caballo, es el mismo tipo que con ligeras variantes continúa reproduciéndose en cada comandante de campaña que ha llegado a hacerse caudillo”.



Contratapa de "Artigas: la versión popular de la revolución de Mayo". Pacho O'Donnell. Editorial Aguilar.


"Aunque la historiografía liberal insiste en recordar a José Gervasio de Artigas como el artífice de la independencia de la República Oriental del Uruguay, lo cierto es que, en realidad, el caudillo fue el representante más vigoroso de un proyecto de organización federal, popular y latinoamericanista para las Provincias Unidas del Río de la Plata, que en tiempos de Mayo incluían los actuales territorios de Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Su inflexible convicción lo enfrentó con el elitista y extranjerizante unitarismo porteño que abogaba por la hegemonía del puerto sobre las provincias. Férreo defensor del sufragio universal cuando ninguna sociedad del planeta practicaba el voto popular, llevó a cabo la primera reforma agraria de toda Latinoamérica. La historia ha denominado "revolución" a las jornadas de mayo de 1810, aunque no fueron en verdad revolución porque les faltó el protagonismo del pueblo. Este irrumpe en 1811, conmovido, turbulento, junto a José Gervasio de Artigas, el primer revolucionario del Plata. Obligado a combatir sin apoyos ni medios contra los colonialistas españoles y contra la invasión portuguesa desde el Brasil alentada por Gran Bretaña, debió defenderse, al mismo tiempo, de las tropas enviadas desde Buenos Aires y de las intrigas urdidas por triunviros y directores supremos, que no dudaron en poner precio a su cabeza. Exiliado en Paraguay, el "Protector de los Pueblos Libres" murió pobre, acallado su ideario por el centralismo triunfante, pero respetado por San Martín y los caudillos provinciales y recordado siempre por su pueblo. En este libro, Pacho O'Donnell nos devuelve la real dimensión histórica de Artigas y recupera la plena vigencia de su pensamiento, en tiempos en que la unidad latinoamericana es más que una esperanza. El doloroso exilio del caudillo rioplatense parece, por fin, estar terminando".

"Para los historiadores argentinos, ocuparnos de Artigas es una forma de estar en la ruta de la Patria Grande, de romper los tabiques de la trágica disgregación americana, de recuperar la dimensión rioplatense y continental del `Protector de los Pueblos Libres`" Pacho O'Donnell. 







Cap. 16. La batalla final. “Artigas, el general de los independientes”. Carlos Machado, Cuadernos de Crisis Nro. 16, 1975.

Una “leyenda negra” despiadada. Un odio a su persona, sus modos, su programa, su abierto desafío, su estrecha encarnadura con la masa, su estatura de jefe de las multitudes anónimas de parias.

Nació en el juicio de los unitarios. Cavia, por encargo del propio gobierno porteño, redactó su panfleto agraviante durante la guerra civil: “azote de su patria… oprobio del siglo XIX, afrenta del género humano”. Rivadavia le llamó “bandido”. Alvear, para juzgarlo, debió mostrar sus cartas: “el feroz Artigas.. fue el primero que entre nosotros conoció el partido que se podía sacar de la bruta imbecilidad de las clases bajas, haciéndoles servir, en apoyo de su poder, para esclavizar las clases superiores y ejercer su poder sin más ley que su brutal voluntad”.

Se sumaron a tales diatribas los que desertaron del campo artiguista. “Desgraciado” e “inepto”, le llamó Antonio Díaz. “No tiene otro sistema… que el desorden, fiereza y despotismo”, comentó, despectivo, Rivera (“es de necesidad disolver las fuerzas del general Artigas… así será salvada la humanidad de su más sanguinario perseguidor”). Lavalleja, unos años después, rechazaba indignado una comparación con Artigas: “el General que suscribe no puede menos que tomar en agravio personal un parangón que le degrada”.

Mitre lo abominó: “tenía todos los instintos feroces… la hipocresía solapada del gaucho malo y el orgullo exagerado de sus facultades bajo las apariencias humildes”, y en otro lado, “sin más banderas que el personalismo ni más programa que una confederación de mandones”. Vicente Fidel López advirtió: “no tenemos la menor intención de negar que execramos la persona, los hechos y la memoria de este funestísimo personaje”. “Patriarca del deguello y la barbarie”, le llamó Sarmiento.

