domingo, 16 de febrero de 2014

Carlos Pellegrini: estadista de la oligarquía



Publicación necrológica del 18 de julio de 1906 en el diario socialista La Vanguardia, con motivo de la muerte del ex presidente Carlos Pellegrini: "Si tuvo talento, nunca lo aplicó en beneficio del país. En la vida no tuvo más norma que la ambición y, ante el exagerado concepto de la individualidad, desaparecía para él todo interés colectivo. Tenía el alma de un cartaginés y, más que un caudillo, fue un comerciante". Singular adiós a Pellegrini escrito por el socialista Juan B. Justo (1). 




¿Fué tan así? Carlos Pellegrini era porteño, nació el 11 de octubre de 1846, hijo del ingeniero italiano (o suizo) Carlos Enrique Pellegrini, que arribó a estas costas contratado para construir un nuevo puerto, y de la inglesa María Evans. Estudió en el colegio Nacional de Buenos Aires, de donde salió siempre una parte importante de la clase política argentina. Allí aprendió francés e inglés, lo cual influyó en su forma de hablar. Por eso le quedó el apodo de "el gringo". En 1863 ingresó a la Facultad de Derecho pero abandonó a los dos años para combatir con el ejército en la guerra del Paraguay. A la vuelta, empezó a trabajar en el diario La Prensa y terminó de recibirse de abogado. En 1871 se casó con Carolina Lagos García; no tendría hijos.

En 1872 fue electo legislador provincial por Buenos Aires y al año siguiente llega al Congreso como diputado nacional por seis años. El presidente Avellaneda lo designa ministro de Guerra y Marina y en 1880 debe reprimir la rebelión del gobernador bonaerense Carlos Tejedor por la ley de Federalización, que le quitaba a la provincia el territorio de la ciudad capital.  Las tropas leales triunfadoras las encabezaba el joven general Julio A. Roca, muy poco después presidente.  Para el opositor Leandro N. Alem la federalización de la capital causaría la hipertrofia del centralismo,  y para otros -como José Hernández- ayudaría a alejar el peligro de la disolución nacional. Terminaría siendo el entierro definitivo del viejo federalismo.

No pasa mucho y Pellegrini deja aquel cargo y asume como senador. Impulsa el proyecto para la construcción del puerto de Buenos Aires ideado por el Ing. Eduardo Madero con financiación británica, el cual es aprobado por el Congreso, derrotando al proyecto del Ing. Luis Huergo, mucho más económico (2). Todo esto, en medio de la primer gran oleada inmigratoria de cientos de miles de españoles e italianos. 

En 1883, Pellegrini junto con Miguel Cané y otros amigos, funda el Jockey Club, reducto de la clase aristócrata y hace lo mismo que Sarmiento pero en función industrialista: viaja a Estados Unidos y Europa a embeberse de los avances del primer mundo. También es comisionado en 1885 por el presidente Julio Roca para renegociar la deuda externa.

En las siguientes elecciones, la fórmula oficialista fue Miguel Juárez Celman-Carlos Pellegrini, bancada justamente por Roca. Todas las fuentes indican que triunfaron mediante fraude electoral. Como vicepresidente, Pellegrini mantuvo un perfil bajo pero dentro de un gobierno que condujo a una crisis económica en 1890, bajo acusaciones de corrupción y mal desempeño (3).

Durante julio de ese año el heterogéneo frente opositor Unión Cívica, integrado por Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y el jodido Bartolomé Mitre echando leña al fuego desde su diario La Nación, provocó la llamada "revolución del parque" que fue derrotada, pero condujo a la renuncia de Celman (4). 

El gobierno de Juárez Celman, apodado por algunos "el burrito cordobés", fue una continuidad del sistema liberal-agroexportador y aristocrático adoptado por Julio A. Roca ("el zorro"), adorado por la banca y el comercio británicos. Se empezaron a ver las consecuencias de adoptar el esquema de la división internacional del trabajo adecuado a las minorías, con intercambio comercial desigual a favor de las potencias industrializadas: materias primas baratas por productos elaborados caros. El país crecía y se modernizaba pero se endeudaba mal. 

Se llegó a tal nivel de especulación, endeudamiento y desprestigio (fueron posiblemente la primer 'patria financiera' y nuestro primer default técnico) que hasta su concuñado Roca, presidente del Senado -al ver tambalear su poder real- le retiró el apoyo político a Celman, que debió renunciar. Fue denunciado después por haber recibido una coima de 100.000 libras esterlinas de nuestra vieja y conocida casa Baring Brothers.

Pellegrini asumió como presidente porque se convirtió en la mejor salida política, después de una negociación entre Mitre y Roca. Leandro N. Alem se enfrenta al contubernio y forma la Unión Cívica Radical con Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen, Castellanos, Alvear, Lisandro de la Torre y Adolfo Saldías. 

El nuevo presidente realizó una gestión eficaz: armó un arco de bancos, ganaderos y comerciantes que respaldaron un empréstito de 15 millones de pesos para pagar vencimientos externos urgentes. Políticamente fue un nuevo y prestigioso representante de la aristocracia. Pudo paliar la crisis aplicando medidas de austeridad, echando empleados públicos y achicando gastos administrativos y obra pública. Nacionalizó obras sanitarias privatizadas por Celman e innovó, creando el Banco de la Nación Argentina y la caja de conversión. Esas medidas permitieron recuperar la devaluada moneda nacional. Levantó el estado de sitio y facilitó elecciones libres en la Capital, lo cual posibilitó la elección de Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem como senadores.  

Pellegrini, hombre de Roca (tanto que lo nombra inmediatamente ministro del interior) y de los banqueros, fue no obstante defensor de la incipiente industria nacional, promoviendo la fundación del Club Industrial. "Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor, y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria que está naciendo. La agricultura y la ganadería son, sin dudas, dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solamente estas dos industrias. Hace falta más. Las industrias que las han llevado al máximum de poder son las industrias fabril, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza en el proceso, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial al que puede aspirar una nación". Claro que esa visión no afectaría en absoluto el esquema agroexportador, que seguiría gozando de buena salud durante muchas décadas más. 

