domingo, 23 de junio de 2013

Puertas, portones, ventanas, postigones & celosías IX
















Las 3 primeras, barrio San Telmo, ciudad de Buenos Aires-R.A. (la 1ra. foto corresponde a la que muchos identifican como casa más angosta de la ciudad, pasaje San Lorenzo casi Defensa). La 10a. y 11a., Olivos, Pcia. de Buenos Aires-R.A. El resto, ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe-R.A.

sábado, 22 de junio de 2013

Santa Maradona



La visión de dos grandes autores sobre el significado de Diego Maradona, en el fútbol y en la vida de nosotros, sus mortales hinchas. Ficción, no ficción, ensayo, cuento o relato, lo que sea: sin maestría no se podría escribir esto y llegar tan hondo. Maradona, odiado o idolatrado, fanfa y genio, sinónimo de argentinidad. Horanosaurus. 


"Maradona". Por Eduardo Galeano en 'El fútbol a sol y sombra' (1996).

Jugó, venció, meó, perdió. El análisis delató efedrina y Maradona acabó de mala manera su Mundial del 94. La efedrina, que no se considera droga estimulante en el deporte profesional de los Estados Unidos y de muchos otros países, está prohibida en las competencias internacionales.

Hubo estupor y escándalo. Los truenos de la condenación moral dejaron sordo al mundo entero, pero mal que bien se hicieron oir algunas voces de apoyo al ídolo caído. Y no sólo en su dolorida y atónita Argentina, sino en lugares tan lejanos como Bangladesh, donde una manifestación numerosa rugió en las calles repudiando a la FIFA y exigiendo el retorno del expulsado. Al fin y al cabo, juzgarlo era fácil, y era fácil condenarlo, pero no resultaba tan fácil olvidar que Maradona venía cometiendo desde hacía años el pecado de ser el mejor, el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda callar y el crimen de jugar con la zurda, lo cual, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa “con la izquierda” y también significa “al contrario de cómo se debe hacer”.

Diego Armando Maradona nunca había usado estimulantes, en vísperas de los partidos, para multiplicarse el cuerpo. Es verdad que había estado metido en la cocaína, pero se dopaba en las fiestas tristes, para olvidar o ser olvidado, cuando ya estaba acorralado por la gloria y no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir. Jugaba mejor que nadie a pesar de la cocaína, y no por ella.

El estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda. El cuerpo como metáfora: le dolían las piernas, no podía dormir sin pastillas. No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo. ‘Necesito que me necesiten’, confesó, cuando ya llevaba muchos años con el halo sobre la cabeza, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, empachado de cortisona y analgésicos y ovaciones, acosado por las exigencias de sus devotos y por el odio de sus ofendidos.

El placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos. En España, cuando Goicochea le pegó de atrás y sin la pelota y lo dejó fuera de las canchas por varios meses, no faltaron fanáticos que llevaron en andas al culpable de este homicidio premeditado, y en todo el mundo sobraron gentes dispuestas a celebrar la caída del arrogante sudaca intruso en las cumbres, el nuevo rico ése que se había fugado del hambre y se daba el lujo de la insolencia y la fanfarronería.




Después, en Nápoles, Maradona fue santa Maradona y san Gennaro se convirtió en san Gennarmando. En las calles se vendían imágenes  de la divinidad de pantalón corto, iluminada por la corona de la Virgen o envuelta en el manto sagrado del santo que sangra cada seis meses, y también se vendían ataúdes de los clubes del norte de Italia y botellitas con lágrimas de Silvio Berlusconi. Los niños y los perros lucían pelucas de Maradona. Había una pelota bajo el pie de la estatua del Dante y el tritón de la fuente vestía la camiseta azul del club Nápoles. Hacía más de medio siglo que el equipo de la ciudad no ganaba un campeonato, ciudad condenada a las furias del Vesubio y a la derrota eterna en los campos de fútbol, y gracias a Maradona el sur oscuro había logrado, por fin, humillar al norte blanco que lo despreciaba.


Copa tras copa, en los estadios italianos y europeos, el club Nápoles vencía, y cada gol era una profanación del orden establecido y una revancha contra la historia. En Milán odiaban al culpable de esta afrenta de los pobres salidos de su lugar, lo llamabam jamón con rulos. Y no sólo en Milán: en el Mundial del 90, la mayoría del público castigaba a Maradona con furiosas silbatinas cada vez que tocaba la pelota, y la derrota argentina ante Alemania fue celebrada como una victoria italiana.