Durante medio siglo los textos escolares recogieron la misma versión. La que llevó a Lombroso, en sus estudios de criminalista, a querer descubrir en su rostro -un invento pictórico de Blanes, sin ningún asidero veraz-  los rasgos delictivos que abonaban su tesis discutida. La que divulgaron, despistados, tantos historiadores “avanzados”. Yunque, por ejemplo, lo definió “conservador”, lo confundió con un señor feudal y en ese desatino le atribuyó “desprecio por la masa”. Otro ejemplo significativo: en la “Historia” de Cambridge se le llama “bandido”, todavía.

Lenta fue la reivindicación. Un cubano, Valdez, inició en Buenos Aires su defensa. Manuel Moreno también abogó por el jefe de los orientales. Saavedra le fue fiel. Alberdi, cruzándose al paso de Mitre, definió su figura con acierto: caudillo de las masas, y por eso, expresión verdadera de la democracia. Pero debió pasar un siglo y medio para que se le alzara una estatua en Buenos Aires.

Larga fue en el Uruguay la revaloración. Oribe adjudicó unas tierras, que antes fueron de Artigas, al hijo del caudillo desterrado, hacia 1836. Oribe, otra vez, bautizó con su nombre a la calle central de la Unión, que fue su capital, en el 49. En el 53, Giró le pone “Artigas” a un pueblo fronterizo. En el 54, repatriaron sus restos, olvidados después de mucho tiempo sin que les diera destino. Desde 1860, recién, se libró la batalla para refutar la tergiversación (primero De María, después los hermanos Ramírez, Fregeiro y Bauzá, rectificaron tanta distorsión). Máximo Santos dispuso la sustitución de los textos docentes unitarios y ordenó levantar su monumento. El Senado del 83 rechazó la propuesta de poner sobre su basamento las siguientes palabras: “fundador de la nacionalidad”. Entendió, con razón, que “la inscripción no se armoniza con las tendencias del prócer a propósito de una confederación, a favor de la cual luchó hasta que abandonó el suelo de la patria”.

Solo se puso “Artigas” en ese monumento que se demoró cuatro décadas más (se alzó en 1923). Eduardo Acevedo , desde su “Alegato” había pulverizado a la difamación.

Esa leyenda negra será después “celeste”. Borrados sus afanes revolucionarios, lavado su programa, le harán una mortaja de retórica y bronce. Pero no puede silenciar, para los orientales, nacidos como pueblo bajo su conducción, la herencia de un legado indivisible: independencia  para desligarnos del sometimiento, formas republicanas para garantizar -con libertad- la participación popular, federación para ligar esfuerzos en el cruce común de la cuenca matriz que desagua en el Plata y justicia social amparando a los más. Un reto por delante, como compromiso. 

Fotos: arriba, estatua de José Gervasio Artigas en la Plaza de la Independencia, Montevideo-Uruguay. Luego, cañones en la fortaleza del cerro de Montevideo. Tapa del libro de Pacho O'Donnell, un hallazgo de la agrupación uruguaya Participación  Masoller de un bando sobre Artigas y noticia sobre la muerte del prócer. 

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miércoles, 25 de julio de 2012

Sobre ídolos y cholulismos





La verdad es que a esta altura del partido no se me ocurriría ser cholulo o fanático de nadie. Los años vuelven incrédulo a cualquiera. No creo en ningún ideólogo, en Pat Metheny ni en Pastore, Angel Cappa y el Turco Mohamed juntos! Cualquiera puede traicionar nuestra buena fe a la vuelta de la esquina, como un Nemen, un padre Grassi o Schoklender. Entonces, aunque suene horrible, desconfiar se hace sinónimo de buena salud mental.

Como muchos jóvenes con alguna figura pública, yo me fanaticé con Juan Domingo Perón durante años. Leía todo sobre "el General", me atrapaba su doctrina y su movida política casi épica junto al pueblo humilde que osó reivindicar en la Argentina, sin dobleces. Setenta años después de su llegada todavía vemos su obra. ¿Quién pudo pisarle el poncho? Claro que este estadista tuvo su costado maquiavélico y hasta manchado de sangre cuando la Triple A. ¿Quién lo hubiera dicho? Como lo tuvieron Sarmiento, Mitre, Rosas, Yrigoyen y tantos próceres de cualquier signo. Lo que no disculpa a ninguno porque fallaron. Y mal. Fueron todos repudiables más allá de sus aciertos visionarios. ¿Será que en el camino al poder se van perdiendo escrúpulos y humanidad?