El régimen continúa en 1891, al transferirse el mando a Luis Sáenz Peña (padre de Roque) y José Evaristo Uriburu, siempre con Roca influyendo detrás. Pellegrini vuelve a ser senador en 1895 por el oficialista Partido Autonomista Nacional y sigue siendo una figura principal y prestigiosa de la política argentina. 

Ese año, Alem escribe en una carta en la que dice: "Los radicales conservadores se irán con don Bernardo de Irigoyen; otros radicales se harán socialistas o anarquistas; la canalla de Buenos Aires, dirigida por el pérfido traidor de mi sobrino Hipólito Yrigoyen, se irá con Roque Sáenz Peña, y los radicales intransigentes nos iremos a la mismísima mierda". Un año después, luego de caer preso varias veces intentando otros golpes revolucionarios y tomando ciudades ya junto a su sobrino, Leandro N. se suicidaba, decepcionado por los fracasos políticos y asqueado de la corrupción del régimen, escribiendo en su legado político el famoso "que se rompa pero que no se doble (...) he dado todo lo que podía dar".

En 1901 Pellegrini se termina enfrentando con Julio Roca, que era presidente por segunda vez, rompiéndose el Autonomismo. Tuvieron diferencias profundas respecto a la financiación de la deuda externa y una ley electoral que pudiera combatir el fraude. Pellegrini, a pesar de bregar por una nueva ley electoral, llegó a decir: "No hay voto más evidentemente libre que el que se vende", defendiendo públicamente la práctica de la compra de los votos, en una época en la cual el desprecio por las mayorías era mucho mayor que en la actualidad. 

En 1906 es nuevamente elegido diputado pero cae gravemente enfermo y muere el 17 de julio (5). Carlos Pellegrini fue un alto representante de la denominada "generación del 80", una elite política que modernizó el país durante el último cuarto del siglo XIX, forjando su desarrollo bajo una visión oligarca y excluyente.


En una conferencia brindada por Arturo Frondizi, decía sobre Carlos Pellegrini: "Uno de nuestros males había sido y es no aprovechar el pensamiento nacional, cualquiera que sea el origen político de quien lo haya expuesto o lo exponga. Grandes orientaciones e iniciativas son ignoradas. Algunas por ocultamiento deliberado, otras por pasión política, otras porque hieren intereses internos o externos que no quieren renunciar a privilegios. Necesitamos rescatarlas. Todo lo que ayude a la construcción de la Nación debe adoptarse renunciando a favorecer la perduración de viejas antinomias y la aparición de otras nuevas... éste es el homenaje que le ha querido rendir a Carlos Pellegrini, autonomista y conservador, como defensor de la industria nacional, Arturo Frondizi, desarrollista de origen yrigoyenista. Pues pese a las diferencias políticas, cuando se trata de los grandes problemas de la Nación existe un único interés, que es el de la Patria" (6) 

Fuentes:

* "Pellegrini, elitista crítico". Sección 'La historia en foco' por Felipe Pigna. Revista Viva, Clarín. 03/02/13. 
* "Los mitos de la historia argentina 2" Felipe Pigna, Ed. Planeta-2005.
* "Historias insólitas de la historia argentina". Daniel Balmaceda, Ed. Sudamericana-2012.
* "Historia del país de los argentinos". Fermín Chávez, Theoría-1980.



Por Felipe Pigna. Revista Viva 30/10/16, ampliado en El Historiador.

Carlos Pellegrini, el precursor de las ideas industrialistas en Argentina y el presidente que tuvo que afrontar la crisis de 1890, nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1846, durante los últimos años del período rosista. Era hijo de María Evans y del ingeniero Carlos Enrique Pellegrini, que había llegado al país desde Italia en 1828 contratado por el presidente Rivadavia para la realización de obras del puerto de Buenos Aires.

Pellegrini aprendió a leer y a escribir y los primeros rudimentos del francés y del inglés en su casa, donde tuvo como maestros a sus padres. A los ocho años ingresó a la escuela de su tía Ana Evans, donde continuó sus estudios y el aprendizaje de idiomas que dejará su huella en la forma de hablar de Pellegrini y le valdrán entre sus compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires el apodo de «el gringo».

En 1863, ingresó a la Facultad de Derecho pero a los dos años dejará sus estudios para incorporarse al ejército y combatir en la Guerra del Paraguay. Allí tuvo una actuación destacada en la batalla de Tuyutí y en otros combates hasta que cayó enfermo y debió abandonar definitivamente el frente de batalla.

De regreso a Buenos Aires y recuperado de sus afecciones, ingresó como periodista al recién fundado diario La Prensa y pudo terminar sus estudios de derecho. Su tesis de graduación fue "El derecho electoral", en la que criticaba el sistema vigente y proponía una campaña de educación cívica. Decía en uno de sus párrafos: «La protección del gobierno es necesaria para el desarrollo industrial de la República Argentina». Con su flamante título se incorporó a la administración estatal con el cargo de Subsecretario del Ministerio de Hacienda.

En 1871, mientras la fiebre amarilla se abatía sobre Buenos Aires, Pellegrini se casó con Carolina Lagos García, la compañera de toda su vida, con quien no tendrá hijos. Al año siguiente comenzó su carrera política al ser electo legislador provincial en Buenos Aires. En 1873 llegó al Congreso como diputado nacional;  allí completará un período de seis años en los que se destacará por su excelente oratoria y su claridad de conceptos. Su colega José Manuel Estrada reconocía los méritos de su opositor al decirle a un colega en plena sesión: «si usted no me entiende, le pediré al diputado Pellegrini que se lo aclare como él solo sabe hacerlo».