Cuando Maradona dijo que quería irse del Nápoles, hubo quienes le echaron por la ventana muñecos de cera atravesados de alfileres. Prisionero de la ciudad que lo adoraba y de la camorra, la mafia dueña de la ciudad, él ya estaba jugando a contracorazón, a contrapié; y entonces, estalló el escándalo de la cocaína. Maradona se convirtió súbitamente en Maracoca, un delincuente que se había hecho pasar por héroe.

Más tarde, en Buenos Aires, la televisión transmitió el segundo ajuste de cuentas: detención en vivo y en directo, como si fuera un partido, para deleite de quienes disfrutaron el espectáculo del rey desnudo que la policía se llevaba preso.

“Es un enfermo”, dijeron. Dijeron: “Está acabado”. El mesías convocado para redimir la maldición histórica de los italianos del sur había sido, también, el vengador de la derrota argentina en la guerra de las Malvinas, mediante un gol tramposo y otro gol fabuloso, que dejó a los ingleses girando como trompos durante algunos años; pero a la hora de la caída, el Pibe de Oro no fue más que un farsante pichicatero y putañero. Maradona había traicionado a los niños y había deshonrado al deporte. Lo dieron por muerto.

Pero el cadáver se levantó de un brinco. Cumplida la penitencia de la cocaína, Maradona fue el bombero de la selección argentina, que estaba quemando sus últimas posibilidades de llegar al Mundial 94. Gracias a Maradona, llegó. Y en el Mundial, Maradona estaba siendo otra vez, como en los viejos tiempos, el mejor de todos, cuando estalló el escándalo de la efedrina.

La máquina del poder se la tenía jurada. El le cantaba las cuarenta, eso tiene su precio, el precio se cobra al contado y sin descuentos. Y el propio Maradona regaló la justificación, por su tendencia suicida a servirse en bandeja en boca de sus muchos enemigos y esa irresponsabilidad infantil que lo empuja a precipitarse en cuanta trampa se abre en su camino.

Los mismos periodistas que lo acosan con los micrófonos, le reprochan su arrogancia y sus rabietas, y lo acusan de hablar demasiado. No les falta razón; pero no es eso lo que no pueden perdonarle: en realidad, no les gusta lo que a veces dice. Este petizo respondón y calentón tiene la costumbre de lanzar golpes hacia arriba. En el 86 y en el 94, en México y Estados Unidos, denunció a la omnipresente dictadura de la televisión, que estaba obligando a los jugadores a deslomarse al mediodía, achicharrándose al sol, y en mil y una ocasiones más, todo a lo largo de su accidentada carrera, Maradona ha dicho cosas que han sacudido el avispero. El no ha sido el único jugador desobediente, pero ha sido su voz la que ha dado resonancia universal a las preguntas más insoportables: ¿Porqué no rigen en el fútbol las normas universales del derecho laboral? Si es normal que cualquier artista conozca las utilidades del show que ofrece, ¿porqué los jugadores no pueden conocer las cuentas secretas de la opulenta multinacional del fútbol? Havelange calla, ocupado en otros menesteres, y Joseph Blatter, burócrata de la FIFA que jamás ha pateado una pelota pero anda en limusinas de ocho metros y con chófer negro, se limita a comentar: “El último astro argentino fue Di Stéfano”.

Cuando Maradona fue, por fin, expulsado del Mundial del 94, las canchas de fútbol perdieron a su rebelde más clamoroso. Y también perdieron a un jugador fantástico. Maradona es incontrolable cuando habla, pero mucho más cuando juega: no hay quien pueda prever las diabluras de este inventor de sorpresas, que jamás se repite y que disfruta desconcertando a las computadoras. No es un jugador veloz, torito corto de piernas, pero lleva la pelota cosida al pie y tiene ojos en todo el cuerpo. Sus artes malabares encienden la cancha. El puede resolver un partido disparando un tiro fulminante de espaldas al arco o sirviendo un pase imposible, a lo lejos, cuando está cercado por miles de piernas enemigas; y no hay quien lo pare cuando se lanza a gambetear rivales.