Hablando de ídolos, la entrega del Che Guevara fue irreprochable. ¿Cómo no engancharse con su imagen rebelde? (si tenés al menos alguna burbuja en tu sangre) Pero, como la revolución cubana, no es un artículo de fe. Su visión tuvo aristas contradictorias; su paradigma del hombre nuevo fue una utopía escupida al rebaño conformista.

Debo encontrar siempre alguna excusa por no animarme a imitar el ejemplo de gente como Gandhi o Teresa de Calcuta (con su irrefutable "dar, hasta que duela"). De lo contrario quedaría en evidencia mi profunda cobardía y las conclusiones me arrojarían al suicidio. Podría decirse que ningún profeta ha podido siquiera mellar las injusticias del mundo. Ensalzar pensadores es más fácil, porque todo queda en el terreno de las ideas, muchas veces lejos del barro. No hablemos de endiosar artistas, una trivialidad cuasi-adolescente a la que me dedicaré otro día porque no merece mucha energía.

Quizás lo común a todas las personalidades públicas es que el tiempo va desnudando sus contradicciones, mostrando sus flaquezas. Por eso que "el pez por la boca muere", en algún momento muestran su faceta fascista o egoísta. Y nos desilusionan.

Cuando hace unos días vimos con Silvia entrar a Eduardo Galeano en el bar Brasilero de Montevideo -donde concurre habitualmente- casi se me caen las medias (¡que expresión anticuada!). Me enfrentó al dilema de fingir indiferencia o expresarle mi admiración. Tomé ánimo, metí mi timidez en el bolsillo trasero y lo fui a saludar ya en la vereda, cuando se iba. No quería reprocharme luego mi inacción y me obligué. Como es de suponer para un hombrecillo del común, me presenté con una frase de ocasión no muy afortunada, pero Galeano fue muy cortés conmigo y me alegró aún más el viaje. Supongo ahora, porque gente enorme como él es humilde y paciente.

En nuestra fugaz visita a la capital uruguaya nos decidimos encontrar ese tradicional café con más ahínco todavía después que cuatro corteses orientales nos mandaran a buscarlo a lugares diametralmente opuestos. Es parecido a los nuestros cercanos a Plaza Dorrego, en San Telmo.

He leído una mínima parte de la obra literaria de Galeano porque me cuesta abordar cualquier tipo de ficción. "Las venas abiertas de América Latina" me parece invalorable (debería ser material de estudio obligatorio) aunque a esta altura el mismo escritor ya detesta ese antiguo hijo suyo. Pero después de tantos años creo que ha demostrado ser el pensador humanista más coherente del sur. Y, como si fuera poco, acusa al sistema sin dobleces, explicándolo a los poco luminosos. Para hacer comparaciones odiosas, de Feinmann he leído cinco veces más y hasta me he hecho adicto a su obra. Pero su persona poco me interesa porque peca de soberbio y es tan iconoclasta que desorienta.

Me llamó la atención a mi mismo ese súbito arranque de cholulismo mío en la calle Ituzaingó, aunque no se tratara de pedir autógrafos. Me refiero a la emoción que me produjo esa presencia. Porque no me disparó igual hace unos pocos meses cuando tuve a mano a mi admirado Pino Solanas en Olivos en una presentación de "Tierra sublevada-Oro negro". Ni al cruzarme con Hermes Binner en Río Ceballos (el socialista santafesino que se cuida tanto de hablar boludeces, a quien terminé votando en las últimas elecciones). Eso si, me arrepentí en la Av. Corrientes de no saludar a Rogelio García Lupo, en enero pasado: para quien no sabe de él, un periodista de investigación ya grande, compañero de Rodolfo Walsh, que se la jugó mucho en tiempos difíciles y creo que no fue suficientemente reconocido.

Eso es todo, escribir un poco sobre sentimientos y emociones. Un beso en la reja. Horanosaurus ("el cholulo porteño").

PD1: me sigo topando con gente con huevos y respetable. Increíblemente, en medio del apretujamiento de la Plaza de Mayo -el 10 de octubre/12- durante el mitín de la CTA y la CGT no oficialistas, otra vez ahí nomás Pino Solanas, Jorge Micheli y Víctor De Gennaro. Como siempre diciéndole un rotundo no al mentiroso capitalismo de amigos de Cristina Kirchner y sus ladrones, que le quieren vender a la gente como progresismo.