En el Parlamento, se manifestó partidario de la libertad de enseñanza poniendo como ejemplo, al igual que Sarmiento, al modelo norteamericano. Durante los debates producidos en 1875 en torno al liberalismo o el proteccionismo, se mostró como un vehemente partidario de la adopción por parte del estado de políticas de protección de la incipiente industria nacional y fue uno de los promotores de la fundación del Club Industrial. Dijo, entonces, en uno de sus discursos parlamentarios: «Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria naciente. La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias. Las industrias que las han llevado al máximun de poder son las industrias fabril, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial».1

El presidente Avellaneda lo convocó hacia el final de su mandato para ocupar el estratégico Ministerio de Guerra, desde donde tendrá que enfrentar en 1880 la rebelión del gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, quien se negaba a aceptar la Ley de Federalización que le quitaba a la provincia el territorio de la capital. Pellegrini coordinó la acción de las tropas leales encabezadas por el joven general y presidente electo Julio A. Roca.

Tras el triunfo de las fuerzas leales, Pellegrini pudo dejar su cargo y asumir la banca de senador producto de las elecciones de 1880. Desde su banca retomará el proyecto de su padre de construir el puerto de Buenos Aires que había quedado inconcluso desde la época de Rivadavia. El senador adoptó el proyecto del ingeniero Eduardo Madero, con financiación y técnicos británicos, y logró su aprobación por el Congreso. Nueve años después, desde su cargo de vicepresidente dejará inaugurado el puerto de la capital.

En 1883, junto a un grupo de amigos apasionados como él por las carreras de caballos, entre los que se contaba Miguel Cané, fundó el Jockey Club. Según Pellegrini, el Jockey debía ser además un centro cultural y social que contribuyera a refinar los modales y los gustos de la clase dirigente.

Al concluir su mandato en 1886, Roca apoyará la candidatura presidencial de su concuñado, el cordobés Miguel Juárez Celman. Pellegrini integrará el segundo término de la fórmula que obtendrá el triunfo. Pellegrini, como la mayoría de los vicepresidentes argentinos, mantuvo un perfil bajo. Durante este período realizó varios viajes a Europa y los Estados Unidos. Pero los descalabros del gobierno de Celman, que provocaron la grave crisis económica de 1890 y las justificadas acusaciones de corrupción y mal desempeño, convocaron a Pellegrini a un primer plano.

El 26 de julio de ese año, estalló en Buenos Aires una revolución dirigida por un amplio frente opositor que bajo el nombre de Unión Cívica, venía manifestándose contra la política juarista. Los revolucionarios dirigidos por Leandro Alem fueron derrotados, pero Celman debió renunciar. 

En una carta a su hermano decía Pellegrini: «Me dirán ¿qué hay que hacer entonces? Pero, lo que hace el agricultor que pierde su cosecha: aguantar; se aprieta la barriga y economiza todo lo que puede, mientras vuelve a sembrar. Proteger la industria por todos los medios; ¡y dejarse de Bolsa y Tesoros y bimetalismo y música celestial!»2

Todas las miradas se dirigen al vicepresidente. Pellegrini pone como condición para asumir la presidencia que un grupo de banqueros, estancieros y comerciantes argentinos suscriban un empréstito de 15 millones de pesos para hacer frente a los vencimientos externos. Reunido este capital, el nuevo presidente inaugura su gestión aplicando medidas de austeridad, nacionalizando las obras sanitarias privatizadas por Celman, creando la Caja de Conversión para dar confianza a los inversores y el Banco de la Nación Argentina.

Durante sus dos años de gobierno, demostró sus condiciones políticas. Pudo sacar al país de la crisis y permitió la realización de elecciones libres en la Capital, lo que posibilitó la elección como senadores de Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem. Culminó su mandato el 12 de octubre de 1892 transmitiéndole el mando al Dr. Luis Sáenz Peña y se retiró momentáneamente de la vida política hasta ser electo nuevamente senador en 1895.

En 1901, se produjo la ruptura entre Pellegrini y el general Roca, que ocupaba por segunda vez la presidencia. Roca envió al Congreso un proyecto de unificación de la deuda externa a través de un empréstito externo de reducido interés y a largo plazo cuyo servicio se garantizaba con las rentas aduaneras. Pellegrini lo defendió en el parlamento y logró su media sanción. Pero tras una serie de artículos periodísticos y manifestaciones opositoras, Roca retiró el proyecto sin consultar a Pellegrini. Esto enojó notablemente a Pellegrini y lo alejó definitivamente de la política roquista, con la que mantenía profundas diferencias políticas por la permanente negativa del conquistador del desierto a discutir siquiera la posibilidad de una nueva ley electoral que pusiera fin al fraude. Pellegrini era uno de los miembros de la elite que comenzaban a considerar que la prosperidad alcanzada podía peligrar de no atenderse los reclamos de la oposición y se mostraban dispuestos a considerar la introducción de reformas graduales en el sistema electoral con el fin de evitar conflictos sociales.

En 1906, fue electo diputado pero al poco tiempo cayó gravemente enfermo y tras un mes de lenta agonía falleció el 17 de julio de ese año. Dijo en uno de sus últimos discursos: «Nuestra historia política de los últimos quince años es la historia política sudamericana: círculos que dominan y círculos que se rebelan; opresiones y revoluciones, abusos y anarquía. Pasan los años, cambian los actores, pero el drama o la tragedia es siempre la misma; nada se corrige y nada se olvida y las bonanzas halagadoras, como las conmociones destructoras se suceden a intervalos regulares cual si obedecieran a leyes naturales. Los unos proclaman que mientras haya gobiernos personales y opresores, ha de haber revoluciones; y los otros contestan que mientras haya revoluciones, han de existir gobiernos de fuerza y de represión. Todos están en la verdad, o, más bien, todos están en el error.»3

Referencias:

1 Diario de sesiones de la Cámara de Diputados del  Congreso de la Nación. 1876, pág. 1124.
2 Delfor Reynaldo Scandizzo, El gringo Pellegrini. Editorial Corregidor, 1997, pág. 125.