En el frígido fútbol de fin de siglo, que exige ganar y prohíbe gozar, este hombre es uno de los pocos que demuestra que la fantasía puede también ser eficaz.

"Me van a tener que disculpar" - Por Eduardo Sacheri.



Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones convenidas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, con la misma e idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.

Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el sólo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.

Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantendo que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota. Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.

No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.



No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.


    
Él no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.

Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para enzalzarlo hasta la estratósfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos, los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores. Nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además, con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto. 

Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso, y digo alguna sandez al estilo de «y, no sé, habría que pensarlo»; o tal vez arriesgo un «vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta». Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones.

Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las infinitas traiciones tan propias de nosotros los mortales.

Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como lo hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances, esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la cual mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta hoy, he mantenido en secreto. Un pacto que puede conducirme (lo sé), a que alguien me acuse de patriotero. Y aunque yo sea de aquellos a quienes desagrada la mezcla de la nación con el deporte, en este caso acepto todos los riesgos y las potenciales sanciones. 


Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del cual no debió moverse, porque era el exacto sitio en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí. Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos.

Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta. Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumuladas en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, porque estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio «te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros».


Así que están ahí los tipos. Los once nuestros y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.


Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va este tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y aunque sea les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.


Hasta ahí, eso solo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga bueno, es suficiente, me doy por hecho, hay más. Porque el tipo además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.


Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndoseal calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero sí sienten un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante.



Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y que las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar los ojos al cielo. Y no sé si él lo sabe, pero hace tan bien en mirar al cielo.

Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre, en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable.

Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria.

A dieciseis años de su retiro, Diego le sigue ganando al tiempo
Clarín Deportes. 23/06/13. Por Miguel Angel Bertolotto. "Argentina es Maradona, Maradona, Maradona..."

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jueves, 20 de junio de 2013

Pino Solanas desorientado



Tenía que pasar. No fue doblegado -como tantos otros- por las migajas corruptas que el poder le tira a sus rivales de fuste para desalojarlos de la escena: esa es un arma que jamás le hará mella. Fue doblegado por fallar en sus propias convicciones democráticas, por no consensuar con su propia gente. Pino Solanas, está viendo fugarse varios aliados con los cuales compartía el Movimiento Sur y eso, políticamente, es un retroceso del cual es responsable. ¿Egocentrismo?

Hace ya tiempo se fueron de las filas del Movimiento liderado por Proyecto Sur dirigentes valiosos como Claudio Lozano, molesto porque a último momento Pino o su gente decidieron bajarlo de una candidatura natural en la ciudad de Buenos Aires en 2011. También el sindicalista Víctor De Gennaro se alejó. Viejos luchadores de ATE y la CTA, ambos se refugiaron (sólo temporalmente) en el Frente Amplio Progresista-FAP de Binner, que parece que cayó en errores similares a los de Pino Solanas: derribar el esfuerzo conjunto de años en pos de circunstancias electorales. ¿Ellos también aportaron su propia cuota de egoísmo? Otro grupo que se apartó luego de muchos años es el MST-Movimiento Socialista de los Trabajadores, encabezado Vilma Ripoll. Trotkistas que no creen en la democracia pero prometen una utópica, siempre y cuando les reconozcan la conducción a ellos, la vanguardia iluminada que arrastra cada vez menos voluntades.

Proyecto y Movimiento Sur han sido el intento más importante de los últimos veinte años por introducir un nacionalismo bien entendido, planificación y racionalidad e imponer las tres banderas históricas del justicialismo entre las conservadoras fuerzas políticas argentinas, los cómplices PJ, la UCR y el macrismo.

A pesar que ideológicamente todos estos dirigentes habían marcado una delicada y sutil pero neta separación de la decadente izquierda tradicional argentina delineando una lucha progresista pero no trasnochada, caen en la misma trampa de aislarse en grupúsculos que difieren en no se sabe que aspecto político y se reducen a sellos electorales de nombres que no se pueden siquiera recordar. Intuyo que ninguno hizo todo lo posible por seguir juntos. Por eso es que la gente se termina aburriendo también de la oposición y no llega a representarla ni les produce confianza para detener a los poderosos. No se quejen si después caen dentro del "que se vayan todos" junto a los mismos corruptos que dicen combatir. Tengo la impresión que muchos que se meten en política para ayudar a los demás, terminan considerando a la corrupción como un mal menor o incluso necesario.