PD2: la mujer en la 2da. fotografia -con Galeano atrás- pertenece a otra categoría: ademas de mi ídola, es quien a la vez me soporta y me da órdenes a diario ¡hace casi treinta años!

PD3: pasado un tiempo, me tropecé con el reportaje a Eduardo Galeano que Jorge Lanata le realizara para su libro "26 personas para salvar al mundo" (2012). De allí extraje estos párrafos tan interesantes como oportunos:


"Yo nací en Montevideo. Fue una suerte porque esta ciudad me gusta. Es una ciudad donde todavía se puede respirar y caminar, que son dos actividades humanas importantes. Yo soy un caminante, yo camino la vida, camino horas cada día. Voy de un lugar a otro caminando. Todo lo que puedo hacer caminando, lo hago caminando".

"(camino) siempre, por el borde, por la orilla de este río-mar, este río ancho como mar y mientras yo camino las palabras caminan dentro de mi y así van naciendo las historias que cuento y que escribo. Entonces me gusta mucho una ciudad caminable, que se pueda caminar sin violencia y respirable porque aquí hay muy poca contaminación, casi nada… la gente es cordial, además. Y bueno, me gustran los cafés sobrevivientes que son muy poquitos. El Brasilero, donde sigo yendo porque siempre me recuerda que yo les debo todo a los cafés de esta ciudad. Todo lo que sé en materia de comunicación humana. Fíjate que yo hice sólo seis años de escuela y uno de secundaria. No aprendí nada en ningún lado. Lo que aprendí, lo aprendí en los cafés, aprendí el arte de narrar escuchando a esos narradores orales que contaban historias vividas o imaginadas en los cafés de mi ciudad, los cafés montevideanos, esa fue mi universidad de verdad, donde me formé. Les tengo una enorme gratitud.

"Una vez escuché: 'Estás triste como uruguayo contento', y me hizo gracia, por lo certera. Y no lo vivo como una ofensa, nosotros somos en general muy melancólico, así tristones, es verdad. Y lentos, lentos hasta para el fútbol. Tengo una parte de mi que es así también, pero otra que no. A veces reconozco que pueden tener cierta razón los que dicen que es aburrido vivir aquí, pero para mí no. Mentiría si dijera. “Yo también me aburro aquí”. Porque, además, podría tranquilamente vivir en otro lado. Tengo la suerte esa de que mi oficio de escribir, que es mi vocación, que es mi destino, lo que me gusta, me da suficiente dinero como para vivir dignamente en cualquier sitio. Yo elijo este lugar porque lo amo y porque caminando esta ciudad, yo me camino, camino mis adentros y en mí caminan las palabras que se van enredando entre si para construir historias".

 


domingo, 22 de julio de 2012

Frases archivadas IV


"El mundo está destinando tres millones de dólares por minuto a la industria militar, que es el nombre artístico de la industria de la muerte, mientras que al mismo tiempo, por minuto, mueren de hambre o de alguna enfermedad curable quince niños". Eduardo Germán María Hughes Galeano (periodista y escritor montevideano, 1940-2015). Entrevista de Daniel Viglione en Revista Ñ. 06/04/12. NdeH:  amigo del alma, cualquier presidente norteamericano te contestaría cínicamente  "Es el capitalismo, estúpido".  Y solo podríamos putearlo sin que se enterara.

"... no hay escuelas de paternidad, y si las hay, no sirven. Como apunta el doctor House: Your parents always screw you up. Los padres siempre te joden, hagan lo que hagan, incluso, (si tal cosa existe) cuando son perfectamente normales". María Rosa Lojo (escritora porteña, 1954). Artículo "¿Pero ustedes todavía siguen enamorados?". Clarín. 07/04/12.

"Reconoce tu idiotez y serás un idiota lúcido".   Eduardo Echenique  en  "Cuentos de Fontanarrosa" de Rodolfo Alfredo Fontanarrosa (dibujante, escritor, guionista y 'canalla' rosarino, 1944-2007).

"Sebreli: vos andá al arco". Juan Sasturain (periodista y escritor bonaerense, 1945).