3 Carlos Pellegrini, Discursos y escritos. Editorial Estrada, 1959, pág. 82.

Notas:

(1) Extractado de 'Historias insólitas de la historia argentina', obra citada arriba.
(2) Primer ingeniero argentino.
(3) El juarismo, paradójicamente, contó con el apoyo de hombres de gran valor intelectual y moral, como Osvaldo Magnasco, Estanislao Zeballos, Juan Balestra, Ramón J. Cárcano, Lucas Ayarragaray, José Francisco López y José S. Alvarez ('Fray Mocho'). También simpatizaron con el gobierno Ricardo López Jordán y el industrialista y gran innovador Rafael Hernández (hermano de José, oficial del ejército de la Confederación, agrimensor, diputado, senador, periodista y fundador de la Universidad de La Plata). Pero era una época muy complicada en la cual las alianzas y simpatías políticas duraban menos que un gas en un canasto. 
(4) El golpe fue el 26 de julio de 1890 sobre el Parque de Artillería, que estaba ubicado donde hoy se encuentra el Palacio de Tribunales frente a la plaza Lavalle, pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. El distintivo de los cuatrocientos o quinientos civiles armados era su boina blanca y tenían el apoyo de algunos regimientos díscolos. Hubo dos días de combate y la rendición llegó el día 28. La represión estuvo al mando del General Levalle.   
(5) Ese mismo año fallecían Bartolomé Mitre -ya retirado de la vida política- y el presidente Manuel Quintan.
(6) Citado en "El desafío del buen gobierno" por Eduardo Fidanza, La Nación 21/11/15.

Un estadista multifacético

Al cumplirse un siglo de su muerte, cinco historiadores repasan la vida de Carlos Pellegrini, figura clave de la política argentina del siglo XIX. Revista Ñ. 14/10/06. Por Rogelio García Lupo.

“El hombre que hizo”
Varios autores. Biografía.
216 páginas

El símbolo de la generación del 80 fue un gigante que desafió con su valor físico y su audacia intelectual a todos los hombres que se cruzaron en su camino, aunque en el fondo fue un transgresor a quien las cir­cunstancias pusieron a cargo del orden. Carlos Pellegrini ha sido recordado con motivo de cum­plirse un siglo de su muerte por la conservadora Fundación Car­los Pellegrini, con cuyo patroci­nio cinco historiadores escribie­ron sobre el personaje procuran­do no entrar en muchos detalles. Sin embargo, María Sáenz Quesada apunta que Pellegrini “no era racista en lo que se refie­re a la inmigración” pero “en cuanto al pueblo criollo se siente avergonzado de su tez oscura”, un prejuicio que lo acompañará hasta la muerte. Por su parte, En­rique Mayocchi puntualiza que la pluma de Pellegrini, desde los diarios que dirigió, estuvo en la vanguardia del conflicto del go­bierno argentino con la Iglesia Católica, tomó partido por la en­señanza laica, aprobó la expul­sión del Nuncio Apostólico, apoyó la cesantía de los jueces y profesores católicos y hasta im­pulsó la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Di­ce Mayocchi que contaban con “el visto bueno de Pellegrini quienes estaban siempre dis­puestos en ver a la Iglesia como al enemigo del país”. A cargo de Rosendo Fraga co­mo especialista en historia mili­tar quedó el perfil de Pellegrini como ministro de Guerra y Mari­na en momentos dramáticos de la historia, cuando fue protago­nista de choques armados y segu­ramente su buena puntería se lu­ció en la carne de algunos com­patriotas. Fraga se detiene en el detalle de Pellegrini pasando re­vista a las tropas con un unifor­me de coronel inventado por él mismo, lo que revela a un profundo transgresor que pasaría a la historia nacional como el mo­delo del hombre de orden. Fraga rescata el momento en que Pelle­grini, ministro de las fuerzas ar­madas concentradas en los cuar­teles de la Chacarita y dispuestas a reprimir a los revolucionarios del 80, escucha la insinuación del general Luis María Campos para que vista el uniforme mili­tar de modo que las tropas pue­dan distinguirlo. Pellegrini no le hace caso. Pero va más lejos: in­venta un uniforme propio, con­sistente en una levita azul con botones dorados y una gorra di­señada por él mismo que combi­na el quepí del ejército con la go­rra marinera, y un cinto especial del que cuelga el cable. Este gesto se repetirá en la re­volución del 90, cuando a los 44 años, le corresponde como vice­presidente de la República repri­mir a los rebeldes. Pellegrini se traslada al campo de batalla en el caballo de un lechero, a quien lo confisca de hecho, en una situa­ción grotesca que un testigo cali­ficado de la época recuerda con estas palabras: “A la cabeza, iba a pie el general Levalle, ministro de Guerra, con un revólver en la mano, y a su lado, montado en un jamelgo, el doctor Pellegrini, con sombrero de copa y sobreto­do de pieles que estimulaba con sus largas piernas colgantes a su flaca cabalgadura”.


Pellegrini fue político, estadis­ta, fundó el Banco Nación y el Jockey Club y tomó decisiones económicas que marcaron su tiempo largamente. Hijo de un pintor francés mimado por la so­ciedad porteña, disfrutó de los dones de la clase alta argentina y se jugó la vida no en sentido figu­rado. Cuando murió, en 1906, es­taba en plena actividad y había si­do elegido Gran Maestre de la Masonería.

Ilustraciones: viejo billete de 10.000 australes con la estampa de Pellegrini; estatua y plaza en su honor, en la zona de embajadas, barrio de la Recoleta, Bs.As.  Por último, panteón de Carlos Pellegrini en el cementerio de la Recoleta, Ciudad de Buenos Aires, R.A. 

Estados Unidos, racista

Existen millones de miradas críticas sobre la crueldad del imperio, básicamente provenientes de sus colonias y de  sectores intelectuales o rebeldes de naciones cómplices del saqueo capitalista. Resulta más raro cuando son autocríticas de mentes lúcidas desde adentro. Me interesó rescatar y exponer las de dos conocidos: un escritor y un músico. Horanosaurus.





“Estados Unidos nunca dejará de ser racista”.