La casi unilateral y apresurada alianza electoral de Pino Solanas con Lilita Carrió precipitó nuevas deserciones en su partido Proyecto Sur, después de tantos años de esfuerzo. No está mal que dos de los dirigentes nacionales más importantes en la lucha contra la corrupción se junten en la ciudad para arrebatarle al macrismo conservador y a los desbocados kirchneristas las bancas en disputa. Pero esas decisiones deben ser consensuadas con la gente que construye el partido y el movimiento todos los días. Estaría bueno preguntarle a Pino Solanas impuso la defensa de las 5 causas que representan a Proyecto Sur o solo las usa para la gilada que lo sigue.

No voto en la ciudad de Buenos Aires y ya no se si lo votaría a Pino en alguna instancia. No se puede obviar todo lo que hizo durante estos años desde afuera del poder por el mejoramiento de la democracia en la Argentina, denunciando la corrupción y proponiendo salidas nacionales concretas a los problemas estructurales que nos afectan a todos.

Pero, independientemente de quien tenga razón en esta diáspora y de quien es el más egoísta de todos, la responsabilidad de amalgamar las voluntades era suya. En eso creo que la pifiaste feo, querido Pino. Horanosaurus.

PD: nueva equivocación de quien suscribe: como pueden informarse en el bonus track 2019, acá abajo, mi antiguo ídolo Pino Solanas terminó abjurando de sus principios y defendiendo a los corruptos que vivió denunciando. Mendigando un puesto político cómodo, alejado de las penurias de su tan amado pueblo argentino por el que nada pudo hacer. Un fracaso político que terminó vendiendo sus convicciones. Pino: por tu bien es mejor que  no tengas el valor de reconocerlo. 

“Pino traicionó el proyecto político”

La juventud de Proyecto Sur también resolvió dejar a Pino Solanas. La razón de la ruptura es el desacuerdo con la alianza que el cineasta tejió con Elisa Carrió. “Se corrió a la derecha”, explicaron los jóvenes y los comuneros. Página/12 30/05/13. Por Werner Pertot.

Pino y Proyecto SUR, UNEN a lo viejo…

Alternativa Socialista-MST 14/06/13 - En la última semana, fue de público conocimiento el acuerdo electoral consagrado por las parejas de Pino-Carrió, Prat Gay-Gil Lavedra y Terragno-Loustau; para dirimir sus candidaturas mediante las PASO, llamado UNEN (...) "el error de seguir otro rumbo, en parte se entiende desde su abandono de la candidatura presidencial en las elecciones del 2011..."

Frente a los ataques a Solanas, no te confundas


19 jun, 2013 La Juventud Proyecto Sur CABA repudia las difamaciones formuladas por “satélites” kirchernistas sobre un supuesto corrimiento de Fernando “Pino” Solanas hacia posiciones de derecha.

"Contra la corrupción siempre estuvimos solos"


La Nación 08 jun, 2013. "Estuvimos 20 años denunciando hechos de macrocorrupción que se verificaron como ciertos... somos los llaneros solitarios de de la oposición..." "aquellos que optaron por desertar del espacio lo están destruyendo haciéndole el juego a la estrategia kirchnerista que quiere división y que no tengamos la segunda senaduría o ganar los dos senadores", dice Solanas.

CARTA ABIERTA A LA GENTE DE PROYECTO SUR


Como simple afiliado a Proyecto Sur lamento profundamente la división que se ha producido en varios sectores del partido. Pg12 y los panfletos rentados de los amigos del poder disfrutan de esta disputa en nuestra fuerza. Por lo que veo y por lo poco que se aprecia en la superficie el crack lo produjo la aparente inconsulta alianza electoral de Pino con Lilita Carrió. Entiendo que ha sido un error politico de Pino (no se si será soberbia pero es otro de sus errores tácticos), no porque no pudiera corresponder -ambos son dos de los más dignos dirigentes que luchan contra la corrupción en el país- sino por antidemocrático.

Me pregunto si el futuro de los disidentes no será el mismo de la izquierda tradicional argentina: navegar por el limbo político formando grupúsculos o sellos que difieren por una letra, se ofrecen a una lista en alguna elección y vuelven a empezar. Para que nada cambie. Mejor una ONG que ayude a la gente real.