"Cuando uno llega a cierta edad, tiende a decir su verdad profunda, por lo menos hasta donde la conoce, ya sin ánimo de impresionar a nadie. Es hora de mostrarse". Rolando Víctor Hanglin (periodista, escritor y librepensador bonaerense, 1946). Columna "Pensamientos incorrectos". La Nación. Enero 2012.

"Cuando uno se encuentra con las cosas raras de la vida y la historia, entiende que debe empezar a estudiar. Porque todo, absolutamente todo, está en los libros. Y nada, absolutamente nada, hay en los foros de internet, más que insultos, exclamaciones, orgasmos de cuatro letras y frases sueltas". Rolando Víctor Hanglin (periodista, escritor y librepensador bonaerense, 1946). Columna "Pensamientos incorrectos". La Nación. Enero 2012.

"Pertenezco a la generación de lo que alguien llamó 'los hermanos menores': lo vimos todo pero no fuimos protagonistas. Eso nos permite, tal vez, darnos libertades de pensamiento y espíritu crítico que son más inusuales en generaciones anteriores". Hinde Pomeraniec (periodista y escritora argentina, 1961). "Matar y morir por una idea". La Nación. Opinión. 14/07/12. NdeH: no se si no nos embarramos, peor vienen los millenials.

"El peronismo no es populismo, es revolución". John William Cooke (abogado y político peronista platense, 1919-1968).

"En los '70 el enemigo del peronismo era el imperialismo yanki. En el siglo XXI es Mauricio Macri. Jodida parábola ideológica". Horacio de Caxaraville.  Munro, Provincia de Buenos Aires. Junio 2011.

viernes, 20 de julio de 2012

El clásico de barrio más grande del mundo



San Lorenzo: ¡un baño de realismo!

Pensar que muchos hinchas de San Lorenzo no querían a Huracán de clásico futbolero, de tanto que le habían ganado. Presa fácil, pensaban. Se sintieron el Barcelona de Sudamérica sin ganar nada y quisieron tener su derby con Boca Jrs. porque también les iba más o menos bien con los "bosteros". Pero éstos -con tantas copas locales e internacionales de diferencia- los despreciaron. Al fin y al cabo, lo suyo fue siempre con River Plate. Ni siquiera los aceptó Vélez Sársfield, un club más chico en todo pero que visitó Japón por la copa intercontinental. Igual que los de Argentinos Juniors los cargan con la bandera nipona. ¿Porqué no cargan a otras hinchadas con la bandera de Japón y a San Lorenzo, sí? ¿Casualidad o todos pensamos lo mismo de ellos? 

Los "cuervos" tuvieron que aceptar la realidad: es que cuando caés bien abajo recordás tus orígenes.  Te lo dice cualquier buen tango. Está de moda en estos años hacerse pasar por víctima de dictaduras, aunque hayas estado debajo de una cama, haciendo negocios o boludeando en otra mientras la calle estaba brava. Buscarle la vuelta épica a la cosa,  digamos. Después de tantas mudanzas ahora se acordaron de volver a Boedo e inevitablemente también del Globo de Parque Patricios, que siempre estuvo ahí. Jamás viene mal   un baño de realismo. Este excelente artículo del periodista Waldemar Iglesias en Clarín, aunque pueda exagerar en algunos adjetivos, quizás les enseñe un poco de historia a los que no saben mucho. Horanosaurus.

PD: lo continúo diciendo, conozco varios "cuervos" que -muy lejos de ser soberbios- son  gente sensible y ubícua. Doy fe. Esta introducción está escrita para la mayoría cuerva soberbia porque creo que mis verdades les caben. Sinceramente, detestaría ofender a los otros y si alguno se topa con mi pensamiento, espero que me entiendan y les pido perdón. ¡Tampoco soy Sartre! 

El clásico de barrio más grande del mundo

San Lorenzo y Huracán es el más porteño de todos los partidos posibles. Nació en 1915 y se transformó en tradición del fútbol argentino. Ahora, desde categorías diferentes, volverán a enfrentarse. Clarín Martes 17 de julio de 2012. Por Waldemar Iglesias.