John Grisham, el padre del thriller legal critica a Washington. Clarín 01/03/14. Grisham es un hombre del sur profundo: cálido, pasional, combativo como puede serlo un progresista criado en las tierras del Ku Klux Klan. Ahora habla en Nueva York, una metrópoli exótica para él que vive en el campo, entre Virginia y una fin­ca victoriana en el Misisipi. La excusa es su novela “La sombra del sicómoro” (se publicará este año en el país), que, apenas sa­lió, saltó al primer puesto en la lista de best-sellers de The New York Times. Y no es una sorpre­sa para el inventor del thriller legal: a los 58 años, Grisham pertenece al trío exclusivo de autores capaces de vender dos millones de ejemplares en la primera edición (los otros son Tom Clancy y J.K. Rowling). Desde que dejó de ejercer como abogado para dedicarse a la literatura, ha vendido casi 300 millones de libros en el mun­do. En nuestro país, 300 mil. Muchos fueron llevados al cine: “La fachada”, de Sydney Pollack, “El informe Pelícano”, de Alan Pakula; “El poder de la justicia”, de Francis Ford Coppola. No es su éxito lo que llama la atención, sino el hecho de que por primera vez Grisham creó una "secuela", rescatando al abogado y prota­gonista de su primer libro, Jake Brigance, un personaje autobio­gráfico. Al escritorio de Jake llega el testamento explosivo de un rico industrial del sur, que se suicidó colgándose de un árbol, de un sicómoro. El magnate deshereda a sus familiares para dejarle casi todo a una mucama negra.

-Un personaje de la novela dice "en el Misisipi, todo gira en torno a la raza". -Creo que Estados Unidos nunca dejará de ser racista. En nuestra historia está la esclavitud, el peca­do original más grande de los Es­tados Unidos. Y sin embargo lle­gó Obama, casi de improviso. Lo voté dos veces y si fuera posible lo votaría una tercera. Pero com­prendo la frustración de quienes esperaban cambios mayores. ¿ Se puede cambiar profundamente el sistema en Washington? El rol del dinero en la política es tan in­vasivo que corrompe todo.

-En los estados del sur avanza una contraofensiva para impedir el voto de los negros. -Los republicanos, con la ayuda de la Corte Suprema, están al acecho de los derechos de las minorías. En un país donde no existe el documento de identidad, se inventan requisitos especiales para el acceso a los cargos electo­rales, todas barreras para impedir que voten los más pobres.

-Usted dedica parte de sus ga­nancias a la fundación The Inno-cence Project. ¿De qué se trata? -Hay miles de inocentes en las cárceles estadounidenses y hoy tenemos una herramienta ex­traordinaria para liberarlos: los análisis de ADN. A través de The Innocence Project seleccionamos una docena de casos al año .ob­tenemos la revisión de los juicios en base a los nuevos análisis científicos. Ganamos 311 veces, 311 detenidos liberados: parecen muchos pero apenas si son la punta del iceberg. Ciento treinta de esos prisioneros estaban en el corredor de la muerte. Pero resul­ta frustrante pensar en los otros miles que permanecen adentro por delitos que no cometieron. También en esto cuenta la raza:
muchos de los detenidos libera­dos son chicos negros y pobres.

-¿Todavía alguien se acuerda de Guantánamo en los Estados Unidos? -Casi nadie, salvo los prisioneros y sus familias. Lo impresionante es que varios prisioneros fueron liberados. Yo le creí a Obama cuando prometió que cerraría Guantánamo: esa fue una de las desilusiones con el presidente.. 

-¿Lo sorprendieron las revelacio­nes sobre el alcance del espiona­je a los ciudadanos por parte de la National Security Agency? -Nada de lo que hacen en la NSA, la CIA o el FBI puede sorpren­derme. Estoy irritado, pero no asombrado. No tengo una postu­ra totalmente negativa. Cuando Obama dice que alrededor de 50 atentados terroristas se desba­rataron gracias al espionaje, me alegra. Hay terroristas que están decididos a todo. Es un error ser ingenuos, las reglas del juego nos imponen pagar cierto precio en términos de vigilancia.


Revista Ñ. 16/09/13. El best-séller John Grisham se refiere aquí al trato dado a los sospechosos de terrorismo detenidos por los EE.UU., que, abandonados y torturados, esperan un juicio que les devuelva la libertad y la identidad. Por John Grisham. Escritor estadounidense. Su último libro es “Sycamore row” (EE.UU.) 


Preocupado por temas de salud, educación y control de armas, el neoyorquino Moby se define como una persona filosófica consciente de los grandes problemas, y dice que es excitante liberar música en la Red. Por Fabiana Scherer  | LA NACION Revista. 09/02/14.

La calvicie y unos grandes lentes hicieron de Moby una imagen fácil de indentificar, al igual que su sonido que lo convirtió en uno de los músicos esenciales de la electrónica. Richard Melville Hall, tal su verdadero nombre, no sólo es Moby el músico sino un vegetariano activo y comprometido con la causa ambiental y la defensa de los animales. Un hombre político capaz de enfundarse en una remera que pide por una Democracia Real Ya y autodefinirse como "un tipo con pensamiento de izquierda progresista". Junto con Michael Moore compartió un movimiento contra George Bush y celebró las dos asunciones de Barack Obama. Pero hoy, a los 48 años, este neoyorquino le dice a la Revista que siente vergüenza por la realidad de su país.

En la Argentina, la frase "soy un americano ignorante" que pronunciaste en uno de tus shows quedó en la memoria colectiva. ¿Cuál es tu actual relación con la política estadounidense? La situación en mi país es un desastre. Nací en Estados Unidos, vivo en Estados Unidos, pero la realidad del sistema político estadounidense es deprimente. Reconozco tener un pensamiento de izquierda, progresista y cuando me topo con el pensamiento de derecha norteamericano siento vergüenza de mi país. La actual situación de las escuelas y de los hospitales públicos son una inmensa vergüenza. Es deprimente darse cuenta cuán de derecha es Estados Unidos.