Quizás sea un ingenuo pero en vez de enojarse tanto entre Uds. trataría de recomponer el cuerpo desde adentro e imponer la cordura. ¿Tanto esfuerzo tirado a la basura? Gracias por su tiempo. HMz. Olivos, Buenos Aires.

UN AMIGO DEL M.S.T. ME RESPONDE 

Nosotros también lamentamos la ruptura de Proyecto Sur. Por lo que venía sucediendo en Latinoamérica y en la Argentina, una figura como Pino, levantando Cinco Causas que sin ser revolucionarias cuestionan el fondo del problema en el país y esbozan una salida de fondo; podría haber sido una excelente herramienta para enfrentar a los viejos partidos y transformarse en un polo de atracción para miles de personas y jóvenes, incluso para gobernar.


Pero, lamentablemente, la historia demuestra que lo que está haciendo Pino termina en un colosal fraude. Ya lo es. Abandonó un programa de fondo solo por poner centro en la ética de anticorrupción por la República, el discurso de Lilita. La corrupción existe y hay que combatirla, pero es estructural, no sólo ética. La corrupción mata con un tren privatizado, subsidios y coimas, mata con el pago de la deuda que no va a trabajo ni educación ni salud, etc. La República ética es la consigna aggiornada de "con la democracia se come su cura y se educa", de la cual ya conocés el resultado.

De Lilita, mujer de la iglesia, los yanquis y Clarín, no hace falta hablar mucho, tampoco de Prat Gay de GP Morgan o de Donda que estuvo con los K, con Pino y con Binner y con cualquiera que le pague un cargo. También estuvo por entrar Loustou y está Terragno. Sin embargo, no se trata solo de estos figurones y de que a Pino le hayan agarrado todas las cosas que vos describís correctamente, se trata de una NUEVA ALIANZA, porque van a las internas con la mismísima UCR, la de De la Rua y Cia. Desde ya, todo este conglomerado cuenta con el guiño maravilloso y celestial de Bergoglio. Como notarás no se trata de una cuestión táctica sino de un brutal giro a la derecha que nosotros no vamos a compartir.

¿Y resistir adentro? Si fuera un partido democrático se podría hacer pero Pino sigue siendo totalmente verticalista al estilo PJ y se hace lo que él y tres mas quieren, o te tenes que ir. Tan brutal es de la vieja política que la mayoría del Partido Proyecto Sur está en contra de lo que está haciendo y no fueron escuchados, por eso se fue la mayoría de los comuneros, todo Capital, provincia de Buenos Aires y casi todas las provincias, no les quedó nada.

Es en estas condiciones que hay que emprender algo nuevo con los que quieran. Como siempre tu amigo Lozano se c... en todo y cree que es Chávez o no se quien y tampoco abre el juego ni quiere el mecanismo de internas democráticas para definir, así que nosotros, saquemos muchos o pocos votos, no vamos atrás de proyectos que son mas de lo mismo y a lo único que llevan es a estafas con nuevas frustraciones polìticas.

Hicimos un frente con el Partido Social y Comuneros en Capital y Podemos en Provincia, un frente bueno con Unidad Popular, PCR, la ruptura de Proyecto Sur, ARI, etc. etc. Y nos mantenemos en la pelea por una alternativa amplia y unitaria. Un abrazo.

BONUS TRACK 2018: contradicciones absurdas, derrape final.


Diario Popular. 14/11/18

El legislador confirmó el acercamiento luego de una charla en su despacho; viene realizando reuniones con diferentes sectores. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, y el senador de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, encabezaron el lunes una reunión con la bancada kirchnerista y senadores justicialistas que se oponen al Presupuesto 2019, en la que conversaron sobre el armado de “un frente grandísimo” para las elecciones, que podría contar además con un interbloque en el Senado. El encuentro fue organizado por el cineasta, cuyo mandato como senador vence el año próximo. Desde hace varios meses viene realizando reuniones con distintos sectores de la oposición peronista que más confronta con el gobierno del presidente Mauricio Macri.


Aseguró que “seguramente” conformará una coalición con el Frente para la Victoria en el Senado. La Nación 14/11/18.

BONUS TRACK 2019: los miedos, la traición a tus principios, la decadencia, la rendición de Pino Solanas...