Es el mediodía de un jueves en Buenos Aires. En la esquina de Caseros y Trole, en la difusa frontera en la que Parque Patricios se hace Nueva Pompeya, hay un bar que también es restorán. Se llama San José, pero la mayoría de los clientes y/o visitantes ocasionales lo conocen con un nombre más afectuoso: Lo de Luisito. Allí se respetan los viejos ritos del aperitivo bien servido, de la soda en sifón, de la charla con el mozo, de la polémica con el de la mesa de al lado. Al entrar, se respira barrio. Al salir, la tradición porteña queda impregnada en la piel. También allí habita el fútbol más allá del campo de juego. En la mesa más cercana a la puerta, acontece una sucesión de lamentos: hablan del Huracán de estos días, que evitó el descenso a la tercera categoría en la penúltima fecha. En diagonal, contra la ventana, otras tres personas almuerzan masticando el recuerdo de la angustia que ya se fue, al menos por un rato: dicen que nunca los hizo padecer tanto el San Lorenzo de sus corazones; ni siquiera en aquel 1981 que prefieren olvidar. Los unos y los otros se miran, se escuchan de lejos, se saludan al partir. La impresión nace y permanece: es zona de clásico; y acá el clásico se juega todos los días. A pocas cuadras de esa esquina las paredes hablan. "San Lorenzo, si no existieras te inventaría", dice una pintada con dos aerosoles: uno rojo y otro azul. Pasando Chiclana, otra pared cuenta una resistencia: "Huracán, qué mal me hacés y sin embargo te quiero". También hay, lamentablemente, otros mensajes menos originales y muy hostiles, propios de estos tiempos violentos y empecinados en robar la mágica esencia de una rivalidad casi centenaria.

Desde sus días fundacionales, aquella primera década del Siglo XX, el clásico entre San Lorenzo y Huracán era una fiesta de personajes irrepetibles, de cracks repartidos, con el tango como inevitable música de fondo. Era también el más porteño de todos los partidos posibles, una suerte de campeonato aparte entre esas dos barriadas que se dividían el sur de un Buenos Aires que se asomaba al crecimiento. Desde el primer encuentro, en 1915, se trató de una cita armónica en tiempos en los que la cuestión de pertenencia geográfica delimitaba también pasiones. El Santo y El Globo. Los de Boedo y los de Parque de los Patricios. Nacieron vecinos, allá en 1908. Barrios bravos, de laburantes, de empedrados nacientes, de construcciones módicas, de almacenes que todavía fiaban, de bares que cobijaban desencantos. Se criaron y crecieron como tales, bien cerca, con historias entrecruzadas, con el encanto de la rivalidad sin enemigos. La Avenida La Plata fue territorio de estadios emblemáticos de ambos. La distancia no excedía el puñado de cuadras, las fronteras se recorrían caminando sin miedos y sin desprecios. Se miraron siempre de reojo, pero sin rencores ni amenazas. Como primos, casi como hermanos en disputa sana. La maldita violencia llegó mucho más tarde, ya en los noventa, con el folclore en terapia intensiva y con el crecimiento del fenómeno de los barrabravas como escenario dominante.

Lo escribió Fabián Casas -poeta, narrador, periodista y azulgrana visceral- en un entrañable intercambio de cartas con Viggo Mortensen, a través del sitio oficial de San Lorenzo: "Te confieso algo: cuando vi cómo Huracán se estaba yendo a la B por culpa de la suculenta goleada que le estaba aplicando Independiente, cuando vi las escenas en las que el Turco Mohamed se agarraba la cabeza en el banco, se me llenaron los ojos de lágrimas. Yo tengo un gran respeto por el adversario. Yo quería que el Huracán de Cappa saliera campeón y nunca, bajo ningún punto de vista, que el Globo descienda a la B ¿Para qué? Me parece que en nuestro país no hay un culto positivo del Adversario, cosa que hasta la Iglesia Católica tiene con el diablo. Sin el Adversario no somos nada. La misma adversidad es la que nos potencia". Viggo -la misma estrella de Hollywood, el Aragorn del Señor de los Anillos, que adoptó para siempre las calles de Boedo como su lugar en el mundo- también ofreció gentilezas en la respuesta: "Creo que el equipo de Huracán que dirigió Cappa en 2009 fue el argentino que más se pareció al Barcelona de Guardiola en los últimos años. Jugaba un fútbol hermoso y debió ser el campeón del Torneo Clausura ese año. Vélez fue favorecido en el encuentro decisivo contra Huracán por un arbitraje infame. Los jugadores de Vélez no tienen la culpa de eso, por supuesto, pero el mejor equipo no ganó el partido y el torneo ese día. Así son las cosas a veces en la vida. No siempre gana la excelencia creativa. Como escribió Heidegger, 'Queda como tarea ver el enigma'. Puede sonar extraño que, siendo Cuervos, hablemos tanto y en términos tan positivos de Huracán.Como decís, hay que respetar al adversario. Cuando juega bien, merece que se reconozca".