A pesar de esta mirada, ¿sos un hombre positivo? [Suspira] Soy un hombre que trabaja como músico. Que en algún momento de su vida estudió filosofía. Me hubiera gustado dar clases, hablar en las escuelas, en comunidades. También soy fotógrafo, pero toda mi vida hice música en el cuarto de mi casa. No soy positivo, pero tampoco negativo. Sólo soy una persona filosófica consciente de los grandes problemas, llámese cambio climático, control de armas, deforestación, educación, salud. Pero también soy de los que creen que es importante conocerse a uno mismo y estar atento a quiénes nos rodean (...) 



Relacionado con el imperio, les recomiendo una vieja entrada de este humilde blog: de como EE.UU. -en vez de terminar con el hambre mundial- privilegió engordar a los banqueros y otras malezas durante la última crisis mundial. Ya no se trataría de racismo, sería hijaputez. 



miércoles, 12 de febrero de 2014

Fotos de iglesias II



































1. Capilla-oratorio de Candonga (ex estancia jesuítica Santa Gertrudis-1730), Pcia. de Córdoba.
2-3. Capilla Nuestra Señora del Rosario, Tanti (1848), Pcia. de Córdoba.
4. Parroquia Nuestra Sra. de la Merced, antigua estancia jesuítica de Alta Gracia (1723-1762), Pcia. de Córdoba.
5-6. Iglesia de Nuestra Sra. del Rosario, Villa Tulumba (1882), Pcia. de Córdoba. 
7-8. Catedral de Puerto Montt (1856), República de Chile.
9. Iglesia de San Antonio, Isla Mancera, República de Chile. 
10. Templo de San Francisco (1625-1879), San Miguel de Tucumán.
11. Catedral de San Miguel de Tucumán (1856).
12. Basílica de San Francisco (1611-1927), San Salvador de Jujuy.
13 a 18. Catedral de la ciudad de Salta (1882).
19 a 22. Iglesia de San Francisco (1870), ciudad de Salta.
23-24. Convento de San Bernardo (1586-1845), ciudad de Salta.
25. Basílica Nuestra Señora de Itatí (1950), Itatí, Corrientes.
26-27. Catedral de Rosario, Rosario (s.XIX), Pcia. de Santa Fe.
28-29. Basílica de Nuestra Señora del Pilar (1732), Recoleta, Ciudad de Buenos Aires.

Excepto las indicadas, todas en la República Argentina.

Más fotos de iglesias en otros rincones de este blog:

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Te animas a ir a la cancha?









De un lado esta Barracas y la villa Zabaleta, ciudad de Buenos Aires. Del otro Valentín Alsina, partido de Lanús, provincia de Buenos Aires. Aunque la llaman "la isla", y se parece, no es una isla. Es un recodo del Riachuelo -que divide ambas jurisdicciones- una especie de península, con solo dos accesos: un puente de ferrocarril oxidado que lo atraviesa desde la Capital y sino la calle Coronel Molinedo, localidad de Piñeyro, entre Lanús y Avellaneda, en medio de fábricas abandonadas que asemejan Chernobyl y barrios muy pobres o villas-miseria. Una rareza es que aunque está del lado de la provincia pertenece técnicamente a Capital (Comuna 4). Las fotos son elocuentes.

Esa cancha de futbol es el estadio "Saturnino Moure", propiedad del Club Atlético Victoriano Arenas (C.A.V.A.), fundado en 1928. Primera D de la A.F.A. Actualmente, anda por la mitad de la tabla de posiciones.

Dicen que es el estadio más insólito del fútbol argentino, que cuando patean demasiado fuerte por arriba la pelota se va al Riachuelo y los pibes las empujan con ramas o palos a la orilla para afanarlas. Que tienen muchos hinchas en Valentín Alsina y la capacidad de la cancha da para 1500 pero solo van unos doscientos. Según el oficialismo no hay inseguridad en nuestras calles pero ese sería uno de los motivos de la escasa convocatoria (*)

Algunos sostienen que Roberto Sánchez (a) Sandro era hincha de C.A.V.A. (así como otros dicen que era de Banfield) pero, en realidad, era de Huracán. Tienen camiseta celeste y blanca como la selección argentina. Hace unos pocos años firmaron un convenio de cooperación deportiva con el club Lanús, con proyectos inmobiliarios de venta y de mudanza a un lugar más seguro. 

¿Te animarías a ir un sábado de estos? Horanosaurus.

Fuentes:
http://laisladelcava.es.tl/HOME.htm
http://revistaascenso.com.ar/Nota/1497/-Victoriano-Arenas-vende-lotes/
http://es.wikipedia.org/wiki/Club_Atl%C3%A9tico_Victoriano_Arenas

(*) el autodenominado gobierno 'popular y nacional' (ni nacional ni popular--solo populista) acusa a los medios de prensa críticos que no responden a su desopilante libreto de exagerar el tema de la inseguridad en nuestras calles. Eso incluye al diario Clarín, antiguo socio de negocios del extinto ex presidente Néstor Kirchner y luego expulsado de su 'capitalismo de amigos'. Al brutal aumento de robos y asesinatos en la ciudad de Buenos Aires y alrededores, lo minimizan los funcionarios responsables, echándole la culpa a la crispación de los propios ciudadanos a los que deben cuidar. A eso le llama 'sensación de inseguridad'. 

Con la excusa del control de la violencia en el fútbol que provocan las barras bravas, los gobernantes con su ineptitud hacen cada vez más difícil que el ciudadano común vaya a la cancha y arriesgue su vida y la de su familia. La policía te revisa tres veces antes de ingresar pero luego los violentos aparecen adentro con armas y pirotecnia y hacen lo que quieren.

BONUS TRACK 1

Pasados unos meses me topé con la siguiente nota gráfica de "Cancha llena", el suplemento deportivo de lanacion.com, sobre estadios insólitos en el mundo. No creo que puedan empardar la adrenalina que puede aportar ver un partido en el Saturnino Moure del C.A.V.A. pero vale la pena pegarles una mirada. Después, otra mejor sobre las canchas de Buenos Aires y la cultura del papi-fútbol porteño. Horanosaurus.

Una recorrida por los escenarios más llamativos donde rueda una pelota. Cancha llena. lanacion.com 21/04/14.

La capital y sus alrededores tienen 36 estadios para más de 10.000 espectadores. Por Alejandro Rebossio | canchallena.com 18/08/15.