El cineasta pidió saber que carga horaria le exigiría una embajada y si los pasajes oficiales incluyen a su familia. LPO 19/06/2019.

Pino Solanas quiere que Alberto Fernández y Cristina Kirchner le garanticen una embajada en Francia o Italia, luego que lo bajaran de la pelea por el Senado. El objetivo original de Pino era renovar su banca de senador, pero el kirchnerismo no le concedió ese deseo y llevará a Mariano Recalde en esa boleta. Al cineasta le ofrecieron encabezar la lista de diputados nacionales del Frente Todos en Capital. Solanas no quiso rechazar ese lugar que le asegura cuatro años de mandato en la cámara baja pase lo que pase en las elecciones presidenciales. Pero Pino quiere que su destino esté lejos de la Argentina si la dupla de los Fernández le gana a Mauricio Macri: en los últimos días estuvo averiguando si lo enviarían a París como embajador. Incluso consultó si los pasajes oficiales de los diplomáticos incluyen a su familia y cuál es la carga horaria de un embajador. Si no le dan la embajada en Francia, donde vivió durante una década, Pino tiene un plan B que es la Unesco, que tiene sede en París y actualmente está a cargo de Rodolfo Terragno. Se entiende la preferencia del creador de El Exilio de Gardel por la ciudad luz, durante la dictadura vivió en esa ciudad donde era un personaje importante de la escena cultural local y llegó a entablar una cercana relación con Danielle Mitterrand, esposa del mítico primer ministro francés. Por eso, Roma es el plan C.

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sábado, 15 de junio de 2013

Lasalle Florida promo 73 after the big storm IV












Fotos halladas en la web de ex-alumnos de la promoción 73, allegados y/o conocidos, que por algún motivo no han deseado relacionarse con los que seguimos en contacto. No problem!


 


De arriba hacia abajo: 

1. Foto del Lasalle Florida publicada en el diario La Nación. Febrero 2012.
2. El Cdor. Fixie Laconchagaray mostrando una de sus facetas más sensibles junto a su primogénito Ramiro (ver "Hace lugar que viene Ramiro"). De acuerdo a las características fisonómicas del vástago y observando fotos sepia de Fixie-infante en la entrada "Lasalle Florida promoción 73 etc" no quedarían dudas que la paternidad le corresponde. Sin embargo, si bien se descarta de plano cualquier ingerencia de su primo Iki, algunos miran de reojo a su hermano Jorge.
3. Meses previos al nacimiento del vástago. Ultimo viaje psicodélico de Fixie, intentando evadirse de la nueva realidad.
4. Oscar Ruiz Huidobro tratando tardíamente de cumplir su sueño adolescente de seducir y gozar de varias mujeres de piel negra al mismo tiempo, sin pagar por sus servicios. Cuba, 2012. 
5. José Luis Bastos, seguramente en su despacho de la escuela Nro. 3 de Florida. Un saludo allá arriba para Pierre y Robi y un abrazo del alma para vos de la promo 73. En el link, un homenaje que le hicieron sus colegas y sus propias palabras.  
6. Agrónomo Horacio Cefaleo Mendonca, embajador itinerante de Agricultura, intentando congraciarse con las autoridades de La Cámpora o con el sector del funcionario ad-hoc Emilio Pérsico, dirigente de la nueva política y conductor del Movimiento Evita, poderes en sórdida lucha por los fondos de dicho Ministerio para profundizar la revolución nacional y popular. HCM fue rechazado, en el 1er. caso por su edad y sobrecapacitación; en el 2do. por las rígidas normativas internas de la militancia que no aceptan trabajadores en sus filas. Foto siguiente, in-fraganti en negocio privado flojo de papeles e incompatible con la función pública.
7. El alemán-acriollado Marcelo H. en las calles de La Habana, intentando vender información sobre planificación vial, un imposible: en Cuba planifican aún menos que en la Argentina. Obsérvese calzado anatómico New Balance tropic, antideslizable. 
8. Fotos sueltas: pongan en juego su memoria cansina y sagacidad!

PD: ¿Qué correlación sociológica existe entre tantos integrantes de la promoción 73 y Cuba? ¿Qué magnetismo ejerce sobre ellos la otrora sede de la revolución americana?

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