No es ni tan casual ni tan infrecuente esa suerte de afinidad. Se percibe en cada emprendimiento solidario compartido entre la Subcomisión del Hincha de San Lorenzo y la Fundación Corazón Quemero. Néstor Vicente -ex candidato a presidente de la Nación y ex titular de Huracán- es el más prolífico de los autores sobre temáticas vinculadas al club de Parque de los Patricios. Cuando estaba por escribir su libro "Del Globo y de La Quema" pensó: "¿Cómo no voy a incluir un capítulo que se refiera a San Lorenzo en un libro de Huracán?" Y lo incluyó, claro. Lo hizo bajo un título que ofrecía también sensaciones: "Cómo olvidarte en esta queja...". O como se preguntó el poeta Horario Ferrer -creador de la Academia Nacional del Tango e hincha de Huracán- en la Feria del Libro de 2010: "¿Por qué no vamos a querer a San Lorenzo?". En su sonrisa breve estaba implícito el inquebrantable reconocimiento al rival de siempre.

Los números de la historia cuentan que San Lorenzo es el amplio dueño del clásico. El partido inicial se disputó el 24 de octubre de 1915, en la cancha de Ferro, lo ganó el equipo de Boedo 3-1 y marcó el recorrido desde entonces. Contando desde esa cita, por encuentros de Primera División jugaron 162 veces y la ventaja es azulgrana: 78 victorias contra 41. Además, también se enfrentaron en 10 ocasiones por Copas oficiales de la AFA: cuatro triunfos contra tres es la diferencia en favor de los Santos. La única mínima ventaja para los de Patricios sucedió en amistosos (siete éxitos contra cinco en 18 partidos). Más allá de ese rasgo dominante, este duelo que en breve cumplirá 97 años tiene varias particularidades y rarezas: en los años 20 (la década en la que Huracán fue el más campeón junto a Boca, también su clásico rival de entonces), los de Parque Patricios no pudieron ganarles a los de Boedo ni con el notable equipo de 1928; sin embargo, en el peor momento de Huracán (los últimos 35 años) la diferencia es de sólo dos duelos en favor del CuervoEntre 1957 y 1961 San Lorenzo estableció el récord de nueve victorias sucesivasen 1976, el Globo le devolvió un golpe histórico: le ganó los cinco clásicos de la temporada, un caso único en el fútbol argentino. San Lorenzo tiene más títulos (13 a 5 en la máxima categoría del fútbol argentino); pero llegó a Primera un año después (en 1915) y perdió la categoría cinco años antes (en 1981). Los de Boedo, además, se jactan de otra verdad: según datos oficiales de la AFA, están terceros en la tabla histórica de venta de entradas en el profesionalismo; y Huracán, sexto.

Martín Tenca es abogado, riguroso conocedor de la historia de San Lorenzo y uno de los socios del club que ya aportó para el fideicomiso por la Vuelta a Boedo. También fue uno de los 100 mil cuervos que estuvo en Plaza de Mayo para reclamar lo que les pertenece: la restitución de su estadio, el Gasómetro robado en los días duros de la última dictadura. Cuenta sobre este clásico que sigue de cerca: "Es como jugar contra tu primo. Le querés ganar de todas las maneras. Y después lo querés cargar toda la semana o hasta el próximo clásico. Pero nunca lo dejás de estimar como lo que es: ese primo al que le ganás tan seguido. Y aunque se trate de la mayor diferencia entre rivales tradicionales, el clásico seguirá siendo siempre el mismo". Su abuelo Juan Santiago, recuerda, tenía el carnet de los dos clubes. Era azulgrana desde el nacimiento, pero le agradaba que los Quemeros ganaran. Excepto en la cita barrial, claro.

Roberto Guidotti, co-autor del libro oficial del centenario de Huracán, brinda su mirada: "Es el más porteño de todos los partidos que el fútbol argentino pueda ofrecer. Porque más allá de que hay tantos Huracanes y San Lorenzos en el país, la referencia barrial es ineludible. Y también el respeto, siempre presente más allá de la despreciable violencia de barras".