No hay quizás una ciudad en el mundo en la que se vea y se juegue tanto al fútbol como en Buenos Aires. La metrópolis, que con 13 millones de habitantes es la tercera más poblada de Latioamérica, es la que tiene más estadios con capacidad para más de 10.000 espectadores, unos 36. Muchos porteños -los habitantes de la ciudad autónoma de Buenos Aires- y bonaerenses suelen jugar por lo menos una vez por semana al fútbol amateur, en ligas o en partidos con amigos que acaban con cenas de pizza o asado, ya sean habilidosos o torpes jugadores, jóvenes o veteranos de hasta 70 años.

Alejandro Dolina, que en sus “Crónicas del ángel gris” elabora sus 'Apuntes de fútbol en Flores', barrio porteño de su inspiración, sigue jugando todos los martes a sus 71 años con veinteañeros y treintañeros. "Es raro el que no tiene la costumbre de jugar al fútbol. En cambio, en mis frecuentes viajes a presentaciones en Madrid o Barcelona me es muy difícil armar un partidito. Claro que lo que pasa en Argentina no garantiza el buen fútbol: hoy no se está jugando muy bien. Pero en España se empezó a jugar un fútbol que no se jugaba antes, con las combinaciones más ingeniosas", elogia Dolina, que lleva el análisis al deporte profesional.

"Argentina está entre los cinco mejores equipos del mundo, pero sus estadios no están en paralelo con esa calidad. Son mediocres, incómodos, malos, antiestéticos, sucios, inseguros", critica Dolina. Entre los 36 campos de Buenos Aires y su periferia están los más grandes, el de River Plate (61.688 espectadores) y Racing de Avellaneda (51.389), seis de entre 40.000 y 50.000, otra media docena de entre 30.000 y 40.000, ocho de entre 20.000 y 30.000 y otros 14 de entre 10.000 y 20.000, como los más pequeños de Merlo, de tercera división, o San Miguel, de cuarta. La metrópolis argentina supera en estadios de fútbol con esta capacidad a San Pablo (15), Londres (12), Río de Janeiro (nueve) o Madrid (cinco).

"Buenos Aires es una de las tres ciudades con más estadios de fútbol de cualquier tamaño, junto con Londres y Montevideo, y una de las explicaciones posibles es que aquí se mantuvo la tradición británica de que cada club tuviera su estadio", comenta Julio Frydenberg, profesor de la Universidad de Buenos Aires y autor de Historia social del fútbol. "En otros países todos los equipos de una ciudad juegan en el estadio municipal. Aquí hubo mucha lucha de los clubes por conseguir su terreno y construir las tribunas, con ayuda de los vecinos y de mecenas", añade el historiador.

Frydenberg recuerda que en las primeras décadas del siglo XX, mientras se estructuraban los clubes de fútbol de Argentina, "era casi obligatorio que todos lo varones jugaran en el ejércirto, en la parroquia, en el sindicato, en las empresas, los colegios o las compañías de teatro". En las décadas de los cuarenta y cincuenta se sumó la "obligación de ir a la cancha". Pero ambas tradiciones, aunque continúan, dejaron de suponer una imposición social. "Hoy quedan los vestigios", observa el catedrático.

Pero esos vestigios siguen impresionando a los ojos de un extranjero como el periodista alemán Christian Thiele, autor de Gebrauchsanweisung für Argentinien (Instrucciones para Argentina) y que dedica un capítulo al "fútbol de los lunes" que con sus amigos porteños jugaba por la noche cuando vivía en Buenos Aires. "El hombre argentino no necesita muchas cosas para vivir, pero sí algunas: mujeres bellas, una vaca muerta entre los dientes y su fútbol de la noche", señala Thiele, que se asombra por los "cientos de canchas para alquilar" que ofrece Buenos Aires y por lo "complicado y discutido" que es jugar con argentinos. Solo en la capital, donde viven 2,7 millones, están habilitados 412 campos de fútbol de cinco a 11 jugadores, de alquiler o en clubes y parques, sin contar los estadios. Thiele recuerda que acababa de jugar a las 23.30, se juntaban los pesos para pagar la cancha, se duchaban y marchaban a cenar en una parrilla. "La semana empezó bien", sentenciaba Thiele. © El País, SL.

BONUS TRACK 2 Ahora, como siempre nuestros dirigentes llegan tarde, la AFA se da cuenta que un club tiene un campo de juego torcido y antirreglamentario. Somos un país increíble. Horanosaurus. 


El club de la Primera D tuvo que iniciar la remodelación para volver a jugar como local; publicaron imágenes de cómo avanza la obra en San Justo. La Nación 03/10/16.





El presidente del club dio detalles históricos de "la cancha torcida"; las obras para la remodelación ya están en marcha. La Nación 03/10/16. Por Juan Ignacio Provéndola.


Pg12. 13/02/24. Juan Ignacio Por Provéndola. Al igual que aquellas canchas descriptas por Alejandro Dolina en el cuento “Apuntes del fútbol en Flores”, con árboles en el medio del campo de juego y canillas escondidas entre el pasto, el estadio Juan Antonio Arias también poseía extrañas propiedades que alteraban el desarrollo de los partidos. La prueba más evidente: si uno de los arqueros sacaba desde su área con rectitud, potencia y precisión perfectas, la pelota no acabaría en el arco de enfrente —tal como indicaría la lógica— sino desviada por la línea de fondo.

Las leyes de la física y de la geometría se veían desafiadas por una traza en falsa escuadra que distorsionaba las medidas del campo para despojarlo de todo criterio de simetría rectangular. Un área, por ejemplo, medía 37 metros de ancho, mientras que la de enfrente dos más. A su vez, una misma mitad de campo tenía 48 metros de longitud de un lateral, aunque casi 54 en el otro. De esa manera, los arcos quedaban torcidos respecto de los corners, invitando a hacer goles desde una de sus cuatro esquinas, aquella en la que el ángulo ofrecía el coto olímpico.