El periodista Eduardo Bejuk, quien conoce esta historia por haberla vivido desde la profesión pero sobre todo desde adentro, lo retrató alguna vez con el trazo impecable de sus palabras, en 2007, el año del último regreso de Huracán a la A: "Se viene el clásico de barrio más grande del mundo. Los violentos casi lo matan. Desde el folclore, vamos a  resistir. No vamos a dejar de chicanearnos, porque el clásico es eso. Y no vamos a rendirnos, Cuervos y Quemeros, los de verdad, los del café, el billar, el boliche. No: a este clásico no lo encontrás en paquetes turísticos. Es de una multitudinaria intimidad, bastión anti-globalización, porteño, reo, misterioso como un tango homerístico, compadrito como un cuento borgeano, mío, tuyo, nuestro, eterno..."

Compartieron superhéroes desde los primeros días. Luis Monti tiene un historial enorme en el fútbol: entre otras cosas, fue subcampeón del mundo con Argentina (en 1930) y campeón con Italia (en 1934). Antes de eso, junto a su hermano Enrique, participó del primer título de Huracán, en 1921. Al año siguiente, "Doble Ancho" -como le decían por ese tamaño que justificaba su condición de patrón del mediocampo- se fue a San Lorenzo y resultó tricampeón (1923, 1924 y 1927) y símbolo de ese tiempo. Era un caudillo, un líder corajudo, un centrojás de los que imponían respeto. Se formó en Parque de los Patricios y Boedo lo trasladó al mundo: tras el Mundial de Uruguay fue transferido a la Juventus, donde también se consagró. El de Alfredo Carricaberry es otro caso emblemático. Jugaba de wing, como los de ese tiempo menos tacticista: pegado a la raya, encarador, proclive a la gambeta. Un crack inobjetable de aquellos días. Como Monti, dio las tres vueltas olímpicas para el club que había fundado Lorenzo Massa en 1908. Luego, ya en el profesionalismo, aceptó un ofrecimiento de Huracán. Y a principios de los años 30 lució sin inhibiciones el Globo de Jorge Newbery en el pecho. Nadie lo observó como una traición o una herejía. Era un testimonio de ese clásico y de ese tiempo, que el periodista Mariano Reverdito reseña en su libro "Del potrero a las canchas de Football".

Las historias cruzadas continuaronmientras Héctor Veira era mago y emblema de San Lorenzo, compartía un departamento frente al Zoológico con el más representativo de los hinchas de Huracán, el inolvidable Ringo Bonavena. No sólo eso: iba a jugar al billar a la sede de la Avenida Caseros. Y hasta por una temporada se puso la camiseta blanca junto a su amigo Narciso Doval, El Loco, otro ídolo bajo el cielo del Gasómetro. El Toscano Rendo -figura con las dos camisetas- puede ir al Ducó o al Nuevo Gasómetro y en ambos lugares recibe esos abrazos que cuentan la misma gratitud. Leandro Romagnoli se crió en un ambiente decididamente quemero, en Pompeya, pero se hizo hincha e ídolo de San Lorenzo. Hay otro caso encantador fuera del campo de juego: Homero Manzi -simpatizante de Huracán- le pone su nombre a una de las esquinas más significativas para los Gauchos, San Juan y Boedo. Y también, en 1948, le puso poesía de tango a esa geografía de Cuervos y de Quemeros, en "Sur": "San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo, / Pompeya y más allá la inundación. / Tu melena de novia en el recuerdo / y tu nombre flotando en el adiós... /  La esquina del herrero, barro y pampa, / tu casa, tu vereda y el zanjón, / y un perfume de yuyos y de alfalfa / que me llena de nuevo el corazón. / Sur, paredón y después.../ Sur, una luz de almacén...."

Ahora, por primera vez en la historia, el clásico se disputará a pesar de que están en diferentes categorías. Ni cuando San Lorenzo jugó su única temporada en la B (en 1982) ni en ninguna de las diez temporadas de Huracán en la B Nacional (en cuatro ciclos distintos), se vieron las caras. Esta vez, en el ida y vuelta que propone la Copa de los Clásicos, el viejo duelo demostrará que también es resistente a las averías de cualquiera de sus participantes. Porque vive, porque late, porque se percibe en cada rincón de esa geografía que le pertenece, la de los barrios de ese sur porteño que los vio nacer.





Venganza de los dioses: la esquina clásica de Boedo lleva el nombre de un quemero.