Pero la diferencia con las del célebre cuento de las Crónicas del Ángel Gris residía en que esta última no era la consecuencia de una creación literaria, sino de la decisión de un club que así la inauguró a fines de 1987 en Justo Villegas, entre Villa Palito, Ciudad Evita y el barrio Gas del Estado, al sur de San Justo. El estadio Juan Antonio Arias, con capacidad para 3500 personas y en donde Liniers será local desde este martes y durante todo 2024 en la primera temporada de su historia en la B Metropolitana.

Liniers había sido despojado en los 70’ de su histórica cancha en Ciudadela Norte, sobre Gaona y General Paz, adonde inicialmente se corrió en 1945 después de intentos previos en el barrio que le dio su nombre y en Lomas del Mirador. La trashumancia lo llevó a encontrar otra oportunidad en ocho hectáreas de tierras fiscales a la altura de Villegas, en La Matanza, que le compra al Estado nacional a fines de 1983.

Según aquellos que intervinieron en la creación del Juan Antonio Arias, el club del oeste porteño-conurbano hizo un esfuerzo enorme para poseer nueva casa tras los desplazamientos anteriores. Así, moneda sobre moneda y sudor sobre sudor, se consiguió financiamiento y mano de obra para volver a tener una cancha propia, ya que la AFA amenazaba con desafiliarlo. Solo el insistente trabajo de socios, simpatizantes y allegados hizo posible cumplir con todos los requerimientos necesarios para que el estadio pudiera ser inaugurado cuatro años más tarde, en diciembre de 1987, ante Flandria, por la Primera C. 

Aunque hubo un detalle que pasó inadvertido en las inspecciones: el de las medidas del terreno de juego. Muchas canchas del fútbol argentino suelen tener declives verticales, como las reconocidas “panzas” a la altura de las áreas para agilizar el drenaje en los días de lluvia. Pero las irregularidades topográficas del Arias rayaban el surrealismo, ya desequilibraban las medidas hasta interferir en circunstancias sensibles del juego como corners, dada la angulación despareja, o en orsais que los jueces de línea no lograban observar ante la falta de referencias paralelas. Una toma cenital del Google Maps permitía distinguir con claridad que el perímetro de la cancha no era precisamente un rectángulo de simetrías tolerables, sino más bien un trapezoide con su propia forma.

Lejos de ser secretos, los detalles del estadio de Liniers siempre fueron conocido en los círculos del ascenso, a tal punto que muchas personas la llamaban —más con cariño que ironía— “la cancha de los arcos torcidos”. Una nota de color en el folclore del fútbol criollo. Hasta que en octubre de 2016, la entonces denominada Comisión Normalizadora de la AFA intimó al club a enderezar las dimensiones desproporcionadas de su estadio, las áreas de tamaños diferentes, los arcos torcidos con respecto a los corners y la simetría ausente de una cancha torcida, montada sobre una falsa escuadra.

Siempre tuvimos la intención de encuadrar la cancha, aunque la vorágine del fútbol hace que proyectes cosas a largo plazo y después se te superpongan otras, como el mantenimiento del estadio o nuevas exigencias de la AFA, entonces el tiempo y el dinero nunca te alcanzan”, dijo en su momento Marcelo Gómez, el presidente de Liniers, que estaba por esos tiempos en la D.

Gómez estuvo en aquel partido inaugural de 1987, contra Flandria, y atesora muchas anécdotas acerca de la cancha torcida. “Muchos centros sencillos se metían en el arco porque los arqueros perdían la referencia, y de hecho hubo un jugador nuestro que es recordado porque hizo goles olímpicos como loco. Se trata de Silvio Fuentes, un zurdo que en un mismo campeonato llegó a marcar cinco de esa manera”, describió.

“Conseguir en esa época, años '80, ocho hectáreas a veinticinco cuadras de la plaza de San Justo, en pleno centro de La Matanza, y encima con título de propiedad en mano, no era poca cosa. No sé cuántos clubes humildes como el nuestro poseen algo similar, así que, lejos de criticar, lo valoramos muchísimo”, defendió Marcelo Gómez por encima de todo. Y, consultado sobre el origen de la falsa escuadra del Arias, alimentó el misterio con dos versiones posibles: “Una indica que fue para aprovechar las partes más parejas del terreno, ya que se trataba de siete hectáreas hechas con relleno; la otra es un poco más romántica: sugiere que está cruzada para que la salida y puesta del sol no encandilen a ninguno de los arqueros”.

Aquella intimación de la AFA en 2016 tomó por sorpresa no sólo a Liniers, sino también a toda la D, ya que el estadio era utilizado por Yupanqui y el Deportivo Paraguayo, entre otros equipos. Así que reordenaron las arcas y movieron voluntades para conseguir ochenta camiones de tierra, depositarla en el terreno, luego nivelarlo con máquinas y, finalmente, lo más sensible: demarcas las líneas de la cancha, esta vez de manera recta y correcta, para enderezar aquellos arcos del Arias de San Justo, que a partir de ese entonces quedarán torcidos únicamente en una leyenda del pasado.

BONUS TRACK 3

Los diez estadios más raros del fútbol argentino
Varias canchas de nuestro país tienen particularidades que las hacen únicas en el mundo. TyC Sports. 03/09/24. 
Conocé las más peculiares. 

Estadio Bicentenario de Catamarca
Estadio Saturnino Moure (Victoriano Arenas)
Estadio Humberto Rizza (Club Sportivo Guzmán)
Estadio Juan Antonio Arias (Liniers)
Estadio Rodolfo Vicente Capocasa (Claypole)
Estadio Municipal de Aconquija
Estadio Municipal Hugo Lumbreras
Estadio Municipal de Comodoro Rivadavia (C.A.I., Jorge Newbery y Huracán)
Estadio Enrique Sexto (Lamadrid)
Estadio Raúl Pacífico Campos (C.A. Independencia)

No solo se trata de Racing e Independiente en Avellaneda: hay otros casos de escenarios contiguos en Europa y Sudamérica. La Nación Deportes. 02/06/25. Por Rodrigo Nardillo.



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